Ubicación: Las Tres Hermanas.

El Padre

Ese día era muy extraño…al menos así lo sentía Lynn Loud Padre, pues ya iba a terminar la mañana y el caos no se había desatado en el castillo o sus alrededores. Era cierto que atrás habían quedado los tiempos en que recibía diariamente noticias sobre cocinas incendiándose, molinos desplomándose, barcos encallándose, caballos a todo galope en el interior del castillo y demás accidentes más propios de un asedio a un día común, pero eso no evitaba que ciertos eventos que involucraban a sus hijas, sobre todo a las menores, llegaran aún a él, pero nunca en los últimos 20 años habían tenido un día tan tranquilo en The Loud´s House.

'¿Acaso es la calma antes de la tormenta?', se pregunto el señor de las Tres Hermanas.

¡Cuidado!

¡Crash!

Ahhh, ¡Lana! ¡Qué hiciste!

¡Corre Lisa! ¡Nos descubrió!

¡¿Qué?! ¡¿Lisa, tú le ayudaste?!

¡¿Disculpa?! ¡Yo no…!

CRASH.

—…Le di más que un par de consejos…jejeje… ¡CORRE HERMANA MAYOR!

¡Ese sonido! Lo reconocía demasiado bien; Era la melodía de un desastre en camino.

Además ya sabía quiénes eran, con solo escuchar sus voces era más que suficiente para él. Sin pensarlo mucho se levanto de su asiento y se dirigió al balcón de su estudio privado.

Cuando sus pasos lo llevaron afuera, observo la situación sin la menor impresión. Era una puesta en escena fácil de apreciar; un pequeño techo de madera derribado, un escorpión recién disparado y lo que no podía faltar en una situación así: Loud's involucradas. Eso sí era lo normal en su hogar.

Poso su mirada en uno de los guardias cercanos y asintió sin soltar una sola palabra.

Era el momento de una típica charla entre Padre e hijas.


Toc Toc Toc Toc

— Adelante. — Con esa simple palabra las puertas se abrieron con un gran estruendo y una pequeña multitud se abrió paso entre empujones.

Aquel grupo tan peculiar de niñas lo conformaban tres de sus hijas menores, un par de gemelas de 9 años y una pequeña de 7. Las dos mayores se distinguían por ser no menos que una copia perfecta la una de la otra, al menos físicamente hablando, cuyas diferencias empezaban desde las ropas que usaban hasta sus maneras de actuar.

Lola, que era la mayor, priorizaba la elegancia y los buenos modales, era buena en todo lo que se le podía pedir a una dama, soñaba con eternos veranos y con Galantes Caballeros que se batían en duelo solo para ganarse su favor, pero por mucho que quisiera esconderlo dentro de ella había mucho del Norte solo que aún no lo admitía.

Lana era el opuesto de su hermana, no le gustaban las formalidades que a su gemela le encantaban, su instrumento favorito no era el arpa sino la flauta y el desorden junto a la suciedad iban de la mano junto a ella. Su pasatiempo favorito era explorar los bosques e investigar las playas de su hogar durante largas horas, el mar y los animales eran su más grande pasión, lo único que le molestaba en serio eran los eventos donde debía asistir con los que ella llamaba "molestos vestidos"

Había una fuerte rivalidad entre ellas, siempre intentando superar a la otra, por eso mismo no perdieron el tiempo para empezar a gritarse al mismo tiempo tratando de señalar a la otra como la culpable.

Lisa, que era la más joven en la habitación, portaba un cabello castaño muy similar al suyo y se mostraba más nerviosa que las otras dos. Su edad no le impedía mostrar su inteligencia y su mente había impresionado al Maestre de las Tres Hermanas, sus ojos siempre estaban metidos en libros y mapas cuando una niña de esa edad debería tenerlos en muñecas. Aunque al igual que sus hermanas no podía evitar meterse en problemas, había tenido que reemplazar muchas herramientas del Maestre por su causa.

Su atención pronto regreso a las gemelas las cuales no habían abandonado su discusión.

— ¡Ha sido un accidente Padre, lo juro!

— ¡No le creas Padre, seguro lo hizo a propósito!

— ¡Claro que no! ¡Jamás dispararía un escorpión dentro de las murallas!

— ¡Por favor! ¡Claro que es algo que harías!

— ¡Jamás haría algo tan absurdo como eso!

— ¡Pero si eres la Reina de lo absurdo! ¡Y una catapulta en medio de nuestra habitación me da la razón! Apuesto que no habías pensado en eso ¡¿Verdad?!

Ese comentario en verdad hizo enojar a la gemela menor.

— ¡Pero si Tú también lo utilizas!

— ¡Tal vez, pero no tanto como tú! ¡No creas que no he notado como te deshaces de lo que tomas de las cocinas cuando la Septa no te ve!

— ¡Como te atreves! ¡Te recuerdo que tú también te comes las tartas que consigo!

— ¡No me refiero a las tartas! ¡Acaso me crees tan tonta como para no darme cuenta que escondes más comida aparte de los postres! ¡Te vi lanzando las sobras del pastel de carne de la vieja Tata usando la misma catapulta que dices apenas tocar!

De acuerdo, ese dato era nuevo y explicaba porque el otro día un vigía había sido noqueado por un jamón. La gemela menor guardo silencio y el sonrojo en su rostro expresaba la vergüenza que sentía al saber que alguien conocía su secreto.

No debía quedarse callada tenía que responder pero antes de que empezara a discutir nuevamente, su padre intervino.

— Suficiente, no las he llamado por el uso que le dan ambas a la catapulta que está en su habitación ó la comida que ambas se comen a escondidas. Quiero saber que paso ahí afuera. —Era necesario que se concentraran o el asunto se desviaría por temas sin sentido. — Así que, ¿Quién va decirme? ¿Por qué un arma de asedio está derrumbando mi castillo?

El silencio que siguió a su pregunta fue roto por las gemelas cuando ambas señalaron a la otra como la culpable de lo ocurrido.

— Basta —Su atención fue puesta entonces sobre su hija menor, la cual había estado inusualmente callada hasta ahora. — Lisa, ¿Tienes algo que decir al respecto?

— Mmm…Noo—La sonrisa que apareció en sus labios se esfumo cuando se encontró con la seria mirada de su padre. — (Suspiro) La verdad es que Lana y yo queríamos probar el nuevo escorpión que construyo Ser Óin, y él estuvo de acuerdo en darnos una demostración…así que lo estábamos llevando al campo de pruebas.

— Esperen…déjame ver si entendí… ¿Óin dejo que movieran un escorpión ustedes solas? — No podía creer que semejante cosa fuera posible. Lynn lo conocía de toda la vida y sabía bien que jamás haría algo como eso pues, era demasiado celoso de sus juguetes, ni siquiera cuando él mismo era niño se lo permitió. La mirada que Lana y Lisa compartieron le dijo que había algo más que no le estaban diciendo.

— Tanto como dejarnos lo que se dice dejarnos…pues no. — Lana decidió seguir el ejemplo de Lisa y ser sincera, era una pésima idea tratar de mentirle a su padre. — él solo nos dijo que podíamos ver la prueba, pero sabíamos que jamás nos dejaría usarlo, así que pensamos en probarlo nosotras mismas…

—…Sacándolo a escondidas del almacén ¿no es así?

—Si…bueno no, a escondidas no, claro que avisamos que nos lo llevaríamos incluso lo sacamos por la puerta principal.

— ¿Y a quién se lo dijeron?

— A Ori —Le respondieron al mismo tiempo y en seguida supo que le decían la verdad.

De repente todo tuvo sentido. Ori, el hijo de Óin, era un hábil constructor que igualaba a su padre en dos cosas, la primera; un talento increíble en la forja y la segunda; un escaso sentido común. El problema era que Lana era su alumna favorita, esté le enseñaba cosas que a los demás aprendices no y entre ambos se saltaban las normas de seguridad más básicas y eso había causado muchos desastres.

Tenía que hablar seriamente con ambos herreros para que evitaran hacer algo así nuevamente, aunque bien sabía que era una batalla perdida.

'Un problema a la vez, Lynn.'

Por el momento este asunto tenia prioridad. Lisa y Lana se habían metido en muchos problemas en el último mes por cosas similares y tenía que ponerle un alto en seguida.

— Muy bien, a partir de de hoy ambas están castigadas. Lana, tienes prohibido acercarte a los establos, talleres y forjas. Lisa las investigaciones van a parar y no puedes entrar a tú laboratorio o al del maestre. He sido claro.

— Si, Padre—Ninguna estaba en posición para discutir o negociar, habían metido la pata muy seguido y ambas lo sabían.

— Ahora bien, dime como te involucraste Lola—La experiencia le decía Loud Senior que no todos los implicados en un accidente eran culpables de lo ocurrido.

Lola que había permanecido al margen de la situación hasta que fue nombrada, se paró recta y con las manos al frente, como se lo había enseñado su Madre y la Septa, con la intención de responder.

— Veras padre lo que sucedió fue…

En ese momento no supo porque, tal vez fue un simple descuido o una simple coincidencia, pero desvió la vista de su hija y observo por la ventana que daba al exterior…fue entonces que lo vio.

Era imposible no reconocerlo, muchos incluso lo hacían con el simple sonido de su graznido, después de todo aquella criatura que volaba por los cielos de todo el país era la encargada de comunicar los acontecimientos más importantes del Reino y casi siempre portaban las noticias más nefastas que pudiera imaginar el hombre, tan oscuras como su manto.

Todo a su alrededor se detuvo; la voz de su hija desapareció, los susurros de sus hijas recién castigadas se desvanecieron e incluso los ruidos del exterior se extinguieron. No supo cuánto tiempo paso metido en su cabeza, pero fue el suficiente para imaginar las posibles noticias que traería el ave atada en su pata y ninguna le gustaba.

— Re...¡Padre! ¡Padre!—Fue necesario que unas pequeñas manos lo sacudieran con fuerza para que por fin reaccionara pues las palabras parecían no alcanzarlo. Cuando bajo la mirada encontró los ojos de sus niñas observándolo temerosas y confundidas, jamás lo habían visto así. — ¿Estás bien?

— Déjenme solo. Tengo mucho en que pensar. — Las tres se miraron por un momento dudosas pero al final salieron del cuarto sin decir una sola palabra.

Cuando se quedo solo en la habitación la sensación de una gran derrota se instalo sobre sus hombros y supo lo que significaba pues tal sensación no era nueva para él.

A lo largo de su vida Lynn Loud había descubierto que tenía un sexto sentido para presentir las malas noticias. La sensación se presentaba al despertar y no desaparecía hasta saber exactamente cuáles eran esas noticias.

'¡Pero esta vez no hubo ningún aviso! ¡No hubo advertencia!… ¿o sí?'

Pensándolo bien tal vez fue él quien no supo interpretar las señales pues ese día en particular se había levantado de la cama con una extraña molestia en su pecho, quiso atribuir ese sentimiento a la preocupación que sentía por las noticias que fueron recibiendo del sur a lo largo de las últimas semanas.

Era bien sabido en los Siete Reinos que entre algunos miembros de la Familia Real y la Mano del Rey existía cierta hostilidad, pero cuando arribaron los cuervos con la noticia de que Tyrion Lannister enfrentaba cargos por intento de asesinato y un juicio en su contra se llevaría a cabo en el Nido de Águilas, todo orquestado por Lady Stark en persona. Fue entonces que empezaron las verdaderas hostilidades.

Cuando los barcos que atracaban en sus muelles llegaron con las últimas noticas del sur, nadie podía creer lo que escuchaba; la historia de un enfrentamiento en las calles de Desembarco del Rey dejaron a un Eddard Stark mal herido y a varios miembros de su guardia muertos.

El señor de Las Tres Hermanas en verdad quería ayudar a su antiguo señor feudal, aunque no había nada que pudiera hacer sin empeorar más las cosas, así que les oraba a los dioses Antiguos para que protegieran a su viejo amigo, pero cuando vio llegar a ese cuervo, en su interior aquel sentimiento desconocido se trasformo en su ya distinguido presentimiento. Ahí lo supo.

El verano se había acabado y el invierno estaba por iniciar.

Fue entonces que su mente se perdió y recordó cada momento importante en su vida, los entrenamientos con su padre, la primera vez que vio a la mujer que se convertiría en su esposa, el nacimiento de sus hijas, la llegada de su hijo y los primeros días del nombre.

Su memoria fue selectiva pues su cerebro solo le mostro los buenos recuerdo; las risas, los juegos y el cariño que se tenían los unos a otros. Una sonrisa nació en su rostro pues recordaba con claridad los viejos tiempos cuando sus pequeñas corrían a recibirlo cada noche con entusiasmo y la única pelea que se daba era decidir quién sería la siguiente en subirse a sus hombros.

El tiempo pasó y esa costumbre fue disminuyendo. Solo ahora se daba cuenta lo mucho que extrañaba que eso pasara.

Antes de poder seguir con sus recuerdos escucho como alguien tocaba la puerta un tanto más fuerte de lo normal. Sabía quién era y podía intuir las noticias que traía consigo, pero fue un poco egoísta e ignoro el llamado para poder recordar un poco más.

Cuando golpearon la puerta al punto que ya no podía ignorarla, suspiró, deseaba equivocarse y trato de convencerse así mismo de que tal vez estaba exagerando. Lástima que no fue así.

— Adelante. —Apenas termino esa simple palabra y un agitado anciano se abrió paso sin demora. —Maestre Grouse en que puedo ayudarlo.

El Maestre Grouse era bien conocido en las Tres hermanas como un hombre rígido y gruñón, aunque sobre todo gruñón, que no perdía la oportunidad de señalarle que muchas de sus medidas con respecto a sus hijas habían afectado la estabilidad de las Islas. Casi siempre cargaba la misma expresión malhumorada en su cara que ponía más en evidencia su carácter, pero cuando entro y en su rostro se mostró una clara combinación de incredulidad y miedo… un miedo, tan profundo y atroz, que Lynn Loud supo que la vida como la conocía había llegado a su fin.


—El Rey Robert Baratheon…ha muerto. —Fue lo primero que salió de su boca al terminar de leer el edicto real en sus manos. La muerte de un Rey en funciones siempre traía consecuencias atroces y esta vez no iba a ser la excepción. Había conocido hace poco al Heredero de Robert, el príncipe Joffrey, y jamás pensó que estaría de acuerdo con los rumores que circulaban sobre él.

Sus temores se justificaron cuando en el mismo pergamino anunciaban que la (antigua) Mano del Rey, Lord Eddard Stark, estaba en los calabozos de Desembarco del Rey bajo cargos de alta traición. Según el mensaje Lord Stark había conspirado con los hermanos Baratheon para usurpar el Trono de Hierro de su legítimo heredero.

Para empezar ¡ESO ERA UNA COMPLETA LOCURA! dudaba seriamente que alguien creyera semejante mentira pues mientras más lo pensaba más absurdo le parecía, Lord Stark era uno de los hombres más honorables, sino el que más, de los Siete Reinos y el solo pensar que cometería semejante acto no solo era absurdo sino también ofensivo, pero sus preocupaciones se transformaban en una sola pregunta: ¿Cómo actuar?

Antes de poder empezar a consultar sus opciones, un soldado entro por la puerta sin siquiera llamar antes, eso era una clara ofensa a su señor pero antes de poder reprenderlo noto lo agitado que se encontraba y se pregunto si las noticias sobre el encarcelamiento del antiguo Guardián del Norte ya serian de dominio público.

— ¿Que sucede? —Pregunto sin demostrar la preocupación que en esos momentos sentía.

El soldado recuperó la compostura, serio y firmé le respondió a su Lord.

—S-se acercan barcos, M-Mi señor. — Si bien su rostro permanecía serio la respuesta vino acompañada de un ligero temblor en su voz.

— ¿Cuantas naves?

—Diez galeras, Mi señor. —La confusión se hizo presente en el rostro del norteño, ¿solo diez naves?

— ¿Que blasón usan?—Pregunto esta vez el viejo Grouse, no era extraño que ya hubiera soldados moviéndose por el país lo extraño era saber que se acercaban a la isla, además eran muy pocas naves ¿Se trataban de amigos o enemigos?

El soldado tardo un momento en responder pero notaron la fina capa de sudor que descendía por el casco que utilizaba.

— Es un tritón sobre un campo azul, Mi señor. — Su respuesta dejo en claro quiénes eran.

'Los Manderly…eso significa…'

— ¡Preparen mi caballo!—Exclamo tan repentinamente que los presentes no movieron un musculo, lo cual le permitió hablar nuevamente. —Dile a Pacowski que reúna a los hombres de inmediato iremos en seguida a los muelles a recibir a nuestros invitados. —Al ver como el soldado permanecía pasmado frente a él, no dudo en dedicarle una severa mirada junto con una fuerte exclamación. — ¡De inmediato!

—Sí, mi Señor. —En ese instante sus pies volvieron a moverse y se dirigió rápidamente a la puerta. Al salir de la habitación casi choco de frente con otra persona que ingresaba con la misma prisa que él llevaba.

Si bien Lynn Loud no reconoció al joven que ingreso, sin su permiso, a su estudio sí que reconoció lo que llevaba en su mano. Era nada más y nada menos que un nuevo mensaje, con la única y gran diferencia que en vez de portar el Sello Real portaba el Sello de la casa Stark.

Ya lo sospechaba con la llegada de los señores de Puerto Blanco solo ahora lo confirmaba.

En el Sur esperaban la respuesta del Norte, bien ya no había que esperar más, aunque era una lástima para los sureños; No iba ser la respuesta que ellos querían.


Cuando las puertas del gran salón se abrieron nuevamente fue imposible no detallar la gran cantidad de armas que salían por las puertas, las espadas, hachas y lanzas resaltaban por el filo recién obtenido. Los arcos tensados junto con su carcaj repleto de flechas y la molestia que se respiraba era una clara señal que ninguno de los presentes tenía la intención de permitir una ofensa más por parte de la corona.

Al avanzar por los pasillos y sin darse cuenta los hombres empezaron a gritar, insultar y amenazar a los miembros de la Familia Real con Joffrey Baratheon y Cersei Lannister encabezando la lista. Mientras ellos se mantenían lanzando comentarios cada vez más osados, dentro del salón permanecían las cabezas de la Familia Loud y Manderly.

Las ordenes habían sido claras, la casa Manderly y la casa Loud, debían marchar hacia Foso Cailin y junto a la casa Dustin aguardar la llegada de los ejércitos del Norte para inmediatamente después dirigirse hacia las Tierras de los Ríos para enfrentar a las fuerzas Lannister. De ahí tendrían que abrirse paso hacia la capital para rescatar a Lord Stark y sus hijas.

Wyaman Manderly era conocido por ser una persona pacífica y amable pero no era alguien ajeno a la guerra. Después de todo un par de guerras respaldaban al hombre. Las recomendaciones que había dado para la defensa de las Tres Hermanas fueron escuchadas con el mayor de los respetos, aunque la gran mayoría de estos consejos eran para resistir un asedio.

Ambos Lores habían acordado crear un perímetro en la entrada del Mordisco, para mantener a salvo sus hogares, un ataque por parte de la Flota Real era poco probable pero no eran los únicos barcos que podían llegar a sus costas con intenciones de causar problemas, conocían a un par de piratas que no dejarían pasar la oportunidad para saquear y matar.

A punto de finalizar la reunión las puertas del Gran Salón volvieron a abrirse ocasionando que todas las miradas se posaran en la entrada. Observaron casi con preocupación; en días de guerra las noticias con poco tiempo para actuar eran cosa de cualquier momento, pero no fue un mensajero quien entro por la puerta, en su lugar aparecieron cinco chicas de diferentes edades que ingresaron casi a empujones y que sin saberlo se convirtieron en el centro de atención. Dándose cuenta de ello, todas ellas se irguieron y observaron en silencio a todos los presentes en la habitación.

Lynn debía admitir que sus hijas tenían la costumbre de aparecer en el momento menos oportuno. Antes de poder disculparse por el comportamiento de su sangre algo lo detuvo.

Una pequeña risa se escucho en la sala y su origen no fue otro que Lord Maderly que observo divertido a las recién llegadas. —Bueno nos retiramos Lord Loud, nos veremos en un par de días tras finalizar los preparativos. Que los Dioses nos protejan si la guerra nos alcanza antes.

—Esperemos que no sea así Lord Manderly. —Tras su corta despedida el Señor de Puerto Blanco avanzo hacia la salida seguido de sus hombres pero se detuvo un momento para saludar a las hijas de su anfitrión.

—Mis Señoras. —Con una corta reverencia el hombre atravesó las puertas del recinto.

Las cinco jóvenes apenas si le prestaron atención cuando se retiró pues sus ojos seguían clavados sobre su padre. Lynn se acerco para explicarles a sus hijas lo que estaba pasando cuando nuevamente fue interrumpido antes de poder hablar.

—Así que es cierto. — Su heredera se acerco a él con una mano en el pecho y una expresión preocupada. — Estallo la guerra.

— Si. —

No había forma posible de ocultarles la verdad, seguramente medio Norte ya lo sabía, pero mientras más rápido lo comprendieran más rápido lo aceptarían y podrían concentrarse en sus deberes, como sus hijas debían cumplir un papel en esta guerra. Todas habían crecido lo suficiente para que estuvieran involucradas en este tipo de situaciones.

Vio como cinco rostros totalmente diferentes adoptaban una expresión de total sorpresa para después entrar en un profundo silencio, trato de recordar si alguna vez habían permanecido así de calladas por tanto tiempo y tal recuerdo no apareció.

Solo alcanzó a abrir la boca cuando un grito del exterior retumbo por toda la habitación.

— ¡Mi Señor! — Las puertas ahora dejaron entrar a un hombre robusto de piel clara y cabellos castaños que portaba una armadura de cuero reforzado que si bien parecía quedarle un poco justa no le restaba movilidad en absoluto. Al ver que posiblemente había interrumpido una conversación previa con su llegada, guardo silencio y espero que se le concediera la palabra.

— ¿Qué sucede Pacowski?—Si bien interrumpió una conversación importante su llegada indicaba que había trabajo por hacer.

— Los hombres esperan, Mi Señor. — Bien, ya era momento para prepararse.

— Hablaremos de esto más tarde. Quédense en la isla, y no salgan del castillo si no es necesario. Me reuniré con ustedes en cuanto pueda. —Cuando salió por las puertas con rumbo al patio no volteo la mirada ni una sola vez, ni siquiera para despedirse de sus 5 hijas mayores.

Al llegar a las afueras del castillo una partida de varios jinetes ya estaban esperándolos, mientras avanzaba a su caballo pudo sentir las miradas de las personas que se movían por el castillo. Demasiado inquietas con la recién obtenida noticia sobre la guerra.

Todos los presentes observaron como los jinetes abandonaron el castillo y se alejaban a toda velocidad hasta perderse en algún punto lejano rumbo a los muelles. El invierno se acercaba y amenazaba a los 7 Reinos por igual.

Y ya, gracias por leer.

Me emociona este proyecto y a decir verdad en un principio solo iba a ser un One-Shote. Aún así va tener pocos capítulos y si aceptan bien el fic definitivamente lo extenderé más de lo que tenía planeado.

Espero ansioso sus opiniones y ojala les atraiga la idea de este fic.