Summary: Una tarde cualquiera Lavender se sienta con Parvati a cotillear sobre la nueva novia de Ron Weasley, pero la conversación termina dirigiéndose en otra dirección. [Lavender x Parvati]

Aclaración: Ninguno de estos personajes me pertenecen, Harry Potter junto con toda la franquicia les pertenece a sus respectivos creadores, yo solo los tomo prestados sin permiso para hacer estos Fanfics.

Aclaración 2: Este fanfic participa en el reto "El amor es de colores" de la página "El enigma del Kelpie".

¡Ahora a leer!


Gossip time

"No sé qué hacer sin ti. No sé a dónde poner mis manos.

He estado intentando dormir, pero estoy escribiendo esto a las 3 am. (…)"

Slow Dance with you/Francis Forever – Olivia Olson

1.-

Lavender caminó hacia el pequeño sofá de su departamento llevando una taza de café en su mano. Amaba los momentos de chismeo con Parvati. A pesar de que la veía todos los días, era inevitable adorar esos minutos cotillas durante los cuales ambas se acurrucaban en el sofá para hablar sobre la vida de otras personas como si no tuvieran nada mejor que hacer.

Le bajó un poco al sonido de la música de la radio muggle y se sentó junto a ella en el sofá, colocando sus piernas sobre los muslos de la morena.

—¿Te enteraste de con quien está saliendo Hermione Granger? —preguntó la rubia al momento en que Parvati tapaba las piernas desnudas de Lavender para que no tuviera frío.

La chica dejó de lado su humeante taza de chocolate caliente, emocionada por saber de quién se trataría el chisme de hoy.

—No, nunca me entero de nada que tenga que ver con ellos. —Le acomodó con suavidad el rizo rebelde que golpeaba en la frente de Lavender—. ¿Con quién sale? Diez galeones a que sale con Malfoy.

—¡Ya quisieras! Podrá estar muy guapo, pero no saldría con Granger ni aunque le pagaran. —Bebió un poco de su café mirando a Parvati con un ceño levantado sin quitar la sonrisa de su rostro—. ¿Qué?

—No deberías decir que es guapo. —Su rostro mostraba una fingida mueca de seriedad, pero solamente aguantaba las ganas de reírse—. Tu pareja podría sentir celos.

Lavender la empujó suavemente riendo. Parvati siempre salía con ese tipo de comentarios a cada dos por tres, pero no podía evitar reír ante ellos.

—¿Quieres saber o no? —Parvati asintió eufóricamente—. Con Ronald Weasley

Una sonora carcajada salió con fuerza de la boca de Parvati. ¿Hermione con Ron? ¿Quién lo diría? Los astros lo sabían, pero no podía evitar reírse con ganas de lo irónica que era la vida.

—¡Hey! ¡Todos sabíamos que eso pasaría! —La risa de Parvati era contagiosa, por lo que no pudo reprimir las ganas de reír—. No puedo esperar a que por lo menos nos inviten a la boda…

—¿Tú recuerdas cuando solías salir con él? —preguntó la morena sin dejar de reír.

Lavender volvió a empujarla suavemente, quitó sus piernas de los muslos de Parvati y bebió de su chocolate caliente.

—No me recuerdes esas cosas. ¡Me avergüenza mi antiguo pasado llamado Ron Weasley! —exclamó dramáticamente, cubriendo su frente con su mano como si se tratase de una damisela en apuros.

—Por supuesto que te avergüenzas, aún tengo pesadillas contigo diciéndole a cada momento… —Se tapó la nariz con los dedos para poder hacer una voz más nasal—. Won-Won, Won-Won. Inserta risa de colegiala enamorada. Won-Won, eres mi Won-Won.

Lavender dejó su taza sobre la mesita de café para poder agarrar la almohada y golpear de lleno a Parvati en el rostro, haciéndola callar. Se levantó rápidamente al ver que la chica había agarrado también una almohada para discutir con ella a golpe de almohadas.

La rubia corrió rápidamente hacia la habitación, escuchando como Parvati, tras ella, imitaba su voz diciendo «Won-Won». Abrió la puerta del cuarto, golpeando sin querer a su pequeño gato al hacerlo.

—¿Me podrías creer que él nombró a Hermione mientras estaba medio muerto en enfermería? —preguntó Lavender, lanzándole nuevamente la almohada para sentarse en la orilla de la cama.

—No. Qué bueno que te conseguiste algo mejor. —Parvati dejó las almohadas en el piso y se soltó que cabello que anteriormente había estado amarrado con un desordenado moño.

—Siempre me consigo algo mejor —respondió la chica con una sonrisa coqueta—. Soy realmente afortunada de que mi pareja sea espectacular.

—¿Espectacular? A mí me encanta que tenga un exquisito color de piel. ¿Dónde te conseguirías a alguien así? —Se quitó la camiseta, dejando ver solamente su sostén rojo. Lavender la tomó del brazo para acercarla más a ella—. Es decir, ¡sólo mírala! Es maravillosa y sin necesidad de bronceado.

—La verdad es que sí tiene un exquisito color de piel. —Con suavidad, le comenzó a besar el cuello—. Y también es bastante deliciosa, he de decir.

Parvati, por su parte, posó sus manos por debajo de la enorme camiseta de Lavender, haciéndole cosquillas y provocando que soltara una torpe risa. En un movimiento rápido, la morena le desabrochó el sostén a su prometida levantando los brazos graciosamente diciendo «¡Victoria!».

—¡Siempre haces eso, es injusto! —exclamó Lavender, levantándose de la cama y frunciendo el ceño fingidamente.

—Son mis poderes lésbicos —dijo Parvati bromeando—. Lo que pasa es que no eres suficientemente rápida.

Sin esperar ni un solo segundo, Lavender empujo a su prometida a la cama, provocando que ésta se golpeara la cabeza en el respaldo de la cama. Ante el golpe, Parvati la lanzó a un lado sin calcular bien, y Lavender cayó de lleno al suelo de la habitación.

En vez de escuchar un grito, un llanto o cualquier reclamo de parte de alguna de las chicas, se escucharon dos fuertes carcajadas.

Lavender, llorando de risa, se levantó del suelo para ver a su pareja, a quien le faltaba el aire de tanto reír. Se le subió encima para seguir en lo que estaban, pero sus risas eran tan fuertes que ni siquiera cuando intentó besarle el cuello dejaron de reír.

Parvati se metió bajo las cobijas y le hizo un gesto coqueto a su novia, provocando que riera incluso más fuerte mientras se quitaba la ropa para acostarse a su lado.

— ¿Quieres ver una película Muggle? —Lavender le besó la mejilla como respuesta.

— Pensé que nunca me lo pedirías.

Amaba a Parvati y Parvati la amaba a ella. Y la mayor prueba de ello era que, a pesar de ser novias y estar a meses de casarse, ellas no habían dejado de ser amigas. Seguían riéndose de las mismas cosas y chismeando de cosas nuevas. La diferencia era que ahora agregaban a esa lista de cosas la intimidad, en la que nunca faltaban las risas y siempre pasaban un buen rato.

Miró a Parvati, quien con su varita encendía la televisión que tenían en casa, y suspiró recostándose en su pecho con una sonrisa.

Sentía que vivía en un Felix Felicis infinito y sabía perfectamente que aquel sentimiento jamás cambiaría.