«No necesitamos nada, somos los protagonistas.»

—Jennie, BLACKPINK.

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El lugar comenzaba de a poco a llenarse de gente, gente que iba vestida de forma formal y elegante pero a la vez acorde para adaptarse al impredecible clima del otoño. Eran horas no tan tempranas de la mañana en la que una aura cálida inundaba el lugar, una alegría electrizante y contagiosa que le daba una especie de brillo natural a la estancia, como si pequeñas luciérnagas diurnas revoloteasen por el sitio entre un montón de maravillados campistas. Esa era la alegría contagiosa de dos seres que están a punto de unir sus vidas para siempre; que van a ser uno definitivamente.

La alegría que se percibe en una boda es sumamente contagiosa.

Por detrás de esa pequeña finca en la que se celebraría el evento habían dos grandes carpas blancas unidas en una sola. Adentro de estas las decoraciones destellaban magníficamente en colores entre los que predominaban el borgoña, cristal y el dorado que con los pálidos rayos de sol primerizos y la luz intentando colarse a través de la tela de las carpas dan una impresión aun más brillosa sin llegar a ser demasiado llamativa. Combinando magníficamente con esos meses de hojas caídas y clima fresco, transmiten sofisticación a la vez que calidez hogareña.

Todo completamente cálido, colorido y jovial. Emitiendo una vibra que sonroja y transmite satisfacción a sus invitados que visten en distintos colores y estilos, con sus mejillas sonrojadas, abrigos y chales adaptados al tiempo. La romántica y animada ambientación es atractiva, brillante como los protagonistas de este gran día.

La pareja que ha de casarse aún no se presenta. Pero eso no significa que no se estén moviendo o el caos en su interior no se vea presente. En el fondo, un grupo de amigos intentaban aliviar al enorme y muy inquieto novio, que se debatía entre llamar a su prometida o no.

—Tranquilízate, Aldebarán —el tibetano de lacios cabellos lilas suspiró mientras le repetía al taurino—. Las noticias decían que habría buen clima, no va a caer un rayo que incendie las decoraciones —dice desmintiendo una de las paranoicas ideas que se había plateado su amigo.

—¿Cómo lo sabes, Mu? ¡Las noticias se pueden equivocar! —una gota de sudor corría por la sien del brasileño haciendo que el cabello se le pegase a la piel, rápidamente fue limpiado por su compañero de cabellos celestes.

—Tienes que calmarte o en la ceremonia apestarás a sudor —le dijo Afrodita con tono de reproche. Como si Aldebarán pudiese controlar los crecientes nervios que se le arremolinaban en el estómago y le provocaban momentáneos mareos.

—Que fácil para ti decirlo, Afrodita ¡Tú no eres el que va a casarse, a formar un lazo por el resto de su vida con una mujer!

Una carcajada fue exhalada de los labios de Ángelo o como lo conocían, Deathmask: —No necesariamente el resto de tu vida, si las cosas no funcionan perfectamente pueden divorciarse —ese intento de chiste hizo que Saga le diese un codazo en el estómago que lo hizo quejarse.

Y es que más que causarle risa. Esa broma hecha por parte del italiano había causado que Aldebarán se pusiese pálido como avena al no haberse planteado antes la idea de que tal vez su futura esposa no era la indicada.

—Deathmask tiene razón —increpó acongojado.— ¿Qué pasa si las cosas entre Johari y yo no funcionan? ¿Qué pasa si me deja plantado? ¿Qué pasa sí..

—¡Ya reacciona! —un zape por parte de Kanon fue lo que lo interrumpió—. Fue Johari la que aceptó casarse contigo, si no te quisiera en verdad ella perfectamente te habría dicho que no.. Y en cuanto a dejarte plantado ¿En verdad crees que ella es esa clase de persona? ¿Tan poco la conoces o tan poca fe tienes en su relación? —el gemelo menor lo señaló con un dedo acusador, haciendo que el brasileño bajase la mirada, culpable.

Su amigo tenía razón; estaba dejando que toda clase de ideas fatalistas (la mayoría sacadas de telenovelas) nublasen su juicio. Y de paso dejando que sus propias inseguridades y el temor al qué pasará lo agobiasen. No sabía si a largo plazo la relación funcionaría.. Pero lo que importaba era que hoy, en este momento ellos se amaban y él estaba seguro de lo que iba a hacer.

Suspiró.—Tienes razón, Kanon —dijo haciendo sonreír al mencionado—. No ganó nada entrando en pánico sin que algo malo esté pasando. Me voy a casar hoy y me voy a casar con alegría y confianza.

Esas palabras optimistas y llenas de determinación hacen que Aioros y Saga suspiren de alivio y Kanon choque los cinco con Aioria. Han logrado calmarlo aunque sea por un corto período de tiempo.


Dentro de la casa de la finca, en la habitación dónde se preparaba la novia las cosas no resultaban menos caóticas. Más bien me atrevería a decir que aquí se respiraban los nervios de una forma mucho más vívida por parte de todas las mujeres que habían ahí, tratándose de mentecitas genéticamente mucho más emocionales y visiblemente más nerviosas y excitables cuando de situaciones como esta boda se trataban.

—Jo, por favor —Nallely observó a la africana con una sonrisa nerviosa—. Si no te calmas el maquillaje no te durará nada por culpa del sudor.

—Es cierto. Te vas a casar, no vas a cumplir una misión suicida —le secundó Aysel.

Johari quitó su vista del espejo sólo para fulminar con la mirada a sus amigas y parte de sus damas de honor (y su madrina de boda).

—Que fácilmente dicen eso. Considerando que no son ustedes las que se van a casar —luego tomó a Nallely (la que estaba más cerca de ella) y comenzó a zarandearla por los hombros—. ¡Estoy a punto de tomar una de las decisiones más importantes, si no es la más! ¡Entiéndeme un poco! ¡¿Quieres?!

—A ver. Johari, tranquilízate —Aysel intervino y sujetó por los hombros a la africana. Masajeándolos en actitud conciliadora—. Todo va a salir bien. Aldebarán te quiere más que a cualquier otra cosa y han estado planeando cada detalle. Todo va a salir bien y en todo caso. Con las chicas y la señorita Saori ideamos un plan de emergencia dispuesto para cualquier complicación.

—P-Pero.. Pero —las chicas se sorprendieron. La segura y confiada Johari Abioye tartamudeando y hablando a tropezones era algo nuevo sin duda. Debía estar nerviosa hasta el extremo.

—Mira —esta vez habló Nallely, ya recuperada del sacudón que le había soltado la africana—. Entendemos que estés nerviosa y no te culpamos por ello, pero tienes que calmarte o acabarás estropeando algo debido a los nervios. Además, ahí afuera Aldebarán tiene que estar tan o incluso más nervioso que tú. Alguno de los dos tiene que mantener el control este día y claramente la única que es capaz de hacerlo eres tú. Ya te dijimos, estamos aquí para ti y estamos preparadas para todo en el muy, muy remoto caso de que algo salga mal ¿O no confías en nosotras?

Johari se hizo la ofendida con la última pregunta.—Por supuesto que sí.

—¿Entonces por qué tanto susto? Confías en nosotras y confías en lo que tienes con Aldebarán, todo va a salir bien. Te lo aseguro—Nallely le sonrió de tal manera que el cuerpo de la africana se deshizo de toda tensión previa provocada por los nervios, incluso comenzó a relajar sus extremidades erizadas y tensas por los nervios y a pensar con una cabeza más fría y su característico optimismo.

Todo iba a salir bien; desde el día en el que Alde y ella se comprometieron con el consentimiento de Shion y de Saori Kido/Athena, se dedicaron a cuidar hasta el más mínimo detalle y a planear cuidadosas estrategias de respaldo en caso de que algo en la ceremonia no saliese como era esperado. Además de que la confianza que existía entre ellos junto con su comunicación era excelente, por lo que ni siquiera un mísero adorno o evento había sido agregado sin que ambos mostrasen un mutuo consentimiento. El éxito el día de su boda estaba prácticamente asegurado y el amor que se tenían era indudable.

Todo tenía que salir bien.

—Tienes razón, Yelly—le dijo a la leonina mostrando su característica sonrisa confiada y brillante—. Todo está estrictamente calculado. No hay nada que temer.

Al igual que los hombres lo hicieron en el salón; las chicas suspiraron con alivio ahora que los nervios y ansiedad extremos no eran tan notorios en la africana—que aunque ninguna lo admitiera en voz alta también llegaba a ponerlas nerviosas a ellas— y continuaron tranquilamente ayudando a la novia a arreglarse en un cómodo silencio interrumpido por pequeños comentarios acerca de lo preciosa que se veía la morena. Aunque esta no les prestaba demasiada atención por hallarse extraviada entre su mar de recuerdos.


No estaba segura de si la forma en la que lo conoció fue una especie de cliché o historia cursi y clásica de las películas antiguas, pero esa sin duda fue una noche que, aunque en el momento no le pareció la gran cosa. Jamás lo olvidaría. En primer lugar por el enorme miedo, preocupación y tristeza que la habían invadido esos cuatro días anteriores a haberlo conocido. Y además porque lo que parecía ser una simple casualidad o golpe de suerte cambió su vida entera.

Todo había comenzado una ocasión en la que Johari salía de noche de la veterinaria en la que trabajaba, el camino se hallaba completamente solo a excepción de ella y su pequeña Gitana, que trotaba delante de ella con pasitos rápidos e incluso nerviosos. Al principio su comportamiento la confundió, pero luego supo el porqué su perra se comportaba de esta manera cuando un rayo partió el cielo sobresaltándola, y casi de inmediato las gotas de lluvia del tamaño de platillos comenzaron a caer azotando como látigos, en pocos segundos ella había acabado completamente empapada y no pudo desplegar su sombrilla a tiempo. Aunque por lo menos podría evitar mojarse más y pescar un buen resfriado.

Nuevamente mascota y dueña retomaron su camino bajo esa lluvia despiadada que en ocasiones hacía sentir a Johari que rompería la tela de la sombrilla por la fuerza con la que impactaban, las gotas de agua que caían se escurrían y caían como gruesas goteras a los costados de esta provocando que la mujer morena tuviese que cargar a su mascota para evitar que la pobre terminase más empapada de lo que ya de por sí estaba.

Pero cuando apenas habían recorrido la mitad del camino otro rayo iluminó brevemente todo el camino y un sonido como el de un peñasco a punto de caerse se hizo presente. Johari saltó de tal manera que por un momento perdió el equilibrio sobre sus tacones altos y tuvo que sostenerse con el codo de una pared empapada que tenía cerca—por el hecho de cargar a su perra en un brazo y la sombrilla en el otro—. No supo como pasó; pero de alguna manera Gitana se escurrió y saltó de sus brazos para luego echar a correr alejándose de su dueña mientras soltaba agudos ladridos, el trueno la había asustado al extremo de querer escapar a como diese lugar.

Y para su sorpresa la africana se dio cuenta de que tampoco la correa de Gitana estaba en sus manos. Por lo que corrió detrás de su perra todo lo que le permitían sus tacones altos y tratando de no resbalarse en el suelo lleno de charcos y lagunas, sin parar de llamar a la pug que para su horror se alejaba cada vez más, hasta que llegó un punto en el que desapareció entre la neblina de llovizna y la oscuridad de la noche.

Desesperada Johari comenzó a llamarla y la buscó a lo largo de las calles por las que se pudo haber metido su mascota tratando de ver entre los charcos y el agua que caía como si fuesen meteoritos, pero pasaron las doce de la noche y no encontró ni rastro de la Pug. Por lo que resignada, empapada y deprimida tomó el camino sola a casa para al día siguiente comenzar a hacer carteles de mascotadesaparecida.

Así pasaron varios días; Johari contactó a sus amigas y compañeros de trabajo para comunicarles que su mascota se había perdido y pedirles que estuviesen atentos por si llegaban a verla rondando por ahí. Aunque estos accedieron comprendiendo cuanto adoraba la morena a su cachorra, a lo largo de esa semana infortunadamente nadie pudo hallar ni rastro del animal. Cosa que dejaba a la africana profundamente decaída e imaginándose toda clase de escenarios—algunos sumamente grotescos y desesperanzadores— en relación a dónde podría estar Gitana.

Hasta que una tarde ya pasados los cinco días desde que su perra desapareció; mientras vagaba cabizbaja por la plaza de Rodorio, sintió que su corazón se detenía para luego volver a latir con desenfreno total cuando entornó los ojos y los fijó en un hombre que tenía en brazos a su perra, a la que reconocería en donde fuera. Completamente sana y salva y al parecer bastante cómoda en los brazos del enorme varón.

El hilo rojo del destino que nos acompaña, se encuentra atado a una persona por el otro extremo..

Cuando se acercó y lo llamó para comentarle que esa era su mascota; no se esperó que ese hombre hubiese tomado la responsabilidad de cuidar a su mascota desaparecida y la hubiese estado paseando por Rodorio buscando a su dueño original, no se esperó que el profundo agradecimiento combinado con cierto interés la llevarían a pedirle al hombre llamado Aldebarán que se viesen otra vez disfrazado de un acto de gratitud.

Mucho menos esperó... Que esa persona que encontró, cuidó y la llevó a su mascota terminaría siendo la persona que siempre había soñado.

Esa fría mañana de Otoño, Johari no sólo encontró a su preciada cachorra, encontró algo igual o mucho más valioso, las primeras hojas de una delicada flor rojiza surgieron de la tierra y las primeras notas de aquella suave melodía comenzaron a sonar.


—Señoritas—una voz femenina cargada de dulzura que Johari no reconocía entre su grupo de amigas/damas de honor la sacó de sus recuerdos y la hizo girarse hacia la puerta al igual que las demás mujeres. Parada en el marco se hallaba una jovencita pequeña y esbelta de largos y hermosos cabellos lilas y ojos glaucos que las observaba con la sonrisa más tierna que hubiesen recordado ver.

—Señorita Saori—correspondieron todas las chicas al unísono mientras con sus manos se acicalaban instintivamente al ver a la diosa.

—¿Puedo pasar?—preguntó Saori con cortesía y gentileza.

—¡Por supuesto! Por favor pase—exclamó Johari con su voz temblorosa, instintivamente comenzó a buscar algo con la mirada por detrás de los hombros de la chica de cabellos violetas.

—Descuida, Johari. Aldebarán y los demás están abajo, saben que por el momento no deberían venir aquí—las palabras de Saori hicieron que el resto de las féminas suspirasen de alivio. Por lo menos no tendrían que preocuparse por ese montón de entrometidos.

Aunque Johari se atrevió a cuestionar:—Entonces, señorita Saori. ¿Qué fue lo que la trajo hasta aquí?—la africana se sorprendió cuando la jovencita sonrió, sin mostrar la más mínima señal de sentirse ofendida. En realidad parecía que la pregunta la divertía.

—Vine aquí para decirte un par de cosas, si no estás demasiado ajetreada preparándote—contestó la joven deidad y CEO de la fundación Graad.

—¡Po-por supuesto que no, señorita Saori! Puede decirme lo que quiera—dijo rápidamente la muchacha ensanchando con ternura la sonrisa de Saori.

—Admito que lo que estoy a punto de decir es un poco cliché pero no puedo evitar encontrarlo a la vez tan necesario—Saori tomó mucho aire antes de comenzar—. Sólo vine a pedirte que cuides mucho a Aldebarán y continúes haciéndolo tan feliz como lo has hecho a lo largo de estos tres años. Debido a todo lo que han tenido que pasar a mis Caballeros les ha costado muchísimo acoplarse a una verdadera vida normal libre de guerras y... Todo tratando de protegerme—las otras mujeres se quedaron en un tenso silencio cuando el semblante de Saori pareció oscurecerse por la melancolía, pero rápidamente se recompuso y continuó—. Aparte de eso Aldebarán tiene un corazón sensible que no concuerda con la dureza de su tamaño y por eso constantemente yo y sus compañeros tememos que lo lastimen. Estamos dejando un valioso tesoro nuestro en tus manos—el rostro de la joven deidad se puso serio de un momento a otro— y depende enteramente de ti si lo cuidas o lo pisoteas como si no fuera nada.

Johari sonrió dulcemente una vez que la muchacha de cabellos lilas terminó de hablar.

—Descuide, señorita Saori. Conocer a Alde ha sido una de las mejores cosas que me han pasado y yo lo amo como no tiene idea—se llevó las manos al pecho y las estrujó ligeramente encima de su corazón—. Soy consciente de que Aldebarán ha dejado su corazón en mis manos y estoy dispuesta a cuidar de él como si del mío propio se tratase.

Las palabras de Johari provocaron que todas las presentes soltasen un sonido de ternura y Saori se limitó a sonreír complacida.

—Gracias, Johari y estoy feliz de escucharte decir eso de esa forma tan firme y sincera. Bueno, era todo lo que tenía que decir, me marcho—Saori hizo una breve reverencia como le exigía su educación y se dio la vuelta para salir de la habitación, pero se detuvo un momento y miró por encima del hombro a la africana con una sonrisa—. Por cierto, te ves magnífica.

Eso último hizo que las mejillas oscuras de Johari se enrojecieran y su estómago se contrajera de nervios leves mientras la jovencita empresaria abandonaba la estancia luego de una última sonrisa. Instintivamente levantó levemente los pliegues de su larga falda y se giró para encontrarse con su reflejo en el espejo.

Su vestido, del tradicional, puro y destellante color blanco. Había quedado embelesada con este la primera vez que lo vio en la tienda. La parte superior tenía un diseño similar al de un corsé, con encaje de flores y pedrería pálida adornando y enmarcando el escote en forma de corazón, se ceñía a su cintura y la falda sencilla tenía un aspecto como drapeado y caía hasta ocultar sus zapatos de tacón, resaltando todas y cada una de sus curvas. Su cuello se hallaba adornado con un collar de zafiros y plata que la propia Athena le había dado para su boda diciéndole que sería su objeto azul y prestado, sobre su cabellera suelta y arreglada en bucles usaba una diadema de pedrería que su madre le dejó antes de morir (¡Su objeto viejo!) que junto con el maquillaje de colores pálidos creaba un contraste que iluminaba sus rasgos y oscura piel.

Pensó que Saori tenía razón, se veía magnífica. Esperaba que Alde pensase lo mismo.

—Una pregunta, Jo—la voz de Nallely la sacó de su ensoñación.

—Dime, Yelly.

—Te pusiste ropa interior nueva como te dije ¿Cierto? Y la liga de la novia ¿Verdad?

—¡Nallely!—exclamaron todas las demás a la vez asustando a la mexicana y casi haciendo que dejase caer su ramillete.

Johari sólo rodó los ojos:—Sí, Nallely. Me puse todo lo que me dijiste.

—¿Johari?—Flor se acercó tímidamente y le tendió a la africana un ramo de flores que ella misma había armado, envuelto en sedas color champagne y Johari quedó encantada: Se trataba de un ramo de forma circular, de tres tipos de flores, rosas de tono rojo oscuro, rosas de tono melocotón y unas flores blancas más pequeñas de color blanco y pétalos acampanados.

Johari ensanchó su sonrisa, enternecida y cautivada por el gesto de Flor al hacerle ese arreglo, que aceptó sujetándolo con cuidado en sus manos.

—Es hermoso, Flor. Gracias—le dijo con sutileza a la rubia—. Tienes muy buen gusto para las flores.

Las amigas y damas de honor de la morena no tardaron en acercarse, emocionadas por la belleza y el encanto del ramo e igualmente felicitando por su trabajo a la muy sonrojada Flor, quien a pesar de sentirse avergonzada por tener tanta atención encima igualmente se sentía satisfecha y orgullosa de sí misma.

—Ya es hora, chicas—les informó Mei parada en el marco de la puerta.

Inmediatamente que la china dijo eso el resto de las femeninas no tardaron en escandalizarse y, los nervios anteriores de Johari, que se habían calmado un poco debido a la visita de Saori parecieron regresar con toda su fuerza y tan abruptamente que por un momento se desestabilizó y temió caer aparatosamente al suelo en sus tacones altos. Por suerte, dos pares de brazos la sostuvieron.

—¡Johari!—esa había sido Rubí, radiante con su cabello alaciado y su vestido borgoña.

—¿Se siente bien, señorita Johari?—esta vez quien habló fue Mu de Aries, el más cercano amigo de su futuro esposo y el padrino de bodas, que corrió a sostenerla junto con la francesa.

Suspirando temblorosamente la novia se incorporó y se soltó del agarre de ambos.

—Estoy bien—sonrió— ¡Y estoy lista!

El Santo de Oro y la de ojos grises correspondieron la sonrisa y en cuanto la de ojos negros sujetó su larga falda y comenzó a andar hacia la puerta ambos cruzaron miradas y se sonrieron.

—Después de usted—dijo suavemente Mu extendiendo ligeramente uno de sus brazos. En respuesta a eso Rubí realizó una pequeña inclinación a modo de agradecimiento y siguió a sus amigas... Sin entender por qué de un momento a otro estaba sonrojada.


Finalmente; el momento de la ceremonia había llegado y la marcha nupcial había dado inicio. El piano y guitarras acústicas comenzaron a sonar y todos los invitados se pusieron de pie para recibir a la novia. El novio tenía un nudo en el estómago producto de la ansiedad y sin querer acabó contagiando a sus compañeros de armas. Eso hasta que los cortinajes de entrada de la carpa en la que se desarrollaba la ceremonia se abrieron y la princesa del evento hizo su aparición. Justo en ese momento en el que Alde y Johari cruzaron miradas después de todo ese tiempo en el que no se vieron ni las luces y a causa del ambiente brilloso todo lo referente a los nervios, temores y dudas se apartó por completo de sus mentes.

Y es que el nudo que se había formado en las entrañas del brasileño se había soltado de pronto y parecía haberse trasladado a su garganta, profundamente conmovido por la visión de su amada sonriente, con los ojos vidriosos y más hermosa que nunca y acercándose a él a pasos lentos sujeta del brazo de Mu. Repentinamente todos los recuerdos de su travesía juntos desde que se conocieron hasta este momento pasaron como flashes por sus cabezas, como si alguien hubiese reproducido una efímera y a la vez nostálgica película delante de sus ojos.

Aquél primer día de Otoño una diminuta semilla fue plantada en sus vidas, justo en ese punto donde sus caminos se entrelazaban.

Desde ese primer encuentro que aparentaba ser no mucho más que una inocente casualidad pareció que congeniaron al instante, interesada inmediatamente en el hombre que había sido el "salvador" de su mascota y a manera de agradecimiento a Johari se le ocurrió invitar al taurino a una pequeña tienda de té que era su favorita, más en esa época fría de otoño en la que al salir los dos se congelaban hasta las entrañas producto de un clima tanto externo como interno. Ese cálido local en el que se suponía que sólo sería una charla casual terminó siendo el escenario de otras cientos de reuniones posteriores y conversaciones que podrían durar horas. Ninguno de los dos era consciente de que ese vínculo, esa química que al principio sólo era prometedora de una maravillosa amistad sería llevado por la vida a tomar un rumbo totalmente distinto.

Sin miedos o dudas que se lo impidieran; comenzaron a emerger las raíces y los primeros centímetros de tallo de una planta que apenas nace.

El lento, discreto y a la vez tan impactante desarrollo de sus sentimientos los tomó por sorpresa a los dos, completamente desprevenidos al punto de que entraron en pánico al principio. Se hallaban completamente confundidos al nunca antes haber confrontado un sentir de la misma magnitud. Los cambios en la forma en la que se miraban se habían presentado como una ráfaga de brisa, demasiado efímera y rápida para poder sentirla.

En un intento fallido de escapar de la realidad en su propio corazón Johari intentó distanciarse, alejarse de la adicción de la presencia del taurino a ver si lograba desintoxicarse, pero no fue posible. Eventualmente y una noche ni muy fría ni muy cálida, ya pasado un otoño de haberse conocido se encontraron por casualidad y fue casi inevitable que Aldebarán la alcanzase para pedirle explicaciones, ese anochecer el brasileño la retó a decirle sin mentiras lo que sucedía, la retó a cortar directamente su amistad de un año y a destrozar su corazón en el proceso, y para la morena sencillamente fue demasiado. En una verborrea torpe, alterada y al límite de las emociones le confesó al de inocentes ojos todo lo que le pasaba cuando él estaba cerca, le contó absolutamente todo; desde los complejos que la acompañaban desde su infancia hasta la forma en la que su aparición cambió su vida presentándole un amor puro, maduro como pocos. Ambos se asombraron al verse completamente correspondidos por el otro, rieron un poco nerviosos al no saber qué harían después, y ese fue el momento exacto en el que un nuevo capítulo en sus vidas comenzó.

Otro recuerdo significativo en el álbum fue el día que marcó su compromiso. Precisamente a mediados de esa misma estación de hojas caídas y tonos tierra que los vio conocerse, que vio su amor madurar y los vio enlazarse. En medio del frío y los árboles, en ese banco de madera, vestidos en lanas y colores opacos y cautivados por el ritmo de la guitarra de la africana. Aldebarán se olvidó de todo, de los discursos, de la ocasión elegante y manchada de vino que planeaba, mandó todo por la borda y poniéndose de rodillas frente a su pareja le mostró un anillo de oro blanco con una aguamarina y le hizo la gran propuesta. Ella; arrojándose sobre él, con su maquillaje a punto de arruinarse por las lágrimas de emoción que comenzaban a salir dio una rotunda afirmación.

Al fin la flor se abrió al hallar la oportunidad. Dejando a la vista sus cálidos, brillantes y coloridos pétalos.

Todo eso que los llevó hasta aquí.

Después de una espera que se les antojó eterna y a la vez fugaz en su mar de recuerdos; después del discurso que describía el nuevo lazo que compartían y la declaración que los sentenciaba como marido y mujer en toda la extensión de la expresión. El primer beso como casados les supo más dulce que nunca, en medio de los gritos de júbilo del público y los aplausos celebrando esta nueva etapa que recorrerían de la mano.

La fiesta posterior a la ceremonia fue animada. La pareja recién casada apenas se separó durante toda la velada. Las boberías de los compañeros del novio invitados a la boda consiguieron impedir que esta se hiciese monótona, ya sea cuando Deathmask el santo de Cáncer se embriagó y comenzó a cantar en voz alta mientras que un Afrodita colorado de vergüenza ajena trataba de que parara, o cuando fue momento de lanzar el ramo de la novia; en aquél momento las Saintias —que se habían colado en el evento con el pretexto de que era su deber proteger y acompañar a Athena en todo momento— se sobreexcitaron y comenzaron a empujarse y a brincar una sobre la otra tratando de que el delicado arreglo floral cayese en sus manos. El patriarca y figura paterna de Alde, Shion junto con Olivia la líder de las Saintias se pusieron de pie para intentar tranquilizar a las valientes guerreras femeninas, mismas que ahora peleaban como niñas pequeñas por una simple muñeca.

—Recuerden sus modales, señoritas. Estamos en una boda—les había exigido Shion siendo olímpicamente ignorado por estas.

—¡Recuerden su voto de castidad, chicas!—les había dicho con tono severo Olivia, pero las jóvenes no se detuvieron hasta que el ramo cayó (para decepción del resto) en manos de la sorprendida y colorada Saintia de Coronal boreal que no tardó en girarse posteriormente para observar al Santo de Géminis.

Superado todo el zaperoco de la fiesta, una vez ellos se marcharon a donde disfrutarían su noche de bodas—en un carruaje rentado cortesía de la señorita Kido—. Ellos podrían decir sin equivocarse que fue la más mágica primera vez que pudieron obtener, rodeados de flores como las que conformaban el ramo de novia de Johari y de velas con aroma a vainilla se entregaron con cuidado y sin temores. Disfrutando su primera noche como marido y mujer.

En una estación muy especial; una Flor Otoñal fue el comienzo de su historia y una Sonata Especial fue la protagonista a lo largo de este amor de calabazas y chocolate caliente.