BadaGine Week 2018

Día 1: Kakarotto es enviado lejos

Ojalá estuviera equivocado.

Bardock deseaba con todas sus fuerzas estar equivocado; anhelaba que la corazonada que le gritaba un augurio de muerte no fuera más que una falsa alarma, pero él era un guerrero Saiyajin, y desconfiar era parte de su naturaleza. No podía darse el lujo de albergar ni la más leve esperanza, aún cuando su corazón lo deseara con tanta fuerza. El aviso de emergencia para regresar al planeta, la falta de comunicación de su equipo y la nave de Freezer estacionada justo arriba de ellos no eran más que una confirmación de que estaba en lo correcto.

La noche había caído sobre el planeta Vegeta y con ella el momento de la despedida. Gine jamás había deseado tanto poder detener el tiempo. Mientras vestía con cuidado a su pequeño Kakarotto con la nueva armadura que ella misma había comprado especialmente para él una semana antes, en lo único que podía pensar era en poder detener el tiempo, justo allí, justo mientras veía su sonrisa y esos ojos grandes que la miraban a su vez con alegría, ignorantes de su destino. No podía creer que estuviera vistiéndolo con su primera armadura Saiyajin solo para enviarlo a un lugar lejano y, muy probablemente, no volver a verlo nunca.

—Todo está listo.

La voz de Bardock llegó a sus oídos desde su costado izquierdo, en la entrada de la casa que compartían. Había estado fuera, robando una cápsula espacial y asegurando la zona para que su plan saliera correctamente. Fue algo peligroso. Si lo hubiesen descubierto robando una cápsula probablemente lo hubieran matado allí mismo. Gine estaba realmente aliviada de verlo de regreso. Suspiró y lo miró por un instante, para regalarle una casi imperceptible sonrisa, antes de volver la mirada hacia los ojos ingenuos de su hijo.

—Gine, tenemos que irnos —volvió a hablar mientras se acercaba a ella a paso lento.

—¿No existe otra manera? —preguntó, poniéndose de pie. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas otra vez. No había logrado controlarse desde que Bardock le contó sus sospechas y el plan para poner a salvo a Kakarotto—. Podríamos marcharnos los tres juntos...

—No podemos hacer eso —respondió en un tono suave—. Te lo dije, Gine. Nos encontrarían antes de pasar el primer sistema solar y nos matarían a los tres, y probablemente también a Raditz solo por ser nuestro hijo. Él ya está a salvo, no debemos arruinar eso.

Gine se enjugó las lágrimas.

—Lo entiendo —pasó el dorso de sus manos por sus mejillas—, es solo que... es tan difícil hacerlo. Además me atormenta la idea de que realmente no podemos asegurar que Raditz esté a salvo después de esto.

—Pero al menos en eso podemos tener una esperanza... Solo recuerda que es por su propio bien —Bardock la sujetó de la cintura—, por el bien de ambos, y que podremos ir por Kakarotto en caso de que sea solo una falsa alarma.

Pero no lo era y los dos lo sabían. Gine, que en su corazón aún se atrevía a albergar una esperanza de que nada de lo que sospechaba su esposo fuera real, en el fondo también sabía que todo era cierto. Y sabía que Bardock se lo decía solamente para asegurar la supervivencia de Kakarotto y hacer que su despedida no fuera tan dolorosa. En pocos días el planeta Vegeta y la raza entera de los Saiyajin desaparecería, y si quería que sus hijos vivieran, entonces tenía que enviarlo lejos ahora mismo. No podían desaprovechar la oportunidad de salvarlo, por mucho que le doliera.

La sonrisa de Kakarotto desapareció justo cuando Bardock cerró la compuerta de la cápsula espacial con él dentro de ella. La nave estaba estacionada y oculta en un punto seguro, en medio del camino de su casa al sitio donde podría hacer el despegue sin ser detectado.

—Mi amor, debes guardar silencio —susurró Gine, asomando su cabeza por el vidrio escarlata de la cápsula.

El niño pareció tranquilizarse al ver el rostro de su madre a través de la ventana circular, empero, su llanto volvió a aparecer en el momento en que reanudaron su camino. Bardock puso la cápsula sobre sus hombros, para poder cargarla con mayor libertad, impidiendo que Kakarotto siguiera mirando la cara tranquilizadora de Gine.

El crujir de la tierra con cada pisada, el sonido amortiguado del llanto del pequeño saiyajin dentro de la cápsula y los sollozos de Gine eran lo único que perturbaba el silencio de la noche mientras avanzaban a su destino.

—Es aquí —Bardock se detuvo y dejó la cápsula en el suelo con cuidado—. Desde este punto la nave de Freezer no podrá verlo. Además me encargué de dejar inservible el radar para que no pueda ser detectada por ninguna nave cercana.

Gine miró hacia el cielo; efectivamente estaban del otro lado del planeta, fuera del campo de visión de Freezer y sus soldados. Bardock había pensado minuciosamente en cada detalle para que Kakarotto pudiera salir del planeta sin ser detectado.

—Con su nivel de poder tan bajo, será prácticamente imposible que lo encuentren, y podrá sobrevivir en la Tierra sin problemas —miraba a Gine mientras esta parecía no ser capaz de apartar la mirada del regordete rostro de su hijo asomado por el cristal de color rojo—. Es un planeta sin tecnología así que no tiene mucho valor. Freezer nunca conquistaría un planeta como ese.

Las lágrimas iniciaron una carrera en las mejillas de Gine mientras escuchaba a Bardock intentando calmar su angustia. Con su mano tocó el cristal escarlata y se inclinó hacia él hasta casi pegar su rostro. Kakarotto estaba visiblemente asustado, pero había dejado de llorar. Sus manitas se posaron del otro lado del cristal, conectando con la mano de Gine y sorpresivamente, Bardock también se acercó para conectar su mano más grande con la manita izquierda de su hijo al mismo tiempo que rodeaba a Gine con el otro brazo. Era como si los protegiera a ambos, como si quisiera tomarlos entre sus brazos para mantenerlos juntos y a salvo.

Ojalá pudiera.

Ojalá estuviera equivocado.

—Si todo sale bien, iremos por ti —habló Gine, intentando luchar contra el dolor que le cortaba la garganta—. Te amamos. Recuérdalo siempre.

—Pase lo que pase, tienes que sobrevivir.

Se retiraron de la cápsula cuando inició el despegue, escuchando el grito desesperado de su hijo mientras este veía como se iba alejando de sus padres a gran velocidad.

Gine sentía que se iba a volver loca mientras observaba la cápsula alejarse en el firmamento. Corrió, como si pudiera alcanzarla, y gritó con el dolor saliendo de su garganta y calando en su pecho. Gritó su nombre con todas sus fuerzas. Su llanto se volvió desconsolado en el momento en que perdió de vista el pequeño punto blanco de la cápsula espacial. Había desaparecido. Su hijo se había ido y quizá jamás volvería. Sintió la mano de Bardock sobre su hombro y cómo la atraía hacia su cuerpo en un intento de calmar, aunque sea un poco, su dolor.

—Gine... —la llamó en un susurro. Sus ojos negros llenos de lágrimas se encontraron con la mirada seria de él— No puedo prometerte que todo saldrá bien, pero puedo prometerte que lo intentaré hasta mi último aliento; voy a darlo todo para mantenerte a salvo. A ti, a Raditz y a Kakarotto.

La mujer saiyajin sonrió ligeramente entre el dolor y las lágrimas, se acercó a Bardock y de puntitas depositó un suave beso en sus labios. Afrontaría lo que fuera, siempre y cuando estuviera a su lado. Jamás imaginó que un dolor como el que sintió al dejar ir a Kakarotto existiera, pero él estaba a salvo ahora, al igual que Raditz, y ella estaría junto a Bardock hasta el final. No importaba lo que sucediera a partir de ahora, mientras sus hijos estuvieran a salvo y ella pudiera estar con Bardock, al final, de alguna manera, todo estaría bien.

—Estoy segura de que algún día estaremos juntos otra vez.