Hola Chicas, les comparto esta bella historia escrita en conjunto con Letty Bonilla la cual compartimos durante la Guerra Florida 2021... Esperamos la disfruten ;)
Trampa Cibernética
Capítulo 1
By Letty Bonilla
And
Rossy Castaneda
Narrado Por Candy...
Era una preciosa tarde de sábado cuando decidí sentarme frente al computador y escribir un mensaje a la persona con quien había estado chateando por los últimos tres meses, luego de haberme.
unido a aquella página cuando mi faceta de escritora comenzó. En aquel lugar me encontré con buenas obras, una mejor que la otra, y otras no tan buenas. Me sentía realmente a gusto en esa plataforma de escritores donde podía compartir mis intentos de relatos.
Luego de unos meses buscando que leer para atraer la inspiración que había huido de mi lado, encontré un escrito el cual podía describir en una sola palabra.. "Perfecto".
Me obsesioné con cada capítulo que leía. Las palabras empleadas, junto con esa exquisita manera de narrar y ¿que decir de la temática de misterio?, era simplemente una delicia.
La plataforma era agradable, ya que además de leer los escritos compartidos, se podía interactuar con el escritor a través de un chat general o de manera privada; y yo, me tomé el atrevimiento de buscar al escritor de la historia que me devolvió la inspiración.
Le envié un simple mensaje, el cual, demoró en responder pero cuando lo hizo, una cordial, emocionante y un tanto superficial conversación comenzó entre ambos, sin dejar escapar la oportunidad que se me me presentó, le hice saber lo mucho que me gustaba su obra y él simplemente agradeció. Sin darme cuenta, nuestras charlas ocasionales se volvieron mas frecuentes y al pasar los meses conversábamos a diario como lo hacen un par de cercanos amigo, aquello sin duda era un gran logro para mi, ya que dicho escritor, tenía un nivel de reservado de máxima seguridad, gracias al seudónimo que utilizaba, me quedó claro que su principal característica, era la seriedad, sin contar que era extremadamente directo y orgulloso.
Mis ojos se fijaron completamente en la pantalla de la lap top que reposaba en el escritorio pegado a la pared más alejada de la puerta. Tamborilié los dedos de mi mano libre en la madera, mientras con la otra, desplazaba el mouse por toda la pantalla en tanto esperaba la respuesta a mi pregunta. Dirigí mi mirada a la pequeña ventana de la barra inferior... y nada.
Un leve sonido de frustración escapó de mis labios. Minimicé la ventana y navegué en aquella plataforma tan conocida. Encontré un título llamativo, le di clic en el enlace y comencé a leer mientras agurdaba. Cinco minutos mas tarde, un leve sonido me alertó que tenía un mensaje nuevo.
Mi corazón dio un brinco. Un cosquilleo persistente recorrió por mis manos, aquella era la respuesta que esperaba. Con rapidez abrí el mensaje.
—No —fue su respuesta
Dejé escapar un grito de mi garganta. ¿De verdad había tardado tanto para decir un maldito monosílabo? Odiaba demasiado que él fuera tan cortante y directo. Si iba a negarse podía haberlo hecho de inmediato, aunque esta vez, tuve la leve esperanza que el motivo de su retraso era porque estaba considerándolo.
—¿Por qué no? —pregunté tras reponerme.
—Porque no se me apetece.
Apreté fuertemente los dientes ante su cortante respuesta y minimicé la pantalla. A pesar de pareserme maravillo saber que existian personas que eran capaz de expresar tanto a través de las letras, y de que él lo hacía de manera explendida en cada escrito, su personalidad fuera de sus historia, rayaba a lo amargado y su negativa me estaba exasperando provocando que la ira comenzara a invadir cada una de las partículas de mi cuerpo —suspiré y conté hasta diez sin respirar.
— ¿Por qué? —pregunté tras recuperarme.
—No fue idea mía —me respondió él después de cinco minutos escribiendo, en donde constantemente se detenía
— Vamos, cuéntame la historia detrás de tu fascinante y original seudónimo —sonríe ante mi forma sarcástica de emplear mis palabras. Había notado que cuando él no quería hablar sobre asunto demoraba en dar una respuesta. Aun cuando llevabamos algunos meses compartiendo mensajes diariamente, no había conseguido conocer más sobre ese escritor que hasta el momento se encontraba en completo anonimato.
—Mi faceta de escritor era ignorada por las personas de mí entorno, hasta que mi impertinente y entrometida prima encontró una de mis obras y sin mi autorización creo una cuenta en esta plataforma utilizando el seudónimo de Romeo porque segun ella, ese nombre me define tal cual soy, y fue así como comenzó a subir el escrito a espalda mia —me respondió después de diez minutos.
—Tal vez es un poco acertado, aunque no te percibo romántico jajaja —respondí soltando una sonora carcajada al otro lado del chat.
Ups!...él se desconectó de golpe. Sin duda alguna, le había dado directo en su orgullo, pero aún así, no me di porvencida y arremetí:
—Se que aún sigues allí, así que ¿por qué no me dices de una vez cual es tu nombre real? —sonríe voctoriosa al ver que estaban escribiendo una respuesta
—Eso es algo que no es de tu interés.
Fruncí el ceño, este era el maldito colmo. Teníamos cerca de tres meses charlando sobre diversas cosas pero evitando ágilmente aspectos personales de nuestras vidas. Algunas veces hablábamos de situaciones que nos ocurría durante el día u otro hecho estúpido o gracioso, pero cada vez que le preguntaba por su nombre, él se negaba tangentemente en revelarlo, como si al saberlo, la linea que habíamos fojardo de manera cuidadosa entre vida real y cibernética, sería rota.
—¡Por todos los cielo! —gruñí —reconocía que cuando hice la pregunta al inicio de nuestras charla hacía 3 meses, él, con su faceta de reservado a morir, no me diría absolutamente nada, pero a estas alturas, creí que finalmente confesaría ese secreto, pero no lo hizo.
—¿Podemos conocernos sin revelar nuestros nombres? —propuse
—No —respondió usando aquel maldito monosílabo que tanto odio por su causa
—Vamos Romeo, hace tres meses que chateamos, podría ser divertido, ver que hay detrás el monitor.
—Juliet, no encuentro el objetivo de tal petición —fue su respuesta.
—Es simple, es natural sentir curiosidad por conocer a la persona con quien se ha estado mensajeando durante algun tiempo ¿a caso no tienes la misma cuiriosidad?
Cinco minutos. Diez minutos. Treinta minutos. Cuanto odiaba cuando se hacía el estúpido, mi ira cada vez iba en aumento. Tomé el vaso con té helado que descansaba a un lado mio y di un profundo sorbo, deseando tenerlo cerca para golpearlo fuertemente. Jugué con uno de los mechones de mi cabello, que extrañamente tenía suelto mientras intentaba distraerme leyendo la actualización de otra autora que seguía. La respuesta llegó.
—No.
Quise matarlo.
—Treinta minutos para una respuesta tan estúpida —gruñí, junté mis manos y apreté los dientes. Desde que decidí hablarle tres meses atrás, sabía que era un chico, su ficha de perfil lo dejaba claro, pero no tenía ninguna red social vinculada como otros usuarios. Yo, aunque de alguna forma solía ser un poco...reservada en mi perfil y era un poco anónima, en una de nuestras primeras conversaciones, le di a entender que era mujer, y durante mucho tiempo jamás sentí curiosidad por saber mas de él, hasta que la semilla fue plantada la tarde que recibí la visita de una de mis amigas y con sus palabras despertó mi curiosidad.
Flash back...
—¿Candy cuando te decidirás a publicar tu nueva obra?, y no me salgas con que uno de estos días lo harás.
―Lo haré cuando pueda alcanzar el nivel de Romeo, Letty.― le respondí a mi amiga mientras le mostraba mi mejor sonrisa para luego llevar mi bebida a los labios.
―Candy, ¿hace cuánto conoces o hablas con ese... "chico"? ―preguntó mi amiga observándome.
―Casi tres meses, creo, ¿por qué?.
―¿Has visto alguna fotografía de él o conoces su nombre, dirección o has hecho una video llamada?― me preguntó sin piedad Letty, indagando en detalles sobre mi ciber-amigo.
Fue en ese momento que hice memoria que en todo ese tiempo, la única imagen que había visto de Romero, era un una silueta negra indefinida, pero masculina.
―Lo ves —dijo Letty ante mi silencio —no lo conoce. ¿Qué tal si es un friki con lentes, gordo y con granos en el rostro?
—¡Por Dios!, abrí los ojos ampliamente al imaginar a un chico espantoso. Sacudí la cabeza intentando deshacerme de semejante imagen, pero lo único que conseguí fue redordar al espantoso chico que había conocido hacía algunos meses...¿Y si Romeo resultaba ser otro personaje raro? , mi estómago se contrajo ante la perspectiva de que fuera así. Aquello era más grave de lo que esperaba.
―Cállate Letty —dije horrorizada.
—¿y si es 30 años mayor de lo que imaginas? Ya sabes, un vejestorio.―temblé ante su imagen, al recordar la vez que un anciano que podría ser mi abuelo se hizo pasar por un joven de mi edad.
―Por todos los cielos —chillé dejando escapar mi alma en aquel angustioso grito
—¿Y si se trata de un pedófilo o asesino?.― puntualizó llevando las cosas a máxima alerta.
—¡Ay no! —musité al recordar al usuario que se hacía llamar "El Chocolate Apetecible". Aquel idiota había resultado ser un sin verguenza en serie, que utilizaba las redes sociales para engañar a jovencitas ingenuas, pero se llevó una sopresa conmigo. Luego de rociarle gas pimienta en sus ojos, llamé a la policia y mientras aguardaba, le patié sus partes íntimas hasta que las autoridades llegaron al lugar de los hechos.
Suspiré para mis adentros. Por alguna razón que desconocía, tenía el presentimiento que Romeo era diferente; a pesar que jamás lo había visto, garcias a que era reservado a morir, lo imaginaba como un chico normal, sencillo, alto y apuesto, pero...gracias a las palabras de mi amiga y las malas experiencias vividas, un sentimiento de curiosidad abrumadora despertó en mi.
―La pregunta correcta es...¿él te gusta, Candy?
Letty me observó detenidamente esperando mi respuesta. Yo me quedé en silencio, meditando en mis sentimientos. Romeo era mi escritor favorito, pero el aura de misterio que lo rodeaba, en conjunto con su cordialidad, madurez y la tranquilidad que emanaba, aun a través de sus mensajes, me atraía en gran manera.
―Letty, él es de Londres, no sé exactamente su dirección, aunque ¿para qué demonios la quiero?, además, una persona que escribe de esa forma no puede ser un pedófilo, ni un asesino.―Miré directamente a la culpable de aquellas ideas drásticas.― Si fuese alguna de esas cosas no estaría en un sitio de lectura y escritura, sino en un espacio de citas o Facebook.―la miré inquisitivamente ya que ella usaba en exceso la última plataforma.
Letty consideró mi sólido argumento y se quedó en silencio mientras degustaba los bocadillos que había preparado para ella.
―Pero, si puede ser un friki, 30 años mayor que tu, gordo y feo. —Letty me miró con autosuficiencia al darse cuenta que había dado en el clavo, tras ver mi semblante aturdido. —Debes tener cuidado —continuó —si yo estuviera en tu lugar, le pediría como mínimo, una video llamada —suspiró —ya vez que luego las fotografías pueden sacarse de cualquier sitio o peor aún, modificarse con el programa favorito de Annie, "Photoshop" —concluyó entre risas.
Por muy descabelladas que parecieran las palabras de Letty, asentí con la cabeza y medité levemente en ellas, sin tener manera de refutarlas. La tentativa idea de que podría ser un tipo como el hombre de las historietas de Condorito me golpeó. Tragué saliva con dificultad y sentí de pronto curiosidad y ansiedad por conocer a la persona que estaba detrás del seudónimo de Romeo.
Fin del Flash Back..
—Deja de hacerte del rogar, puede ser cuando quieras y puede ser breve —escribí tras salir de mis reduerdos.
No hubo respuesta por un largo tiempo. Frustrada por su estúpido silencio, estaba por salir de la plataforma cuando el sonido de un mensaje nuevo se escuchó. Arqueé una de mis cejas al abrirlo.
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¿que demonios?— grité un tanto confundida.
— ¿Disculpa, que significa eso? ¿Es acoso un código secreto que contiene tu identidad, el cual tengo que descifrar? Porque si se trata de eso, déjame decirte que no tengo el tiempo que supones. Si no quieres revelarme tu nombre ni quieres que nos conozcamos, está bien, no insistiré más —envié el mensaje y aguardé por una respuesta ¿quien se creía ese idiota?
La ventana de la conversación se amplió y la foto de perfil estándar de Romeo fue sustituida por un cuadro grande reflejando una imagen. Abrí levemente la boca ¿él finalmente había aceptado mi propuesta? Algo golpeó mi cabeza ¿Por qué tan repentinamente?. Debió avisarme para prepararme mentalmente —pensé. —De pronto sentí un hueco en mi estómago. ¿y si veía a un friki sentado al otro lado? ¿Qué haría ? ¿Qué iba a decir? ¿Cómo debía fingir y ocultar mi decepción?. La angustia comenzó a atormentarme, peiné rápidamente mi cabello con mis dedos mientras la imagen cargaba. Mi cámara se encendió automáticamente ante la invitación de la video llamada.
—¿Qué está pasando? —me pregunté. La imagen estaba oscura, pero a pesar de ello, pude ver figuras moviéndose y forcejeando. Escuché además ruidos y quejas.
Mi corazón latió desesperado al escuchar un fuerte golpe al otro lado de la pantalla, ¿acaso había marcado por error?. La duda dominó mi pecho ¿debería colgar? Pero.. error o no, estaba tan cerca de conocer a la persona que estaba detras del seudónimo de Romeo y yo tenía que verlo aunque fuera unos segundos para poder tranquilizar la curiosidad que crecía a cada minuto.
―¡Detente! —Una voz profunda resonó de pronto al otro lado.
―¡Deja de ser tan amargado!, deja que la llama de la juventud arda en ti. Debes conocer más personas. —dijeron en respuesta a la primera protesta.
Tres segundos transcurrieron antes de mirar como un hombre se sentaba en la silla giratoria que podía apreciarse en donde momentos antes se desarrollaba una lucha.
—¡Oh Dios! ¿Es ese hombre Romeo? —me pregunté a mi misma al ver como el hombre al otro lado de la pantalla retiraba con una de sus manos los mechones de cabello que se deslizaban por su rostro.
―No te entrometas y deja de entrar en mi departamento sin tocar —dijo el hombre sentado en la silla, girando esta evitando de aquel modo que yo tuviera una visión completa de su rostro.
―¿¡Entrometerme!? —escuché un bufido —si no fuera por mi intromisión no estarías hablando con ella, te recuerdo mister amagado, que fui yo quien tuvo la brillante idea de registrarte en ese sitio y que por cierto, aun no me agradeces tan magnifica acción. En cuanto al otro asunto, debes guardar mejor tu llave de repuesto, llevo años viniendo y ya sé dónde la dejas.
—¡Oh Dios!, creo que la llamada salio por error —pensé sin apartar la mirada del monitor. Por aquella respuesta, era mas que obvio que quien acababa de hablar era la prima de Romeo que abrió la cuenta a espalda suya.
El hombre que hasta ahora supongo es Romeo, giró la silla dirigiéndose a la laptop dispuesto a ignorar a su prima, que a la distancia, seguía vociferando palabras recriminatorias. Su ceño estaba fruncido y masajeaba levemente su sien. Entonces, mi corazon brincó y se detuvo cortándome la respiración cuando él miró al frente.
—¡Oh Por Dios! Finalmente después de tres condenados meses, la imagen sobre mi escritor favorito era sustituida, dejando además de lado la versión que Letty había instalado en mi cabeza.
—Rostro como esculpido por los dioses Griegos, piel aperlada, firme y perfecta. Sonreí mentalmente al imaginar la envidia que Letty sentiría y continué mi escrutinio. Cabello largo castaño y sujetado en una cola la cual pude observar gracias a que él se la rehízo luego de la anterior pelea.
Gracias a que él fijó la mirada en la pantalla, pude observar unos ojos azules y mirada profunda, la cual me atrapó originando algo en mi interior; un hormigueo que iba intensificándose y me estaba dejando literalmente sin aliento. Romeo era jodidamente apuesto.
En solo un instante lo estudié y observé cómo su expresión cansada cambió a una de alerta. Me moví incomoda en mi asiento, ahora que mi curiosidad había sido saciada, él podía cortar y bloquearme de su cuenta para que nunca mas le mensajee.
y justo ahora que pudiste conocerlo en persona —mi yo interno se burló de mi.
Un sentimiento de inconformidad me agitó ante la idea que aquello se hicera realidad. Me quedé quieta en espera de su reacción, pero para mi sorpresa no fue lo que mi yo interno sugirió haría.
Ahogué un grito de alegría al ver que encendía una pequeña lámpara y de pronto, me vio.
—Hola —sonreí avergonzada. Sin querer, fui espectadora de la reciente escena. Los ojos azules se expandieron y me miró fijamente.
―¿Qué sucede?―. Escuché como alguien comenzaba a acercarse.
―Creo que marcaste, por error...―.respondí dejando salir las palabras con timidez.
―Oh Terry, ella es linda —dijo tras contemplarme, una chica de ojos color miel que se asomó por el lado derecho de la cámara.—Los dejo —palmeó su hombro —suerte amargado—sonrió —quita esa cara de idiota o terminarás espantándola —concluyó divertida
Escuché la puerta cerrándose, miré como a quien conocía como Romeo cerraba levemente los ojos y suspiraba cansado. Al abrirlos nuevamente aquellos ojos me abrumaron y sonreí para intentar calmar el ambiente. El permaneció mirándome durante unos segundos, tal vez estudiándome y fue allí cuando lamenté no haberme arreglado mientras la pelea se desarrollaba del otro lado de la pantalla.
Continuará...
