Al principio la historia iba a ser de la pareja oficial, pero mis dedos tomaron un rumbo inseperado.

Algunas aclaraciones antes de leer. Las historias serán de diferentes fandoms, parejas, personajes. La mayoría son cortas. Aunque la temática es romance, no todas son muy románticas.

Día 4: Beso indirecto.


Miraba incesantemente el vaso donde ella estaba bebiendo. No podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero había hecho una apuesta con número Dos y Wally podía ser todo menos un perdedor.

El desafío era sencillo tenía que besar a número Tres sin besar a número Tres. Le había dado una fecha límite: hasta la fiesta de cumpleaños de Lizzie. Si no lo lograba, tendría que usar la última edición de la ropa de los simios arcoíris una semana entera. No estaba de más decir que varias neuronas de su cerebro reventaron cuando escuchó la propuesta de Hoagie, el muy malandro nunca le explicó nada acerca del beso y se fue esbozando una carcajada burlona. Tuvo tres días para averiguar el misterio del reto, su dignidad estaba en juego, sin embargo, no se atrevía a hurgar entre las cosas de Kuki para descubrir el significado de aquello.

–Es como un beso indirecto –Miró a la nada cuando Abby le dio la respuesta. Él reunió valor el último día para preguntarle a su compañera, aguantando la burla de esta por varios minutos– Escucha, si pones tus labios en algún lugar donde ella puso sus labios antes es como un beso.

Sus mejillas se pintaron de un color visiblemente rojo, el calor que emanaba de su cuerpo se hizo muy notorio en su cara y la risa de la chica aumentó aquella incomodidad. Su mejor solución fue salir corriendo del lugar. Fue directo hacia Hoagie, quien estaba plácidamente jugando algo en su consola.

–Escucha, panzón, no voy a aceptar ese desafío.

–Cielos, Güero, te tomó los tres días enteros descifrarlo.

–Con que muy chistoso, a ver qué tan gracioso será cuando mis puños estén sobre tu cara.

–Cualquier cosa valdrá la pena por verte usar la ropa de los Simios Arcoíris. Puede que Tres te dé un beso de verdad.

–Ay, ya cállate. Me las vas a pagar.

–Vamos, Wally, será divertido.

–Para ti.

–Es verdad. Llevaré mi cámara.

El niño respiró hondo y se marchó. Con muchas dudas en su cabeza. Después de todo la idea no le desgradaba en lo absoluto, era el hecho de que alguien más lo supiera lo que le molestaba.

El fatídico día llegó. Había dos misterios que le costaba entender. El primero era desde cuándo Lizzie tenía tantos amigos, la casa del árbol estaba a reventar, y el segundo era cómo rayos iba a agarrar el vaso que Kuki tenía incrustado en su mano. Esto sería mucho más difícil de lo que imaginó al principio. Sin darse cuenta, las horas transcurrieron a su alrededor y ni siquiera pudo probar los mini hot-dogs que la mamá de Nigel había preparado. Se recostó de espaldas hacia el mesón principal, con los brazos cruzados y suspiró frsutrado.

–Estúpido Dos con su estúpida apuesta y esta estúpida fiesta.

–¿Y los estúpidos mini hot dogs?

Volteó al lado donde provenía aquella voz. Número Cinco estaba a su lado con una bandejita de salchichitas y una soda para él en una mano, en la otra llevaba su propio vaso de refresco.

–Ese Dos va a recibir un buen golpe de parte de Cinco. A juzgar por tu cara veo que no has comido nada.

Le arrebató la bandeja en un segundo, regando gotas del refresco en el piso. Las pobres salchichitas no duraron ni medio minuto en el plato. Sorbió la soda tan rápido que empezó a atragantarse con todo lo que tenía en su boca.

–Relájate, Cuatro, no puede ser tan malo lo que sea que te haya pedido.

–Ropa… simios arcoíris… apuesta.

–Termina de comer y luego sigues hablando, ¿de acuerdo? Ahora, Lizzie está contando a los presentes y comparándolos con la cantidad de regalos que recibió. Espero tengas una buena excusa por no haber entregado el tuyo.

El muchacho dejó de beber en ese instante y le extendió el vaso a la niña. –¿Media soda será suficiente? Tengo unos caramelos en mi bolsillo.

–Creo que viene en camino, será mejor que te escondas –indicó Abigail –El chico tragó saliva y colocó su vaso junto al de su compañera que hace unos minutos lo había dejado en el mesón– Como sea galán, la próxima vez ignora a Dos con sus apuestas tontas, ¿quieres?

–¿Podrías excusarme con Lizzie como un último favor? Juro nunca volveré a hacerle caso a Hoagie.

La morena giró los ojos y fue a aplacar la furia de la invitada. Le gustaba eso de Abby, como ella siempre intentaba ayudar a los demás. Su rostro de tranquilidad se transformó en una mueca cuando vio a número Dos y Tres acercarse hacia él, ambos con sus respectivos vasos de soda.

–Wally, Dos me dijo que tenías algo que decirme –inquirió Tres con un tono agudo en su voz.

Negó con la cabeza y agitó el puño cuando vio al gordito sacar la cámara de su bolsillo.

–Sí, yo quería saber, ¿cuándo me pagarás el dinero que me debes?

–Ay, Wally, ¿otra vez con eso? Ya te he dicho varias veces que yo no te debo dinero, tontín.

–Sí me debes y ahora tú me tendrás que comprar el regalo de Lizzie antes que ella o Nigel me ahorquen.

–Puedo poner tu nombre en la tarjeta de mi regalo, así pagaría tu dinero –La niña le mostró una sonrisa después de comentar su asombrosa idea.

–¡Qué excelente idea, Tres! Tú como siempre salvándole el pellejo a Cuatro –intervino Dos, intentando disimular su risa.

–¡Es una buena idea! Deja ir a ver mi plumón con olor a piña y escribo tu nombre. Aún queda un sorbito, no lo beban, lo terminaré cuando vuelva.

Y el dichoso vaso fue colocado en el mismo mesón. Era ahora o nunca. Las manos empezaron a sudar, sus ojos no dejaban de parpadear y su respiración se estaba entrecortando. Cerró los ojos para calmarse un rato y estiró el brazo para agarrar el objeto.

–Y este es el momento decisivo en donde el niño se convierte en hombre –susurró Hoagie para la cámara.

Dejó de hacer lo que estaba haciendo y lanzó su vaso vacío hacia la cámara de Dos, quien atinó a esquivar a tiempo y seguir grabando el momento.

–Que te quede claro, gordo, que solo hago esto para que uses esa ropa durante la próxima semana.

–Igual tendré el video.

–Eres insoportable.

Volvió a mirar el vaso y sin pensarlo dos veces sorbió un poco, mantuvo sus ojos cerrados para evitar concentrarse en las risas de su amigo. Con rapidez colocó el vaso de vuelta a su lugar y suspiró aliviado.

–Creo que alguien usará la colección de verano que está de descuento.

–¿Me pregunto qué pasará si Kuki ve este video?

–¿Qué están hablando de mí? –Ambos niños dieron un ligero brinco al oír la voz de la niña. Ella orgullosa les mostró la tarjeta que ahora llevaba escrita el nombre de su compañero– ¡Cielos! Gracias por no tomarse nada.

En su mente todo sucedió a cámara lenta. Kuki agarró el vaso que estaba su derecha, y sorbió con delicadeza el que tenía un sticker de los simios arcoíris a un lado. En la mesa quedó el vaso que él había tomado. Entendió que había probado los labios de Abby. Su cara se puso tan roja que los otros dos niños lo miraron con preocupación. Atinó a decirles que no angustiaran, sino que las salchichas le estaban comenzando a hacer efecto. Kuki le creyó de una, haciendo una mueca de asco. Hoagie, por su parte, lo miró un poco dubitativo. Aprovechó esta distracción para alejarse de los dos e ir al balcón.

Durante todo el trayecto pensaba en lo que había hecho, ¡besar a Abigail! Un beso que no era beso, pero igual contaba como uno, por lo menos para él. Lo más curioso del asunto, era que aquella sensación le había gustado mucho y no se arrepentía de nada.


¿Algún fan de esta pareja por aquí?