Cᴏʟᴇᴄᴄɪᴏ́ɴ ᴅᴇ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀs ᴄᴏʀᴛᴀs
• BᥲdᥲSᥙᥱ •
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Bardock había regresado a casa dos noches atrás, y si bien Sue lo recibió como siempre; entre abrazos y muchos —realmente muchos— besos, ahora ella no le estaba prestando la atención suficiente. Él nunca había sido afectuoso, demostrar sus sentimientos no era lo suyo, pero Sue se había encargado de sacar el lado más suave y romántico del guerrero, un lado que ni siquiera el mismo Bardock sabía que tenía.
Sue lo había acostumbrado a una gran dosis de amor todos los días. Era lo que él esperaba al estar en casa: sentir su piel, besarla, acariciar su cabello, quedarse dormido mientras ella hacía figuras con la punta de sus dedos sobre su piel; tener absolutamente toda su atención y afecto, pero eso no estaba sucediendo, y el saiyajin estaba comenzando a sentirse irritado.
Bardock soltó el aire con pesadez mientras su brazo se estiraba en la cama, sintiendo una vez más el vacío al otro lado. Había estado tumbado sobre ella durante la última hora porque era justo allí donde podía sentirla cerca, a pesar de no tenerla a su lado. La almohada, las sábanas e incluso la cobija estaban impregnadas con su aroma.
—Demonios, Sue... —giró la cabeza en busca del pequeño reloj que descansaba sobre el buró al otro extremo del colchón. Casi eran las 8:00 pm, el sol se había ocultado dejando la habitación en penumbras, y con ello una media sonrisa apareció en sus labios. Tal vez Sue ya habría terminado de hacer sus cosas y finalmente conseguiría su atención—, me vas a volver loco.
Se levantó de la cama haciendo crujir el colchón con el movimiento y sin detenerse a ponerse la camiseta salió de la habitación sintiendo la urgencia creciendo dentro de él.
La encontró en la sala, sentada en el sillón individual con las piernas cruzadas debajo de ella, inclinada hacia adelante sobre la computadora portátil que tenía sobre su cuerpo. Al percatarse de que ella no escuchó que se acercaba, Bardock prefirió detenerse al final del pasillo, justo donde conectaba al espacio de la sala y la cocina para poder observarla. Recargó su cuerpo sobre la pared y enrolló su cola en su propia cintura. Le deleitaba ver la forma en que su cabello corto y verde caía sobre su rostro, haciendo que, en un gesto inconsciente, ella lo acomodara detrás de su oreja, aunque este no durara mucho tiempo de esa forma. Lo hizo tres veces mientras ponía toda su atención a la pantalla de la computadora, y estaba tan absorta en escribir que aunque pasaron varios minutos, no notó su presencia.
No pasó mucho tiempo cuando finalmente Sue hizo una pausa en su trabajo; sus ojos recorrieron sus piernas, como si estuviera buscando algo... hasta que encontró su teléfono celular. Bardock frunció el ceño al verla tomarlo entre sus manos. El aparato no había timbrado y tampoco se había encendido la pantalla (que por lo general eso sucedía antes de que Sue fijara su atención en él). Empero su cejas se juntaron aún más cuando ella sonrió a lo que sea que estaba viendo en ese momento. ¿Qué era aquello que parecía hacerla tan feliz? ¿Era más importante que él? ¿La hacía más feliz que estar con él?
—¡Sue! —molesto por ver la expresión de la chica mientras miraba a la pequeña pantalla, la llamó para que dejara de observarla. Ella dio un pequeño brinco y alzó la vista al escuchar su voz, con una expresión de sorpresa en su rostro.
—Bardock... ¿qué pasa?
El saiyajin no estaba contento. Ni siquiera sabía bien por qué razón... ¿Le irritaba tanto no ser el centro de las atenciones de la terrícola? Quizá era eso, además de la sensación tan desagradable que lo estaba invadiendo de solo pensar que pudiera haber algo o alguien detrás de esa pantalla capaz de apartarla de él, robándole su dosis de amor. Así que no respondió. Estaba molesto con él mismo por ser tan irracional cuando de Sue se trataba, y con ella, por ser ella... tan indispensable y hermosa que lo volvía loco y ni siquiera se daba cuenta de ello.
Sue ladeó ligeramente la cabeza al no recibir más respuesta que una mirada severa de parte del saiyajin. Dejó el celular inmediatamente; la pantalla se apagó y lo puso en el reposabrazos del sillón, después cerró su computadora portátil sin siquiera mirarla y se puso de pie para acercarse a él. No entendía por qué parecía tan molesto pero estaba dispuesta a intentar disminuir su muy visible mal humor. La cola enrollada en su cintura no pasó desapercibida para ella; lo normal era que, mientras Bardock estaba en casa su cola estuviera libre... eso a Sue la hacía sentir bien, la hacía sentir que el saiyajin estaba cómodo a su lado y por ende, que ella era especial.
Se detuvo justo frente a él, con una sonrisa en el rostro, aunque por dentro estuviera preocupada por su actitud. Estaba dispuesta a bajar su mal humor, y demostrar su consternación no parecía ser la mejor manera de lograrlo. Sue colocó ambas manos extendidas sobre sus pectorales, haciendo que Bardock reaccionara con un pequeño movimiento ante el contacto; ella siempre hacía eso. Le gustaba ver como su piel tibia reaccionaba ante la frescura de la suya. Sue sonrió, sin apartar la mirada de él.
—¿Llevabas mucho tiempo aquí? —preguntó en un tono calmado mientras las yemas de sus dedos comenzaban a hacer círculos sobre su piel.
—Bastante en realidad... —Bardock colocó ambas manos sobre las de Sue, deteniendo sus caricias—, estabas tan absorta en ese aparato que ni siquiera te percataste.
Sue pudo notar el tono molesto de su voz y sin poder evitarlo, sintió una extraña felicidad recorriéndola. Su saiyajin estaba irritado porque no estaba obteniendo su atención.
—Lo siento tanto —su sonrisa se hizo más grande—, pero he terminado ya... puedo compensarte el tiempo que estuve ocupada de la forma que tú quieras.
Su mirada era coqueta y sin poder evitarlo, la mirada de Bardock se suavizó. Desenvolvió la cola de su cintura para buscar tocar el cuerpo de la mujer que estaba frente a él; la envolvió en su pierna con suavidad.
—Tus manos están frías —susurró. Los bonitos ojos negros de Sue brillaron al observar como Bardock, quien aún las mantenía inmóviles sobre su pecho, las tomaba suavemente para llevarlas hasta su boca. Inclinó la cabeza y comenzó a calentarlas con su propio aliento. Siempre lo hacía. Cada que Sue lo tocaba con sus manos congeladas, Bardock se encargaba de calentarlas. Él amaba su tacto fresco, lo calmaba, pero no le gustaba pensar que ella estuviera pasando frío. Cuando las manos de Sue absorbieron todo su calor, Bardock la soltó. Inmediatamente ella llevó ambas manos hasta su rostro.
—Gracias, Bardock —hizo falta que se estirara solo un poco para alcanzar sus labios con los suyos. Bardock la abrazó al sentir sus carnosos labios tocándolo, pegándola a él hasta que no hubo ningún espacio entre sus cuerpos.
El beso se prolongó hasta que ambos se quedaron sin aliento. Bardock quería continuar besándola... lo había privado de eso por demasiado tiempo, pero ella parecía tener otros planes.
—Te prepararé algo de cenar. Después podemos tomar una ducha juntos... ¿te parece bien?
—Me gusta ese plan —volvió a inclinarse para rozar sus labios suavemente.
Sue sonrió satisfecha. Bardock volvía a estar de buen humor. Se arremangó la blusa amarilla que llevaba puesta y se dispuso a comenzar a preparar la cena para su saiyajin. Ella tarareaba una canción, concentrada en lo que hacía en la cocina, y Bardock aprovechó para acercarse al sillón donde minutos antes ella había estado sentada trabajando en su novela. El pequeño aparato rectangular que Sue llamaba "celular" seguía sobre el reposabrazos del sofá.
Bardock echó un vistazo hacia Sue, asegurándose que no lo estuviera viendo, y después tomó el artefacto entre sus manos.
Lo encendió.
Se sentía tan mal espiarla... jamás había echo eso. Pero sentía que la curiosidad lo mataría si no averiguaba qué era aquello que Sue miraba que parecía hacerla tan feliz. Su rostro se llenó de asombro en el momento en que la pantalla se encendió. El celular le mostró lo último que Sue había visto: una fotografía de él. Bardock nunca había permitido que le tomara fotografías, sin embargo allí estaba... de pie, mirando distraídamente hacia otro lado, en el balcón lleno de luces, plantas y flores del apartamento. ¿Cuánto tiempo llevaba esa fotografía allí? Sue la había tomado clandestinamente, y la miraba siempre que Bardock no estaba cerca, lo hacía especialmente cuando estaba demasiado ocupada que no podía estar tanto tiempo con él como quisiera o cuando él salía a entrenar y no regresaba hasta el anochecer. Bardock miró hacia la cocina, donde ella continuaba intentando prepararle su cena. Su cabello esmeralda se movía suavemente al ritmo de sus movimientos, y pensó que nunca se había visto más hermosa.
—Sue... —su nombre salió de sus labios en un susurro suave. Dejó el celular en el mismo lugar y caminó hasta donde estaba ella. La abrazó por la espalda, sorprendiéndola. Su cola volvió a encontrar el camino hasta su pierna, rozándola de arriba a abajo.
—¡Bardock! —Sue se rió ante la repentina muestra de afecto. Detuvo lo que estaba haciendo y colocó ambas manos sobre los brazos que la rodeaban— ¿Que haces? Aun no he terminado.
—Me privaste de ti por demasiado tiempo —habló cerca de su oreja izquierda, haciéndole cosquillas—, ahora solo deseo que me pagues la dosis que me debes.
—¿Qué dosis?
—Mi dosis de besos —besó su cuello—, de caricias —pasó su lengua por el lóbulo de su oreja y sus brazos la apretaron aún más—, de ti —sin poder contenerse, en un movimiento rápido, la hizo girar para tenerla frente a él y capturó sus labios en un beso desenfrenado que la hizo temblar. Sus lenguas se encontraron en un baile frenético y lleno de anhelo.
—Te pagaré dándote una dosis doble —le dijo entre besos, haciéndolo sonreír contra sus labios.
Sue se impulsó para que Bardock la cargara y rodeó su cuerpo con ambas piernas. Sin dejar de besarse, Bardock caminó hasta la habitación, donde finalmente obtendría su dosis de amor.
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