Renuncia de derechos, los personajes que salgan aquí son de sus respectivos autores.

El resplandor del astro rey, cual irradiaba con ruindad sus rayos solares, iluminaba un vasto páramo sobre el que crecían hierbas y algunas flores con suma pusilanimidad que eran movidas por la suave brisa que circulaba en aquel lugar.

Aquella brisa no hacía más que mitigar el silencio que estaba inundando toda el lugar, salvo por las dicciones que se hacían fácilmente audibles.

"Hey Nanao-chan, realmente hace bastante calor hoy, hago bien en abanicarme ¿no crees Nanao-chan? Deberías relajarte con este calor"

Un hombre de cabello castaño recogido en una coleta pronunció aquellas palabras infantilmente mientras sonreía viendo a una mujer pelinegra de ojos azules con lentes, quien frunció el ceño.

El hombre tenia un sombrero de paja en su cabeza y vestía un shihakushō consistente en un shitagi interior de color blanco además de un kosode y un hakama negro, sobre el cual estaba un manto rosa con diseño de varias flores.

Detrás de su shihakushō estaba dibujado un emblema: una flor llamada ave del paraíso que significaba simbólicamente "todo es obtenido".

-Shunsui Kyōraku-taichō, usted debería comportarse con más seriedad en un momento como este -se quejó Nanao ajustando sus lentes mientras que su capitán sonreía ante la reacción de su teniente, sin duda disfrutaba verla así.

Nanao le hubiera golpeado fuertemente si no ambos no estuviesen caminando acompañados de la capitana de la cuarta división además su respectiva teniente, quienes andaban a su par.

Nanao sabía muy bien que Shunsui lo estaba muy bastante mal, sobretodo después de aquella muerte... y también sabía que su capitán ocultaba el enorme dolor que sentía sonriendo como de costumbre y ahogando sus penas en alcohol.

Nanao negó ante sus pensamientos y giró su cabeza tranquilamente para ver al par de mujeres que les estaban acompañando a ellos dos.

La primera era una mujer muy hermosa de cabello y ojos oscuros, de apariencia joven y que vestía el distintivo shihakushō negro junto a un haori blanco encima con el emblema de la cuarta división situado en el dorso: un lirio cuyo significado era "los que sufren son amados".

La segunda era una chica de cabello corto y plateado, igualmente vestía un shihakushō con una banda ubicada en su brazo izquierdo en el que había el emblema de la cuarta división.

-Al igual que Shunsui-dono pienso que es un día espléndido... -intervino a su vez la capitana de la cuarta división- ¿no crees Isane-san? -preguntó-

Isane abrió sus ojos ante aquellas palabras, la muchacha peliplata había estado absorta y las palabras de su capitana le pillaron por sorpresa.

-Sí... Unohana-taichō -contestó Isane rápidamente analizando la sonrisa sosegada de su capitana.

Isane sabía sin duda que algo le estaba ocurriendo a su capitana Unohana. Desde la reunión que tuvieron los trece capitanes el día anterior parecía un tanto emocionada, como si llevara mucho tiempo esperando un regalo.

"Tal vez su felicidad tenga que ver con la persona a la que vamos a ver..."- indagó Isane con la mano derecha situada sosegadamente en su barbilla.

Al parecer Nanao estaba pensando lo mismo, su mente estaba tratando de descifrar el enigma que abarcaba la misteriosa figura que buscaban.

Nanao no sabía mucho al respecto, sólo unos detalles que le había comentado Shunsui, quien era su capitán y capitán de la octava división.

Al parecer se trataba de un Shinigami retirado que vivía en un distrito intermedio del Rukongai, Nanao nunca había escuchado nada acerca de él pero si los dos capitanes más antiguos del Gotei 13 estaban en su búsqueda debía ser por algo.

Los miembros de aquel grupo eran Shinigamis, un nombre que designaba a las espíritus hechos de Reishi que viajan al mundo real para combatir a los Hollow, quienes se trataban de los espíritus corrompidos por sus pecados y convertidos en unos monstruos devoradores de almas y enviar a los Plus, los espíritus buenos de las personas fallecidas, a un sitio llamado Sociedad de Almas.

La sociedad de almas comprendía dos importantes regiones: el Seireitei, lugar donde residían los Shinigami además del Central 46 y las familias nobles, y el Rukongai, la zona donde vivía el resto de almas, que además se divida en distritos numerados del 1 al 80 que partían según los puntos cardinales: norte, sur, este y oeste.

La diferencia entre ambos sitios era abismal, mientras que en el Seireitei se vivía de maravilla sucedía todo lo contrario en la zona Rukongai, sobretodo en los distritos más remotos.

La organización de los shinigami está separada en trece escuadrones, el Goteijūsantai o también Gotei 13, cada una de ellas con una especialidad determinada. Su organización es militar, donde hay una gran variedad de rangos siendo Capitán el más alto además de ser líder de su respectivo escuadrón, el Teniente que es el segundo rango más alto y el segundo al mando tras el capitán, los Oficiales, que son de un rango inferior y el resto de Shinigami, que pueden no tener rango especifico pero formar parte de un escuadrón.

Tiempo después.

El grupo siguió caminando durante varios minutos hasta que detuvieron sus pasos frente a lo que parecía ser una casa de estilo oriental.

Unohana compartió una mirada con Shunsui y ambos asintieron sin decirse ninguna palabra pues eran innecesarias en estos momentos.

Los ojos de todos los presentes se posaron en la persona que estaba enfrente de aquella casa partiendo troncos con un hacha: un muchacho de cabello alborotado azabache al igual que sus ojos y que vestía un hakama desgastado con un sombrero hecho de paja como sus sandalias.

Aquel pelinegro partió un último tronco en un movimiento destellante dejándolo junto al montón de troncos que había a su lado, no por nada llevaba media día con aquella actividad.

-Bien hecho Goku, siempre has sido el mejor partiendo troncos -se dijo a sí mismo el pelinegro sonriendo con satisfacción mientras en su mente se estaba dando palmadas en la espalda.

Isane se giró para ver a su capitana. Tal y como lo esperaba Unohana estaba sonriendo más feliz que nunca, pero con su habitual rostro tranquilo.

"¿Quién es el para que sonrías de esa manera Unohana-taichō?"- Isane Kotetsu discurrió, pronto sabría la identidad de aquel shinigami de cabello extravagante y la relación que tenia con Unohana.

En cambio Nanao estaba bastante pensativa. Sus lentes brillaban analizando cada detalle físico del pelinegro para así poder extraer una conclusión.

"¿Este es el Shinigami que estábamos buscando? Él parece demasiado... ¿normal, quizás?"- Nanao no iba a negar que tenía buen físico pero siendo sinceros se esperaba algo más espectacular.

Nanao se giró nuevamente para ver a su capitán y poder observar su reacción. Sin embargo, antes de que se pudiera darse cuenta Shunsui ya había saltado hacia aquel pelinegro desenfundado su Zampaku-tō para atacar al llamado Goku.

Las Zampaku-tō eran armas usadas por los Shinigami que tienen la capacidad de enviar a los Plus a la Sociedad de Almas y también de purificar a los Hollows mediante un Konshō.

-¡¿Kyōraku-taichō qué está haciendo?! -gritó Nanao al ver la acción de su capitán, Isane estaba tan desconcertada como Nanao puesto que ella no podía entender lo que estaba sucediendo.

En busca de una respuesta Isane se volteó hacia su capitana y vio que Unohana veía con tranquilidad lo que estaba a punto de iniciar.

"Parece que ambos van a divertirse un rato"- indagó Unohana con una sonrisa tranquila en su rostro, sus ojos calmados miraban con gran anhelo al pelinegro que le dio hace siglos la paz que tanto anhelaba y ansiaba su corazón.

Unohana vio el rostro de incomprensión de ambas tenientes y decidió que lo mejor era tranquilizarlas.- no se preocupen, Isane-san, Nanao-san... sólo es un combate amistoso.

Ambas asintieron y ahora con más tranquilidad decidieron ver lo que tenían delante de sus ojos.

Flush.

Shunsui intentó hacer un corte horizontal con su Zampaku-tō. Lo único que consiguió cortar es el aire, pues Goku lo esquivó con relativa facilidad.

El hombre sonrió bajando la copa de su sombrero de paja, adivinando la ubicación de Goku. Cerrando sus ojos con gran sosiego bajó rápidamente su cabeza para evitar ser cortado por el hacha de Goku, quien mostró una sonrisa al ver que su ataque no tuvo éxito sobre Shunsui.

Shunsui hizo uso del Shunpō para aparecer delante de Goku a una velocidad monstruosa, el azabache abrió sus ojos al ver cómo el puño de Shunsui iba a conectar inevitablemente en su abdomen, si no hacia nada para defenderse.

"Bakudo 1: Sai (Obstrucción)"

Aquel hechizo de defensa salió como un suave susurro de la boca de Goku; el muchacho había recurrido al Kidō para inmovilizar los brazos de Shunsui y evitar de esta forma que le golpease.

El Kidō era una de las cuatro formas de combate que disponía un Shinigami, además del Zanjutsu o arte del manejo de una Zampaku-tō, el Hōhō, la capacidad para moverse a altas velocidades y el Hakuda, el arte del combate mano a mano.

"Increíble, está luchando a la par de Kyōraku-taichō"- se dijo Nanao en su mente observando el combate con gran sorpresa.

Nanao sabía que su capitán todavía no había liberado su Zampaku-tō ni tampoco rival, que se suponía que debía de ser un Shinigami. Ella tenía el presentimiento de que el hacha que utilizaba Goku no era su verdadera Zampaku-tō.

Isane estaba más que sorprendida, no sólo porque un desconocido estaba luchando al nivel de un capitán, y no un capitán cualesquiera sino un veterano como lo era Shunsui Kyōraku.

Unohana sonreía con calma, observando que Goku no había perdido nada de fuerza en los últimos mil años, sino que se hizo más fuerte aunque probablemente en estos momentos desconociera si su poder tenía algún límite.

Habiendo inmovilizado sus manos Goku flexionó su pierna para poder conectar un rodillazo en el eje de Shunsui, el capitán no se quedó de brazos cruzados sino que alzó su rodilla para detener el golpe. El resultado de la acción fue un choque de rodillas por parte de ambos, quienes sonreían.

-Mis brazos están atados por el Kidō que usaste pero mis piernas no, ¿lo recuerdas no? -preguntó Shunsui con una sonrisa amigable en su rostro.

Goku sonrió dando un salto hacia atrás mientras que el capitán hacía lo mismo, el hombre de pelo castaño elevó ligeramente su energía espiritual para contrarrestar el hechizo que hizo Goku.

La sonrisa del pelinegro se ensanchó al ver el reiatsu, presión espiritual, de una de las primeras personas que conoció cuando llegó a aquel lugar. Si él hubiera expulsado su reiatsu sin duda toda la zona estaría temblando en estos momentos.

De manera tranquila Goku dejó el hacha a un lado, sabiendo que si no se detenía ahora lo más probable que hiciera él era tomar su Zampaku-tō para pelear en serio contra su viejo amigo.

-Veo que no has perdido tu fuerza Goku, sigues siendo igual de poderoso viejo -farfulló Shunsui enfundando su Zampaku-tō mientras sonreía.

-Lo mismo digo amigo, apuesto a que sigues acosando mujeres como en la academia, ¿verdad Shunsui? -preguntó Goku acercándose al capitán de la octava división igualmente con una sonrisa.

-Oh, pero si tú atraías la atención de todas ellas con tu sonrisa y ni siquiera te dabas cuenta de ello, siempre fuiste inocente en ese aspecto Goku -se burló Shunsui recordando los viejos tiempos.

"Entonces... ese hombre de ahí debe tener la misma edad que Kyōraku-taichō si ambos han sido compañeros en la academia Shinō... pero, ¿por qué vive aquí en vez de en el Seireitei?"- se preguntaba Nanao mientras observaba a Goku.

Ambos chocaron sus manos y se dieron un abrazo después de un largo tiempo sin verse, detrás de ellos estaban las dos tenientes, Isane y Nanao, junto a Unohana quien cruzó sus brazos.

-No has envejecido ni un solo pelo -farfulló Shunsui observando a su amigo, quien se rascó la nuca- sin duda sigues siendo el mismo Goku.

-Tú en cambio pareces más anciano -habló sinceramente Goku con el dedo índice rascando su mejilla- ¿Quiénes son esas chicas de ahí?

Goku preguntó señalando a las dos tenientes mientras ambos se acercaban a ellas. Al parecer, Goku había ignorado la presencia de la capitana Unohana, en ningún caso le había dedicado una mirada o mencionarla en la conversación.

-La chica alta es Kotetsu-san, es la teniente del cuarto escuadrón y la otra muchacha a su lado con lentes es mi adorable teniente Nanao-chan ¡Yo, Nanao-chan! -respondió Shunsui sonriendo mientras alzaba su mano hacia su teniente-

-Disculpe por mi intromisión Kyōraku-taichō -Nanao hizo una reverencia respetuosa frente a su capitán, antes de posar sus ojos azules sobre Goku- ¿Quién es usted? ¿es un Shinigami?

-Se podría decir que sí realmente... todavía conservo mi vieja Zampaku-tō y sus respectivas liberaciones -murmuró Goku con la mano posada en su barbilla- mi nombre es Son Goku, un gusto.

El antiguo shinigami le estrechó la mano a Nanao mientras mantenía una sonrisa cordial impregnada en su rostro. Isane se acercó para presentarse después de la teniente Nanao.

-Nanao Ise, fukutaichō (teniente) del octavo escuadrón -habló la muchacha haciendo una reverencia, Goku miró aquello con una gota de sudor ya que Nanao no le estrechó la mano.

-Isane Kotetsu, teniente del cuarto escuadrón del Gotei 13, encargado de la asistencia medica y el abastecimiento al Seireitei -se presentó Isane-

-Al igual que yo, Goku también fue discípulo de Yama-jii -añadió Shunsui poniendo su mano sobre el hombro de su amigo, pero el mencionado no le hizo caso pues su atención no estaba puesta allí.

Goku miraba con frialdad a la capitana Unohana, sus ojos ónix antes alegres ahora eran fríos como el acero. Unohana en cambio mantenía la cabeza agachada, con una mirada de pesar y decepción.

-Así que también has venido... Unohana -habló Goku secamente sin mirarle directamente a los ojos a la capitana mientras Kyōraku y las dos tenientes escuchaban aquella conversación.

-Sí... pero veo que todavía no me has perdonado -farfulló Unohana en un suave susurro mientras que mantenía una débil sonrisa en su rostro.

-Te he perdonado... -murmuró Goku lo suficientemente alto como para que Unohana pudiese escucharlo- pero las heridas del pasado todavía siguen presentes... Yachiru Unohana.

-Goku... -volvió a susurrar Unohana- lamento lo de aquel día pero sabes mejor que nadie porqué tomé aquella decisión... necesitaba redimirme.

Isane realmente no sabía que pensar ante aquel acontecimiento, estaba acostumbrada a ver a su capitana con una actitud bastante serena, pero en estos momentos no era capaz de reconocerla.

"Entonces ellos dos se conocen desde hace mucho tiempo"- concluyó Isane razonadamente- "me pregunto que habrá podido pasar para que Unohana-taichō se encuentre así de triste"

-No tienes porqué preocuparte, no te juzgaré por ello -habló Goku esbozando una sonrisa tranquila instalada en su rostro- hemos de dejar el pasado ha de estar... en el pasado, es lo mejor Yachiru...

Goku no pudo evitar sonreír mentalmente al recordar cómo conoció a Yachiru hace mil años, nunca pensó que todo terminaría así tras aquella batalla que ambos Shinigami mantuvieron.

-¡Bueno! Por lo que veo han solucionado por fin sus problemas -habló Shunsui con la mano en el hombro de Goku, las tenientes no oyeron del todo la conversación pero él sí escuchó casi todo.

-Shunsui, ¿realmente a qué has venido? -preguntó Goku con una expresión de seriedad en su rostro- sé que no has venido sólo para visitarme. Además, ¿cómo has sabido dónde vivo? El Rukongai no es tan pequeño como para encontrarme fácilmente.

-Es mejor hablarlo en un sitio más calmado... -dijo Shunsui con sosiego, ya era hora de ir al grano

Dentro.

Isane admiraba el interior del hogar de Goku, un lugar carente de algún tipo de lujo y con un aire de humildad y pureza, sin duda nunca se había sentido tan tranquila ni en su propia casa.

"Es una persona bastante humilde"- indagó Isane viendo cómo Goku les servía té en unas tazas.

-Gracias por el té Goku...san -habló Unohana con su sonrisa habitual mientras que le daba un sorbo a aquel té- igual de delicioso, como de costumbre -añadió recordando los momentos en que solía tomar té con Goku anteriormente.

Nanao en cambio estaba mirando algo que se encontraba en una de las paredes de la pequeña sala principal donde ellos estaban sentados: una katana con una empuñadura carmesí sobre la que había un dragón negro mordiendo su cola.

"Sin duda se trata de una zampaku-tō... ¡¿cómo es que puede emitir tanto Reiatsu?!"- se preguntó Nanao mientras jadeaba, ella sentía que aquella espada emanaba una poderosa presión espiritual.

Nanao no supo cómo pero frente a ella apareció la silueta de un imponente dragón de ojos rojos, comenzó a sudar mientras que la silueta de aquel dragón iba haciéndose más grande y sabiamente apartó la mirada de aquella zampaku-tō.

"Una zampaku-tō que puede crear ilusiones estando sellada... ¿Qué clase de Shinigami es Goku-sama?"- indagó Nanao intentando relajarse.

-Nanao-chan, ¿te encuentras bien? Pareces asustada y pensativa -se expresó Shunsui viendo a su bella teniente, quien negó rápidamente.

-Entonces, ¿cómo pudieron encontrarme? -preguntó Goku yendo al grano mientras se sentaba y miraba a todos los presentes.

-Tu nombre es bastante conocido por todo el Rukongai, se hablan proezas de ti -respondió Unohana, en primer lugar- preguntando a una serie de personas encontramos este lugar.

-Dicen que gracias a ti el índice de delincuencia se ha reducido drásticamente en la mayoría de distritos y que repartes comida para que ninguno pase hambre -añadió Shunsui con una sonrisa.

-No hago todo eso para ser reconocido, simplemente quiero que las almas que viven en el Rukongai puedan soñar con un futuro mejor, por eso colaboro sembrando cultivos, con eso obtengo comida y la reparto diariamente entre varios distritos, así evito la delincuencia que deriva del hambre, aunque sé que mi trabajo todavía no es suficiente para ayudar a todas esas almas indefensas seguiré esforzándome para que todos puedan aspirar a una mejor vida -habló Goku con una pequeña sonrisa en su rostro.

Se suponía que las almas no deberían pasar hambre pero ese no era el caso en el Rukongai.

Goku mismo había sido testigo de cómo bastantes morían por no poder llevarse algo a la boca durante días, por ese motivo decidió no quedarse de brazos cruzados viendo como día tras día almas morían cuando podía hacer algo para remediar aquella situación deprimente.

Goku disponía de una enorme parcela para sus cultivos. Sembraba desde tomates hasta trigo y la cosecha obtenida la repartía entre varios distritos que componían el vasto Rukongai.

Diariamente solía patrullar las calles para evitar incidentes delictivos, es por ese motivo la mayor parte de almas estaban agradecidas con él. Con su ayuda las sonrisas de adultos y niños habían vuelto a la mayoría de distritos del Rukongai.

Tanto Unohana como Isane oyeron aquello con una sonrisa, no había duda de que Goku era una humilde persona con grandes valores.

Nanao no pudo evitar fruncir el ceño, ¿acaso el deber de un Shinigami no de restringía a llevar las almas de los muertos a la sociedad de almas y purificar a los Hollows? ¿por qué ayudaba a las almas del Rukongai? ¿eso no alteraría el orden natural de las cosas o el equilibrio en sí?

-Si los Shinigami solo se ocupan fe traer más y más almas a un mundo lleno de ellas, ¿quién se ocupa de que esas almas puedan tener una vida feliz y tranquila? Si ningún Shinigami o noble decidió ocuparse de ellos, yo dejé mi puesto en el Seireitei para hacerlo -habló Goku como si hubiera leído los pensamientos de Nanao- abandoné mi puesto como Shinigami porque mis ideales y los del Gotei 13 eran distintos.

Goku sabia que Yamamoto habia creado el Gotei 13 con el pretexto de "salvar a las almas inocentes", pero eso no era más que una falsedad que escondía la realidad, puesto que Yamamoto estaba más ocupado en luchar contra Hollows y obedecer las leyes del Central 46 que en las pobres almas indefensas del Rukongai.

-Goku... entonces, ¿nunca estarías dispuesto a volver a tu puesto de Capitán? -el pelinegro negó rotundamente ante las palabras de Shunsui.

-Si han venido por eso entonces mi respuesta es un no, sabes muy bien porqué abandoné el Gotei 13 -habló Goku mientras veía a Unohana y Shunsui alternativamente- además, no puedo abandonar a esas almas, necesitan mi ayuda.

-¿No volverías... incluso si te digo que... Ukitake falleció hace unos días? ¿No estarías dispuesto a volver... sabiendo lo que le prometiste aquel día? -preguntó Shunsui mientras que Goku abría sus ojos ónices al escuchar aquellas palabras.

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Fin del capítulo.