Un patético sacrificio.
Era un día caluroso, mucho mas de los que recordaba hace años; cuando era solo un niño. Miro al cielo y la cegadora luz de un sol radiante lastimó sus ojos. Delante se encontraba solo tierra desolada. ¿Algún día, podrá existir paz en esta tierra que tanto amo?... ¿volverán a escucharse el sonido de risas de las personas que algún día habitaron este lugar con la alegría de quien es libre? ...algún día tal vez…
—Príncipe Alan…. —
Las voces apenas puede percibirlas, se escuchan tan lejanas. Murmullos de muchas voces a su alrededor. Todas con diferentes tonos, algunas rudas, otras un poco mas suaves. Pero todas con un evidente miedo que parece hacer un nudo en sus gargantas.
—…La comandante viene en camino—
Fueron esas palabras, salidas de la boca de quien sabe quien; las que sacaron al Príncipe Alan de su trance. Su alteza; la máxima autoridad viva de aquel país ahora desolado: asintió, se dio media vuelta para seguir a su soldado pero la mano de una mujer se interpuso en su camino. La delicada mano de Ann se aferraba a su hombro con fuerza. Agradeció tener la armadura puesta, pues su hermana era capaz de amoratarle la piel. Se veía furiosa.
—No lo hagas—
— ¿quieres que sea cobarde? —
— ¿cobarde? Nunca. Solo racional….he…he visto como esa mujer combatía con más de diez hombres sin siquiera sudar ni una gota. ¡Y tú quieres enfrentarla…!¡SOLO! —
—correré ese riesgo, Ann. Lo hare por mis hombres. ¡Por nuestro pueblo! ¡No dejare que nuestra gente se convierta en menos que humanos! Si tengo que dar la vida por la libertad de mi reino, que así sea. —
—No es "si"…esa mujer te va a matar.—
—no olvides quien soy yo, hermanita. El mejor espadachín de todo Elba…además ahora que padre no está, soy el nuevo rey. Esta tarea me corresponde solo a mi…—
Alan tomo el rostro de su hermana entre sus manos y le dedico una sonrisa para tranquilizarla, o esperaba que fuera una sonrisa, aquella mueca que apenas y era capaz de esbozar.
—…he dejado instrucciones hermana. Dejo el futuro del reino de Elba en las manos de Dios y en las tuyas. —
— ¡Hermano! —
Pero Alan camino rápidamente sin voltear atrás para ver a su hermana. Sabía que si volvía la cara; el miedo y la cobardía se apoderarían de su corazón. Recordaba las enseñanzas de su padre cuando el era todavía un chiquillo; "nunca dejes que tus súbditos vean emociones en tí hijo mío, harías bien en escucharme pues este es el más grande deber y el más difícil que tienes como futuro Rey. Muéstrate grande, magno, casi un Dios y ten por seguro que te servirán y darán su vida por ti…un súbdito nunca servirá a alguien que considere su igual"
—"un Dios…ser como un Dios…un Dios caminando hacia el matadero, si pudieras verme ahora cuan magno me veo, padre" — Pensó para sí mismo mientras su corazón latía tan desbocado que sintió que pronto se le saldría del pecho.
Un escalofrió le recorrió la espina dorsal y sintió deseos de salir corriendo despavorido de aquel valle, pues enfrente de él una delgada figura lo esperaba; la "asesina de guerreros" lo miraba fijamente, Alan no recordaba que fuera tan alta. Se encontraba en una posición relajada con su enorme y famosa espada "Ventus" colgando de su costado, la mujer parecía tranquila a pesar de estar rodeada de varios soldados enemigos, pero los ojos expertos del príncipe se dieron cuenta de que detrás de la apariencia despreocupada; esa mujer tan extraordinaria estaba más que lista para cualquier ataque sorpresa. Su mano a centímetros de su espada, y el escudo clavado en el suelo a tan solo un metro de distancia, listo para ser usado ante la menor sospecha de un ataque a traición.
—Gracias por aceptar reunirse conmigo, Comandante Tenoh—
— ¿Qué quiere de mí? —
Alan frunció el ceño molesto por el tono aburrido de la mujer. Es más, sus verdes ojos ni siquiera lo miraban.
—Su majestad…— Respondió Alan con enfado.
Ella Siguió sin mirarlo
—Soy ahora el rey de Elba, Alan el Quinto de mi linaje—
—Me temo que ese reino ya no existe, ahora forma parte del imperio de Runey. Si por reino se refiere a esta pequeña compañía de rebeldes que esta con usted, mucho me temo que su reinado termina hoy. —
—hace falta más que soldados para doblegar a un reino tan glorioso como el nuestro— insistió Alan pero lo único que recibió fue la mueca de una sonrisa y una mirada incrédula.
—mi ejército supera al suyo treinta a uno, está mejor equipado y entrenado. A menos que su majestad tenga un poder fuera de este mundo o los favores del todopoderoso Zakmetar, nosotros los aniquilaremos porque eso fue ordenado—
Alan hizo una mueca, miro con todo su odio a la mujer que con expresión aburrida se había burlado de él, de sus hombres y le echaba en cara la supremacía del dios que tanto adoraban estos fanáticos y que había sido tomado de la religión de su pueblo.
—lamentablemente el dios de la guerra nos ha abandonado hace mucho— Comenzó Alan intentando controlarse— se dice desde que yo era niño que el poderoso Zakmetar solo marcha en el ejército de Runey, muchos han dicho que en su imperio creen que la emperatriz es su mismísima encarnación en la tierra. ¿Cómo puede mi ejercito pelear contra la voluntad del dios de la guerra? —
— ¿se va a doblegar al Imperio? —
"como si te importara"
—No, Haruka Tenoh "asesina de guerreros" nunca cederé mi sagrado derecho sobre estas tierras y esta gente. Tampoco quiero un derramamiento de sangre innecesario, por eso te pido que resolvamos esto a la manera de las antiguas tradiciones. Quiero una batalla en la que todos los dioses estén presentes para elegir al ganador—
Haruka alzo una ceja bastante sorprendida. No le parecía una mala idea, enfrentar a los dos mejores soldados de ambos ejércitos era una solución rápida, efectiva, limpia y menos cruel que enfrentar a todos los hombres. Por no mencionar que le emocionaba la idea de probar si la fama del enorme talento del príncipe de Elba con la espada era verdad. Habría aceptado sin dudar, pero tenía órdenes estrictas y precisas.
—mi respuesta es; No. Prepare a sus hombres para la batalla… Rey sin corona —
— ¿Por qué no? — pregunto Alan desesperado. Las historias decían que la asesina de guerreros era una mujer violenta, fascinada con la guerra y la sangre. Una enloquecida dama que nunca tenía suficiente de batallas y matar.
—soy la soldado más fuerte de mi ejército y no estoy de humor para luchar a muerte contra nadie, además yo no deseo asesinarlo. Aun puede dejar las armas, inclínese ante el poder del Imperio sagrado y recibirá amnistía…usted y su hermana serán bienvenidos en la capital como invitados—
Alan soltó una carcajada que mostraba su incredulidad.
—¿y convertirme en el perro faldero de tu enloquecida emperatriz? Conozco cual es su piedad…me eliminaría en cuanto tuviera oportunidad—
Haruka resoplo ofendida de escuchar insultos de su máxima autoridad. Sin embargo, se mantuvo serena y decidido dar por terminados los acuerdos dando media vuelta hacia su ejército.
— ¿es por qué tienes miedo de mí? ¿De mi venganza? — insistió Alan.
Haruka se paró en seco, volteo a ver a aquel Rey sin reino ni pueblo. Era un muchacho joven y con sed de gloria como lo era ella. Pero también se veía desesperado, grandes ojeras manchaban su rostro. El rey insurrecto debía de haber escuchado historias sobre ella, le sorprendía que la retara a duelo con la reputación que ella tenía. Vio como el joven miraba de reojo hacia su empobrecido ejército.
Quería salvar a su gente. Pobre diablo iluso, ya no había salvación alguna para ellos. Muchos iban a morir dentro de unos minutos y aquellos sobrevivientes pronto desearían haber muerto. Aun así, aquella devoción hacia su gente aun siendo tan joven era de admirar. Dispuesto a morir por su bienestar, ese chico pudo haber sido un buen Rey. Haruka recordó al padre del muchacho; El rey Arlan I. Las pocas veces que lo vio le pareció un hombre preparado, justo. Un magnifico soberano con una muerte cruenta.
Haruka lo capturó en su palacio junto con su esposa, aproximadamente nueve meses atrás. El rey tenía los años encima y un cuerpo debilitado por la hambruna de un prolongado asedio. Para Haruka no represento ningún desafío pelear con ese hombre y mucho menos con sus famélicos soldados. Lo sometió en menos de tres segundos y cuatro heridas leves.
Aunque en ese momento poco sabía que el Rey Arlan se había dejado capturar para darle tiempo a sus dos hijos a escapar. Derroco al reino de Elba, Haruka se quedó en el palacio estableciendo su dominio militar por toda la ciudad. Mientras sus soldados disfrutaban de la comida, bebida y diversiones de la capital de aquel reino famoso por su rica tierra; la mayoría de sus ciudadanos fueron mandados al nuevo campo de sacrificio que la emperatriz había mandado construir a marchas forzadas, entre esa gente estaba el Rey derrocado. Fue su noble maestra quien le revelo entre susurros que al rey lo habían desvestido y amarrado al estandarte con la bandera del reino de Elba para dejarlo morir de hambre y sed ante la mirada horrorizada de su propio pueblo que incapaces de hacer nada solo dejaron que los soldados le lanzaran piedras, excremento y orines mientras escuchaban los gritos de agonía de quien fue el hombre más respetado para ellos. Era una manera cruel de enseñarles a los nuevos esclavos que su vida ahora le pertenecía al Sagrado Imperio de Runey. La manera mas directa de quitarles su identidad como seres humanos y hacerles ver que ahora pertenecían al imperio.
— ¿tienes miedo? ¿Es eso? — Alan insistió.
La Imagen del rey ensangrentado y cubierto de excremento delante de la multitud hicieron que la comandante se diera la vuelta y asintiera.
—Está bien, si tu insistes acepto el desafío pero solo con mis condiciones Rey de Elba—
— ¿condiciones? —
—La batalla será a muerte, la lucha será contra mí, si gano…te llevare a tí y a tus hombres al campo de trabajo a que te pudras como esclavo toda tu vida, si ganas te dejare ir por esta ocasión para que te reagrupes; te daré provisiones, armas y medicinas. Pero no te dejare esta opción la siguiente vez que nos veamos, la lucha será sin cuartel y cumpliré las ordenes que me fueron dadas.—
—una propuesta más que generosa, estas son las palabras de una persona con corazón, no las de una asesina de sangre fría—
—Me parece un precio justo por bañar mi espada con la sangre de los dos reyes de Elba y ponerle fin a una dinastía tan poderosa—
— ¡maldita infeliz! ¡Ahora veras! —
— ¿aceptas entonces? ¿O doy la señal de ataque?— sin inmutarse Haruka Tenoh extendió su mano derecha mientras con la izquierda tomaba la empuñadura de su espada. Alan nunca había visto a la asesina de guerreros en combate, pero las malas lenguas hablaban sobre una velocidad impresionante, mas que el mismo viento, algunos decían que era una guerrera legendaria que renacía cada mil años para sembrar el terror en la tierra y unos pocos se atrevían a decir que su poder venía de alguna fuente oscura, alguna magia negra de la Emperatriz. Otros decían que un ser de oscuridad se había metido en su cuerpo para sembrar el caos y el terror en este mundo.
Después de mucho pensarlo, Alan extendió su mano y con un cuchillo se hirió el dedo índice y dejo caer gotas de sangre en el suelo, vio a Haruka hacer lo mismo. Era natural, Alan como cualquier ciudadano del reino de Elba creía en los Antiguos Moradores; Doce dioses creadores de la tierra: que acudían al combate mediante este ritual de la sangre de los dos combatientes y peleaban junto a los soldados en la batalla. Los dioses eran los que al final decidían a quien darle la victoria. Haruka Tenoh tenía estas mismas creencias y ritos, pues en el imperio de Runey si bien se le rendía culto a un solo dios y no a los doce como en el reino de Elba, este pertenecía al grupo de los doce dioses antiguos; Zakmetar el dios de la guerra y la conquista. Haruka miro a su contrincante, no importaba que tuviera a once dioses de su lado, junto a ella marchaba el mas poderoso de todos.
—acepto tus condiciones, asesina de guerreros. Solo los dioses saben cuándo quiero clavar mi espada en tu carne y dar a mi padre por vengado. —
—Yo no lo colgué, ni di órdenes para que lo hicieran— declaro Haruka sin devolverle a Alan la presión que este ejercía sobre su mano. —Era el Rey de un Reino muy inferior, pero Rey al fin y al cabo. Y créeme que lo trate como corresponde a alguien de su rango—
—no te creo—
—me tiene sin cuidado si no me crees—
Alan se separó de la asesina de guerreros y se dirigió a su segundo. Este le dio su espada y le abrocho su casco. De reojo vio cómo ella se quedaba ahí parada sin moverse ni un centímetro de su lugar.
—Daré la orden para que nadie intervenga, majestad—
—Bien—
Según las leyes estipuladas, una vez que se ha derramado la sangre y sellado el pacto nadie debía de acercarse hasta que hubiera un vencedor. Pues ahora el suelo era territorio sagrado donde los dioses decidirían un campeón. No había marcha atrás.
Antes de lo esperado ya se encontraba enfrente de la comandante Tenoh, las piernas le comenzaron a temblar. La mujer había cambiado totalmente su rostro relajado y expresión burlona, ahora sus ojos estaban llenos de determinada concentración. Caminaba alrededor de él.
"¡¿está loca?¡" pensó
Efectivamente, Haruka Tenoh se había despojado de su hermosa capa de color negro y de toda la protección metálica que le ofrecía el ejército de Runey. Las partes de hierro descansaban en el suelo a un lado del escudo y de las protecciones de cuero. La rubia solo vestía una camiseta de algodón de color blanca y el pantalón del uniforme militar. Lo único que estaba protegido eran sus pies enfundados en aquellas botas de piel que eran tan codiciadas en estos tiempos donde escaseaban los animales. Los soldados de Elba no poseían armaduras de metal pues su reino no contaba con minas, ni con gruesas capas de piel ni elegantes botas pues en Elba esos animales no existían. De hecho, eran muy pocos los soldados que contaban con espadas. Alan pensó si la asesina de guerreros se había despojado de todas esas ventajas para hacer la batalla mas justa.
La primera estocada llego suave, la segunda igual. Cuando la asesina de guerreros se acercó a él para la tercera, ya estaba preparado y con fuerza respondió, pero la mujer ni siquiera toco su acero y dio una vuelta tan rápida que apenas y alcanzo a reaccionar. El ataque vino por la espalda y rozo su nuca. sintió un ardor y un líquido caliente resbalarle por el cuello.
—Fue un aviso Rey sin corona, a la segunda… no habrá otra oportunidad—
Llevado por la ira de que lo trataran como a un estúpido, Alan volteo y con todas sus fuerzas llevo su espada al cuello de su enemiga, pero se encontró con su acero, Alan estaba sorprendido. Había visto soldados bien curtidos en batalla que no podían aguantar toda la fuerza que él ponía en sus estocadas, incluso había despojado de su espada a varios de ellos. Sin embargo, esta mujer podía soportar todo su poder…no…esta comandante era físicamente mas fuerte. Su mano derecha se clavo en su vientre con agresividad. Vio los ojos verdes abrirse con sorpresa. Haruka emitió un pequeño quejido, pero no había cedido ante la presión de la espada.
—no me digas que creías que iba a usar métodos honorables— Alan sonrió burlón. —te voy a asesinar maldita perra—
Haruka se mantuvo callada. El exclamo un par de insultos mas buscando provocarla sin resultado alguno hasta que de una zancadilla y con otro hábil movimiento Haruka lo tiro. Alan se encontró con un dolor en la espalda y el aire se le salió de los pulmones la asesina de guerreros parada a un lado de él tenía un pie en su garganta y la espada al aire lista para reclamar sangre.
—me parece que este es el segundo aviso…—
Antes de que le clavaran la espada o le tronaran el cuello, Alan tomo un puño de tierra y se lo aventó directo a los ojos. Haruka ni siquiera grito solo dio tres pasos hacia atrás con una mano en sus ojos. Alan apenas se estaba parando cuando sintió a la comandante embestirlo. Estaba sorprendido. La mujer se había recuperado demasiado rápido.
No
La comandante tenia los ojos cerrados, bien. era su oportunidad. Se acerco para clavarle la espada lo más rápido posible, pero ella lo recibió perfectamente. Sintió como sus dientes se aflojaban ante el puñetazo que le propino. Alan retrocedió. Se llevo la mano al rostro y miro fijamente a Haruka. seguía ciega… ¿entonces cómo?
Dio un paso hacia la derecha intentando sorprenderla, pero la rubia giro levemente su cara hacia su dirección exacta. Parecía haber escuchado su posición.
—eres aun mejor de lo que dicen los rumores— reconoció Alan.
Haruka comenzó a mover su espada en movimientos circulares, en dos segundos la espada se movía tan rápido en su mano que casi parecía invisible. El rey frunció el ceño ante el extraño proceder.
—hablas mucho, rey sin corona. — dijo Haruka intentando abrir los ojos, pero sin éxito alguno, aun le ardían. Aun así, vio brevemente a su rival—supongo que ser un bocón es el ultimo recurso de los tramposos, que pena…no solo eres un rey sin corona también eres un hombre sin honor…—
Fueron las palabras suficientes para que Alan perdiera la poca sangre fría que le quedaba, la furia hizo presa de el y se lanzo directo a embestir a Haruka, su rival estaba ciega era todo o nada. incluso se atrevió a soltar un grito enloquecido ordenando un deseo.
—¡MUERE! —
Todo paso en un abrir y cerrar de ojos, Haruka quien alcanzo a detectar la posición de su rival debido al grito movió hábilmente su espada y la clavo directamente en la boca de su enemigo. Alan abrió los ojos desmesuradamente. Un grueso hilo de sangre comenzaba a salir de la cercenada boca. Después de unos segundos El acero del rey cayo al suelo y Haruka se sintió por fin libre de peligro de alguna estocada sorpresa.
—por fin te callas, majestad— soltó Haruka con ironía moviendo la espada dentro de la cavidad provocando un crujido. El rey insurrecto por fin había muerto. Haruka abrió un ojo, al fin…su trabajo estaba terminado y sin ninguna baja innecesaria…
El retumbar de la tierra la hizo voltear, había hablado demasiado rápido. Claro, el rey era un sucio tramposo, era lógico que su ejercito no respetara el acuerdo sagrado. Los soldados enemigos se encontraban ahora a unos cientos de metros de ella, miro con satisfacción como su legión también corría hacia ella, dispuestos a entablar la lucha. Con una calma inaudita Haruka comenzó a caminar hacia sus hombres y alzo la espada era su código para que los arqueros que habia escondido en los alrededores rociaran al enemigo por los flancos.
Sus soldados estaban a unos metros de ella y con el puño llevo su brazo a un lado de su cabeza. Señal de que quería que pelearan sin matar a tantos.
Tenia la paciencia colmada. Los quería vivos a todos para llevarlos a un campo de trabajo y hacerlos sentir el infierno en la tierra durante muchos años. a su alrededor se desato un verdadero caos. Los gritos y los sonidos de espadas chocar se hicieron presentes, ella solo se limito a caminar lo mas profundo entre sus tropas. A veces algún incauto soldado enemigo se le atravesaba y ella en un abrir y cerrar de ojos se encargaba del estorbo.
—¡comandante! ¡comandante…aquí! —
Haruka se giró a su capitán quien le llevaba su hermoso caballo blanco un rarísimo y costoso animal con muy pocos ejemplares en el imperio. Haruka se subió en el animal, el capitán le tendio un cuero lleno de refrescante agua. Con mucho cuidado; Haruka tomo un chorro para limpiarse los ojos. Al fin rodeada de su guardia personal y con una posición elevada pudo al fin ver la actividad en el campo de batalla. El enemigo era menor que el, pero se estaban arriesgando en una maniobra de tenaza que bien podría costarles la vida a muchos de sus hombres.
—de la orden de soltar a los sabuesos, capitán—
El subalterno clavo su pie en el suelo con fuerza en señal de obediencia y salió disparado a soltar una flecha con una bandera roja en ella. bien, su factor sorpresa no tardaría en llegar, ahora su deber era dividir la formación enemiga para hacer la victoria mas fácil. Haruka alzo su espada.
—¡guardia! ¡al ataque! — declaro lanzándose al frente.
A partir de ahí la lucha fue en realidad demasiado rápida. Los soldados extra llegaron por atrás tomando por sorpresa al enemigo quien para ese entonces ya tenía su formación destruida y sus tropas tan dispersas que se rindieron en cuestión de minutos. Una victoria tan patética. A Haruka le costaba creer que el reino de Elba les ofreciera una resistencia de tantos años a un imperio tan poderoso.
Pronto el caballo de la comandante Haruka Tenoh caminaba en un paso orgullosamente lento irguiéndose victorioso al igual que su dueña. A su alrededor sus hombres tomaban las pertenencias y armas de los contrarios que estaban lo suficientemente muertos o desmembrados e imploraban por piedad, los que aun conservaban la vida y sus heridas no eran de gravedad eran tomados por prisioneros y encerrados en unas gruesas jaulas de metal donde los llevarían a que se curaran y después encerrarlos al servicio de la gran emperatriz cuyo Imperio era el único legítimo en todo el ancho mundo y otra vez estaba demostrado.
Haruka se bajó de su caballo asqueada de tener tanta sangre encima de ella. Busco a su subalterno entre los gritos agónicos de los caídos.
—¿Cuántas bajas capitán Kirk? —
El hombre saco su espada con respeto y la llevo hacia su pecho con gran fervor, ese saludo que era correspondiente para el oficial de mayor rango de la legión.
—para los Elbaneses alrededor de unas doscientas, mi comandante— dijo con respeto— nosotros hemos perdido a diecisiete…aun no terminamos la cuenta—
—bien, termine de contarlos y envíeme la lista a la mayor brevedad posible. No remate a los soldados enemigos y esclavícelos a todos, se ha dado la orden directa de llevarlos al campo de Romanda sin atención médica, los que mueran desangrados serán quemados al llegar. Pídale a diez hombres que busquen mi armadura y mi escudo. Los he dejado por ahí…le dejo encargado todo, iré a lavarme —
El capitán que era un hombre de gran altura y poderosos músculos sonrió a su comandante.
—¿demasiada sangre de Larias* en su cuerpo? —
Haruka hizo una mueca de asco mientras miraba su impecable ropa bañada en líquido espeso y rojo, se miró algunas heridas en sus brazos mezclándose con la sangre de esos indeseables. Le recorrió un escalofrió de desagrado.
—más que suficiente diría yo, no soporto la sangre de esos subhumanos en mi cuerpo. — dijo subiendo al caballo con violencia. — ¡apúrese en cumplir la orden! —
—enseguida mi comandante— dijo dócilmente el oficial haciendo una respetuosa reverencia
Para cualquiera sería extraño ver a una mujer tan alta y delgada gritarle así a un hombre de gran altura y músculos como era el capitán. Pero era bien sabido que, entre todo el cuerpo militar del imperio; la comandante Haruka Tenoh a pesar de no gozar de notables músculos, era capaz de someter a cualquier enemigo en un combate cuerpo a cuerpo. Su rapidez y el dominio de sus extremidades eran legendarios. Tal era su fama que existían increíbles rumores de que la comandante era capaz de sostener un duelo en igualdad de condiciones con la Suprema General Setsuna Meioh, la soldado más poderosa del Imperio.
La rubia Tenoh se consideraba una soldado con gran poder. Algunos murmuraban que estaba entrenada para matar, y esos pensamientos eran ciertos. Después de todo la gran emperatriz la tomo bajo su protección y había sido entrenada arduamente en distintos tipos de combate desde que era una niña. Y conforme avanzo su educación militar fue instruida en el fino arte de la estrategia. Es por eso que nadie se atrevía a cuestionar que ella era una "suprema general de las sombras"
En el ejército del imperio existen nueve puestos que eran el máximo cargo de las tropas; "el supremo general" un verdadero honor reservado para los nueve soldados más letales de todo el imperio. Desde que inicio la guerra con el reino de Elba dos supremos habían muerto y los puestos llevaban años libres, el imperio aun no había nombrado a los dos nuevos supremos que iban ocupar las vacantes.
Para todos los habitantes de Runey no había duda alguna; ella siempre fue la digna merecedora del cargo, haruka llevaba esperando la carta durante mucho tiempo, era la elección mas natural, era una famosa guerrera, una excelente estratega, una duelista con presencia en el frente desde hace años y la alumna mas notable de la suprema Setsuna Meioh. Pero al parecer el consejo del imperio aun no decidía entre todas las opciones. Por eso haruka fue llamada por el pueblo "la suprema de las sombras" porque sabían que era merecedora del cargo, pero el nombramiento parecía nunca querer llegar.
Arribó a su tienda de campaña donde se encontraba su esclava personal que en cuanto la vio se acercó silenciosa a llevarle los cuencos de agua suficientes para lavarse. Haruka sin ningún pudor comenzó a quitarse la ropa sin siquiera mirar a la esclava.
Pero en cuanto entro una soldado a su tienda sin previo aviso, la chica se sobresaltó tirando el preciado líquido. Haruka al fin poso sus furiosos ojos en la esclava. De una patada la tiro al suelo y le propino un tremendo puñetazo que le abrió los labios, la esclava emitió un quejido de dolor.
—perdóneme superior yo… — comenzó venciendo el dolor para pedir disculpas por su gravísimo error, en el frente no había nada más valioso que un jarro de agua, las leyes del imperio eran muy claras, la pena de muerte se podría aplicar sin problema para aquel que desperdiciara cualquier gota del escaso y vital líquido. Cuando se trataba de una gran cantidad como la jarra que acababa de derramar, el castigo era quince días de torturas antes de ser asesinada. Y eso los ciudadanos lo cumplían al pie de la letra, aun mas los militares que luchaban sin cesar por conseguirla—iré por más—
—más vale que te apures…¡estúpida! — grito con furia agarrándola de los cabellos y aventándola de la tienda. Se dirigió a la chica inoportuna de cabello negro que había interrumpido —¿y tú qué?...debería darte patadas a ti también por entrar sin llamar— regaño a la chica que se agachó sumisamente; en reverencia.
—discúlpeme mi comandante Tenoh, no vuelve a suceder…—
—¿Qué deseas? Quiero lavarme— explico con desgana. La chica se levantó y le entrego un sobre membretado y sellado por el mismísimo supremo general de las fuerzas imperiales—¿es lo que creo que es? —
—así es mi comandante, ha llegado el sobre para su promoción—
—vaya, ¡al fin llego! Sinceramente ya no esperaba esta carta. Creí que elegirían a algún militar estúpido de escritorio, como esos que abundan en estos tiempos. ¡que diablos! Pensé que el imperio elegiría a algún Laria como supremo antes que a mí —
La chica sonrió sin nada de humor, le resultaba incomodo tratar con esos soldados tan enfrascados en la guerra y la muerte como era aquella famosa militar que tenía enfrente. Según lo que sabía Haruka Tenoh era una mujer que solo vivía para lucha, y el ver como trataba a los esclavos era prueba suficiente para ella de saber que era uno de esos fanáticos militares que estaban ciegos con el poder y la superioridad racial.
—eso es por sus extraordinarias habilidades para la lucha mi comandante, un militar de su categoría es lógico que ascienda rápidamente como la espuma. —
—claro, claro— exclamo Haruka revisando el sobre, y leyendo la misiva, pero de inmediato una mueca de disgusto surco su rostro y miro la carta con hastió— vaya, las desventuras que tiene una que pasar—
—¿malas noticias? —
—quieren que me encargue de tomar bajo mi protección al noveno supremo que también ha sido elegido ¡pero si tiene dieciséis años! ¿quién es esa teniente a la que también le tendré que cambiar los pañales? —
La chica en cuestión se cuadro de inmediato.
—Teniente hotaru Tomoe, es un honor mi suprema—
—¿ah? ¿TÚ?... Supongo que eres una mortífera guerrera ¿Cuáles son tus hazañas en batalla? —
—yo…he estado ayudando en la capital como…la mayor parte de mi carrera militar ha consistido en el departamento de investigación y…—
—ah mira nada más, un cerebrito burocrático por alumna— se burló Haruka— Agarra tus cosas que nos vamos—
—¿nos vamos? ¿A dónde? —
—a la capital…— haruka avanzo hacia la entrada de su tienda de campaña y levanto la tela indicándole a hotaru que se fuera—en veinte minutos nos vamos, date prisa.—
Continuara…..
NA: LAMENTO LA DEMORA, ESTOY BIEN Y CON SALUD. PERO LAMENTABLEMENTE NO TODOS MIS SERES QUERIDOS HAN CORRIDO CON ESA SUERTE.
ESTOY ATRAVESANDO UNA DEPRESION QUE ME HA DEJADO SIN ESCRIBIR DURANTE TODO ESTE TIEMPO. CONTINUO EN LA LUCHA DE RETOMAR ALGO QUE HE AMADO DURANTE MUCHOS AÑOS DESDE QUE ERA UNA NIÑA. PERO CONFORME AVANZA MI VIDA CADA VEZ ES MAS DIFICIL PARA MI.
HOY LES TRAIGO ALGO EN LO QUE TRABAJABA EN ENERO DEL 2020. POR QUE ES TODO LO QUE TENGO PARA DAR. SOLO ME QUEDAN BOCETOS, ESTRUCTURAS Y ARCOS EN UN DOCUMENTO DE WORD. PERO LA INSPIRACION Y LAS GANAS PARECEN HABERSE ESFUMADO DE MI.
LARIAS : Es el termino con el que los ciudadanos del imperio se refieren a los pueblos vencidos que han sido esclavizados y que consideran inferiores a ellos.
