Una Tarde Cualquiera

Por: Escarlata

Precure le pertenece a Toei, el plot es mío

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Lo último que Honoka esperaba encontrar detrás del edificio cercano a la cancha de lacrosse, era a una malhumorada Nagisa. No estaba con el resto del equipo practicando. No fue necesario acercarse demasiado para darse cuenta que estaba molesta. Su mejor amiga tenía el ceño fruncido, sujetaba su red de lacrosse con ambas manos mientras permanecía sentada e inmóvil contra el muro del edificio, tenía las piernas totalmente estiradas y con apósitos en las rodillas. Parecía una estatua. Y ese ceño fruncido no le pasaba de largo a nadie. Su cuerpo mostraba señales de que había rodado por el suelo como solía hacerlo durante las prácticas, incluso tenía algo de pasto en el cabello, todo apuntaba a que hasta hacía escasos minutos había estado practicando.

Y ahora estaba ahí, con el ceño fruncido, la quijada tensa y los puños apretando su red.

Antes de decidir lo siguiente que iba a hacer al respecto de esa situación, notó que Mepple hacía acto de aparición justo frente a Nagisa.

─¡No debes dejar que eso te afecte-mepo! ─fue lo primero que escuchó de la boca del pequeño héroe.

─Déjame en paz, Mepple ─respondió Nagisa con un suspiro cansino─. En serio no estoy de humor para escucharte ─ni siquiera lo miró.

─¡Nagisa, tú eres la gran Cure Black, no debes dejar que...!

─¡Mepple, es en serio, basta! ─y ahora sí le miró y el pequeño ser respingó al notar, más que el enojo sincero de Nagisa, sus ojos enrojecidos.

Antes de que la situación escalara más, Honoka sacó a Mipple del bolsillo de su bata de laboratorio. La pequeña princesa también vio lo mismo que Honoka y miró a ésta en espera de sus indicaciones. Una mirada bastó para que ambas se pusieran de acuerdo, era una de esas ventajas de ser compañeras con una relación más afable y menos brusca a comparación del otro par.

─Por favor, Mipple ─le pidió en voz baja y la dejó tomar su forma normal.

─Entendido-mipo.

Ambas se acercaron casi con gentileza al otro par, quienes no las notaron si no hasta estar a escasos dos metros de distancia. Nagisa y Mepple les miraron. El gesto de la deportista cambio al de uno de sorpresa, al menos por un par de segundos antes de volver a su estado de enojo y mirar a un lado. Honoka sonrió, sabía perfectamente bien el porqué de sus reacciones.

─Ven, Mepple ─dijo la princesa con una voz baja y amable, tomó su mano y lo llevó a unos arbustos cercanos donde no pudieran verlos.

Apenas tuvieron privacidad, Honoka se sentó junto a Nagisa y... No dijo nada. Lo que sí procuró fue quedar pegada de su compañera, prácticamente hombro con hombro. Para Honoka era obvio lo que necesitaba Nagisa. Luego de pelear juntas por dos años y pasar casi uno extra en paz y disfrutando de la paz que su triunfo les mereció, ya conocía como la palma de su mano los modos y las reacciones de Nagisa. ¿Cómo no conocer esos detalles si siempre ponía atención a la chica que amaba?

La chica que amaba, por cierto, eran tan hermosamente torpe que no notaba el enamoramiento que sentía por ella, pero Honoka no la culpaba. Nagisa era distraída y ella misma muy discreta.

Pero no era el momento de pensar en ello, lo que importaba en ese momento era que Nagisa se sintiera mejor y volviera con sus compañeras a la cancha. Conocía a Nagisa y Nagisa no se rendía, eso sólo era un tropezón. Lo mejor que podía hacer por ella era eso, estar a su lado. Le hubiera tomado al menos una mano, pero por la posición ajena eso no era posible, Nagisa seguía fuertemente aferrada a su red de lacrosse.

Sólo restaba esperar.

Por su lado, Nagisa mantuvo su posición y su enojo aprovechando la oportunidad que Honoka le dio. Aún vestía su bata de laboratorio, alcanzó a notarlo. Ese día ambas tenían el mismo horario de club, así que el plan era verse apenas terminaran para ir juntas a casa de Honoka a estudiar y pasar el rato. Verla un poco antes la descompuso, se supone debería estar en el laboratorio pero no, estaba ahí con ella y de alguna manera lo agradecía.

Amaba a esa bola de pelos molesta de Mepple, pero a veces sus palabras de aliento no eran las mejores ni las más gentiles. Y si bien era cierto que más de una vez sus bruscas palabras le habían regalado claridad a la cabeza, ésta vez no necesitaba rudas palabras de ánimo.

Necesitaba calma y esa calma se la estaba dando Honoka justo en ese momento.

El silencio no era incómodo, su presencia (por supuesto) tampoco lo era. Podía sentir su hombro, podía sentir su calor, podía percibir un leve aroma a quemado que al menos la hizo sonreír por dentro. Honoka siempre se las arreglaba para explotar algo de maneras inesperadas, o al menos eso contaban las chicas del club y Honoka siempre se mostraba orgullosa de sus pequeños desastres, un paso más al éxito según sus propias palabras. ¿Qué estaba haciendo ahí? Quería preguntarle, pero su cabeza estaba revuelta por culpa de lo sucedido en la práctica.

Las alumnas de tercero era buenas jugadoras, pero muchas de ellas estaban ausentes la mayor parte del tiempo debido a sus exámenes de admisión a la universidad.

Una de las mayores, no sabía si por estrés, frustración o cualquier otra cosa que le sucediera, estaba siendo demasiado brusca con las jugadoras novatas que en su vida habían tenido en manos una red de lacrosse. Era cierto que al menos la mitad de las nuevas del equipo eran las mismas del equipo de secundaria, no faltaban las que entraban por mera curiosidad y se notaba que apenas estaban aprendiendo.

Y esa alumna mayor ya había casi lastimado a al menos un par de ellas, una casi lloraba y Nagisa se enfadó. Le pidió que no fuera brusca con las demás, le recordó que eran un equipo y que el punto era divertirse mientras jugaban. Lamentablemente sus palabras no hicieron el efecto que esperaba. Las amigas de su superior se unieron contra ella, la capitana del equipo fue a calmar los ánimos, pero lo que descompuso a Nagisa era que le llamaran la atención por echarle leña al fuego.

Por alguna razón ella se llevó más regaños que las de tercero y eso la enfadó. Se disculpó para ir al sanitario y salió corriendo, ignorando los llamados de sus compañeras.

Con Shiho en el club de cine, cosa que no tenían en secundaria, y Rina que decidió cambiar de aires y unirse al Consejo Estudiantil para hacer más méritos, Nagisa estaba por su cuenta. Normalmente ellas dos ayudaban muchísimo a aligerar el ambiente, pero ahora era complicado, no era como en secundaria.

La manera que Nagisa tenía de lidiar con esos enfrentamientos era prácticamente evitándolos, eso hizo, tomó distancia para acomodar sus ideas pero seguía enfada y...

Y justo llegó un ángel a calmarla con su simple presencia y su silencio.

Conforme pasaban los minutos, los músculos de Nagisa se destensaban, en algún momento dejó de apretar su red y sus manos al fin se relajaron. Dejó su equipo a un lado y sus manos se aferraron a su propia camiseta, ésta vez con menos fuerza. Seguía pensando en esa alumna de tercero, podía ver su gesto de superioridad y de rudeza, en su cabeza se repetía esa escena donde empujó con todo el dolo y ventaja posible a su compañera de primera año.

No era parte de la jugada, la chica ni siquiera tenía la pelota, lo hizo sólo porque sí.

Pensar en ello, de nuevo, hizo que sus manos se apretaran.

Suspiró hondo para tratar de calmarse. ¡Detestaba esos enfrentamientos! No era como pegarle un puñetazo a la oscuridad en la cara. No le gustaba pelear contra compañeras, no le gustaba discutir, ¡detestaba ese tipo de situaciones! Y por esa misma razón no abría la boca, estaba enfadada y lo último que quería era decirle algo fuera de lugar a Honoka. Pero su mejor amiga supo acercarse y supo cómo quedarse.

Apretó los párpados y suspiró hondo, ojalá pudiera quitarse el altercado de la cabeza y...

¿Y acaso se nubló? Algo le tapó la luz del sol.

Al abrir los ojos, lo primero que vio fue el suéter escolar de Honoka, también su bata. Honoka estaba sobre su regazo con una rodilla en cada costado de sus piernas y sin cargarle su peso, de frente y de pronto la abrazó contra su pecho. Nagisa apretó los ojos y simplemente se dejó hacer. Se sujetó a su bata mientras los brazos de Honoka le rodeaban la cabeza y los hombros respectivamente.

Volvió a suspirar.

Bien, ahora podía concentrarse en otra cosa, como en el aroma de la ropa de Honoka, lo suave de su pecho y las caricias que le estaba prodigando en el cabello con marcado cariño.

Ninguna decía nada y era como si no fuera necesario.

Por su lado, Honoka no estaba muy segura de cómo se atrevió a tanto. Simplemente le nació. De verdad quería abrazarla para darle más calma. No podía tomar sus manos en la posición en la que estaba Nagisa, así que se dejó llevar. No cargaba todo su peso en ella, tampoco que quisiera cansarla más de lo que debía estarlo, pero no pudo pensar mucho en ello. Nagisa la rodeó por la cintura con ambos brazos y la invitó a acomodarse bien sobre sus piernas. No quería que se lastimara en esa posición.

La joven científica se sonrojó. No era el momento de pensar en lo bien que eso se sentía, sólo quería que Nagisa recuperara sus ánimos y, al menos por sus reacciones, lo estaba logrando.

Nagisa volvió a suspirar. Dejando de lado el aroma a quemado que tenía un poco sobre la ropa, podía sentir bien todo lo demás. Todos sus sentidos se llenaron de Honoka, tenía las mejillas ardiendo y el corazón acelerado. La escena del altercado con la alumna mayor fue sustituida por Honoka, su enojo, su frustración y todo poco a poco quedaba de lado porque Honoka se hacía de esos espacios en su cabeza dura.

Suspiró una tercera vez y se pegó más al pecho ajeno, ¡era tan suave!

Honoka también suspiró.

No pasó mucho para que Nagisa al fin hablara.

─Gracias, Honoka.

─No tienes nada qué agradecerme.

Ambas sonrieron.

─Debo volver al entrenamiento y... Ah ─no que quisiera, pero tuvo que hacer distancia para poder verla a la cara. Notó roja a su amiga y sabía que ella misma lo estaba también. Se aclaró la garganta─... ¿Y tú qué haces fuera del laboratorio? ─preguntó con tono jocoso, más recuperada.

─Iba por unos documentos a la sala de profesores ─respondió mientras se encogía de hombros.

Nagisa se echó a reír. ─Mejor termina tu recado, anda ─le dio un apretado abrazo más antes de soltarla─. Gracias en serio... Ah, ¿te cuento cuando vayamos a tu casa?

─Si así lo deseas, sabes que te escucharé ─respondió Honoka con dulzura. Sacó su pañuelo de su bolsillo y le limpió un poco las manchas de la cara, luego de eso la tomó por las mejillas─. Mete algunos puntos de mi parte.

─Todos los que quieras ─respondió Nagisa con recuperada fiereza.

Se pusieron de pie, Nagisa se sacudió la ropa y se miraron una última vez antes de seguir cada quien con lo suyo. Nagisa no podía creer cómo era que un simple gesto cómo ese le devolvió toda la calma. Honoka era mágica, Honoka era suave, Honoka la conocía, Honoka la quería... Y ella la quería desde luego, no podía imaginarse en un escenario sin ella a su lado. Todo lo malo que le pasara no era tan malo luego de recordar todo lo que había enfrentado con su compañera. Comparado con eso, una chica de tercero malhumorada no era nada. Honoka se lo recordó con un simple abrazo. Le sonrió de manera amplia.

─¡Nos vemos a la salida, Honoka! ─y una recuperada Nagisa besó la mejilla de su compañera en un arranque de emoción y de agradecimiento.

Honoka se dejó llevar y giró apenas el rostro permitiendo un leve roce mutuo. Ambas se sonrojaron, se separaron y sonrieron.

─Nos vemos a la salida, ¡ánimo, Nagisa, enséñales de qué estás hecha!

─¡Y tú no explotes nada más, pude oler humo en tu ropa! ─soltó una risa ante el fugaz gesto de sobresalto de su compañera─. ¡Mepple, bola de pelos, ven acá!

─¡Mipple, vamos, terminemos el recado!

Las hadas se reunieron con sus respectivas compañeras luego de una veloz despedida. Ninguna miró atrás, no había necesidad si se iban a ver de nuevo en un rato más.

Esa tarde prometía terminar bien.

FIN