Mi guerrero
(one shot)
.
.
Los nombres de los personajes no me pertenecen, están basados en los personajes de la serie Ranma .
Fanfic elaborado para la convocatoria: #Sextember2 de la página de Facebook "Fanfics y fanarts de Ranma Latino"
¡Gracias por la invitación! ¡Gocen la lectura!
.
El pergamino
(Parte I)
.
Hace un mes que vivo sola en el pequeño departamento que compré en uno de los mejores edificios de Tokio.
Akari, mi vecina y mejor amiga desde que me mudé, logró convencerme de salir de mi "cueva" para ir a dar una vuelta por los locales cercanos y así distraerme un poco de mi abrupta ruptura amorosa con mi ex-novio Shinnosuke.
Sintiéndome enferma por recordar mi estresante y ahora inexistente vida amorosa, Akari me jala la manga del abrigo y me obliga a entrar a un local repleto de artículos extraños.
Creo que es una especie de tienda esotérica.
—Buenas noches jovencitas, ¿Buscaban algo en especial? —nos pregunta la dependienta, una mujer pequeñita ya entrada en años.
Akari me señala con la cabeza y acercándose al mostrador, le dice a la señora:
—Mi amiga acaba de terminar con su novio y busca venganza, ¿tendría algo que pueda servirle... como una pistola o un rifle?
Me acerco con molestia hasta llegar a mi "amiga" y le doy un (no tan suave) golpe en su brazo.
—¡Akari! —exclamo molesta.
La peli-verde me mira divertida mientras se soba la parte golpeada y dice:
—¿Qué tiene de malo? Las tres somos mujeres y entre nosotras debemos apoyarnos en estos casos...
Ruedo los ojos y miro apenada hacia la anciana.
—Disculpe por molestarla... ¡Vámonos, Akari! —murmuro mientras la jalo hacia la puerta.
—¡Esperen jovencitas, no se vayan! —exclama la mujer sobresaltada—. Tal vez no tenga algo así, pero... ¿Por qué no le echan un vistazo a las cosas que hay en la tienda? Tal vez encuentren algo que les agrade...
Akari se gira en mi dirección y haciendo un tierno puchero, dice:
—Anda, Akane... Ya estamos aquí y probablemente encontraremos algo bonito e interesante.
Suspiro desanimada, pero la libero de mi agarre.
Akari brinca emocionada y se aleja para observar los artículos que hay en un pequeño estante pegado a la pared.
Me quedo cerca de la puerta y observo con desinterés hacia una pequeña mesa que se encuentra a mi derecha.
Mi mirada viaja a través de los diferentes artículos, pero se detiene de manera curiosa cuando observo una pequeña caja rectangular de cristal.
—¿Encontraste algo que te llame la atención? —inquiere la anciana, asustándome por su repentina aparición.
—... Sí —exclamo tras recuperarme del susto—, ¿por qué ese pergamino está en una caja? —pregunto con un poco de curiosidad.
La anciana sonríe, levanta la caja de cristal que le señalé y murmura algo incomprensible.
—¿Qué ha dicho? —inquiero con duda.
La anciana me observa y vuelve su vista hacia la caja, hablándole de nuevo (como si tuviera una conversación con ella).
Giro el cuerpo y pretendo alejarme de ahí, cuando la mujer se gira y comienza a hablarme:
—Es un poco extraño que hayas notado este artículo, muchacha. Desde hace años he intentado venderla... creo que finalmente eligió a su legítima dueña.
—Claro... —murmuro poco convencida antes de volver a intentar alejarme.
La anciana agarra la manga de mi abrigo y me lleva con ella hasta su mostrador.
Akari nos observa caminar y deja en el estante lo que estaba sujetando para acercarse y escuchar lo que la anciana tenía que decirme.
—Esta caja contiene un pergamino encantado y solo la persona elegida por este objeto podrá liberar al hombre que se encuentra atrapado en el pergamino.
—¿Hombre atrapado? —murmura Akari observando el objeto, sorprendida.
—Fue hace mucho tiempo, pero el hechizo aún funciona...
No puedo evitar bufar e interrumpirla.
—Déjeme ver si entendí, abuela... está diciendo que por el simple hecho de que ví la caja en aquella mesa, ¿Automáticamente me convertí en la persona correcta para romper el supuesto hechizo que tiene ese objeto?
—Así es, tú has sido elegida.
—¡Okey! —exclamo con fingida alegría —. Me voy a casa —le indico a Akari con seriedad mientras me giro hacia la puerta.
Ella me detiene a medio camino y me arrastra de vuelta, obligándome a terminar de escuchar a la anciana.
—¿Qué clase de hechizo es aquel, abuela? —pregunta Akari con curiosidad.
La anciana nos mira dudosa y se torna un poco triste su mirada cuando sus ojos se posaron en mí.
—No, tal vez no es el momento adecuado para contar la historia... —exclama la anciana con lástima.
—¡Lo ves, Akari! —murmuro intentando liberarme del agarre que mi amiga tiene sobre mi brazo.
—Pero... abuela, usted dijo que el objeto había elegido a mi amiga para que libere al hombre atrapado. Si es algo que deba hacerse, yo misma me aseguraré de que suceda y...
—Oye, Akari, ¿no crees que te estás pasando un poco de la raya? —pregunto con molestia.
La anciana suspira y mira hacia la caja con tristeza.
—No... será mejor que se vayan, jovencitas —murmura la anciana llevando la caja hasta la mesa donde la había agarrado y abriendo la puerta por nosotras—. Gracias por su visita.
Akari suspira desilusionada antes de soltarme. Ambas caminamos hacia la salida.
Antes de que saliera por la puerta del local, la anciana me detiene y con una mirada llena de esperanza me dice:
—Vuelve cuando te sientas lista, este artículo te estará esperando.
~.
Ya pasó una semana desde aquella noche.
He soñado en varias ocasiones con la caja de cristal y de vez en cuando con un hombre atractivo de ojos azules y de cabello negro (sujetado por una larga trenza).
Cansada de sentirme tan inquieta, decido que hoy será el día en que vaya a esa tienda y compre la estúpida caja. Tal vez, si lo hago, finalmente deje de sentir esta sensación de deseo reprimido y anhelo.
Me pongo mi abrigo, tomo las llaves de mi departamento y salgo por la puerta.
.
—¡No puede ser! —exclamo con incredulidad, cuando leo por quinceava vez el muy desgastado letrero que tiene la cortina del local.
"Esta propiedad ha sido embargada por el banco desde marzo del 2000"
¡¿Cómo diablos es eso posible, si vinimos aquí hace solo unos días?!
Doy un paso lejos de la propiedad (ya que la gente comienza a observarme de manera extraña) y camino de vuelta a mi departamento.
—Era la dirección equivocada… —afirmo en voz baja mientras entro al edificio.
Antes de subir el último tramo de escalones para llegar a mi piso, escucho la voz de mi mejor amiga:
—¡Oh, Akane... Al fin llegas! —exclama con alivio, bajando algunos escalones.
—¿Qué pasa? —pregunto confundida.
—Alguien envió un paquete para tí, pero como no estabas tuve que recibirlo yo y pasó algo super extraño. Estaba por meterme al departamento para guardarte la caja y cuando me giré para meterla en la casa, el paquete se hizo super pesado y como no aguanté el peso se me cayó al piso... No he podido levantarlo de la entrada y me estaba preocupando porque ya tenía media hora intentando moverla y esperando a que aparecieras...
—Está bien, Akari, no te preocupes. ¿Dónde dices que está el paquete? —pregunté mientras sacaba las llaves de mi departamento y terminabamos de subir por la escalera.
— Está ahí, frente a... tu ¿puerta? —exclama confundida.
Miro hacia la entrada de mi departamento y noto el pequeño paquete que hay sobre la alfombra del pasillo.
—Akane, te juro que el paquete estaba frente a mi puerta...
Suspiro y camino hasta mi departamento para abrir la puerta.
—Está bien, Akari. Gracias por recibir mi paquete.
Mi amiga asiente y sin apartar la vista de mi paquete, camina hasta su departamento (la puerta contigua a la mía) y dice:
—Si necesitas algo, estaré en casa.
Abro mi puerta y, bajo su atenta mirada, me agacho para recoger la caja... por lo que dijo hace un momento creí que estaría más pesada.
—Okey —murmuro antes de entrar al departamento y cerrar la puerta detrás de mí.
Dejo el paquete en la pequeña mesa de la sala y me dirijo al baño para lavarme las manos.
Cuando regreso a la sala, me quito el abrigo y me dejo caer en el sillón para observar desanimada hacia la nada.
—¿Y ahora cómo conseguiré esa caja de cristal? —pregunto en voz alta.
Contemplo el paquete por un segundo y me levanto del sillón.
Me dirijo a la cocina por unas tijeras para abrir el paquete y cuando regreso, me detengo confundida en la entrada de la sala...
"¿Ya había abierto la caja?" pienso sorprendida cuando noto que la tapa estaba levantada y su cinta de seguridad se encontraba doblada junto a ella.
—Veamos que hay adentro—murmuro restándole importancia y sentándome nuevamente en el sillón.
Me acerco a la caja, saco un poco del papel burbuja que tiene el paquete y noto que hay un pequeño sobre con mi nombre escrito en él.
Lo abro y me encuentro con una pequeña nota que dice:
"Querida niña, no pude avisarte que me iría de la ciudad. Sé que no nos conocemos, pero quise entregarte el artículo antes de irme... Espero que sean muy felices"
Extrañada por el contenido de la nota, dejo el papel en la mesa y meto la mano en la caja de cartón. Mis dedos tocan una superficie fría y cuando la saco a la luz...
—¡¿La caja de cristal?! —exclamo sorprendida al sostener el artículo en mis manos.
Estoy a punto de abrirla cuando escucho el constante sonido del timbre de mi departamento.
Meto las cosas dentro de la caja de cartón y camino hacia la entrada del departamento.
—Si, ¿dígame? —contesto por el interphone.
—Buenas tardes, vengo de la compañía Alitas, estamos ofreciendo un seguro a la vivienda para los habitantes de este edificio... ¿Tendrá unos minutos para hablar?
—Discúlpeme, señor, pero en este momento estoy ocupada —respondo rechazándolo.
El hombre insiste un poco más, pero al no recibir respuesta de mi parte deja de intentar comunicarse.
Suspiro y regreso a la sala.
Saco lo que había guardado, abro la caja de cristal y desdoblo una hoja que se encuentra sobre el pergamino enrollado y noto que tiene algo escrito:
"Hace muchos años, durante la época antigua, existió un guerrero con los atributos que cualquier hombre dedicado a la guerra podría tener, su nombre era Ranma Saotome.
Desde su nacimiento, Ranma había sido entrenado por su padre para proteger y servir a su pueblo, por lo que rápidamente obtuvo un alto cargo en el ejército, convirtiéndose en el joven guerrero más codiciado por las féminas de su aldea y el foco principal de envidia de sus compañeros.
Una mañana, después de regresar de una ardua batalla en las tierras del norte, sus compañeros decidieron tenderle una trampa al guerrero, llevándolo a la aldea vecina para "celebrar su victoria en el campo de batalla" y ponerlo en ridículo frente a sus superiores. Pero los guerreros no contaron con que ese día Ranma se apartaría de ellos y conociera a la hija menor del principal terrateniente de esas tierras, quien días más tarde, se convertiría en su mujer y su principal razón de vivir.
Ranma, al ser solicitado en más de una ocasión para cumplir con su deber, sabía que algún día podría perder la vida en el campo de batalla y, al amar tanto a su esposa, logró convencerla de ir con un poderoso hechicero para ayudarlos a crear un pacto de amor eterno, convirtiendo un viejo pergamino en el único medio para poder cumplir su promesa de reencontrarse a través de las diferentes reencarnaciones que tuviera el alma de su mujer.
Una vez elaborado el pacto, el hechicero nombró a su mejor aprendiz "guardiana de la promesa", asignándole la tarea de que cada vez que la mujer del guerrero reencarnara, debía buscarla y, con la ayuda de la caja, entregarle el pergamino para que se realizara la invocación.
He aquí, el preciado pergamino de la historia, que le servirá a la mujer reencarnada para invocar el alma del guerrero..."
Doblo la hoja cuando termino de leerla y saco el pergamino de la caja de cristal. Desato las cintas y comienzo a extenderlo.
En cuanto lo hago, me levanto del sillón y cubro mi boca llena de pánico... En el pergamino está el retrato de una pareja, la mujer era hermosa, pero el hombre... ¡Es el mismo rostro con el que he estado soñando!
Camino hacia la puerta, tomo mis llaves, celular, mi abrigo y salgo corriendo de mi departamento.
~.
La invocación
(Parte II)
.
Sentada en la banca del parque, veo a Akari caminando con un vaso térmico de café y uno de té en las manos.
Ella me tiende el vaso de té y se sienta a mi lado para continuar con nuestra plática.
—Déjame ver si te entendí bien, Akane... —murmura confundida—. ¿Fuiste tu sola a buscar la tienda del otro día para comprar la caja?
—Sí.
—Y cuando llegaste al local, éste no estaba abierto.
—¡Ajá!, Incluso parecía que nunca estuvo funcionando el local.
Akari suspira y continúa preguntando:
—¿Abriste el paquete que recibimos esta mañana?
—Sí, contenía una nota, una historia y la caja de cristal con el pergamino hechizado.
—Finalmente... dices que cuando extendiste el pergamino, te diste cuenta de que tenía grabado el retrato del hombre con el que has estado soñando durante estos últimos días, ¿cierto?
—Sí.
—¿Sabes qué es lo que pienso, Akane?
—¿Qué?
—Creo que llevas guardando tanto estrés desde tu ruptura con Shinnosuke que ya comienzas a imaginar cosas.
—¡Akari, te juro que es verdad lo que te estoy diciendo! Además… ¿No eras tú la que estaba toda emocionada por escuchar sobre el hechizo de la caja?
—Mira, no es que no te crea, Akane, pero... ¿Almas enlazadas? ¿amores eternos? hasta yo que soy una romántica empedernida, no puedo tomármelo tan enserio.
—Pero...
—¿Sabes? Ya sé que es lo que necesitas...
—¿Qué?
—Tener una buena sesión de sexo para despejar la mente, a mí siempre me ha funcionado.
—¿Es en serio? ¡Esa es tu brillante solución a mi problema!—le regaño.
—¿Qué tiene de malo mi idea? Eres soltera y algo debes hacer para liberar toda esa tensión acumulada.
—Soltera o no, no deberíamos hablar sobre eso en la calle.
—Yo solo decía...
Suspiro y le doy un sorbito a mi té.
—Bueno, volviendo al tema, no veo cómo es que tu "brillante" idea resuelve mi dilema actual.
—Mira, si es cierto lo que dice el pergamino... eso de que podrás traer al mundo terrenal al hombre que aparece en el grabado... Haz la invocación y justo cuando ese bombón aparezca ¡Pum! aplicas mi idea, ¿qué te parece?
Me río de su comentario y me levanto de la banca.
—O simplemente, me dejo de estupideces, me deshago del pergamino, pongo mi mente en otra cosa y asunto arreglado —murmuro acercándome al basurero.
Akari tuerce el gesto, pero asiente.
—Será una lástima desperdiciar la oportunidad, pero es tu decisión.
Doy el último sorbo a mi vaso de té y tiro el vaso en la basura.
—Me iré a casa ahora... ¿No vienes?
—No, quedé con Ryoga para tener una cita y un poco de amor esta noche —murmura arqueando sus cejas.
—Bueno, disfrútalo entonces —murmuro dándome la vuelta y alejándome un par de pasos.
—¡Akane! —murmura Akari detrás de mí, deteniendo mis pasos—. Está bien si no te sientes lista para tener a otro hombre cerca, pero... si es cierto que los dos están destinados a volver a juntarse por su promesa de amor eterno… no quiero que vivas el resto de tu vida sola y con la duda de lo que pudo haber sido si lo hubieras convocado cuando surgió la oportunidad.
—Gracias Akari, lo pensaré.
—Okey... ¿nos vemos mañana?
Asentí y continúe mi camino a casa.
.
.
"Si es cierto que los dos están destinados a volver a juntarse por su promesa de amor eterno… no quiero que vivas el resto de tu vida sola y con la duda de lo que pudo haber sido si lo hubieras convocado cuando surgió la oportunidad".
—Maldita seas, Akari... ¡Ahora ya no es tan fácil tirar todo! —murmuro entre dientes mientras recojo el paquete del contenedor de basura y vuelvo a mi departamento con eso en las manos.
Dejo la caja en la mesa de la sala y me tumbo en el sillón.
Saco el pergamino de la caja de cristal y dándome un ligero golpe en la mejilla para concentrarme y dejar de ver el rostro del hombre, comienzo a leer lo que está escrito en la parte final del pergamino:
"Para convocar al guerrero, recita la siguiente frase dos veces:
Ni la vida ni la muerte podrán separarnos, porque mientras tu alma y la mía se reconozcan, siempre volveremos a encontrarnos" murmuro con suavidad.
—Parece que la querías mucho, Ranma —susurro observando nuevamente el dibujo del rostro del hombre.
Dejo las cosas sobre la mesa y me recuesto a lo largo del sillón.
Ya eran las ocho de la noche, me sentía tan cansada por estar pensando en la historia del pergamino, que ni siquiera me dí cuenta cuando me quedé dormida.
.
El sonido del reloj me despierta. ¿Ya pasa de la media noche?
Me levanto adolorida del sillón y me dirijo al baño.
Mientras me lavo los dientes, me pongo a murmurar lo que recuerdo del pergamino:
—Ni la vida ni la muerte... podrán separarnos...porque mientras tu alma y la mía se reconozcan... siempre volveremos a... ¿encontrarnos?, creo que era algo así... Bueno, como sea, ya es hora de ir a dormir.
Salgo del baño y me dirijo a mi habitación, me pongo la pijama y apago las luces.
Ahh… mañana, será otro día.
.
~.
Mi promesa
(Parte III)
.
La cama se mueve y siento que alguien se recuesta a mi lado, una mano cálida recorre desde mi seno izquierdo hasta mi pelvis y se adentra a mi zona íntima.
El aroma a almizcle y la aspereza de los dedos que acarician mi piel comienzan a despertarme.
Me acomodo mejor en la cama y siento una ligera ráfaga de aire frío sobre mi cuerpo... Estaba segura de que tenía mi pijama puesta.
Entre abro los ojos y lo primero que veo con la ayuda de los primeros rayos del sol, es un flequillo negro y debajo de él, un par de ojos azules mirándome con amor.
—Buenos días, esposa mía.
—¿Ranma? —susurro al recordar su nombre.
Él me sonríe y baja su cabeza para comenzar a depositar tiernos besos al inicio de mis pechos.
Los roces en mi clítoris aumentan y no puedo evitar arquear mi espalda cuando la primer descarga de placer me recorre el cuerpo.
—Te extrañé tanto, vida mía —susurra el hombre antes de acomodarse entre mis piernas y cambiar el roce de sus dedos por la punta de su erguido y desnudo miembro.
Otra descarga de electricidad me recorre el cuerpo cuando su pecho desnudo se roza con el mío y vuelve a hablar:
—Eres muy hermosa, te amo —susurra antes de acomodarse en mi entrada y penetrarme con suavidad.
El grosor y la dureza de su pene se siente tan bien que comienzo a gemir llena de deleite.
Ranma besa la curva expuesta de mi cuello y cuando llena totalmente mi interior, no puedo evitar rodear con mis piernas su cintura para mantenerlo en esa postura.
—Eres muy sensible a mis caricias —susurra orgulloso antes de volver a embestir y murmurar oraciones incomprensibles sobre la curva de mi cuello.
—Deja de susurrar y concéntrate.
Su risa silenciosa agita la cama.
—¡Ranma! —exclamo sorprendida justo cuando él mete mi pezón derecho en su boca y comienza a succionarlo.
Aplica la misma atención al otro pezón y apoya su peso en sus antebrazos para poder observarme.
Su mano derecha estruja mi glúteo izquierdo y se acomoda mejor para que la fricción entre nuestras intimidades toque los puntos correctos.
Casi llegando a la culminación, él nos gira sobre la cama, dejándome de rodillas sobre su eje y dándome la libertad para marcar el ritmo.
—¡Dios, eso se siente tan bien! —susurra extasiado mientras hago movimientos circulares con mi cadera.
Acaricio su bien trabajado torso con las palmas y me inclino para lamer sus pezones. Su piel es cálida y el sabor del sudor que perla su pecho me excita aún más.
Ranma gruñe y me sujeta con fuerza para aumentar el ritmo de nuestros movimientos.
Enderezco la espalda y apoyo mis manos sobre su abdomen, moviendo mi cuerpo de arriba a abajo, observándolo desde esta nueva postura, Ranma continúa recostado con los ojos cerrados y sus palmas firmemente colocadas en la piel de mi cadera.
Siento mis paredes comenzar a contraerse sobre su hinchado miembro y los dos comenzamos a gemir en voz alta cuando nos encontramos muy cerca del climax.
Ranma se sienta en el colchón y me mantiene unida a su cuerpo mientras siento los primeros efectos del orgasmo recorrer mi cuerpo y su tibio líquido comenzando a llenarme.
Fatigada por el ejercicio, apoyo mi cabeza en su hombro y siento sus manos acariciar a lo largo de mi espalda.
—Ranma... —murmuró con voz ronca.
Él besa mi frente y se aleja ligeramente para poder observar mi rostro.
—¿Qué tal estuvo? —pregunta satisfecho.
Obligo a mis brazos a rodear su cuello y acerco su rostro para darle un beso en los labios.
—Me ha encantado, pero mi alarma está a punto de sonar y debo regresar a la realidad.
Él levanta una ceja y sonríe de lado.
—¿Realidad? —pregunta divertido.
—Sí, ya casi es hora de despertar.
Ranma se muerde el labio inferior y mira con regocijo hacia donde nuestra entrepierna permanece unida.
—Mi vida, no necesitas a nadie ni nada más que a mí para que te despierten.
Acaricio su cuello y entierro mis dedos sobre la base de su larga y deshecha trenza.
—Me encantaría que así fuera, pero este es un sueño... un muy fogoso y maravilloso sueño.
Ranma sonríe divertido y sale de mi interior provocándome un poco de cosquilleo al hacerlo.
—No estoy entendiendo bien a qué te refieres, esposa mía... pero iré a la cocina para buscar algo de comer.
Me deja sobre el colchón y se levanta de la cama mostrándome su desnudez.
Escucho sus pasos por el pasillo y ahí es cuando reacciono... ¡¿Por qué él no ha desaparecido aún?!
Me pellizco el brazo y el miedo comienza a recorrer mi cuerpo...
¡Esto no es un sueño! ¡Él de verdad está aquí!
Salgo corriendo de la habitación y lo encuentro en medio de la cocina comiendo una manzana.
Mi cuerpo desnudo vibra de anticipación y mis pezones se endurecen con necesidad cuando observo su cuerpo y él me dirige una mirada cargada de deseo.
—Oye... ¿Podríamos hablar? —susurro cuando Ranma deja la manzana a medio comer sobre la mesa y da un par de pasos en mi dirección.
—¿Hablar? Eso es lo último que pienso hacer contigo, esposa mía.
Mi espalda choca contra la fría pared de la cocina y Ranma me acorrala con sus brazos.
Pongo mis manos sobre su pecho y él frunce el ceño desconcertado.
—¿Por qué no estás usando tu anillo?
—¿Cuál anillo?
Ranma sale de la cocina y yo lo sigo hasta la sala.
Levanta la caja de cristal y después de sacudirla un poco, sale un bonito anillo de plata.
Suspira aliviado y se gira hacia mí.
Sin poder evitarlo paseo mi mirada por su cuerpo y muerdo mi labio con deseo cuando noto que su miembro comienza a levantarse.
—Mi cara está arriba.
—¿Qué? — pregunto distraída.
—Creí que deseabas hablar primero —murmura acortando la distancia y toma mi mano izquierda con gentileza.
—Y así es... —murmuro tratando de enfocar mi mirada en su rostro.
—Tantas vidas reencarnando y la muerte sigue disfrutando el poner a prueba nuestro amor... —susurra colocándome el anillo—. ¿Cuál es tu nombre en esta reencarnación, vida mía? —me pregunta acariciando mi mano con suavidad.
—Akane —respondo entrelazando sus dedos con los míos.
La mirada de Ranma se oscurece, libera mi mano para levantarme sobre su hombro y cargarme por el pasillo hacia mi habitación.
—¡Dijiste que íbamos a hablar! —chillé sorprendida mientras me sujetaba de su cintura para no irme de pico al suelo.
—Primero voy a saciar el apetito de mi esposa y después contestaré todas sus preguntas.
Ranma me recuesta en la orilla de la cama y mientras está de pie, se introduce con rudeza en mi interior.
—Akane... esposa mía… vida mía... ¡Mía! —gruñe tras cada embestida.
Mis ojos se cierran cuando el placer que me provocan sus movimientos se vuelve insoportable.
—Grita tu placer Akane, quiero saber que lo disfrutas —gruñe antes de succionar la piel de la curva de mi cuello.
Hago lo que me pide y noto la diferencia al instante… mi cuerpo se siente menos tenso. Mis manos sueltan las sábanas para dirigirse a su dura espalda y mis piernas rodean su cintura para profundizar cada penetración.
Ranma mueve su boca hasta encontrarse con la mía y mientras nuestros labios callan los gemidos de placer del otro, el orgasmo estalla en mi cuerpo dejándome flácida sobre la cama.
Ranma arremete tres veces más en mi interior y se mantiene completamente dentro de mí cuando eyacula.
Se deja caer en la cama, aplastándome con su cuerpo y aprovecha su postura para dejar algunos besos en mi mejilla.
—Oye... necesito respirar —murmuro con dificultad.
Ranma se ríe y apoya sus manos en el colchón retirando todo su peso de mi cuerpo.
—Te amo, Akane... desearía tener el poder para fundirme en tu piel y nunca más tener que volver a separarme de tí.
Aparto el flequillo de su frente y aprieto con suavidad su mejilla.
—Hablando de piel... estoy muy segura de que la noche anterior estaba usando una pijama... ¡Me desnudaste! —exclamo eso último con fingida molestia.
Ranma sonríe.
—Tienes el sueño muy pesado, me alegra saber que eso no haya cambiado.
Frunzo el ceño confundida y lo observo con atención.
—Háblame sobre nosotros... hace rato dijiste algo sobre separaciones y reencarnaciones, pero no puedo entenderlo completamente... ¿Cómo fue que nos conocimos en primer lugar?
Ranma me contempla por unos segundos y comienza a rozar su miembro en mi intimidad.
Mi cuerpo vuelve a vibrar con deseo y lo golpeo en el brazo.
—¡Deja de excitarme y contéstame!
Ranma se muerde el labio y baja su boca a mi pecho, besando la zona donde se ubica mi corazón.
—Pasó cuando regresé de una batalla, mi cuadra se detuvo en la aldea vecina para celebrar nuestra victoria. Mientras ellos bebían, yo me fui a dar un paseo por la aldea... fue ahí cuando te ví, una hermosa mujer llevando una canasta llena de flores, siendo perseguida por una de sus cuidadoras... No pude evitar seguirte, tenía que averiguar a dónde te dirigías con tanta prisa.
Una de sus manos se desliza hasta mi entrepierna y comienza a acariciarme.
Ranma continúa hablando:
—Descubrí que ibas a visitar la tumba de tu madre y que esas flores eran para adornarla... mientras las acomodabas, noté que uno de mis compañeros de tropa también te había seguido, así que me preparé en caso de que tuviera que protegerte...
Mis gemidos interrumpieron la historia.
Ranma besa mis mejillas y acelera las embestidas de sus dedos.
—No, no, sigue hablando, por favor... —susurro con deleite.
—Usaré mi boca para algo mejor —responde coqueto.
Ranma se agacha y usando su lengua, estimula mi clítoris llevándome a la cima de nuevo.
Levantándose para besar y humedecer mi boca reseca con su lengua, entrelaza nuestras manos sobre mi cabeza y acomodando su miembro sobre mi entrada, comienza a penetrarme de nuevo antes de volver a hablar.
—En cada reencarnación siempre has sido hermosa... —susurra mientras besaba mis párpados—. No tuve otra opción más que la de matar a mi compañero por intentar lastimarte de la manera más sucia posible... —Sus embestidas le dificultan hablar, pero aún así continúa—. Lo mio fue un amor a primera vista... no pude negarme a la enorme atracción que sentí por tí... Incluso después de nuestra unión marital, te mantuve tres días encerrada en nuestra casa, disfrutando de tu cuerpo, tal como lo dictaba la tradición conyugal de nuestras aldeas y como lo hago ahora...
—¿Cuándo hicimos nuestro pacto? —pregunto mientras me arquéo y mis dedos aprietan los suyos.
—Mis jefes me mandaron a llamar para que participara en una batalla que se haría al sur de nuestro hogar... La noche antes de partir, me enteré de que existía una manera de mantenerme a tu lado, incluso si algún día llegaba a morir en la batalla —murmuró mientras aumentaba la velocidad—. Así que cuando regresé victorioso de la guerra, viajamos juntos con el hechicero local y fue cuando hicimos nuestro pacto.
—¿Tuvimos hijos? —pregunto con dificultad.
Ranma libera una de mis manos y acaricia suavemente mi clítoris con su pulgar, detonando mi tercer orgasmo.
Ranma, aún endurecido, me observaba gemir con deleite.
Obligándolo a salir de mi interior, lo miro con expectación y él dice:
—Me diste dos hermosos hijos... incluso cuando sé que tú anhelabas tener más —susurra con diversión.
—¿Con que quería más hijos, eh? —le cuestiono en tono juguetón.
—Cada vez que reencarnas y me invocas, me encargo de intentar cumplir tu deseo... —señala orgulloso.
Me siento en la cama y le pido que cambiemos de posición. Ahora él estaba recostado en el colchón y yo me encontraba de pie.
Ranma acomoda sus manos detrás de su cabeza y continúa observándome.
—¿Cuál fue tu última batalla?
Ranma se sentó en la cama, mirando distraído hacia el suelo y negó con la cabeza al recordar algo desagradable.
—"Estando en un campo de batalla, nunca confíes totalmente en tus compañeros, Ranma" me repetía mi padre cientos de veces desde que era niño... Cuanta razón tenía.
—¿Qué pasó?
—Mi mano derecha me traicionó, puso a los hombres en mi contra y...bueno, hasta ahí llegué.
Ranma suspira y levanta su mirada a mi rostro.
—Siempre creí que si moriría sería por edad o enfermedad, nunca espere que fuera alguien cercano el que terminaría con mi vida… Lo bueno de todo eso fue que morí sabiendo que no estarías sola ya que nuestros hijos te cuidarían y sobre todo, porque tenía la promesa de volver a encontrarte.
—Ranma... ¿Qué pasaría si no pudiéramos cumplir con esa promesa?
Ranma me mira con tristeza y ladea la cabeza.
—Nunca volveremos a encontrarnos. El pergamino perdería su magia y mi alma desaparecería... encontrarte, es el único motivo por el que aún existo.
Frunzo el ceño angustiada y sujeto la mano que él tendía en mi dirección.
—¿Por qué fue solo tu alma? ¿Por qué no fue la de ambos?
Ranma sonríe de lado y besa mi vientre.
—Porque ya estabas embarazada y no quería que nuestro primogénito resultara herido por mi egoísmo.
—¿Egoísmo?
—Es porque te deseo Akane, desde el primer día que te ví, te he querido a mi lado sin importar si estoy vivo o muerto… Sé que cuando hicimos la promesa tú me amabas profundamente y que aceptaste este trato por el cariño que me tenías. Pero con cada reencarnación, tu alma comienza a desear aléjarse de mí.
Estoy a punto de negarlo, pero recuerdo que el día anterior intenté tirar el pergamino a la basura, así que me mantengo en silencio.
—No me molestaría contigo si eso llegara a suceder, por lo menos desaparecería sabiendo que fuí amado por un alma maravillosa.
El nudo que se ha formado en mi garganta me sofoca, me acerco a la cama y me inclino para besarlo.
—No creo que haya aceptado hacer la promesa solo por el cariño que te tuve. Justo ahora, hay algo dentro de mí que me pide a gritos que te mantenga a mi lado.
Ranma se levanta de la cama y me abraza con gratitud.
—Te amo Akane e incluso si desaparezco, no dejaré de quererte.
Unas cuantas lágrimas caen por mis mejillas y pego mi cuerpo aún más al suyo.
"Prometo amarte siempre, Ranma" pienso con desconsuelo, ya que no sé si en mi próxima vida llegaré a cumplir con ello.
Ranma me aparta unos centímetros de su pecho y me sonríe a pesar de su mirada entristecida.
—Vamos, Akane, no te pongas así... mejor enséñame todo lo que me he perdido desde la última vez que estuve vivo, ¿Sí?
Me limpio las mejillas y asiento con un poco de alegría.
.
~.
Un futuro incierto
(Última parte)
.
Hoy se cumplen 30 días desde que traje a Ranma al plano terrenal y no me arrepiento de haberlo hecho.
Ranma y yo hemos formalizado nuestra unión en una pequeña ceremonia donde unicamente Akari y su novio Ryoga asistieron.
Yo aún me dedico al negocio familiar y Ranma se ha conseguido un empleo como profesor de combate (estilo libre) en una pequeña escuela de artes marciales de nuestro vecindario.
Hemos viajado en tren a diferentes lugares de Japón y nos hemos tomado millones de fotos juntos.
No sé lo que nos depare el futuro o lo que mi alma decida en mi próxima vida, pero... por el momento, disfrutaré mucho de la compañía de Ranma, mi esposo, mi guerrero.
.
.
.
Fin.
