Nota: Posiblemente temas sensibles como adicciones y otras cosas, pero sobre todo underage porque Satoru tiene 17 y Shouko 28. ¿Por qué? Un fanart.


Hay un niño en mi cama, era lo que pensaba Shouko tras despejarse del sueño y la resaca del día de ayer mientras miraba indiferente al invitado no deseado dormir a su lado.

Pero en realidad, no era un niño, más bien era un mocoso que probablemente iba en primero de preparatoria o tal vez en segundo. No lo sabía, poco le importaba por el momento, porque el dolor de cabeza le estaba matando; y en unos minutos, debía irse a trabajar como enfermera en la escuela preparatoria metropolitana y en la noche, hacer el turno nocturno en el hospital.

Tal vez lo del mocoso en su cama –y casa también–, era un asunto importante de tratar. Y claro que lo trataría, sólo que no ahora, en la tarde tal vez. Si es que él todavía estaba aquí para ese entonces.

Con cuidado se levantó de su cama, sintiéndose internamente aliviada de no estar desnuda y al menos, tener su sostén y bragas. Aunque fuesen de ayer, lo cual si lo pensaba un segundo, ir sucia al trabajo no era algo que quería hacer; menos si ayer bebió de más, este domingo.

Por lo que, buscando en sus cajones ropa limpia y su toalla fue al baño, dejando atrás y dormido al muchacho en su cama.

¿Debería dejarle algo para comer? No, más bien, ¿Tenía ella comida en el refrigerador?

Estaba decidido, saliendo de la escuela, pasaría ya sea al supermercado o a una tienda de conveniencia a comprar algo. Tanto para ella como para el niño, aunque cuidar del mocoso no era responsabilidad suya.


Cuando despertó encontrándose solo y en una habitación que claramente, no era suya, se rascó la cabeza con pereza. Frunciendo ligeramente el ceño, haciendo memoria sobre lo que había sucedido ayer para terminar en la cama con una desconocida.

Aunque esto, realmente no era nada nuevo la verdad.

Lo único que encontró extraño, es que todavía traía los pantalones puestos a pesar de tener el pecho descubierto. Siendo esto una muestra de que, no había pasado la noche de esa forma con la chica de turno.

De hecho, ¿Dónde estaba ella?

Bostezando, se levantó de la cama con movimientos lentos –signo de que todavía había resquicios de sueño, aunque había dormido bastante o eso creía–, y saliendo del cuarto para intentar dar con ella, confirmó únicamente que en efecto, estaba solo.

Y en la mesa del comedor, encontró un bento de una tienda de conveniencia y una nota. La cual tomó sin mucho cuidado.

"Fue lo más decente que encontré en el refrigerador, cómelo si tienes hambre. Estaré de regreso en la tarde, cerca de las 2. Necesitamos hablar.

Atte. Shouko".

- Así que te llamas Shouko, ¿eh? – una pequeña sonrisa se asomó en su rostro, la cual no duró mucho ante un repentino recuerdo de ayer en la noche –… Espera un momento.

Había recordado que ayer cerca de la media noche, mientras salía de su trabajo-entretenimiento como un miembro del Host (que compró y del cual era el dueño) tras salir por la puerta de atrás, había encontrado a una mujer de pasos inestables en un claro estado de ebriedad; obviamente no podía sólo ignorarla, ya era tarde y si ella no tenía cuidado alguien podía asaltar o algo peor.

Por ende, recuerda haberse acercado a ella con cuidado para ya sea meterla al Host Club y se le pasara el alcohol o arriesgarse a llevarla a su casa. Lo que no esperó, fue que ella lo besara apenas la ayudó a enderezarse; siendo este beso, sorpresivo y brusco con un amargo sabor a cerveza.

Ella estaba demasiado ebria, por Dios. Era realmente un milagro que nada le hubiese ocurrido hasta ahora.

Y pese a que él estaba acostumbrado a los besos fogosos, en ese instante no supo bien cómo reaccionar. Sólo tenía claro que: Ella estaba muy borracha, no tenía que soltarla o se caería y que ese sabor amargo de la cerveza no le gustaba.

Lo que ocurrió después de eso, todavía no estaba muy claro en sus memorias. Por lo que, sí quería respuestas a sus preguntas, debía esperar a Shouko.

Y eso de esperar era un poco nuevo en sí, pues acostumbraba irse luego de un encuentro casual.

Así que… ¿Qué podía hacer en lo que esperaba, hasta entonces?

Su estómago gruñó, dándole la respuesta.