The Night We Met
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One-shot
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La primera vez que Aizawa Shota conoció a All Might fue en un bar diez años atrás.
En ese momento lo conoció como Yagi Toshinori, y jamás se imaginó ni por un segundo que, ese joven mayor que él, quien lo abordó en un bar en la noche que Hizashi lo obligó a salir a beber con él y sus compañeros de agencia, sería el héroe en ascenso que estaba apareciendo cada vez más en los noticieros, ni que este le estuviese coqueteando de una manera tan... Particular; y es que, el aura que expedía All Might en los noticieros y Yagi en ese momento eran completamente diferentes, además de que su físico no se parecía tanto al del héroe por lo que, a menos que el rubio le aclarara su alter ego, no lo adivinaría nunca. El cabello rubio brillante que se veía suave al tocar, los ojos grandes y de un azul exótico que lo hipnotizaron por algún motivo que parecía hasta mágico, el cuerpo alto y trabajado pero aún no lo suficiente para parecer grotesco, la voz gruesa y rasposa con un tono de serenidad que lo sedujo, con una postura relajada que le inspiraba confianza y ese olor particular que aún puede recordar si se esfuerza lo suficiente.
Fue una noche fría de otoño que jamás olvidaría. Treinta años de heterosexualidad supuestamente segura, interrumpidos por una noche a principios de sus veinte, en la que el encanto del rubio lo intrigó, al punto de olvidarse de todo, especialmente de la joven chica que lo había abordado veinte minutos antes y que, en los siete minutos que se alejó para ir al tocador, Yagi lo abordó y le hizo decidirse por ir con él antes de que cualquier otra cosa pudiese pasar en ese bar.
No recordaba que excusa le dio a Hizashi para retirarse sin él, pero su amigo, sabiendo lo asocial que podía ser, no lo interrogó más y le deseó una buena noche. Recordaba también, haber caminado unas pocas cuadras antes de preguntarse si el enigmático joven no era poseedor de un quirk que le provocaba aquel extraño deseo carnal hacia él, incluso borró el don del rubio sin decirle nada pero, cuando llegaron al departamento del susodicho y su cuerpo siguió deseoso de lo que atravesar aquella puerta significaba, supo que no se trataba de ningún truco barato y que realmente quería probar lo que ese desconocido y atractivo hombre le ofrecía esa única noche.
Entre besos húmedos y caricias suaves, lo levantó en el aire y él enredó las piernas alrededor de su cintura por instinto, lo condujo de la entrada del departamento a su habitación sin que fuera consciente cómo llegó ahí. Poco a poco, el momento se tornó más y más salvaje; su solapa negra voló a alguna esquina de la habitación que no se molestó en averiguar hasta la mañana siguiente y su camisa blanca perdió todos los botones de un tirón, antes de dejarse caer de espaldas sobre la cama. No perdió los pantalones en ese momento porque mantuvo las piernas firmemente sujetas en la cadera de Yagi, restregando su trasero contra la erección en los pantalones marrones, obteniendo gemidos atorados en la garganta que lo insitaban a continuar.
Los largos mechones rubios cayeron sobre su rostro y le hicieron cosquillas durante un rato, hasta que rodaron en la cama y él terminó sobre el musculoso joven para poder besarle todo el cuerpo.
Recordaba haber visto los ojos azules brillar como si electricidad los recorriera ante cada caricia, así como recordaba haber arrancado su camisa, escuchando otra lluvia de botones contra el piso de madera, y sus pantalones marrones volaron lejos de sus musculosas piernas antes de que pudiera replicar.
Recordaba el sabor de la primera y única vez le interesó probar el semen tras hacerlo correrse con su boca, así como la sensación de un gran miembro restregandose en su entrada, para luego llegar a un lugar que no sabía que existía en su cuerpo, y que aún en el presente le provocaba pequeños espasmos en las mismas zonas, cada vez que revivía aquella memoria.
Jamás imaginó que podía gemir hasta quedar afónico como lo hizo esa noche, ni que los gruñidos en su oído podrían hacerle palpitar su propia erección de esa manera o que le gustaba que le halaran de la melena negra al poseerlo, ni mucho menos que podía arquear la espalda de esa forma, ni que por una vez en su vida, los moretones causados por besos y suaves mordidas marcando su pálida piel, no le parecieran molestos al notarlos en varias partes de su cuerpo a la mañana siguiente. Tampoco podía decir que él no había dejado una cantidad equivalente de marcas en la fornida piel quemada.
La primera y única vez que un hombre le produjo las ganas y la intriga para acostarse con él, era algo que había quedado grabado en su memoria como una cinta de video que podía rememorar incontables veces, y que nadie antes ni después con quien estuvo, logró opacar ni por poco. Aunque, con el pasar de los años, ese intimo recuerdo se desplazó poco a poco de los prioritarios a otra sección de su cerebro en la que, a menos de que pasara algo que se lo recordase como una fragancia, un sonido, una frase o una acción, quedaba guardado en su mente bajo llave.
Y justamente, esa noche que Hizashi lo obligó a asistir nuevamente a una reunión, en celebración del nuevo curso y el reciente ingreso de All Might al repertorio de profesores que tenía la U.A. para educar a los futuros héroes, fue que algo logró despertar aquel recuerdo; cuando escuchó el nombre de pila del héroe la única ocasión que lo mencionaron, aquella memoria volvió a repetirse en su mente lentamente mientras lo escuchaba dar su discurso en agradecimiento al colegio por abrirle las puertas para una nueva fase en su vida.
Mientras avanzaba la velada, Hizashi le hablaba de lo que tenía planeado para su programa de radio la siguiente semana mientras Shouta seguía con sus oscuros y cansados ojos los pasos del héroe número uno por el salón, saludando a las personas a su paso y manteniendo una corta charla con cada uno hasta pasar al siguiente.
Esta vez, por su mente pasaban las veces que había pensado en lo molesto que le resultaba la necesidad de atención del héroe cuando lo veía en el noticiero repetidas veces, jamás asociándolo a Toshinori ni por lo mucho o poco que podía parecerse su recuerdo de aquella única noche a aquel proclamado "Símbolo de la paz".
Mic lo regresa a la realidad al golpearlo suavemente con el codo, haciéndolo notar que All Might se acercaba a ellos por el frente. Su amigo se adelantó a entablar conversación sabiendo lo retraída que seguía siendo su personalidad con el resto del mundo, más de tres minutos de dialogo entre los rubios hasta que All Might dirigió su penetrante mirada azul, oculta entre las pronunciadas ojeras, hacia él.
—Tú debes ser Eraser-san, un gusto conocerte— estira la fornida mano para estrecharla con la suya, manteniendo los labios curvados en esa sonrisa que lo estresada cada vez que la veía.
—Ya nos conocemos— su afirmación pareció dejar confundido a ambos rubios. All Might pareció pensar un momento, suponía que tratando de recordarlo.
—Discúlpame, por favor. Pero no logro recordar cuándo fue que trabajamos juntos— parecía que, al igual que él, All Might confundía a Aizawa Shota con Eraser Head.
—Trabajamos juntos una vez, hace diez años, Toshinori-san—.
Quizá fue el hecho de llamarlo por su verdadero nombre, o el tono que uso le dio una pista, o quizá algún rasgo en su rostro trajo un recuerdo olvidado, pero había logrado borrar su característica sonrisa un momento. Dando paso a una expresión de sorpresa y pánico que parecía no poder superar a pesar de haber logrado volver a sonreír. Entonces fue turno de Shota de sonreírle con burla y complicidad en los labios.
Todo parecía indicar que ninguno había olvidado la noche en que se conocieron.
Una disculpa, pero ahora me voy a colar a este especial fandom a dejar historias que me surjan a lo largo del fanatismo por los personajes.
Hasta pronto.
