Again

Summary: Porque a los hermanos Shidou no les bastaba una competencia que ya tenían que comenzar otra.


—¿Qué significa esto, perra?

Kanako quedó helada al escuchar la voz severa de Mariya atrás de ella. Sentía cómo su aura se escureció más de lo usual aunque no lo haya visto. Su voz era más fría de lo usual.

Lo había visto. Vio su celular. Lo sabía porque se lo tiró a sus pies, aún con el mensaje abierto, prueba de su "traición".

Había metido la pata. Otra vez.

Con miedo, levantó su vista hacia su rostro. Sus cejas estaban contraídas a más no poder, si seguía de ese modo antes de los treinta iba a tener una gran arruga en aquel lugar de su rostro. Pero eso era lo de menos. Ahora debía pensar en una respuesta rápida para salir de la situación.

—Este... Shizu-chan me invitó a una cita.— dijo en voz baja y temblando, dudando si estuvo bien ser sincera o si era mejor una mentira. Se había esforzado por no mencionar ese tema frente al chico para no provocar una disputa entre ellos y por el pedido de la rubia. Suponía (y correctamente) que si el mayor de los gemelos se llegaba a enterar de su salida, el ambiente de relativa paz iba a terminar abruptamente. Más después de lo ocurrido con el rosario que rompió por accidente, desde el día que la perdonó no volvió a ser lo mismo entre ellos. Esa ocasión si que fue su peor error, pero luego de que ambos gemelos descubrieran que en realidad su abuela estaba viva creía que todo iba a ser como antes, inclusive mejor. Gran error, fue estúpido pensar eso.

—Y yo que creía que Shizu-sama era más normal y razonable que usted, amo. Una lástima.— habló Matsurika en su típica vos neutra.

—Cállate si no quieres que luego te mate, zorra.— respondió el joven, pero no provocó ningún temor en la joven sirvienta. Esta solamente tomó lugar en la cama de Shidou y miró atentamente lo siguiente que iba a ocurrir.

—Supongo que es la última vez que veremos a una cerda en Ame no Kisaki. Fue divertido mientras duró.— volvió a hablar por última vez la joven, viendo como Miyamae estaba más pálida que antes y Mariya se molestaba más.— Salúdeme a su madre, aunque no creo que llegue al cielo por pervertida.

—¡Cállate, Matsurika!— imploró la pelinegra, con más temor que enojo. Cada vez sentía su muerte más cerca de ella. Lamentaba que muriera en manos de un hombre y sin haber dado su primer beso. Pero al menos tuvo una buena vida... ¿A quién engañaba? Solo esperaba reencarnar en una menos cruel para ella.

El rubio comenzó a acercarse lenta y amenazadoramente a su compañera de cuarto. Ya sabía él que la maldita Torre Eiffel no podía estar feliz sin razón aparente. La primera vez que la confrontó, le mintió con la escusa de que su hermana mayor había prometido verla en las próximas vacaciones y le traería un regalo. Obviamente se dio cuenta al momento, ya que la alta era una pésima mentirosa. La segunda fue cuando la vio muy atenta a su celular e ignorando sus insultos, la nueva excusa de esta fue que estaba hablando con su hermana menor, nuevamente no le creyó. En ese momento se percató que Kanako estaba muy cuidadosa con su celular y en dónde lo dejaba. En ningún momento lo alejó de ella en esa semana, hasta ese día, cuando tuvo que ir a la enfermería por culpa del Padre Kanae tras uno de sus intentos de acercarse a su "hermana". Cuando salió de allí, había olvidado el aparato en la mesa y él fue quien lo recibió porque por casualidades del destino él iba pasando por el lugar cuando la enfermera lo vio. Esa fue la oportunidad que esperaba desde hace días. Con Matsurika, fueron hasta los jardines de la escuela para ver con tranquilidad que tramaba la pelinegra. Gran sorpresa se llevó al ver que con la única que habló solo una vez en aquella semana fue con Yume y en ningún momento con Miki (por extraño que sonase). Más grande fue al ver el nombre de su hermana menor en el teléfono de la lesbiana. Sintió sus mejillas arder del coraje al ver todos los mensajes que se habían mandado en aquellos días, el cual creció al darse cuenta que su hermana, sin decirle ni comentarle nada, había invitado a la gigante a una cita. En ese momento sintió las ganas de arrojar su celular y destruirlo. No solo era por la cita, sino que Shizu de nuevo le estaba ocultando algo y, como antes, relacionado con Kanako. La sirvienta solamente observaba la escena con suma tranquilidad, pero por dentro también se sentía conmocionada. Rindou nunca le comentó sobre los sentimientos de la menor de la familia Shidou, sabiendo que podían divertirse aún más de esa extraña situación. Cuando vio al travesti yendo con rapidez a su habitación, no pudo evitar preocuparse por lo que ocurriría. No tanto por la pervertida, sino en cómo afectaría la relación entre los hermanos.

"¿Por qué siempre tiene que comenzar el caos, Miyamae-san?" se preguntó la joven, siguiendo por detrás a Mariya.

Y así, el joven abrió y cerró de un portazo el cuarto.

Así estaba la situación, Mariya a punto de matar a Kanako por atreverse a ocultarle algo así de importante. Tan complicada y peligrosa estaba la situación que el sistema inmune de la mayor no resistió, colapsando en el suelo por el pánico. Matsurika suspiró, el inconsciente de la cerda era muy sensible e inteligente aunque no pareciera. De alguna la protegió de un castigo peor del que se hubiera esperado. El rubio gruñó con fastidio, ya no podría desahogarse con la chica. La miró por un momento y, aún enojado, la tomó y tiró en su cama sin ningún cuidado. Pero a pesar de eso, no despertó.

Sacudió su falda y, con la elegancia y feminidad que lo caracterizaba, salió de la habitación.

—¿A donde vamos?— preguntó la peligris mientras cerraba la puerta.

—A ver a Shizu.— contestó secamente, aún con su voz masculina ya que no había nadie cerca. Su caminar, aún siendo muy delicado, era veloz e imponente. Algunas chicas que lograron verlo se preocuparon al ver a la amada Mariya en ese estado, siendo ella caracterizada por su buen humor y temple. Parecía que algo malo le había ocurrido.

Caminaba tan rápido que hasta Matsurika se le hacía difícil seguirle el ritmo. Le hubiera gustado advertirle a Shizu el estado de su hermano, pero con las prisas se olvidó de tomar su teléfono. Internamente rogaba que su hermano estuviera por allí y los viera antes de llegar.


En la mansión de los Shidou, Rindou se encontraba colocando nuevas trampas para Mariya. Antes de colocar la última que le quedaba, vio a lo lejos al rubio con su hermana. El joven pudo notar la ira personificada que se acercaba al lugar. Sin pensarlo mucho, entró rápidamente a la mansión, donde la joven, aún con su vestimenta de hombre, estaba sentada leyendo un libro pacíficamente.

—Ama Shizu, presiento que su hermano sabe la verdad. ¿Quiere que me prepare para el enfrentamiento?— preguntó mientras sacaba un arma rara que solamente se usó en la Segunda Guerra Mundial, estaba emocionado de poder estrenarla y qué mejor momento que el de ahora. Sus ojos brillaban con anhelo.

Pero para su desgracia, la joven negó con la cabeza, tomando un sorbo de su té antes de enfrentarse al mal genio de su hermano. Sabía que tarde o temprano pasaría, pero no se imagino que tan temprano. Sin embargo, algo le sorprendía, podía sentir el enfado de su gemelo, pero había algo más en ese sentimiento, algo más profundo. Supuso que podía ser el porqué no le había hablado de su nuevo interés en la alta, tal vez estaba dolido por no habérselo contado habiendo prometido que nunca habría secretos entre ellos. Eso generó un sentimiento de culpa en la menor, esperaba con todo el corazón que pudiera arreglar esa situación antes de su cita.

—No es necesario Rindou, pero agradecería que evitarás dar comentarios innecesarios en nuestra conversación.— ordenó de la manera más gentil y autoritaria posible. Tenía miedo de que alguno de sus sirvientes echara más leña al fuego. Matsurika era un caso perdido, sabía que en algún momento daría su opinión, pero Rindou era más fácil de controlar en estas situaciones.

—Como usted ordene. —respondió tristemente.— Pero si llegan a arreglar todo, les aconsejaría que den un paseo por el jardín, hoy es un agradable día.— sugirió felizmente, aunque para Shizu era obvio que no iba a ocurrir recordando lo que su mayordomo se fue a hacer antes.

De repente, la puerta se abrió con un sonoro sonido. Mariya entró caminando como la diva autoritaria enojada que se sentía en ese instante, Matsurika entró después de él, mostrando signos leves de agotamiento. Era obvio que el rubio no se molestó mucho por esperarla a que le siga el ritmo.

—Tu. —dijo mientras señalaba a Shizu.— Tenemos que hablar.

—Te estaba esperando, querida hermana, por favor toma asiento.— habló la mencionada, aún en su papel de joven.

—Ahora hablemos honestamente, Mariya.— expresó el chico, demostrando la enorme seriedad del asunto al haber decidido que era lo mejor esta vez volver a sus nombres originales.

Mariya, mujer, tragó en seco. Esta vez presentía que le sería difícil arreglar las cosas con el chico. Solo esperaba que ni su abuela o su madre escucharan su pleito, sino se complicaría aún más.

—¿Cómo es eso de que invitaste a salir a la cerda?— preguntó indignado.— Y peor aún. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿A caso me estás ocultando más cosas? —la joven sintió una presión más fuerte en el pecho, se veía que su hermano estaba dolido. Ella no quería lastimarlo.

—Shizu. —dijo suavemente, podía notar cómo sus ojos se humedecían, pero no era momento de llorar.— Yo, en verdad lo siento. No pensé que te fuera a afectar tanto. Te lo iba a comentar después de la salida, cuando estuviera más tranquila y preparada. Le pedí a Kana-chan que no dijera nada para que no te molestaras.

—¡Pues fallaste, Mariya!— reprendió aún más molesto. Las lágrimas de Shizu comenzaron a salir silenciosamente, a pesar de eso ella no huiría. En ese momento, Shizu sintió un alfiler en su corazón. Odiaba estar en esta situación con su hermana, pero no iba a terminar así sin más el asunto.— ¿Desde cuando te sientes atraída por mujeres?— preguntó con más calma.

Mariya comenzó a jugar con sus dedos, levemente sonrojada, pero sin dejar de llorar: —Yo... no lo sé. Supongo que desde que mi odio a los hombres no me permite verlos más que desagradables. —explicó, haciendo sentir algo culpables a Rindou y Shizu por su miedo.— No crean que no lo estoy superando, siento que progresivamente voy perdiendo el miedo. Pero... me sentí muy sola en Hoshi no Mori los primeros meses. Ya no podía ir a ver a mis amigas y todos los hombres comenzaron a jugarme bromas pesadas hasta que pude comenzar a defenderme. —hizo una leve pausa, sonrojándose un poco más.— Pero desde que me enteré que Kana-chan sabía nuestro secreto, me sentí más aliviada. Empecé a hablar con ella más luego de que conoció a madre; comencé a tener de nuevo una amiga, alguien que me entendía completamente en todo lo que sentía y no me juzgaba.

—¿Si sabes que es una idiota? Incluso pervertida.— expresó molesto el rubio.

—En primera, no se de donde sacas que es una pervertida, eso es muy grosero de tu parte. —estuvo a punto de explicar el porqué Miyamae era una gran desvergonzada, pero decidió que no era momento.— Y segundo, sí se que no es muy inteligente que digamos. —confesó apenada por haberlo dicho en voz alta, aunque ya todos lo saben, hasta la misma Kanako— Aún así, es buena cuando no hace idioteces. Es amable y tierna.

Matsurika procesaba todo lo que dijo la rubia. Sin duda las personas puras de corazón no pueden ver la maldad de cierta gente, sintió pena por la chica al no darse cuenta con la clase de mujer que se estaba enamorando. Por otro lado, su amo sabía muy bien todos los defectos que hasta los podría decir en orden alfabético, ignorando las virtudes que podía llegar a tener Miyamae, por mucho que le cueste aceptar. Se imagino por un momento un tercer hermano Shidou, uno que equilibrará a los dos primeros, pero eso ya sería demasiado difícil de soportar sabiendo lo irritantes que se pueden volver los menores de los Shidou. Nuevamente, fijo su atención en la menor, la cual frunció sus cejas en signo de determinación.

—A mi me gustaría intentarlo con Kanako. —continuó, mirando a los ojos de su hermano.— Al principio tenía miedo que me rechazara, pero luego de ver que aceptó me dio más fuerza para seguir con esto. Quiero saber hasta donde puedo llegar con ella. ¿Lo entiendes, hermano?

El joven Shidou contuvo la respiración. No es que tuviera algo en contra de la homosexualidad, pero no podía concebir la idea de su hermana con la gigante. Hubiera aceptado a cualquiera, Yuzuru, Sachi, Kiri. ¡Inclusive Matsurika si ese hubiera sido el caso! Pero imaginarla con Miyamae le provocaba un saber amargo en su boca. Él sabía lo mal pensado que podía llegar a ser ese espécimen y la poca materia gris que poseía, pero también aceptaba que si su hermana fuera su novia, ella la protegería con todo su ser. Eso le oprimió su pecho y no entendía el porque.

—No, no lo entiendo.— dijo en voz baja, como si lo que hubiera dicho hubiera sido más para él que para ella. Mariya quedó sorprendida. Después de haberse sincerado, de pedirle disculpas. ¿Aún no quería aceptarlo?

—¿Por qué no, hermano? —preguntó dolida, las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas nuevamente— Si es porque sigues enojado de que nunca te conté mi encuentro con ella de niñas o lo de ahora, en verdad lo siento. Perdóname, por favor. Nunca quise herirte, juro que nunca te volveré a ocultar nada, pero por favor, no me dejes así. Si es por lo de mis gustos, en realidad no se que decir o que hacer. Pero ye necesito a mi lado. Te necesito, Shizu.— su voz cada vez se quebró más, aún así Mariya no podía mirarla.

Shizu sintió más dolor al ver a su hermana así. En verdad el quería decirle que todo estaba bien, que la perdonaba por no hablar todo con él, pero ninguna palabra salía de su boca. Todas se quedaban en su mente y no entendía la razón. ¿A caso sentía tanto rechazo por Kanako que pensar en verla con su adorada hermana le enfermaba? Pero si fuera así: ¿Por qué le seguía preocupando su bienestar y cuidaba de que no cometiera estupideces graves? ¿Por qué a pesar de saber que ella puede hablar en cualquier momento (cosa que ya ha hecho) no logra destruirla completamente? ¿Por qué seguía cuidando de una pervertida sin sentido de lo moral? ¿Por qué le costaba tanto decirle a su hermana que todo estaba bien?

A Rindou le comenzó a preocupar cada vez más la situación, nunca vio ese par de hermanos discutir de esa manera tan adulta, cómo si con cada palabra cada uno se derrumbara más. Siempre sus peleas se mantenía en el margen de lo infantil, pero ahora era mucho más serio. Por su parte, Matsurika sentía una gran tristeza interna al verlos de esa manera y todo porque el chico no aclaró sus verdaderos sentimientos antes.

Era ahora de actuar.

—Mariya, no es que Shizu no acepte su sexualidad o qué siga enojado con usted. —comenzó a hablar, pero no miraba a ninguno de los tres, sino a la nada— Lo que ocurre es que Shizu-sama se enamoró de Kanako y aún no lo acepta.

Al terminar de hablar hubo un largo silencio. Rindou no se mostró sorprendido, ya lo venía sospechando desde hacía tiempo y era tema de conversación con su hermana cuando se juntaban. Mariya solo palideció y abrió enormemente los ojos. Siempre vio a su hermano de alguna u otra manera torturando a Kanako, creía que era su forma de ser habitual. Lo relacionaba con algo de hermandad, haciendo alusión a sus recuerdos de cuando entre los cuarto jugaban de niños. Pero ahora entendía mejor el panorama completo. Entendió las reacciones y emociones de su hermano actuales, más importante, entendió cómo sucedió que a pesar de que Kanako haya roto su rosario especial, él la haya podido perdonar. Todo tenía sentido, tanto que se sentía en una encrucijada.

El rubio quedó en shock. Quería gritarle a Matsurika que dejara de inventar estupideces, pero no salía nada de él. ¿Es que existía la posibilidad de que sus palabras sean ciertas? No iba a negar que la chica era atractiva físicamente, pero su personalidad desastrosa le restaba muchos puntos.

—Recuerde que usted tampoco es perfecto. Es un travesti obsesionado por dominar a todas las personas cueste lo que cueste. Tiene un terriblemente gran ego y puede llegar a ser un ser sin sentimientos. También es sádico y egoísta en ocasiones. ¡Ah! Casi se me olvidaba, también tiene tendencias a la crematomania. Se podría decir que analizando en ambos sus virtudes y sobre todo defectos hacen un buen equilibrio.— soltó de golpe la sirvienta, habiendo entrado a la mente del joven. Rindou no pudo evitar soltar una pequeña risa, pero rápidamente fue golpeado por su hermana.

Nuevamente, sin palabras. Shizu, muy a su pesar, sabía que entre todo lo que dijo esta había algo de verdad. Dolía admitirlo, pero hasta un ángel celestial como él podía ser infectado de los males del mundo, aunque para su suerte no eran los mismos que la alta. Y comprendió a fuerzas que era verdad. Odiaba aceptarlo, incluso en su mente, pero se enamoró de la cerda pervertida, aquella que solo se fijaba en chicas por su alergia a los hombres y le hacía la vida imposible. Sabía que con el tiempo le seguiría doliendo haberse fijado en aquel mono que le faltaba un eslabón de evolución, rogaba que antes de terminar la escuela cambiara para bien y dejar sus malas costumbres.

Se podría decir que su mente se encontraba más organizada, pero aún había un problema: su hermana quería salir con ella. Los dos estaban interesados en la misma chica. ¿Cómo mierda ocurrió?

Esta vez si pudo mirar a su hermana, quien al sentir su mirada también lo miró. No sabían que decirse el uno al otro.

—Recuerden que siempre pueden compartir cómo cuando eran niños. —dijo el joven mayordomo con una sonrisa.— No creo que a Miyamae-san le moleste la idea del poliamor. Tal vez Onosaka-san también esté interesado en participar. —los tres lo miraron con odio. Sin saber cómo ni cuándo, en un abrir y cerrar de ojos estaba afuera del salón. Intento de entrar pero fue en vano, ya que la puerta estaba cerrada con llave. El joven bufó ante esto.— A Matsurika le faltó decir que era posesivo como Mariya-sama. —dijo para si, luego se dio la vuelta y comenzó a irse deprimido. Solo quiso ayudar después de todo.

Luego de haber echado a Rindou, se sintió que el ambiente estaba un poco más relajado. Shizu respiro hondo y dijo con seguridad:

—Perdóname, hermano. No pude darme cuenta de lo que sentías.— dijo con algo de vergüenza.

—No es necesario que te disculpes, ni yo lo sabía hasta que Matsurika lo dijo.— confesó con tristeza y pena.

Ambos hermanos sintieron que aquel muro que estuvo por varias semanas desapareció, logrando una paz momentánea.

—Aún así... —la joven sintió como su mirada se oscureció, pero no le importaba.— quiero intentarlo con Kanako-chan. —sostuvo con seguridad, el color de sus mejillas volvió en un carmesí furioso.

Esta vez su hermano pudo sonreír.

—Pues entonces, prepárate hermanita, porque yo no voy a renunciar a ella. —dijo desafiante, también sonrojado. Lejos de enojarse entre ellos, ambos estaban felices. Sabían que a partir de ahora abría otra competencia y el premio estaba en forma de mujer.

—Lo justo es que ambos volvamos a nuestros anteriores colegios también. ¿No lo crees, Shizu-san?— dijo suavemente la rubia.

—No creo que sea lo mejor, por lo menos hasta que termina este año, hermanito. Como presidenta estudiantil tengo deberes que cumplir. —habló en su voz femenina el travesti. La chica sabía de antemano que su hermano no desperdiciaría este año y encontraría la forma de tener una ventaja. Sin embargo, lo aceptaba, ya que él era el que menos posibilidades tenía de lograr un acercamiento rápido. Además, sentía que se lo debía por no haber confiado en él antes.

—Esta bien, querida Mariya.— respondió en su voz masculina, reiniciando de nuevo el intercambio de nombres y géneros.

—Muy bien. —dijo animado el chico, levantándose sin perder el estilo. Ver esa actitud de su hermano fingiendo ser ella a veces le daba mucha vergüenza, ya que lo estaba haciendo en su nombre, no en el de Shizu.— Te deseo suerte, Shizu-san. Sabes que a mi no me gusta perder. —advirtió con orgullo, pero sin tono amenazante.

Matsurika sonrió, ese par si que sería entretenido de ver, en especial su amo. Ya quería saber que estrategias utilizaría para conquistar a la cerda. Pobre Kanako, no sabe lo que le espera a partir de hoy.

—Te veré luego, hermano. —se despidió el rubio, pero dedicándole una sonrisa cálida y de confort a su hermana.

—Suerte para ti también, hermana.— respondió, viendo cómo él y Matsurika salían mientras Rindou entraba nuevamente.

—Rindou, alcánzame mi teléfono.— pidió mientras extendía su mano. En cuestión de segundo ya lo tenía en su posesión.

—Debería apurarse, ama Shizu, sino se le hará tarde para su encuentro. —sugirió él, sin saber bien cómo concluyó todo, pero seguro de que todo se resolvió.

—Creo que hoy no pasará. —contestó luego de enviar el mensaje a Kanako.— Le daré una semana ventaja a Mariya como compensación del mal rato qué pasó. —dijo con orgullo, pero haciendo sentir más triste al mayordomo.

—Siendo sinceros, no se lo merece. —dijo sin vergüenza alguna— Y yo que esperaba un fin de semana más divertido.— confesó, provocando una risa en la joven.

—Solo espera al lunes. —dijo mientras volvía a tomar el libro entre sus manos. Una sonrisa dulce apareció en su rostro al pensar que tenía posibilidades con la pelinegra. Sabía los defectos que podía llegar a tener la joven, pero aún así sentía atracción por la chica.

Solo quedaba esperar con ansias el próximo fin de semana.

—Por cierto. —comentó Rindou con una sonrisa.— ¿Están seguros que no quieren que Onozaka-san entre oficialmente en esta competencia? Después de todo, también tenía un interés por Miyamae-san. Hasta me atrevería a decir que tiene más ventajas que Mariya. —su felicidad duró poco al ver como el bello rostro de la joven se ensombreció.

—¿Rindou?

—¿Si?

—Cállate.


Kanako logró despertar media hora antes de su encuentro con Shizu. Pensaba que eso era una señal de su madre para que siguiera adelante con ella. Toda esa optimismo se fue a la basura cuando leyó el mensaje de la chica.

"Kana-Chan! Lo lamento mucho, pero hoy no podré ir a nuestra cita. En serio lo siento, en verdad quería ir! Crees que podamos pasarla para el próximo fin de semana?"

La joven sonrió con tristeza, al menos saldrían la siguiente semana. Sin más, le escribió diciendo que no se preocupara y que estaría encantada de salir con ella luego. Al enviar el mensaje dejó escapar un suspiro. Si libro de Mariya pero no sirvió de mucho. ¡Mariya! Recordó lo enojado que estuvo la última vez, tanto que su cuerpo no resistió a tanta incertidumbre. Seguramente seguiría igual o peor. Comenzó a tambalear al pensar que castigo sería esta vez. Fue demasiado bueno pasar una semana sin sarpullido por su parte, ahora debía pagar por haberle ocultado el encuentro con su hermana.

De repente, la puerta se abrió, pero más despacio que la última vez. Vio a Matsurika detrás del rubio y luego a él. Se lo veía de mejor humor que antes, pero algo seguía sin estar bien, lo presentía. Mariya levantó su mirada y vio a Kanako. Esa mujer pagaría por haber enamorado a un ángel como él, por haberlo contaminado.

—Ne, Kana-chan. —dijo dulcemente, pero con la sonrisa que advertía que algo pasaría.— Esta semana no estuvimos mucho tiempo juntas, creo que es momento de recuperar el tiempo perdido. —sus ojos rojos brillaron de una manera especial, la cual no llegaba a entender porque era nueva. O tal vez no, creí haberla visto antes pero no recordaba en qué momento fue. Antes de que pudiera reaccionar, este cerró la puerta, dejando a la sirvienta afuera, preocupando a la alta por lo que iba a ocurrir.

—Prepárate. —esa palabra no la entendió del todo, pero antes de que pueda protestar fue demasiado tarde.

Ya estaba bajo su merced.


Irene y Sakurato estaban tomando un café juntas, dentro de poco la madre de los gemelos tendría que volver a Italia por unos asuntos de trabajo, por lo que quería aprovechar ese tiempo en estar con su suegra.

—Aún no entiendo por qué mis hijos siguen con esa estúpida apuesta.— de quejó, tomando un poco del líquido en su taza para calmar sus nervios.

—A mi también me sorprendió su decisión, pero si los cuatro están bien con eso no hay nada que se pueda hacer.— dijo la mayor, escuchando le bufido de su nuera, la cual sabía bien que ella era su compañera en todas las ideas descabelladas que tuvieran. Pero ahora no estaba especialmente molesta por eso, sino por lo que ambas mujeres lograron escuchar de la conversación de los rubios.

—Me cuesta creer que mis niños se estén disputando por la hija de Miyamae y Haruka (la madre de Kanako, cómo no se su verdadero nombre le puse así lol). —confesó preocupada Sakurato. Temía que esto llevara a sus hijos a distanciarse, sus bebés que siempre fueron unidos desde que nacieron. Irene entendió el miedo de la madre, pero sabía muy bien cómo fuese a terminar todo que aquello no pasaría.

—Mis nietos nunca permitirían eso. A pesar de que ambos sean opuestos y estén en esta situación, saben que se necesitan mutuamente. Se quieren demasiado como para estar distanciados, Sakurato.— concluyó tomando la mano de la señora, provocando que todos sus miedos se esfumaran. En muchas cosas no estaría de acuerdo con su suegra (como el haberles contratado sirvientes a sus hijos siendo demasiados pequeños o el hecho de que fingiera su muerte, sabiendo que si eso no pasaba aún cumplirían con su voluntad), pero admitía que era una mujer sabia.

—Es gracioso, tal parece que las mujeres Miyamae tienen el don de atraer amores complicados y conflictivos.— rio suavemente al recordar sus años de estudiante junto a su amiga.

Haruka siempre fue una mujer algo despistada y torpe, el estudio no era su fuerte aunque siempre tenía buenas calificaciones. Lo más característico de ella era su belleza, su carácter bondadoso y su alma romántica. Ella siempre había esperado por encontrar el amor de su vida, esperando que fuera alguien de su misma edad o cercana que fuese al colegio de Mihoshi no Mori. Lo que ninguno se esperó es que se haya enamorado de su profesor antes de saber que lo era. Muchos pensaron que su historia de amor comenzó de puertas para adentro de Ame no Kisaki, pero fue al revés. Se conocieron en una biblioteca local, donde comenzaron a hablar siempre que podían e inevitablemente cayeron uno por el otro a su pesar. Algo trágico, ya que lamentablemente ese hecho le afectó en lo laboral al verse obligado a renunciar como profesor más adelante por los rumores falsos. Desde que el señor Miyamae renunció, no lo volvió a ver a él ni a sus hijas sino hasta años más tarde. Había veces que extrañaba la compañía de Haruka, pero sabía que su legado y orgullo vivía en sus hijas, a las cuales siempre les deseó una mejor suerte en el amor junto con una vida más sencilla y larga. Tal parece que Kanako será la única que no lo logrará.

—La extrañas. ¿No es así? —preguntó la anciana al ver su melancolía.

—Era mi mejor amiga, lamento no haber estado a su lado cuando falleció. —confesó con tristeza, pero rápidamente prefirió cambiar de tema— Espero que tus nietos se sepan comportar. —dijo, viendo cómo Irene sonrió con orgullo.

—Por supuesto que lo harán. —respondió, pero luego de unos segundos cambió su opinión.— Por lo menos lo intentarán, luego hablaré con ellos. —admitió tomando un sorbo de su café, provocando una pequeña risa en la otra. Esa mujer siempre lograba tranquilizarla a pesar de su carácter fuerte.

—¿Quieres que apostemos quién ganara? —sugirió de repente la mayor de los Shidou, provocando asombro, vergüenza y molestia en la mujer.

—¡Ni lo piense!— exclamó avergonzada, porque a pesar de que sabía que no estaba bien, por un momento se tentó en aceptar. Irene soltó una carcajada para luego seguir tomando su café. La más joven suspiró, ya debía estar acostumbrada a las ideas de su particular suegra.

"Surte, Kanako-san" pensó Sakurato, antes de cambiar de tema de conversación a uno sobre negocios.