Todos los derechos pertenecen a Rumiko

Día 1

Las goteras en la oficina eran insoportables, hacía más de un mes que el trabajo me mataba de aburrimiento, es que simplemente no pasaba de fiestas callejeras que terminaban en peleas de borrachos donde alguien salía herido o, en el peor de los casos, muerto, robos a casa habitación y, ocasionalmente, algún atraco mano a mano, pero nada que valiera la pena mi atención. Estaba considerando seriamente volver a las luchas, es al menos ahí tendría un poco más de adrenalina que en este lugar.

Si alguien me hubiese dicho que terminaría como un empleado federal hace dos años seguro que no le hubiera creído. Es que las artes marciales lo eran todo en mi vida, yo había nacido para estas. Fui entrenado arduamente y, con honestidad, las disfrutaba. Desde niño había recibido de mi padre un severo y disciplinado entrenamiento, el hombre me había criado solo, tomando el argumento de que mi difunta madre lo hubiera querido así. A los 14 años ya era una promesa de las artes marciales en mi ciudad. Cuando cumplí los 16 era el campeón de todo el Japón, no había un hombre que me pudiese vencer, donde me batía a duelo en la categoría libre a mi corta edad, siempre ganaba. Mi padre había sido mi ejemplo y mi mentor desde que era un niño y le admiraba en secreto, cada vez que entraba a combate me imaginaba que él entraba conmigo. Quería hacerlo sentir orgulloso, que viera que había criado al guerrero invencible, para así honrar la memoria de mi difunta madre, quién seguramente no cabría de alegría al saber que su hijo se había convertido en campeón de artes marciales. Eso había pensado durante toda mi infancia y una buena parte de la adolescencia, todo había sido un sueño.

Todo era demasiado confuso de comprender al momento, ahora después de unos años solo había algo que lamentaba..."ella"... aún podía oler su cabello con aroma a jazmines y, en mis sueños, sus sonrisas me enamoraban cada noche, sentía la añoranza de tenerla entre mis brazos de nuevo, y luego nada, la fría noche se apoderaba de mi realidad y despertaba con una sensación de vacío interminable...

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Di un nuevo sorbo al vaso de café que había comprado en el puesto de la esquina antes de entrar a la oficina y sonreí de manera sarcástica, estaba completamente frío.

Happosai llegó quitándose el pullover, escurriendo el sombrero y el paraguas que prácticamente no habían servido para nada, estaban lloviendo perros y gatos ―Bah, ¡este clima es insoportable! ―dijo arrojando el diario de mala gana, mientras se sacudía enérgico y se desprendía del atuendo mojado, lo escurrió sobre el perchero de la entrada― ¿Y bien? ―preguntó mirándome.

―¿Y bien? ―respondí fastidiado― Esta es la ciudad más aburrida del mundo, todo está tan cal-ma-do...

―No te atrevas a decirlo… no te...

―Esta ciudad, ¿siempre es así de calmada? ―respondí mirándolo retador. Recién hacía un mes que me habían ofrecido la plaza en Tokyo. Antes estaba en la prefectura de Honshu, en Kyoto, uno de Tokyo pensaba retirarse y la plaza estaba libre; aunque había resultado ser mucho más burocrático y tedioso que Kyoto. ¡A buena hora había dicho que sí al cambio!―Toma, llego esto para ti, además el teléfono de tu oficina no ha dejado de sonar. ―Le tendí el sobre.

Lo tomó desconfiado, mientras lo abría me lanzaba una mirada de reojo, con sus viejos y torpes dedos rompió el sello y comenzó a hojearlo ―¡Te dije que no dijeras nada! ―me recrimino de mala gana y caminando a su oficina.

Iba a empezar el trabajo burocrático cuando salió de su despacho a pasos raudos y me dijo: ―Saotome, nos vamos. ―Reaccioné de inmediato, tomé mi chaqueta y las llaves del auto. Mientras el viejo se ponía el sombrero y el pullover que acababa de quitarse y tomaba el paraguas.

Entramos al auto hechos una lástima, la lluvia no daba tregua ―¡Eh! ¿Quién dijo que tú conducías? ―grité molesto.

―Bueno, como querías vamos al barrio de Shibuya. ―Le lancé una mirada extraña.

―¿¡Te has vuelto sordo de golpe, viejo!? ¡No me apetece ir de compras contigo, solo quiero un poco de diversión!

―Dijeron que era un caso urgente, o bien puedes regresar a la oficina y realizar los trámites burocráticos, haz lo que quieras ―dijo mientras encendía un cigarrillo.

―¡Más te vale que no tenga que bajar a tu gato de un árbol! ―Atasqué el pie en el acelerador.

Cuando me apeé del auto me di cuenta de que esto definitivamente sería un fastidio, era una negocio de comida rápida. Estaba rodeado de policías y curiosos ―Tokubetsu Koto Keisatsu ―dijimos al unísono el viejo y yo mostrando nuestras placas de identificación. Al escuchar, los policías que custodiaban el lugar abrieron de inmediato, éramos los agentes de más alto rango en Japón, se necesitaba más que un par de neuronas para pertenecer a la agencia, ni siquiera podrías solicitarlo, ellos reclutaban a su personal, se reservaban el derecho de admisión. Yo había sido reclutado dos meses después de abandonar las luchas, no digo que las artes marciales, porque se vuelven parte de ti. Pero después de ser invicto por años, me di cuenta de que ya no sentía satisfacción cuando peleaba, algo en mí había muerto, y no quería ser uno de esos dopados compitiendo por dinero, así que cuando me reclutaron, decidí que no era mala idea emplearme ahí para golpear unos cuantos rostros malhechores.

Al entrar al local parecía estar todo en orden, las sillas estaban en su lugar y las mesas limpias, a excepción de una donde descansaba un plato con algunos dumplings y, al otro lado, un plato con tallarines fríos; uno de los del equipo forense guardaba los palillos en una bolsa de cierre como evidencia ―Subamos ―dijo el viejo.

Subimos una escalera pequeña y encontramos las cintas de "escena protegida" en una de las habitaciones, era obvio que algo había sucedido. Un oficial nos tomó por sorpresa, ―Tokushu Kyushu Butai ―dijo, asentimos a la par el viejo y yo―. Oficial Taro Kishaba ―se presentó conmigo y se saludó con el viejo―. Si me permiten, es obvio que asesinaron a la anciana y se llevaron al niño.

―Saotome ―le respondí―, ¿qué demonios? ¿Asesinato? ¿Quién dictaminó la hora de la muerte? ¿Tomaron signos vitales? ―pregunté ofuscado mirando la escena, una anciana de aproximadamente unos 78 años yacía en el suelo boca abajo con varios impactos― Póngame al tanto oficial, ¿es así como trabajan aquí? ―inquirí interesado, mientras Happosai me lanzaba una mirada de reproche.

―Saotome... hmmm, no toques mi escena del crimen ―dijo el viejo―. Sal a hablar con los policías y que te expliquen lo que vieron. Averigua lo que puedas afuera y corre a esos odiosos reporteros.

―¡Soy el mejor agente en Kyoto y llevo ocho meses en homicidios! ―chillé exasperado

―¡Aha! ―respondió el viejo sin mirarme―. ¿Puedes guardar silencio y hacer lo que te estoy ordenando?

Cuando salí, una chica histérica gritaba desde la parte de atrás de una ambulancia, que estaba estacionada del otro lado de la acera. Me acerqué por curiosidad ―¡Hijo, noooo! ¡Abuela! ¡Taikiiiii, noooo! ―repetía histérica.

―Detective Saotome ―Le enseñé mi placa pero pareció no importarle. Seguía forcejeando, se notaba que era una chica fuerte, los paramédicos no podían inmovilizarla.

―No creo que vaya a ponerle atención, además no habla bien, parece extranjera ―me dijo uno de ellos―. Es familiar de la víctima y madre del niño que se llevaron.

Le di un repaso; era una mujer joven, con una belleza exuberante, 1.50 metros y busto prominente que subía y bajaba mientras forcejeaba, cabello color púrpura, en un peinado extraño que le daba un aire infantil ―Señorita, necesito hablarle.

―¡Soltarme! ―decía lanzando fuertes patadas mientras dos angustiados y raquíticos paramédicos intentaban a toda costa sentarla en la camilla.

―¡Con permiso! ―exclamé. Le hice una llave al estilo Musabetsu que la inmovilizó momentáneamente― Cálmese ― insistí.

―Soltarme. ―Su tono había cambiado, comenzó a sollozar.

―Haremos un trato, yo la suelto si me explica que sucedió, ¿de acuerdo?

―Si yo saber, Taiki... ―dijo con la voz quebrada― Hacer pedido lejos de aquí, yo llevar y de vuelta hijo no estar y abuela… abuela ―ahogó un grito― ¡Abuela, nooo! ¡Dejar que yo verle por favor!

La inmovilicé una vez más para poder ayudar a los paramédicos a atenderla, era obvio que en su estado no podría obtener ninguna información. Cuando lo consiguieron, me alejé de allí, uno de los policías me dio algunos datos. Me dirigía de vuelta hacia el lugar de los hechos y noté cómo una mujer reportera de lentes oscuros y gabardina, fotografiaba a la madre del niño secuestrado ―¡Oyeee! ¡Ehhhh! ¡No puedes sacar fotografías! ―ordené haciendo señas con las manos, ella me miró un segundo y se escabulló.

Happosai salió de ahí, me hizo la seña de irnos, esta vez él conducía, a ese paso llegaríamos por la noche a la oficina. Miraba fijamente el parabrisas. Seguía lloviendo sin tregua, creo que para el momento mi humor estaba de mal en peor.

―¿Sabes que en Kyoto tengo una reputación intachable? Resolví casos en tiempo record, tengo amplia experiencia y sé perfectamente qué hacer cuando se hace un reconocimiento.

―Aha ―Fue su respuesta mientras seguía con la vista fija en el parabrisas.

―¡Happosai, no voy a tolerar que me hagas a un lado, soy tan detective como tu!

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Nos dirigimos a la oficina del jefe de nuestro departamento, el oficial Yamamoto, un hombre de unos 60 años calvo, igual que el viejo Happosai, pero gordo y con muy mal semblante.

―Happosai, aquí están los primeros reportes forenses de la víctima y algunas fotos de la escena, además de los datos del caso. ―Le tendió el expediente.

―Hmmm ―dijo el viejo rascándose la calva. Abrió los documentos, los hojeó y le tendió de vuelta el expediente― No lo quiero, busca a alguien más, Saotome no está listo.

Chillé inmediatamente ―¡Arghhh, claro que estoy listo! ¡Llevo en homicidios ocho meses y soy el mejor! iSi no quiere el caso yo sí, démelo a mí, además él es muy viejo ya ―dije mirándolo― ¡Lo siento pero es verdad, y no hable como si no estuviera presente! ¡Dígamelo a la cara, como un hombre!

―Guarda silencio, Saotome, no vas a tener nada aún ―intervino Yamamoto encendiendo su pipa.

―No estás listo ―recalcó Happosai viéndome a los ojos.

―Arghhh ―protesté.

―¿Por qué no lo quieres, Happosai? ―preguntó curioso, Yamamoto.

―Sencillamente porque, a juzgar por las fotos y evidencias, no fue un robo. Está intacto el dinero y el lugar, esperaron a que la madre saliera y asesinaron a una anciana para secuestrar a un niño de dos años. Esto es un secuestro y averiguar el móvil no será fácil, puede ser tráfico de órganos, estupefacientes, venganzas, qué se yo. No hay datos de nada, y el lugar era muy pequeño. Apenas producen una mierda de dinero como para pensar en que los vieran como un buen botín, y quiero retirarme en tiempo.

―¿¡Ve!? ―argumenté― ¡Que se vaya al infierno este viejo, no lo necesitamos! ¡Deme el caso!

―iSi no te callas, Saotome, voy a tener que arrestarte ―dijo Yamamoto― ¿Qué es tan urgente para retirarte Happosai?

―Sencillamente ya no entiendo el mundo como es ahora, quiero estar con una bella mujer y disfrutar mi tiempo en paz, ya he cumplido ―dijo dando la espalda, haciendo amago de salir de ahí.

En ese momento supe que el que iba a reemplazar a Happosai era yo, por eso me habían asignado como compañero al viejo. Yo era su reemplazo, por un momento pensé si a su edad desearía lo mismo.

―¡Haznos el favor de salir de aquí, Saotome! Tengo que hablar con Happosai a solas.

Me levante exasperado y azote la puerta, necesitaba un café, definitivo.

Día 2

Sus caderas desnudas suben y bajan en un vaivén que conozco bien, ella arquea el cuello para darme más espacio a disfrutarla, su olor me embriaga y profundizo el contacto, emite un quejido que suena más a un lamento y me deja ver que está disfrutando más que cualquier cosa, siento su sedoso pelo mojado por el esfuerzo en mis manos y quiero más de ella, aumento el ritmo de manera frenética, siento que pierdo el control y de pronto, el sonido que sale de ella parece un suspiro, exhala con esos ojos avellana suplicándome que termine con su agonía y, mi cuerpo frío y mojado por el sudor, me despierta.

Otra vez ese maldito sueño, es que nunca me veré libre de esto. Abro los ojos, son las 4:15 am . Otra noche sin dormir añorando tenerla de nuevo...aunque... no sirva de nada.

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7:50 am

Ya había leído el expediente completo del caso Desaparición y Homicidio, Zhang:

Lugar de los hechos: Nekko Hanten Shibuya Tokyo central.

Cologne Zhang : Asesinada. Nacionalidad: china. Edad: 74 años. Motivo de la defunción: Herida por arma de fuego.

Taiki Zhang : Dos años, sustraído de su domicilio. Nacionalidad: japonés. Señas particulares: cabello castaño lacio, y flequillo al frente.

Nombre de la Madre: Xian Pu Zhang , Edad: 29 años. Nacionalidad: china.

Había una nota en el expediente de la declaración ministerial " La madre refiere que por la mañana recibió un pedido muy grande hasta el distrito de Nerima, salió a las 8:30 am con el pedido y, al volver, encontró a la víctima tendida en la parte de arriba del restaurante que usaban como domicilio y ni rastro del pequeño.

«Definitivamente necesito interrogar a esa mujer» pensé. No parecía un robo, en las fotos del forense se veía a un único cliente a esa hora de la mañana, el dinero de la registradora estaba intacto y además estaba el reporte forense. No había dejado una maldita pista excepto los palillos, solo podrían ser evidenciados con análisis de DNA, ya que no había huellas en ellos.

Fui a por mi acostumbrado café al puesto de la esquina mientras cavilaba sobre el móvil del "NekoHanten" ó café gato, como se leía en el letrero de afuera. Es verdad lo que había rezado el viejo, ese lugar era simplemente un basurero donde no creía que hubiera buenas ganancias, además la mujer era madre soltera, dos mujeres solas; una joven madre y una anciana en un pequeño lugar de comida rápida, no se veía como una buena inversión si de secuestro se trataba. A menos que «drogas...» pensé. Pero la verdad: el auto de la mujer que quedó en resguardo era una mierda, y su ropa también, y las cuentas bancarias decían que estaba en la calle. No, las drogas no podían ser...

―¿Azúcar, caballero? ―preguntó la anciana del café.

―¿Eh? ...No, gracias… ―respondí. Tomé mi café y seguí absorto con mis pensamientos, no podía borrar la imagen del niño Zhang, es que a menos que se tratara de una red de trata de órganos, no entendía qué valor podía tener secuestrar a un menor cuya familia no tiene un nivel socioeconómico de valía. A menos que hubiera cosas fuera de el expediente. Necesitaba interrogar a la mujer, definitivo. Hablaría con Yamamoto para obtener el caso y necesitaría el permiso para interrogarla de manera oficial firmado por el fiscal de distrito. Para antes del mediodía el oficio por escrito estaba en la fiscalía, pidiendo el permiso para entrevistar a la madre del niño; Era curioso que siendo Tokyo esos trámites fueran más rápidos y menos engorrosos, pero para mi suerte estaban tardando demasiado. En Kyoto ese trámite hubiera tomado una llamada telefónica.

―Está tomando demasiado tiempo la autorización del interrogatorio ―dije recargado en el escritorio de la señorita Ogawa; una mujer de unos 55 años, secretaria de nuestra área desde hacía 1000 años, que se jubilaría al terminar el año.

―Joven Saotome, no está en mis manos este asunto ―alegó acomodándose los lentes, sin mirarme y tecleando en su máquina de escribir, copiando algo ininteligible de una libreta vieja.

―Es taquigrafía ―me explicó seria―, ahora si me disculpa, yo no sé usted, pero yo tengo mucho trabajo ―dijo volviendo a la máquina de escribir, intentando mejorar la visión de sus viejos lentes acercándose a la hoja.

―En Kyoto esto solo habría tomado una llamada ―espeté con sorna.

Una mirada inquisidora y las arrugas en las comisuras de sus labios, me dijeron que había dado en el clavo.

―La secretaria de la fiscal recibió al mensajero el oficio, pero dijeron que no había llegado la fiscal y no había respuesta, pero si tiene algo más que decir, el jefe Yamamoto está en su oficina ― dijo con una voz molesta y chillona.

―Gracias… ―fue mi respuesta, sabía que Yamamoto me retaría por molestar a la señorita Ogawa, era la reliquia de la oficina y, dado que era su último año, si la hacía enfadar demasiado sería mi último día en la policía.

A la salida del turno me dirigía a mi piso, había rentado un cuarto en Shinawaga a 20 minutos de Tokyo en tren. De camino, mis pensamientos me llevaron hasta el NekoHanten para ver si de casualidad me encontraba con la chica Xian Pu y podía interrogarla extraoficialmente. Era obvio que no la iba a encontrar allí, a quién quería engañar. Como pensé estaban las cintas aún y el letrero de inmueble asegurado por la policía, seguí el camino a la estación y compré algo para cenar, era obvio que no quería ir a casa, no podía estar conmigo mismo. Me atormentaban los recuerdos como el primer día.

Al llegar, abrí la charola de ramen, y otra vez el niño Zhang vino a mi mente. Se me revolvió el estómago y dejé la cena de lado. Me puse a hacer algo de ejercicio para distraer mi mente. Exhausto, me duché y ahí estaba ella, otra vez en mis pensamientos, ¿por qué, maldita sea? Habían pasado años y aún añoraba su cuerpo, ni siquiera las agotadoras rutinas realizadas hasta altas horas de la noche podían distraerme de la misma añoranza. Quizás la juventud y belleza de la joven chica Zhang habían rememorado en mi subconsciente algo que creía pasado y prefería olvidar.

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Día 3

Llegué a la oficina y saqué el expediente del caso Taiki Zhang, debía encontrar el detalle que estaba omitiendo. Estoy seguro de que algo se escabullía frente a mis ojos y no podía detectarlo, solo el interrogatorio podría decirnos algo. Inmediatamente sonó el teléfono.

―Saotome ―escuché del otro lado la voz cansina del viejo―, encuéntrame en el aparcamiento en 10 minutos. ¡Trae dinero!

―¿Que rayos? ¡No soy su maldito banco! ―El repicar contínuo del auricular me hizo notar que ya había colgado― ¿Que se creía ese viejo? ―aventé el teléfono sobre el escritorio. Tomé la gabardina, la boina y salí. La maldita lluvia no paraba de día o de noche, vaya temporal el que estaba teniendo Tokyo. Pedí un par de cafés, quizás el viejo necesitaría tanto como yo un café a esa hora, o tal vez el muy ladino para eso quería mi dinero.

Apareció en el aparcamiento unos minutos más tarde mientras yo estaba casi completamente ensopado. Abrió la puerta desde dentro, me subí como pude y le ofrecí el café ―No, gracias. No bebo café, solo té.

―Arggh ―exasperado lancé el café por la ventana y me acomodé en el asiento con fastidio.

―¿Para que demonios quieres que te espere? ¡No soy tu escort, viejo idiota! Vine a reemplazarte no a ser tu guardaespaldas, ¡que te quede claro!

―¿Cuánto dinero tienes? ―me preguntó sin dejar de mirar el parabrisas.

―¿Para qué?

―Tengo un amigo en la comisaría que nos permitiría ver las cámaras de vigilancia de la zona. Pero necesitamos pasta ―dijo haciéndome la seña de dinero. Se detuvo frente a la zona de la estación de Shinanomachi. Intercambió un par de palabras con un sujeto obeso de vestimenta demasiado informal, más que un funcionario de la comisaría parecía un traficante. Noté cómo el sujeto me miraba mientras se limpiaba el sudor y Happosai le entregaba discretamente un periódico que, obviamente, contenía el pago por la información que estaba por proporcionarnos de manera ilícita. Desde mi posición se veían demasiado obvios, pero la gente que pasaba junto a ellos apenas les dirigían una mirada o pasaban de largo.

―Hoy por la noche tendremos el vídeo de seguridad en nuestras manos , no hagas planes ―dijo mientras encendía el auto.

Cuando volvimos a la oficina, la flamante orden para el interrogatorio descansaba en el escritorio de Happosai, apenas me estaba desabotonando la húmeda gabardina cuando me habló: ―Nos vamos, la fiscal interina acaba de autorizar el interrogatorio. Trae el expediente ―Alcancé a ganarle las llaves al viejo y éste me miró con decepción.

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Alojada en un hotel para extranjeros y resguardada por la policía estatal en el barrio de Shinjuku, a unos 4 km del NekoHanten, se encontraba la joven señora Xian Pu Zhang.

Cuando nos vio entrar, contuvo el aliento.

―¿Saber algo de Taiki? Traer a Taiki. Yo no poder seguir sin él ―sollozó.

―Soy el agente Happosai y el es el agente Saotome, le hará algunas preguntas y le mostrará imágenes. No sabemos nada del niño, aún. Pero si coopera con nosotros haremos nuestro mejor esfuerzo.

―Agente Saotome ―me presenté―, le prometo que lo encontraremos, así como al que hizo esto ―dije muy seguro de mí mismo. El viejo me lanzó una mirada, furioso. Y yo comencé: ―Señora Xian Pu, ¿la llamada la hizo un hombre o una mujer para el pedido de la mañana?

―Una mujer, ¿eso que tener que ver con Taiki?

―¿Por qué entregan pedidos a esa hora de la mañana? ¿Es acaso servicio de 24 horas y a domicilio?

Me miró furiosa ―Nosotros no tener ingresos, hacer de todo por sobrevivir ―la mirada era de reproche.

―¿Tiene enemigos? ―continué.

―¿Ser esto, broma? ¿Ser policías y yo resolver caso sola? ¡Largo de aquí! ¡Traer a Taiki o dejarme salir a la calle a buscar yo!- Me lanzó una almohada a la cara.

―Señora Xian Pu ―tenía que ser directo―, ¿en su local se reparten mercancías ilícitas? Podría ser una venganza. ―La mujer me lanzó un puñetazo que pude esquivar y detener.

Happosai la tranquilizó y, con facilidad,empezó a hablar en Chino con ella.

―¡Trae las imágenes! ―me ordenó. La chica contestaba y con dolor señalaba las imágenes mientras el viejo y ella intercambiaban palabras que no pude interpretar. Me sentía un inútil, sentí que estaba sofocándome, así que salí de ahí a tomar un poco de aire. Encendí un cigarrillo y un sentimiento de ira se apoderó de mí.

―¡Qué demonios! ―dije cuando la lluvia apagó mi cigarrillo.

Happosai salió media hora más tarde dando tumbos ―Necesito que conduzcas, vamos al NekoHanten de nuevo, rápido.

―¿Lograste averiguar algo?

―Nada, pero debe haber algo que pasamos por alto, debemos volver. ¿Sabes si los del forense movieron evidencias?

―¡Lo hiciste a propósito! ―le recriminé hecho una furia― ¡Eres un viejo tramposo! ¿Por qué no me dijiste que hablas chino? ¿Querías ponerme en ridículo? ―estaba verdaderamente furioso

―Nunca preguntaste. ¿Qué te puso tan furioso en la vida? ―me preguntó mientras encendía él mismo un cigarrillo―. Nunca había conocido a alguien tan visceral como tú, y menos en este trabajo.

―Soy… ― iba a decir.

―Sí, ya sé, el mejor artista marcial… ―dijo aburrido.

―El mejor detective ―corregí.

―No en mi distrito, no has podido ni interrogar a la joven señora Zhang sin explotar frente a ella y no obtuviste nada.

―¿Y tú sí? No me sorprendería que te hubiera dicho algo y quieras hacerte el héroe para retirarte con condecoraciones mientras me dejas haciendo el papel de idiota, o peor aún, el de tu asistente. Y no me digas como hacer mi trabajo ―Le respondí.

―¿Lo ves? Ya estás a la defensiva y no he dicho nada.

―¿Por qué hablas chino? ―pregunté desviando el tema.

―Fui entrenado en artes marciales en China y pasé muchos años de mi vida allá.

―¿Artes marciales? ¿Quién podría creer eso? -escupí, burlón.

―Te sorprenderías… ―sonrió.

―¿Casado? ― pregunté, ansioso.

―No, jamás podría hacer mi trabajo si estuviera casado, con todo lo que he visto ―dijo exhalando humo por las fosas nasales con la mirada en el parabrisas― Por tu carácter podría adivinar que tampoco eres casado.

Exhalé fastidiado. Afortunadamente habíamos llegado. Afuera custodiaban un par de agentes y una discreta patrulla, a una cuadra de ahí, aguardaba cualquier movimiento extraño en la zona.

Entramos y todo seguía exactamente como lo encontramos ―Espero que los del forense no hayan movido nada ―murmuró.

―Solo tomaron fotografías, es el protocolo ―respondí.

Seguimos avanzando en la re-inspección del lugar ―Tiene que haber algo ―masculló el viejo mientras revisaba bajo las camas y movía muebles.

―Quien quiera que sea está jugando con nosotros, nos tiene contra la pared y está por embestirnos.

―Espera un minuto ―habló desde el patio― Saotome, llama a los del laboratorio ―gritó mientras salía con una prueba de embarazo en la mano.

«¡Qué rayos!» pensé ―¿Dónde la encontraste?

―Dentro de una bolsa de papel en el contenedor de afuera, hay que averiguar si es de Xian Pu y cómo está relacionado con el caso, o descartar.

Nos dirigimos al laboratorio forense y el viejo llamó a Yamamoto para explicarle la situación, le harían una prueba a la chica Xian Pu ―Será una tarde larga... Cambiaré el plan de la noche, ahora tenemos que esperar al forense ―exhaló. Me acomodé en el sillón de fuera del laboratorio.

―Hay tantos malditos freaks allá afuera matando gente, excusándose en mi perro me dijo que lo hiciera, la voz en mi cabeza me dijo que lo hiciera, Bruce Lee me dijo que lo hiciera ―le dije a Happosai que me observaba pensativo.

―¿Hablabas en serio con la señora Xian Pu, eso de encontrar al culpable y resolver el caso, o solo quieres meterte en sus panties? ―sonrió ladino enseñando sus amarillentos dientes―. Es una mujer hermosa, sin duda.

―Por supuesto que hablaba enserio. Y dudo que hayas visto una mujer hermosa alguna vez ―dije exasperado.

―Desearía aún pensar como tú, muchacho.

―Entonces dime qué demonios piensas que estamos haciendo.

―Recogiendo los pedazos, tomamos toda la evidencia, sacamos las fotografía pertinentes, hacemos anotaciones y nos fijamos en el momento en que ocurren las cosas.

―¿Eso es todo? ―pregunte estirándome en el sillón, bostezando.

―No lo sé ―respondió encendiendo un cigarrillo.

―A veces crees que vas a llegar a algo y es solo un espejismo, es como recolectar diamantes en una isla desierta y guardarlos, por si alguna vez somos rescatados.

―¡Mierda! ―exclamé― Si eso fuera cierto, ¿qué haces todos estos años en este trabajo?

―Mucha gente se quedara impune. Esa es la sociedad, es la naturaleza humana.

―¡Mientes! Yo te vi emocionado cuando encontraste esa maldita prueba de embarazo en el Neko Hanten, no me digas que no sientes lo mismo.

―Lo que sienta es lo menos importante muchacho.

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A las 4 am entró Yamamoto con policías estatales.

―¡Despierten, señoritas! La prueba de embarazo de Xian Pu Zhang es negativa y el material encontrado en la escena no es de ella. Happosai y Saotome, acompáñenme, hay que hacer un reconocimiento de urgencia.

Quince minutos más tarde habíamos llegado al barrio de Denenchofu, un barrio exclusivo de ricos en Tokyo ―Da la vuelta en la siguiente calle y detente en la entrada, por favor ―me dijo Yamamoto desde la parte de atrás del vehículo. Cuando bajamos del auto, solo había un par de agentes en la entrada vestidos de traje, los agentes reconocieron de inmediato al jefe. ¿Por que Yamamoto se había tomado la molestia de acompañarnos?...pensé

Aparcamos el auto en la entrada de una reja negra y brillante. El lugar era realmente abrumador, todo gritaba dinero en esa fachada; paredes blancas de una mansión se vislumbraban un poco retiradas de la entrada, tenía un sendero de árboles de pino que te llevaban desde la reja hasta la entrada a unos 700 mts aproximadamente. En las paredes de la casa por fuera colgaban buganvilias ―Tokubetsu Koto Keisatsu ―dije enseñando mi placa. El oficial de la entrada me cedió el paso y pude observar un jardín enorme lleno de árboles de cerezo y pinos en los alrededores de los muros y la reja que delimitaba la propiedad. Era una vista sin precedente para mí.

―¡Dese prisa! ―dijo un oficial― ¡Intentaron plagiar a la señora! ―Hapossai y Yamamoto me hicieron señas de que me dirigiera a auxiliar a la señora que intentaron plagiar.

Al entrar corriendo a toda velocidad, la realidad me golpeó muy duramente. Yacía en el suelo, parecía inconsciente, la habían golpeado. Los mechones azulados de un sedoso cabello largo, el mismo que había estado en mis sueños tantas veces, contrastaban con la palidez de su rostro, frágil. Estaba ataviada en un sencillo vestido de gasa blanca cuando la tomé en brazos, era una visión que terminó con mi poca cordura, me miró ―Ranma… al fin volviste ―dijo mientras se desvanecía en mis brazos. No podía pensar, no era agente, era solo un chico, tenía 17 años otra vez. Me quedé mirando su nívea piel sin poder reaccionar y de pronto estaba de nuevo en mis sueños. Los gritos de una mucama me trajeron de vuelta a la realidad, entonces pude ver que ella tenía indicios de golpes en el rostro. ¿Cómo alguien podía ser tan ruin de tocar un ser indefenso? Sentí la ira apoderarse de mí, ella temblaba en mis brazos, inconsciente.

La tomé de prisa y salí con ella en brazos dando zancadas, a lo lejos escuchaba llegar la ambulancia. Sentí un calor vibrante que emanaba de mi pecho mientras corría con ella fuera de la casa. La ambulancia se estacionó frente a la mansión, la deposité en la camilla y, cuando iba a bajar, sentí un ligero apretón de mano. Ella no quería que me fuera de su lado y yo por supuesto me senté al lado de la camilla mientras mi corazón daba tumbos y amenazaba con salirse de mi pecho. Estaba aturdido momentáneamente, no pensé que este iba a ser el día en que volveríamos a vernos, y tampoco la situación.

Un automóvil de lujo marca Mercedes Benz se apeó detrás de la ambulancia y un sujeto alto de lentes oscuros, 1.90 cms, pelo castaño, vestido de traje, bajó a toda velocidad. Se dirigió a la ambulancia.

―¿Cielo, estás bien? ―le preguntó mientras me lanzaba una mirada de extrañeza y ella me soltaba la mano casi dolorosamente― ¿Dónde está Yuzuru? ¿Quién es usted?

―Tokubetsu Koto Keisatsu ―enseñe mi placa.

―Ah ―dijo mientras se subía a la ambulancia ―¿Dónde está el Jefe Yamamoto? ―Me pregunto?

No había escuchado ni media palabra, estaba asombrado de oír cómo se dirigía a ella ¿cielo? pensé, y de nuevo la rabia aparecía en mi subconsciente como una sombra inaplacable.

―Senador Ryugen ―interrumpió la voz de Yamamoto a mis espaldas, en un tono de servilismo que me exasperó―, tengo todo controlado, lamentablemente se llevaron al niño y a su suegra, pero tengo a mis mejores agentes ya en la escena. Uno de ellos ha rescatado a su esposa. Se hará cargo del caso el agente Taro Kishaba.

¡Ryugen! pensé, Ryugen Shinnosuke, así que después de todo lo tenía frente a mi, y claro que lo recordaba.

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Hola a todos este es mi segundo fic y el primero que gracias a mi querida editora y b reader la bella #SakuraSaotome no hubiese podido publicar es muy difícil hacer todos los pasos pero creo que hoy lo logre!

Quiero agradecer a mis beta reader a #SakuraSaotome quien hizo con su talento la portada del primer capítulo y ademas esta haciendo el fic de por un sueño corran a leerlo y síganla en instagram y en fanfiction y en la pagina de las locas es muy talentosa y gracias miles por toda la ayuda que me brindas baby.

A mi beta #SusyChantilly quien hizo que leyera su mas reciente fic de Inuyasha sin ver el anime y ya prepara su nuevo proyecto que estoy segura todos quedaran prendados.

A mis locas por el Dios griego y a todos los que me leen, es una afición amateur que lejos de ofender a alguien solo busca compartir

Bendiciones y Namasté

Sailordancer7