«El tiempo es un caballo leproso
que pisotea las cosas».

MARIO RIVERO. Una pequeña historia (1963)

1. HEREDARÁS EL VIENTO

VERANO. 1998

Mi padre me lo dijo una vez: Heredarás el viento.

Yo no entendía bien qué significaba, así que terminábamos peleando y lo mandaba bien a la mierda. Sí, lo mandaba a la mierda una veces por semana.

Era una rutina. Al final, todo se hace rutinario. Hasta romper la rutina.

A veces pienso que estaba mejor al principio, un recién graduado con pocas posibilidades y genuinos talentos; que debí haberme quedado con lo que tenía, una linda novia, una buena aunque crujiente casa en Catchpole, vaya agujero ...

No puedo decir que no lo pienso ahora.

¿Pero cómo fue que llegué hasta aquí?

Apareciéndonos y desapareciéndonos cuanto podíamos, con esos Aurores detrás de nosotros siempre a punto de alcanzarnos, como arañándonos la piel y las ganas.

Sabíamos cómo era esto: Esos malditos no se cansan, aunque ganen unas miserias, no nos dan un segundo, lo hacen por pasión ¿saben? Un poco como nosotros, la pasión de la aventura, una buena captura, atrapar a un maldito infeliz que se siente intocable, salirse con la tuya y hacer el bien sin mirar a quien y toda la cosa.

Yo solía pensar que era una especie de broma, ya saben, una frase hecha, eso de "al final siempre los atrapan". Yo me burlaba en sus caras y orinaba en sus jardines cuantas veces podía; pero era verdad. Al final te atrapan, terminas pagando.

Y ahora ...

¿Cómo llegué aquí?

Ni siquiera sé muy bien dónde estamos ahora, para ser exactos. A ver ... El Sol me cubre los ojos y hay mucho espacio abierto, corre un apresurado viento y eso que suenan creo que son las turbinas que vienen y que van con destinos extraños. Si tuviera que apostar, diría que es una pista de aterrizaje.

Aquí estoy, rodeado de Aurores, tumbado y desgraciado, con el estómago abierto y las tripas que se me salen por culpa de una aparición mal hecha unas 5 paradas atrás.

Ah, por cierto, ella es Hermione Granger. ¿Lindo peinado, verdad? Ella era mi socia. Y lo sigue siendo, supongo. ¿Quién nos ha arruinado? No tengo ni fuerzas para enojarme. Lo único que me preocupa ahora es ... ¿por qué no puedo pensar en nadie más que en mi padre? Cho era una buena chica, y Amanda era genial, y admito que Hermione no está nada mal, ¿pero por qué solo puedo pensar en lo que me dijo mi padre aquella vez? Heredarás el viento. Tal vez ahora empiece a entenderlo.

[Solo 9 meses antes]

Todo comenzó como un juego, ya saben, cosas de niños, apenas destetados. Nos reuníamos en los almuerzos, y entre miradas coquetas y chistes imberbes íbamos aprendiendo un par de curiosidades. No era como sacarse la chorra o las competencias de distancia, ya no éramos chiquillos pero un poco sí porque íbamos un poco a la broma fácil ya veces queríamos sacarnos la chorra. Luego, entre tomas y cigarrillos, íbamos haciendo preguntas y la gente iba soltando la lengua, deslizando el comentario anzuelo. Era divertido; algunos contaban siempre la misma historia, pero con qué pasión y amor, uno se quedaba a escucharlas siempre, aunque conocieras ya todos sus ases y sus juegos y cómo meneaban la mano y en qué momento pausaban para tomar aire dramáticamente e incluso las recordases mejor que ellos,

Luego íbamos tras los bares, desapareciendo con el barbárico jazz, ¿saben esas combinaciones de toques y ladrillos que parecen azar? Está hecho adrede, despista a los curiosos. Si no eres de los nuestros, no entras, terminas estampándote contra alguna pared y los señaladores, ya un poco hartos de olerles las conchas a las mojigatas, lo achacan a los estupefacientes y un par de horas pa dentro.

Allí atrás estaba el verdadero juego y había reglas muy estrictas, muy a la antigua, siempre por encima de los 500 y si intentabas algo, dedos rotos era la norma. Pero todos hacían trampas, cómo no las harían, por todos lados, y todos guardaban el secreto, nadie decía nada, a nadie le importaba. Pero la regla estaba ahí, en la pizarra, lista a ser cumplida ¿quién la escribió? ¿Quién carajos crees que soy, un jodido Historiador? Esas cosas había que respetarlas y ya, si no, te subían a un camello y de vuelta a Turquía con los dedos rotos. Lo importante era ser sutil.

Así que la primera noche ganamos un poco de más y me rompieron tres dedos. Los muchachos los recompusieron, era un hechizo de aficionado y volvimos la noche siguiente, un poco más humildes, pintados, pero volvimos a ganar. Teníamos un sistema, y un gran equipo, pero quizás debería empezar todavía un poco antes, ¿saben? Contar cómo me inicié. En realidad no es una gran historia, alguien más me metió, alguien mayor, que a su vez había sido metido por alguien también mayor, hace algunos años, y así ad infinitum. Ya saben lo que digo, estas cosas se pueden rastrear eternamente, forman una tradición ininterrumpida de magos pendejos.

—Cedric, ¿qué se supone que estás haciendo? —Ese es mi padre. No es nada impresionante, ¿verdad? No los culpo por estar decepcionados, pero este cabrón me enseñó todo lo que sé sobre trucos y engaños. Era de esos magos chapados a la antigua, de los que ya no hay. Pero se reformó, se hizo conservador y vota por los maricones laboristas, ¿qué querían que hiciera? Alguien tenía que rescatar el apellido Diggory, digo, no es que fuera realmente muy famoso ni nada.

—¿Qué te parece que hago? —Le respondí con todo el derecho del mundo—, lo mismo que hacías tú, pero mejor.

—Insensato, ¿acaso quieres pasar por lo mismo que yo?

—No me digas que ahora te arrepientes.

—Imbécil, si pudiera rehacer mi vida desde el principio, lo haría.

—Joder, viejo, si serás maricón.

—Largo, no quiero ese dinero sucio en mi casa.

—¡Pues bien, me voy a la mierda, imbécil!

Así que me golpeó con la postal. Así era él, estaba frustrado con su vida. Mamá lo dejó porque se había vuelto un cobarde, y ni le contó cuando le detectaron el cáncer. Nos enteramos que murió por una tía. En el funeral no quise verlo a la cara, y él lo aceptó, así era él. Ni siquiera tomaba riesgos en el desayuno. Pero yo ya había entendido que si quería ir a lo grande, si quería convertirme en un hombre de verdad, debía soportar una paliza de vez en cuando, unos dedos rotos a la semana.

Así lo veía yo.

Había descubierto una forma de hacer dinero. Mucho dinero. Y no se me iba a escapar tan fácilmente. Sí, mi viejo me amenazó un par de veces, pero después de ver cómo los verdes engordaban su raquítica cuenta se calló al fin la boca. Incluso empezó a ayudarnos en el Ministerio, no activamente, saben, sino como un pasivo, ¿entienden? Joder, qué gay ha sonado eso. Bueno, ¿qué más podía hacer el viejo? Le estaba asegurando su pensión. Pero le prometí que me cuidaría y que conseguiría un buen grupo, enserio, solo gente confiable.

Yo lo entendía, en el fondo, aunque actuara como si no. Él quería que yo estuviera a salvo –y yo también, si vamos a ser del todo sinceros-, y tampoco quería meter a nadie en problemas por mí. Así que un buen grupo, solo gente confiable, nada de riesgos, ni de broma iba a llamar a Finnigan, ese malnacido puede hacer que la fórmula más simple estalle en una nube de gas tóxico que nos mande a todos al infierno. No, tenía que dejarlo fuera, había que cuidarnos entre todos como buenos amiguitos, y nada de ser codiciosos, ya saben.

Yo sabía que la gente cae por ser demasiado codicioso.

En el fondo, somos todos unos sucios bastardos que siempre queremos más.

Y vaya si conseguí unos amiguitos.

Estaban los hermanos Weasley. Inventaban de todo, eran muy creativos, escuché que habían inventado un Pantano de Bolsillo y es como, joder, en mi puta vida voy a necesitar algo así, pero está bien saberlo, en fin, estos tipos eran unos genios y usaban su inteligencia para el mal y era exactamente lo que buscábamos.

Sí, un par de idénticos pendejos.

Luego estaba Hermione Granger, ya saben quién, una sabelotodo y chupamedias. Cielos, era tan lista y hábil que había adelantado 2 años en Hogwarts y todo el mundo la odiaba en secreto, aunque la tratasen bien y la invitaran al atracón. No la habría invitado yo si no supiera que era imprescindible y que no iba a chivarse: necesitaba el dinero, ya que sus padres Muggles y sus trabajos de porquería no podían costearle todos los materiales para Hogwarts por más becas que sudase su culo impuro.

Como seguridad estaban Vincent Crabbe y Gregory Goyle. No eran muy inteligentes así que no necesitaban saber exactamente qué estábamos haciendo. Solo les pagábamos bien y ya. Si alguien se metía con nosotros, ellos se metían con él. Si alguien no quería pagar, ellos le cobraban. Diablos, tenían apenas 18 años pero parecía que habían pasado 10 en prisión rompiendo costillas. Estoy seguro que hubieran violado algunos mocosos. Eran la mejor seguridad que se podía conseguir y creo que Malfoy no los extrañaría por un tiempo, él estaba muy en lo suyo.

Y bueno, también estaba Cho Chang. Nos encontró un día contando el dinero y no pudimos ocultarle nada, ya saben cómo son, leen las mentes. Tuvimos que meterla, además, necesitaba el dinero, su madre tenía problemas en el Ministerio, la querían echar por ser china y esas cosas, además era buena persona, para nada iba a ir con el soplo a Dumbledore. Y era mi novia, joder ¿qué querían que hiciera?

Pero aún no estábamos listos. Necesitábamos a alguien más, alguien que nos ayudara, por dentro, con experiencia, alguien que conociera muy bien cómo funcionaba este negocio y de preferencia alguien que pudiera responder por nosotros si algo salía mal. No venía mal alguien mayor y con cierta influencia.

Y quién lo diría, lo encontramos en el mismo Hogwarts. Oh, Hogwarts, magnánima colosal sobre ese lago pestilente, siempre tienes lo mejor para nosotros, de sus salones y pasillos han salido los más grandes benefactores del Mundo Mágico como los más mezquinos hijos de perra... me pregunto qué dirán de nosotros los libros de Historia. Mereceríamos salir en ellos, ¿no? Joder, aunque sea una puta esquela en El Profeta.

Aquellos que echarían un incendio en sus manos por la pulcritud del profesor Lupin son unos pendejos impresionables de primer año, no tienen la más mínima idea de la sabrosura de la vida que les espera, eso si no desperdician su tiempo con la nariz en un libro. Que la magia está a nuestro alrededor, joder, y hay que moverse para sentirla.

Y Lupin sí que sabía sentirla, sí que sabía dónde buscarla, y vaya si sabía gozarla. Profesores como él eran como una especie de criatura mitológica que encuentras solo de suerte en una de tus docenas de incursiones al Bosque Prohibido para fumar y echarse unos rituales chingones. Era como un puto y bello unicornio que soltaba anfetaminas por el cuerno, que era una especie de segundo pene en realidad.

Pero si es como yo lo digo, joder, ellos nos entienden, saben quiénes somos y lo que queremos porque ellos lo han sido y lo han querido, y entonces solo hay que liberarlos de su formalidad, hacerlos rejuvenecer y esa es una de las magias más oscuras que existen, pero los resultados son vigorizantes, transcendentales podría decir, y no soy de hablar por hablar. Pero, joder, ¿cómo decirlo? ¿Alguna vez han visto un hombre lobo follar?

Y así, bueno, estábamos listos para proceder.