Tenía dolor en el estómago que era acompañado por una sensación de mareo que le impedía abrir los ojos, pero aun así estaba lo suficientemente consciente como para reconocer que su entorno ya no era aquella playa en dónde hacía unos minutos estuvo, el ambiente tenía un suave aroma a lo que parecía ser canela y podía sentir un suave colchón debajo de él, así como también sabía que una persona se encontraba acostada a su lado.
Sentía la respiración de aquella persona desconocida en su cuello, así como podía percibir un suave aroma florar combinado por lo que juraría era sudor y un poco de movimiento por parte de esa persona; probablemente aun dormía y eran pequeños movimientos que hacía inconscientemente. De pronto sintió una mano posarse sobre su pecho desnudo; cayó en cuenta de que parecía estar completamente desvestido y no tenía ni idea de cómo había pasado ni mucho menos quien era la persona a su lado
Los años que había pasado en la marina permanecían en su memoria sin importar la cantidad de veces que había pasado por lo mismo que tendría que enfrentar tan pronto como abriese los ojos, pero había una persona desconocida con su mano sobre su pecho y estaba desnudo, no podría permitirse permanecer en ese estado tan vulnerable por mucho tiempo, así que a pesar de que su cabeza imploraba porque no lo hiciera; finalmente abrió los ojos y se encontró en una recamara con paredes blancas, una puerta color madera en dónde había colgado un pequeño tablero con varios papeles, encontró lo que asumió era su ropa esparcida por el suelo junto a lo que parecía ser un vestido y unos zapatos de tacón, con cuidado de no moverse demasiado giro su cabeza para descubrir la identidad de la persona a su lado y se sobresaltó al verla a ella.
Era ella, dormida con el torso desnudo expuesto y una fina sabana cubriendo parcialmente su piel de su cintura hacia abajo, eso era lo último que había pensado que ocurriría, se había encontrado con ella en otras de las vidas que había sido forzado a visitar, pero nunca había sido en la cama ni ella había lucido idéntica a la mujer que había tenido la mala fortuna de conocer siglos atrás en un pequeño reino de Noruega.
Pensó en lo sencillo que sería acabar con su vida en ese momento, tal y como lo había hecho un poco más de un par de ocasiones, pero recordó que justo eso había sido lo que detonó esa locura en la que se encontraba atrapado desde que había asesinado a la que solía ser la Reina Elsa de Arendelle, así como también había acabado con la vida de algunas de las variantes de esa mujer, como lo fueron Millicent, Sarah y Camille entre los nombres que recordaba.
En la última ocasión había encontrado a Eloisa Carter; una mujer que escribía para uno de los periódicos locales y a quien había decidido evitar a toda costa, pensó que podría establecerse en aquella zona de lo que llamaban California, adaptarse al extraño año de 1969 y finalmente morir tras una vida tranquila; lo cual le había funcionado por quizá un par de años, pero el hecho de que ya no estaba descansando sobre la arena de una playa sino en la recamara de otra versión más de la mujer que tanto detestaba le hicieron saber que evitarla tampoco había funcionado.
—Buenos días — La escuchó murmurar con voz adormilada y sin abrir los ojos. Su voz era idéntica a la mujer que alguna vez pronunció la frase "no puedes casarte con un hombre al que acabas de conocer"
Sabía que era Elsa y que él era Hans, pero desconocía si esos eran sus nombres; lo cuál era poco probable puesto a que ambos habían tenido nombres distintos en cada una de las ocasiones en las que coincidieron, así como ella había sido Millicent y Eloisa, él también se había llevado la sorpresa de ser llamado Hilbrand, Joseph o incluso Thomas, aunque se preguntaba cuál sería su nombre en esa ocasión no era su prioridad averiguarlo en ese preciso instante.
La rubia se sentó sobre el colchón de la cama, no pareciendo afectarle el hecho de que él no le deseo un buen día o el hecho de que ni siquiera dijo algo, tampoco parecía importarle el que la viese desnuda puesto que no se apresuró a vestirse o siquiera cubrirse sus pechos así que llegó a la conclusión que el Hans de ese tiempo la había visto de esa manera en otras ocasiones.
—Debes irte — Dijo ella con tranquilidad —. No quiero que él te vea, podría confundirlo — Ni siquiera sabía a quién se refería en ese momento ni si debía de importarle —. No hagas ruido al salir — Le advirtió.
—Bien — Fue lo único que se le ocurrió podría decir sin actuar sospechosamente, pero no se movió; algo que pareció irritarla.
—Hablo enserio Johannes — Elevó un poco el tono de su voz —. He hablado con Olaf muchas veces sobre el cómo lo nuestro, es decir tu y yo…se acabó y no quiero que un pequeño error le dé falsas esperanzas al niño.
— ¿Tu muñeco de nieve? — Cuestionó desconcertado.
— ¿Muñeco de nieve? — Era claro que ella estaba confundida ahora — Si es una manera de referirte a nuestro hijo, no lo hagas — ¿Había dicho que tenían un hijo juntos? —. Sólo apresúrate a irte y no olvides pasar por él al jardín de niños esta tarde porque si me entero de que vuelves a dejarlo esperando me vas a conocer Johannes.
Él ni siquiera sabía dónde estaba el lugar que ella había mencionado ni a qué hora se suponía que iría por un niño al cual no conocía ni sabría cómo reconocer.
—Y Johannes — Volvió a hablar ella —. Lo que pasó anoche no volverá a ocurrir, hablo enserio.
No dijo nada, simplemente se levantó de la cama y apresuró a vestirse, ni siquiera comprendiendo quien era él esta vez, pero también exhausto por haber despertado en una nueva vida, una donde al parecer tenía un hijo con su peor enemiga y había tenido una especie de desliz la noche anterior, con la poca información obtenida de lo que iba de la mañana estaba casi seguro que esta nueva versión de Elsa era su ex esposa y como siempre, de alguna manera se vería forzado a mantenerla con vida por más que deseara hacer todo lo contrario.
Nota de autor:
Tengo el capítulo final de "El chico de las flores" terminado, pero en lugar de publicarlo me decidí por esta pequeña idea que estuvo rondando por mi cabeza las últimas semanas, pero no sabía si valía la pena desarrollarla o dejarla morir junto a varios borradores que probablemente deba eliminar de mi laptop.
En fin, siempre que digo que ya no escribiré más fanfics en un tiempo mi mente decide darme ideas para una historia Helsa y siendo honesta no sé cómo me hace sentir eso, lo que sí sé es que disfruto abrir Word, escribir mis ideas sin importar si decidiré continuar con la historia o si al final no va a convencerme, en fin, ni siquiera sé que será de este escrito, no sé si lo continuaré a pesar de que tengo una idea de lo que en mi imaginación sería el desenlace o si quedará como un OS que les dejará varias preguntas a quienes lo lean, en fin…
Algún día publicaré el capítulo final de El chico de las flores, les mando un abrazo y nos leemos pronto.
Los quiere, Wildy
