Dos figuras veían en un orbe, una luz blanca brillante que se movía por el mismo orbe casi pareciendo que bailaba por la forma en la que se novia alrededor. Esas figuras estaban cubiertas por túnicas de color negro dejando ver solo un brillo azul y otro gris, aquella luz empezó a brillar con mas intensidad llegando al punto en el que comenzó a tomar forma.

Mostrando a una mujer con un vestido sonriendo y con papeles pegados al pecho, mientras bailaba con ellos.

-Fue más fuerte de lo que esperaba.- El de ojos azules veían indiferentes a la mujer que bailaba con un hombre con una coleta y una pequeña barba.

-Y más dura de lo que se le da crédito.- Ahora se veía a la misma mujer más adulta, sosteniendo a un joven de rizos y pecas que tenia la ropa ensangrentada a la vez que lloraba desesperado.

-Fue interesante ver como se reponia de todo lo que pasaba, y cuando se suponía que debió ser su punto de quiebre cuando su esposo murio se repuso e hizo el sueño de él posible, garantizando su legado.-

El de ojos azules veía a la misma mujer llorar en los brazos de su hermana, la veía estar con sus otros hermanos y hermanas, y allí fue cuando supo la respuesta de como fue que resistió tanto hasta su muerte, ella obtuvo el apoyo y consuelo cuando lo necesito y la hizo más fuerte.

-Como no lo vi antes...-

-Mm, qué?-

-Te parece si, ya sabes, hacemos un pequeño experimento?-

-Experimento?-

-De todo lo que hemos visto, ella ha demostrado ser más fuerte y dura de lo que todos le daban crédito así que, si ella pudo soportar todo eso teniendo apoyo supongo que ella podría soportar más dolor sin él. Pudo reponerse de la muerte de su hermana menor, su hijo, ver como su hija caía en la locura, la muerte de su esposo, la de su otra hermana; porque no vemos que tan dura es en realidad esta vez.-

El de ojos grises volteo a ver a la figura brillante, ahora llevaba un vestido negro mientras veía con expresión vacía el ataúd donde estaba ahora su hijo.

-Sabes qué, por qué no? Hace siglos que no nos entretenemos, y ver algo así seria muy interesante.-

Ambas figuras, vieron el orbe y sonriendo lo tomaron para así llevarlo a un pequeño estanque donde habían muchas luces, colocándolo allí este empezó a brillar y el agua del estanque empezó a moverse como si un remolino se hubiera formado.

El agua cada vez iba más rápido llegando a formar un pequeño huracán de agua antes de que de forma súbita, el agua se juntara y en un último brillo absorviera el orbe y cayera de golpe en el estanque.

-Esto sera interesante.-

-En efecto, no puedo esperar cuando los caminos de todos lleguen a cruzarse.-


La lluvia torrencial caía con toda su furia, los rayos iluminaban el cielo y el sonido de los rugidos de los relámpagos que había en esa noche, era suficiente para que nadie en su sano juicio saliera.

El rugir de un relámpago opaco el aullido de dolor de una mujer que estaba dando a luz, la mujer era peliroja de ojos azules y piel pálida.

En su cuarto estaba una anciana y una mujer de cabello castaño y rizado que estaba sosteniendo su mano mientras la mujer mayor, asistía el nacimiento.

-¡Aaaahhhh!- Las lagrimas salían de sus ojos a la vez que sentía como su pelvis parecía romperse, el miedo y el dolor estaban tallados en piedra en su rostro.

-Un poco más Alicia, un poco más y todo va a terminar.-

La recién nombrada Alicia, quiso gritar que nunca iba a terminar. Aun cuando diera a luz, su dolor ahora seria mucho mayor ya que debía de criar sola a una hija producto de una infidelidad siendo ella misma, la otra mujer.

Esta vez, un llanto irrumpió el lugar, la peliroja veía sudada y casi al borde del desmayo como su abuela estaba cubriendo a su bebé. El resultado del pecado que ella y "él" habían cometido, a espaldas de su esposa en ley.

-Es una niña.-

Esa simple frase destrozo su corazón, saber que ahora su hija debía de cargar con la culpa de algo que ella misma había hecho, lágrimas amargas nublaron su visión y estas solo se intensificaron al ver a su hija por primera vez.

Era pequeña y poseía la piel algo roja, probablemente por la sangre. Tenia sus ojos y su color de cabello, una pequeña nariz de botón y más importante aun, no se parecía en nada a su padre.

Había condenado a su hija sin que esta lo supiera a sufrir, ya que ahora debía de criarla en la miseria en la que vivía, él padre de su bebé dejo en claro que no quería tener nada que ver con ella.

-¿Ya has pensado en un nombre?- La voz de su abuela la saco de sus pensamientos, ver aquellos ojos tan parecidos a los suyos le hizo recordar donde estaba.

-Elizabeth. Siempre me gusto ese nombre.-

-Es un nombre muy hermoso, Al.-

Su pequeña Elizabeth la vio por un momento antes de bostezar, no seria sencillo pero de alguna manera iba a lograr sacar a su hija adelante. Iba a dar todo de si misma para así al menos poder darle una vida que pudiera vivir.

No iba a desperdiciar su oportunidad de dársela.


(N/A:- No tengo auto-control alguno, en fin. Espero les guste esta historia.)