Final Fantasy VIII y todos sus personajes son propiedad de Square-Enix.

Fandom: Final Fantasy VIII.
Advertencias: No.
Palabras: 658.

005.- Jarrón

La puerta del bar se atascó, la empujó con fuerza y la madera vieja protestó, las bisagras chirriaron. Tendría que echarle un vistazo y repararla en cuanto pudiera deshacerse de las muletas. El único cliente del bar le echó una mirada molesta, farfulló entre dientes una maldición y volvió a perderse dentro de su vaso de licor.

—Buenos días —saludó Laguna sonriendo, ya se había acostumbrado a aquello y prefería ignorar aquel ambiente hostil—. Menudo calor que hace hoy, ¿eh?

—Lo normal. —La voz de Raine surgió de debajo de la barra—. Es verano.

Cuando se levantó lo hizo oculta tras un enorme ramo de flores blancas bien colocado en un jarrón que colocó con esfuerzo sobre la barra. El anciano dio un par de toquecitos sobre la barra y sonrió.

—Raine, ¿cuándo piensas aceptar el compromiso con ese pretendiente tuyo?

—No hay ningún pretendiente ni compromiso —contestó ella con aquella amabilidad que parecía tener siempre a punto para todo el mundo menos para él—. Sólo son unas flores.

—Sí, por supuesto, te regala esos ramos gigantescos porque le gusta tu cocina.

—Sólo es amable —rebatió.

Laguna frunció el ceño. Nunca se había parado a pensar en los ramos que decoraban el local de vez en cuando, creía que Raine recogía las flores para alegrar el local, no sabía que hubiera un hombre que se las llevase de manera regular. Raine tenía un novio, tampoco podía decir que le sorprendiese, al fin y al cabo, Raine, era una mujer hermosa.

—Creo que eres la única que no se da cuenta, pequeña. Harías bien en irte con él —farfulló apurando su copa—. Tiene dinero, te daría una buena vida y te sacaría de este agujero.

—Este es mi hogar, ¿por qué iba a querer marcharme?

El anciano se levantó del taburete y se frotó las rodillas un instante como si acabase recordar que estaban ahí y le dolían.

—El tuyo sí, pero no el de este… tipo. ¿Cuándo piensas largarte? Este no es tu sitio, estás molestando a Raine.

Se rascó la nuca incómodo. Ya sabía que no era bienvenido, también que le daba trabajo extra a Raine, pero trataba de compensarlo como podía. El anciano pasó por su lado fulminándolo con la mirada, tiró de la puerta y la soltó permitiendo que diera un golpe seco.

—No le hagas caso —musitó apoyando los codos en la barra—. Nunca le ha gustado la gente que viene de fuera.

—Ah, no, si me da igual —soltó porque Raine no necesitaba saber que aquella hostilidad hacia a él se extendía a todo el pueblo, que no le querían cerca de ella—. Así que tienes un novio.

La mujer puso los ojos en blanco y empujó con cuidado el jarrón hacia la pared.

—Ni es un novio, ni un pretendiente ni nada que se le parezca. Nos conocemos desde hace años, es amable conmigo porque siempre hago compras grandes en su tienda.

—Si tú lo dices. —Laguna cruzó los brazos sobre el pecho, que Raine no se diera cuenta de lo bonita que era no significaba que el resto del mundo no lo hiciera—. Nunca he visto a ningún comerciante regalarle flores a una clienta por buena que esta fuera.

—Olvídalo, en serio, sólo me falta que te unas a su rumor absurdo.

—Raine, ese jarrón está medio roto —pronunció señalándolo, no se había dado cuenta y eso que lo veía a menudo—. ¿Por qué no lo tiras y compras uno nuevo?

—¿Tirarlo? Era de los padres de Elle, no puedo tirarlo —declaró con tono suave—. Significa mucho para ella. En realidad, creo que significa más para mí que para ella.

Laguna deseó, una vez más, que Raine le explicase todas esas cosas que se callaba; lo ocurrido durante el asalto a Winhill, la muerte de los padres de Elle, cómo habían acabado juntas y lo que la retenía en aquel rincón del mundo.

Fin

Notas de la autora:
¡Hola! Mis adorados Laguna y Raine para aderezar un sábado un poco triste. Hay tantas cosas sobre ellos que me gustaría escribir.