Advertencia: Este fanfic contiene temática chico x chico. Si no te gusta, favor de abstenerse de leer.
También se encuentra publicado en Ao3 y Wattpad.
Pareja: Mikey x Takemichi.
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Momentos dulces
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Mikey conoce sus gustos, sabe que adora las cosas dulces, especialmente si hablamos de taiyaki y dorayaki, manejar su babu, dormir hasta tarde compensando con dormir todo el día, los menús infantiles con banderita... la lista es larga. Y es por eso que cuando Kazutora llega casi arrastrando a un chico con un horrible peinado rubio chillón, sabe que podría agregarlo a sus gustos.
—Ahora eres mi perra, Takemitchy —esas son las primeras palabras que le suelta e internamente quiere morir, porque no se supone que ese primer encuentro se desarrollará así. ¿Qué diablos estaba pensando? ¡Solo le faltó confesarse en el proceso! ¿Qué mayor muestra de declaración de intenciones hay que esa?
Al final se calma huyendo, aunque es más una retirada estratégica. Sip, Mikey no huye, especialmente no de esos ojos azules que lo miran y le hacen perder el norte, ¿antes sabía dónde estaba el norte? Está casi seguro que era algo del brazo derecho con relación al sol… Oh, el sol, Takemichi le recuerda mucho al sol.
Las cosas solo empeoran cuando Chifuyu y Takemitchy comienzan a hacer buenas migas y lo ve reírse. Baji siempre le ha dicho que Chifuyu tiene la capacidad de hacer que cualquier cosa que sostenga o se le acerque en un rango menor de dos metros se vea jodidamente adorable. Mikey no recuerda las veces que se burló de esa afirmación, bueno, bien dicen que no escupas al cielo. Nunca volverá a subestimar las habilidades del vice capitán de la primera división.
Ahí es cuando lo sabe, que está jodido. Bueno, técnicamente aún no, pero podría en algún punto, ¿cierto? No es que piense en que Takemitchy se lo folle o sea él quién se folle a Mitchy. El producto no altera el resultado, ¿o era al revés? Lo importante es que al final el menor sería suyo. Fantasea con dejar marcas, visibles de preferencia, principalmente en el cuello, la cadera, su clavícula...
—¿Comandante?
No recuerda la pregunta, ¿le preguntaron algo? Mikey sonríe con indulgencia, prestando atención -por fin- a Mitsuya, que luce genuinamente divertido.
Draken suspira con hastío antes de informarle -nuevamente- de los disturbios que una pequeña banda está causando en su territorio y que la pandilla espera órdenes al respecto.
Le resta importancia encargándole el tema a la primera división y despachándolos a todos de una buena vez, ¡que quiere seguir fantaseando con Takemitchy!
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En situaciones en las que no sabe cómo actuar, no dudaría en hablar con Shinichiro, él siempre ha sido la voz de la razón y una guía inigualable, pero hay que admitirlo, a su hermano lo han rechazado veinte veces, no una ni dos, ¡veinte! Lo que él necesita es un caso de éxito, alguien que lo haya logrado a la primera y con buenas referencias. La idea de contárselo a Emma pasa por su cabeza antes de rechazar la idea, que su hermana se entere podría ser perjudicial para su salud.
Al final decide contárselo a Baji.
—Edward, necesito consejos amorosos —suelta a mitad de la conversación. Como si no estuviera pidiéndole al complemento de su media neurona que le ayude a trabajar a marchas forzadas en plan "boda, luna de miel y luego pídele que sea tu novio" y sí, lo ocupa en ese orden.
Después de desternillarse de risa. Baji se sincera con él.
—¿Te parece que tengo una puta idea de algo así? Yo me limité a mirarlo y esperar que se diera cuenta que me gustaba. Fue Chifuyu el que hizo todo el trabajo —admite a regañadientes—. Ese chico me hizo un jodido ciervo frente a los faros.
Es el turno de Mikey de burlarse.
—Y tantas que presumes de conquistador. ¿Qué pasó con todas tus frases de galán? Bastan un par de ojos coquetos para tirarte, ¿eh?
—¡Lo soy! —se defiende abochornado—. ¡Es solo que es demasiado bonito para mi corazón!
—Awww~ Tantas palabras para decirme que fue Chifuyu quién te domesticó. ¡Buen chico! —celebra mientras le palmea la cabeza con condescendencia.
—¡Serás cabrón! —gruñe, dándole un manotazo para alejarlo—. ¿Quieres que te ayude o no?
—Así como lo veo, la única ayuda que podrías darme es si me prestas a tu novio.
—De ninguna manera. Vas a pervertir a mi Chifuyu —protesta, negando en repetidas ocasiones con la cabeza.
—Mi Chifuyu, ¿eh? Especial énfasis en mí, mí, mí —canturrea, bailoteando a su alrededor.
—¡No evadas el tema, enano!
—¿Ah? ¿¡De qué demonios estás hablando!?
—No creas que no he notado como te devoras a Takemichi con la mirada, cualquiera con dos ojos de frente lo habría notado. Pero claro, no el afectado, porque cada vez que hablas con él terminas babeando y diciendo "Yo Manjiro" asintiendo como un cachorrito ante cualquier cosa que te diga.
—¡No es verdad! —grita, concluyendo con un puchero para nada amenazante.
—Y no cualquier cachorrito —prosigue Baji—, sino uno de esos perdidos que fueron pateados bajo la lluvia y mueren de hambre —concluye, asintiendo con satisfacción ante su analogía.
Mikey no puede más con la situación, entiende que se comporta ligeramente sentimental cuando está cerca de Takemitchy, pero eso ya es un insulto y él no va a permitirlo. Se lanza hacia adelante antes de que Baji tenga tiempo de reaccionar y lanza un golpe que, en situaciones normales, no habría sido suficiente para derribarlo. Sin embargo, no contó con que el otro se haría a un lado, golpeando a la persona que venía saliendo.
El objeto de sus desvelos ahora cae frente a sus ojos, mientras Mikey no sabe a qué deidad debe suplicarle para que la tierra se lo trague, de preferencia en los próximos segundos.
—¡Takemichi! —escucha que grita Chifuyu, mientras se arrodilla para observar a su amigo—. ¿Te encuentras bien, compañero?
—Mikey-kun, ¿por qué? —pregunta, observándolo directamente, sobándose la mejilla.
—Yo… yo… —joder, debe hacer algo, pero todo lo que puede pensar su cerebro es en lo bonito que se ve Takemitchy con los ojos ligeramente llorosos mirándolo desde el suelo. Esa será una imagen que va a taladrarse en su cerebro.
—¿Mikey? —pregunta con burla Baji, sonriendo taimado.
Y es cuando toma la salida fácil.
—¡Me las pagarás, Edward! —grita, lanzándose en carrera detrás del comandante de la primera división de Toman, que corre como un poseso gritando que "lo persigue un gremlin".
Cuando por fin alcanza a Baji, éste le recuerda amablemente entre burlas y abucheos que lo mejor será que regrese y se disculpe, porque de esa manera no ganará puntos y Mikey solo quiere golpearse la cabeza contra la primera columna que encuentre, ¿cómo pudo irse así?
—Y ahí está la carita de perrito bajo la lluvia.
La patada que le propina a Baji después de ese comentario, le ayuda a sentirse un poco mejor.
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La siguiente persona a la que se lo confiesa es a Draken, su segundo al mando es sumamente perceptivo y quizás ya lo haya notado, no por nada es uno de sus mejores amigos.
—¿Cómo puedo conquistar a Takemitchy? —inquiere, observando fijamente la banderita que el otro acaba de colocar en su menú infantil, como si tuviera todas las respuestas del universo.
Pasan los minutos, pero Draken no dice nada, y es cuando Mikey eleva la mirada, confundido. Su amigo lo mira como si le hubiera crecido una tercera cabeza, quizás no falta mucho para eso.
—¿Qué? —demanda, mientras apuñala el puré con saña, intentando ocultar la repentina pena que le genera su confesión. Habría que ver, el invencible Mikey abochornado por confesar que tiene sentimientos románticos por alguien, sus adversarios se morirían de risa de saberlo.
—Es solo que no esperaba que fueras consciente de que te gusta —explica con una mezcla de orgullo y diversión, saliendo de su estupor.
—No soy tan torpe —murmura entre dientes, masticando con repentina calma.
—¿Ah no? Cuando estás con Takemitchy es de las pocas veces que te he visto entrar en pánico por no saber cómo actuar o qué decir. Esperaba que siguieras así un poco más, es divertido.
Claro que sabe que Ken-chin tiene razón, él también se ha dado cuenta de que no actúa normal cuando está con el menor. Eso sí, pídanle que hable frente a una multitud de más de cien pandilleros y puede hacerlo con los ojos cerrados, y no solo eso, lo hará de forma brutal luciendo fabuloso. Pero no le pidan que hable con su crush de cosas cotidianas porque su cerebro se fríe y solo es capaz de reproducir frases cliché de los doramas que ve su hermana o en el peor de los casos, tomar frases al azar de canciones que muchos padres catalogarían como inapropiadas.
El efecto que tiene Takemichi en él es abrumador, pero no lo cambiaría por nada, el chico de ojos azules llegó para poner todo su mundo de cabeza e instalarse en su corazón, aunque claro, no es algo que vaya a confesarle a Kenchin, no dejaría de burlarse nunca.
—¡Ustedes solo se quieren burlar de mí! —dramatiza, no encontrando nada inteligente con lo que replicar sin ponerse aún más en evidencia.
—¿HA? ¿No ha sido así siempre? —responde con una sonrisa—. Entonces, ¿quién más lo sabe?
—Se lo conté a Baji, pero me sirvió para dos cosas: quedar en ridículo y descubrir que el que lleva la batuta en la relación es Chifuyu —explica, cruzándose de brazos, todavía no ha perdonado a Keisuke por su nula cooperación.
—Eso es bastante obvio si te detienes a pensarlo. Baji haría cualquier cosa que Chifuyu le pidiera.
Mikey gruñe y continúa apuñalando su puré. Esto no está avanzando de la forma que él querría. Draken parece notarlo, porque suspira y se cruza de brazos, antes de adoptar una postura más seria.
—Invítalo a salir y no —lo interrumpe apenas ve que va a hablar, levantando la mano—, no me refiero a que lo arrastres como sueles hacerlo. Me refiero a que propiamente le pidas una cita.
Lo piensa por unos segundos, ese sería un buen comienzo, nada demasiado arriesgado ni tampoco va al estilo manitas sudadas, es simple, solo tiene que ir con Takemitchy y pedirle que salga con él, se casen y tengan dos hijos y cuatro perros, también le gustaría tener peces, ¿a Takemitchy le gustarán los hurones?
—Alto ahí, puedo ver cómo estás lanzando todo por la borda a un solo tiro. Un paso a la vez Mikey. ¿A dónde lo llevarás? —inquiere, intentando meterle un poco de sentido común.
—¿Llevarlo a dónde? —duda confundido, mirándolo con esa cara de gato que hace cuando está pensando algo extremadamente tonto.
Draken contiene a duras penas el impulso de golpearse la frente con la mesa. Es su comandante del que están hablando, aunque también sea el estúpido de su mejor amigo. ¡Dios, dale fuerzas!
—Si Mikey, las citas son para ir al cine, a comer, dar una vuelta o simplemente quedarse tirados en el parque hablando de sus intereses —explica paciente, mientras de forma sutil, le suelta un par de sugerencias con la esperanza de que sea capaz de captarlas y las haga pasar por ideas propias.
—Hablar… —ese podría ser un problema, Mikey ha demostrado que no tiene ni la menor idea de que hablar con Mitchy, quizás el consejo de Baji no fue tan malo ¿Debería observarlo fijamente hasta que se dé cuenta de que le gusta? Bueno, eso solo funcionaría en el caso de que Takemitchy también gustara de él, ¿pero si no fuera así? Si el otro no lo ve como nada más que un buen amigo, ¡peor! Si solo lo ve como su comandante… ¡Hay demasiadas fallas en ese plan!
—¡Esto no va a funcionar! —exclama finalmente, despeinándose en el proceso en un intento de calmar su ansiedad.
Draken se ríe y Mikey siente sus impulsos vengativos crecer, considerando seriamente descargar su frustración con Kenchin.
—Vamos, escríbele un mensaje —anima, quitándole aspereza al asunto—. Yo supervisaré que no metas la pata.
Mikey quiere decirle que no hay forma en que pueda meter la pata en algo tan sencillo, pero haciendo recuento de todas las veces que ha terminado no-acosando a Takemitchy, decide claudicar. Con rapidez, saca su teléfono y busca el contacto de su futuro novio.
"Tengamos una cita".
Es lo primero que escribe y se lo muestra a Draken, que niega con la cabeza.
—Deberías saludarlo primero —sugiere.
"Hola Mitchy~ ¡Tengamos una cita!"
De nueva cuenta le muestra el teléfono al otro, que asiente en comprensión. Duda unos segundos antes de presionar el botón de enviar.
—¿Cuánto crees que demoré en contestar? —inquiere, observando fijamente la pantalla del teléfono.
—Literalmente acabas de mandar el mensaje, Mikey —replica, frotándose las sienes, ya ve venir el dolor de cabeza que toda la situación le está causando.
—¡Está escribiendo! —grita antes de arrojarle el teléfono—. No quiero saber que contesta, míralo tú y dime si acepto o no. ¡Si no acepta no me digas!
Draken suspira, antes de mirar las líneas punteadas que no dejan de moverse en señal de que el otro está escribiendo.
—¿Ya respondió? ¿No me estás diciendo porque dijo que no? —cuestiona, haciendo pucheros.
—No, escribe igual de lento que una abuela —se queja, y siente que se le contagia un poco la ansiedad de Mikey, ¿qué va a hacer si Takemichi dice que no? No se ve capaz de consolar a su comandante si decide que su crush no le ama.
El más bajo aparta su almuerzo a un lado antes de dejar caer su cabeza contra la mesa.
—¡Me va a rechazar! Por eso está tardando tanto —dice, alicaído.
—Oh, respondió "Hola Mikey-kun, ¿cómo estás?" —lee en voz alta, mientras observa al otro alzar la mirada repentinamente esperanzado. Joder con el humor cambiante de Mikey.
—Maldita sea Takemitchy, ve al grano —lloriquea, mientras recupera su teléfono, agitándolo con desesperación como si eso fuera a apresurar la respuesta.
"Claro, ¿a dónde iremos?"
—¿A dónde iremos?
—Fue lo mismo que yo te pregunte —señala Draken, riendo entre dientes al ver el desconcierto de su mejor amigo.
Mikey lo medita por unos segundos, antes de lanzar el mensaje.
"A dar una vuelta, paso por ti a las 8".
Cuando pulsa el botón de enviar finalmente sus nervios lo superan, ¿qué demonios acaba de hacer?
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—¿Saldrás a algún lado? —pregunta su hermano apenas lo ve en el rellano de la puerta.
Contiene el impulso de replicarle que si está en la puerta es por algo, pero Shinichiro está en modo madre gallina, luce la mirada que solo le da cuando sabe que está a punto de meterse en problemas.
—Iré con Takemitchy a dar una vuelta —confiesa, ligeramente abochornado.
—¿Por eso tan arreglado?
No responde y eso solo hace que la sonrisa de su hermano mayor aumente.
—Ve por él, tigre —anima, guiñándole un ojo, cómplice.
—¿Lo sabes? —pregunta con sorpresa, girándose para observar mejor a su hermano mayor.
Shinichiro desordena sus cabellos, claramente divertido, ignorando sus protestas de que lo está despeinando. No pasó dos horas en el espejo intentando hacerse su coleta el mismo para esto.
—¿Cómo no saberlo? Si él es de todo lo que hablas con una sonrisa soñadora. Ya hasta siento que yo me estoy enamorando de él —se burla, entre risas.
Manjiro sabe que está bromeando, pero no puede evitar la exclamación airada en protesta, en clara declaración de guerra de ser necesario.
Shinichiro ríe más fuerte y esa es la reacción que lo anima a soltar la pregunta que lleva carcomiendo su mente desde hace tiempo.
—¿Está mal? —pregunta en voz baja, mirando hacia otro lado. Una parte de sí, muy en el fondo teme la respuesta de su hermano.
El abrazo le toma por sorpresa, pero no puede decir que no lo reconforta a niveles insospechados.
—Amor es amor, Manjiro. Algún día té contaré porque me rechazaron veinte chicas.
—¿Por feo? —se burla, intentando escapar de los brazos de su hermano.
—Maldito mocoso, que tú y yo nos parecemos un montón —protesta, dándole un golpe ligero en el hombro—. Éxito en tu cita, hermanito.
—¡Saluda a Waka por mí! —grita, saliendo a toda prisa escuchando los gritos airados de su hermano con promesa de venganza.
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Llega cinco minutos antes de la hora acordada, Mikey no recuerda alguna ocasión en la que haya sido tan puntual, pero Takemitchy hace eso en él, quiere ser ese chico que está ahí 20 minutos antes por si a su cita se le hace temprano, sin importarle que tenga que estar esperando, porque la expectativa vale la pena.
Takemichi sale exactamente a las 8 de su casa, saludándolo con entusiasmo mientras se dirige a él, Mikey duda un poco antes de soltar un leve "hey", extendiéndole su casco.
—¿Dónde está el tuyo, Mikey-kun? —inquiere, observando el caso con extrañeza.
Mikey quiere decirle que no ha usado un casco desde hace más de dos años, omite contarle que es porque no le gusta despeinarse, porque sabe que el otro le echara la bronca por ignorar su seguridad por un motivo tan banal.
—¿Acaso has visto algún pandillero usando casco, Takemitchy? —pregunta en su lugar, muy consciente del ceño fruncido del otro.
—¿Entonces por qué tengo que usar uno? —inquiere, arrugando la nariz en un gesto que a Mikey le recuerda a un gatito—. ¡Yo también soy un pandillero!
Porque no quiero que te lastimes, porque me di cuenta que quería protegerte de todas las formas posibles, incluso, de las más sencillas, como es usar un casco cuando subes a una motocicleta. Claro que no le dice nada de eso, está bien que a veces sea un jodido kamikaze, pero confesarle algo así sería una locura.
—Por seguridad —responde, encogiéndose de hombros, intentando restarle aspereza al asunto.
—Si tu no lo usas, yo no lo uso —declara obstinado, intentando devolverle el caso.
—Takemitchy…
¿Por qué se lo pone tan difícil? ¿No podía solo aceptar el casco y subirse? ¿Tenía que tentar a Mikey poniendo esa cara que solo hace que quiera decirle que si a cualquier cosa que pida? Está a punto de ceder y aceptar el casco de regreso cuando escucha a Takemichi suspirar.
—Me lo pondré solo con la condición de que, la próxima vez que salgamos, tú también tengas el tuyo —claudica, sonriéndole apenas.
"La próxima vez".
Mikey atina a asentir, tratando de controlar la feroz sonrisa que quiere mostrar, antes de señalar el asiento trasero. Takemichi se apresura a colocarse el casco y subirse. Lo siente dudar, antes de finalmente deslizar las manos en su cintura, apretándose contra él.
Acelera y siente al otro afianzar el agarre.
—¡En definitiva estás usando casco, Mikey-kun! —grita, para hacerse oír sobre el viento.
Mikey ríe y acelera solo un poco más.
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El trayecto es corto, principalmente porque Mikey lleva manejando los últimos minutos por sobre el límite de velocidad y ahora se maldice por no haber aprovechado la oportunidad para pasar más tiempo así; no es que sienta que un abrazo unilateral es lo mejor del mundo, pero poder sentir a Takemichi pegado a él lo está matando de emoción a pesar de saber que es mayormente involuntario, pero si el otro no quisiera, ¿no se agarraría del asiento de la moto en lugar de abrazarse a él?
Disminuye la velocidad hasta detenerse, lamentándose por sus siguientes palabras.
—Llegamos, Mitchy —anuncia. El menor se separa con lentitud y Mikey resiente la pérdida de calor inmediatamente, resistiendo el impulso de mentir y seguir conduciendo, toda la noche de ser posible.
—¿Dónde estamos, Mikey-kun? —inquiere una vez que ambos están en la acera, hombro con hombro.
—Oh, es solo un lugar dónde venden dorayaki. Baji me trajo aquí hace algunos años y desde entonces son mis favoritos. Vengo siempre que puedo —explica con una sonrisa, adentrándose al local.
Comen en un silencio agradable, hasta que Mikey termina su dorayaki y empieza a observar con recelo el de Takemichi, aunque poco tiene que ver con el hambre, esta vez, sus pensamientos circulan alrededor de porque el dorayaki tiene el privilegio de tocar los labios de Mitchy y el no.
Malinterpretando su mirada, Hanagaki le ofrece su dorayaki con una sonrisa.
—Puedes tenerlo —dice, extendiendo el dulce.
—Pero no quiero robarte tu comida, Takemitchy —murmura entre dientes, sin lograr engañar a nadie. Pero es que Draken se lo advirtió, textualmente dijo: "No, y me refiero a bajo ninguna circunstancia, robes la comida de Takemitchy. Hablo en serio Mikey, eso no te hará quedar bien". Lloriquea mentalmente, aceptando el consejo de Kenchin de mala gana.
—¿Eh? Pero quiero darte.
Demonios, si eso no le grita que es el indicado para él, es que no está escuchando correctamente. Espera, ¿su delirio no acaba de decir que quiere darle? ¿Eso quiere decir de una forma sexual? No, no, no. Se golpea con ambas manos las mejillas, frenando sus pensamientos, no está mal pensando las palabras de su Mitchy frente a él. El chico de brillantes ojos azules no haría un comentario con doble sentido a propósito.
—¿Por favor? —pide, ofreciendo de nueva cuenta el dulce, demasiado inocente, demasiado confiado. Mikey siente que va a morir.
El comandante de la Tokyo Manji no duda esta vez, sin embargo, no toma el dulce, en su lugar, se limita a acercarse al menor y dar una mordida, saboreando con calma el bizcocho.
—¡Delicioso! —declara, mirando directamente a los ojos de Takemichi, que ahora parece al borde de una insolación por lo rojo que está. El mayor se anota una victoria, antes de morder nuevamente el dulce.
¿Acaso esto no cuenta como beso indirecto?
—Mi-Mikey-kun —tartamudea, sonrojado hasta las orejas—. Deberías tomarlo tú mismo.
—¿Qué? —protesta, lamiendo migajas de sus labios—. ¿Te molesta alimentarme? —
—¡Por supuesto que no! —responde, quizás demasiado rápido, sorprendiendo al mayor—. Es solo que la gente no deja de mirar —expuso, incómodo.
Manjiro da una mirada rápida a todo el lugar y se da cuenta que es cierto, hay un grupo de chicas que no dejan de soltar risitas, señalando en su dirección y un par de adultos que los miran con el ceño fruncido, negando con la cabeza.
En situaciones como estas, no dudaría en gritar algo despectivo y pedir de forma "amable" que se metan en sus jodidos asuntos, pero duda que su acompañante lo aprecie, Mikey tiene que considerar que quizás empezar una pelea no sea una buena forma de llevar una cita.
—Salgamos de aquí —pide, extendiendo la mano hacia el rubio teñido. No está seguro de porqué lo hizo, pero cuando Takemichi toma su mano y acepta feliz, siente que es el mejor impulso que ha tenido en su vida.
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Conduce sin rumbo fijo, no desea llevar al otro a casa aún y no quiere que la noche termine de esa manera. Quiere darle un buen recuerdo a Takemitchy, pero por más que se devana los sesos en busca de un lugar al que ir, no logra conseguir nada que esté abierto tan tarde y los deje ajenos a las miradas molestas.
—¡Mikey-kun! ¡Es el mar! —grita, mientras señala al frente.
En respuesta, se orilla con cuidado, deteniendo paulatinamente la moto antes de estacionarla. Takemichi desciende y él lo sigue unos segundos después, antes de echar a correr.
—¡El último en llegar es un taiyaki! —grita, acelerando el paso.
—¡Eso es trampa! —protesta el menor, corriendo a duras penas detrás de él. Riendo a pesar de que es seguro que perderá.
Mikey se detiene a unos pasos del agua, girándose para enseñarle la lengua y levanta la mano en señal de victoria.
—En la guerra y en el amor todo se vale, Mitchy —declara socarrón, esperando a que el otro llegue a su lado.
—Tú lo has dicho —murmura entre dientes, ampliando su sonrisa.
Confundido y ligeramente aturdido, no ve venir el agua.
—¡Mierda! ¡Está fría! —se queja, protegiéndose como puede del ataque del rubio teñido, que ahora le lanza agua con las manos.
Takemichi se ríe, mientras continúa atacándolo con agua de mar, cegándolo por unos segundos. Quiere contraatacar, pero, así como está ahora, es seguro que va a salir perdiendo, ¿qué tan malo sería que lo tirara al mar?
—Tú te lo buscaste, Mikey-kun —refuta engreído, cesando el ataque, sonriendo divertido.
—Recuerda tus palabras —pide, antes de brincar hacia el otro, que lo atrapa muy a duras penas, logrando que ambos caigan.
Parpadea con excesiva lentitud, sin prisa por levantarse de la posición en la que han terminado, su rostro apoyado cómodamente contra el pecho del de ojos azules, mientras que Takemitchy tiene sus brazos fuertemente apretados a su alrededor, fue gracias a ello que el menor absorbió por completo el golpe, evitándole la peor parte de la caída. Mikey sabe que debe disculparse y apresurarse en revisar el estado del rubio, porque seguramente por la mañana tendrá un buen dolor de espalda y probablemente moretones, pero no encuentra en sí la fuerza para levantarse y apartarse, le gusta estar así con Mitchy. El otro parece pensar lo mismo, porque en lugar de apartarlo y recriminarle la treta, comienza a deslizar una de sus manos por su cabello, haciéndole mimos.
—Mikey-kun —llama bajito, casi con temor y el mayor se prepara para escuchar un sermón en el mejor de los casos, en el peor, la petición de que se quite de encima de una vez.
—Ummm —murmura en respuesta, frotando su cabeza con afecto contra el otro, esperando retrasar el momento de la separación.
—¡Me gustas! —declara apresurándose en tomar su rostro, acunándolo con cuidado—. Quiero decir, he intentado decírtelo estas semanas, pero no he logrado hacerlo apropiadamente porque me pongo nervioso y Chifuyu no dejaba de repetir que-
Mikey lo detiene a media oración, mirándolo atónito, no tiene tiempo para explicaciones, no las necesita. No cuando tiene el permiso tácito de que puede besarlo, puede tocarlo. Takemichi quiere lo mismo que él. Si está en su cama babeando sobre su manta, por favor no lo despierten.
Se acomoda mejor, y antes de pensarlo demasiado, se inclina para besarlo. Besar a Takemichi le parece un milagro, casi una ilusión, es suave al principio, un simple roce de labios, dándole oportunidad de apartarse, de negarse, esa es toda la ventaja que va a darle, porque si corresponde, no va a responder por sus acciones. Poco a poco el menor corresponde, moviendo sus labios de manera torpe contra los suyos. Eso es todo lo que Mikey necesita. Cuando se separan, ambos tienen los labios hinchados y sonrisas amplias.
—Soy tuyo. Si me aceptas —confiesa a media voz, intentando transmitirle todo lo que siente en esas simples palabras, mirándolo decidido.
—Sí quiero.
Mikey lo mira embobado, imaginando todas las posibilidades a esas simples palabras.
—Debes saber que espero que repitas esas mismas palabras frente a un juez, de preferencia con testigos y un acta de matrimonio de por medio —y está seguro que nunca antes ha dicho algo más en serio, como se llama Manjiro Sano que va a cumplirlo.
Takemichi se ríe, besándolo de nuevo.
—Las veces que hagan falta —promete, entrelazando sus manos.
—Te quiero, Takemitchy —admite, a pesar de saber que ya lo ha dejado claro, sin embargo, quiere decirlo, quiere gritarlo, proclamarlo a los cuatro vientos.
—Y yo a ti, mi Manjiro.
Su corazón se salta un latido. Oh, ahora entiende la obsesión que tiene Baji con el "mí", bien podría acostumbrarse.
Sonríe de nueva cuenta antes de lanzarse al ataque.
Extra.
Una semana atrás.
—¡No puedo creer que no captará esa indirecta! ¡Estás siendo muy obvio! —gritó Chifuyu, mientras paseaba por la habitación de un lado a otro, furioso—. Tienes que decírselo directamente, nuestro comandante tiene dorayakis por cerebro en estas cosas. No va a entender de otra forma.
—¡No puedo hacerlo! ¡No soy tan audaz como tú! —lloriqueó Takemichi entre lamentos—. Ya estoy haciendo todo lo que puedo, suficiente tuve con soltar ese doble sentido, creí que me moría de la vergüenza.
—Compañero, si no lo haces tú, Mikey no se va a enterar nunca.
—¡Pero ni siquiera sé si le gusto!
—¡Le gustas! Créeme, lo sé. Te mira como si fueras su dulce favorito en edición especial —explica, dejándose caer a un lado suyo. Dios, que complicado es ayudar a su amigo sin revelarle que su comandante está -literalmente- babeando por él.
—Pero siempre huye de mí, me mira raro y cuando intento hablar con él se queda mirando fijamente y no dice nada, claramente se esfuerza por ignorarme —comenta, exponiendo todas sus razones.
Chifuyu quiere gritar, ¿así de idiotas fueron Kei y él antes de comenzar a salir? Espera que no, porque esto da pena ajena. Por suerte su compañero lo tiene a él, ¿qué podría salir mal?
—Compañero, ¿quién dijo que domar a esa bestia sería cosa sencilla?
Takemichi se lamenta en silencio, mientras observa con pegas el nuevo plan de Chifuyu, con la palabra "coraje" ampliamente subrayada, marcada y en letras grandes. ¡Grandioso!
¿Siguen aquí?
¡Muchas gracias por leer!
Chaos
