Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Lengua Afilada

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La rubia irguió los hombros al sentir el ligero pellizco del pelirrojo a su lado.

—Sonríe, querida— susurró con los dientes apretados—. Las mujeres suelen estar contentas el día de su boda.

—Resulta pues, que yo no estoy contenta de haberme casado contigo— respondió de la misma manera, cubriendo su pequeña y rosada boca con la copa en su mano.

—Yo por el contrario, estoy que no quepo en mí de gozo— replicó el colorado con una sonrisa dulce que nada tenía que ver con su tono sarcástico—. Mis primas y mi tío se acercan, por el bien de los dos y para evitar rumores molestos e innecesarios, te sugiero que sonrías de una vez.

La rubia frunció los labios en una sonrisita delicada que impresionó al mismo Hans– quien era un hábil maestro en el arte de engañar con su carácter afable–, la tomó de la mano y ejerció presión cuando la joven se tensó.

—Su majestad— un hombretón alto cuyo largo cabello pelirrojo se encontraba recogido en una coleta baja, hizo una ligera reverencia a la que los nuevos esposos no tardaron en corresponder.

—Querida— Hans tomó la palabra—, permíteme presentarte a mi tío, el rey Tristan* de Copenhague, esposo de mi difunta tía, Athena.

—Un gusto, su alteza— Elsa inclinó la cabeza, educadamente.

—Mis primas— siguió Hans—. Las princesas Attina, Alana, Adella, Aquata, Arista, Andrina y Ariel— las jóvenes hicieron una pequeña reverencia cada que su esposo las nombraba.

Elsa se dijo que, desgraciadamente, ya tendría tiempo de aprenderse el nombre de cada una de sus nuevas primas.

El rey y sus hijas se despidieron antes de retirarse.

—En tu familia no conocen los límites ¿verdad? ni siquiera en lo que respecta a los hijos— declaró la rubia en voz baja. Hans frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—Tu padre tuvo trece hijos y su hermana siete ¿no tenían ocupaciones? —la rubia guio la mirada discretamente hasta la familia de su esposo—. Y ¿Quiénes son esas mujeres que están con tu tío y la otra chica? ¿Sus amantes?

El colorado soltó una carcajada que atrajo la atención de algunos invitados que se encontraban cerca de la mesa de los novios, los expectadores les dirigieron miradas aprobatorias.

—La de cabello marrón es Marina del Rey —cuchicheó Hans—, la institutriz de mis primas, ayudó a mi abuela a criarlas después de la muerte de la tía Athena— Elsa se inclinó hacia él para escuchar—. La mujer gorda y pálida es Úrsula, es la media hermana del tío Tristan y la morena es Vanessa, su única hija quien siempre se me insinuó... pero tranquila, todo esto es tuyo.

Elsa frunció el ceño y se apartó de él al notar lo cerca que estaban; sin darse cuenta, había estado escuchando atentamente a su esposo como una vulgar chismosa y ella no era así.

—Bueno, tu familia es todo un escándalo— comentó, recordando que se casaban, precisamente, por el rumor que corría por toda Europa.

Aquel que aseguraba que el príncipe Hans Westergaard, el décimo tercer hijo del rey Alexandr de las Islas del Sur, el joven marcado con el numero satánico, había hecho de las suyas con la reina de Arendelle antes de siquiera pedir su mano.

"Con el paso del tiempo verán que no es verdad" se juró Elsa, quien no tuvo de otra que aceptar casarse con Hans para acallar los rumores de un posible heredero bastardo.

—Mi familia no es así— aseguró la regia soberana con orgullo.

—¿Enserio? —el bermejo arqueó una ceja.

—Por supuesto— afirmó—, siempre hemos estado lejos de los escándalos.

—Creo que debes considerarlo ¿qué me dices de tu prima escocesa? La pelirroja melenuda que convirtió a su madre en un oso por querer casarla con un lord para finalmente desposar a un vikingo... o tu otra prima; la rubia de Alemania con el cabello largo que se casó con un ladrón y finalmente tu hermana, que corretea de aquí para allá con el repartidor de hielo, un reno y ese muñeco de nieve— silbó con burla—. Claro que sí, mi amor, tu familia tiene una reputación intachable.

—Te olvidas de mí— mantuvo la voz firme a pesar del sonrojo de sus mejillas.

—¿Cómo dices? —preguntó Hans, confundido.

—Que te olvidaste de mi— repitió—. La reina de Arendelle que se casó con el arribista, mentiroso y bueno para nada del príncipe más joven de los veinte nietos de la estirpe de los Westergaard.

Hans apretó los dientes y bebió de su copa para no decir nada más.

Aparentemente, su esposa tenía la lengua más afilada de lo que pensaba.


ACLARACIONES:

Nombré a Tritón como Tristan porque me pareció muy raro llamarlo así... ignoren ese hecho.

Quice emparentar a las hijas del rey Tritón con nuestro bello colorado porque así lo eh manejado en mi fic Pequeño Secreto.

Planeo que sea una serie de drabbles, pero aún no lo sé. Por falta de tiempo no puedo hacer el 30 Días de Helsa, aún así veremos que sale. Denle mucho apoyo.


Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.