Contenido: Yaoi, drabble, romance, humor, fluff, etc. Parte de la serie #Flufftober2021 propuesto por la página "Es de fanfics".

Pareja: Spamano (España/Antonio x Romano/Lovino)

Disclaimer:

Hikari: Hetalia no puede faltar en este reto, aunque ya no escribo tanto para este fandom como antes, aún tiene muchas shipps que amo con todo el corazón. Claro, que los personajes y la obra de Hetalia no me pertenecen, todo es de Himaruya Hidekaz, por lo que este fanfic fue escrito solamente por ocio y no tiene fines lucrativos.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

#Flufftober2021, 12 – Promise rings (Anillos de promesa)

Cuando despertó aquella mañana, aquel objeto ya se encontraba rodeando su dedo anular.

No recuerda ni cómo ni cuándo, pero sabe perfectamente quién es el culpable de que ahora, ese objeto que parece pequeño e inofensivo, esté ocasionándole fuertes crisis emocionales, por no decir existenciales.

Lovino vuelve a acariciar casi con miedo la superficie lisa de aquel anillo platinado, colocado casualmente en su anular izquierdo. No se desliza con facilidad pero definitivamente podría quitárselo si en verdad lo quisiera. La pregunta aquí es, ¿quiere retirarlo de donde está?

Su ansiedad incrementa cuando nota definitivamente aquella migraña atacar su cabeza. Apenas si puede recordar algo de la noche pasada. Sabe que estuvo bebiendo y, aunque siempre presume ser bastante tolerable al poder del alcohol, puede que en un desliz mental, haya tomado más de la cuenta.

Su estúpido novio español y sus dos bastardos amigos lo invitaron a unirse a lo que ellos llamaban "una casual noche de viernes en casa de Francis", no sonaba demasiado espeluznante y, aunque no deseaba compartir su noche con los idiotas de Francis y Gilbert, no pudo negarse ante los ojitos de cachorro que Antonio ponía cada vez que le pedía algún favor.

ESOS ESTUPIDOS Y JODIDAMENTE ADORABLES OJOS.

En fin, regresando al punto, sabe que en algún momento, ellos se hicieron cargo de reemplazar su dulce vino por cerveza alemana y probablemente después de eso…

No puede asegurarlo por completo, pero el ardor de su estómago le indica que tomó varias cosas mucho peores que simples jarras de cervezas.

Recuerda vagamente sentirse mareado antes de llegar la medianoche. Probablemente rio y también… insultó a los presentes con todo su repertorio de palabras altisonantes, pero eso solía hacerlo aun sobrio así que realmente no le molesta mucho. Lo que le preocupa es el agujero mental que viene después.

Sabe que Antonio estaba tratando que detenerlo de beber pero, conociendo su propia y amarga personalidad, seguro no tomó en cuenta aquellos consejos y terminó perdiendo la conciencia mientras era cuidado por el español.

Luego de eso todo está oscuro.

Cuando finalmente se despertó, por el horrible malestar provocado por un rayo de luz filtrándose por alguna ventana cercana, lo primero que sintió fue un punzante dolor de cabeza. Al levantarse, afortunadamente, la ropa que vestía desde la noche anterior aún estaba en su lugar y no hubo ningún dolor sospechoso en sus partes bajas, aliviándolo temporalmente, hasta que sus ojos almendrados notaron el un artefacto no identificado.

En su mano izquierda, especialmente en el anular, tenía puesto un delgado anillo.

Casi sintió ganas de devolver todo lo que se encontraba en su estómago en aquellos instantes.

Mareado, trató de controlar su malestar, desviando la mirada. No porque no le gustara especialmente un artefacto tan… tan… peculiar, sino por no recordar el simple hecho de como había ido a parar en su dedo. ¿Habría dicho alguna promesa estúpidamente cursi? ¿Se lo puso mientras él dormía? O por el contrario, ¿aceptó sin duda alguna ponérselo por él mismo?

Intentando despejar su mente, miró todo el caos de aquel horrible departamento. Reconoció, al instante, al francés dormir en uno de los sillones de aquella desordenada sala de estar, su barba que parecía ser la de un modelo el día de pasado, ahora estaba larga y descuidada (¿cómo es que se lograba aquello en una sola noche?), mientras que unos horribles ronquidos provenían del estúpido de Gilbert, el alemán que estaba dormido sobre la alfombra, mal enrollado en alguna especie de sábana, mientras mantenía la boca abierta y dejaba un rastro de saliva resbalar sobre su mejilla.

El más próximo a él, afortunadamente para su bienestar físico, era Antonio, su cabello corto y castaño estaba alborotado mientras respiraba pausadamente mientras abrazaba una almohada con sus piernas y brazos.

Sin embargo, nuevamente sintió como palidecía al notar la mano de aquel sexy, seductor y absurdamente estúpido español. Efectivamente, un gemelo de su propio anillo se encontraba en la mano del maldito de Antonio.

Tratando de ser lo más silencioso posible, se levantó evadiendo el horrible desastre y, aunque sintió más de una vez la necesidad de caer rendido por los horribles mareos de la resaca, logró llegar con alivio hasta la cocina, donde luego de rebuscar en algunos cajones, logró encontrar una pastilla para sus malestares.

Tomó asiento en el comedor y elevó su mano para verla desde abajo.

Inclinando el dedo volvió a ver ahora con mayor detenimiento el objeto que tanto le había estado molestando, pero que no tenía el valor de retirarlo de donde se encontraba. A pesar de ser algo delgado, se podían notar pequeños bordes alrededor, creados a partir de líneas onduladas que le daban mayor estilo. No llevaba incrustada ningún tipo de piedra o decorativo, pero aun así se veía que era un accesorio bastante costoso, o por lo menos para un estudiante universitario promedio como lo era su novio español.

-¿Te gusta?- una segunda voz lo sacó por completo de sus pensamientos, invitándolo a erguirse de manera inmediata, dar media vuelta mientras se levantaba de su asiento y hasta dar un par de pasos hacia atrás, por supuesto con una expresión que denotaba por completo su miedo y sorpresa por no haberse percatado de una presencia detrás suyo.

-¡Maldita sea! ¡Casi me matas de un puto susto!- gruñó, queriendo ignorar el rápido palpitar de su corazón alterado. Antonio tomó asiento de donde se había levantado, mientras le sonría carismáticamente.

-Lo siento Lovi, no quería espantarte.- su risa solo le hacía pensar a Lovino que se trataba de algún tipo de niño con síndrome de crecimiento temprano. Desvió la mirada, pretendiendo ocultar el bochorno que ahora quería subir hasta sus mejillas.- Y dime, ¿si te gustó?- ladeó la cabeza al preguntar, como quien quiere que le respondas afirmativamente aunque quisieras negarlo.

Lovino sintió un tic sobre sus ojos, al caer en tan patéticos pero adorables gestos.

-¿De dónde rayos los sacaste?- evadió la pregunta, ahora fijando su mirada en el anillo de Antonio, claramente refiriéndose al par de anillos completo.

Antonio pareció un poco pensativo antes de contestar.

-Tardé un poco en poder ahorrar lo suficiente, pero me alegra por fin haberlos comprado. Mis mesadas y mis trabajos de medio tiempo me ayudaron a solventarlos.- alzó su propia mano, tomando su turno ahora para mostrarlo.- ¿Lovi, te gusta?- volvió a preguntar, pero esta vez con una sonrisa mucho más madura que la anterior.

Dios, tampoco podía ir en contra de cuando se mostraba tan seductor.

-Joder, sí, me gusta.- aunque quería oírse seguro, su voz tembló de nerviosismo en la última parte. Cerró los ojos creyendo que así mantendría la compostura, pero sus rodillas temblaron al percibir una risita por parte del otro. Para cuando volvió a abrirlos, notó que ahora Antonio pegaba su cuerpo al suyo, en un lento pero cálido abrazo, de donde pasó ambas manos por su cintura.

-Ayer… tú… yo…- trataba de articular alguna frase coherente, pero su aun presente malestar y el repentino acercamiento de Antonio aun no lo dejaban pensar con claridad.- ¿Me diste el anillo ayer cuando estaba ebrio?- Antonio quiso gritar de ternura al ver como toda la cara del italiano se ruborizaba por la simple pregunta, pero tuvo que hacer uso de su autocontrol, ya que de haberlo hecho, seguro Lovino terminaría golpeándolo para finalizar el abrazo.

-Por supuesto que no, eso hubiese sido muy poco romántico ¿no crees?- tomando valor para ser un poco más directo, Antonio juntó su frente con la del italiano, quien respondió con un pequeño salto, aunque no hizo esfuerzos para alejarse.- Te lo puse luego de que terminaras dormido. Se supone que esta fiesta sería para poder dártelos formalmente, pero Francis y Gilbert arruinaron todo.- hizo un mohín con sus mejillas. Adoraba a sus amigos pero había ocasiones en que realmente entorpecían su relación con Lovino.

Al escuchar esa respuesta, el italiano suspiro aliviado. Al menos aún mantenía parte de su dignidad.

-Y los anillos significan que…- luego de preguntar aquello sintió la vergüenza necesaria para desear que la tierra de lo tragase entero, pero el brillo olivo en los ojos de Antonio lo empujaron a continuar y preguntarle.- ¿Exactamente, qué me quieres decir con ellos?

-Que quiero estar contigo para siempre.- el murmullo fue tan bajito que apenas si lo logró escuchar, pero tan profundo que llegó rápidamente a su desbocado corazón. Antonio separo su frente y, en su lugar, depositó un suave beso entre las cejas de Lovino, quien ya sentía desfallecer ahí mismo por el torbellino de emociones aglomerándose en su interior

-Te amo, Lovi.- suspiró, antes de reforzar aún más aquel abrazo. Antonio alcanzó a percibir un diminuto "yo también" al momento que la mano del más bajo acariciara las suyas.

El par de anillos hicieron un tintineo al chocar entre ellos.

o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o

Hikari: Algo rosa para mi OTP de hetalia. Espero que hayan disfrutado leerlo tanto como yo escribiéndolo. Me despido por ahora, mañana será otro día y otro fandom para flufftober. ¡Bye bye-perowna!