DISCLAIMER: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Si fuese mío, Draco Malfoy y Blaise Zabini serían los protagonistas de la historia, habría mucho folleteo y yo estaría en las Vegas, bebiendo y disfrutando de la fiesta continua.

Antes de que comencéis a leer el fic, me veo obligada a aclarar algunos detalles:

· Es un dramione, pero sucederán cosas que no os van a gustar para nada. Os aviso de antemano para que sepáis que vais a sufrir, que es muy probable que me odiéis después de leer lo que viene a continuación.

· Esta historia no tiene nada que ver con lo que he escrito hasta ahora, así que no esperéis leer un fic en el que todo sea super bonito y acabe de maravilla porque no vais a encontrar nada de eso aquí.

· Por otra parte, está basada en sexto curso, es decir que a Draco ya se le ha encomendado la misión de matar a Dumbledore y tiene la marca tenebrosa. No está pasando por un buen momento y su voluntad y sus ideales empiezan a resquebrajarse.

· Y por último, habrá escenas con contenido sexual y puede que más de una os desgarre por dentro.

Sólo espero que lo disfrutéis a pesar de todo, que no me odiéis, pero sentí la necesidad de escribir esto, porque no hay nada que me guste más que regocijarme en el Angst. Y sí, me encanta hacerles sufrir a todos, en especial a Draco, que por cierto, aquí lo va a pasar muy mal. Como digo a veces, sin dolor no hay amor, joder.

La verdad es que no sé a dónde llegará esto, pero si veo que recibe apoyo, continuaré publicando capítulos, así que si os gusta, hacédmelo saber que así me entusiasmo y escribo más. Le comenté esta idea a una de mis mejores amigas y le gustó.

En fin, nada más. Sólo que os mando mucho love y...que os dejo con la lectura.


No te haces una idea de cuánto llegué a odiarte, pero ahora, gracias a ti, gracias a ''vosotros'', tengo una historia que contar.


''Touch me, yeah
I want you to touch me there
Make me feel like I am breathing
Feel like I am human, again''

- A little death-The Neighbourhood-


I

Hermione se había dicho que no lloraría. No por él. Pero ver a Ron besándose como si la vida le fuese en ello con Lavender Brown en plena sala común de Gryffindor delante de todo el mundo, como si estuvieran proclamándolo a los cuatro vientos, la había hecho pedazos. Hacía días que apenas hablaban y aquello había sido el detonante final.

Permanecía sentada en unos escalones cercanos al séptimo piso, reprimiendo las lágrimas, pero llegó un punto en el que picaron tanto que se vio incapaz de contenerse por más tiempo y rompió a llorar. A pesar de ello, tenía la varita en la mano y un círculo de canarios gorjeando que había conjurado la rodeaba, como si aquel hechizo de alguna manera pudiera apagar un poco la soledad que le hacía sentir escalofríos.

Por un momento estuvo así, derrotada, preguntándose qué habría hecho tan mal como para que Ron la despreciase, hasta que las pisadas de alguien aproximándose a donde se encontraba hicieron que se tensara y alzase la vista rápidamente, avergonzada porque la hubiesen pillado de forma tan vulnerable.

Por un momento, pensó que se trataría de Harry, pero se sorprendió al ver que a quien tenía delante era a un alumno de Slytherin, Theodore Nott, y no a su amigo.

— ¿Granger?— dijo él deteniéndose repentinamente, al darse cuenta de que estaba llorando.

Hermione, incómoda, se secó las lágrimas bruscamente, intentando disimular. Era la primera vez que él se dirigía a ella a pesar de haber estado juntos en clase durante tantos años.

Ah, Nott— dijo en un susurro acongojado, desviando la mirada por lo ridícula que se sintió. No pudo soportar que precisamente alguien de Slytherin la hubiera visto así. Inmediatamente deshizo el hechizo y los pequeños canarios se esfumaron a su alrededor, haciendo que ella y sus lágrimas resaltasen aún más.

— ¿Estás bien?— inquirió con cierta preocupación. Hundía las manos en los bolsillos, con aire casual.

Hermione apretó los dientes. Odió que mostrase interés, porque estaba al corriente de que Theodore, a pesar de no pertenecer al grupo de amigos de Malfoy, se había reído de ella en clase de pociones del profesor Slughorn por ser una sangre sucia.

— ¿Qué te importa? — le espetó con desdén, se levantó y enderezó los hombros.

Pero Theodore se limitó a observarla de arriba abajo con un semblante carente de expresión. La preocupación que había mostrado en un principio desapareció.

—No sé, te veo...— le dijo clavando la vista en sus ojos— mal.

Hermione se mordió el labio. Aunque hizo un esfuerzo sobrehumano por controlarse y no mostrar las emociones que en ese momento la atenazaban, no pudo reprimirse cuando repentinamente Ron y Lavender aparecieron por el otro extremo del pasillo.

Iban riéndose, cogidos de la mano.

A Ron se le fue apagando poco a poco la sonrisa y se detuvo en seco cuando vio a Hermione allí, con los ojos rojos y algo hinchados, pero inmediatamente arrugó la frente al darse cuenta de que había alguien de Slytherin a su lado.

— ¡Uy!— exclamó Lavender soltando una risita y tiró del brazo de Ron para marcharse, queriendo alejarse de Hermione cuanto antes, dándole a entender que por muy amiga que fuese de él, no iba a ser más que eso. Y Ron, que estaba anonadado por todo lo sucedido durante esa tarde, no puso objeciones. No dijo una sola palabra, notó como Hermione le clavaba la mirada dejando entrever un odio que amenazó con destruirle y se fue corriendo con Lavender.

Para Theodore no pasó desapercibido el resentimiento de ella.

— Es por Weasley, ¿no?—preguntó acercándose más— Estás así por él.

Hermione notó como se le tensaba la piel, ya no sólo por el hecho de que él se aproximase, sino porque se sintió expuesta ante aquella pregunta.

— Pues claro que no— le espetó, pero lo único que logró con su respuesta fue confirmar la evidente y dolorosa verdad— ¿Qué te hace pensar eso?

Theodore apuntó una falsa sonrisa.

— Se nota— le dijo en medio del silencio que los envolvía. Ya había anochecido— Tu expresión lo dice todo.

Hermione lo miró a los ojos. Nunca se había fijado en ellos con detenimiento hasta ese momento. Los tenía de color azul, un azul profundo, un azul que escondía demasiados secretos.

Oh, entiendo— dijo dejando escapar una risa cargada de cinismo, y es que le resultó demasiado ilógico que de repente se interesase por ella— Vienes a reírte de mí.

Theodore enarcó una ceja.

—¿Por qué debería hacerlo?

Hermione, simplemente, esbozó una sonrisa triste.

— No sé, quizás por el hecho de que eres amigo de Malfoy— en su voz se pudo percibir un temblor. Muy leve, pero lo suficientemente claro como para que Theodore se percatase de toda la rabia que estaba conteniendo bajo aquellas palabras— Sólo te has acercado a mí para tener una historia que contarle, ¿no? Y así dispondréis de material suficiente como para burlaros de mí durante el resto del curso —hizo una pausa y tomó aire, haciendo un esfuerzo porque la voz no le flaquease. Aún así tenía los ojos llenos de lágrimas— pero, ¿sabes qué? Sinceramente me importa una mierda.

Y era cierto. Hermione estaba cansada. Cansada de esforzarse para que Ron al final acabase menospreciándola, cansada de que la pandilla de Malfoy estuviera burlándose de ella a todas horas, cansada de que Harry no le dijera a Ginny lo que sentía y luego la marease a ella con estúpidas preguntas.

Cansada de todos, en general.

— Weasley no te merece— dijo Theodore de buenas a primeras, devolviéndola a la realidad— Y no creo que todo esto sea de incumbencia de Draco.

Hermione notó la indignación atascada en su garganta, deseando salir y reventar.

—Qué irónico que ahora de repente Ron no me merezca cuando siempre me habéis considerado inferior a todos por ser una sangre sucia— le espetó con todo el desprecio que pudo.

La expresión del rostro de Theodore, sin embargo, no cambió. Seguía relajado, observándola con aquellos ojos azules carentes de sentimientos. Los finos mechones de pelo le caían por la cara, dándole un aspecto misterioso.

— Aquí no se trata de tu linaje de sangre, Granger— comentó con tranquilidad— Tú eres más inteligente, te mereces a alguien que esté a tu altura. Alguien que no te menosprecie o esté discutiendo contigo día sí y día también. Weasley, en ese sentido, es demasiado tóxico para ti.

Hermione se desmoronó al escucharle. Porque sí. Sabía que Ron era tóxico, que nada de lo que ella hiciera le parecería bien nunca, que siempre tendrían problemas, pero aún así, sus sentimientos estaban ahí y para ella era inevitable que le hubiera gustado desde siempre, a pesar de todo.

— Tú no lo entiendes...yo...— susurró casi para sí misma, con voz rota, haciendo un esfuerzo por no llorar de nuevo pero su murmullo fue apagándose poco a poco— han sido muchos años y...

— Claro que lo entiendo— le dijo con cierto deje de ironía —Tú no me conoces, pero sé muy bien lo que es el dolor. Dolor a que la persona a la que quieres ni siquiera se haya detenido a pensar que existes, que siempre has estado ahí.

Hermione lo observó con detenimiento. Se dio cuenta de la angustia que había tras sus palabras pero a pesar de que tuvo la necesidad de saber quién había sido capaz de hacerle tanto daño, no preguntó.

Un incómodo silencio los rodeó.

— ¿Deja de doler en algún momento? — musitó ella al cabo de un rato con miedo, deseando averiguar si cuando pasase un tiempo, se recuperaría del golpe y dejaría de sentirse tan abatida.

Theodore dio un paso al frente, rozando con la punta de sus zapatos los de ella.

— ¿Quieres que sea honesto?— dijo con un hilo de voz.

Hermione lo miró en silencio y asintió ligeramente con la cabeza. Aunque Theodore estaba relativamente cerca de ella, no se apartó porque en ese momento todo le dio igual.

— No— comentó él forzando una sonrisa— Nunca.

Hermione suspiró cabizbaja. Y no hizo falta que Theodore se lo dijera, porque ella ya lo sabía, que si seguía cerca de Ron, hablando con él o pasando las vacaciones con su familia en la Madriguera, la quemazón que sentía por el simple hecho de permanecer a su lado, la destrozaría.

—Pero...— añadió de pronto Theodore, haciendo que recobrase un poco las esperanzas.

Hermione alzó la vista, encontrándose con la profundidad de sus ojos azules.

— ¿Pero qué?

— Que hay formas de sobrellevar el dolor— susurró él con voz ronca— Formas de hacerlo más soportable.

Hermione, repentinamente, se alertó porque presintió que no le iba a gustar el rumbo que tomaría la conversación. Aún así, se vio forzada a preguntar, porque lo necesitaba. Necesitaba aferrarse a algo que la hiciera sentirse mejor.

— ¿Cómo cuáles?

Theodore se fijó en como ella se aflojaba la corbata del uniforme con agobio, a la espera de su respuesta. Respuesta que no tardó mucho en llegar.

— Acostándote con alguien, por ejemplo.

Hermione sintió un escalofrío recorriéndole la espalda y todos los músculos de su cuerpo se quedaron rígidos.

— ¿Qué? — preguntó entrecortadamente, cuando despertó del letargo.

Theodore se dio cuenta de que ella, inconscientemente, había dado un paso hacia atrás de lo incómoda que se había sentido, como si pretendiese dar media vuelta y marcharse de un momento a otro. Su mirada pareció atravesarle.

— Sé que ahora no le ves sentido, pero lo tiene— comentó alejándose un poco para no seguir invadiendo su espacio— Cuando lo haces, dejas de sentir la soledad aunque sepas que no va a ser por mucho tiempo.

Hermione empezó a boquear como un pececillo y se sonrojó tanto que pudo percibir como le palpitaban las mejillas. Y después, notó su corazón, que latía desbocado.

— Pero yo... no sería capaz— murmuró sin atreverse a mirarle —Oh, acaso... ¿tú lo has hecho?

Theodore, aprovechando que estaba cerca de una columna, se recostó y se cruzó de brazos.

— Sí. Un par de veces.

A Hermione le sorprendió que hubiera tenido sexo, principalmente porque casi siempre lo había visto solo, encerrado en sí mismo, apartado de todo y de todos, pero supo que era cierto. Pudo verlo en su mirada.

Ah— soltó tras un pesado suspiro— De todas formas, yo siempre he querido esperar a...

— ¿A qué? O mejor dicho, ¿a quién? ¿A Weasley?— dijo lacónico— No merece la pena esperar, Granger. Las cosas jamás ocurren como deseamos. Supongo que nunca te has dado cuenta porque hasta ahora no habías tenido problemas.

Hermione lo taladró con la mirada, ofendida.

— Por favor— escupió soltando una risa cargada de sarcasmo— qué sabrás tú si ni siquiera me conoces.

— No del todo— comentó en voz baja al fijarse en que unos alumnos de Hufflepuff aparecían por el pasillo. Cuando se marcharon, prosiguió:—pero sólo con observarte puedo ver que no has vivido rodeada de engaños, que has tenido una vida sin complicaciones y sin decisiones difíciles que tomar, que no te han hecho daño. No hasta hoy, al menos. Pero ahora te sientes sola y traicionada, y yo sé perfectamente lo que es eso.

Hermione tensó la mandíbula, contrariada. No le gustó que la juzgase pero supo que tenía razón. A pesar de todos los malos momentos que había vivido junto a sus amigos durante los últimos años, ella los había sufrido de forma indirecta porque a quien realmente habían afectado había sido a Harry, que era el que siempre se había llevado la peor parte. Pero ella tenía a su familia, todos estaban bien. Le dolió tener que admitir que él estaba en lo cierto.

— Aún así, yo sería incapaz de acostarme con alguien por despecho— dijo con voz temblorosa— No soy tan cruel como para utilizar a alguien por egoísmo. Y pienso que para hacerlo, hay que tener confianza con esa persona, conocerla, que te guste y te sientas bien solo con estar a su lado.

Theodore apuntó una sonrisa triste, pero sobre todo, compasiva.

— Ah, ya veo— musitó irónico— Así que eres de las que piensan así...pero siento desilusionarte. Lo que buscas ya no existe a día de hoy. Y si lo que pretendes es esperar a que Weasley decida fijarse en ti, vas a sufrir. ¿Qué crees que hará con Brown en cuanto tenga la oportunidad?

A Hermione se le desaceleró el corazón. Ni siquiera se había replanteado lo que pasaría entre Ron y Lavender a partir de ese día y sintió como si alguien le hubiese dado una bofetada, queriendo hacerle reaccionar.

— ¿Qué?

Theodore se apartó de la columna y volvió a acercarse a ella.

— ¿No te habías parado a pensarlo? Lo harán y lo sabes. Luego se lo contará a Potter pero no te dirá nada a ti. Y tú finalmente te enterarás cuando vayas algún día al baño y escuches a Brown hablando con las demás sobre lo feliz que está por habérselo follado.

Hermione contuvo las lágrimas con todas sus fuerzas para que no la viese llorar.

— Pero...— añadió él de forma peligrosa, haciendo una larga pausa— yo puedo ayudarte.

Hermione se estremeció. Su corazón se aceleró por un segundo y luego latió lentamente. Una lágrima resbaló por su mejilla. Una lágrima que se limpió con rapidez, antes de mirarle con seriedad.

— ¿Cómo?

— Hazlo conmigo— dijo con voz pesada— Ya sabes, follar.

Hermione se quedó sin respiración. No pudo asimilarlo. No tan de golpe. Primero sintió como la furia inundaba su interior, pero luego ese sentimiento desapareció, dando paso a una vergüenza que jamás había experimentado en toda su maldita vida.

— ¿Perdona? ¿Lo estás diciendo en serio? — le espetó deseando por primera vez que se tratase de una broma, de una broma de mal gusto.

Pero no fue así.

— Sí, muy en serio— corroboró él.

Silencio.

—Yo...— dijo entre jadeos, tratando de recuperar el aliento cuando al fin se recompuso. Observó lo directa que fue su mirada, y para Hermione fue sobrecogedor que la mirase así— Es ridículo. No sé por qué estamos manteniendo esta conversación. Me marcho.

Se dio media vuelta. Lo hizo con tanta brusquedad que el pelo le ondeó. Y luego, empezó a subir las escaleras.

— Te sientes sola y yo también— añadió Theodore, sin dejar de mirarla. Hermione se detuvo en el primer escalón. Odió que se creyese un protector, aunque luego tuvo la inevitable impresión de que en realidad era él quien necesitaba ser rescatado— Si aceptas, cuando pasen los días, lo que sientes ahora dolerá menos, aunque en este momento pienses que es imposible.

— No creo que acostarme contigo sea la solución— le espetó, notando como le ardían las mejillas de vergüenza y frustración. Sobretodo, frustración.

— Piénsatelo— le dijo con voz queda— No pierdes nada.

Ella sintió un destello de inquietud en el pecho.

— ¿Ah, no? ¿Y qué me dices de mi virginidad o de los ideales en los que he creído siempre? Por no hablar de que ni siquiera te conozco y tampoco sé si eres de fiar.

Y es que Hermione estaba al tanto de que el padre de Theodore Nott era un mortífago, que desde lo sucedido en el Departamento de Misterios, se hallaba preso en Azkaban, y ese era uno de los principales motivos por los que ni siquiera el profesor Slughorn había querido invitarle al Club de las Eminencias. Había perdido el apoyo y la confianza de mucha gente.

— Y qué importa que no nos conozcamos o que yo sea de fiar. Sinceramente la primera vez suele ser una mierda. Y es muy probable que si esperas a hacerlo con Weasley, al final te decepciones por no haber resultado como tú te habías imaginado— musitó con indiferencia— Yo puedo quitarte ese peso de encima.

Hermione no pudo soportar más la tensión. En ese momento le molestaba todo, incluso su piel que la notaba tirante, como si de golpe y porrazo se le hubiera irritado.

— Será mejor que me vaya.

Y sin más, metió la varita en el bolsillo de sus pantalones y siguió subiendo las escaleras, notando lo difícil que le resultaba el simple hecho de respirar.

— No te atraigo, ¿es por ese motivo?— dijo de pronto Theodore, provocando que se quedase inmóvil, pero esa vez en el tercer escalón.

Hermione se mantuvo en silencio por unos momentos, se giró un poco y lo miró de soslayo.

—Oh, yo...— comentó ligeramente avergonzada. En más de una ocasión, en clase o dando un paseo por los jardines, se había fijado en él. Nunca le había parecido un chico del montón porque era enigmáticamente atractivo, pero hasta ese momento ni siquiera se lo había replanteado porque el hecho de que Theodore fuese quien era, había causado que Hermione lo etiquetase y lo metiese automáticamente en el grupo de alumnos a los que debía evitar, al igual que a Malfoy. Se atrevió a mirarle en ese momento. Sus extraños ojos azules, que relucían bajo aquella penumbra, aumentaron su atractivo— Supongo que...no estás mal.

— Tú tampoco— añadió él con voz aterciopelada.

— Pero...— dijo deslizando un mechón de pelo detrás de su oreja, con incomodidad— siento que no está bien.

Theodore la miró con seriedad.

— Eso es porque siempre has tenido esa idea en mente, pero en realidad, es agradable sentir el calor de otra persona reconfortándote de vez en cuando.

Hermione percibió la sinceridad en su expresión y se lo pensó por un momento. No estaba bien. Y que él hubiera aparecido en el momento en que más vulnerable se sentía, le hizo replanteárselo por un segundo, porque le creyó. Creyó que reconfortarse en su calor la haría olvidarse de sus sentimientos hacia Ron.

—Si cambias de opinión, avísame— dijo Theodore, dando por finalizada la conversación.

Luego exhaló y se dio la vuelta dispuesto a volver a la sala común de Slytherin, pero justo cuando se había alejado lo suficiente como para creer que aquella conversación se quedaría allí, que no volvería a hablar con ella de nuevo, Hermione alzó la voz.

—Espera.

Se paró inmediatamente y una sonrisa sibilina se le formó en la comisura de los labios. Lentamente se giró y la miró, notando como una agradable sensación de euforia le recorría toda la piel. Hermione apretaba los puños, pero no porque estuviese enfadada con él, sino porque se odió a si misma. Se aclaró la garganta antes de atreverse a hablar.

— ¿Cuándo? — fue lo único que pudo preguntar impulsivamente.

— ¿Estás segura?

Se hizo de nuevo el silencio. Porque no. Hermione no estaba segura, tampoco se sentía preparada y pensó que no podría hacer acopio de valor suficiente, que se arrepentiría después de todo. Sin embargo, el sonido de sus palabras se propagó calmándola y al atraverse a mirarle por última vez y volver a ver la tranquilidad que reflejaron sus ojos, se olvidó de lo que era moralmente correcto y de lo que no.

— ¿Cuándo?— volvió a repetir con mucho esfuerzo.

Pero esa vez Theodore no se acercó. Se mantuvo clavado en el mismo sitio.

— Mañana.

Hermione ahogó un gemido y notó como el pánico fluía por sus venas. Su pulso se volvió frenético. No lo esperó. No tan pronto.

— ¿Qué? ¿Tan repentino?

— Es el mejor momento— comentó con calma— Vincent, Gregory y Blaise tienen entrenamiento de quidditch por la tarde así que no habrá nadie en mi habitación.

Hermione contuvo el aliento. Cuando su ansiedad amainó, dejó escapar un suspiro.

— ¿Tu habitación?— preguntó incrédula y algo recelosa— ¿Y qué pasa con Malfoy?

Theodore se llevó la mano a la nuca, con cierto desinterés.

— Ha dejado el equipo. Harper lo ha sustituido pero últimamente Draco está muy distante y se pasa las tardes por ahí. Casi nunca está en la habitación a no ser que sea para dormir— le dijo sin nada de preocupación— Te esperaré cerca de la entrada de la sala común de Slytherin a las seis— y al ver que despegaba los labios, añadió:— No te preocupes, podrás entrar conmigo. A esa hora no suele haber nadie.

Y justo ahí, Hermione se decidió. No dijo nada más.

Simplemente escuchó como se despedía y lo dejó marchar, viendo como su silueta se desdibujaba y desaparecía al adentrarse en la oscuridad del pasillo, sin saber que aquella decisión que acababa de tomar, provocaría que, precisamente, Draco Malfoy también acabara involucrado de lleno en su problema.