Disclaimer: SNK y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Las canciones usadas aquí tampoco son de mi autoría y adjuntaré al final de cada capítulo al intérprete de la canción escogida. No gano dinero con esto, solo lo hago por diversión y porque quiero escapar de la vida adulta.

1. En mi memoria.

- ¡Los héroes de Shinganshina han regresado!

Miraba desde la altura de la muralla hacia el distrito Trost, donde la gente celebraba eufórica su retorno. Pero no había sonrisas ni gritos por parte de los nueve que habían vuelto. Solo silencio. Sus caras mostraban cansancio y tristeza. Levi Ackerman dio un breve suspiro mientras bajaban del muro con los caballos y eran recibidos con vítores y agradecimientos por el triunfo. Ninguno de los soldados les devolvía la sonrisa a los ciudadanos del distrito. Jean y Connie llevaban a una malherida Sasha en una improvisada camilla. Eren sostenía firmemente los libros bajo su capa y más atrás Floch caminaba solo. Mikasa y Armin iban juntos escoltando a Eren. Al lado de Levi estaba Hange Zoë, ahora la décimo cuarta comandante de la Legión de Exploración. Lucía cansada y una pequeña mancha de sangre comenzaba a asomar por el parche que traía en el ojo izquierdo.

- No llores. – dijo Levi mientras caminaban entre las personas que les abrían el paso.

- No… estoy bien. – dijo la mujer con un hilo de voz.

La policía militar les esperaba en el cuartel. Ya lejos de la población, Darius Zackly quería un informe completo de inmediato, pero Pixis intervino al ver esos nueve rostros cansados y tristes; intercediendo por un espacio para que por favor los héroes de Shinganshina tuvieran un momento para recuperarse. Ya habría tiempo de reunirse, conversar, hacer informes y discutir sobre los descubrimientos y detalles de la operación. Levi se despidió de Hange, quien sería llevada junto con Sasha y Jean a ver un doctor y se dirigió hacia las habitaciones.

A medida que iba caminando se impresionó de su propia fetidez. Habían limpiado un poco sus uniformes para llegar más o menos presentables a Trost, pero la falta de una ducha, el sudor y la sangre seca bajo la ropa comenzaba a soltar su hedor. Además, comenzó a notar que el equipo de maniobras comenzaba a pesarle, sentía los muslos agarrotados. Llegó a la estancia donde se dejaba el armamento. La recluta que ahí estaba le miró con ojos enormes, pero Levi ni se inmutó. Se deshizo del equipo, lo dejó sobre la mesa y se fue, retomando el camino hacia su habitación.

A la habitación.

Comenzó a reducir la velocidad de sus pasos a medida que se iba acercando, subiendo escaleras y recorriendo pasillos. Agradeció no haberse topado con nadie por el camino. Todos habían salido a buscar a los héroes recién llegados y él había logrado escabullirse para llegar hasta su cuarto. Pero al mismo tiempo, no quería llegar. No quería toparse de frente con la realidad que le esperaba en ese lugar.

Una vez que estuvo frente a la puerta, no tuvo más remedio que abrir. El aroma entre té y hierbas silvestres fue como una bofetada que le golpeó de inmediato. Cerró y se apoyó contra la puerta. Miró la ventana al fondo de aquel espacio; la luz matutina bañaba el cuarto como solía hacerlo siempre en esas mañanas soleadas, la habitación tibia, las sábanas blancas y estiradas en la cama ya hecha. Erwin a contraluz, vistiéndose apenas con su mano izquierda. Entonces llegaba él y le ayudaba a meter la camisa dentro de los pantalones.

Erwin. La habitación olía a Erwin. Y Levi solo olía a sudor, sangre y dolor.

Inhaló profundamente. Se le hizo un nudo en la garganta, pero resistió y tragó duro. Se quitó la capa verde y la dejó en la silla que estaba apostada al fondo del cuarto junto a la ventana. No era su capa, la había cambiado con la del comandante una vez que dejaron su cuerpo dentro de una de las viviendas del distrito recién recuperado. Se quedó viendo las pilas de libros que había frente a la mesa donde solían sentarse en las noches a conversar. Rebuscó en su chaqueta y sacó del bolsillo interno la medalla verde esmeralda de su comandante. Agradeció que Hange le hubiera permitido quedársela. Se sentó. Esa silla tan dura. ¿De verdad la gente se había tragado la historia de que dormía solo unas cuantas horas sentado ahí durante los últimos cinco años?

Lejos yo te busco y no estás

Pero yo te siento igual

¿Y cómo entenderlo, cómo aceptar?

Que en mi recuerdo existes y en mi memoria…

- Levi – el rubio se sentó a los pies de la cama. El otro lo miró solo asomando los ojos entre las sábanas de la cama que compartían. Erwin le dio una sonrisa triste- Llegaremos a ese sótano y volveremos juntos.

- Haré todo porque sea así. – Levi se había sentado en la cama y rápidamente gateó hasta quedar acurrucado en las piernas del rubio- pero no puedo evitar estar enojado contigo por tu decisión y tener un poco de miedo.

- ¿Miedo? – inquirió Erwin. Levi asintió en silencio- nos tenemos el uno al otro, no solo en el campo de batalla.

Se hizo un silencio en la habitación. Erwin tomó la mano de Levi.

- Te entregaré mi corazón. Hasta el último latido, comandante. – dijo el pelinegro.

- Y yo también a ti Levi, hasta el último latido.

Erwin besó el dorso de la fina pero callosa mano de Levi. Efecto de años usando los equipos de maniobras.

…Que en mi recuerdo existes y en mi memoria

Se había quitado toda la ropa, dejándola en el suelo en un rincón del baño. Se dio una ducha larga, quitándose las costras de sangre que llevaba en los brazos y entre el cabello pasándose fuertemente una luffa contra su piel blanca. Una vez que salió, solo con una toalla envuelta a la altura de su ombligo se dirigió al armario y lo abrió para buscar ropa limpia. Otra vez ese olor a hierbas silvestres y madera volvió a golpearlo, esta vez con más fuerza. Inspiró llenando sus pulmones de ese aroma. Tomó con ambos brazos la ropa del comandante y la abrazó contra su cara, respirando fuerte, hondo, profundo, tratando de guardarse ese olor tan adentro como pudiera, en su cerebro, en el corazón, en la médula de sus huesos, donde fuera pero que ese aroma no se fuera jamás de su ser. Entonces soltó un grito contra los abrigos y camisas de Erwin que ya no volvería a usar más.

Le había dicho a Armin que no pensaba arrepentirse de la decisión que había tomado. Y no lo haría. Sabía que la decisión de dejar descansar a Erwin de todo lo que lo esclavizaba en el mundo estuvo bien, pero eso no lo libraba del dolor y de la enorme soledad que le esperaba desde ese momento. Muchos lloraban al comandante. Y Levi sentía que ni siquiera tenía fuerzas de llorar al hombre que lo había salvado. Al único amor romántico que había tenido en su vida.

Hay un vacío que no deja de insistir

No hay sentido si no hay sentir

Tú te fuiste y contigo un poco de mí…

- Oye, muévete.

- ¿Qué? Ah, lo siento. – Erwin se giró para que Levi se agachara y así terminar de ponerle las amarras para que luego pudiera sostener el equipo de maniobras.

- Aún puedo romperte las piernas. – recordó mientras le ceñía fuertemente las hebillas en sus muslos.

- Me estás asfixiando las piernas. Relájate. – Levi cedió y dejó la hebilla cómoda para su comandante- gracias. Levi, en caso de que muriera, dejé una…

- No te vas a morir. – lo cortó.

- … carta en un libro.

- ¿Cuál libro?

Se irguió para mirarlo fijamente. Ya había acabado de ayudarlo a vestirse. Erwin se le quedó viendo con esos ojos profundamente azules. La luz del sol bañaba la habitación como siempre. Las sábanas blancas, la cama estirada y bien hecha. El comandante lo asió hacia su cuerpo con su brazo izquierdo y lo besó. Se besaron. Lento, como si fuera una despedida. En algún espacio de sus cuerpos ambos sabían que era una despedida, pero se negaron esa palabra hasta el último momento. Levi puso ambas manos en la cara de Erwin y entremedio del beso abrió los ojos, solo para quedarse con la imagen de esas espesas cejas castañas a medio fruncir, sus ojos cerrados y las pestañas rubias actuando como una cortina que escondía esos ojos que lo cautivaban.

Yo entiendo que es muy tarde, tú ya estás lejos

Construyendo en otro lugar que no puedo llegar…

Al cabo de una hora llegó al vestíbulo del edificio del ejército vestido con un uniforme limpio y el rostro marcado por profundas ojeras. En su pecho llevaba escondida la medalla de él. Se puso el abrigo verde encima para verse un poco más ordenado. Solo estaban Connie y Floch ahí esperando. Hange, Jean y Sasha deberían seguir en la enfermería y Mikasa con Eren debían cumplir castigo por violar la ley militar al intentar casi matarlo para darle la jeringuilla a Armin. Respecto a este último, lo más probable es que estuviera acompañándolos y comenzando a revisar aquellos libros que Eren había traído consigo y que habían alcanzado a leer en el sótano.

Se paró junto a ambos soldados sin decir una palabra. Poco a poco, varias personas comenzaron a circular por el amplio vestíbulo. Les saludaban, agradecían o simplemente agachaban la cabeza como señal de respeto. Otros les preguntaban como se sentían. Connie respondía formalmente por los tres, pero era muy escueto. Floch tenía cara de molestia y miró a Levi con desprecio. El pelinegro le sostuvo la mirada hasta que el otro tuvo que dejar de verlo y cambiar su expresión facial.

Una mujer los veía de lejos desde hace un rato. En un momento Levi ya había notado que lo miraba más a él que a los otros dos. Se removió incómodo. No la conocía. Era alta, de contextura delgada, cabello castaño claro y ojos pardos. No era soldado. Llevaba puesto un vestido largo y negro, pero el corte del cuello dejaba ver sus amplias y marcadas clavículas. Se acercó a ellos. Saludó cortés a Connie y Floch y se detuvo con Levi.

- Gracias por devolverle la esperanza a la humanidad.

- Se hizo a costa de muchas vidas.

- Lamento que hayan perdido a su Comandante… él… yo… nos conocíamos. Desde hace muchos años.

Levi se removió un poco incómodo al escuchar esa información.

- Hange Zoë es nuestra comandante ahora. – indicó Levi.

- Ah sí, pero Erwin… – la mujer soltó una risa triste- él era especial, ¿no? -Levi no respondió- murió como quiso. Peleando contra los titanes. Dejó todo por seguir sus ideas, demostrar que tenía razón… qué tonto.

- ¿Cuál era su nombre? – interrumpió molesto el soldado.

- Marie. Soy esposa de Nile… - apretó los labios- tu comandante prefirió cazar titanes en vez de tener una vida tranquila a mi lado.

Levi Ackerman comprendió rápidamente lo que se escondía detrás de esas palabras.

- Mi comandante entregó su corazón. Para que usted, señora, tenga una vida tranquila, cómoda y vanidosa.

- ¿Disculpa?

- Él tenía razón. Sí hay humanos fuera de estos muros. No murió solo porque quería pelear contra los titanes… lárguese de aquí y llore su egocéntrica desdicha con su esposo de consuelo.

La mujer enrojeció al escucharlo y lo miró con profunda ira, pero el soldado ni se inmutó y ella se retiró rápidamente de ahí. Levi entonces recordó la carta de la que le había hablado Erwin antes de salir a Shinganshina. Se largó rápidamente y volvió al cuarto. Esa mujer había intentado ocupar un lugar que no le pertenecía, ni le iba a pertenecer jamás a nadie más que a él mismo. Una carta en un libro ¿Qué libro? Lo supo de inmediato. Era ese libro que había sido de su padre. Erwin lo releía mucho el último tiempo. Estaba encima de toda la torre de libros que estaba a los pies de la cama. Lo abrió y rápidamente encontró un papel doblado en tres partes con su nombre escrito temblorosamente, como solía escribir Erwin desde que había perdido el brazo derecho hacía cuatro meses.

Levi:

Si regresamos juntos, por favor hablemos solos los dos sobre lo que encontramos en el sótano, déjame descubrir qué haré cuando mi sueño se haya cumplido. Luego durmamos y tomemos un breve respiro para seguir adelante.

En caso de que no regrese, perdóname. Me advertiste, te discutí, confiaste en mi juicio y te fallé.

En ambos casos, sabes que te he entregado mi corazón.

Erwin Smith.

Le temblaban las manos cuando terminó de leer la carta. Volvió a sentir ese nudo en la garganta. No lo había hecho cuando perdió a su madre, no lo había hecho cuando perdió a Farlan e Isabel, menos aún cuando murió Kenny. Pero no daba más.

Soltó una lágrima. Luego otra. Y otra más. Sintió que no iba a poder parar.

- Te hice una promesa y te entregué mi corazón. Es todo lo que necesito para seguir adelante. – respondió en voz baja a la carta, esperando que quizás en alguna parte, Erwin aún le estuviera escuchando.

…Es tan allá ese lugar

¿Me esperarás hasta llegar a ese lugar?

Canción: En mi memoria. Intérprete: Francisca Valenzuela. Álbum: "Buen soldado".

Hola! He vuelto luego de dos años sin publicar nada… Estaré subiendo one shots (en su mayoría Eruri, pero no me cierro a los otros personajes) basados en canciones que tengo en una playlist, mientras de manera paralela me dedico a pulir un fic muy largo también de este ship.

Gracias por leer, y gracias por dejar un review.

D.29.