Enji prácticamente arrastraba los pies. El camino hasta su casa era pesado, sobre todo ahora que sabía que estaba solo.

Tenía claro que, cuando entrara, no oiría ninguna voz. Nadie le recibiría igual que Fuyumi solía hacer.

Nada de eso ocurriría más.

A pesar de haber pasado días en aquella misma situación, todavía le costaba hacerse a la idea de que su familia se había ido.

Enji abrió la puerta de su casa y dentro solo había silencio, frustrante y doloroso como una catarsis. Cerró la puerta después de entrar y caminó hacia el salón. Entonces allí encendió la televisión sin preocuparse por elegir un canal; simplemente quería oír alguna voz que no fuera la suya, algo que no le hiciera sentirse tan solo.

Sin embargo, Enji terminó cambiando de canal más veces de las que le habría gustado. Tantas noticias bombardeándole durante las veinticuatro horas terminaban siendo una tortura para él, sobre todo si le hacían recordar el incidente de Natsuo, la familia que ya no estaba a su lado, sus incesantes pesadillas... Aquello era lo que menos necesitaba en esos momentos.

Si quería dejar todo el pasado atrás, primero debía acostumbrarse a estar solo en una casa tan grande. Pero, para Enji, estaba siendo más duro de lo que esperaba, sobre todo si recordaba que aquella soledad duraría mucho tiempo.

Entonces Enji cambió de canal hasta que simplemente veía anuncios uno tras otro.

A aquellas altas horas de la noche eran tan poco estimulantes que resultaban ideales para él. Por muy inquebrantable que pareciera, el hombre se encontraba destrozado.

Desde que su familia se había marchado, las horas no avanzaban y, temiendo pasar otra noche torturado por las pesadillas, Endeavor terminó encontrando la mejor forma de conciliar el sueño.

Un alivio a aquella situación tan frustrante.

Enji dejó la televisión encendida y caminó hasta un aparador. Con gestos naturales, pues ya estaba acostumbrado a hacer siempre lo mismo, abrió una puerta del mueble. Entonces sacó una botella y, después de acomodarse en una silla, se sirvió un trago.

Profesionalmente, Enji era un hombre intachable. Un héroe responsable que, fuera de sus servicios, solo bebía en reuniones. Y, aún así, solo ocasionalmente. Pero, en aquellos momentos, el alcohol era su único apoyo. Endeavor sentía que había fallado como adulto, como hombre y, sobre todo, como padre.

Y había descubierto que, muy a su pesar, era débil. Vulnerable. Pero demasiado orgulloso como para mostrarlo.

Testarudo, Enji se sirvió otra copa para callar sus pensamientos; aquellos que le decían que no tenía nada que hacer ahora que su familia se encontraría mejor sin él. Era un alivio que al día siguiente no tuviera que trabajar.

De forma inconsciente, Enji podía identificar los anuncios de la televisión que todavía escuchaba de fondo. Después de todo, no era difícil que los memorizara si beber hasta la madrugada se había convertido en parte de su rutina.

Si no volvía agotado de trabajar, bebía hasta caer dormido. Y, si tenía suerte, no se despertaba en mitad de la noche.

Enji dejó escapar un gruñido al sentir que las paredes de su salón daban demasiadas vueltas.

Entonces, justo cuando comenzaba a sentir que su cabeza daba vueltas, el hombre escuchó un ruido procedente de la entrada.

Lo primero que pensó fue que, por pesadez al tener que moverse de su sitio, simplemente algo se había caído al suelo. Lo que le animó a levantarse fue que quizás Fuyumi había venido a ver cómo estaba. O Rei. O alguien.

Mientras caminaba, aceleró el paso.

Comenzó a alterarse.

Igual se había alegrado demasiado pronto; igual se encontraba en peligro.

Entonces Endeavor reunió toda la poca concentración que le quedaba y no bajó la guardia. En esos momentos agradeció que, si de verdad algún indeseable había entrado en su casa, al menos su familia estaba a salvo.

Enji caminó por los largos pasillos hasta que toda su tensión desapareció al encontrarse con el héroe alado más famoso de la ciudad.

– ¿Hawks? – preguntó Enji con la voz espesa, demasiado cansado como para pedir una explicación.

Por su parte, Hawks desvió la mirada de forma desinteresada mientras hablaba.

– Creía que... Llevaba un rato llamando y no respondías.

Endeavor se quedó pensativo. ¿Cuánto tiempo llevaba Hawks llamando a la puerta? Desde luego, Enji desconocía cuándo había desconectado por completo del mundo exterior. Ya fuera por cansancio o porque no se veía con ganas de responder, el hombre dejó escapar un suspiro, se dio la vuelta y regresó al salón. Hawks caminaba detrás de él como si estuviera en su propia casa.

Por su parte, Enji no se molestó en recriminarle nada. Que le siguiera si así lo quería.

– Y ¿tu familia? – preguntó Hawks mientras miraba a su alrededor de forma despreocupada.

Enji sintió algo similar a una puñalada al escuchar aquella pregunta.

– No están – respondió Enji sin más.

El hombre regresaba a la sala de estar mientras Hawks le seguía de cerca. Cuando llegaron Enji no tuvo reparo en retomar su lamentable actividad; volvió a sentarse y, al darse cuenta de que le quedaba menos de la mitad de su copa, se la rellenó.

Hawks contempló la escena mientras escuchaba la televisión de fondo.

– Mmm... ¿todo bien? – preguntó Hawks pese a que era evidente la respuesta.

Endeavor se terminó la copa y permitió que pasaran unos segundos antes de volver a hablar, como si no hubiese escuchado a su compañero.

– ¿A qué has venido, Hawks? – preguntó Enji sin ni siquiera mirarle.

Entonces Hawks se tomó la libertad de sentarse a su lado, como si no tuviera reparo en invadir su espacio personal.

– Me enteré del incidente – informó – Has entrenado bien a los chicos, ¿eh, Enji?

Lo único que se escuchaba tras ese comentario era un anuncio detrás de otro proveniente de la televisión.

– No estoy de humor – declaró Endeavor mientras sujetaba su copa.

A Hawks le resultó evidente darse cuenta de ello; ni siquiera se había molestado en recriminarle al chico su falta de formalidad al haberse dirigido a él por su nombre.

– No, si ya veo... – comentó Hawks mientras cogía la botella de Endeavor de forma distraída para fijarse en que estaba medio vacía.

Como si quisiera adelantarse a los pensamientos de Hawks, Endeavor habló.

– No me pasa nada – dijo.

– Bueno, a ver... – empezó Hawks mientras dejaba la botella sobre la mesa – Pareces un poco... ¿triste? Y estás aquí... en fin, que no te pega mucho esa autocompasión.

Endeavor suspiró pesadamente. En cualquier otra situación le habría soltado un grito, pero estaba ya demasiado cansado como para reaccionar ante sus provocaciones. De hecho, en aquel momento solo podía concentrarse en cómo un malestar imposible de ignorar se hacía más intenso en su estómago.

Cuando notó que aquella molestia subía por su garganta, Endeavor se levantó y se apresuró a ir al baño sin importarle el hecho de que tenía compañía.

En cuanto llegó, levantó torpemente la tapa del retrete y tosió dentro de él con estruendo. Permaneció agachado mientras abrazaba la taza con un leve temblor en sus manos. Endeavor vomitó hasta que terminó escupiendo solo saliva. Entonces permaneció en el suelo, jadeando lentamente. Su cuerpo se sentía pesado y empezaba a tener sueño.

Enji solo recordó que había alguien más en casa cuando notó que Hawks tiraba de su brazo con intención de levantarle.

– Vamos, arriba... – le animó mientras cargaba el brazo de Endeavor sobre sus hombros.

Cuando Endeavor logró ponerse en pie avanzó como si tuviera que volver a aprender a caminar, tratando de que sus pies le obedecieran.

No estaba en condiciones de subir escaleras y, desde luego, fue lo mismo que pensó Hawks, ya que cargaba con el peso del hombre. Por ello, el muchacho llevó a Enji hasta el sofá, donde dejó caer su cuerpo. Hawks estiró sus extremidades y resopló tanto por el esfuerzo que acababa de hacer como por el intenso olor a alcohol que desprendía Endeavor.

Enji estaba a punto de caer dormido, pues no parecía que fuera a moverse de su sitio. Mientras Hawks observaba a su alrededor pensando qué hacer, la voz repentina de Endeavor provocó que su vello se erizara.

– Rei... – murmuró con la voz espesa.

Fue apenas un suspiro, pero Hawks lo escuchó perfectamente. Hawks observó al hombre, su mirada perdida y sus ojos entrecerrados. A pesar de que seguía la televisión encendida, dejó de oírla.

– Mis hijos... Quiero verlos...

Hawks no perdió ojo de las facciones de Endeavor, las cuales se iban relajando cada vez más. Entonces el muchacho se acercó a Enji, comprobando cómo la tensión de aquel rostro herido y cansado se iba desvaneciendo.

– Me pregunto qué pasará por tu cabeza...

Hawks solo pretendía escucharle, contemplarle, saber más. Pero sus propios pensamientos se verbalizaron sin que a él le importara demasiado detenerlos.

– Eres un hombre tan denso.


El sabor a vómito le hizo recordar su larga y aburrida noche.

Endeavor despertó con lentitud por culpa de su garganta irritada. Entonces no tardó en notar la pesadez asentada en su cuerpo, la cabeza dándole vueltas; era imposible que ignorase el mareo que él mismo se había provocado.

Miró el reloj y apenas se alarmó cuando vio que pasaban de las dos de la tarde. Al final, aquella humillante y amarga sensación solía acompañarle en tantas ocasiones que ya le resultaba hasta familiar. Cuando se deprimía pensando en su familia, bebía. Y cuando despertaba resacoso, se reprendía a sí mismo por su actitud inmadura. Pero si no bebía, la sensación de abandono le invadía y, con ello, las pesadillas.

Y todo era un círculo vicioso.

Incómodo, Endeavor notó lo mucho que le costaba mover los músculos de su cuerpo. Lentamente se incorporó sobre el sofá hasta quedar sentado sobre él. La televisión seguía encendida y, aunque no estaba demasiado alta, para Endeavor era como un taladro en su cabeza.

Alcanzó el mando y la apagó por fin.

Entonces se sujetó la cabeza con una mano mientras soltaba un gruñido de molestia. Ya fuera molestia por volver a caer en la bebida, por no reconocer que no sabía gestionar sus frustraciones personales o por un leve sentimiento de vergüenza al haber actuado así enfrente de otra persona.

Endeavor recordaba la visita de Hawks.

Era demasiado vívida e inusual para olvidarla. Recordó que apareció en mitad de la noche sin razón, que le ayudó a alcanzar el sofá y que le hizo preguntas. Enji no quiso darle importancia a ninguna de ellas o, más bien, estaba demasiado cansado como para acordarse de todo lo que salía por la boca de aquel pájaro impertinente.

Entonces Enji empezó a preguntarse si su compañero todavía seguía en su casa.

– ¿Hawks? – preguntó Enji tras haber carraspeado, tratando de que su voz se escuchara.

Tras reunir la fuerza suficiente, Endeavor se levantó del sofá y caminó pesadamente por su casa. Al ver que no estaba en el piso de abajo, subió las escaleras sin dejar de llamar a Hawks.

Como no recibía ninguna respuesta Enji empezó a pensar que Hawks ya se habría marchado o que, quizás, todo había sido un sueño. El hombre suspiró de agotamiento; desconocía a qué estaba jugando Hawks, si aquello solo era una forma de provocarle... No tenía tiempo para sus tonterías.

Endeavor se dirigió a su dormitorio. Después de todo, tenía que cambiarse de ropa y asearse y, en definitiva, buscar con qué podía rellenar su día. Cuando llegó Enji descartó de forma inmediata la posibilidad de haber soñado con Hawks; suspiró al encontrarse al chico dormido sobre el futón, todo hecho un desorden.

Estaba tumbado de espaldas a él, por lo que solo veía sus gigantescas alas rojas. Endeavor no tenía demasiadas ganas de lidiar con Hawks por la mañana, y mucho menos con el desánimo que tenía encima. Estaba cansado, deprimido y, por ello, no le apetecía en absoluto tener que escucharle a él y a sus incansables pullitas, que, seguramente, no serían pocas.

Entonces se acercó a él con intención de despertarle y pedirle cordialmente que se marchara de su casa de una maldita vez.

Pero todo lo que pretendía hacer se le olvidó en el instante en el que quedó frente a Hawks.

Endeavor olvidó cómo hablar.

Olvidó cómo parpadear.

Contempló a su compañero completamente impactado, intentando entender lo que se extendía ante sus ojos.

Y, a ser posible, encontrar una explicación que no le hiciera responsable de las heridas tan recientes que cubrían los antebrazos de Hawks.

Endeavor miró el rostro de Hawks todavía dormido, pero su atención fue a parar a su boca entreabierta y manchada de sangre.