Jaime Lannister.

"Protegerla. Cuidarla. Escucharla y Obedecerla. Prométeme que harás esto Jaime, prométeme que no la dejaras sola y no permitirás que alguien la vuelva a lastimar. Ella es mí Lady, mí promesa y mí amiga. Y ella se convertirá en tu honor. Prométemelo Jaime."

Esas fueron las últimas palabras que tuvo con ella, la primera mujer en ser un Caballero. Brienne de Tarth.

Ella se fue hacia el Sur por órdenes de su dama para apoyar a su primo y hermana, para ayudarlos. Mientras él se quedó para proteger a su oportunidad de honor, Sansa Stark. Jaime estuvo presente cuando llegó el primer cuervo desde el Sur después de tres lunas, vio cuando la dama de Invernalia se derrumbó al terminar de leer el mensaje. Ella se veía tan pálida, no dudo en tomar la carta él mismo y leer que la puso mal.

Locura.

Daenarys Targaryen quemó El desembarco del Rey. Miles de vidas perdidas. Jon Snow mato a la Reina Dragón y fue encarcelado. Brienne de Tarth desapareció. Arya Stark desaparecida. Se le pide a Lady Stark presentarse para la gran asamblea.

Jaime no se permitió flaquear en este momento, ya tendría tiempo de llorar por la gran mujer que lo hizo un mejor hombre, o al menos que lo hizo intentar ser uno. Se lamento no haber podido evitar detener a este Targaryen, no estaba para volver a evitar lo que el Rey Loco no pudo lograr hace 20 años. Sin embargo, eso no importa ahora, estaría cumpliendo con la promesa que le hizo antes que ella se fuera hace varias lunas. Sería lo ella fue para Sansa Stark. Escudo, espada y compañero.


El viaje hacia el Sur fue por barco desde Puerto Blanco. Sansa fue recibida muy cálidamente, ella logro reunir una sonrisa cálida pero no fue del todo real, pero solo el noto ese detalle. Su hermano Brandon, o como le gusta llamarse, el Cuervo de los Tres Ojos seguía sin mostrar nada en su rostro.

A él le resultaba más fácil saber cuándo ella estaba fingiendo, o no, una sonrisa. Estar con ella todo el día y parte de la noche atento a todo lo que hacía y decía lograba hacerla fácil de leer. Ahora mismo a pesar de todo el feliz recibimiento, ella no estaba alegre sino muy preocupada.

—Mi Lady Stark no parece muy complacida —dijo con tono algo burlón, después miro al niño en la silla de ruedas— usted tampoco, Lord Bran.

Los había seguido dentro del Bosque de los Dioses de la cuidad, apesar que las personas son en su mayoría seguidores se la Fe de los Siete, mantuvieron un Arciano para mostrar sus respetos a los demás Señores del Norte. Estando en este pequeño bosque apartado nadie los molestaría, solo él.

—No hay tiempo para esto, necesitamos llegar al Desembarco del Rey cuanto antes.

Su Dama parecía no tener paciencia, sabía que era por preocupación por sus hermanos -hermana y primo- y su fiel caballero Brienne. Sabía que ella todavía tenía esperanza de que los tres siguieran con vida, tenía miedo de perderlos.

—Jon está bien, Arya igual pero está escondida. Espera hacer un movimiento para liberar a Jon.

El rubio miro intensamente al niño lisiado, obviamente se dio cuenta que dejó el nombre de Brienne fuera de la conversación, y eso solo puede significar una cosa. No quería creerlo, y al parecer su encargo tampoco. Ella lo miro afligida antes de que se levantará el muro de la cortesía nuevamente. Ella todavía no confía en él, pero poco a poco le mostraba más facetas de la verdadera Sansa Stark. Y a él le gustaba esos pequeños momentos.

Se encariño con su Lady.


La Gran asamblea fue bien. Se convirtió en la sombra de la, ahora, Reina en el Norte. La pequeña asesina, Arya, salió de su escondite apenas Sansa tocó King's Landing. Lo triste fue que, Brienne de Tarth si murió bajo el fuego del dragón. Más tarde Jaime escucho el lamento de su dama mientras custodiaba sus habitaciones, y el mismo se permitió compartir el dolor de perderla mientras trataba de no caer en su puesto. El peso de Guarda Juramento en su espalda se sintió más de lo que nunca podría pesar Lamento de Viuda en su cintura. Se fue a sus aposentos con los ojos húmedos y los dientes apretados.

Después de solo dos semana volvieron al Norte, solo Sansa y él. Bran Stark se convirtió en Rey de los seis Reinos y Arya Stark navego hacia el oeste en busca de nuevas tierras. El camino fue agotador y silencioso, la Reina apenas habló para dar unas cuantas órdenes, sus leales le permitieron estar sola, pero no Jaime, el jamás la dejaría, no importa cuántas miradas y palabras duras le mandara, él tenía una promesa que cumplir. Así pasaron dos lunas de camino.


El ex bastardo Snow acababa de irse, hace días después de casi una luna, de Winterfell a su exilio más allá del muro caído. El había llegado antes porque volvió en barco. Su nueva Reina había tratado de evitar que se fuera, diciendo que nadie en el Norte lo acusaría de no cumplir su sentencia, después de todo la sentencia lo dio el nuevo Rey de los Seis Reinos, Bran "el Roto".

Hizo una mueca al recordar quien lo dejo así al nuevo Rey.

—¿Sucede algo, Ser Jaime?

La voz curiosa de su encargo lo saco de sus pensamientos, se regaño por no estar atento, se encontraban fuera de la fortaleza y era más peligroso ya que cualquier cosa o persona puede amenazar con facilidad la vida de la pelirroja frente a él.

—Nada, su Gracia, solo recordé algo sin importancia —y era verdad, a él no le importaba el bastardo y su destino, y hace tiempo su culpa dejo de aparecer al pensar en Brandon Stark— Está cayendo la noche, ¿le parece bien si volvemos dentro de los muros? —ella solo lo miro un momento y asintió sin discutir.

Ella se despidió de la gente y cabalgaron hacía la seguridad de su fortaleza. Jaime la ayudo a bajar del caballo y la siguió hasta el solar de la Reina, su trabajo era cuidarla así no la dejaría sola sin guardias. Paso unos minutos haciendo guardia en la puerta hasta que ella lo llamo dentro. Curioso obedeció, entro cerrando la pesada puerta para más privacidad. Ella estaba tendiendo un pergamino, lo más seguro una carta para él.

—Lord Hand envía un cuervo para usted.

Extraño. No había estado en contacto con su hermano menor desde que volvió al Norte. No abrió el pergamino de inmediato, no estaba seguro de que podía contener y no sabía si quería involucrarse de nuevo en los asuntos del Sur, se sentía tan bien estar lejos de los recuerdos dolorosos. Hace un tiempo dejo de ser un extraño, una visita no deseada o incluso un Lannister, en Inverlandia lo aceptaron, su gente lo acepto en el momento que su Reina lo hizo. Pero volviendo a lo que traía en manos.

"Hermano

Espero el frío Norte te haya tratado bien, estoy seguro que estás mejor que yo siendo mano del Joven Rey. Y por mucho que me guste escribirte, hermano, tenemos cosas que resolver con respecto al Oeste y el asiento de Lord de Castely Rock.

Tu sigues vivo, aún eres fuerte apesar de esa mano tuya, ambos sabemos que Padre te quería como heredero, eras su único heredero en realidad, yo nunca fui una opción para el puesto.Me llegaron unos cuantos cuervos de nuestra familia y los señores de Ocidente. Quieren un Lord Lannister a quien seguir, y no creo que estén dispuestos a seguir a otro que no seas tú, el hijo de Tywin el Gran León Lannister. El Oeste necesita un nuevo Lord, tu eres la opción correcta.

Si asumes el cargo, tendrás que proporcionar un heredero... Tendrás que casarte Jaime, tener una familia y, si los dioses quieren, una vida feliz.Espero tu respuesta.

Tu hermano favorito

Mano del Rey

Tyrion Lannister."


Había pasado varios días pensando en esa carta. Su primera reacción fue reírse, después tirar la carta al fuego y decirle a su Reina que se retiraría por el resto del día. Apenas llego a sus habitaciones para derrumbarse en el suelo. ¿Lord de Castely Rock? ¿Esposa? ¿Heredero? ¿Familia? Seguramente su pequeño hermano no estaba hablando en serio, tenía que ser una broma muy mala. Hace mucho tiempo dejo de querer ser Lord, no hace tanto perdió a todos sus hijos y a su amada Cercei, jamás podrá tener a otra mujer.

Días pensando en la carta de su hermano, sin embargo nunca dejo de cuidar a su Reina. Ahora mismo se dirigía al solar de la Stark para una discusión urgente, lo cual era muy raro ya que ella nunca hablo con él por cosas que no sean la seguridad del castillo y sus alrededores. Hubo pocas veces que logro sacarle una sonrisa a su Fría Reina con sus chistes tontos, esos fueron momentos muy especiales que guarda celosamente en sus memorias. Apenas entró al lugar supo que las cosas eran serias por el ceño fruncido de su pálida dama.

—Ser Jaime, gracias por llegar tan pronto —comenzó ella siempre tan apropiada, ella le dio una señal para sentarse y le ofreció vino, el acepto— Acabo de recibir una carta de su hermano, Lord Tyrion, que sugiere que le impido tomar su puesto como Lord y Guardián del Oeste, y haciendo una muy mala broma de convertirme en Lady de Castely Rock.

Jaime apenas pudo evitar escupir el vino que tomaba, casi se ahoga frente a su Reina como un idiota. Una vez pudo controlarse, se aclaró la garganta— Quisiera pedir disculpas por las palabras de mí hermano, tal parece que escribió esa carta con muchas copas encima —no quería más que matarlo por lo que le escribió a la mujer con el poder de cortarle la cabeza con una simple orden.

Tan concentrado en maldecir a su hermano que casi se pierde de algo, apenas pudo captar el cambio de postura de la mujer, se mostró un poco más relajada. No sabía que pensar sobre eso.

—Si no le molesta responder ¿Ya ha decidido que hacer? ¿Se irá para cumplir su deber para su gente? ¿O seguirá siendo mí protector?

La pelirroja aveces tenía estos momentos de preguntar cosas de una manera bastante directa pero sin dejar de ser respetuosa. No sabía que hacer. Sus tíos, los hermanos de su padre, estaban todos muertos. Los hijos de su tío Kevan estaban muertos, las hijas no podían heredar. Si tío Stafford murió junto con sus hijo en la guerra contra el Joven Lobo. Solo quedaban Tyrion y él para continuar con el apellido Lannister. El legado del Gran León.

—No quiero tomar esposa ni tener hijos. No estoy hecho para ser un Lord.

—Le sugiero que lo piense de nuevo, la casa Lannister tiene miles de años de historia, no sería correcto que muera de está manera.


Paso una luna sin tomar una decisión, sin embargo, noto que en todo ese tiempo su Reina de Invierno no estaba durmiendo muy bien. No recibió respuestas de los guardias que custodiaban los pasillos dónde está las cámaras de la Reina. Él mismo nunca había estado cuidando sus puertas mientras duerme, ese solo fue uno de los muchos privilegios para la Rubia gigante de Brienne. No dudo en perder unas pocas de sueño para poder saber que ocurría con su Señora, sin importarle hacerlo sin orden alguna, y tal vez abusando de su suerte.

La noche en las puertas de la habitación de la Reina comenzó tranquila, todos durmiendo y los pasillos despejados, dejo que los guardias descansarán unas pocas horas de más antes de tomar sus puestos de nuevo. Cuando pensó que nada pasaría, un ruido del interior lo freno, frunciendo el ceño se acercó más a la puerta, la cual impedía que saliera mucho ruido, pero eso no evito escuchar el grito de su Reina. Jaime tuvo que empujar la puerta con fuerza para abrirla, no sabía cómo alguien pudo pasar pero estaba dañando a su Lady. No obstante, lo que vio cuando abrió la puerta no fue lo que esperaba.

Sansa dormía solo con un camisón blanco, su cabello suelto y pocas mantas ya que el fuego en sus habitaciones era muy fuerte. Jaime la encontró retorciéndose y gritando, en medio de una pesadilla. Entonces recordó todo lo que escucho sobre lo que le pasó en todo su matrimonio con el bastardo de Bolton. Cerro las puertas antes de que otro grito se escapara y la gente se reuniera en busca de saber que pasaba, no creía que la pelirroja le agradeciera ventilar sus problemas nocturnos. Ahora, viéndola moverse por su pesadilla se dio cuenta que, la Reina imperturbable a la que servía, era solo una niña de no más 17 días de nombre, una que sufrió algo que nunca le deseo a ninguna mujer. Todavía le atormentaba el recuerdo de los gritos y la forma magullada de la Reina Rhaella. Otro grito lo saco de sus recuerdos oscuros, rápidamente se acercó a retener y despertar a la Stark de sus horribles sueños. No logro mucho y su estúpida mano de oro no ayudaba mucho, la sacudió y le hablo lo más suave posible pero no funcionaba, al ver qué sus movimientos son mas erráticos y ambos podían lastimarse, la levanto lo suficiente para abrazarla y le susurro en el oído.

—Nadie te lastimar de nuevo —repitió varias veces— Te protegeré —cerro los ojos al jurarle de nuevo— Jamás te dejare sola, soy tu espada, soy tu escudo, te protegeré —su mano buena frotó su espalda todo el tiempo para calmarla, funcionó, suspiró aliviado sin dejar de repetir sus palabras, no sé dio cuenta que ella ya había despertado— Nunca te dejare sola, jamás me iré de Invernalia si no es contigo. Te lo juro, eres por lo que todavía vivo. Te protegeré, incluso de tus sueños. Nadie podrá tocarte de nuevo.

Jaime se puso rígido al sentir que ella le devolvía el abrazó, no paso mucho para relajarse y dejar que ella se hunda en sus brazos. La escucho sollozar un poco más.

—Por favor, no me dejes sola, lo único que me queda eres tú —ella susurro en su cuello— Mí familia se fue sin importar cuánto les rogué que se quedarán —ella apretó más el agarré— Solo tu te quedaste, aunque no estoy segura de porqué —ella se fue durmiendo poco a poco— No me dejes... Aunque estoy rota y manchada, todavía puedo dar el heredero que el Oeste quiere pero por favor... No me dejes.

Jaime la sujeto más fuerte mientras ella perdía la voz y la fuerza al terminar de quedarse dormida. No quiso soltarla, no sabía que haría si lo hacía, hace mucho tiempo que nada lo hacía querer llorar, pero escuchar a una persona que no mostró más que indiferencia y frío calculo desde que la volvió a ver y ahora que la seguía todo el tiempo, mirándola siendo una Reina de Hielo como la llamaban cuando no estaba cerca. No sabía cómo reaccionar a lo último que dijo, estaba dispuesta a utilizar su cuerpo para que él se quedará.

Se quedaría. Lo haría pero no estaba dispuesto a utilizar a su Reina. Después de todo lo que había pasado ella, estaba dispuesta a soportar a qué un hombre, o solo él, tomara su cuerpo para que se quedará a su lado.

—Me hubiera quedado aún si no me lo hubieras pedido.

La dejo dormir en su cama mientras la vigilaba desde una silla cerca del fuego.

La mañana sería muy interesante.