¡Pelea!
¡Pelea!
¡Pelea!
¡Pelea!
Ese siempre fue su mantra, su orgullo, su arenga personal al enfrentar cualquier peligro.
Si, él siempre luchó, aún cuando ese titán le arrancó una pierna él se levantó y luchó.
Aún cuando el terror de ver a su mejor amigo cayendo en las fauses de esa bestia, fue su fuerza de voluntad quien lo llevó a adentrarse al mismo infierno en su lugar.
Aún cuando la oscuridad se plantó ante él con el dolor de su brazo mutilado sabía que cumpliría con su destino.
No importaba que estuviera rodeado de cadáveres mutilados, su impetu no desfalleceria.
Porque no importó jamás la circunstancia, él siempre lucharía, lo sabía, lo sentía en todo el cuerpo ese fuego abrasador que nacía en su pecho, hacia arder su sangre y quemaba su garganta en un grito de guerra:
¡Voy a aniquilarlos a todos!
