Resumen: Ace tiene el cuerpo de muchacho de veinticinco años de edad, pero en realidad es un ser inmortal; un vampiro convertido en contra de su voluntad que merodea el muelle, alimentándose de ratas.
Una noche, el solitario Ace decide aventurarse en un club nocturno a probar sangre humana.
Pero su cacería es interrumpida por el enigmático vampiro Marco. Con trescientos años, una mirada de hielo y el cabello rubio como el sol, Marco le ofrece a Ace iniciarlo en el submundo vampírico.
A pesar de que ambos comparten una atracción tan animal como poderosa, Ace reniega de convertirse en el Vástago de Marco ya que teme perder su libertad.
Pero ¿qué ocurrirá cuando ambos vampiros compartan su sangre, y la lujuria se transforme en un lazo mucho más profundo? ¿Aceptará Ace que Marco sea su Amo?
Que aburrido es cazar. Sé que en el imaginario de todos los seres humanos los vampiros somos depredadores por excelencia, que se deleitan acorralando a su presa. Y si bien en mi corta experiencia como inmortal no he conocido a muchos de mi especie, puedo aseverar que la mayoría lo son. Peor yo no. De no ser porque el hambre se siente como una agonía insoportable, no habría salido de mi escondite esta noche. Pero mis entrañas temblaban de dolor, un dolor frío, agudo, hasta podría decir exquisito. Incomparable a cualquier dolencia que jamás he vivido como hombre.
Así que cuando la última luz del día muere, abandono mi guarida en el puerto, y me dirijo al centro de la ciudad. No sé que me impulsa a hacer esto; a abandonar las calles desoladas cerca del río donde siempre encuentro algún que otro desprevenido, por las ruidosas avenidas del centro donde los jóvenes pululan ruidosos en búsqueda de alcohol y sexo. Su juventud avasallante, casi agonizante. Se ven como yo me veo, con la diferencia de que yo ya estoy cerca de los sesenta años de edad.
Sin embargo, aquí estoy, en un bullicioso club nocturno iluminado por luces de neón y desbordante de música electrónica. A pesar de no tener dinero, he podido entrar sin dificultades. Nunca he sido muy atractivo como ser humano, a pesar de ser alto y esbelto, pero como vampiro es demasiado fácil manipular a los mortales con mis encantos. Mi cabello naturalmente negro ha adquirido un tono brillante desde que soy vampiro. Y mi piel tiene una luminosidad pálida que junto a mis pecas incita a los mortales a acariciarme. Ni hombre, ni mujeres se resisten a ese deseo.
Pero no me interesa la compañía; esta noche sólo quiero alimentarme. Quiero beber sangre joven, caliente y fresca. No quiero conformarme con las ratas del puerto o con una mordida fugaz a un transeúnte borracho y perdido. Esta noche soy capaz de matar.
El calor de los cuerpos bailando a mi alrededor me sofoca; el olor de la sangre que palpita por sus venas hace que mi hambre se torne insoportable. Me tiemblan las manos y las rodillas mientras me abro paso en la pista de baile. De pronto, siento que alguien, o algo, me está observando. Puedo sentir dos ojos de hielo como puñales en mi nuca.
Es uno de mi misma especie; es fácil detectarlo entre tanto humano. Pero cuando lo busco con mi mirada, no encuentro nada. Sólo hombres bailando y bebiendo por doquier.
Por un momento siento miedo; ¿acaso he violado alguna ley? Sé que los vampiros tienen acuerdos con respecto a dónde y cuándo cazar… y son bastante susceptibles si te encuentran cazando en su territorio. También pueden ser bastante crueles castigando a uno de los suyos, otra de las razones por la cual me mantengo aislado de mi propia especie. Tal vez este club le pertenece a algún inmortal de jerarquía y yo no debo alimentarme aquí. Siento un escalofrío que pone mi piel todavía más helada.
Pero el hambre es mucho más potente. Veo tantos hombres desbordantes de vida, de sangre caliente llenando sus cuerpos jóvenes… y no puedo resistirme. Todavía siento aquella presencia vigilándome pero no me retiro del club. Siento que si no bebo sangre pronto voy a enloquecer. No hay nada peor que la abstinencia de sangre… mil veces más fuerte que la abstinencia a cualquier narcótico. Tengo hambre, tengo sed… el deseo palpita por todo mi cuerpo empujándome hacia la locura.
Observo bien el lugar. Claramente un club gay. Supongo que aún mantengo mis preferencias de mi pasado mortal; las mujeres nunca me han causado mucho interés, pero un cuerpo duro y fornido, con anchos hombros y una quijada cuadrada… No hay ningún muchacho así esta noche; son todos demasiados jóvenes y volátiles, con sonrisas pueriles y sonrisas demasiado inofensivas. No importa, me digo a mi mismo; has venido a alimentarte no a follar.
¿Los vampiros pueden follar? En mi corto tiempo como uno ésta es la primera vez que me lo pregunto. Mi cuerpo quedará para toda la eternidad como un joven de veinticinco años, con una polla de tamaño considerable, coronada con un mechón de vello oscuro… pero, ¿puedo darle algún uso? ¿O es sólo decoración a estas alturas? ¡Que broma cruel sería esa!
Vuelvo a mirar la masa de carne danzante que me rodea, y por un segundo los observo con ojos humanos. Me doy cuenta que además de necesitar beber sangre tengo otra necesidad tan o más grande. Y me duele descubrir que el deseo es mil veces más doloroso para un vampiro que para un humano. De pronto, necesito follar o ser follado tanto como necesito alimentarme. O respirar.
Preso de una lujuria incontrolable, mis ojos se posan en un muchacho rubio que me sonríe desde la barra. Hay tanto hambre en esa sonrisa como en todo mi cuerpo. Tiene los ojos claros y una sudadera que luce sus bíceps formados y sus clavículas huesudas. No regodeo imaginando el sabor de su sangre. Pero también imagino lo dura que debe ser su polla, y lo bien que debe sentirse dentro de mí. Palpitando, llena de sangre y a punto de explotar. No he tenido pensamientos así hace décadas. Nuestros ojos se encuentran y esa es la señal para que yo avance.
Pero al dar el primer paso, vuelvo a sentir esa presencia vampírica observándonos. Giro mi cuello y esta vez lo encuentro. Está sentado en un sillón de cuero rojo, en la sección VIP del club. Hay varios muchachos semi-desnudos rodeándolo, sosteniendo su copa de licor, susurrando en su oído, acariciándole, sonriéndole. Pero él los ignora a todos, sus ojos de hielo son las son para mí, y eso me hace sentir extrañamente halagado. examino cada rincón de su rostro; el don vampiro hace que su piel se vea como el más puro de los marfiles, con pómulos altos y afilados. Sus labios se ven rojizos y carnosos, pero sin perder masculinidad. Cuando se curvan en una media sonrisa, mi polla se pone dura. Rio por lo bajo, pues no he tenido una erección en décadas. Literalmente.
Creo que él se da cuenta, pues sus ojos resplandecen de una manera hermosa y terrorífica a la vez. Sus iris azules se tornan dorados por una fracción de segundos, y ninguno de los muchachos a su alrededor le nota. No son vampiros, sólo meros mortales embelesados por su belleza magnética . Y no puedo culparlos; yo soy un vampiro y mis rodillas están temblando por su presencia. Lleva el cabello rubio con un peculiar parecido a una piña. Una camisa púrpura abierta debajo de unos hombros anchos. Automáticamente mis ojos descienden hacia su entrepierna, donde se abulta su miembro bajo los pantalones, largos de color gris oscuro.
Bueno, parece que no soy el único vampiro que puede tener una erección. Y aquella se ve muy apetitosa. Pero no puedo ser idiota; vuelvo a mirar al mortal esperándome en la barra. Él es mi opción más segura.
No posee el magnetismo animal del vampiro de cabello rubio con forma de piña, pero no puedo ponerme selectivo ahora así que avanzo hacia él y le invito un trago de cualquiera que sea la repugnante bebida mortal que está bebiendo.
Que criatura más hipócrita que soy; yo bebo sangre.
—¿Tú no bebes? —me pregunta curioso.
—Nunca me ha gustado el alcohol —respondo. Y es cierto.
—Nunca te he visto por aquí ¿cómo te llamas? —me pregunta mientras desliza su mano por mi espalda de manera sensual. Me causa una serie de escalofríos y mi hambre se torna peor.
—Ace —respondo. Mis ojos vagan hacia la sección VIP del club; él nos está mirando, no se pierde ni uno solo de mis movimientos. Y sé que gracias a sus sentidos amplificados debe oír cada una de nuestras palabras también. Eso me gusta, por algún motivo, el calor desborda mi pecho. Que me mire acariciando los brazos fornidos del muchacho, besando sus labios y presionando su cuerpo contra el mío de forma obscena.
No le lleva mucho tiempo o esfuerzo a mi persuasión vampírica para que el muchacho se abalance sobre mí, caliente y necesitado. Pero ni un céntimo de lo caliente y necesitado que me encuentro yo en este momento.
—Vaya… ¡ya estás a punto! —exclama el muchacho cuando sus manos rozaron mi entrepierna. Mi polla se siente a punto de reventar, dura y palpitante bajo mis pantalones. Pero lo que me tiene acelerado no es mi erección, ni siquiera mi sed por su sangre.
Lo que me está enloqueciendo es esa mirada pálida sobre mí. Mientras deslizo mi lengua dentro de la boca del muchacho, y él acaricia mi miembro con la palma de su mano en forma insistente, mis ojos están abiertos fijos en el vampiro a la distancia. Luce un poco mayor que yo, pero estoy seguro que tiene más de cien años de edad, por lo menos. Puedo notarlo en esos ojos invernales pero ardientes como el fuego mismo. Puedo notar que le excita mirarme, y a mí me excita que me mire. Así que muerdo los labios del muchacho y deslizo mis manos hacia sus nalgas firmes. Su cuerpo arde contra el mío y el sonido de su sangre palpitando por sus venas loco. El beso se torna tan pasional que un finísimo hilo de sangre brota de su labio superior. El muchacho gime de placer y dolor contra mi boca y yo creo que voy a enloquecer ante el sabor dulzón de su sangre. Recojo una gota con mi lengua y mi polla se pone todavía más dura. Y esos ojos continúan mirándome. Mirándonos.
Pues si quieres un espectáculo, ¡te daré uno bueno! Pienso, y sujeto el cuello del muchacho con firmeza. Éste gime de sorpresa y yo penetro su boca con mi lengua de manera bestial. Beso, muerdo y lamo sus labios mientras sujeto su nuca demostrando mi dominio sobre él. Eso le gusta, puedo sentir la erección del chico rozando la mía.
¿No te agota todo este circo? Una voz desconocida habla dentro de mi cabeza. ¿Quién mierda ha dicho eso? Es una voz grave pero aterciopelada, dulce y amenazante al mismo tiempo. Me doy cuenta que es la voz del vampiro, comunicándose conmigo sin siquiera mover sus labios, sin siquiera acercarse a nosotros.
Ahora tengo escalofríos.
¿Qué es lo que me ha querido decir? ¿Qué circo? Abro mis ojos y lo observo a la distancia, sin dejar de besar al muchacho rubio.
Ese chico no es suficiente para ti y lo sabes. Nada será nunca suficiente para ti, la voz repite dentro de mi mente. Comienzo a sentirme algo débil, tal vez por el aroma embriagador de la sangre del muchacho, o por la fuerza de mi propia erección. Esa voz retumba con dolor dentro de mi cabeza, y esos ojos… esos ojos…
De pronto me doy cuenta de algo que no había considerado; obviamente este antro es el territorio de caza de aquel vampiro, y obviamente el tiene más jerarquía que yo. ¿Y si estoy violando alguna regla al alimentarme de este muchacho aquí? ¿Y si su voz en mi cabeza no es más que una amenaza táctica?
No creo, si aquel vampiro quisiera matarme yo ya estaría reducido a cenizas. Podría haberme aplastado el cráneo tan rápido que ningún mortal lo notaría; haber hecho que sus sirvientes me apresen y me aten a una cruz para que la luz del sol me incinere al llegar el amanecer. ¿A cuántos han crucificado por violar los acuerdos vampíricos? Pero no ha hecho nada de eso; y su sonrisa parece más tentadora que amenazante.
—¿No quieres follarme? —el mortal rubio. Por un breve momento no sé diferenciar entre la voz en mi cabeza y la voz en mi oído. Pero el muchacho desliza su lengua por mi lóbulo y yo me estremezco.
—Vamos fuera… —le ordeno con un suspiro jadeante. Necesito alimentarme pero mientras más rápido abandone ese club mejor.
Tomo al chico de la cintura y nos retiramos del club con nuestras pollas a punto de estallar. Todo el trayecto hacia la salida, y tengo esos ojos azules acechándome.
Estás cometiendo un grave error… me advierte la voz.
