Disclamer: Los personajes, la trama y todo lo demás pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag. Yo solo hago esto para divertirme en el mejor de los casos XD.

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Luces Apagadas—

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Existe un tipo de hambre distinto al que las personas sienten la mayor parte de sus vidas. Un hambre que no nace en el estómago debido a la falta de alimento. Ni proviene del cerebro por una existencia vacía y aburrida que reclama conocimiento, esperanza, ilusión… no, no era esa clase de hambre la que acechaba a Marinette cada día un poco más. Cada noche. Cuando miraba hacia la ciudad encendida más allá de la barandilla de su balcón.

Lo que ella sentía nacía en su pecho. Era como un vacío que se hacía más grande cada minuto que pensaba en él, a una velocidad tan vertiginosa que se manifestaba como una urgencia angustiosa. Era difícil de describir incluso para ella… solo podía sentirlo en su interior, haciendo tambalear sus pensamientos y todo lo que sabía, todo lo que creía querer… se transformaba en otra cosa. Pero ella sabía de dónde venía esa urgencia; era el resultado de reprimir sus emociones diariamente y masticar una amarga frustración mientras sonreía y salvaba la ciudad.

París. La ciudad del amor. ¡Cómo refulgía orgullosa, dichosa y encantadora más allá de su balcón!

Ella la guardaba del mal y de todos aquellos que querían destruirla baja las garras mentales de Lepidóctero. Hacía malabares con sus dos vidas y se entregaba al estrés que eso suponía para que, a cambio, los miles de ciudadanos que allí vivían pudieran seguir disfrutando del amor.

Cosa que, sin embargo, ella no podía hacer.

Ella callaba lo que sentía. Cada día veía a Adrien en la escuela y tenía que frenarse antes de que el corazón se le saliera por la boca porque solo era su amiga. Cada noche patrullaba con Chat Noir y fingía no sentir nada cuando sus cuerpos se rozaban en el aire o su mano tomaba la de él al aterrizar sobre algún tejado porque algo más que ser compañeros podría suponer una catástrofe. Lo había visto.

Marinette callaba, fingía, reprimía y suspiraba mirando al cielo. Se decía que aquello era lo correcto y asentía sonriente cuando Tikki también se lo decía, pero en lo más profundo de su corazón de adolescente, de chica normal y no de heroína sacrificada, sabía que no estaba bien.

Para ella no lo estaba porque ansiaba algo más.

Porque veía la felicidad en los rostros de sus amigos emparejados y su caminar ligero, casi flotando, cuando iban por delante de ella paseando de la mano y Marinette apretaba los dientes y se miraba los pies. Sentía el movimiento de Tikki en su bolso, apretándose contra su cadera en señal de apoyo pero no era bastante.

Alya y Nino.

Mylen e Iván.

Rose y Juleka.

Kim y Ondine.

Incluso, y esto lo había empeorado todo, Adrien y… Kagami.

Todos ellos podían entregarse al amor, pero ella seguía caminando sola.

Aquella noche repasó los rostros de todos ellos y sintió que la urgencia retrocedía (o se hundía) en el foso de soledad que la inundaba. Trató de alejarla respirando hondo, echó la cabeza hacia atrás tomando aire y arqueó la espalda para expulsarlo con fuerza. Su frente se recostó sobre la barandilla y sus labios temblaron un instante.

—Adrien…

Dejó ir el suspiro contenido y la palabra brotó de ella sin querer. No quería decir su nombre, ni siquiera pensar en él porque en el instante en que lo hacía, esa urgencia volvía a apoderarse de ella robándole el aliento.

Y su mente la traicionaba.

Se imaginó corriendo por las calles vacías pero intensamente iluminadas de Paris hasta la gran mansión de su amor platónico. Las puertas estarían abiertas por una vez, sin cámaras, sin guardias; abiertas de par en par para ella. Las cruzaría, subiría esa empinada escalera, recorrería los pasillos hasta el dormitorio del chico y entonces, allí estaría él, esperándola. Como si supiera que se acercaba. No hablaría… ¿qué iba a decirle? No, no más tartamudeos, gracias. Simplemente se arrojaría sobre él y le besaría. ¡Sí! Expresaría al fin todo lo que le amaba, todo lo que deseaba estar entre sus brazos, todo lo que su cuerpo parecía añorarle a pesar de que aún no habían estado juntos. Y la urgencia, la frustración y todo lo demás se iría. ¡Adiós, hasta nunca! Y la soledad… ¡no habría más soledad porque Adrien la aceptaría! La cogería en sus brazos, la abrazaría, la besaría hasta creer morir y por fin, Marinette se vería inundada por el amor, por el romanticismo, por todo eso tan hermoso que veía en sus amigos y en el resto de parejas de París.

Todo eso sería suyo por una vez, por un instante. De ella. Marinette. Y no pensaría en Ladybug ni en todas las penosas responsabilidades que la heroína acarreaba. Oh, sí, podía verlo con tal claridad en su mente que incluso sonrió… durante un segundo. Pero entonces el rostro de Kagami apareció zumbando en su mente para alejar la fantasía y la tristeza volvió.

Volvió de un modo tan desgarrador que antes incluso de que las lágrimas se formaran en sus ojos, un sollozo se abrió paso desde su garganta.

—Adrien… —murmuró con pena. ¡Qué tonta se sentía ahora recordando aquel día! Sentada con Luka junto al río, escuchando su música y sonriendo, creyendo que en verdad podría olvidar y todo estaría bien. El amor que sentía por Adrien no era de los que se olvidan, sino de los que deben ser arrancados del pecho con dolor y sangre. Sollozó una vez más y sus labios, temblorosos, formaron otro nombre—. Chat Noir…

¿Por qué pensaba en él siempre que el recuerdo de Adrien la atormentaba? Era un misterio. Ni siquiera estaba segura de sí el recuerdo de su compañero la reconfortaba o la hacía más daño. Podía pensar en sus palabras y su sonrisa cargada de promesas y amores deslumbrantes o en su suave, aunque evidente distanciamiento reciente.

—Ah… ¿Sí, princesa?

Marinette abrió los ojos, aunque solo vio oscuridad porque seguía con la cara pegada al metal. Su corazón se aceleró, pero tuvo el buen tino de pasarse las manos por los ojos antes de erguirse. Respiró hondo y se volvió.

El héroe gatuno volvía a estar en su balcón. Siempre aparecía de repente, como si la mantuviera bajo vigilancia a la espera del momento exacto para hacer su entrada más triunfal.

Justo cuando me da por lloriquear su nombre.

Chat Noir la miró un momento y saltó a sus pies. No se acercó con galantería como era habitual en él, sino que permaneció quieto con el cinturón entre sus manos; tenía una expresión vacilante y hasta cierto punto culpable, cosa que hizo que Marinette se estremeciera de vergüenza preguntándose cuánto habría visto de su humillante ataque de pena.

—Esto… ¿me llamabas? —preguntó él tras pensárselo. Añadió una sonrisa insegura que se borró del todo cuando la chica se sorbió la nariz—. ¿Algo va mal? —Soltó la cola y adelantó sus manos, sin saber qué hacer con ellas pues las dejó caer al instante. Se rascó la nuca como si el silencio le picara—. ¿Has… tenido un mal día?

Ojala fuera cosa de un día pensó ella, arrugando la nariz.

Tal vez podría contarle… quizás se sentiría mejor desahogando sus penas con otra persona que no fuera Tikki. Él parecía sinceramente interesado y después de todo, no sería la primera vez. Aunque justo antes del incidente del Heladiador había sido Chat (sobre todo) el que despachó con ella su alma de pesares.

Aquel día parecía tan lejano… Ahora se sentía una tonta por haberse llevado semejante disgusto solo por no haberse tomado un helado con Adrien. Ahora, esos días, le parecían felices y maravillosos, antes de ser guardiana de la caja de los prodigios, perder al maestro Fu y sobre todo, antes de que Kagami apareciera para lograr, en pocos meses, lo que ella no había logrado en todo un año.

Al pensar en ello hizo un puchero involuntario y Chat Noir dio un respingo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, preocupado. Se acercó hasta quedar junto a ella—. ¿Por qué estás tan triste, Marinette?

La chica alzó la mirada.

Marinette. Sintió algo extraño al oírle decir su nombre.

En el fondo le hacía gracia todo eso de "princesa" pero fue diferente escuchar su voz llamándola. Sus ojos luminosos parecían rebosantes de afecto en esa semi oscuridad que los envolvía, casi la miraba igual que cuando llevaba la máscara (¿era eso posible?), los brazos separados del cuerpo, algo flexionados, parecían invitarla a un abrazo de consuelo y la urgencia regresó a ella, más intensa que antes.

No quería contarle sus penas, ni contagiarle su humor melancólico y que Chat se pusiera hablar de su Lady como la última vez. ¿De qué le serviría? No quería que alguien le dijera que todo iría bien, lo que ella necesitaba es que algo fuera bien de verdad.

Marinette dio los pocos pasos que los separaban y agarró las manos del chico. Quería a alguien con quien pasear de la mano, era así de simple. Sin levantar la vista, trató de entrelazar sus dedos con las ligeras garras del héroe y se sorprendió cuando este las ahueco facilitándole la tarea. La comisura derecha de su boca tiró buscando una sonrisa, pero no la encontró.

—Marinette… —susurró él. Pero no con un tono interrogante, de reproche o sorpresa. Sus manos se cerraron sobre las de ella, con tal naturalidad que tontamente ella pensó:

Qué fácil…

La urgencia le quemaba el pecho, pero también empezaba a sentir una dulce relajación que adormecía el malestar, la angustia, las ansias insatisfechas. Bajó la cabeza, apoyando la frente en el pecho del chico en silencio.

No era como lo había imaginado. ¿En serio se había creído capaz de arrojarse a los brazos de Adrien y besarle como si nada más importara? Se agitó cuando una carcajada absurda quiso brotar de su interior sin hacer ruido. Chat Noir debió pensar que lloraba de nuevo, pues soltó sus manos y la atrapó en un abrazo brusco, aunque entregado.

Marinette hundió la cabeza en su hombro y al fin sonrió un poquito.

También quería alguien que la abrazara, claro. Un abrazo fuerte, poderoso, que pareciera interminable. Y también quería abrazar ella sin nervios o vergüenza de por medio. Se estiró hacia arriba, levantando sus brazos y rodeando la espalda del chico. Acarició la superficie con las palmas, abarcando los hombros y después el pelo. Hundió la mano entre los cabellos rubios y salvajes, y se retorció contra él buscando más contacto al tiempo que se le escapaba un suspiro relajado, feliz… aunque en su pecho, la urgencia seguía retumbando, reclamando su atención.

—¿Estás… mejor?

Chat Noir aflojó y buscó su rostro. Ella le miró sin ocultar su sonrisa y él la imitó, aliviado. Se miraron durante varios segundos, con los brazos entrelazados, íntimamente unidos hasta que la chica se puso de puntillas lentamente, acercando su rostro despacio. Vio la sorpresa en los ojos de su amigo, pero se aseguró de que su avance fuera sosegado. La idea de que Chat la rechazara ahora la aterraba, pero tampoco quería obligarle a besarla, así que le dio la oportunidad de retroceder.

Y sin embargo él no se alejó. Sus párpados cayeron justo antes de que los labios se encontraran. Y en ese instante, hubo un chispazo sobre ellos, y la ristra de lucecitas que iluminaban el balcón y la farola que había sobre sus cabezas se apagaron todas a la vez.

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Chat Noir, o más bien Adrien oculto tras la máscara, saboreó aquel beso con unas buenas dosis de extrañeza y deleite.

¿Por qué Marinette besaba a Chat Noir? Recordó vagamente que la joven le había declarado su amor al héroe hacía ya un tiempo, pero él creía que aquello quedó en el pasado y ahora el corazón de la chica pertenecía a Luka. ¿Por qué le había abrazado? ¿Por qué había dicho su nombre con la misma desesperación de quien ruega auxilio?

¿Por qué él la estaba besando?

Esa era la pregunta que más le inquietaba. Marinette solo era una amiga para él, jamás había pensado en ella de otro modo, ¿verdad? Además, él estaba (para bien o para mal) aun profundamente enamorado de Ladybug… ¿No era por eso que Adrien, perdido en su vida civil, era incapaz de corresponder de manera autentica a los sentimientos de Kagami?

Esa era la explicación a la que se había estado agarrando porque, aunque triste, le ofrecía un ligero consuelo y le permitía dormir por las noches.

¿Qué significaba, entonces, lo que estaba haciendo en esos instantes?

Sabía que Marinette iba a besarle y no se le ocurrió razón alguna para rechazarla. Fue automático. En cuanto entendió la determinación que dominaba sus bonitos ojos, se rindió a ella sin resistirse. De hecho, ¿es posible que ese mismo impulso ya existiera en él mientras la abrazaba, cuando sentía el temblor delicado de su cuerpo contra él y su nariz estaba intoxicada por su dulce aroma?

¿Había pensado en… besarla si se presentaba la oportunidad?

En cualquier caso, estas eran cuestiones qué pensaría más tarde, a solas en su fría habitación. Ya que durante aquel beso el cerebro de Chat Noir simplemente se fundió y cedió el control a sus instintos. Acercó su rostro, haciendo presión con sus labios y los movió siguiendo el ritmo relajado aunque encantador de ella. Una de sus manos se deslizó hasta la nuca de la chica, atrayéndola más sin saber lo que buscaba hasta que Marinette separó los labios y le rozó con la lengua. Sintió que la piel libre del antifaz llameaba al contraste con el aire frío.

Sus brazos se enroscaron en torno a la pequeña cintura de ella. Nada de separarse. Siguió besando, acariciando y degustando hasta que oyeron un nuevo chasquido seguido de voces de indignación y exclamaciones de sorpresa.

Voces pensó su abotargado cerebro, buscando recuperar el control. Chat Noir sintió un arranque de pánico y rompió el contacto. Pero al abrir los ojos se calmó pues todo a su alrededor estaba a oscuras y no podrían verle allí arriba.

La ciudad había sufrido un apagón repentino y quizás era él el único habitante que aún podía ver algo gracias a sus poderes. Bajó la vista hasta la chica y sintió un estremecimiento al ver su pacífica sonrisa.

—Las luces… —susurró él, nervioso—; todas, están apagadas.

Marinette miró a su alrededor.

—No veo nada —confirmó. Dejó caer su frente de nuevo sobre el pecho del chico y sus brazos se acoplaron a su cintura—. Chat Noir… ¿alguna vez te has sentido triste, solo o frustrado?

Tragó despacio, sintiendo que sus piernas se tambaleaban.

—Sí —respondió. Sus manos tomaron lugar en la parte baja de la espalda de la chica y su barbilla se posó sobre su coronilla—. Bastante a menudo.

—¿Por… Ladybug?

Entrecerró los ojos. Podía ver las siluetas de los edificios a lo lejos, las sombras cruzando y tropezando a través de las ventanas de las casas. A pocos metros, se recortaba el instituto y hasta allí fueron a parar sus ojos. Un lugar seguro en el que refugiarse ante la violencia de sus emociones.

—No… —contestó, sin ser consciente de lo sincero que era—. Ya me sentía así antes de conocerla —Marinette calló como si no se le ocurriera nada más que añadir, así que él siguió hablando, sobrecogido—. Hace poco… una chica intentó besarme.

Aquello le quemaba por dentro desde que había pasado y aunque lo había comentado con Plagg, el Kwami no solía ser de ayuda a no ser que acabara de llenar su estómago, y en dichas circunstancias tampoco era un pozo de sabiduría sobre romanticismo adolescente.

Marinette, por el contrario, siempre le había ayudado cuando acudía a ella con problemas. Sí, Adrien era un poco obtuso, aunque no tanto como para figurarse que aquel no era el momento más propicio para hablar de otras chicas que habían querido besarle, pero esas palabras se le escaparon sin más.

Estaba demasiado confuso.

—¿Y… qué pasó? —preguntó ella tras unos instantes de silencio.

—Pues que no… no fui capaz —reveló él—. Quería hacerlo pero… cuando se me acercó, de repente, sentí que no estaba bien y me aparté casi de un salto.

—¿Y ella se enfadó?

—Tenía motivos para ello, ¿verdad? Aunque creo que no lo hizo —Sus brazos se cerraron en torno a ella con más fuerza—. Creía que era por Ladybug, pero…

—¿Pero…?

Chat Noir se apartó para verla. Podía ver su rostro en la oscuridad, sus bonitos rasgos tranquilos, incluso restos del rubor que habían adornado sus mejillas. Sintió un hormigueo en sus labios; el deseo de besarla de nuevo seguía vivo en él.

—A ti… sí he podido besarte —admitió, con el corazón del revés. Se sentía seguro entre las sombras y aun así, quiso apartar la mirada—. ¿No es raro?

La expresión que vio en la chica le sorprendió. Una sonrisa lenta, casi burlona y un levísimo movimiento de cabeza. Parecía que la respuesta a la pregunta le hiciera gracia, más cuando le respondió lo hizo encogiéndose de hombros.

—No lo sé… —La vio apretar los labios y que sus ojos se movían aunque no podían ver nada—. Yo también creía que solo me gustaría besar a…

Chat Noir se tensó.

—¿A quién…?

Marinette sacudió la cabeza.

—A nadie.

Sí hay alguien se dijo él.

Por supuesto, eso explicaba que pareciera tan triste y desamparada. Existía un chico que la había roto el corazón… pero, ¿quién? A Luka lo descartó en seguida, pues era evidente que el músico bebía los vientos por ella. De modo que Marinette estaba enamorada de otro, alguien que no la correspondía.

Chat Noir sintió un repentino desasosiego.

Ahí estaba, una vez más, sobre un balcón con una chica que le decía (o al menos insinuaba) que amaba a otro. ¡Cierto! No era la misma situación pues él no estaba enamorado de Marinette, ni se le había declarado luego ella no le estaba rechazando pero… La sensación que le dejó fue muy similar.

No obstante…

creía que solo me gustaría besar a…

—Entonces, princesa, ¿estás admitiendo que te ha gustado el beso de este gato? —preguntó sin poder resistirse. La chica se tensó, sus manos se pusieron rígidas sobre los hombros de él.

—¿Eh? N-no… no he dicho eso…

—A mí me ha sonado justamente a eso —Los nervios resbalaban de él y dio gracias por sentir que la esencia del gato negro regresaba, tan coqueta y poco seria como era habitual—. ¿Y bien? ¿Cuál es el veredicto? ¿Mejor yo o ese misterioso nadie?

Marinette esbozó una sonrisa triste y su cuerpo retrocedió unos milímetros.

—No lo sé —respondió con devastadora sinceridad—. Él no me ha besado nunca… ni lo hará —Sus hombros se encogieron—. Una vez estuve a punto de besarle pero él se apartó en el último instante.

. Supongo que le pasó como a ti con esa chica, ¿No? Yo tampoco me enfadé con él pero… me sentí muy avergonzada.

La sonrisa de suficiencia de Chat Noir se borró al verla de repente tan triste, sin embargo ella deslizó su mano por su brazo, guiándose con los dedos hasta rozarle la barbilla.

—Así que… gracias por no apartarte, Chat —le soltó, achicando los ojos en una mueca de fingida alegría que solo buscaba retener la pena que se manifestaba en su voz—. No sé si lo habría… soportado.

Chat Noir, desolado, la atrajo de nuevo para estrecharla. Un hueco helado se abrió en su pecho, de par en par; jamás había visto a Marinette tan triste, tan resignada y devastada. Pensó que el corazón se le detendría al oír sus palabras.

Ella era su gran amiga, significaba tanto para él que Adrien estaba seguro de que jamás podría expresárselo con palabras siendo él mismo. Ella había sido su primera amiga, era a quien acudía cuando estaba en problemas, quien podía alejar la amargura de su alma por la soledad en la que vivía con tan solo sonreírle desde su asiento de atrás en clase.

Pero nunca se veía así. A pesar de su aspecto dulce, nunca vio esa fragilidad en ella.

Le palpó la espalda y los hombros para mirarla y sin pensarlo, volvió a besarla, apresándola con sus brazos. Y ella no se movió, se acurrucó contra él correspondiendo a su intensidad, aún con la mano sobre su rostro. Chat Noir movió una de las suyas, deslizándola por su cuello pero no podía sentirla debido al guante de su traje. Se separó un momento y la condujo hasta la tumbona que había sobre el balcón. La ayudó a sentarse y retrocedió un par de pasos.

—No puedes ver nada, ¿verdad? —se aseguró.

—No… nada de nada pero, ¿por qué…?

—Cierra los ojos —le pidió—. Y no te asustes… —Marinette obedeció con el ceño fruncido—. Garras fuera.

La luz verde le envolvió y sintió la presencia de Plagg flotando junto a su cabeza, pero ya no podía verle. Era verdad que no se veía nada en aquel balcón. Aun así, le arrojó un trozo de queso (suponiendo que el otro lo atraparía al vuelo) y le hizo un gesto para que se fuera.

Por una vez, el Kwami obedeció sin soltar un chiste o una bordería.

No obstante, Marinette ahogó una exclamación apretando sus párpados.

—¡Pero, ¿qué acabas de hacer?! —Le preguntó, asustada.

—Nada, tranquila —A tientas dio un par de pasos hacia ella. Levantó las manos pero solo rozó el aire—. Solo… me he des transformado.

—¡Eso es muy peligroso, Chat! ¡Podría verte si vuelve la luz! —dijo ella—. ¡Oh, cielos! ¿Qué crees que te diría Ladybug sobre esto?

—Oh, pues no sé… —respondió él avanzando otro paso. Su mano tocó la tumbona y la otra enganchó al vuelo una de las manos de la chica que también estaban alzadas—. Se enfadaría, supongo, porque soy un inconsciente. Siempre me está riñendo.

—¡Y con razón!

Chat sonrió, divertido. La idea de que Ladybug pudiera molestarse más porque se hubiera des transformado frente a otra persona que porque lo hubiera hecho para poder acariciar a otra chica con sus propias manos debería haberle entristecido, pero no lo hizo.

Deslizó sus dedos por la muñeca de Marinette y siguió por el interior de su brazo hasta alcanzar el codo donde posó el pulgar. Una maravilla de descargas se activaron en su cuerpo ahora que por fin nada se interponía entre los dos.

—Pero me guardarás el secreto, ¿verdad? —No pudo evitar guiñar un ojo aunque ella no podía verlo.

—Ladybug es muy lista —Le respondió—. Puede que logre enterarse de algún modo.

La mano de Chat ascendió por su brazo hasta el hombro, rozó las puntas de su pelo y siguió hasta acunar su barbilla. Se movió hacia ella ahora que sabía dónde estaba su objetivo.

—Aunque Ladybug me mate, aún me quedarán seis vidas —le dijo—. No me importa sacrificar una por esto.

Marinette soltó una risita y su aliento le dio en la nariz. Se acercó un poco más a ella, pero entonces la sintió retroceder unos milímetros.

—Qué raro… ahora tu olor me resulta familiar —murmuró ella, sorprendida.

Chat Noir vaciló. ¿Su olor? ¡No, el olor de Adrien! Sin su traje, volvía a ser él mismo ataviado con su pijama, lo que llevaba puesto justo antes de transformarse para salir a dar una vuelta. ¡Claro que tenía su olor! Su primer impulso fue apartarse de un salto y huir antes de que le reconociera, pero eso habría sido demasiado sospechoso.

Debía disimular.

—¡Oh, vaya! —exclamó, nervioso—. No sé… será porque con las luces apagadas todo parece distinto, princesa —Intentó incluso soltar una carcajada despreocupada pero le resultó imposible—. Ah… ¿Te… molesta?

—No, no es eso —respondió. Al sacudir su cabeza, las narices de ambos se rozaron en el mismo espacio y él casi pudo oler su sonrisa—. M-me gusta, de hecho —admitió. Levantó la mano para posarla sobre la del chico y acarició sus nudillos—. Me recuerda a alguien que es especial para mí.

Chat Noir parpadeó, tardando solo unos instantes en entender que hablaba de él mismo. Alguien especial… Entonces, ¿Adrien también era especial para ella? Por alguna razón, siempre que Marinette hacía o decía algo que demostraba sentir un afecto especial por él, el corazón de Adrien se volvía loco de alegría, a veces incluso se quedaba perplejo y tardaba en procesar que fuera verdad.

Aquella vez, durante el día de los héroes, cuando ella le besó en la mejilla… ¿cuánto tiempo se quedó pasmado? Ni siquiera recordaba si le había dicho algo. ¿Sonrió, al menos? Sus recuerdos se desvanecían en el momento de recibir el beso y solo volvían a ser coherentes estando ya en el coche de su padre. El trayecto a casa sí lo recordaba; sonriendo como un tonto, mirando por la ventana sin ver nada, con los dedos sobre la mejilla para evitar que la sensación de calor de los labios de su amiga se borrara de su piel.

¿Por qué era así? A menudo Adrien se sorprendía sintiéndose agradecido por cualquier muestra de afecto que recibía.

Inclinó su rostro con el corazón atorado en la garganta y cerró los ojos al sentir que su nariz volvió a rozar la de ella.

Solo el segundo previo a volver a besarla, Chat Noir meditó en lo extraño que era todo lo que estaba pasando y al mismo tiempo, en lo natural que resultaba para él…

Pero no se pueden llegar a grandes conclusiones en tan solo un segundo.

Y sus labios encontraron al instante los de Marinette. Esta vez fue él mismo quien trató de ir despacio, acariciándolos con calma mientras veía en su cabeza la sonrisa de su amiga, mientras parecía oír su voz diciendo su nombre… pero cuanto más lo pensaba, más emoción sentía por estar con ella, sintiendo sus labios y su calor, por lo que el beso se tornó más intenso y profundo. Ella le seguía, cediéndole espacio en cada paso que avanzaba. Cuando Chat la rodeó con sus brazos, ella solo alzó los suyos para acogerle. Cuando se atrevió a invadir su boca de nuevo, ella le recibió con entusiasmo y cuando se inclinó para recostarla sobre la tumbona y está crujió, Marinette se agarró a él soltando una risita.

—¡Cuidado! —le susurró.

—Perdón, yo…

—Esta tumbona es muy vieja —Le explicó—. No sé si soporta el peso de dos personas…

—Oh, miauch… ¿Te metes con mi heroica y esculpida figura? —se quejó él, estirándose sobre ella y atreviéndose a hundir la nariz entre su pelo. Su olor era tan maravilloso… recordaba haberlo captado en otras ocasiones en que estuvieron cerca el uno del otro, como durante su viaje a bordo del Startrain, pero solo en este momento se permitió aspirar de manera lenta y profunda su olor.

Marinette soltó una risa alta, musical y clara que le produjo un escalofrío. Sus siguientes palabras también fueron impactantes para él.

—Gatito tonto…

Chat se detuvo y aunque trató de mirarla a la cara, la oscuridad los envolvía.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella, notando su tensión.

—Eh… no es nada —respondió—. De pronto tu voz me ha sonado… familiar, también.

—Pues claro. Llevo hablando todo el rato.

—No, me refiero que me ha sonado como la de… otra persona.

—Ah… ¡Ah! ¡Bueno! S-será… por las luces apagadas, como dijiste tú…

—Sí, claro…

¿O era algo peor?

Quizás estaba tan obsesionado con su Lady que le parecía oír su voz aunque no estuviera allí. Quizás su mente se estaba rebelando contra él y trataba de recordarle a su único amor, aunque estuviera con Marinette. ¡Y eso no le gustó nada! No quería pensar en Ladybug, sino en Marinette. Ella era quien le besaba y le abrazaba, quien le ofrecía algo parecido al amor y que, aunque no lo fuera, resultaba igual de agradable y tentador.

¡Y quería pensar solo en ella!

Ahora lamentaba haberse quitado el traje; con él al menos podría seguir viendo su rostro y no imaginar cosas raras.

Pero en cualquier caso… si había sido el recuerdo de Ladybug lo que no le dejó besar a Kagami aquella vez, este había perdido fuerza contra Marinette pues a ella sí podía besarla, deseaba hacerlo y le producía una sensación de euforia y cariño que fácilmente podía confundir con auténtico amor. No obstante, el recuerdo seguía ahí, martilleando su cerebro, tratando de torturarle, como recordándole que no tenía derecho a ello mientras siguiera amando a la heroína.

¡Pero no permitiría que lo estropeara todo!

Estaba con Marinette, quería estar con ella fuera como fuera.

—Marinette —susurró, aspirando el olor de su pelo una vez más—. Después de lo que me pasó… pensé que quizás nunca iba a poder besar a otra chica que no fuera Ladybug —Le confesó, tratando de aliviar su pesar—. Creí que había algo mal en mí y estaba… en verdad, preocupado.

—Bueno, pues no te preocupes más —Le dijo con voz animada. Tiró de su rostro hasta ella y le besó con ternura—. Ya ves que sí puedes —El chico le devolvió el beso con felicidad, tanto así que se le escapó una risita que le hizo romper el contacto.

Aunque una voz malévola quiso fastidiarle, susurrándole algo desde el fondo de su mente…

¿Y qué? ¿Hay alguna diferencia? ¿Y si ahora SOLO puedes besar a Marinette? ¿No te ha dejado caer que está enamorada de otro?

Chat Noir apretó la mandíbula. Intentó no hacer caso, pero su pensamiento le traicionó.

Aun así… parece feliz conmigo. A lo mejor…

¡Pobre Adrien! ¿Por qué siempre quieren a otro y no a ti?

El chico se estremeció ante esa idea. Alargó los brazos por debajo de la espalda de la chica y la abrazó. Sin el traje, sentía que parte de la seguridad y despreocupación de Chat Noir le abandonaba, dejando tras de sí al chico que nunca estaba seguro de ser suficiente para nadie, ni siquiera para su padre.

Quería bromear y decir alguna tontería, pero se quedó sin ideas. Las manos de Marinette bajaron hasta su espalda donde se deslizaron en una tranquilizadora caricia circular que le hizo sentir mejor, aunque no apartó de él sus dudas.

Así que sin poder resistirlo, hizo la pregunta.

—¿Quién es nadie?

—¿Eh? ¿De quién hablas?

—Del chico que te gusta —aclaró—. ¿Quién es?

Marinette se removió, incómoda y soltó un resoplido.

—¿Y qué importa, Chat? No quiero hablar de él ahora… —se quejó y el chico sintió que le tiraba, distraída, del pelo—. ¿Quieres que nos pongamos a hablar de nadie y de Ladybug?

—¿Cómo? Si no sé quién es…

—Es solo… un chico de mi clase —dijo ella. ¿De clase? ¿De nuestra clase? Adrien hizo un barrido rápido a todos los chicos y el único candidato factible que se le ocurrió fue Nathaniel… ¿Quizás Marinette se había enamorado de él después del asunto de Ilustrator? ¡Pero si trató de secuestrarla! Bueno, más o menos… Aunque demostró que, aun estando akumatizado, el chico seguía preocupándose por ella. ¿Era posible? ¡Si justamente fue aquella vez cuando ellos trabajaron juntos! Creía que en ese entonces Chat Noir le había impresionado… Al menos lo intentó—. Da igual, él no… me quiere a mí —continuó Marinette y su voz tembló. Sus manos se aferraron a su espalda—. Está con otra chica.

—¿Con otra chica? —repitió.

Entonces, que él supiera, Nathaniel no podía ser pues no salía con nadie.

¿Un chico de la clase con novia? Adrien creyó marearse cuando el rostro de Nino apareció ante sus ojos… ¡No, no era posible! ¡Alya era su mejor amiga! Pero entonces… ¿quién? ¿Iván? ¿Kim? No había más chicos que se ajustaran a esa descripción.

—¿Quién es? —preguntó una vez más. Ahora sí o sí necesitaba saberlo, pero Marinette volvió a chistar—. ¿Qué importa si lo sé? ¡Tú ya sabes lo de Ladybug!

—¡Vale! —Y resopló de nuevo—. Aunque no entiendo tanto interés… —Guardó silencio un segundo y carraspeó—. Es… Adrien.

—¡¿Cómo es po…?! ¿Adrien? Ah… ¿A-adrien Agreste? ¿Adrien Agreste… el modelo?

—Pues… sí —afirmó ella, extrañada—. ¡Oh! Pero no es por eso. No soy una fan loca obsesionada con él. Ya te digo que vamos a clase juntos, somos amigos y le conozco… y, en realidad, me enamoré de él.

Chat Noir se quedó estático, apenas realizando correctamente la función de respirar y no desmayarse. ¿Era él? ¿En serio? Pero… no, había cosas que no cuadraban. ¿En serio era él?

—¿Chat?

—¡Ah! —exclamó sin querer. De repente se sentía histérico. ¡Era él! Marinette le estaba confesando su amor sin saber que estaba justo a su lado. Le entró pánico porque pudiera descubrirle, pero la oscuridad seguía siendo impenetrable—. Sí, sí… sé quién es. ¡Adrien Agreste! Claro… pero, vaya, no sabía que tuviera novia.

—Pues la tiene.

¡Claro que no! Por dios, ¿De quién estás hablando?

—Ah… ¿estás segura?

—Por desgracia, lo estoy —Marinette volvió a removerse y entonces sus rostros quedaron muy juntos, aunque invisibles al del otro. Pero podía sentir su olor, su respiración sobre su nariz, incluso el leve aleteo de sus pestañas. Deseó abrazarla con todas sus fuerzas pero no quería interrumpirla ahora—. Fue a mí a quien pidió ayuda para invitarla salir —Las manos de la chica se movieron por sus hombros, sus dedos le rozaron el cuello y su voz volvió a temblar—. Incluso les acompañé a la pista de hielo y… no te imaginas lo terrible que fue para mí verlos juntos. Tuve que ir a esconderme al baño durante un rato…

Chat Noir o Adrien (sí, definitivamente ahora se sentía como él mismo) cerró los ojos sintiéndose fatal.

Kagami… adivinó. ¡Ella era la chica que creía su novia!

¡Pero no lo es!

Después del desastre del intento de beso no habían quedado en nada. Él conocía los sentimientos de su compañera de esgrima, pero él no se había decidido. Se veían en clase y alguna vez habían dado juntos una vuelta, pero eso no era tener novia, ¿verdad? Él no lo sentía así.

Apartó eso de su mente, girando el cuerpo hacia ella y alargando una mano para rozar su cintura.

—Pero… ¿y dices que una vez intentaste besarle y él se apartó de ti?

—Sí, pero no me hagas contarlo. Es lo más humillante que jamás me ha pasado.

¡¿Cuándo ocurrió?!

Él no recordaba ninguna ocasión en la que Marinette hubiese intentado besarle. ¿Se refería al video de clase, antes de que Horrorificadora atacase? Pero, ¿por qué iba a ser humillante para ella?

Un momento…

¡El incidente de la estatua en el museo!

¡Tiene que ser eso!

¡Pero aquello fue solo una broma, ¿no?!

No, no debió serlo. Marinette realmente pensó que era una estatua y todo lo que hacía o decía era real. ¡Pero no se apartó porque pretendiera rechazarla! A ver… fue puro instinto. ¿Y si la hubiese dejado continuar y al darse cuenta de que era real le hubiese acusado de aprovecharse de ella?

No quería que Marinette se enfadara con él…

Como fuera, la enorme cantidad de errores que había cometido al ignorar los sentimientos de su amiga, cayó sobre él como una losa terrible y pesada. Y ni siquiera podía disculparse porque… ¡ella no sabía que era él!

De saberlo, tal vez le mandaría a paseo. Después de tanto sufrir por él, ¿por qué querría besarle ahora? Si hasta él mismo sentía ganas de lanzarse de cabeza desde lo alto de la barandilla.

No. Aunque ahora no llevara su traje, seguía siendo Chat Noir. Porque el héroe siempre había estado para ella y no era un idiota rematado.

Levantó una mano para rozar el rostro de la chica con el dedo.

—¿Sabes? Adrien Agreste no parece muy espabilado, la verdad —Le dijo—. Tal vez te has librado de una buena. Dices que os veis todos los días en clase y no se ha dado cuenta de lo extraordinaria que eres…

. Me parece que es el típico caso de chico bonito, pero tonto.

Intentó ignorar lo satisfactorio que le resultaba decir esas cosas sobre sí mismo y se regodeó en la suave risita que emitió la chica.

—Bueno… empiezo a pensar que Ladybug tampoco se ha lucido rechazándote, gatito —Le respondió.

—Hay que reconocer que no nos hemos fijado en los más listos de Paris…

—Creo que no.

—Pues… olvidémonos de ellos —propuso. Y lo hizo con genuino entusiasmo e ilusión. Se acercó aún más a ella, sus brazos se tocaban rodeándola, sus piernas invadieron el espacio de las de ellas—. No les necesitamos, ¿verdad? Marinette, tú y yo… nos tenemos el uno al otro.

Casi pudo sentir la calidez de su piel cuando las mejillas de la chica se ruborizaron, pero aun así dudó unos instantes por el silencio que siguió a esa sincera… ¿qué era? ¿Una declaración? ¿Una propuesta? Pero no fue mucho. Notó los labios de la chica sobre los suyos y suspiró embelesado.

—Sí, nos tenemos el uno al otro —convino ella.

¿Y qué pasa con el músico? La voz molesta en su cabeza reapareció, tratando de arrebatarle parte de la felicidad que sentía en esos momentos.

Al fin tenía algo parecido a la sensación de ser correspondido. Había expresado, de un modo u otro, sus sentimientos y no se los habían arrojado a la cara.

Nos tenemos el uno al otro.

No había otra interpretación posible más allá de que Marinette le escogía, aunque fuera solo esa noche, a él. Por encima de Luka (mal que le pesara a esa vocecilla estúpida), incluso por encima del perfecto Adrien cuya falta absoluta de conocimientos y atención sobre los temas amorosos hacía que lo estropeara todo una y otra vez.

La noche siguió avanzando sobre sus cabezas mientras ellos hablaban en voz baja, se reían un poco más alto y de vez en cuando, se besaban arrullados por el leve zumbido de la red eléctrica que seguía teniendo en problemas.

Quizás no fuera tan fácil olvidar a sus amores anteriores. En especial porque, con las luces apagadas, Chat Noir seguía oyendo de vez en cuando a Ladybug en la clara y determinada voz de Marinette. Y porque, también con las luces apagadas, Marinette sentía mariposas en el estómago cada vez que captaba el olor de Adrien revolotear desde Chat Noir hasta su nariz. Pero, ¿qué importaba? Igual se sentía bien, se sentía familiar, natural, agradable… y ellos sabían con quién estaban en realidad.

¿Verdad?

.

¿Fin?

.

Hola ^^

Bueno, he aquí mi segundo intento de fanfic Miraculous, esta vez un poco más largo, con algo más de sustancia y tal vez, con posibilidad de continuación si la inspiración (y sobre todo el calor) me lo permiten.

Este fic no tiene nada que ver con el Oneshot anterior, es solo que el marichat me encanta, jajaja.

¿Qué os ha parecido?

Os agradezco las reviews del anterior Oneshot. A pesar de todo lo que llevo escribiendo, da un poco de nervios probar en otro fandom pero los comentarios que recibí fueron muy positivos y os doy las gracias de corazón.

¡Besotes!