Mario bajó las gradas de su casa deslizándose por la baranda, aterrizando suavemente en el primer piso y pasando directamente a correr hacia su patio, sin pausa alguna. De lejos se notaba que tenía prisa, más aún cuando entró de nuevo a la casa llevando una escoba y pala, vestido con una pantaloneta gris y una camisa blanca rasgada en su hombro derecho y unas manchas de salsa barbacoa en el estómago. Rápidamente subió las gradas hasta una habitación vacía, con una única cama y un armario de madera colocado cerca del ventanal.
Al entrar comenzó a barrer el suelo, pasando su dedo una vez más por el armario de madera, sonriendo satisfecho al ver que no había nada de polvo sobre el mismo. Continuo entonces su labor de limpieza, que llevaba desempeñando desde que se levantó hace un par de horas, o eso parecía al menos. Una vez que terminó de barrer y trapear el cuarto, corrió a toda velocidad a guardar los implementos de limpieza y pasó viendo el reloj rojo que adornaba la pared de su sala: eran las 10 de la mañana. Feliz de ir a tiempo, corrió nuevamente a su habitación, en donde se desvistió y tomó una toalla, tras lo que entró al baño en su cuarto.
Luego de un extenso baño, se colocó unos jeans azules y una camisa roja, tomó su toalla mojada y salió de su habitación rumbo a sacarla al patio para que se secara. Había costado, pero finalmente había preparado perfectamente el cuarto para su inesperado huésped. Normalmente habría aceptado de mala gana una petición de alojamiento tan tardía como la que recibió el día anterior en la noche, pero al tratarse de una amiga con la que no tenía contacto tan seguido decidió hacer a un lado ese comportamiento y aceptó gustoso. Eso sí, tuvo que arreglar desde cero el antiguo cuarto de su hermano, el cual ya casi convertía en una pequeña bodega personal. Tuvo que incluso correr al supermercado más cercano para ver si le podían vender sábanas, y no unas cualquieras, unas suaves y de buena calidad. Si va a hacer un favor, lo va a hacer bien.
Y una vez que todo estaba ya listo, se sentó en la sala a ver un poco de televisión para relajarse. Se dejó caer sobre el sillón, y por poco cierra los ojos, pero alguien tocó al timbre de su casa, espantándole el sueño. Esto lo hizo levantarse del sillón, apagar la televisión y caminar hacia la puerta mientras rascaba su cabeza, soltando un profundo bostezo. Al llegar a la puerta y abrirla fue recibido por un repentino ataque a su cabeza, sintiendo un objeto suave y abultado tratando de hallar equilibrio sobre su pelo.
Una vez que recuperó el equilibrio levantó los ojos por instinto, como si eso fuera a ayudarlo a ver que tenía sobre la cabeza. Y como respondiendo a sus pensamientos, sintió algo tocando los lados de su cabeza, y la parte superior del destello maestro se asomó por encima de su frente, dejando ver sus pequeños ojos. Mario le sonrió al pequeño destello, cruzándose de brazos para que el pequeño se bajara de su cabeza. Mientras, Rosalina los observaba a ambos muy atenta, con una pequeña sonrisa en su rostro, casi imperceptible.
El pequeño se bajó de la cabeza de Mario y este le ofreció su mano, la cual el destello tomó con sus dos bracitos y comenzó a sacudir enérgicamente, causando que Mario riera. Una vez que se saludaron, el destello se fue flotando hasta estar a la par de su mamá, apoyándose en su hombro. Mario le sonrió a Rosalina, y ella dejó escapar una suave risilla, cerrando los ojos al hacerlo.
"Veo que ambos se han extrañado." Comentó la princesa de los cosmos en un tono suave y algo melancólico, implicando en sus palabras que no solo se refería al destello.
"Bueno, pasamos por mucho juntos después de todo. De no ser por él habría terminado flotando por el espacio." Respondió Mario en un tono más amable y relajado, tras lo que dio un ligero aplauso, cambiando rápidamente de tema. "Como sea, también es un gusto verte, Rosy."
Rosalina, quien venía cargando un bolso celeste al hombro y arrastrando una maleta de ruedas, dejó sus manos libres y avanzó hacia Mario, abrazándolo. Él correspondió al abrazo de su amiga, dándole tres pequeñas palmadas en la espalda, tras lo que ambos se separaron. Esa era la señal que Mario le había enseñado para distinguir abrazos como saludo de abrazos afectivos: los de saludos son cortos, tanto como tres simples palmadas.
"Para mí también es un gusto poder vernos cara a cara nuevamente, Mario. Al menos en un ambiente más jovial y relajado, sin tanto ajetreo." Comentó Rosalina, manteniendo su tono monótono y serio, pero con un suave dejo de dulzura y alegría.
"Lo sé." Comenzó Mario, rascando la parte de atrás de su cuello. "Parece que solo podemos vernos cuando alguien está en peligro o cuando hay un evento importante. Supongo que ambos somos personas ocupadas jejeje." Mario dejó escapar una pequeña risa, la cual se fue apagando lentamente.
"Ambos tenemos deberes importantes que hacer, y por eso estoy agradecida por momentos como estos."
Mario vio hacia el suelo y murmuró entre dientes en un tono bajo, tanto que ni Rosalina ni el destello pudieron escucharlo. "Sí, ... importantes."
Rápidamente levantó la cabeza de nuevo, viendo directamente hacia Rosalina. "Bueno, pasa adelante y déjame guiarte a tu habitación para que dejes tus cosas."
Mario se adelantó hacia ella y tomó la manija de su maleta de ruedas, llevándola hacia adentro. Rosalina, sin embargo, extendió su mano hacia él, tomándolo del hombro. "No hay necesidad de esto Mario, yo puedo llevar mis cosas."
"Lo sé Rosy, pero quiero ayudarte. Ahora estas en mi casa y eres mi invitada, esto es lo que hace un buen anfitrión." Rosalina soltó el hombro de Mario, tras lo que tomó su bolso y lo colgó de su hombro.
"¿Como en un hotel?" Preguntó ella con curiosidad.
"Bueno, en los hoteles la gran mayoría lo hacen porque así la gente los elige por encima de otros hoteles, es una cuestión de beneficio mutuo. Yo lo hago porque quiero ser amable contigo."
Mario, sabiendo que Rosalina iba a seguir discutiendo con él, se hizo a un lado de la puerta, y una vez que ella entró, él cerró la puerta y se dirigió a las escaleras. Rosalina y el destello se fueron flotando detrás de él, subiendo ambos las gradas mientras Mario les iba explicando ciertas cosas. "Verán, yo suelo almorzar a eso de las dos de la tarde, pero si ustedes quieren comer antes no duden en decirme. La casa tiene tres baños, dos arriba y uno abajo. Los dos de arriba están conectados con los cuartos, y tienen regadera cada uno, aunque bueno … tal vez la regadera te quede algo pequeña." Comentó Mario, viendo a Rosalina de manera nerviosa.
"Mario, no te preocupes por eso, seguro se me ocurrirá algo con mi magia." Contestó manteniendo su postura calmada y monótona.
"Claro." Continuó Mario, un poco más relajado. "Bueno, pues siguiendo con lo que decía, yo no soy de levantarme muy temprano en la mañana, así que si se levantan temprano les voy a pedir que no hagan mucho ruido, por favor. Pueden ir a cualquier lado de la casa y mi refrigerador esta siempre abierto por si algún día quieren algo del mismo."
Finalmente, Mario entró a la habitación destinada para Rosalina y dejó allí la maleta, tras lo que ella entró. El destello al entrar se dejó caer sobre la cama, hundiéndose en las sábanas mientras cerraba los ojos. Mario solo sonrió ante esta ocurrencia, y Rosalina dejó su bolso a la par de la puerta, volteándolo a ver.
"Eres muy amable, Mario, y te prometo que ni yo ni el pequeño seremos una molestia para ti." Comentó, como si estuviera disculpándose por algo.
"Hey, no pasa nada, solo ayudo a una amiga. Tu habrías hecho lo mismo por mí si necesitara un lugar donde estar mientras remodelan mi casa." Mario caminó hacia el marco de la puerta, volteando hacia el interior de la habitación por si Rosalina quería decirle algo más antes de dejarla sola.
Ella solo asintió levemente, tras lo que flotó hacia la cama, sentándose en la orilla que quedaba de frente hacia la puerta, quedándose a la par del destello. Mario se quedó en el marco de la puerta por unos cuantos segundos, y al sentir que el silencio entre ambos se estaba extendiendo demasiado, llegando al punto de ser incómodo, decidió despedirse.
"Si necesitan algo no duden en llamarme. Estaré en la sala viendo televisión mientras se ponen cómodos." Tras esa despedida, Mario dio media vuelta y se fue del lugar, y acto seguido Rosalina comenzó a observar detenidamente la habitación. Luego se levantó y flotó lentamente hasta su bolso, sacando su varita de este. La apuntó hacia su maleta y bolso, y todas sus cosas comenzaron a flotar rodeadas de un aura blanquecina que resplandecía como las estrellas, tras lo que se dirigieron hacia sus respectivos lugares, incluido el baño de su habitación. El destello se incorporó en la cama y comenzó a aplaudirle a su mamá, quien le sonrió con ternura mientras organizaba sus cosas. Finalmente, una foto de ella junto a todos sus hijos salió flotando de su maleta, posándose en la mesa de noche a la par de su cama.
El destello maestro vio fijamente a la foto, tras lo que volteo a ver a su mamá. "¿Iremos a ver a mis hermanos, verdad mamá?" Preguntó el pequeño.
Rosalina le sonrió levemente. "Por supuesto, pero también nos quedaremos aquí de vez en cuando. Mario nos deja quedarnos y sería descortés dejarlo solo todo el día y regresar solo a dormir o a comer."
"Mmmm, tienes razón, además hay que aprovechar que ahora tiene tiempo libre. Parece que siempre está ocupado rescatando a su ser querido ... me preocupa que no descanse lo suficiente."
Rosalina dejó escapar un suspiro melancólico como respuesta al comentario de su hijo, murmurando en voz baja "Lo sé." Rápidamente cambió de actitud, haciendo que su momentáneo cambio fuera imperceptible para el destello, y ya en su habitual tono calmado y amable contestó con intención de que el pequeño la escuchara. "No eres el único que está preocupado por él, pero estoy segura de que Mario tiene sus merecidos descansos."
El destello se levantó de la cama y se acercó a su mamá, quedando cerca de su rostro. "Tienes razón, él lucía igual de entusiasta que siempre cuando nos recibió. Aunque, aún tengo una duda ¿Por qué él te llama Rosy?" El pequeño puso un énfasis en la última palabra, resaltándola con confusión.
Rosalina dejó escapar una suave risilla, tras lo que acaricio al pequeño. "Es un apodo cariñoso, hijo."
"¿Apodo cariñoso? ... creí que poner apodos es malo."
"Lo es cuando estos buscan herir a los demás. En este caso, Mario me tiene confianza y me quiere como su amiga, por lo que me llama de esa forma para expresar dicho cariño."
"Ohhh, entonces todos tus amigos te llaman así."
"Bueno, no todos, de hecho ahora que lo pienso él ... es el único que lo hace."
Rosalina se quedó pensativa por unos segundos. Hasta ese punto no había puesto en duda el que Mario se refiriera a ella con ese sobrenombre cariñoso, simplemente lo había aceptado por parecerle tierno de parte de él.
"Bueno, tal vez es porque fue tu primer amigo y por ello su amistad significa más para ti y para él."
"Ehhh, claro." Comentó Rosalina rápidamente, agradeciendo la salida rápida a la conversación. "Ya sabes cómo es él, seguro que también tiene un sobrenombre lindo para Peach."
"¿Y crees que tenga uno para mí?" Contestó el pequeño, con un dejo de ilusión.
"No lo sé, no tienes un nombre como tal."
"Oh ... es cierto." El pequeño destello usó su bracito para rascarse la cabeza, levantando un poco su gorra. "Y ¿Crees que hay que decirle a Mario que terminamos de desempacar?"
Rosalina miró a su alrededor, y luego volteo a ver al destello. "Supongo, solo déjame que me cambie de ropa ¿de acuerdo?"
"Claro."
Rosalina levantó su varita en el aire y le comenzó a dar vueltas sobre su cabeza, y de esta comenzaron a salir pequeños destellos blancos que cubrieron su cuerpo por completo, y una vez que desaparecieron la dejaron con un conjunto de camisa negra y jeans azul oscuro.
"Listo, ahora vamos."
Ambos salieron de la habitación y fueron flotando por el pasillo, bajaron las gradas y llegaron hasta el primer piso, escuchando a Mario riéndose mientras veía la televisión. Guardiana y destello se vieron fijamente antes de avanzar, entrando silenciosamente en la sala y quedándose detrás de Mario, viendo la televisión con él. En pantalla se encontraban dos koopas discutiendo entre ellos en una oficina con cubículos, y ambos iban vestidos con camisas y corbatas, y uno de ellos llevaba una taza de café. Parecían estar discutiendo sobre algo del trabajo, y uno de ellos lucía bastante molesto con el otro.
"¡Es imposible este ambiente de trabajo!" Se quejó el koopa sin la taza de café "¡Nadie se toma nada en serio!"
"Eso no es cierto." Comentó un hammer bro que emergió por la parte de arriba de uno de los cubículos, apoyándose en este. "Somos la unidad más productiva que hay, tanto que el jefe nos subió el sueldo la semana pasada."
"Sip, piensa en eso antes de quejarte." Comentó el koopa de la taza de café.
"Bueno, bueno, tal vez generalizo, pero no me digan que toleran a todos aquí." Continuó el koopa que inició todo.
"Es verdad." Comentó el hammer bro. "A ti nadie te quiere."
"Bueno, entonces tal vez me cambie de dependencia. El dinero me da igual, solo quiero un lugar donde pueda estar en paz y sin tener que preocuparme de lo que diga."
"Para eso tienes tu casa." Comentó el koopa con la taza de café.
Mario dejó escapar una risa ahogada, y el destello dejó salir su opinión. "Eso fue grosero."
Mario volteo a ver al escuchar al destello, topándose con sus invitados. Rosalina tomó al destello y lo pegó a su estómago, evitando que siguiera hablando. "Lo siento, Mario, lamento interrumpir tu sesión de entretenimiento." Comentó Rosalina algo apenada.
Mario tomó el control remoto y apagó la televisión, levantándose bastante sorprendido. "Eh ... pensé que tu ... tu estarías arreglando tu~tus cosas y ... ¿te cambiaste?"
Rosalina soltó al destello y miró fijamente a Mario. "Decidí cambiarme para ajustarme a tu vestimenta más casual." Mario se ve a sí mismo por reflejo, y Rosalina continua con su relato, ignorando ese movimiento. "Usé magia para acomodar mis cosas rápidamente. Y luego pensé que sería cortés decirte que había acabado, para pasar tiempo juntos."
Mario rascó su cabeza algo confundido, pero terminó aceptando los términos de Rosalina. "Sí ... claro, tiene sentido. Yo aún no tengo hambre, así que si quieres podemos hablar un rato. Debemos ponernos al día."
"Lo sé." Comentó Rosalina, tras lo que volteo a ver al destello. "Pequeño ¿puedes ir a jugar al patio? Quisiera hablar a solas con Mario."
"¿Por qué?" Preguntó el destello.
"Porque tocaremos aburridos temas adultos y no creo que quieras escucharnos." Comentó su mamá.
"Prometo jugar contigo después." Agregó Mario.
"¡Bueno!" Comentó el destello. "¡Te veré luego, Mario!" El destello salió volando hacia el patio de Mario, cerrando la puerta al salir.
"Bueno, pasa adelante." Comentó Mario, dirigiéndose a la cocina junto a Rosalina. Al llegar, ella usó su varita para mover dos sillas, una para ella y una para Mario, quien la volteo a ver y comentó en un tono juguetón "Me gustaría ver que haces sin tu magia." Acompañado de una risilla retadora.
Rosalina descendió suavemente sobre su silla, y Mario la empujó suavemente hacia la mesa. Ella volteó a verlo, sonriéndole de forma juguetona. "Jamás lo sabrás si sigues ayudándome."
"Bueno, tomare el riesgo entonces."
Ambos se sonrieron, tras lo que Mario se dirigió a la otra silla que Rosalina había sacado para él, y al momento de sentarse esta se movió hasta dejarlo acomodado frente a la mesa. Él volteo a ver a Rosalina, quien apoyó sus dos brazos sobre la mesa, viéndolo a los ojos con ilusión, ansiosa de comenzar la conversación con quien consideraba su mejor amigo, y a quien no veía tanto como quisiera.
"¿Ves? Ambos nos ayudamos." Comentó, aludiendo a su acción con la silla.
"Lo sé, por eso no comente nada."
Rosalina suspiró suavemente. "Así que ¿Qué tal has estado? He oído que estuviste en un hotel con tu hermano y Peach."
"Ah, eso." Mario se recostó en la silla, dejando escapar un cansado suspiro. "Un hotel para toda la familia, con experiencia de secuestro incluida."
"Eso supuse, Peach me contó más o menos lo que ella recuerda, pero tú siempre hablas con tu hermano así que dime ¿Cómo sucedió todo?"
"¿Luigi no te ha contado?" Comentó Mario algo confundido.
"Prefiero que tú lo hagas, me encantan tus mímicas cuando cuentas historias." Respondió Rosalina de forma tierna, como una niña pequeña rogándole a uno de sus padres por una historia antes de dormir.
"Bueno, bueno, debo darle al público lo que quiere ¿no?" Respondió Mario fingiendo superioridad, irguiéndose en la silla. "Veras, todo comenzó cuando Luigi recibió esta extraña invitación en el correo..."
Mario le contó a Rosalina todo lo que su hermano le había contado de su aventura, parándose en la silla para hacer todo tipo de imitaciones. Y no solo hacía mímicas, también imitaba la voz de los involucrados. Por ejemplo, hablaba de forma carrasposa y cansada cuando imitaba a E. Gadd, encorvándose y usando un par de lentes falsos para fiestas de color morado que tenía en la sala; para el rey boo le pidió a Rosalina su corona, y hacia una muy buena imitación de la risa de los boos, incluso al sacar la lengua; y finalmente para Madam Du Tel hacía de cuenta que tenía una bufanda en el cuello y doblaba su cintura de forma coqueta mientras apoyaba su mano derecha en la misma, haciendo una voz pedante y egocéntrica con tonos agudos. Cada una de sus interpretaciones provocaban que Rosalina riera suavemente, pero su interpretación de Madam Du Tel la hizo reírse a carcajadas, y sonrojada se tapaba la boca avergonzada por lo fuerte que se estaba riendo. Una vez que Mario terminó el relato, volvió a sentarse en silla, dejando de aguantarse la risa y uniéndose a Rosalina. Luego de unos segundos, la rubia consiguió calmarse, respirando de forma agitada.
"Sabes, siempre me ha gustado tu risa." Comentó Mario, ya totalmente calmado.
"Gr~gracias." Respondió Rosalina, sonrojada por el halago.
"Y ya que te conté esto, te toca contarme algo sobre ti."
"Mario, ya sabes que no pasan cosas tan interesantes en mi vida." Comentó Rosalina, una vez más en su usual tono serio y calmado.
"¿Y qué? Cuéntame algo, lo que sea. Quiero saber de ti." Respondió Mario, apoyándose en la mesa mientras veía a su amiga con curiosidad.
"Bueno, como ya sabrás mi hogar sufrió un pequeño accidente luego de que me quedé dormida cuando no debía." Rosalina comentó esto último avergonzada. "Estaba demasiado cansada."
"No fue tu culpa, cuidar de tantos destellos debe ser agotador, sin importar por cuanto tiempo lo hallas hecho." Agregó Mario, dispuesto a descargar a su amiga de culpas innecesarias. Él la conocía bien.
"Eso me dijeron Polari y los pequeños, pero siempre queda esa pequeña espina de 'pude evitarlo' ¿sabes?"
"Mejor que nadie Rosy, mejor que nadie."
"Y, cambiando de tema … antes no me había puesto a pensar en esto, pero ¿Por qué me llamas Rosy?"
La pregunta sorprendió a Mario, quien rascó su cabeza en señal de confusión. "Pues ... no tengo una razón en particular, creo. Simplemente estaba pensando en una manera corta de decir tu nombre y fue lo que se me ocurrió, y bueno me gustó porque suena tierno, pero si te hace sentir incómoda puedo llamarte Rosa como lo hace el resto."
"No, tranquilo, no me molesta, solo tenía curiosidad de saber su origen y porque eres el único que lo hace. Y sí me parece tierno, es como ... como algo especial entre nosotros." Respondió Rosalina, dándole un tono dulce y tímido a la última frase.
Mario sonrió al escucharla, ruborizándose ligeramente al escucharla decir "algo especial entre nosotros" de la forma en que lo dijo. "Sí ... algo muy nuestro." Agregó Mario, para quien su amistad con Rosalina significaba mucho, y para ella también. "Y ahora que estamos en el tema, dime ¿Por qué escogiste quedarte conmigo? Estoy seguro de que con Peach te habrías sentido más cómoda ya que ella, bueno ... es una chica."
Rosalina se recostó en la silla, aun viendo a Mario a los ojos. "Tuve ese factor en mente, pero la actitud de Peach se me habría hecho difícil de sobrellevar con el tiempo. Ella suele ser muy activa, mientras que yo prefiero llevar las cosas con más calma. Luego consideré a Pauline, pero no quería estar de más cuando llegara su ... ¿pareja?" Rosalina realizó una pequeña pausa entre las últimas palabras, arqueando una ceja en señal de confusión.
Mario rio suavemente en respuesta. "Pauli es muy dada a vivir el momento y no a relaciones de largo plazo, es normal que te sientas confundida, pero entiendo a lo que te refieres."
"Bien, y pues finalmente llegué a la conclusión de que quedarme contigo era una buena idea. Conoces a los destellos, así que podía traer a uno sin problemas, y eres en quien más confío, así que me siento muy cómoda aquí."
"Y eso es bueno." Finalizó Mario, levantándose de su asiento. "Creo que iré a ver que está haciendo el destello. Aún no tengo hambre ¿y tú?"
"Yo tampoco." comentó Rosalina, levantándose también de su asiento. "Te acompañaré."
Mario asintió, tras lo que ambos comenzaron a caminar hacia el patio en donde el destello maestro estaba dando vueltas alrededor de todo el lugar, dejándose caer en la grama de vez en cuando para revolcarse en la misma. Ya con los tres fuera, Mario comenzó a jugar con el destello mientras Rosalina los observaba, comentando de vez en cuando, y así se mantuvieron hasta que Mario se retiró para hacer el almuerzo, dejando a sus dos invitados en el patio. Rosalina se transportó a donde tenían el planetario para conseguir algunos trozos de estrella y de paso saludar al resto de destellos. Una vez que se encargó de ello regresó al patio de Mario llevando una pequeña bolsa de tela celeste llena de trozos de estrella, los cuales mantuvo alejados del destello maestro.
"Esto es para el almuerzo, y no vas a comer de más, solo lo que necesites." Comentó con firmeza.
"Pero ..." Intentó quejarse el pequeño destello, pero su mamá lo interrumpió. "Pero nada, debes aprender que comer debe ser una necesidad y no un gusto. No puedes acabarte todo lo que hay para comer en un solo día."
"Pero hay más trozos de estrella en el espacio." Siguió insistiendo, a lo que Rosalina soló suspiro. "Sí, pero no los tengo aquí, así que no están a tu alcance. Todo con moderación."
"Mmm ... está bien. Tu nunca querrías nada malo para mí." Concluyó el destello, dando una pequeña vuelta, tras lo que acompañó a su mamá a la cocina.
Al llegar Rosalina se ofreció a ayudar a Mario a hacer el almuerzo, pero él insistió en que ella era su invitada por lo que no debía preocuparse de nada. Una vez que terminaron de almorzar, el destello cayó redondo sobre la mesa, quedando boca arriba. Cerró los ojos y simplemente se quedó tendido, causando que los dos adultos de la casa sonrieran al verlo. Mario, por su parte, se reclinó en su silla dejando salir un pesado suspiro, sosteniéndose la panza.
"Creo que se me pasó la mano con la comida." Comentó, sintiéndose muy lleno.
Rosalina imitó sus acciones, recostándose en su silla y sacando un poco la panza, terminando con un pesado suspiro. "No recuerdo la última vez que comí tanto, y que no fueran trozos de estrellas."
"Y yo no pensé que fueras a comer tanto." Comentó Mario a manera de curiosidad. Sin embargo, su comentario hizo que Rosalina se sonrojara un poco, llevando su mano izquierda hacia su rostro para cubrirse la boca. "Lo siento." Respondió ella, a manera de disculpa.
Mario se inclinó hacia la mesa, respondiendo preocupado. "N~no es nada malo, yo solo lo comentaba con curiosidad, de echo me gusta que no te obligues a comer poco solo por verte bien, además, no es que lo necesites."
Rosalina volvió a relajarse, esbozando una pequeña sonrisa en sus delgados labios. "G~gracias ... supongo." Ella volteo a ver a su estómago, puyándolo con el dedo índice de su mano izquierda. "Aunque ahora estoy más llenita que de costumbre."
"¿Llenita?" Preguntó Mario con curiosidad.
"¡Ah! Que cosas digo jiji" Respondió Rosalina mientras reía apenada. "Cosas de mamá. Cuando hablo con los destellos suelo decir todo en diminutivo, especialmente cuando los abrazo o les muestro afecto en general. Cuando estoy contigo me siento en confianza y hablo de forma más natural, así que se me salió."
"Jeje, no te preocupes, yo entiendo. Solo me pareció curioso ya que no te había oído usar diminutivos antes. Pero ya que me pica la curiosidad, dime ¿haces una voz cuando hablas con los más pequeños?"
"¿Una voz?" Rosalina levantó su ceja visible, confundida por la pregunta.
"Sí, ya sabes, como cuando hablas con un bebé, que le pones un tono dulce y algo agudo."
Rosalina volvió a sonrojarse y desvió la mirada del rostro de Mario, cruzándose de brazos. "S~s~sí ... sí la tengo."
Mario procedió a inclinarse en la mesa, apoyando sus codos en la misma y luego su cabeza en sus manos, viendo a Rosalina atentamente. "Muéstrame." Ella estaba apenada, por lo que se limitó a dar una simple respuesta en voz baja, pero Mario fue capaz de escucharla. "No."
"Aw, vamos, ya me picó la curiosidad. Si quieres puedo enseñarte la mía también."
Rosalina volteo a ver a Mario con curiosidad. "¿La tuya? ... ¿alguna vez has cuidado bebés?"
"Sí, una vez me aventuré con bebés yoshi, y aprendí a calmarlos. Además, a veces voy a la isla y ayudo a cuidar a las crías, y hubo un tiempo en mi juventud en que trabaje de niñero."
"¿En serio?" Rosalina estaba intrigada, pues aunque sabía que Mario y Luigi tuvieron que trabajar desde adolescentes para poder estudiar, jamás había oído que mencionaran el ser niñeros.
"Sí, muy en serio. Eso me ayudó mucho con mi paciencia, créeme."
Rosalina desvió la mirada nuevamente. Aún sentía vergüenza de mostrarle a Mario como le hablaba a los destellos cuando estaban solos; pero la idea de escucharlo hablando como si lo hiciera con un bebé, y la confianza que le tenía fueron suficientes para animarla.
"B~bien ..." Mario aprovechó la pausa de Rosalina para levantar un puño en señal de victoria mientras daba un suave grito de victoria, por lo que ella prosiguió rápidamente. "Pero con una condición."
Mario la volteo a ver, ya más calmado. "Claro, te escucho."
"Quiero que cierres los ojos."
"Em ... claro." Mario aceptó los términos de Rosalina y cerró los ojos, colocando además sus manos sobre ellos para que ella estuviera segura de que no podía verla. "Venga, estoy listo."
Mario escuchó a Rosalina respirar profundamente, y luego de una corta pausa de unos segundos la pudo escuchar hablando de forma tierna y juguetona muy cerca de él. "Parece que nos quedamos muy llenitos luego de ese delicioso almuerzo ¿verdad que sí? Puedo ver esa pancita jijiji."
"Ssssí, ... hazme cariñito." Comentó el dormido destello entre sueños, causando que Mario comenzara a reír en voz baja, sacándolo de sus pensamientos en los que se imaginaba a Rosalina viéndolo con ternura mientras le hablaba. Ella, por su parte, se quedó callada de inmediato y se sonrojó un poco. "L~listo ... ahora te toca."
Mario abrió los ojos y retiró sus manos de estos, sonriéndole a su amiga. "Vamos, no deberías avergonzarte de hablarle así a los destellos. Y, a decir verdad, creo que te pediré que me hables así algún otro día." Mario terminó su oración con una pícara sonrisa. Rosalina negó con la cabeza, hablando en un tono más fuerte que de costumbre. "¡No; es vergonzoso si otro adulto me oye!"
"¿¡Que~que pasa, donde hay adultos!?" gritó el adormecido destello, despertando debido al elevado tono de su mamá. Rosalina se calmó de inmediato, viendo al destello.
"Lo~lo siento pequeño. No era mi intención despertarte, creo que ... me alteré un poco." Comentó apenada.
El destello se sentó en la mesa, y se estiró como si estuviera bostezando, tras lo que tomó su gorra y se la volvió a colocar. "No te disculpes mamá, creo que ya se me pasó el sueño de luego de almuerzo jijiji." El pequeño terminó su oración emitiendo varios soniditos agudos, lo que Mario interpretó como una risa.
Mario se levantó a continuación de la mesa y recogió los platos, llevándolos a la cocina para lavarlos. Rosalina le preguntó si podía ir a su hogar a ver a los destellos, a lo que él respondió que ella era libre de hacer lo que quisiera. La guardiana le agradeció nuevamente su hospitalidad y se retiró del lugar, dejando a un pensativo Mario en la cocina. Una vez que terminó de lavar todos los platos y ollas que se usaron en el almuerzo y los secó y guardó, se dirigió a la sala y se sentó frente a la televisión, viéndola fijamente a pesar de estar apagada.
'Quien diría que Rosalina, a pesar de siempre hablar en un tono serio y calmado, tendría una voz así de adorable y dulce. De no ser por el destello creo que le habría comenzado a hablar, totalmente perdido.' Pensó, tomando el control remoto de la televisión mientras dejaba escapar un suave suspiro. 'Por ahora, creo que solo ... veré televisión un rato.'
Y así, encendió la televisión, siendo capaz de mantener su atención en la misma por un par de horas, hasta que el sueño se comenzó a apoderar de él. Lentamente comenzó a cerrar los ojos, y de repente meció su cabeza hacia adelante de forma tan repentina que casi se va de cara. Luego de reaccionar a tiempo y sentarse correctamente, decidió apagar la tele e ir a su cuarto a dormir. La apagó y subió hasta su habitación, viendo la hora antes de recostarse en su cama: eran las 5 de la tarde.
'Solo cerrare mis ojos un rato.' Pensó, quitándose los zapatos y tumbándose encima de sus sábanas. Y tal y como lo pensó, Mario cerró los ojos, aunque no por un rato. Se durmió profundamente, tanto que solo se despertó al escuchar que estaban llamando a su celular, dando un pequeño salto al reaccionar. Aún con los ojos medio cerrados alcanzó su celular como pudo, contestando a la llamada sin ver de quien era.
"¿Hola?" Mario dejó escapar un bostezo luego de su saludo inicial, sorprendiéndose al escuchar a Rosalina del otro lado de la llamada. "Mario, soy Rosalina ¿Está todo bien?"
Mario se sentó en la orilla de la cama, estirándose para rascarse la espalda mientras dejaba escapar otro bostezo. "Sí, todo está bien, solo vi un poco de televisión después del almuerzo y creo que me dormí durante unos minutos después de eso jeje. Y tú ¿sigues con los destellos?"
"N~no, Mario. Estoy afuera de tu casa, y estaba comenzando a preocuparme porque no parecías escucharme tocando la puerta, y esta es la quinta vez que te llamo a tu celular, luego de llamar a tu casa."
Mario abrió los ojos de golpe, volteando a ver el reloj que estaba en su mesa de noche: eran las siete de la noche. Preocupado, y sintiéndose como un idiota, colgó la llamada y salió a trompicones de su cuarto, casi bajando las gradas rodando. Una vez en el primer piso se estampó contra la pared del pasillo principal y continuó corriendo hacia la puerta, abriéndola. Del otro lado estaba Rosalina usando un abrigo celeste acolchado por dentro, siendo el interior de color beige, además de llevar una bufanda celeste alrededor de su cuello y una gorra celeste de tela que le cubría hasta las orejas. Mario quedó jadeando en la entrada, y al calmarse un poco se restregó los ojos, irguiéndose nuevamente.
"Ay Mario, lamento haberte hecho bajar tan rápido ¿estás bien?" Preguntó Rosalina, bastante preocupada.
"Sí ... estoy bien, ay, Rosy, lamento haberme dormido. Ya sabes que tengo el sueño pesadísimo, em ¿Cuánto llevas esperándome?" Mario estaba nervioso por saber la respuesta.
"Pues ... treinta minutos más o menos." Contestó Rosalina, sosteniéndose su brazo derecho con el izquierdo. Al respirar, un poco de vaho salió de sus finos labios, pues durante esa época del año las noches eran más frías de lo habitual. Mario se sintió terrible por dejar a su invitada afuera en el frío, aunque ella fuera capaz de calentarse con magia, o de hacer aparecer ropa abrigada. "¡Rosy entra, te estas congelando!" Sin pensar mucho, Mario la tomó de la mano y la metió a la casa, cerrando la puerta. "¿Por qué no entraste con tu magia?"
"Porque respeto tu privacidad." A cada oración que ella decía, Mario se sentía más y más culpable.
"Ay Rosy, lo siento, soy un idiota, entiendo si estas furiosa conmigo y ..."
Rosalina colocó su mano derecha en el hombro izquierdo de Mario, y le respondió con una suave sonrisa. "No estoy molesta ni indignada. De hecho me siento aliviada de saber que nada malo te pasó."
Mario comenzó a sentir como la vergüenza y la culpa se iban, y debido a ello ya pudo prestarle más atención al clima, sintiendo el frío del ambiente. Debido a ello se abrazó a sí mismo, temblando un poco. "Vaya, había olvidado lo frío que se pone en estas épocas. Iré a poner la chimenea y..."
Rosalina levantó su varita, y esta emitió una suave luz roja que se extendió por toda la casa, calentando el ambiente y dejando una temperatura agradable. Luego sacudió su varita sobre sí misma, desapareciendo la bufanda, el abrigo y la gorra.
"O puedes usar tu magia, eso también sirve." Comentó Mario con una sonrisa. "Oye ¿y el destello?"
"Quiso quedarse con sus hermanos esta noche. Creo que no quiere alejarse tanto de ellos."
Mario dejó escapar una suave risa. "Lo entiendo, de pequeños Luigi y yo no queríamos separarnos nunca." Él vio a su alrededor, chasqueando la lengua. "Así que ¿Qué quieres hacer ahora?"
Rosalina juntó sus manos detrás de su espalda y bajó la mirada, algo avergonzada. Al hablar, lo hizo de forma tímida e insegura. "Y~yo pe~pensaba en ver un rato las estrellas, y m~me pre~preguntaba si ... si tu quisieras a~acompañarme."
"Claro, me encantaría acompañarte."
Rosalina levantó el rostro y sonrió de forma más notoria que lo usual, se notaba que estaba entusiasmada. "Gracias por aceptar, y la ventaja es que con mi magia podemos hacerlo desde aquí, aprovechando también que está a buena temperatura."
Mario arqueó una ceja, confundido. "¿Desde aquí?"
"Ya verás. Por ahora solo necesito un lugar cómodo donde nos podamos acostar para ver al techo."
Mario, quien aún no visualizaba del todo lo que su amiga planeaba hacer, accedió a su nueva petición. "Puedo ir por los colchones de nuestras camas y unas colchas para poner en el suelo de la sala."
"Perfecto, déjame ayudarte con eso."
"Oye, no será nece..." Rosalina se fue flotando hacia el segundo piso antes de que Mario terminara su oración, y luego de unos segundos bajó con los dos colchones flotando sobre ella, y las colchas dobladas y flotando a sus costados.
"Vaya que estas emocionada." Comentó Mario, sonriendo algo incrédulo, tras lo que movió los sillones de la sala para dejar un espacio decente donde colocar los colchones.
Rosalina dejó los colchones en el suelo, juntándolos, y luego colocó las colchas encima. Se arrodilló sobre uno de los colchones y volteó a ver a Mario. Él notó un leve brillo en su ojo descubierto, acompañado de una inocente sonrisa. "Este es uno de mis pasatiempos favoritos. Suelo recostarme en el jardín de mi planetario, o en el portal celeste, solo para ver las estrellas. Algunos de mis hijos se llegan a acurrucar junto a mí de vez en cuando, pero …" Ella se sonroja levemente, haciendo una pequeña pausa. "Esta sería la primera vez que comparto esto con otro humano ... con uno de mis amigos."
Mario solo se limitó a sonreírle a la rubia, se quitó los zapatos y se dejó caer en el colchón, hundiéndose un poco en el mismo. Se acomodó de lado para poder verla a los ojos, tras lo que habló. "Y estoy halagado de que quieras compartir esto conmigo. Veamos las estrellas juntos, Rosy."
Rosalina se terminó de acostar en el colchón, colocando su cabeza a la altura de la de Mario. Debido a su tamaño, sus pies descalzos sobresalían del colchón, pero eso no la incomodaba mucho. "Sabes, este colchón es muy suave, me gusta ... aunque no es tan suave como mi cama."
Mario rio levemente. "Ninguna cama es tan buena como la propia, siempre lo digo."
"Es verdad." Rosalina tomó su varita y la apuntó hacia el techo, tras lo que este comenzó a desaparecer, causando que Mario se levantara un poco mientras veía incrédulo al techo. La guardiana notó este cambio de actitud, por lo que sonrió levemente y lo volteo a ver, tranquilizándolo. "No te alteres, no estoy desapareciendo tu techo, es solo una ilusión. Ya verás."
Mario se tranquilizó un poco, y en cuestión de segundos observó como comenzaban a aparecer más estrellas en el cielo nocturno, así hasta que el techo de la sala fue totalmente reemplazado por un bello paisaje nocturno repleto de estrellas, las cuales alumbraban tenuemente la sala. Mario abrió la boca, maravillado, causando que Rosalina lo viera orgullosa de lo que había hecho. "Ahora mismo puedo proyectar cualquier parte del espacio sobre tu techo."
"Es ... maravilloso, increíble y ... hermoso." Mario estaba distraído viendo a las estrellas, tanto que comenzó a recostarse nuevamente, colocando sus manos detrás de su cabeza. Esta era una vista que extrañaba, pues ver al cielo nocturno desde la Tierra no era lo mismo que verlo desde las diferentes galaxias que visitó, o incluso desde el planetario mismo. Extrañaba esa paz que las estrellas transmitían con su tenue brillo, estando tan cerca de él. Rosalina, por su parte, terminó de recostarse en el colchón y se quedó viendo hacia el "cielo estrellado", admirando su belleza al igual que Mario. Ella cruzó sus brazos sobre su estómago, sosteniendo su varita con ambas manos. "Ver las estrellas me da paz, siempre lo ha hecho, es una fascinación que tengo desde niña."
"Y creo que me la contagiaste cuando te visité por primera vez. Yo también necesito paz de vez en cuando."
Rosalina movió ligeramente su varita hacia la derecha, haciendo que la imagen del universo que estaban viendo se moviera en esa misma dirección. "Dime cuando veas algo que te llame la atención." Comentó con un dejo de orgullo.
Mario sonrió ante la acción de su amiga, viendo atentamente hacia el techo. "Muéstrame algo interesante, algo que no se pueda ver desde la Tierra."
"De acuerdo. Mira esto." Rosalina aceleró el movimiento de la imagen del universo, deteniéndose en una nebulosa de color rojo claro que resaltaba sobre el fondo del universo. Rosalina extendió su mano y comenzó a apuntar a diversas partes de la nebulosa. "A esta la llamo la nebulosa del cangrejo. Si observas bien, puedes ver las dos tenazas, las patas, y dos pequeños espacios donde el gas de la nebulosa es más tenue y quedan como los ojos."
Mario comenzó a enfocarse en los puntos que le eran señalados, y efectivamente fue capaz de vislumbrar a un pequeño cangrejo con una tenaza sobre su cabeza y otra puesta 'frente' al mismo, lo que lo hizo soltar una suave risilla. "Sí, es un cangrejo sin duda ¿Tienes más de estas nebulosas?" Rosalina no respondió, sino que volvió a mover la imagen hasta llegar a otra nebulosa, esta vez de un color azul oscuro mezclado con un naranja claro. Ella no dijo nada, por lo que Mario comenzó a descifrar por su propia cuenta la forma de la nebulosa. Torció un poco la vista y levantó sus manos para tapar ciertos pedazos de la nebulosa. "Mmmmm ... parece un poco a un destello, aunque la parte naranja esta como de más."
"Yo considero que la parte anaranjada es como una gorra ¿no?" Respondió Rosalina.
"Bueno, podría ser ¿ya le pusiste nombre?"
"Solo la llamo nebulosa destello con gorra."
"Es un poco largo ¿no crees?"
Rosalina volteó a ver a Mario "¿Y cómo le pondrías tu?"
Mario se quedó pensando por unos segundos, tras lo que chasqueó los dedos y volteo a ver a su amiga mientras sonreía. "Destello chef."
"¿Disculpa?" Rosalina parecía confundida, por lo que Mario levantó una de sus manos hacia la imagen y comenzó a indicarle lo que estaba viendo. "Si te fijas bien la mancha naranja parece un gorro de chef de esos alargados."
"Creo que lo veo." Comentó Rosalina, sonriendo levemente. "Esto es divertido ¿quieres ayudarme a ponerle nombre a más nebulosas?"
"Claro, seguro encontramos formas muy divertidas."
Y así, ambos pasaron el resto de la noche viajando de forma virtual por el universo mientras buscaban y nombraban diversas nebulosas. Las horas se les fueron volando, y con el tiempo el sueño comenzó a ganarles. De hecho, estaban buscando nebulosas cuando de repente Mario notó que la imagen ya no se movía. "Rosy, la imagen se quedó quieta. No me digas que llegamos al borde del universo porque..." Mario volteo a ver a su amiga, notando que la varita se había deslizado de su estómago hacia el colchón, así como que su rostro se había puesto de lado mirándolo a él, pero sus ojos estaban cerrados. Mario comprendió que su amiga se había quedado dormida, por lo que sonrió y tomó su varita, dejándola arriba de los colchones para evitar que Rosalina se lastimara con la misma al moverse durante la noche. Y sin ver la hora, Mario se recostó a la par de ella y se quedó viendo al techo, comenzando a cerrar los ojos lentamente, grabándose la imagen de aquel cielo estrellado antes de dormirse. Para suerte de ambos el hechizo de temperatura se mantuvo, y tan pronto como Mario cerró los ojos la imagen del universo comenzó a desvanecerse lentamente, dejando la casa de Mario totalmente a oscuras. Y ya en esa oscuridad, Mario comenzó a dormirse también.
