Prólogos:
-¡Amity!- la llamó su padre. Amity fue hacia donde su padre la había llamado lo encontró al lado de su madre, ambos tenían un expresión seria, no era raro; Alador y Odalia Blight no se caracterizaban por tener una sonrisa particularmente llamativa.
-¿Qué está haciendo Willow aquí? Por algo no estaba en la lista de invitados – habló su madre con severidad.
-Pero ella es…- respondió con algo de temor en su voz- mi mejor amiga.
-Disparates – dijo su padre- Los Blight solo se asocian con las brujas más fuertes. Puedes elegir una nueva amiga de las compañeras que invitamos.- Amity recordó entonces que sus padres se había tomado la molestia de invitar a unas niñas que había conocido que también aspiraban a entrar a Hexside. Boscha y Skara, si no recordaba mal sus nombres. La primera impresión que tuvo no era muy buena, eran muy petulantes para su gusto y Boscha en particular tenía una brusquedad y condescendencia al hablar que a Amity no le hacía mucha gracia.
-Pero son malas- replicó Amity- Que trabajes con sus padres no significa que tengan que agradarme-. Se cruzó de brazos y desvió la mirada molesta. Aunque su creciente enojo no fue la verdadera razón para evitar mirarlos, les había alzado la voz. No se dio cuenta hasta apenas un segundo después e intento disimular su miedo con enojo esperando que la reprimenda no fuera tan severa.
-Las niñas buenas no pelean, cariño- Dijo Odalia con una sonrisa y un tono de voz tan condescendiente que solo avivo el enojo de la menor- Termina tu amistad con Willow porque si no…
-Lo haremos nosotros- La secundó Alador. El enojo de Amity desapareció y dejó paso a la sorpresa y una vez más, al temor. Temor de lo que sus padres podrían hacerle a Willow o su familia. Esta vez no pudo disimular y dio un respingo volteando a ver a sus padres que se alzaban sobre ella como dos sombras largas acechándola.
-Nos aseguraremos de que la niña no sea admitida nunca en Hexside- Continúo Odalia- Ahora ve y trata de no armar una escena.
…
-Todo está bajo control- Dijo Catra mirando al monitor que proyectaba la figura de Hordak. Su rostro le dolía ¿quién iba a decir que disimular una sonrisa costara tanto? Se preguntaba mientras sus ojos le ardían y luchaba contra sí misma por mantener el control.
-Bien-. Respondió Hordak a través del monitor- Etheria será nuestra al fin-. La transmisión se cortó. Su respiración comenzó a acelerarse, intentó controlarla, no quería hacerlo; odiaba con toda su alma que eso le pasara. Sus ojos ahora le ardían más y no sabía si era por los ahora ya 5 días que llevaba sin dormir o porque era algo inevitable lo que venía. Su cabeza, no, su cuerpo le pesaba. La tiara que hace le fue entregada y que cubría su frente casi todos los días desde entonces parecía pesar ahora una tonelada y aunque logró controlar su respiración ahora su cuerpo se sentía débil.
Respiró con dificultad por la boca y llevó sus manos a su tiara, sin dificultad se la quitó y la dejó caer al el suelo. El ruido que hizo no fue muy grande pero para ella fue como si una nave insignia de la flota naval hordiana cayera de repente del cielo. Aun habiéndose librado del peso que le suponía para su cabeza la tiara, se dejó caer sobre sus rodillas y sus brazos. Sentía que ya venían. Se llevó las manos a la cabeza e incapaz de levantar la mirada, en esa posición tan patética, las dejó salir. Las lágrimas caían de sus ojos. Como odiaba llorar, lo odiaba con todas las fuerzas que tenía. Lo hizo cuando "ella" se fue, lo hizo frente a Shadow Weaver cuando las princesas se infiltraron en La Zona del Terror antes de que ella activará el portal. Y lo estaba haciendo ahora que todo era como siempre había querido. ¿Cómo siempre había querido?
Y así estuvo un largo rato, sola, en esa oscura habitación de comunicaciones con monitores rotos y cajas volteadas con su contenido desperdigado por doquier, deseando lo imposible a estas alturas.
…
Sunset Shimmer yacía sentada al pie de las escaleras de la Escuela Canterlot. La fachada del edificio estaba destruida y un gran cráter yacía a unos escasos centímetros de ella. Mismo cráter en el que ella había estado hace unas horas, suplicando piedad y llorando de la manera más patética posible, nunca se imaginó terminar así. De rodillas y humillada, no sabía si las lágrimas o el remordimiento eran reales, solo sentía que debía decirle a la Princesa Twilight lo que le dijo. ¿Realmente se arrepentía? No lo tenía claro. No tenía nada claro. El Baile de Otoño había terminado hace unas horas ya y ella seguía ahí. No porque de verdad quisiera.
No había señas de heridas graves, solo unos cuantos rasguños que no eran la gran cosa, la verdad. Aun así su piel le ardía como si estuviera quemando. El ponerse de pie era algo realmente doloroso y el caminar lo era aún más. Si bien se sentía dolorida y acabada, en más de un sentido, sentía como el ardor poco a poco menguaba por lo que decidió que cuando fuera tolerable para ella el poder ponerse de pie y caminar se iría y descansar lo que pudiera pues la subdirectora Luna la había designado a ella y sus dos esbirros, Snisps y Snails, a reparar la entrada de la escuela. Cosa que le pareció un poco raro ¿quién pone a unos estudiantes a hacer estos trabajos? Merecían un castigo, sí, pero ponerlos a reparar a un edificio es trabajo de alguien más, no de ellos y menos si su experiencia era nula pero no estaba en posición de quejarse.
Su vista pasaba del ahora cerrado portal a la luna y las estrellas, 2 años planeando todo esto y se le había ido de las manos. No tuvo previsto que la princesa despertara y que la corona terminaría en manos de Fluttershy y que esta se le entregaría a la Directora Celestia. Todo de ahí fue en picada y todo lo que hacía, desde la campaña de desprestigio hacia Twilight y el atraerla hacia el portal para chantajearla, fue mera improvisación. No creyó de verdad que amenazarla con destruir el portal funcionaría, era estúpido. Es decir necesitaba la corona y el portal para que todo funcionara. Se desconocía por completo, estaba actuando de forma arbitraría ¿era su desesperación por obtener la corona lo más rápido posible? Tal vez. Y ahora estaba ahí sentada, derrotada, humillada y dolorida; con el orgullo destruido. Tenía muchas cosas en las que pensar ¿qué iba a hacer ahora? No podía regresar a Equestria y aunque quedarse era su única opción nadie la quería, aunque no es que le importara lo que los otros pensaran de ella ¿o sí?
Aunque dentro, muy dentro, de ella estaba esa espinita que le fastidiaba. Esa sensación de culpabilidad. No quería pensar en eso, ya se lamentaría del pasado llegado el momento y ese momento no era ahora. Debía hacer un plan, debía reparar la fachada de la escuela, eso era obvio (al parecer) o sino podían enviar a las autoridades a buscarla y podrían descubrir que todos sus papeles y documentos eran falsos, lo que llevaría a una investigación mucho más profunda y no podía tan siquiera empezar en concebir lo que pasaría después con ella. De repente le llegó el recuerdo que hace unos 8 meses se había visto a sí misma con unas maletas subiendo a un taxi. Su yo de este mundo andaba por ahí y registrada como una ciudadana y eso era un problema que no había considerado hasta ahora.
-Todo esto es mierda-. Se dijo para sí misma
Y ahora se sentía pérdida, por alguna razón, no sabía que iba hacer ni lo que iba a pasar con ella. Solo sabía que tenía frío, estaba cansada, le dolía todo y odiaba a todos. Y aun así no pude evitar sentir pesar y remordimiento por todas las malas decisiones que había tomado hasta ahora y todas las que pudiera tomar de ahora en adelante.
…
El enorme telón rojo que cubría el escenario yacía frente a él y se movía tenuemente con el viento. Oía el sonido de miles de pasos firmes marchando y deteniéndose de pronto. Se sentía nervioso, las manos le temblaban un poco y su respiración estaba algo agitada; no estaba seguro de hacerlo. Levantó la mirada y pudo ver que uno de los reflectores de luz de afuera ilumino el estampado en el telón, el emblema de la causa a la que había jurado servir hasta sus últimos días. Dos espadas cruzadas rojas detrás de un escudo negro sobre un campo blanco.
-¡Atención! ¡Firmes!
El momento había llegado, avanzó e hizo a un lado una parte del telón para poder pasar. Su paso era lento pero firme, el cielo estaba nublado y parecía que había más viento que antes, era frío como frío era su semblante. Se detuvo frente al estrado con un micrófono y delante de él yacían 10,000 soldados, todos ellos con armaduras grises. Soldados quienes lo miraban y otras miles de almas más que escuchaban a través de la radio, televisión o lo que fuera que les permitiera escucharlo. Se voltea ligeramente para ver una vez más el emblema plasmado en el telón y en otros dos estandartes rojos que ondeaban al viento. Fija su mirada en todos los presentes frente a él y habla:
-Queridos hermanos, hijo e hijas del Reino de Leraos. Me presento hoy ante ustedes para que juntos demos el primer paso en el camino que nos conducirá hacia una nueva era. Nuestro hoy poderoso reino, que fue construido por la sangre, sudor y lágrimas de nuestros honorables ancestros; se aventura hacia más allá de los límites establecidos por la naturaleza en su sabiduría. ¿Por qué? Porque haya afuera hay seres que nos ven a nosotros y los hermanos que hemos conocido como seres inferiores. Insectos que están por debajo de su suelo. Seres avariciosos que han tomado un don dado por el Infinito mismo y que ellos consideran que le pertenece. ¡Hoy nos declaramos en abierta cruzada contra aquellos que han robado el don más excepcional del Infinito lo han usado de manera egoísta! ¡Contra aquellos que no han conocido el valor de ganarse su derecho a poseer y que nos hacen de menos a nosotros que luchamos constantemente para mantener firmes los pilares sobre los que se han construido los valores de nuestra sociedad! Y codo con codo con nuestros hermanos que comparten nuestro sentimiento de justicia le daremos a todos que estén más allá lo que les corresponde por derecho ¡Lo que nos corresponde por derecho! Lucharemos contra la tiranía de estos ambiciosos seres y finalmente nos haremos de un lugar en la historia del todo ¡Y nunca más nadie que se nos una será visto como inferior! ¡NUNCA MÁS!
Los vítores, aclamaciones y regodeos de todos los soldados se levantaron y la voz del viento fue silenciada por el grito al unísono de miles de personas que clamaban hacia los cielos esperanzados y dispuestos a enfrentar la tormenta que se les vendría. Sus manos levantadas al aire clamando por victoria y gloria mientras los estandartes ondeaban al viento y Glosar Stempler veía con ojos orgullosos y esperanzados desde el estrado de ese escenario como miles se les unirían por aquello que era justo. Y tomando el micrófono con su mano derecha vocifera:
-¡NOSOTROS!
Y su clamor es respondido por miles de voces llenas de júbilo:
-¡PROTEGEMOS EL CAMINO!
-¡NUESTRO SOL!
-¡BRILLA FUERTE!
