Resumen:

El frágil corazón de un Omega muere cuando el poderoso corazón de su Alfa enlazado deja de latir.

Y es que, cuando un Alfa muere, el Omega al que se unió perece inevitablemente. Su salud y su vida entera se consumen como flamas tiernas e inermes cuya luz decae en la oscuridad de la tragedia y el duelo, mientras su cordura se desmorona silenciosa y tambaleante. Finalmente, su calor se extingue por completo ante el mundo que, extraño y gélido, observa en silencio su cruel destino.

Porque el Omega, sin su pareja, es criatura frágil de delicada condición, no resiste el embate caótico del dolor y se arranca el corazón.

Esta, sin embargo, es la historia de cuando un Alfa pierde a su Omega.

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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a Sayo Yamamoto y Mitsurō Kubo, pero la historia sí es totalmente mía. No se admiten plagios ni re-publicaciones.

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Tags: Romance / Paranormal / Angustia / Drama / Tragedia romántica / Alternative Universe / Omegaverse / BL / Yaoi / R18 / Victuuri / Yuri on ice

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Capítulo 1: «You broke my heart again»


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«Creo que rompiste mi corazón otra vez».

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Hoy te vi, una vez más, justo al atardecer.

Yo tomaba un café junto a la ventana de aquel local, y tú pasaste sin prisa por la acera.

Tus pasos lentos, tus ojos bellos, tu cabello revuelto, y tu rostro maquillado de melancolía.

Te miré y regresé la vista de vuelta hacia mi café sobre la mesita.

Un segundo después, caí en cuenta.

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«¿Yuuri?».

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Le preguntó este corazón mío al cerebro en mi cabeza, y mis ojos volvieron a mirar para confirmar.

Pudimos, todos, ojos, corazón, cerebro y yo, vislumbrar el filo de tu abrigo meciéndose en el viento, ya yéndote y ya muy lejos.

Mis pies dijeron: «¡Corre, alcánzalo!».

Mis brazos secundaron entusiasmados la moción y asintieron.

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«¡Date prisa!».

«¡Envuélvelo!».

«¡Atrápalo!».

«¡Nunca lo dejes ir!».

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Justo en ese instante, mi cerebro nos detuvo a todos con sus pensamientos.

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«¡Silencio!».

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Nos ordenó, triste y cansado.

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«Ahora "Yuuri Katsuki" es tan solo un nombre adornando una pálida lápida gris».

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Nos aseguró.

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«Déjalo ir».

«He estado débil y enfermo».

«Es por eso que el anhelo hecho de recuerdos tomó forma por un instante ante estos ojos cansados».

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La razón me ruega que vuelva a mi café, que concentre mis atenciones en la tacita frente a mí. Me suplica que siga, tranquilo y sereno, sobre mi silla.

Entonces giro la vista de inmediato, y finjo que no le he visto.

Finjo que no se me llenan los ojos de lágrimas, finjo que no luchan por derretirse.

Finjo que trescientos sesenta días fueron suficientes y que sus frías ocho mil seiscientas cuarenta horas lograron, al fin, sedarme.

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«"Yuuri" ya no es real».

«Aún si le pides que lo sea».

«Las súplicas terrenales no llegan al cielo, no le llegan, no las escucha».

«"Yuuri" ya no existe más».

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Susurra mi mente, y se lo repite como un mantra en silencio.

Mi corazón desbocado siente lo contrario.

Llora, sangra y se aturde por completo.

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«¡Yuuri fue real!».

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Grita, arañando mi pecho, furioso, desesperado y enloquecido.

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«¡Fue bello!».

«¡Fue grande!».

«¡Fue todo lo que yo quería! ¡Todo lo que amaba!».

«Fue mi adorado, mi querido, mi sacrosanto…».

«Mi amado».

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Respirar profundamente no calma el dolor, lo sabes mejor que nadie.

Frágil, torpe e inconsciente rememoro una vez más tu andar.

Al llegar a casa, acostado en la cama, rememoraré también tus besos y tu silueta.

Me ahogaré en el dolor y tomaré todo lo dulce y embriagante que pueda encontrar en la cocina, quizá buscando en cosas banales el sabor de tu bella boca.

Acariciaré los lugares que tú acariciabas y fingiré que son tus traviesos dedos los que juegan danzando sobre mi piel.

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«Por favor no te vayas».

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Y lloraré.

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«Toma mi mano».

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Lloraré demasiado y demasiado profundo.

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«Quédate conmigo, cariño».

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Así, al final, cuando llegue la mañana, sabré que el miedo y yo nos volvimos a encontrar solos, tristes y abandonados, encerrados en nuestra habitación. Aquella en la que no estás.

Mi mano entumecida se habrá quedado esperando una dulce caricia que no llegó y no llegará. No importará cuánto ruegue, romperás mi corazón, lo pulverizarás.

Corriste sin mí y me dejaste atrás. Te elevaste por encima del mundo, de sus penas y de sus amores. Huiste de mí.

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«Perdóname, Yuuri».

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Susurraré, una vez más.

Pero todo tiene remedio.

Todo.

Excepto la muerte.

Así que, todas las súplicas, todos los «por favor, vuelve», «regresa a mí», «no me dejes», serán arrastrados por el viento. Serán revueltos, esparcidos, y olvidados, sin pena ni gloria, como un puñado de arena arrojado al mar y a su vasta inmensidad.

Perdóname, Yuuri.

Porque no fui suficiente.

Porque no pude arrancarte de los crudos brazos en los que te envolvió el frío y la oscuridad.

Porque ahora, ahora que es tan tarde y no sé qué hacer, solo puedo gemir un «te amo» ahogado en llanto y casi inaudible.

Y esperar a que, en algún momento, cuando vaya otra vez de visita, la lápida gris me responda y me diga «solo está dormido, no quiere despertar porque está soñando contigo».

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Gracias por leer~

Canción del capítulo:

"You broke my heart again" de Teqkoi ft. Aiko


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