Autor Original: IncessantOblivion

ID: 1416422

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Números

Canción de Oikawa:

Es mejor que me hagas mejor

-"Numbers", Daughter

Canción de Iwaizumi:

Puedo escucharlo en tu voz

Puedo verlo en tus venas

-"Tired Tiger", Moving Mountains

Iwaizumi Hajime miró con abstracto asombro la cabeza de pelo castaño ondulado que se movía hacia arriba y hacia abajo entre sus piernas y se maravilló de cómo su vida había acabado de esta manera, que el príncipe heredero de Aoba Johsai le estaría haciendo tan cosa. Iwaizumi Hajime, nada más que un simple caballero utilizado graciosamente en la protección del reino, plebeyo de nacimiento.

Quizás, sin embargo, no era algo tan extraño si consideraba quién era el príncipe heredero de Aoba Johsai. Oikawa Tooru, el hombre que conocía desde que nació, su mejor amigo desde que había pensado conscientemente, su confidente, su amante durante casi tres años.

Iwaizumi gimió profundamente cuando Oikawa succionó su dura longitud profundamente en su boca hasta que golpeó la parte posterior de su garganta. Iwaizumi agarró un puñado de ese pelo castaño ondulado para poder controlar los movimientos de Oikawa. A Oikawa le gustaba molestarle e Iwaizumi nunca había tenido la paciencia – ni la fortaleza – para ello. Además, siempre había preferido tener el control, y Oikawa siempre lo había recibido con entusiasmo.

Por eso era tan inusual que Oikawa hiciera esto por él. A lo largo de los años, se habían adaptado más o menos a un patrón de comportamiento regular. Cuando Oikawa lo necesitaba, Iwaizumi acudía a él y satisfacía esa necesidad. Nunca fue al revés, Iwaizumi nunca permitió que lo fuera. Porque a pesar de quién era Oikawa como hombre, también seguía siendo un príncipe heredero, así que aunque era aceptable que Oikawa le pidiera esto a Iwaizumi, Iwaizumi nunca consideraría – nunca lo había considerado – la idea de hacer lo mismo.

Sabía que Oikawa deseaba que su relación fuera más recíproca, sabía que Oikawa quería que Iwaizumi dependiera de él tanto como él dependía de Iwaizumi – tanto sexual como emocionalmente – pero también sabía que Iwaizumi no cedería en esto. Sabía que la única manera en que lo tendría era si era así; Iwaizumi simplemente era un objeto a disposición de Oikawa.

No importaba cómo se sintieran el uno por el otro, que Oikawa amaba a Iwaizumi tan ferozmente como Iwaizumi lo amaba a él. Nunca le había importado. Así había sido siempre, desde el principio.

El principio, ¿eh? Iwaizumi pensó con una media sonrisa cínica y apoyó la cabeza hacia atrás, con los ojos mirando inexpresivamente al techo mientras Oikawa seguía trabajando en él de manera experta.

"Todo había comenzado por la necesidad de Oikawa y por incapacidad de Iwaizumi de negarle todo lo que necesitaba. Una pequeña sonrisa, una más genuina esta vez, apareció en los labios de Iwaizumi al recordar esa noche que se sentía tan lejana ya.

Habían estado en guerra con Karasuno en ese momento, un viejo país que se había debilitado con el tiempo. Sin embargo, de repente se había vuelto más fuerte con la ascensión del nuevo y habilidoso rey experto en el arte de la guerra y su caballero que era casi incomparable en el campo de batalla, a pesar de su corta edad y pequeña estatura. Aoba Johsai y Karasuno se habían involucrado en algunas escaramuzas fronterizas durante los años anteriores a la guerra – escaramuzas que Iwaizumi había ayudado a reprimir por sí mismo – pero se había convertido en una guerra en toda regla el año en que él y Oikawa cumplieron dieciocho.

Oikawa había sido enviado al frente de batalla para demostrar su valía e Iwaizumi había sido enviado con él para mantenerlo con vida. Había un heredero alternativo al trono – la hermana mayor de Oikawa tenía un hijo – pero la vida de un príncipe heredero, aparente heredero, siempre estaría protegido a toda costa independientemente.

Oikawa, Iwaizumi y el resto de la guardia personal de Oikawa habían sido lanzados a la batalla casi inmediatamente después de su llegada, y qué batalla había sido. Karasuno había sido despiadado, astuto y nunca se rindió, ni siquiera frente a un número menor y una mayor experiencia. Habían logrado obligar a Aoba Johsai a retirarse. La única razón por la que no habían sido eliminados por completo se debió a Oikawa y su incomparable habilidad como estratega.

Oikawa había emergido de esa batalla como un héroe, pero con el espíritu roto. Iwaizumi, como siempre, tuvo la tarea de arreglarlo. No era una tarea que alguien le hubiera pedido específicamente, pero si una para la que siempre se había ofrecido como voluntario. No podía imaginarlo de otra manera. Pero ese día, el proceso de arreglo de Oikawa había ido en una dirección inesperada.

Hace tres años…

Iwaizumi dejó que lo último de su pesada y enorme armadura cayera al suelo, soltando un suspiro de alivio al liberarse de su peso y restricción. Sintió que podía respirar adecuadamente por primera vez en ese día. Estaba muy acostumbrado a la sensación, esta no había sido su primera batalla, pero había sido una de las más sangrientas. Y la primera de Oikawa.

Mierda, no hay forma de que esté bien, reflexionó Iwaizumi mientras caminaba hacia su palangana de agua que lo esperaba. Hundió la cabeza directamente en el líquido tibio, deseando que estuviera más frío, en un intento por deshacerse de algo de la sangre que parecía haberse filtrado por todas sus grietas.

Tanta sangre hoy. Demasiada. Mientras el agua ensangrentada corría por su rostro en gruesos riachuelos, Iwaizumi levantó la mano y la miró, preguntándose distraídamente cuántas personas la cubrían con su sangre hoy. También hundió las manos en la palangana, aunque ya estaba teñida de rojo con la sangre de su pelo; había perdido el casco en algún momento del día, un mal hábito suyo. Oikawa lo necesitaría pronto y lo último que necesitaba era aún más sangre.

Iwaizumi solo había logrado limpiarse las manos y la cara cuando Matsukawa entró en su tienda. Iwaizumi no alzó la mirada, solo observó el remolino de agua roja frente a él, temiendo lo que vendría después porque por una vez no estaba seguro de qué hacer para ayudar a Oikawa. Despreciaba sentirse tan impotente.

"¿Oikawa finalmente regresó a su tienda?" preguntó Iwaizumi con cierta frustración. A pesar de estar al borde del agotamiento mental y físico, Oikawa había insistido en ir a hablar con los heridos, lo cual no era una pequeña hazaña, considerando cuántos de ellos había. Iwaizumi admiraba la dedicación y la fortaleza de Oikawa, pero también le molestaba cada momento y cada hombre que lo mantenía alejado de la privacidad que obviamente necesitaba para procesar los eventos de ese día. o no procesar. Iwaizumi no sabía con qué Oikawa se iba a encontrar cara a cara – el que quería pensar o el que quería olvidar.

"Está preguntando por ti" dijo Matsukawa en respuesta. Iwaizumi suspiró profundamente y cerró los ojos, intentando prepararse mentalmente para cualquier Oikawa que encontrara.

"Puedes irte, Matsukawa. Descansa un poco" ordenó.

Matsukawa se fue "Asegúrate de conseguir algo de descanso para ti en algún momento, Iwaizumi. Por mucho que sé que odias admitirlo, eres humano como el resto de nosotros"

La boca de Iwaizumi se torció en algo parecido a una sonrisa, pero seguramente más como una mueca "Vete a la mierda, Matsukawa"

Matsukawa se despidió perezosamente "Con mucho gusto, señor" respondió divertido e hizo precisamente eso.

Iwaizumi inhaló profundamente, una vez, dos veces, y entonces salió de su tienda para caminar la corta distancia hasta la de Oikawa – la gran y ostentosa justo en mitad del campamento. Era un milagro que Iwaizumi hubiera logrado incluso tener su propia tienda, Oikawa siendo tan cabezota con lo de compartir una. No había importado cuántas veces o de cuántas maneras Iwaizumi enfatizó el punto de que un caballero no podía compartir una tienda con un príncipe heredero, Oikawa lo había querido cerca, como siempre. Una cosa era que Iwaizumi se colara en el dormitorio de Oikawa cuando era un niño, cuando eran jóvenes e inocentes y era inofensivo, pero era algo completamente diferente ahora porque en este momento no eran ninguna de esas cosas y estaba lejos de ser inofensivo.

Iwaizumi se había negado a colarse en los dormitorios de Oikawa desde que tenía dieciséis años, a pesar de todas las incesantes súplicas, halagos y manipulaciones de Oikawa, que no habían cesado ni siquiera hasta el día de hoy. Oikawa fue muy persistente.

Poco después de la muerte de su padre, Iwaizumi se deslizó en las habitaciones de Oikawa por última vez. Incapaz de mantener a raya las pesadillas, se coló en la cama de Oikawa porque eso siempre había hecho que las pesadillas desaparecieran, desde que comenzó a tenerlas a los quince – desde que comenzó a luchar en batallas y guerras junto a su padre, desde que descubrió lo que significaba quitarle la vida a otro hombre.

Había sido una noche calurosa de verano y en el transcurso de la misma, Oikawa se había quitado la camisa y pateado las mantas hasta sus pies. Iwaizumi se había despertado primero, como siempre – un esfuerzo consciente de su parte ya que Oikawa era una de esas personas molestas que disfrutan de despertarse con el sol y tenían una sobreabundancia de energía. Con el tiempo, había entrenado su cuerpo para despertarse antes del amanecer, principalmente porque necesitaba escaparse de vuelta a su propia habitación antes de que gran parte de la familia se despertara, pero también porque hubo una vez que Oikawa se despertó primero y usó tinta para teñir patrones en crudo en la cara de Iwaizumi que no habían desaparecido en dos días. Claro, le había dado a Oikawa una paliza tal que era poco probable que intentara eso de nuevo, pero Iwaizumi sabía muy bien que a veces el sentido de la travesura de Oikawa abrumaba su sentido común.

Se había despertado esa mañana mientras la luna todavía iluminaba suavemente la gran cama y miraba el cuerpo dormido de Oikawa a su lado. Y siguió mirando. Mientras recorría con su ojos la piel desnuda de Oikawa, se había dado cuenta de que el cuerpo de Oikawa había evolucionado del de un niño al de un hombre sin que Iwaizumi se diera cuenta. Había supuesto que eso era lo que pasaba cuando veías a alguien casi todos los días, no te percatabas de esos cambios graduales.

Oikawa siempre había sido algo alto y delgado en comparación con la amplitud y musculatura de Iwaizumi, pero sus hombros se habían ensanchado y conseguido más volumen que antes, más músculos curvados a lo largo de sus hombros y pecho, a lo largo de sus brazos y abdomen. Era el cuerpo de un hombre y las entrañas de Iwaizumi se tensaron al verlo. Entonces Oikawa suspiró mientras dormía y volvió la cabeza en dirección a Iwaizumi y era como si Iwaizumi viera su rostro por primera vez.

Siempre había sabido de una manera abstracta que Oikawa era hermoso. Todos, incluido Oikawa – especialmente Oikawa – siempre lo habían dicho y supuso que era de conocimiento estándar a la hora de catalogar la simetría de la cara de alguien. Sin embargo, como todo lo demás con Oikawa, se había acostumbrado con el tiempo. Sus sonrisas cegadoras y sus grandes ojos marrones y sus sonrisas cómplices y su piel suave e inmaculada no habían tenido ningún efecto en Iwaizumi. Pero en ese momento, la belleza de Oikawa de repente significó algo para él. Entonces no supo que significaba ese endurecimiento en su estómago, qué significaba el rubor de su piel. Todo había sido tan nuevo para él.

Sin pensarlo conscientemente, Iwaizumi levantó la mano y trazó los suaves y afilados contornos del rostro dormido de Oikawa. Había llegado a los labios de Oikawa antes de darse cuenta de lo que había estado haciendo, la suavidad de ellos lo tomó por sorpresa. Retiró su mano como si se hubiera quemado, preguntándose qué narices había estado haciendo.

Recordó estar sentado allí, la mente aturdida en silencio, corriendo sin producir ningún pensamiento consciente, mirando a Oikawa mientras el solo se elevaba lentamente sobre el horizonte. Solo se había recuperado cuando Oikawa había comenzado a moverse inquieto, su rutina inconsciente habitual antes de despertar. Sin realmente decidirlo, Iwaizumi casi había salido corriendo de las habitaciones de Oikawa, se había parado en su propia habitación solo el tiempo suficiente para coger su equipo de montar y recoger sus armas, y luego se fue directamente a los establos. Había montado en su semental Gojira y cabalgó hasta la ciudad más cercana a la Ciudad Real.

Iwaizumi nunca se había dedicado a prostituirse como todos los demás miembros del ejército y la Guardia Real. Oikawa se había acostado por primera vez con una mujer, una mujer mayor, esposa de uno de los Lores, de treinta y un años, cuando tenía catorce años. Iwaizumi sabía esto porque Oikawa se le acercó a la mañana siguiente, sonriendo de oreja a oreja, y se lo dijo. Iwaizumi recordaba llamar basura a Oikawa y darle un puñetazo en la cara por acostarse con una mujer casa. Oikawa no se había acostado con una mujer casada desde entonces, aunque ciertamente se había acostado con una plétora de solteras.

Iwaizumi siempre había pensado que su aversión a prostituirse tenía algo que ver con sus padres, a quienes nadie podía acusar de estar felizmente casados, principalmente debido a las constantes infidelidades de su padre. Sus padres habían caído en la lujuria a una edad temprana y se casaron poco después. Cuando el brillo del enamoramiento se apagó, su madre se encontró como la doncella de una reina egoísta y egocéntrica y con un bebé en el vientre. Había estado atrapada en una vida que no había deseado del todo y se había resentido con el padre de Iwaizumi por ello hasta el día en que murió.

Mientras que el padre de Iwaizumi había salido de campaña en campaña, Iwaizumi había escuchado hablar de todos los males de su padre a través de su madre. Pero era difícil disuadir a un niño de la adoración hacia su padre como un héroe, especialmente cuando ni siquiera entendía lo que era prostituirse o lo que significaba tener amantes. Sin embargo, Iwaizumi se había enterado muy pronto, después de que su padre lo hubiera llevado a un burdel por su decimotercer cumpleaños. Iwaizumi había escapado del lugar, cabalgó de vuelta al castillo en su caballo y corrió llorando a los brazos de su madre, quien entonces tenía aún más munición para usar en su guerra de palabras contra su esposo.

Su padre había sido un buen hombre, en cierto modo. Había sido amable, tranquilo y estable. Nunca había dicho una mala palabra sobre nadie, ni siquiera sobre su esposa, que tan abiertamente decía lo peor de él – aunque por una buena razón, uno podría discutir fácilmente. Quizás había pensado que le debía al menos eso. También había sido un padre decente en el sentido de que la había inculcado a Iwaizumi lo que significaba servir a su rey con honor, lealtad y sin dudar, aunque Iwaizumi nunca había logrado la parte de 'sin dudar' con Oikawa. Todos lo demás que Iwaizumi había aprendido sobre lo que significaba ser un hombre honorable, no solo caballero, provenía de observar a su padre y decidir que él sería lo contrario.

La profesión de la prostitución tampoco le había sentado bien. Sabía que estaba demasiado arraigada en su sociedad como para ser abolida, pero como estaba sin regular, permitía el grave maltrato de quienes trabajaban en la industria. Con demasiada frecuencia, eran los pobres y los vulnerables los que eran víctimas de ser cazados y de los que se aprovechaban.

Así que la prostitución no era una opción para él. Además, el cuerpo femenino nunca había atraído a Iwaizumi de la misma manera que parecía sentirse atraído por otros hombres. Claro, apreciaba su forma, pero nunca había tenido ningún deseo real de mirarlo más de cerca, de tocar, saborear y descubrir. Así que tampoco había ido nunca a buscar un encuentro sexual gratuito. Algunas damas de la corte casadas le habían hecho proposiciones, pero él siempre las rechazaba sobre la base de su matrimonio y no había pensado mucho en lo mucho que nunca se había sentido tentado por ninguna de las ofertas. Quizás había pensado brevemente de vez en cuando que quizás debería probarlo para estar seguro, pero nunca le había parecido un problema urgente. Había estado demasiado ocupado saliendo en campañas con su padre y ocupándose de Oikawa, limpiando todos los desastres que provocaba mientras avanzaba por la vida sin preocuparse por todo lo demás. Además, siempre se había enorgullecido de su férreo autocontrol, por lo que controlar su libido – siempre que surgía y generalmente en los momentos más inusuales – nunca había sido muy difícil.

Esa mañana, sin embargo, de repente se había convertido en un problema urgente. Necesitaba averiguar por qué había reaccionado al cuerpo de Oikawa cuando nunca había reaccionado al de nadie más. Su primer paso había sido encontrar compañía femenina sin pagar por ella. Había sido bastante sencillo elegir una posada y coquetear con la camarera en la taberna. No había perdido tiempo en invitarse a sí misma a sus habitaciones esa misma noche. Iwaizumi se había emborrachado casi hasta el estupor en nerviosa preparación, así que cuando no pudo levantarse, pensó que se debía a su severa embriaguez. Así que a la noche siguiente había ido a una taberna diferente en una posada diferente y había hecho casi lo mismo, excepto que esta vez no había tomado más de dos jarras de cerveza, una cantidad que no afectaría a su estado en absoluto. Sin embargo, había ocurrido lo mismo… o mejor dicho, no había ocurrido.

Esto le había obligado a darse cuenta de que no se sentía atraído sexualmente por las mujeres en lo más mínimo. Su siguiente incapacidad para siquiera imaginarse la intimidad con un hombre que no fuera Oikawa, lo había convencido de una verdad inevitable: estaba enamorado de su mejor amigo, el príncipe heredero de Aoba Johsai. En otras palabras, estaba jodido.

Había utilizado el viaje a casa para apuntalar sus defensas. No podía actuar de manera diferente, no podía reaccionar a las sonrisas de Oikawa, no podía excitarse cuando Oikawa le pasaba el brazo por los hombros como solía hacer, no podía mirarlo fijamente cuando pensaba que Oikawa no estaba mirando, no podía sonrojarse al ver su torso o cuerpo desnudo – ya que Oikawa no era de los modestos – y no podía, nunca podría, decirle a Oikawa como se sentía. Porque incluso si Oikawa alguna vez se sintiera de la misma manera, no importaría. No solo eran dos hombres, eran de mundos completamente diferentes, a pesar de que esos mundos habían chocado de una manera inesperada. Ser criado junto al príncipe heredero debido a la conveniencia y las posiciones coincidentes de sus padres al servicio de Oikawa no significaba que sus mundos fueran los mismo, no estaban destinados a ser los mismos.

Siempre había existido una distancia entre ellos desde que nacieron. Ambos sabían que estaba ahí, pero Oikawa se había negado obstinadamente a reconocerlo, y mucho menos a prestarle atención. Pero claro, Oikawa era el príncipe heredero. Iwaizumi nunca había tenido el lujo de tanta terquedad y egoísmo. Su lugar le había sido incrustado desde que tenía memoria. Su relación con Oikawa todavía era muy poco convencional en el sentido de que Iwaizumi trataba a Oikawa como a cualquier otra persona, pero solo en espacios seguros y siempre se había dejado a Iwaizumi mantener la consciencia de lo que eran y no eran esos espacios seguros. Oikawa actuaba como quería independientemente, pero la forma en que Iwaizumi respondía al empalagoso afecto de Oikawa o las incitaciones infantiles dependía por completo de dónde se encontraban en ese momento. Porque Iwaizumi sabía que el padre de Oikawa, el rey, solo haría la vista gorda ante su amistad poco convencional siempre que mantuvieran el decoro adecuado en público. Sin embargo, intentar que Oikawa cumpliera con esas reglas – era una lección de futilidad, por lo que Iwaizumi tenía que mantenerla para ambos, para la eterna frustración de Oikawa.

Mantener ese decoro fue la razón por la que Iwaizumi se negó a compartir una tienda en la campaña con Oikawa, en su primera campaña, incluso sabiendo cuánto lo necesitaba Oikawa allí para su continua tranquilidad. Era demasiado arriesgado. Estaban rodeados de hombres desconocidos, la mayoría de los cuales no eran conscientes de la naturaleza de su relación, la cercanía de su amistad – una palabra que siempre había parecido demasiado pequeña para captar lo que sea que él y Oikawa eran el uno para el otro. Las únicas personas que sabían de todo eso eran el resto de la guardia persona de Oikawa. Era solo alrededor de ellos que Oikawa e Iwaizumi podían relajarse. Estos hombres se habían ganado la confianza de Iwaizumi hace mucho tiempo – la confianza de que no chismorrearían y también de que eran capaces de separar al Oikawa como hombre del Oikawa como príncipe. También tenían que saber en qué situaciones trata a Oikawa como un hombre o como un príncipe, y aunque había habido algunos líos en el camino, más o menos lo habían descubierto después de dos años y medio.

Sin embargo, no fue solo una cuestión de decoro lo que hizo que Iwaizumi discutiera fervientemente en contra de compartir una tienda de campaña durante esta campaña. Todavía estaba enamorado de Oikawa, dos años después y sin signos de desaparecer, aun que no es que lo hubiera esperado. Iwaizumi no había compartido habitación con Oikawa desde esa fatídica noche porque aunque poseía una cantidad de autocontrol casi inhumana, no tenía tanto. Lo usaba todo para obligarse a no reaccionar cuando Oikawa lo tomaba como guardia para sus muchas relaciones románticas con mujeres. Lo usaba todo para mantener su rostro impasible mientras escuchaba los sonidos de Oikawa haciendo el amor con alguien más en la habitación de al lado, semana tras semana, tras mes, tras año. Ahora era una segunda naturaleza, matar la parte de sí mismo que quería marchitarse por dentro en cada ocasión.

Pero eso no fue lo peor. Lo peor era que Oikawa también estaba enamorado de él.

Cuando Iwaizumi se dio cuenta por primera vez de que amaba a Oikawa, había regresado al castillo esperando que Oikawa se cabreara con él por haberse ido inesperadamente, sin decirle a nadie a dónde había estado yendo y cuándo regresaría. Pero no lo había hecho. Simplemente le sonrió con tristeza y continuó como si Iwaizumi hubiera estado allí todo el tiempo. Había actuado con Iwaizumi exactamente de la misma manera que siempre, pero incluso la mejor actuación del mundo no sería capaz de ocultar o disfrazar la nueva conciencia que crepitaba en el aire entre ellos. Incluso si lo hubiera hecho, esa primera sonrisa triste le había dicho a Iwaizumi todo lo que necesitaba saber.

Oikawa también estaba enamorado de él y lo había sabido desde hace tiempo. Seguramente también había sabido de la reciprocidad de Iwaizumi antes que Iwaizumi, un pensamiento que había frustrado a Iwaizumi eternamente.

Siempre había odiado cuando Oikawa sabía algo sobre él antes que él mismo, simplemente porque lo hacía sentir como el más tonto del mundo. Oikawa era el inteligente. Iwaizumi era inteligente a su manera, pero estaba más en los reinos de conciencia espacial y el sentido común. La mente de Oikawa era aguda, interpretaba situaciones sociales y se adaptaba a ellas con tanta facilidad como respiraba. La suya era el tipo de inteligencia adecuada para un rey, el tipo de inteligencia mucho más llamativa, dramática y abierta. El único método de Iwaizumi para mantener algún sentido de igualdad intelectual con Oikawa era su extraña manera de conocer a Oikawa más de lo que Oikawa se conocía a sí mismo. Era en la forma en que podía sentir su estado de ánimo y lo que estaba pensando a partir de un ligero cambio en su tono, una pequeña diferencia en su postura o expresiones faciales, la forma en que podía ver a través de cada una de sus sonrisas falsas.

Oikawa había llegado a depender de eso y parecía no tener ningún problema en hacerlo. Sin embargo, Iwaizumi no apreciaba que Oikawa le diera la vuelta porque hacía mucho más difícil mantener alguna forma de igualdad intelectual. También era mucho más difícil para Iwaizumi obligarse a no depender de Oikawa de la misma manera en que Oikawa lo hacía con él.

De todos modos, que Oikawa hubiera sabido que se amaban y no hubiese actuado en consecuencia en lo más mínimo lo decía todo. Decía que incluso Oikawa sabía que era inútil para ellos; decía que incluso Oikawa, quien generalmente no prestaba atención a las convenciones sociales y al decoro cuando se trataba de Iwaizumi, sabía que esto estaba cruzando una línea marcada e inconfundible. El príncipe heredero no podía asociarse con un hombre y ciertamente no podía hacerlo con el capitán de su guardia persona, un caballero, un plebeyo de nacimiento.

Tal vez podrían salirse con la suya si solo fuera un cortejo, pero Iwaizumi y Oikawa sabían que nunca sería tan simple, que siempre sería mucho más, significaría mucho más. Demasiado.

Sin embargo, a pesar de este acuerdo tácito de nunca abordar la forma en que se sentían el uno por el otro, de nunca reconocer la tensión sexual que electrizaba el aire entorno a ellos, de nunca comenzar algo que no podrían detener, Oikawa todavía coqueteaba con ello en cada oportunidad posible. Sinceramente, Iwaizumi se habría sorprendido más si no lo hubiera hecho. Oikawa siempre había tenido un deseo insaciable de saber dónde estaban todos los límites, parte de su necesidad de saber todo sobre todos y todo y cada situación. También era en parte causado por la inseguridad.

Por mucho que Oikawa fuera la debilidad de Iwaizumi, Iwaizumi era la de Oikawa, si no más. mientras que Iwaizumi se impedía conscientemente a sí mismo el depender de Oikawa, Oikawa era demasiado dependiente de Iwaizumi. Mientras que Oikawa generalmente confiaba completamente en su evaluación de los sentimientos de una persona por él, siempre se cuestionaba a sí mismo con Iwaizumi. Iwaizumi sabía que esto era porque nunca le dio ninguna indicación a Oikawa de que estaba enamorado de él, no lo había hecho desde ese día hace dos años. Por lo que Oikawa sabía, Iwaizumi ya no sentía lo mismo. sin embargo, Oikawa se negaba a aceptar tal resultado, por lo que constantemente empujaba a Iwaizumi a los límites de su autocontrol, solo para poder demostrarse a sí mismo que Iwaizumi todavía lo amaba. Siempre había sido un dolor de cabeza.

Así que Oikawa todavía le pedía a Iwaizumi que se quedara con él, tomando la negativa de Iwaizumi como una confirmación de sus sentimientos, a pesar de que Iwaizumi discutía en contra por decoro. El día en que Iwaizumi pudiera pasar la noche en la misma cama que Oikawa sería el día en que ya no se sentiría igual. Sin embargo, si Iwaizumi intentaba desengañar a Oikawa de esta noción reforzando cada ápice de su autocontrol y pasando la noche, de todas formas, Oikawa haría todo lo posible para asegurarse de que Iwaizumi realmente no lo amaba. Y debido a que Iwaizumi conocía a Oikawa, sabía que no sería capaz de soportar esos extremos.

Estaban en un punto muerto, uno que Oikawa constantemente intentaba romper al intentar tentar a Iwaizumi con proximidad física y una sobreabundancia de afecto. Si eso no funcionaba, recurriría a las mujeres y se aseguraría de que Iwaizumi estuviera allí para presenciarlo con la esperanza de obtener una reacción de celos. Nada había funcionado hasta ahora – el autocontrol de Iwaizumi se veía reforzado por el terror y el pánico que sentía ante la idea de que algo sucediera solo porque Oikawa quería que lo tranquilizara. No habría vuelta atrás de eso. Oikawa sabía eso, y sin embargo, era como si no pudiera evitar achuchar y pinchar a Iwaizumi de todas formas, e Iwaizumi estaba cansado de este juego, no estaba seguro de cuánto tiempo podría aguantar. Entendía por qué Oikawa no lo dejaba en paz, pero también deseaba que Oikawa dejara que esto sucediera.

Pero eso nunca sería suficiente para Oikawa, Iwaizumi lo sabía. Oikawa siempre necesitaba saber que él era la persona más importante para Iwaizumi y que Iwaizumi era suyo de alguna manera abstracta. En la mente de Oikawa, si Iwaizumi estaba enamorado de él, nadie más podría llevárselo. Además, Oikawa tenía demasiado orgullo para poder soportar estar enamorado de alguien que no lo amaba.

Cuando Iwaizumi llegó a la tienda de Oikawa, solo podía esperar que este no estuviera de humor para jugueteos hoy, que su forma de proceder o distraerse de lo que había ocurrido en el campo de batalla no incluyera irritar a Iwaizumi. Porque Iwaizumi, todavía pegajoso por el sudor y la sangre de sus enemigos, no estaba de humor para sus juegos. También estaba demasiado cansado, emocional, física y mentalmente, para apuntalar las defensas contra cualquier ataque que Oikawa pudiera pensar. solo podía esperar que Oikawa estuviera demasiado exhausto para molestarse en pensar en uno.

Entró a la tienda para ver a Oikawa de pie con la armadura completa frente a su palangana de agua, a un lado del enorme espacio. No había sirvientes a la vista, lo que no sorprendió a Iwaizumi porque a Oikawa siempre le había gustado estar solo cuando se sentía vulnerable o inseguro de sí mismo. Sin embargo, estar con Iwaizumi siempre había sido una preferencia de Oikawa a estar solo.

Iwaizumi consideró brevemente empezar con un insulto, pero la frágil forma en que Oikawa se estaba sujetando le hizo decidir que no era el momento adecuado para intentos a medias de hacer bromas malas. Entonces Oikawa se giró y el corazón de Iwaizumi se estrujó ante la expresión de su rostro.

Parecía perdido.

Iwaizumi simplemente tendría que ayudar a Oikawa a encontrarse de nuevo. después de todo, eso es lo que mejor hacía. Así que Iwaizumi inmediatamente se retractó a su primer pensamiento – nada haría que Oikawa volviese en sí mismo como ser insultado.

"¡Oye, Trashykawa!" Iwaizumi gruñó mientras se acercaba a Oikawa. Luego le dio un golpecito en la frente.

"¡Ouch! ¡Iwa-chan, qué cruel!" se quejó Oikawa, pero mucho más moderado de lo que solía ser cuando Iwaizumi se ponía violento, como si su respuesta fuera más refleja debido a los numerosos años de repetir el mismo intercambio que una respuesta genuina.

"Tu pelo está totalmente plano. Pareces un idiota" declaró Iwaizumi antes de pasar sus dedos por el pelo castaño de Oikawa, ignorando la sangre que los enmarañaba mientras intentaba acercarlo a su meticuloso estado habitual.

Oikawa suspiró en silencio "Supongo que incluso un príncipe heredero puede ser víctima de los males del pelo por casco"

¿Ninguna respuesta demasiado confiada sobre la capacidad de su encanto y carisma para superar incluso las circunstancias más difíciles? Esto era peor de lo que pensaba Iwaizumi. El día en que Oikawa dejó pasar la oportunidad de provocar a Iwaizumi sobreestimándose descaradamente a sí mismo era un día que Iwaizumi nunca pensó que vería, que nunca habría querido ver. Oikawa sin su exasperante y terrible personalidad era como un cielo nocturno sin estrellas.

Por una vez, Iwaizumi estaba completamente perdido. Por lo general, si Oikawa se sentía deprimido por algo – y había habido muchas de esas ocasiones a lo largo de los años – Iwaizumi podía devolverlo a sí mismo tratándolo como una mierda. En otras palabras, tratándolo como si fuera literalmente cualquier otro ser humano; tratándolo peor de lo que Iwaizumi trataría a cualquier otro ser humano, incluso como si no hubiera nada especial en él. Hacía que Oikawa se sintiera normal, como si no tuviera el peso de todo un país descansando sobre sus hombros; le hizo recordar quién era realmente, no lo que era.

Iwaizumi miró analíticamente a Oikawa, quien miraba hacia un lado, con los ojos desenfocados. Ya estaba dentro de su propia cabeza, inconsciente de su entorno. Esto no está bien. Iwaizumi sabía que tenía que hacer algo para distraerlo, y rápido.

"Bueno, vamos a quitarte esa armadura y limpiarte, ¿vale?" ofreció. Pensó que podría mantener a Oikawa distraído con su proximidad y contacto; Oikawa siempre se ponía nervioso a pesar de sí mismo, las raras veces que Iwaizumi iniciaba algún contacto físico no esencial. Solo agregaría algunos roces de sus dedos contra la piel de Oikawa mientras lo ayudaba con su armadura. Iwaizumi confiaba en que podría arreglárselas con eso, y el estado de Oikawa cambiaría con tales medidas.

Oikawa simplemente asintió y se quedó pasivo y en silencio, esperando los cuidados de Iwaizumi. Iwaizumi se debatió en hablar, pero no se le ocurrió nada que decir. Oikawa era el hablador, no él.

Iwaizumi despojó a Oikawa lenta y cautelosamente de su capa exterior más grande y pesada de armadura metálica, desconectando sistemáticamente las pesadas placas y depositándolas a un lado. A continuación, le quitó cuidadosamente la incómoda cota de malla, sin hablar, nada más que para indicarle a Oikawa que levantara los brazos y luego se inclinara hacia adelante, ya que Iwaizumi no era lo suficientemente alto como para deslizarla verticalmente. Iwaizumi solo comenzó a prestar atención a lo que estaba haciendo cuando Oikawa estuvo bajo el acolchado de cuero atado en su pecho, estómago, espalda, hombres, antebrazos y muslos. Sería bastante simple quitarlos todos de manera superficial, pero eso no le daría a Oikawa ningún incentivo para salir de su ciclo interminable de pensamientos y volver a entrar en el mundo físico.

Así que cuando Iwaizumi desabrochó las correas de los antebrazos de Oikawa, se aseguró de que las puntas de sus dedos se arrastraran contra la suave tela de la camisa de debajo. Y cuando le quitó las almohadillas de la parte superior del brazo, pasó los nudillos por el interior del bíceps de Oikawa. La cabeza de Oikawa giró hacia el lado en el que estaba trabajando Iwaizumi y su mirada se agudizó.

Estaba de vuelta.

Para mantenerlo en el sitio, Iwaizumi repitió los mismos movimientos al otro lado, su respiración se debilitó bajo el peso de la mirada acalorada de Oikawa. Podía sentir que los inteligentes ojos de Oikawa seguían cada uno de sus movimientos, podía ver el pulso palpitante en el cuello de Oikawa, podía escuchar la tensión en su respiración cada vez que Iwaizumi lo tocaba. Iwaizumi casi podía escuchar los pensamientos girando y dando vueltas en la cabeza de Oikawa, descubriendo rápidamente lo que estaba haciendo Iwaizumi y decidiendo con la misma rapidez que no importaba antes de caer en un bendito silencio. Sintió que todo el cuerpo de Oikawa se relajaba mientras se permitía simplemente disfrutar el toque de Iwaizumi, concentrándose en eso y nada más.

La mente de Iwaizumi también estaba completamente en blanco, solo funcionaba lo suficiente para decidir cuándo tocar a Oikawa, dónde y cómo. Lo suficiente, pero no demasiado. Nunca demasiado. Pero estaba bien. esto era lo más cerca que se había permitido estar de Oikawa en meses y la primera vez que había iniciado algún tipo de contacto que iba más allá del simple afecto amistoso.

No se trataba de un afecto amistoso. Los amigos no pasaban seductoramente sus dedos, nudillos y palmas por el cuerpo de sus amigos cuando los ayudaban a quitarse la armadura. Los amigos tampoco se quedaban en silencio ni se excitaban dolorosamente mientras lo hacían.

Cuando Oikawa finalmente se quedó solo con su camisa de lino y pantalones, Iwaizumi se detuvo, miró y tragó un gruñido que amenazaba con escapar. La camisa de Oikawa estaba cubierta de sangre, empapada. Iwaizumi sabía que nada de eso era suyo, no había roturas en la armadura de Oikawa. No, esta era la sangre de todos los hombres que Oikawa había matado ese día, tanta sangre que había logrado encontrar todas las estrechas grietas entre las placas de metal y cubrirle la piel. Pintaba franjas rojas marcadas en su elegante cuello y salpicaba patrones aleatorios en la suave piel de sus mejillas.

Iwaizumi sabía que seguramente no se veía mucho mejor. Ni siquiera había pensado en cambiarse de camisa antes de venir aquí, tan acostumbrado estaba a estar vestido con ropas ensangrentadas, tan acostumbrado estaba a la sensación de sangre formando una capa dura sobre su propia piel. Esta era su vida, esto era lo que hacía, quien era. Esto nunca fue lo que quiso para Oikawa.

Quería que Oikawa permaneciera a salvo y sin ser tocado en su alta torre del castillo, no segregado del mundo sino de todos esto. Aunque quizás ese era un objetivo irrazonable, viendo que gran parte del mundo parecía estar en guerra. La única razón por la que no había sufrido un colapso emocional al pensar en Oikawa en el campo de batalla era porque tenía confianza en su propia capacidad y en la de sus hombres para proteger a Oikawa de todos los potenciales enemigos. Iwaizumi se había negado a dejar el lado de Oikawa en el campo de batalla, pero habían sido invadidos y Oikawa había tenido que bautizar su espada, después de todo. Solo habían sido el pensamiento rápido y las estrategias inteligentes de Oikawa lo que les había salvado la vida y les había hecho ganar la batalla.

Iwaizumi se dio cuenta de que había estado mirando a Oikawa durante demasiado tiempo. Oikawa estaba correspondiendo su irada, una pequeña y triste sonrisa curvando sus labios.

"Siempre me pregunté cómo te veías estos tres últimos años"

"¿Qué?" Iwaizumi no esperaba que Oikawa dijera nada. Reconocer cosas innecesarias y peligrosas verbalmente nunca había sido su proceder.

"Después de la batalla. Cuando volviste a casa te veías como siempre. Quizás algunos vendajes por aquí y por allá, especialmente al principio, pero te veías igual, como si la guerra no te hubiera afectado en absoluto. Supuse que quizás era solo porque habías tenido tiempo de calmarte en el tiempo entre la batalla y tu llegada al castillo" Oikawa hizo una pausa e Iwaizumi estaba demasiado sorprendido como para pensar siquiera en decir algo.

"Pero aquí estás, justo después de la batalla, y todavía sigues exactamente igual que siempre" se rio, pero el sonido fue quebradizo "Simplemente cubierto de sangre y del interior de la gente, por supuesto"

Iwaizumi se aclaró la garganta, incómodo "¿Cómo… cómo esperabas que estuviera?"

Oikawa se rio de nuevo, burlándose de sí mismo esta vez "No estoy del todo seguro ahora. Quizás… conmocionado, molesto, inseguro de ti mismo. Cosas que usualmente nunca eres"

Iwaizumi se encogió de hombros, sabiendo a qué se refería Oikawa "He sido todas esas cosas, pero ya no. Al menos, no lo suficiente como para no poder dejarlas de lado"

Los ojos de Oikawa se suavizaron "No es necesario que los dejes a un lado, no conmigo"

Ahí era donde Oikawa estaba completamente equivocado. Iwaizumi no podía permitirse depender de Oikawa de esa manera, porque eso llevaría a la dependencia en otras cosas. Como si sus pesadillas se calmaran con la presencia de Oikawa como lo había hecho una vez, lo que llevaría a otras cosas: cosas peligrosas y prohibidas. Cosas que se estaban gestando en el aire alrededor de ellos ahora.

"Lo que tengo que hacer es limpiarte un poco de esa sangre" respondió Iwaizumi, sin siquiera molestar en ser sutil al cambiar el tema. Oikawa sonrió, todo amargura y cinismo, y dejó pasar el tema. Sabía mejor que nadie cuándo Iwaizumi cedería y cuando no, sabía cuando había llegado a la línea que ambos se negaban a reconocer, pero ambos sabían que estaba ahí.

Sin decir una palabra, Iwaizumi se acercó a la palangana, mojó el paño provisto y se volvió hacia Oikawa para ver que ya se había quitado la camisa ensangrentada. Iwaizumi estaba bien acostumbrado a ver el torso desnudo de Oikawa así que apenas reaccionó al verlo en ese momento. Sin embargo, no lo había tocado. No en dos años.

Iwaizumi inhaló vigorosamente y se acercó a Oikawa. Sin mirarlo a los ojos, comenzó a limpiar metódicamente la sangre seca del pecho y los hombros de Oikawa. Ignoró la forma en que temblaban. Cuando comenzó a limpiar el cuello de Oikawa, notó que este tragaba profundamente y con más frecuencia de los necesario. Cuando llegó al rostro de Oikawa, sabía lo que iba a ver y sabía que rompería todas las restricciones que se había puesto a sí mismo, pero no podía hacer nada más que continuar porque, como le había indicado sin rodeos Oikawa, esto no se trataba de él, no se trataba de sus necesidades.

Los ojos de Iwaizumi se encontraron con los de Oikawa para ver que estaban llenos de lágrimas que recorrían sus caminos a través de las salpicaduras de sangre en sus mejillas. Iwaizumi usó el paño sin decir palabra para limpiarlos y quitarles la sangre, pero no se detuvieron.

"Podría haber salvado a más" susurró Oikawa con voz ronca, su voz torturada "Podría haber evitado-"

"No" ordenó Iwaizumi bruscamente. Si Oikawa comenzaba a seguir ese rumbo de pensamiento, nunca lo sacaría, nunca podría superar ese día, nunca podría dejar de repetirlo una y otra vez de ahora en adelante. Y necesitaba poder hacer eso porque eso es lo que iba a suceder. Después de todo, esto era la guerra.

"Pero…"

Iwaizumi abandonó la tela y ahuecó el rostro de Oikawa con firmeza en sus manos encallecidas por la batalla "No lo hagas. No necesitas hacerte esto, Oikawa" usó su pulgar para limpiar un nuevo rastro de lágrimas "No te dejaré"

Oikawa inhaló temblorosamente "¿Qué haría yo sin ti, Iwa-chan?"

Una de las comisuras de Iwaizumi se alzó en una pequeña sonrisa, pero sus ojos estaban completamente serios cuando prometió "Nunca tendrás que averiguarlo"

Las manos de Oikawa, previamente sin vida a sus lados, se movieron para recaer suavemente en las caderas de Iwaizumi. El pulso de Iwaizumi saltó ante el contacto, y de nuevo cuando Oikawa cerró los ojos y se inclinó hacia adelante para apoyar su frente en la de Iwaizumi.

Los ojos de Iwaizumi se cerraron por reflejo y se quedaron en el lugar, simplemente respirando el uno al otro. Iwaizumi nunca había estado tan consciente de la ubicación de Oikawa en conjunto con la suya antes, nunca había estado tan consciente de las delgadas manos de Oikawa y dónde estaban situadas, nunca había estado tan consciente de un espacio tan pequeño como el que separaba sus labios. Sabía que si abría los ojos estaría abriendo una puerta que no podría volver a cerrarse.

Así que no los abrió cuando sintió el roce tentativo de los labios de Oikawa contra los suyos, incluso cuando su corazón saltó en su pecho y el fuego encendió su cuerpo desde adentro hacia afuera. No los abrió cuando Oikawa lo besó de nuevo, más firme esta vez, más seguro, a pesar de que sus dedos presionaron desesperadamente la nunca de Oikawa. No los abrió cuando Oikawa apretó sus manos en las caderas de Iwaizumi, clavando sus dedos en la carne de la zona y susurró "Abre los ojos" No abrió los ojos, pero tampoco se apartó. Se sentía como si lo hubieran atrapado en una suspensión, incapaz de avanzar, incapaz de retroceder. Cada partícula de su ser le gritaba que abriera los ojos, que cerrara la brecha entre ellos, tanto física como metafóricamente. Pero no abrió los ojos, agobiado por años de estricto condicionamiento y demasiado miedo.

Miedo porque estaban al borde de algo desconocido y aterrador en su enormidad. Miedo porque significaban demasiado el uno para el otro como para volver de dar un paso demasiado lejos, de dar un paso más allá de la línea y entrar en lo prohibido. Miedo porque Iwaizumi lo deseaba muchísimo. Demasiado, maldita sea. Siempre había sido demasiado para ellos.

Necesitaba alejarse, necesitaba irse, necesitaba preservar el frágil espacio entre ellos.

Pero entonces Oikawa lo besó de nuevo, desesperado ahora. Hambriento. Lleno de deseo y necesidad. Iwaizumi gimió "Tooru" no sabía que el nombre de Oikawa – un nombre que no había pronunciado desde que eran niños – estaba al borde de sus labios, listo para escapar y condenarlos a ambos.

La respiración de Oikawa se atascó en un sollozo y presionó su frente más fuerte contra la de Iwaizumi, tan fuerte que era casi doloroso "Hajime, por favor. Te necesito"

E Iwaizumi abrió los ojos, porque esas fueron las tres palabras que aseguraron que Iwaizumi haría cualquier cosa, cruzaría cualquier línea, y Oikawa lo sabía. Lo sabía y, por muy infantil que pudiera ser, nunca usaría esas palabras contra Iwaizumi como parte un juego, como parte de alguna manipulación en la que se estaba involucrando. Oikawa solo usaría esas palabras si realmente las decía en serio.

Así que Iwaizumi abrió los ojos, miró los de Oikawa a unos pocos centímetros de distancia, y vio todas las cosas que había en ellos que ambos deseaban desesperadamente ver y nunca quiso saber. Y había abierto la puerta ahora; las compuertas que contenían todo lo que había reprimido durante dos años habían sido liberadas. Entonces, cuando Iwaizumi acercó bruscamente los labios de Oikawa a los suyos, fue con toda la pasión reprimida, la desesperación, el hambre, la soledad, la ira, la desesperanza, la obsesión, la alegría, el anhelo, la necesidad y el amor – un amor abrumador y que lo consume todo – que nunca antes se había permitido expresar.

No era suficiente y era demasiado a la vez. Se agarraron el uno al otro como si todas las fuerzas de la naturaleza estuvieran intentando destrozarlos. Sus brazos envolvieron el uno al otro como si fueran uno, los labios abiertos y las lenguas buscando al otro mientras sus cuerpos luchaban por mantener el ritmo con todas las emociones desbordantes que sus corazones estaban intentando comunicar. Ahora finalmente pudieron expresar lo que sentían, parecía que no sabían cómo manejarlo, incapaces de hacer frente a todo lo que estaban sintiendo. Así que Iwaizumi se apartó, depositando suaves besos contra los anhelantes labios de Oikawa y apartando tiernamente su pelo de su rostro.

Si iban a hacer esto – y era irrefutable ahora que habían demasiado lejos como para volver atrás – Iwaizumi no quería que fuera tan apresurado que apenas supiera lo que estaba pasando. Quería saborearlo, cada momento, así que cuando estuviera de vuelta en su propia cama, de vuelta a sus viejas costumbres, pudiese sacar este recuerdo cuando lo necesitara y reproducirlo una y otra vez, segundo a segundo. Tenía que durarle toda la vida.

Así que se tomó su tiempo mientras besaba el cuello de Oikawa, asegurándose de catalogar y archivar la sensación y el sabor de la piel ahí. Trazó con sus manos lentamente los contornos de las costillas y el abdomen de Oikawa, asombrado y maravillado porque finalmente estaba tocando el cuerpo de Oikawa como había deseado. Se maravilló por la forma en que la respiración de Oikawa se entrecortó mientras succionaba la piel de su cuello, la forma en que su corazón latía bajo la mano de Iwaizumi, la forma en que se estremeció cuando Iwaizumi paseó su mano por los músculos de su espalda.

"Fuera" rogó Oikawa en un ronco susurro y tiró de la base de la camisa de Iwaizumi con impaciencia. Iwaizumi rápidamente se la quitó por la cabeza y acercó el cuerpo delgado y flexible de Oikawa contra el suyo, maravillándose con la sensación de piel contra piel.

Las manos de Oikawa vagaron inquietas por la extensión de la ancha espalda de Iwaizumi mientras este agarraba su rostro y besaba a Oikawa profundamente, sumergiendo su lengua para saborear cada rincón de la boca de Oikawa. Este jadeó en la boca de Iwaizumi cuando sus ahora duras longitudes se rozaron entre sí. Iwaizumi apretó los dientes y presionó su rostro contra el cuello de Oikawa, luchando por el autocontrol.

Oikawa tomó el rostro de Iwaizumi con una mano y lo acercó al suyo, besándole ligeramente antes de retirarse y sonreír a Iwaizumi como si todo en el mundo estuviera bien. si eso estaba destinado a calmar a Iwaizumi, falló completamente – incluso tuvo el efecto contrario. Iwaizumi gruñó y tiró a Oikawa contra él, devorando sus labios, frotando sus cuerpos con urgencia.

"Hajime…" Oikawa jadeó cuando sus labios finalmente se separaron y lo siguieron con un gemido bajo y suplicante "Por favor…"

Iwaizumi mordió el cuello de Oikawa y frotó con la yema de un dedo uno de sus pezones, haciendo que Oikawa siseara de placer "Está bien, Tooru. Sé lo que necesitas"

Iwaizumi besó a Oikawa y comenzó a caminar hacia atrás, hacia la cama formada por montones de mantas y pieles, guiándolos casi inconscientemente para que sus labios no tuvieran que separarse de Oikawa. Cuando sus pantorrillas golpearon la cama, se sentó y Oikawa se sentó a horcajadas sobre él, las caderas alineadas con las contrarias. Iwaizumi agarró el trasero de Oikawa y junto sus ingles con más firmeza, moviendo sus caderas rítmicamente para obtener la fricción que su cuerpo tanto ansiaba.

Iwaizumi lamió el pezón de Oikawa, provocando un sonido que hizo a Iwaizumi, de repente, muy consciente de que por mucho que quisiera prolongar y saborear esta experiencia, si no avanzaba con esto, no iba a durar mucho más. Con eso en mente, alcanzó la abertura de los pantalones de Oikawa y luchó por desabrocharlos con dedos torpes y temblorosos. Odiaba que sus dedos, por lo general tan hábiles, se sintieran gruesos y poco manejables ahora que más los necesitaba. Maldijo en voz baja con frustración y las manos de Oikawa – esas manos elegantes con esos dedos largos y delgados que Iwaizumi siempre había admirado – cubrieron los suyos propios.

Oikawa apartó suavemente las manos de Iwaizumi, besó la frente de Iwaizumi y dijo "Está bien, Iwa-chan. Lo tengo"

Iwaizumi cerró los ojos con fuerza y luchó contra una repentina aparición de lágrimas. Dios, le amo mucho. Mucho. No puedo… yo…

Iwaizumi envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Oikawa y enterró su rostro en su cuello, solo sintiéndolo y respirando y nunca queriendo soltarlo. Oikawa rodeó los hombros y el cuello de Iwaizumi con sus brazos y apoyó la mejilla contra el pelo de Iwaizumi. Iwaizumi no sabía cuánto tiempo se quedaron así, simplemente abrazándose mientras Iwaizumi luchaba por controlar sus emociones, pero fue suficiente para que el toque cambiara de reconfortante a algo más, algo más oscuro.

Iwaizumi abrió la boca contra la piel del cuello de Oikawa y los dedos de Oikawa se clavaron en los hombros de Iwaizumi. Iwaizumi mordió y Oikawa apretó sus caderas contra las de Iwaizumi. Sus bocas se buscaban abiertamente y se juntaban descuidadamente con lengua, dientes y gemidos. Iwaizumi cogió a Oikawa por los muslos y los giró, empujando apresuradamente a Oikawa contra la cama. Oikawa movió los brazos hacia él, pero Iwaizumi se movió hacia abajo para quitarle los pantalones y rápidamente se deshizo de los suyos.

Se permitió un segundo – solo un segundo – para admirar el cuerpo desnudo y excitado de Oikawa antes de deslizarse contra él con el suyo, piel contra piel. Oikawa abrió las piernas para acomodar el peso de Iwaizumi y chocaron entre sí, besándose, mordiendo y agarrando.

Iwaizumi tenía tantas ganas de llenar a Oikawa, pero no estaba del todo seguro de cómo. Había escuchado lo suficiente en los barracones para saber que la mujer tenía que estar mojada, de lo contrario sería doloroso para ella, pero Oikawa no era una mujer y…

"Moja tu dedo y ponlo dentro de mí, Iwa-chan. Estírame" jadeó Oikawa, obviamente sintiendo la duda en las acciones de Iwaizumi. Iwaizumi quería estar agradecido por la guía y no cuestionar cómo Oikawa sabía tal cosa, pero no podía soportar la idea de que Oikawa hubiera hecho esto con otra persona, alguien que no era él.

Como si estuviera prediciendo las preguntas de Iwaizumi, sintiendo sus celos, Oikawa puso sus palmas a ambos lados de la cara de Iwaizumi, lo miró a los ojos y dijo con seriedad – más seriedad de lo que Iwaizumi había visto unca "Eres el único, Hajime"

Iwaizumi exhaló temblorosamente y decidió que después de eso, las preguntas podrían esperar. Necesitaba estar dentro de Oikawa, necesitaba estar conectado con él en todos los sentidos. Así que hizo lo que Oikawa le había indicado, soltando un suspiro mientras superaba la resistencia inicial y sentía que Oikawa se contraría a su alrededor, envolviéndole.

Oikawa jadeó y echó la cabeza hacia atrás mientras Iwaizumi movía su dedo dentro de él "¿Te duele? ¿Debería parar?" preguntó Iwaizumi con preocupación. No sabía qué esperar, no sabía cómo se suponía que debía sentirse, así que no estaba seguro de si Oikawa lo estaba disfrutando o no, se suponía que debía hacerlos.

"No te detengas" le tranquilizó Oikawa "Es solo… ¡Ah! Solo ha pasado tiempo desde… mmm… desde que hice esto por mí mismo"

Eso detuvo a Iwaizumi en seco. Miró el rostro de Oikawa, confundido "¿Tú… te haces esto a ti mismo?"

Oikawa se sonrojó y se cubrió la cara con las manos "Sí…"

Bueno, eso respondía a esa pregunta de antes. Pero Iwaizumi aún tenía más "¿Por qué?"

"No te lo diré" murmuró obstinadamente Oikawa.

Iwaizumi frunció el ceño y movió su dedo dentro de Oikawa con disgusto. Sintió un esponjoso bulto y lo apretó con curiosidad. Debió haber hecho algo bien – o mal, era difícil de decir – porque Oikawa gritó y se retorció violentamente.

"¿Oikawa?" Iwaizumi quería volver a hacerlo, pero solo si sabía que no le causaba ningún dolor o malestar físico a Oikawa.

Oikawa exhaló, dejando salir algunas respiraciones cortas y agudas antes de responder "Por eso"

"¿Eh?" gruñó Iwaizumi y apartó las manos de Oikawa de su rostro.

Los ojos de Oikawa se encontraron brevemente con los de Iwaizumi antes de apartar la mirada – el color era intenso en sus mejillas "Lo hago por eso, Iwaizumi. Porque se siente bien. Porque tenía curiosidad. Porque siempre había esperado que fueras… siempre quise que fueras…" sus ojos se encontraron con los de Iwaizumi de nuevo. , decían. Siempre esperé que fueras tú. Siempre quise que fueras tú.

Iwaizumi besó a Oikawa con fuerza: es ahora. Por ahora, pero Iwaizumi no pensaría en eso todavía.

"¿Puedo poner otro?" preguntó Iwaizumi, principalmente para distraerse de pensamientos que no quería reconocer.

Oikawa asintió "Solo… ah… humedécelo más. Y tócame"

Iwaizumi asintió solemnemente y se acercó a la tarea como si se estuviera preparando para ir a la batalla – concentración total, prestando atención a cada pequeño detalle, llevando a cabo cada tarea de manera meticulosa y metódica.

Se sentó sobre sus rodillas y observo con una extraña especie de indiferencia mientras empujaba otro dedo dentro de la entrada húmeda de Oikawa, mientras desaparecían en su interior. Los movió hacia adentro y hacia afuera, acariciando ese lugar que ahora sabía que a Oikawa realmente le gustaba, mientras su otra mano se movía sobre la erección de Oikawa, resbaladiza por la humedad.

Fue después de que un tercer dedo estuviese dentro que escuchó la suave risa de Oikawa.

"¿Qué?" preguntó distraídamente mientras movía sus dedos dentro y fuera y por la zona.

El pulgar de Oikawa rozó ligeramente el espacio entre las cejas de Iwaizumi "Muy serio, Iwa-chan"

Iwaizumi parpadeó hacia Oikawa, confundido, miró hacia abajo, a sus dedos, que habían desaparecido dentro de Oikawa, luego volvió a mirar a Oikawa "¿Eh?" ¿No se suponía que debía tomarse esto en serio? Solo quería asegurarse de no hacer daño a Oikawa.

Oikawa le sonrió y fue una sonrisa tan llena de tierno cariño que, de hecho, dejó sin aliento a Iwaizumi "Estabas frunciendo el ceño"

Iwaizumi parpadeó, sorprendido "¿Lo estaba?" se sonrojó; siempre estaba frunciendo el ceño cuando no quería. La gente siempre lo había encontrado intimidante por eso. Ahora parecía el peor momento de todos para intimidar. Oikawa debió haberlo encontrado realmente desagradable "Lo siento"

Oikawa sonrió de nuevo, esa misma sonrisa que dejaba sin aliento a Iwaizumi y lo atraía hacia él "No lo sientas. Creo que tu ceño fruncido es lindo2

Iwaizumi, su rostro ahora sobre el de Oikawa, lo miró con algo parecido al horror "¿Lindo?"

Oikawa se rio. Iwaizumi no pensó que alguna vez lo hubiese visto tan feliz, tan despreocupado "Sí. Eres tan lindo, Iwa-chan. Me dan ganas de besarte"

Bueno, eso era algo que Iwaizumi podía respaldar "Entonces bésame" susurró contra los labios de Oikawa, cambiando el estado al ambiente juguetón a uno intenso en el espacio de unos segundos.

Pero Oikawa no lo besó. Mordió el labio inferior de Iwaizumi y tiró de este entre sus dientes.

"Joder…" gruñó Iwaizumi y tomó con avidez la boca de Oikawa con la suya. Comenzó a mover sus dedos dentro de Oikawa de nuevo, rozando ese punto una y otra vez, haciendo que Oikawa gimiera y gritara.

"Hajime" gritó Oikawa, en parte suplicante y en parte regañándole, después de la cuarta vez que Iwaizumi rozó ese punto "Estoy listo"

Iwaizumi presionó un rápido beso contra sus labios: lo sé.

Iwaizumi se posicionó en la entrada de Oikawa e intentó no pensar demasiado en lo que estaba a punto de hacer, temiendo que la presión lo hiciera dudar. Estaba a punto de estar dentro de Oikawa. Oikawa Tooru, su primer amor. Su único amor. Su alma gemela. Tembló.

No lo pienses. Solo hazlo.

Oikawa colocó su palma contra la mejilla de Iwaizumi: Está bien.

Iwaizumi cerró los ojos y volvió su rostro hacia la palma de Oikawa. Era ahora.

Empujó hacia adentro, lenta y constantemente, dolorido con cada centímetro. Fue solo cuando estuvo completamente en el interior que se atrevió a abrir los ojos, se atrevió a mirar a Oikawa.

Oikawa tenía los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás y la boca entreabierta. Iwaizumi se aprovechó de la falta de atención de Oikawa, se permitió mirar con avidez el rostro de Oikawa contorsionado de placer, pintando una imagen en su mente para que nunca lo darádara.

Demasiado pronto Oikawa abrió los ojos, viendo a Iwaizumi mirándolo y sonrió "Hey"

Un lado de la boca de Iwaizumi se inclinó en una sonrisa afectuosa "Hey"

"Estás dentro de mí" observó Oikawa con calma.

La sonrisa de Iwaizumi se amplió ante lo absurdo de esta conversación. Típico de Oikawa. Dios, lo amaba "Lo estoy"

"Y estás sonriendo" señaló Oikawa.

"Lo estoy" Iwaizumi estaba sonriendo abiertamente ahora.

"Me pregunto si eso tiene algo que ver conmigo" reflexionó Oikawa con falsa ignorancia.

Iwaizumi se rio y el rostro de Oikawa se quedó en blanco por la sorpresa. Obviamente había estado esperando que Iwaizumi lo insultara, pero Iwaizumi se sentía bastante generoso.

"¿Qué puedo decir?" le sonrió a Oikawa, una sonrisa imbuida de todo lo que sentía por este hombre incorregible e irritante "Me haces feliz"

Oikawa cerró los ojos, giró la cabeza hacia un lado y gimió "No puedes decirme esas cosas y esperar que…"

Te deje ir.

Iwaizumi no necesitaba ver los ojos de Oikawa para entender esa. Se sentía exactamente igual. Así que tiernamente giró la cara de Oikawa hacia la suya, lo besó y comenzó a moverse dentro de él.

Lo sé.

Presente

Habían hecho el amor lentamente esa noche y, a pesar de que habían pasado casi tres años, Iwaizumi recordaba cada toque, cada suspiro, cada jadeo, cada palabra que no se decía pero que era comunicada por su cuerpo moviéndose dentro de Oikawa y el insondable color marrón de los ojos de Oikawa.

Sus ojos nunca se habían apartado el uno del otro; su mirada nunca había vacilado. Toda su incomodidad y duda se había desvanecido mientras se concentraban únicamente en la conexión entre ellos, en ese encuentro de sus corazones y cuerpos.

Habían llegado al clímax juntos, un cliché pero incapaz de ser de otra manera – jadeando los nombres del otro, besándose en los labios. Luego se quedaron acostados en los brazos del otro, sin hablar – ninguno de los dos sabía qué decir, sin palabras para capturar ni describir lo que acababa de ocurrir entre ellos.

Oikawa finalmente se había quedado dormido, demasiado cansado por todos los eventos de ese día para permanecer despierto por más tiempo. Iwaizumi lo había visto respirar, luchando contra su propio agotamiento y llorando por primera vez en su vida adulta. Lloró por los hombres que había perdido ese día, lloró por la pérdida de la inocencia de Oikawa al quitar su primera vida humana, lloró por sí mismo, lloró por ellos. Porque no tenían esperanza – él y Oikawa. Total y absolutamente. Incapaz de estar juntos pero incapaz de mantenerse alejados. Pero Iwaizumi lo había intentado – oh, cómo lo había intentado. Y había decidido, cuando finalmente dejó la tienda de Oikawa para ir a la suya, seguir intentando mantener la distancia.

Iwaizumi se había sentido tan viejo en ese entonces, tan maduro, tan seguro de sí mismo, pero había sido tan ridículamente arrogante por su parte pensar que podía prevenir tal ocurrencia solo con la fuerza de su voluntad. Después de todo, solo tenía dieciocho años, y Oikawa era su primer amor – el primero de todo.

También había sido insoportablemente ingenuo al pensar que esa noche sería la única noche, que sería la única vez. Ahora, casi tres años después, había saboreado el cuerpo de Oikawa demasiadas noches, se había despertado con él muchas veces, incapaz de negarse a sí mismo el placer de que Oikawa fuera lo primero que veía al día siguiente. No es que alguna vez le permitiera saber eso a Oikawa, por supuesto.

Sin embargo, no había sabido del calor húmedo de la boca de Oikawa con tanta frecuencia. De hecho, no lo conocía desde hacía años. Habían explorado completamente el cuerpo del otro durante ese primer año juntos, por lo que Iwaizumi le había permitido a Oikawa realizar este acto varias veces, eligiendo pensar en ello como complacer la curiosidad de Oikawa en lugar de aceptarlo como un servicio para su propio beneficio. Eventualmente, sin embargo, Iwaizumi había ampliado su definición de curiosidad lo suficiente y se aseguró a partir de ese momento que Oikawa sería el único receptor de un acto tan desinteresado.

Pero hoy Oikawa había sido extrañamente insistente. Había enviado un sirviente a Iwaizumi en el cuartel, solicitando su presencia. Iwaizumi no lo había esperado – Oikawa sabía que debía dejarlo en paz después de haber estado entrenando y bebiendo con sus hombres a menos que fuera una emergencia legítima, e Iwaizumi sabía que solo había una cosa que Oikawa podía desear a esta hora de la noche. Pero había ido, aunque solo fuera para regañar a Oikawa por estar despierto tan tarde en la noche cuando tenía que reanudar las negociaciones del tratado con Karasuno temprano por la mañana siguiente para que finalmente pudieran terminar esta maldita guerra.

Cuando llegó a los dormitorios de Oikawa, con la boca abierta lista para soltarle un par de cosas, Oikawa lo besó desesperadamente en silencio, los desnudó a ambos más rápido de lo que Iwaizumi lo había visto moverse en toda su vida, e hizo que Iwaizumi se recostara en la cama y su pene en su boca antes de que Iwaizumi pudiera realmente procesar lo que estaba pasando.

Iwaizumi había reconocido inmediatamente que sería completamente inútil intentar hacer que Oikawa dejase su curso de acción elegido – no había ningún razonamiento posible cuando estaba así. Iwaizumi también había reconocido inmediatamente que algo debía estar muy mal para que Oikawa fuera tan obstinadamente insistente en darle placer a Iwaizumi y sabía que no descubriría qué era hasta que Oikawa se hubiese dejado llevar completamente por esta compulsión.

Lo que significaba que Oikawa estaba haciendo todo lo que estaba en su poder para hacer que Iwaizumi llegara al clímax e Iwaizumi, a su vez, estaba haciendo todo lo posible para no hacerlo mientras permitía a Oikawa hacer lo que quisiera. Pero se estaba acercándose rápidamente a su límite.

Iwaizumi apartó la cabeza de Oikawa de él con la mano ya agarrando su pelo "Suficiente" declaró, intentando mantener su tono uniforme y autoritario. Si cedía una pulgada, Oikawa se aprovecharía.

Oikawa frunció el ceño "Pero no he terminado"

Iwaizumi le devolvió el ceño fruncido "Yo sí"

Oikawa hizo un puchero "Pero quiero hacer que te corras, Iwa-chan"

Iwaizumi frunció más el ceño, levantó a Oikawa de su posición entre sus piernas y los giró, de modo que Oikawa estuviera sobre su estómago en la suave cama. Agarró un puñado de pelo de Oikawa una vez más, expuso su cuello, puso sus labios en la oreja de Oikawa y dijo en voz baja "Yo decido cuando quiero correrme y he decidido que quiero hacerlo cuando esté aquí…" apretó su erección contra el trasero de Oikawa para que este tuviera perfectamente claro a qué se refería.

Iwaizumi sintió que todo el cuerpo de Oikawa se estremecía debajo de él y sonrió triunfalmente cuando Oikawa gimió un 'vale'. Nunca se cansaría del efecto que tenía en Oikawa, esta habilidad de doblegarlo completamente a su voluntad. No era un poder que nadie más tuviera y era un poder que nadie más que Iwaizumi podía tener, porque Iwaizumi era la única persona que nunca se aprovecharía de él, solo lo usaría en las circunstancias adecuadas.

Como ahora.

Se acercó a la entrada de Oikawa y se sorprendió al descubrir que ya estaba resbaladiza y suelta "¿Te preparaste?" preguntó con incredulidad. La pregunta de cuándo estaba implícita en silencio.

Oikawa gimió en la almohada y agarró las sábanas con los puños mientras Iwaizumi empujaba dentro de él un dedo. Murmuró una respuesta contra la almohada.

"No entendí eso del todo" dijo Iwaizumi mientras acariciaba ligeramente con su dedo el punto sensible que siempre hacía que Oikawa se estremeciera de placer.

Oikawa rápidamente giró la cabeza hacia un lado y aclaró "Cuando te tuve en mi boca"

"Dios" gimió Iwaizumi contra el cuello de Oikawa y empujó un segundo y tercer dedo dentro de él. Ver a Oikawa preparándose a sí mismo generalmente lo volvía loco, por lo que debía de haber estado muy distraído – la cabeza atrapada en el pasado como un estúpido – como para perderse eso.

"Es un pecado tomar el nombre del Señor en vano, Iwa-chan" reprendió Oikawa burlonamente, su voz suave, mientras empujaba los dedos de Iwaizumi.

Iwaizumi soltó una carcajada a su pesar "Lo dice el hombre que acaba de tener mi polla en la boca y que ahora está montando mis dedos"

"Lo dice el hombre que preferiría que montase otra cosa" desafió Oikawa.

Lejos estaba el que Iwaizumi rechazase el desafío "Permíteme ayudarte con eso" respondió Iwaizumi y separó a Oikawa.

"¡No, espera!" gritó Oikawa de repente e Iwaizumi se congeló. Esperó a que Oikawa indicara lo que quería que hiciera Iwaizumi, pero el silencio prevaleció.

"… ¿Oikawa?"

"Yo… quiero estar sobre mi espalda" la voz de Oikawa era pequeña e insegura – completamente fuera de lugar.

Iwaizumi volteó a Oikawa sin decir palabra, buscando en el rostro de Oikawa la respuesta a lo que le pasaba. Oikawa, sin embargo, solo lo miró con una sonrisa suave, una de sus raras y genuinas. Iwaizumi lo miró con el ceño fruncido y no se movió.

Después de unos instantes, Oikawa se movió inquieto debajo de él "Estoy listo, Iwa-chan"

Iwaizumi frunció el ceño un poco más y presionó un beso rápido y firme en los labios sonrientes de Oikawa, una acción que decía Sé que algo va mal y vas a decirme qué es.

Oikawa se rio entre dientes y besó el ceño fruncido de Iwaizumi. Iwaizumi recibió el mensaje alto y claro: Lo sé, Iwa-chan. Te lo diré más tarde, te lo prometo.

El ceño fruncido de Iwaizumi se profundizó: Será mejor que lo hagas.

Oikawa sonrió serenamente en respuesta y presionó su pulgar en las profundas arrugas entre las cejas de Iwaizumi. Iwaizumi dejó escapar un suspiro de sufrimiento. Oikawa le había estado haciendo eso desde que eran niños, generalmente acompañado de algo como "Estás asustando a la vida salvaje, Iwa-chan" o "Si sigues haciéndolo, tendrás arrugar prematuras, Iwa-chan" o "Sé que no eres hermoso como yo, Iwa-chan, pero eso no significa que debas renunciar a tu apariencia por completo". Y luego estaba esa vez… "Creo que tu ceño es lindo". Pero Iwaizumi ya no iba a pensar en esa noche más – ya se sentía lo suficientemente desequilibrado por las acciones de Oikawa.

Esta vez, el conocido gesto fue acompañado de un impaciente roce de erección contra erección.

Las caderas de Iwaizumi respondieron reflexivamente. Mensaje recibido. Se inclinó hacia atrás para descansar sobre sus rodillas, inclinó las caderas de Oikawa hacia arriba y lo separó antes de penetrar lentamente su entrada. Iwaizumi dejó escapar el aliento que no sabía que había estado conteniendo cuando finalmente estuvo completamente dentro. No importaba cuántas veces hiciera esto, siempre se sentía tan bien como la primera vez.

¡Deja de pensar en eso ya! Se regañó a sí mismo.

Oikawa gimió y se movió, indicándole a Iwaizumi que se moviera. Iwaizumi clavó sus dedos en las caderas de Oikawa mientras empujaba lentamente dentro y fuera de su apretado calor. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos mientras se permitía saborear la sensación antes de que llegara el momento de concentrarse por completo en darle a Oikawa tanto placer como fuera posible. Siempre se había permitido sentir estos preciosos momentos antes de desviar su atención de sí mismo – sentía que lo habían mantenido cuerdo todos estos años, que le habían hecho más fácil de soportar todo lo demás con lo que tenía que lidiar como resultado de esta relación.

Abrió los ojos solo para encontrarse a Oikawa mirándolo intensamente. Oikawa se sobresaltó un poco cuando vio que Iwaizumi estaba sosteniéndole la mirada.

Iwaizumi arqueó una ceja: ¿Qué estás haciendo?

Oikawa se sonrojó y se cubrió la cara con el brazo. Iwaizumi frunció el ceño, no solo porque era muy impropio de Oikawa cubrirse la cara – la parte favorita de él que mismamente él admitía – sino también porque Iwaizumi quería mirar el rostro de Oikawa mientras se movía dentro de él. Después de todo, también era su parte favorita de Oikawa, algo que nunca admitiría en voz alta.

Iwaizumi se movió sobre sus rodillas y se inclinó hacia adelante sobre Oikawa para poder quitar rápidamente el ofensivo brazo. Sin embargo, en cuanto lo hizo, Oikawa envolvió abruptamente sus brazos alrededor de Iwaizumi y tiró de él hacia abajo para que estuvieran piel contra piel.

Iwaizumi apoyó sus antebrazos a ambos lados de la cabeza de Oikawa para mantener el equilibrio y lo miró con sorpresa "Qué…"

Oikawa miró a Iwaizumi con una emoción imperceptible, aunque si Iwaizumi tuviera que adivinar, diría que estaba presa del pánico. Pero eso no tenía ningún sentido.

"Así. Quiero hacerlo así" susurró Oikawa mientras bajaba la cara de Iwaizumi para besarlo y comenzaba a mover lentamente su cuerpo hacia arriba y hacia abajo por la dura longitud de Iwaizumi.

Iwaizumi estaba completamente confundido y extremadamente preocupado a estas alturas, pero no sabía qué hacer más que lo que Oikawa quería que hiciera. Así que abrazó a Oikawa contra él, mejilla contra mejilla, y le hizo el amor lentamente, a pesar de que no lo habían hecho desde esa primera noche. Iwaizumi nunca se lo había permitido, sabiendo que hacerlo borraría la última y endeble barrera que aún existía entre ellos.

Cuando Oikawa había convocado a Iwaizumi a su tienda la segunda noche, Iwaizumi había sabido por qué de inmediato y al igual que lo había hecho en ese paseo a caballo de vuelta al castillo después de darse cuenta de sus sentimientos, había usado la caminata para apuntalar sus defensas. Él y Oikawa habían cruzado una línea e Iwaizumi no había podido cambiar eso – no lo haría incluso si pudiese – pero había podido controlar lo que sucedió de ahí en adelante.

Sabía que no podía tener una relación completa de cuerpo y alma con Oikawa, no a largo plazo. Todo en sus vidas lo impedía, así que si Iwaizumi se entregaba completamente a Oikawa una y otra vez, sabía que nunca podría dejarlo ir. Y un día tendría que dejarlo ir porque Oikawa era un príncipe heredero – heredero al trono. Tendría que casarse algún día, seguramente un día no muy lejano, y producir un heredero y no había absolutamente nada que Iwaizumi pudiera hacer para evitar eso. Sabía que si se involucraba en una relación de cuerpo y alma con Oikawa – una continuación de la noche anterior – ninguno de los dos podría dejarlo ir cuando llegara el momento. Iwaizumi sabía que no podía tomar una decisión por sí mismo, una que lo protegería a sí mismo y, lo que es más importante, a Oikawa a largo plazo. Así que había elegido dar su cuerpo, como exigía Oikawa, pero no su alma.

Así que Iwaizumi había follado a Oikawa esa noche, y todas las noches desde entonces. Lo había mantenido puramente físico, desconectando conscientemente su corazón de sus acciones. Eso no quería decir que no mostrase ningún afecto durante esos momentos, pero lo mantuvo físico, no emocional.

Sabía que Oikawa no estaba completamente satisfecho con cómo estaban las cosas, sabía que Iwaizumi le estaba ocultando su corazón, pero poder tener el cuerpo de Iwaizumi parecía ser suficiente para él. Hasta ahora, de todos modos.

Iwaizumi no sabía qué estaba pasando con Oikawa, pero no pudo evitar responder de la única manera que sabía – dándole a Oikawa lo que necesitaba.

No sabía cuánto tiempo hicieron el amor así, abrazados con tanta fuerza que era un milagro que aún pudiera respirar. Iwaizumi sintió que podía quedarse así con Oikawa para siempre, solo pausar ese momento en el tiempo y nunca permitir que se reanudase. Eran solo él y Oikawa y sus cuerpos diciendo todas las cosas que nunca se atrevieron a decir en voz alta, como la primera vez, pero también diferente porque no se trataba de una torpeza inexperta y exhausta en la oscuridad mientras intentaban desesperadamente controlar sus abrumadoras emociones. Sus cuerpos se conocían ahora, encajaban, hablaban entre ellos con suavidad y paciencia y con la familiaridad de la experiencia.

Iwaizumi no pensó que nada pudiera hacer que quisiera detenerse, perder esos sentimientos, hasta que sintió una humedad en su mejilla que no era suya. Alzó la cabeza y miró a Oikawa. Tenía los ojos cerrados y las lágrimas corrían por su rostro.

Alarmado, Iwaizumi tomó el rostro de Oikawa entre sus manos y usó sus pulgares para limpiar las lágrimas, pero seguían cayendo "¡Oikawa! ¿Qué pasa?"

Un sollozo escapó de la garganta de Oikawa, pero mantuvo los ojos cerrados y negó obstinadamente con la cabeza de lado a lado.

Iwaizumi recordó su posición actual y el miedo recorrió su cuerpo "¿Te estoy haciendo daño? ¿Te hice daño?" preguntó con urgencia mientras se movía para alejarse del cuerpo de Oikawa.

"¡No!" gritó Oikawa de repente y apretó sus piernas alrededor de Iwaizumi, tirando firmemente de él hacia su interior. Iwaizumi miró a Oikawa en estado de shock y confusión; los ojos de Oikawa estaba abiertos pero brillantes con las lágrimas no derramadas.

"Por favor, quédate. Por favor, no te vayas" rogó en un susurro, con la voz torturada.

Iwaizumi acarició tiernamente el rostro de Oikawa con sus manos, intentando borrar todo rastro de lágrimas. Nunca había podido soportar las lágrimas de Oikawa "No lo haré. Lo prometo. Así que dime qué está pasando" pidió gentilmente.

Oikawa arrugó los ojos de nuevo mientras un sollozo silencioso subía por su pecho y otro conjunto de lágrimas corrieron por su rostro.

"Tooru…" suspiró Iwaizumi, profundamente preocupado mientras intentaba desesperadamente limpiar las lágrimas de nuevo.

Oikawa se llevó las manos a la cara, apartó las de Iwaizumi y presionó las palmas contra sus ojos "Joder… me prometí a mí mismo que no haría esto…"

"¿Hacer qué?" preguntó Iwaizumi gentilmente, pasando sus dedos por el pelo de Oikawa.

"Me dije a mí mismo que haría esto mañana, que hablaría mañana, me derrumbaría mañana" divagó Oikawa, más para sí mismo que para Iwaizumi "Solo quiero estar noche, eso es todo, solo una noche más para fingir que esto no está sucediendo"

Un terror helado se filtró en el pecho de Iwaizumi y llenó el hoyo de su estómago "Oikawa" su voz era baja y urgente ahora "¿Qué está pasando?" una exigencia esta vez. Necesitaba saberlo ahora.

Oikawa inhaló un suspiro tembloroso, apartó las manos de los ojos y se encontró con los de Iwaizumi sin pestañear "Estoy comprometido en matrimonio" dijo sin tono, sin vida. Iwaizumi se olvidó de cómo respirar "El compromiso se anunciará en las celebraciones de mi cumpleaños la próxima semana. La boda se llevará a cabo en un mes"

Respira. Solo respira, Iwaizumi "Yo… no…" No lo entiendo. ¿Cómo pudo pasar esto? Se suponía que debía tener más advertencias, más tiempo.

Oikawa miró a un lado, rompiendo el contacto visual, dándole a Iwaizumi un respiro muy necesario para asegurarse de que él no tuviera un colapso también. Más tarde. Hazlo más tarde.

"Es con la hija del rey anterior de Karasuno, la princesa Shimizu Kiyoko. Es una parte no negociable de nuestro tratado de paz. He estado intentado persuadirlos durante semanas, pero el embajador Tsukishima insistió en que era por órdenes del Rey Kageyama" Oikawa transmitió toda esta información sin rodeos, como si describiera el clima.

Iwaizumi usó el tiempo para recomponerse, así que cuando Oikawa lo miró a los ojos de nuevo, estaba seguro de que no estaban delatando el pánico que actualmente oprimía su pecho.

"Lamento no habértelo dicho, Iwaizumi. Es solo que… yo solo…" las lágrimas brotaron de los ojos de Oikawa cuando su voz le falló.

Iwaizumi usó sus nudillos para apartarlas suavemente, esperando desesperadamente que Oikawa no notara cómo estaban temblando "No pensaste que necesitase saberlo a menos que se hiciera oficial. Lo sé. Está bien"

Al parecer, esas fueron exactamente las palabras equivocadas que decir porque Oikawa rápidamente abandonó su fallido intento de calmarse y comenzó a llorar de verdad esta vez, sollozando y golpeando sus puños contra el pecho de Iwaizumi.

"¿C-Cómo puedes decir que está bien? ¿Cómo está esto bien?" gritó.

Iwaizumi capturó los puños de Oikawa en sus manos y los mantuvo al lado de su cabeza "Lo sé. Lo siento. Lo sé" Dios, cómo lo supo. No podía imaginar un futuro en el que todo estaría bien.

Por favor, Dios, no dejes que lo pierda. ¡No me lo quites así!

Oikawa respiró hondo, intentando calmarse "¡No quiero hacer esto, Iwaizumi! ¡No quiero!" los ojos de Oikawa suplicaron a Iwaizumi que entendiera, que le creyera, como si Iwaizumi no lo supiera ya.

Quizás Oikawa solo necesitaba escucharlo, así que Iwaizumi lo dijo de nuevo "Lo sé"

Oikawa volvió a cerrar los ojos e inhaló temblorosamente una y otra vez "No… No la quiero. Quiero… quiero…" abrió los ojos y por una vez Iwaizumi deseó no poder leerlos tan bien. A ti. Te quiero a ti.

Iwaizumi no podía dejar que Oikawa lo dijera de verdad, no podía. Lo destruiría. Así que estrelló sus labios contra los de Oikawa, silenciándolo, consolándolo "Lo sé" susurró una vez que finalmente se separaron.

No necesitaba decir que no importaba lo que Oikawa quisiera, lo que cualquiera de los dos quisiera. Ambos ya lo sabían.