No había demorado demasiado en caer en cuenta de que había quedado congelada en el tiempo, aunque era cierto que había pasado algunas señales por alto en varios momentos distintos; quizá debió sospechar en el momento en que las primeras canas adornaron la cobriza cabellera de su hermana menor; así como también lo hicieron en el cabello de Honeymaren. Al inicio supuso que no lo notaba en su cabello debido a su inusual color, de igual manera, cuando Anna elogió el hecho de que la piel de su rostro carecía de arruga alguna y lucía tan joven como siempre, ella tan sólo se había sonrojado y pensado que era afortunada.
Sin embargo en un punto empezó a observar detenidamente su reflejo en el agua así como también en cada espejo que se cruzaba en su camino cuando acudía a Arendelle a las ya tradicionales noches de juegos, impaciente por descubrir algo que delatase el paso del tiempo, algo que delatase el hecho de que ya no tenía 24 años. Debía sentirse afortunada; eso decían muchos quienes deseaban que su juventud fuese más duradera, sin embargo la rubia no podía dejar de preocuparse.
La Reina de Arendelle en más de una ocasión bromeó que sus canas se debían a las travesuras que sus hijos hacían en el palacio cada día para que Elsa no le prestase demasiada atención al asunto, intuyendo que eso le preocupaba por algún motivo. La mayor de las hermanas realmente intentaba no pensar en ello; por lo menos no de forma negativa.
Kristoff por su parte, seguía siendo más del tipo de persona que simplemente se sentaba a un lado en silencio y suspiraba ocasionalmente, no presionándola a hablar con respecto a sus miedos o lo que fuese que la atormentara, sólo le hacía saber que estaba allí y seguiría estándolo cuando ella se sintiese lista para conversar al respecto. Había escuchado a Anna reclamándole por no decirle nada o preguntarle, así como en ocasiones miraba a su esposo y le hacía gestos para insistirle en hablar con ella. Elsa agradecía que su cuñado jamás hiciese caso a Anna en ese aspecto, era reconfortante sólo estar allí, en silencio.
Pero esos momentos poco a poco se sentían agridulces para pronto transformarse en amargos, desde que había concluido que ella no envejecía supo que el tiempo para los demás transcurriría como siempre y por lo tanto, el tiempo mismo se encargaría de arrebatarle a sus seres queridos, así como también todo lo que ella conocía.
Y eso le aterraba.
No entendía el cómo había pasado o tal vez ni siquiera quería averiguarlo por temor a descubrir la verdad; presintiendo que no le gustaría lo que encontraría, estaba tan acostumbrada a recibir malas noticias cuando se trataba de ella y honestamente, estaba cansada, demasiado cansada.
Poco antes de fallecer; Gerda le había cuestionado si acaso el hecho de que su hermana había contraído matrimonio y dado luz a dos varones tenía algo que ver en su humor, sugiriendo discretamente que tal vez se encontraba celosa, pero Elsa estaba segura de que no era así, no era que detestase la idea del romance, simplemente no sentía la necesidad o el deseo de encontrar "al indicado" y ciertamente la idea de pasar por un embarazo le aterraba; siendo esta una de las principales razones por las que no le fue difícil renunciar a la corona de Arendelle, le gustaba convivir con sus sobrinos y ser un intento de tía divertida, pero en ella no había rastro alguno del famoso instinto maternal del que tanto había escuchado hablar ocasionalmente desde que era pequeña, pero no se sentía vacía o triste al respecto.
Había sentido una especie de alivio al saber que ya no estaba obligada a contraer matrimonio y darle un heredero al reino, simplemente no estaba interesada. En su adolescencia había atribuido ese rechazo de casarse al miedo que le provocaba el congelar a una persona por error, sin embargo desde sus 21 años sus poderes no habían representado un riesgo muy grande, sentía que todo estaba en control en lo que se refería a sus poderes.
Estando en el bosque encantado conviviendo con Honeymaren y otros amigos que había hecho en la comunidad, además de la correspondencia que mantenía constantemente con su familia y las visitas que realizaba a Arendelle se sentía muy feliz, plena y no podía pensar en siquiera una cosa que le hiciese falta.
Era todo con lo que había soñado al crecer y finalmente lo tenía, era real y por mucho tiempo pareció que nada ni nadie podría arrebatárselo. Sentía que esos 13 años de encierro por fin habían quedado enterrados en el pasado y el destino estaba recompensándola de cierta manera por todo aquellos años repletos de tristeza y sufrimiento en dónde no hizo otra cosa más que odiarse a sí misma y culparse todo mal que había perjudicado a su familia y a Arendelle.
Había sido una ilusa.
¿Por qué esta vez había creído que nada malo sucedería? Se sintió estúpida al deducir que su destino siempre sería terminar sola. Anna, Kristoff, sus adorables sobrinos y sus amigos del bosque encantado crecerían, tan sólo para después fallecer al igual que Gerda lo había hecho.
Ni siquiera sabía por cuánto tiempo más podría seguir acudiendo a Arendelle sin que nadie empezase a encontrar sospechoso lo joven que lucía. Tarde o temprano volvería a ser una prisionera; esta vez del bosque encantado que aun sin una niebla mágica rodeándola, jamás podría abandonarlo en mucho tiempo, sino hasta que todo aquel que pudiese recordarla pereciera.
Una noche tras mucho meditarlo acudió a Ahtohallan acompañada por Nokk, tan sólo para encontrar alguna explicación al porqué había quedado congelada en el tiempo y una solución para el problema, esta vez intentando escuchar la advertencia incluida en la letra de la canción de cuna que su madre solía cantarle cuando niña. No ir demasiado lejos.
Pero lo que las figuras de nieve mostraban no le eran suficiente; de nuevo. Se dijo a sí misma que sin Anna encontrándose en el bosque encantado corría el riesgo de no salir de allí, pero continuaba siendo curiosa y necesitando desesperadamente respuestas.
Aún recordaba lo que se sentía el frio y el como aquella vez que siguió el recuerdo de su abuelo hasta dónde le fue posible se le dificultó debido a que su cuerpo se cubrió de hielo poco a poco, pero esta vez no ocurrió nada similar.
Ella se había congelado por completo en aquella ocasión.
—Anna me salvó — Pensó inmediatamente. Ella cayó al agua dónde se descongeló y fue rescatada por Nokk, después habían detenido la gran ola que destruiría a Arendelle.
¿O no había sido así?
No, las cosas no habían sido así…no del todo.
Tal vez lo supo desde un inicio y su cerebro decidió olvidar por completo esa información o realmente se trataba de un nuevo y doloroso descubrimiento para ella.
Ella era el quinto espíritu del bosque, de cierta manera si había fallecido hacía años cuando intentaba llegar al fondo de todo, descubrir quién era ella, así como también la manera en que podrían liberar al bosque encantado.
Quizá después de todo no había sido su elección quedarse en ese lugar, tal vez no tenía otra opción.
Intentó consolarse al pensar de que al menos Olaf permanecería con ella, él no era un ser vivo como tal sino una de sus creaciones y podría mantenerlo con vida por siempre, aunque se consideró egoísta al condenarle al mismo destino que ella.
Recorrió el glaciar hasta descubrir que ella no había sido la primera persona en ser el "quinto elemento", ni la primera en ser portadora de los poderes de hielo.
Concluyó dos cosas: Su don especial más que un regalo parecía un castigo por algo cometido por sus padres y/o su abuelo, además de que después de todo había encontrado una solución; encontrar a un nuevo espíritu del bosque.
Su mente no tardó en pensar en alguien a quien consideraba merecedor de un castigo de tal magnitud.
—Hans Westergard — Pronunció con seguridad.
Encontraría la manera de atraerlo al bosque encantado y entonces sería él quien estaría condenado a la soledad e inmortalidad, mientras que ella sería feliz; sería una persona normal.
Ya había sacrificado demasiado por la felicidad y bienestar de los demás, era momento de que hubiese alguna recompensa para ella. Se encargaría de arreglar las cosas a su favor para asegurar el futuro que ella deseaba; junto a su familia.
Nota de autor: Dije que no escribiría nada nuevo por aquí hasta terminar los fics pendientes, así como también que no tenía ideas nuevas para fics, de hecho le comenté eso a la tía Ydna en un MP y tal parece que fue la manera para invocar ideas para OS. De hecho también se me ocurrió un Long-fic basado en este OS pero me dije Wildy, no puedes asumir esa responsabilidad en este momento. Pero en fin, aún no leo "Aferrandose" para recordar donde me quede jajajaja para poder continuarlo, pero al menos tengo un peso menos encima ya que Soltar ya esta más que finalizado.
En fin, este OS (que de igual forma fue inesperado) es como para reportarme, decirles que aun sigo viva y así como también practicar, ya que si me ausenté mucho tiempo por aquí y en verdad mi cerebro estaba seco sin ideas para fics nuevos. Espero les haya gustado esta historia.
Nos leemos pronto.
