En esta historia Tom todavía no es un mago tenebroso. Simplemente va a Hogwarts con Hermione, y tienen una vida escolar relativamente normal. No esperen nada muy oscuro, sólo dos adolescentes descubriéndose.


Hermione le gustaba.

¿Cómo no podía gustarle, después de todo este tiempo?

Pero aquí, se estaba dando cuenta.

Después de un largo día de estudio, después de todas las clases, vinieron como siempre, a la biblioteca. Estaba un poco más vacía que en los demás días, el estudio para ellos se tenía que hacer de todos modos.

La miró nuevamente, un poco distanciado de ella en uno de los sofás de la biblioteca de Hogwarts. Estaban en un lugar un poco apartado pero aún accesible para los estudiantes. Pasaron las horas, y Hermione se había dormido en medio de su lectura. Al llegar la noche, no le quedó otra manera que desilusionarlos con un hechizo para que la bibliotecaria no les indique que era tiempo de salir. Así que en ese momento, estaban solos, en la vasta y silenciosa biblioteca de Hogwarts.

Debe estar bastante cansada, para haberse dormido así. Pequeña Hermione.

Con calidez en su pecho, miró de nuevo a la chica, semi recostada en la esquina del sofá. Apoyaba la cabeza entre sus brazos, que le hacían de una suave almohada. Más tarde, estarían un poco entumecidos. Pero ahora eso no parecía importarle debido a su estado de inconsciencia temporal.

Su mirada siguió vagando por el resto de su cuerpo. Su espalda descansaba en el respaldo del sofá, y sus pies se levantaban de tal manera que quedaron también en los almohadones, evitando así todo contacto con el suelo. Sin embargo había algo que no estaba bien de esa posición.

La falda de Hermione se había levantado. Claramente la altura a la que estaba ahora, no era adecuada.

Tom tragó saliva y desvió su mirada de la dulce Hermione, que descansaba absorta de los pensamientos que aquejaban a Tom.

¿Qué hago? La debo despertar... ella se dará cuenta.

Sí, decidió que la despertaría, eso sería lo mejor. Pero para despertarla, debía primero... acercarse un poco, mover su hombro. Mirarla.

La observó nuevamente, descansó sus ojos sobre su silueta.

Terminó de nuevo en su falda, y en la piel que se dejaba ver a través de los pliegues del material.

Podía ver sus piernas, ahora un poco más largas. Parecían suaves... un poco pálidas. Sus colores de piel eran parecidos.

Pero despertarla de su dulce sueño, por un problema como ese... tan ínfimo. Tan circunstancial. Un inconveniente que se estaba dando cuenta, no quería que acabara. Claramente Hermione iba a apreciar dormir un poco más a un desliz sobre su vestuario.

Sin embargo allí estaba, la suave curvatura de sus muslos, nunca la había visto. Era hermosa. ¿Por qué no la había visto de esta manera antes?

Hermione se movió un poco más, para encontrar una posición más cómoda para dormir. En el proceso, lo que no tenía que suceder, sucedió inevitablemente. Su falda se había levantado un poco más. Tom emitió un suspiro, con emociones contradictorias.

¿Qué hago?

Inconscientemente, se humedeció los labios, moviendo su lengua apaciguadoramente entre sus suaves labios.

Ahora podía ver más.

¿Siempre ha sido así de bella? Se preguntaba.

Hermione llevaba unas bragas negras. Podía ver el inicio de su trasero en la posición en que estaba. Tan redondos, lisos, parecían tan blandos... quería experimentarlos. Sentirlos. ¿A Hermione no le importaría eso, verdad? Además, estaba dormida. No se daría cuenta.

Interceptando el rumbo de sus pensamientos, Tom apartó la mirada de su compañera Gryffindor y la posó en cualquier otro lugar menos en ese.

¿Cómo puedo pensar algo así? Absurdo. No podía hacerle esto a ella.

No es justo. ¿Pero desde cuándo le importaba si algo era justo o no?

Y él era un hombre, nada más ni nada menos. El calor que se había expandido a otras partes de su cuerpo, le indicaba sólo eso.

Apoyando su codo en el apoyabrazos del sofá, llevó su mano a su sien, manteniendo su vista lejos de ella.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar esto? ¿Y por qué de pronto toda su capacidad de mago racional se había ido, en aquellos minutos en donde más la necesitaba?

Hermione, qué me estás haciendo.

¿Cómo podía solucionar esta tortuosa y placentera calamidad?

Atacar el problema de raiz suele ser una buena solución.

Volviendo su vista hacia Hermione y hacia aquello que lo tenía completamente intranquilo e hipnotizado, decidió que haría eso.

La falda estaba subida.

Había que bajarla, devolverla a como debería estar.

Como si nada hubiera pasado.

Sí, su mente racional lo estaba ayudando. Sonrió ligeramente pero le salió sólo una mueca indescifrable.

Con eso funcionaría. Si, eso solucionaría sus problemas.

Atacar el problema de raiz.

¿Había que despertarla? El preferiría que no. No, primero: porque sería desastroso que ella lo encontrara en este estado de pobre control sobre su cuerpo y sobre su psique. Porque no sabía cómo controlar estas sensaciones que estaba teniendo y eran nuevas para él. En unos días, estaría más calmado. Ahora, no lo estaba.

Así que decidiendo que el mejor plan a seguir era dejar a Hermione dormir y simplemente bajar su falda a una altura correcta, prosiguió con ese plan.

Primer paso, acercarse...

Decidiendo que levantarse del sofá haría más conmoción que arrastrarse de a poco, deslizarse hasta donde se encontraba ella... parecía ser lo más adecuado.

Entonces, centímetro a centímetro, se aproximó. Su corazón latiendo a la par. Llegó hasta donde estaban sus zapatos reposando en el sofá, casi chocándolos. Tenía pies chiquitos, pensó con una leve sonrisa.

Negando con la cabeza y prohibiéndose la distracción, volvió a su tarea principal. La falda, así como su piel, estaban a su alcance. Deslizó su brazo con una distancia considerada, por sobre sus piernas. Podía sentir su calor, ¿o era él de él?

Habiendo alcanzado el lugar en donde se había levantado su falda, muy arriba de los muslos, decidió no pensar mucho en eso. Tampoco mirar, pero no podía evitarlo. Tenía que asegurarse de hacer bien su tarea, además.

Sí, claro.

Y allí estaba. A un centímetro. Sólo un centímetro, y un poco más, y su cometido estaría completo.

Suspirando entrecortadamente, tomó la punta de la falda, y se encontró tocando también su tersa piel. A poca distancia estuvo también de tocar la lencería de la chica. Color negra, de encaje, sensual, ¿vestía eso siempre debajo de su ropa escolar?

Respiró, casi un pedido de auxilio.

Oh, Merlin, no me puedes hacer esto. Por favor, Salazar, ten piedad de tu heredero.

No pudo hacer nada más que tragar grueso, y deslizar lentamente y poco a poco, la falda; sus dedos rozando inconscientemente la suave piel que se encontraba en el camino.

Un ruido lo detuvo en seco.

Hermione.

Levantó rápidamente sus ojos hacia ella.

Hermione estaba completamente despierta y lo miraba con sus ojos color café, brillosos como todo su ser. No se había movido mucho de la posición anterior, pero podía verse que había levantado la cabeza y estaba mirando la situación con mucha atención, y algo más que no pudo reconocer. Sus mejillas estaban completamente sonrojadas. Ella sabía.

"Tom."

El susodicho tragó saliva, pero mantuvo su mirada. Sus dedos seguían, detenidos en la tarea que les había encomendado. Sin atreverse, sin moverse un ápice, sin entender.

Hermione sin duda había visto todo.

Me va a dejar. Se va a ir.

Tom no supo qué responder.

No me quiere.

Sus miradas seguían encontradas. Tom sintió su propia inseguridad, pero un sonrojo fue más fuerte, ahora visible en sus mejillas. Todo su ser estaba en llamas, avergonzándolo aún más. Apartó su mirada de ella, ya no podía más.

"Yo..." Comenzó Tom.

"Lo sé."

Sus miradas se unieron de nuevo. Otra vez conectados. Sutil y tímidamente conectados por algún tiempo que pudieron ser segundos o minutos.

"Puedes dejarla así... si quieres." Otorgó ella pausadamente.

Tom partió de manera tenue, muy tenue, sus labios y sus ojos, en modo de sorpresa. Sin embargo esta breve emoción duró sólo unos segundos, ya que después sus gestos volvieron a ser su máscara mayormente imperturbable de siempre. Sin embargo, pese a su aprobación, Tom no sabía cómo proseguir, así que su mano siguió estable, y su mirada seguía en los ojos de Hermione. ¿Debía darle más acceso? ¿Qué iba a pasar? No sabía cómo actuar en esta situación.

¿Me quiere?

"Puedes... mirar también."

Hermione no podía estar con las mejillas más escarlatas. Sus labios estaban ligeramente partidos, invitantes, húmedos, su lengua pasó por arriba como la más ligera acción que había visto.

Tom apartó sus ojos de Hermione y miró. Miró allí donde él no había visto antes de ese día, donde esperaba que nadie jamás hubiera visto, además de Hermione y él. Su Gryffindor se terminó de recostar completamente, con su estómago y pechos pegados en el sofá, y con su espalda - y más - hacia Tom.

Dos de sus dedos seguían, después del movimiento, sosteniendo la prenda, que anteriormente iba a bajarse, iba a tapar la estimulante figura de ella... pero ahora no, no habia que hacer eso. Ahora podía ver, ella se lo permitía.

Ella también quiere.

Y ahora podía ver todo. Y oh, lo estaba disfrutando mucho. Nunca antes había experimentado tanta dicha. El ambiente era tan... íntimo. Ella, él, en la biblioteca, en horas después de la noche... solos. Con mucho tiempo por delante y sin apuros. ¿Podrían hacer algo más? ¿Habría algo más que un vistazo ahora no tan furtivo?

Inconsciemente, el pulgar que tenía sobre su muslo, lo comenzó a mover. Ligeramente al principio, como el toque de una pluma... el toque de algo efímero, algo que parecía no estar ahí. Hermione suspiró, y Tom devolvió su vista hacia ella. ¿Acaso había hecho algo mal? ¿Acaso se había sobrepasado? ¿No podía tocarla?

Sin embargo lo que vio no parecía indicar eso. Hermione miraba aquella zona en donde él la estaba acariciando, cuidando... lo que estaba viendo, sintiendo, le gustaba. Parecía gustarle. Parecía encontrarlo placentero.

Definitivamente placentero.

Todavía mirándola a los ojos y atento a su reacción, apoyó la palma de su mano en su muslo. Toda. Podía sentirla completamente ahora. Y ella a él también.

Hermione emitió un sonido. Leve, muy leve. Tom no pudo distinguir qué era, si ella había hablado, o qué había sido. Al ver a toda su mano apoyada en esa zona, ella se mordió los labios, cerrando los ojos para disfrutar de la sensación.

A ella le gustaba. Le gustaba él, le gustaba lo que estaban haciendo. Las sensaciones... cómo se estaban conociendo de esta manera única. Eso lo estimulaba. Enormemente.

Esperando ver un poco más de su reacción, Tom no dejó de acariciarla con su pulgar, haciendo pequeños círculos en aquella zona donde estaba posado. Poco a poco, dirigió su mano hacia arriba, y un poco más arriba, hasta que poco a poco su mano se perdió dentro de la falda de ella, y pudo encontrar lo que estaba buscando. Su trasero.

Hermione apretaba sus labios fuertemente, mirando la parte de la falda en donde se había perdido la dadora, deliciosa mano de Tom.

Tom apretó levemente aquella zona redonda, casi prohibida.

Hermione gimió. Eso era el sonido de antes. Ahora era más fuerte y Tom podía distinguirlo. Un sonido de placer, de gozo.

Tom apretó un poco más fuerte y ella en consecuencia gimió más fuerte, conectando esta vez sus ojos con Tom. Se notaba que estaba cohibida, pero quería más deleite. Igual que él.

Más.

Quería más, más de ella, más de su cuerpo. Jamás había experimentado algo así. La mano que reposaba en el trasero de Hermione le producía un placer inconmensurable, y mirarla a los ojos y ver que ella estaba tan deseosa como él era más de lo que alguna vez hubiera pedido. De lo que alguna vez hubiera imaginado.

Me quiere.

Tom soltó la respiración que no se dio cuenta que estaba sosteniendo. Sus alientos se encontraban agitados, sus ojos conectados.

"Acércate." Esta vez fue Tom el que habló, su voz ronca del deseo.

En el rostro de su castaña se vio un poco de sorpresa y nerviosismo, pero también había algo más primitivo, algo que él en ese momento estaba entendiendo muy bien. Una emoción que estaban compartiendo sólo ellos dos, partícipes de esta actividad ya no tan ilícita.

Tom quitó reluctantemente su mano del trasero de ella, pero luego la llevó a su cintura cuando la vio levantarse, incitándola con el movimiento para que ella se acercara más hacia él.

Entonces allí estaban, Tom sentado en el borde del sofá y con sus pies en el suelo, Hermione arrodillada sobre los almohadones del sofá. Ahora estaban ambos, las rodillas de ella rozando con los muslos de él, y sus rostros a meros centímetros de distancia. La mano de Tom seguía en su cintura, su pulgar encontrando con agilidad una zona en el borde de su blusa, tocando la piel más tersa que había sentido en su vida. Nuevamente la acariciaba con movimientos circulares, a veces generando un poco más de presión, y a veces simplemente con el más efímero toque.

Ambos seguían mirándose a los ojos, sin entender, pero a la vez comprendiendo todo. No había nada más que importara. Ellos simplemente podían seguir así hasta la eternidad. Sin duda Tom estaría contento de que sucediera eso.

Sin embargo todo su ser le suplicaba mucho más.

Sensual suplicio.

"¿Qué se supone que tengo que hacer contigo?" Soltó él en un murmuro o suspiro, más para sí mismo que para ella. Su confusión e inexperiencia lo ponía en esa situación. Y estaba seguro de que ella estaba igual en esos sentidos.

"Tienes que -"

Besarte.

Hermione no terminó de hablar, debido a que sus labios ahora estaban ocupados en otra tarea un poco más interesante que el diálogo.

El primer toque fue inocente, como si fuera de casualidad, pero no un error. Tom apoyó sus labios sobre los de ella, sintiendo el tacto, la textura, sintiendo el calor que emanaba de ella. Sintiendo su suave aroma, aroma a ella. A inocencia, pureza, inteligencia.

Hermione.

Ambos tenían los ojos cerrados, enfocados en las sensaciones que se estaban construyendo y que parecían no querer acabar. Aumentando el ritmo, la fricción, el deseo, ambos comenzaron a acariciar los labios del otro con más ímpetu, atrapándose y jugando inocente y sensualmente entre ambos, aprendiendo y confiando en el otro. Estaban seguros de cada paso que estaban dando y se tomaban el tiempo necesario para poder ir avanzando de a poco.

Se tenían a ambos. Siempre se tuvieron a ambos. No sería diferente en esta ocasión.

Los labios de Hermione se fueron partiendo a la dulce insistencia de Tom, y en la pequeña ruptura y muestra de entrega, él se encontró queriendo explorar aquella zona un poco más. En el ímpetu de la situación, Tom atrajo a Hermione hacie él, y ahora la espalda de él estaba completamente apoyada en el respaldo del sofá, y Hermione estaba encima suyo: con una pierna al costado de cada uno de sus muslos. Se encontraba cómoda, expuesta, entregada a él.

Sólo mía.

Siguieron besándose, profundamente, añorando al otro a medida que tomaban y daban cada vez un poco más, cediendo a sus placeres más escondidos. Sus lenguas se complacían mutuamente.

El éxtasis que este encuentro le producía, era simplemente indescriptible.

Éxtasis.

Bajó las dos manos que estaban en la cadera de ella, y las dirigió a donde todo había iniciado.

Allí, en sus nalgas, apretó la carne con relativamente poca delicadeza.

Sin embargo se tuvo que detener gracias a que Hermione había llevado su cabeza hacia atrás y había gemido. Muy, muy fuerte. Le gustaba, le gustaba mucho. Ella compartía su mismo éxtasis, compartían en ese momento, todo, todo.

Hermione bajó un poco su cabeza y sus miradas se encontraron nuevamente. Ambos, tenían unos leves atisbos de sudor, después de todo el movimiento y actividad que estaban realizando. Tom la observó, con una media sonrisa que no pudo evitar, vio los labios de ella rojos, acariciados, tocados por él. Suyos. Las mejillas rojas, muy rojas, de todo el placer de la velada. Y el placer que iba a continuar.

"Haz eso de nuevo..."

Hermione se mordió los labios, casi arrepintiéndose de lo que dijo. Pero era muy tarde, ya que Tom había escuchado. Y había escuchado bien. Comenzó a sentir en él algo primitivo, algo que simplemente quería tomar, arrebatar, algo agresivo. Algo depredador.

Con sus manos ya posicionadas de antes en la zona, lo único que pudo hacer era lo solicitado. Lo pedido entre actos desvergonzados.

"Tom... oh Dios -"

Él sonrió de medio lado, dejándose experimentar en la zona. Apretaba, acariciaba, a veces la sensación era suave, a veces demandante, y ya no era sólo en su trasero, era en sus piernas, en su espalda baja, y sus manos también viajaron por debajo de su blusa, de vuelta a esa zona que por el momento permanecía inexplorada y misteriosa para él.

Ella sólo pudo soltar su cabeza hacia atrás, y por primera vez, tomó con una mano el cabello de Tom, acariciándolo, mimándolo, y de vez en cuando tirando un poco cuando él tocaba o rozaba alguna parte sensible e inexperta al toque.

Quiero más.

Con una mirada hacia Hermione, tanteando él con su tacto sobre la zona de sus costillas y rozando el borde del brasier, le solicitaba permiso. Permiso para su intrusión, permiso para su exploración... permiso para poder darle lo que ambos tanto ansiaban.

Hermione, completamente rendida ante él, no pudo hacer más que asentir. Y en ese momento él guió nuevamente sus manos hacia la travesía, tanteando un poco más en el borde de la prenda, e inmiscuyendo primero un dedo, haciendo contacto con su fragilidad, ella tan dócil, sus respuestas tan favorables, no pudo hacer más que añadir un dedo más, haciendo un poco más de presión en la zona, pero no dejando de cuidarla... disfrutando de la curvatura de uno de sus pechos, fue dirigiéndose poco a poco a aquél lugar en el centro al que tenía que llegar. La cúspide.

Te quiero tanto, Hermione.

Antes de que Tom pudiera llegar a alguna zona más crucial, se detuvieron en seco.

Un ruido en la entrada de la biblioteca los hizo poner en alerta. Sonrojados y con acelerada respiración, se miraron entre ellos y luego volvieron nuevamente la vista hacia la dirección de la entrada. ¿Quién podía ser a esta hora? ¿Algún profesor? ¿Algún alumno?

Van a haber represalias. Considerables represalias. Escarmiento. Castigo, tortura. Mierda, ¿por qué tiene que entrar alguien a esta hora? ¿De todos los lugares que hay en Hogwarts? ¿La biblioteca, en serio?

Hermione se intentó quitar de encima de él, pero él no movió sus manos de su cintura, dejándola todavía posicionada encima suyo.

Entrelazaron sus miradas. Un segundo de conexión.

"¡Vamos Draco! ¿De verdad la biblioteca? ¿Me estás jodiendo, realmente?" Malditas gracias Pansy por las palabras de sentido común.

Hubo pasos y se acercaban lentamente a la posición donde estaban ellos. Si no se movían ahora, tendrían poco tiempo para escapar.

"Nadie vendrá aquí Pansy, con más razón... así tendremos más privacidad, ¿sí?" Castrarte no suena mala idea ahora mismo, querido Draco.

La hermosa Hermione susurró unas palabras en su oído.

"Tom Riddle, de verdad no quiero escuchar ni presenciar nada entre Draco y Pansy, nos vamos ya. Sin objeciones."

Él gruñó pero entendió la situación, así que con rapidez y el mayor silencio posible se desentrelazaron, tomaron sus cosas y evitaron a la pareja que ahora iba a los sofás en donde anteriormente habían estado ellos.

"¡Qué! Está caliente el sofá, alguien estuvo aquí, estoy segura de eso."

Tom y Hermione, unas estanterías en la lejanía, se detuvieron con miradas sorprendidas pero de complicidad. ¿Habían sido descubiertos?

"Pansy, está desolada la biblioteca a esta hora. No hay nadie. Debe ser algún hechizo de calor, estamos en pleno invierno."

"¿Tú crees? Debe ser eso entonces. No importa ahora, ven aquí..."

Escucharon unas pequeñas risitas, y definitivamente después de eso no querían saber nada más.

Salieron con la mayor sigilosidad posible.

Desprecio la humanidad. Todos los días.

El estar en el pasillo, escucharon otras voces. No les dio tiempo de escapar.

Tres figuras aparecieron en el camino, Filch, el profesor de pociones Slughorn, y el profesor de Defensa Contra la Artes Oscuras, Severus Snape.

Exactamente la suerte que necesitaban.

Justo lo que necesitaba.

"¡Allí están, allí están! ¡Los alumnos afuera de los dormitorios!"

Tom y Hermione intercambiaron miradas de complicidad, sabiendo después de tantos años, qué hacer. Un poco de persuasión parecía necesaria. Esta vez parecía tocarle a Tom utilizar sus encantos. Otra voz interrumpió.

"Ah, Filch, tranquilo, tranquilo, son nuestros mejores alumnos. Muy responsables. Seguramente no estaban haciendo nada fuera de las reglas, por favor." Slughorn comentaba, mientras llegaban a donde se encontraba la pareja.

"Buenas noches." Dijeron ambos estudiantes al unísono. Luego, siguió Tom. "Profesor Snape, señor Filch, profesor Slughorn... estábamos realizando nuestras rondas de prefectos, cuando vimos algo sospechoso, así que decidimos venir hasta aquí... creemos con Hermione que hay alumnos fuera del dormitorio ahora mismo, dentro de la bilioteca. Quizás hasta entrando en la sección prohibida, es una posibilidad."

Los profesores se miraron entre sí, Slughorn aclarando su garganta y dándole luego una palmadita y un guiño de ojo a Tom.

"Exacto, exacto Tom. ¿Ya ven? Estaban cumpliendo los deberes de sus rondas..."

"¡Pero es casi media noche!" Indagó Filch.

"Las rondas pueden extenderse un poco, es normal, estaban cazando infractores... estaban ayudando con tu tarea, Argus. Ve a la biblioteca, que allí encontrarás a los contraventores."

Creyendo poco las palabras de Slughorn, y murmurando algunas cosas ininteligibles, Argus, de la mano de su farol, ingresó a la biblioteca.

Snape seguía callado, con los brazos cruzados, mirando a la nada, lo único que quería hacer era irse de allí. El profesor mayor siguió con su cháchara.

"Bueno, bueno, qué haremos aquí... ya es un poco tarde, seguramente ya tuvieron algo de... tiempo juntos." Slughorn miró a Snape a su costado, pareciendo titubear. "Bueno, bueno, ven con nosotros Tom, te acompañaremos a la sala común, es lo que un profesor responsable debe hacer a estas horas de la noche, sí."

Pasaron unos segundos y Hermione y Tom se miraron brevemente, no sabiendo cómo despedirse.

"Señorita Granger, ¿acaso no es capaz de recordar dónde queda su sala común? ¿O simplemente no le funcionan sus capacidades motoras?"

Maldito murciélago, te cortaré la lengua algún día.

Hermione sonrió falsamente hacia su profesor.

"Recuerdo dónde está mi sala común y mis capacidades motoras funcionan excelentemente, profesor. Muchas gracias por su amable preocupación." Hermione miró a Tom, con una pequeña sonrisa verdadera, y sin poder controlarlo, sonrojándose un poco. "Hasta mañana, Tom."

Hasta mañana, Hermione.

Tom asintió y rápidamente fue desplazado en dirección opuesta, con una mano en su hombro, por Slughorn.

Avanzaron unos metros, pero luego se escucharon algunas voces y forcejeos de donde venían.

"¡Encontrados, los alumnos fuera de los dormitorios! ¡Ratas escurridizas!"

El profesor Snape, escuchando la voz de Draco y de Filch detrás de ellos, suspiró y se sostuvo la sien, clamando paciencia.

"Me ocuparé brevemente." Después tendré que ocuparme yo también de su querido Draco, profesor Snape.

"Ve con tu ahijado Severus, ve tranquilo." Slughorn y Tom siguieron su camino, el mayor nunca dejando de dar palmaditas en la espalda de su estudiante. "La juventud, la juventud. Esos tiempos en donde uno pasa las horas pensando en mujeres, bellas y hermosas mujeres."

Bueno, eso no lo puedo negar. Hermione sí es bella. Hermosa. La más bella y hermosa. Mía.

Tom sonrió asintiendo inconscientemente a las palabras de su profesor. Luego suspiró, dejando un poco la tensión de todo lo acontecido.

Ahora podía entender.

Sonrió de medio lado.

Y seguiría entendiendo cada día un poco más.


¿Y? ¿Qué les pareció, era lo que esperaban?

Me gustaría dejarlo como one-shot pero no estoy cerrada a opiniones. ¿Sugerencias o ideas para alguna posible continuación, o para otros one-shots?

Saludos,

Delusory.