Historia no acta para todo tipo de lector

Mi objetivo no es romantizar ni normalizar esta parafilia

De por sí, si sienten que la historia no les logra transmitir lo que es realmente dicha parafilia y desean saber más a fondo de que se trata, para eso está el siguiente capítulo.

PD: disculpen la mala ortografía.

La palabra de nuestro señor siempre se me fue inculcada como fortaleza y estilo de vida desde pequeño, creo fiel mente en Dios y en su infinita misericordia, por eso heredar el puesto de mi tío el Padre Maxi fue para mí el privilegio más sagrado.

Hoy a mis veintiocho años no me arrepiento de haberle entregado mi vida y lo que queda de ella a nuestro padre amado.

Disfruto de mi tranquila vida sirviendo a la parroquia, dar la palabra cada domingo o durante un horario corto por el resto de la semana, demuestra nada más que mi devoción al señor, estoy profundamente agradecido con el por amar incondicionalmente a nosotros vuestro fiel rebaño.

Pero siempre existirá el pozo del pecado en el que tarde o temprano caeremos.

De haber transcurrido lo de aquella fría mañana, nunca habría conocido la peor parte de mi, aquello de lo que tenía miedo dejar salir.

Antes de iniciar la misa de un nuevo Domingo, la casa de nuestro señor ya estaba trabajando en la misa de aquella mañana, todo era posible gracias a quienes conformaban este culto, empezando por nuestros ministros laicos y el acólito.

Mientras besaba el manto de nuestro señor y daba mis oraciones de cada mañana, fui interrumpido por el llanto de algunos monaguillos y niños del coro más pequeños, me vi obligado a salir en vuestro auxilio, normalmente era constumbre escuchar uno que otro llanto de un solo niño pero no de todos.

Al dirigirme al lugar donde se hacía más prominente los llantos, pude ver al líder del coro Butters tratando de calmar los niños.

"¿Que está pasando aquí?"

Pregunte en lo que posaba una de mis manos sobre su hombro haciendo que este se sobresaltara casi de inmediato.

"N-nada Padre, solo que afuera hay un chico sobre la nieve, que parecía estar m-muerto"

Casi al instante en el que terminó de hablar uno de los niños pegó un berrido. Al final una de las monjas se llevó el grupito de niños en lo que ambos nos dirigíamos al lugar designado donde se encontraba el supuesto chico.

"¡Oh Salchichas!, ¿Y s-si está muerto? ¿Y si es u-un drogadicto que murió p-por sobredosis?"

Balbuceaba el rubio en lo que no paraba de frutas sus nudillos nervioso.

"Podría ser, pero no podemos dejarlo aquí, daría mala fama a la iglesia"

Este asintió y saco su celular para empezar a marcar algún número de emergencias.

Mientras observaba el chico desnudo, lo más destacable era como su piel pálida hacía perfecto contraste con la blanca nieve y su largo cabello dorado.

Pero lo que más llamaba mi atención fue como estaba posicionado en la nieve, como si hubiera impactado con fuerza. Me puse de rodillas para tomar una de sus manos y sentir su pulso.

"¡Leo no llames a nadie, está vivo!"

Este parpadeo varias veces y colgó rápidamente la llamaba en lo que yo me quitaba el abrigo y lo cubría con este para luego tomarlo entre mis brazos. Si era un enviado del señor, debía hacer lo posible para protegerlo.

"¿Que p-piensa hacer P-padre?"

Pregunto el rubio tartajoso en lo que me seguía entre los pasillos.

"Algo de lo que nadie se debe enterar"

Finalmente llegamos a mi despacho y puse al chico en la silla antes de volver a salir sin antes echar seguro.

Desde la perspectiva de alguien más, esto se vería inapropiado, pero quería salir antes de mis propias sospechas.

"Leo, nadie debe saber de esto ¿Ok?"

"P-pero, esto no e-está bien y ¿Si al final se enteran? Usted s-sabe que la gente de este pueblo es m-muy r-radical Padre"

Lo tome del brazo para acercarlo hasta mi antes de que pudiera decir algo más aproveche para besarlo, atrapando sus labios forzadamente, no nos convenía que alguien escuchará sobre esto.

Tras liberarnos de aquel beso, como siempre cumplieron con la finalidad de calmarlo.

"Por ahora, solo necesitamos discreción ¿De acuerdo?"

Este asintió varias veces sin elevar la mirada.

"Si haces lo que te digo, tal vez en la noche podría esperarte en el lugar de siempre"

Este puso una expresión de duda para al final limitarse a asentir esbozando un pequeño "si" casi inaudible. El era un pequeño secreto del que no tenía importancia hablar.

Tras dejarlo y que ambos tomáramos rumbo a nuestras distintas posiciones, me prepare para una vez más subir al presbiterio para dar comienzo a la plegaria eucarística.

Como cada misa, había llegado a su fin y tras encargarme de ciertos asuntos, finalmente estaba de vuelta en mi despacho. Pero esta vez algo era diferente, empezando por el olor a azufre, el chico ya no se encontraba allí.

Tal vez había escapado y eso explicaba por qué la ventana se encontraba abierta de par en par.

Frustrado me fui de vuelta a mi dormitorio y sin antes prender las luces una mano con garras me agarró con fuerza del cuello de mi camisa.

"Craig Tucker"

Lo decía aquel ende demoníaco dejando a la vista sus gigantescas alas y sus voluptuosos muslos asemejados a los de una cabra, con su pecho completamente desnudo.

Había traído blasfemia a la iglesia, era un pecado del que merecía ser castigado.

Pero este demonio producía algo en mi, a pesar de haber fallado en mis suposiciones de un posible ángel mandado del cielo, sentía la ligera necesidad de retenerlo a mi lado y de castigarlo como tapadera de mi verdadero pecado.

Tras pasar casi un año, seguía teniendo un secreto en uno de los sótanos ocultos de la iglesia, un pequeño calabozo.

Allí guardaba mi más grande tesoro, no había punto calvo en ninguna de las paredes, todas las había empapelado de todo tipo de amuletos y talismanes, lo cual causaba su debilitamiento.

Estaba encandenado de su pierna izquierda, al escuchar como el sin fin de cerraduras eran abiertas se puso en disposición hacía mi una vez más.

"V-volviste, mi señor"

Esbozo una pequeña sonrisa la cual correspondi macabramente.

"Perdón por tratar"

Antes de traerlo aquí, solía contarme sobre cómo pasaba su tiempo en el mundo humano para evitar volver ahí abajo, hasta que me encontró.

Tener un demonio que estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por ti, era una forma de demostrar la fe absoluta hacia mi señor.

Aunque no significaba que no me pudiera divertir ni usar esto a mi completo favor.

"Las heridas sanaron rápido"

"Sanarlas me debilita, pero si quieres que lo haga más lento lo haré, mi señor"

"No, así está bien"

Acerque una caja con todo tipo de artefactos benditos, desde un copón hasta una Cruz y mucho más.

Una vez más se encontraba acostado, esperando la misma rutina de cada noche.

Empecé por enrollar un escapulario alrededor de su pene, meter un velón por su orificio sin lubricar, y meter una Cruz en su boca.

Estaba encandenado, así que no podía quitarse alguna de las cosas las cuales le producían un inmenso dolor de los mil infiernos, que lo llevaban a los gritos y el llanto.

Disfrutaba de ver cuánto podía soportar, en lo que veía que el inmenso dolor y desgarre se volvían "soportables" para el, continuaba adornando su cuerpo con reliquias religiosas.

Cuando su cuerpo quedaba al rojo vivo, retiraba cada reliquia y la volvía a poner en el mismo lugar, sin antes rociar un poco de agua bendita por si acaso.

"Nos vemos mañana"

Era lógico que no respondería, pero sabía que su respuesta siempre sería ferviente "si" que demonio más extraño, pero leal.

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