Lo sé. Amo a Batman. Soy un obsesionado. ¿Me podeis acaso culpar?
Esta es una idea que tuve hace breve tiempo y que me gustaría escribir.
Solo espero que al menos sea decente y mejor que una historia de Wattpad.
Espero que lo disfruteis
PROLOGO
La noche había sido coronada de una grande e inesperada agitación.
Una agitación que no prometía nada bueno y reconfortante. En todos sus años de experiencia, Ned Stark había aprendido a tener más confianza en esos extraños presentimientos que le asolaban.
Corría junto con los guardias, con una velocidad propia de aquellos que buscan matar su curiosidad.
Bajando con mayor rapidez por las escaleras de caracol de la Torre de la Mano hasta llegar hacia ese lugar de donde provenía toda esa agitación.
Los aposentos del Gran Maestre Pycelle.
El lugar estaba invadido por la Guardia Real, con la presencia de Sandor Clegane El Perro y, Jaime Lannister El Matarreyes. Aparte de la Guardia, estaban ciertos miembros del Consejo como Petyr Baelish, Lord Varys, Renly y Stannis Baratheon, y el Lord Comandante Ser Barristan Selmy.
Todos de pie menos el Gran Maestre Pycelle.
Todo el Consejo Privado estaba presenciando un hecho inusual y misterioso. Alguien había asesinado al maestre Pycelle.
Ned Stark estaba anonadado por la extraña naturaleza del asesinato. Una fría punzada recorre su cuerpo al ver la escena del crimen, una punzada que le recuerda la verdadera razón por la que había descendido a Desembarco del Rey. La muerte de Jon Arryn.
Desde luego, esta ciudad albergaba la muerte y la perdición.
Sentado sobre su escritorio, sobre la cabeza del maestre, llevaba puesto una bolsa que había sido atada a su cuello. La bolsa tenía puesto un mensaje, escrito en rojo, que decía:
NO MÁS MENTIRAS
Por debajo de la bolsa sobresalía la enorme barba del maestre. A la altura del pecho, el asesino había dejado una nota.
-¿Matar a un maestre de esta forma? Quien lo haya matado no era un hombre – dice Renly Baratheon, mostrando una mirada de desconcierto digna de su hermano mayor, el rey Robert.
-No estés tan seguro. Quien haya matado al maestre Pycelle debe de ser lo suficientemente inteligente como para no hacer ruido y escapar sin que nadie se entere. – respondía Stannis Baratheon a su hermano menor.
Renly le lanza una pequeña mirada de enfado a su hermano.
Lord Varys miraba asombrado la escena. No era muy común que alguien asesinase a sangre fría por temas poco comunes como la verdad, normalmente los hombres se mataban por ocultar verdades que pondrían en jaque a una casa o a un reino, pero… ¿revelarlo? ¿Qué conseguiría con destapar una mentira? ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? Eso era algo que Varys debía consultar con sus pajaritos.
Ned Stark, al igual que el resto, estaba asombrado. Sus ojos estaban inquietos, buscando algo que delatara al asesino. No había ningún puñal o espada en el suelo. No había señales de un intenso forcejeo. Todo estaba en su lugar. ¿Cómo había escapado? Eso era un misterio, la puerta estaba cerrada pero la ventana de los aposentos del maestre estaba totalmente abierta, dejando al viento entrando y golpeando las cortinas como si un espíritu maligno hubiese entrado.
Lo que le inquietaba a Ned era la carta que había en el pecho del maestre. ¿Qué tan retorcida era Desembarco del Rey para atraer a este tipo de gente?
Ned iba a coger la carta, pero Ser Barristan Selmy se adelantó. El Lord Comandante agarra la carta y la abre, solo para revelar otra cara de desconcierto que superaba a la anterior.
-Ser Barristan, ¿Qué dice esa carta? – preguntaba el Matarreyes.
El Lord Comandante se estremece cuando oye las palabras del Lannister, como si lo hubieran despertado un gran letargo.
-Está loco. Quien haya escrito esto, está loco – dice Ser Barristan sin dar crédito a lo que leyó.
-Ser Barristan, si pudiera hacernos el favor de leer… - respondía Ned.
Ser Barristan extiende la carta. Al extender la carta, se revelaba un signo de exclamación en el dorso, un signo de exclamación enorme.
Para el Consejo Privado:
Quiero jugar a un juego,
Solos ustedes y yo,
Sin trampas.
¿Qué tienen en común un ciego, un rey y un trono de hierro?
¿Cómo llamarías a alguien que pretende servir a dos señores?
Bajo juramento sirve a uno,
Bajo las sombras sirve a otro,
¿Servirá al hombre al que presto juramento,
O se rendirá a los deseos del otro?
Esto es solo el principio,
Cuidaos vuestras espaldas,
Considerad sabiamente a vuestros amigos,
¿Es mejor cortarse un meñique o morirse?
Todo el lugar se inundo en silencio.
El asesino los había llamado mentirosos en su cara. Se había burlado de ellos. Se había fugado sin llamar la atención. Quien fuera el asesino, era alguien peligroso ya que sus objetivos estaban más allá de lo meramente material. Aquello lo hacía ser más peligroso de lo que ya era.
Solo era cuestión de tiempo que el Rey Robert se enterase de esto. Cuestión de tiempo cuando los Siete Reinos se enteren de este asesinato y las consecuencias que traería esto. Cuestión de tiempo que cierto joven exiliado volviese y tratase de resolver todo este enjambre.
JON I
Habían pasado varios años desde que Jon volviese a pisar Poniente.
Años donde en ese entonces él era un niño. Un bastardo al cuidado de su Lord Padre, Ned Stark. Un bastardo sin futuro. Un bastardo que no conoció a su madre. Un bastardo al cual Lady Catelyn odiaba por ser el mero recuerdo vivo de la infidelidad de su marido. Un bastardo que se suponía que había desaparecido.
Un bastardo que había vuelto. Un bastardo que había viajado más allá de Poniente y había visto muchas cosas.
Un bastardo que había vuelto con un propósito en la vida.
Un bastardo que había vuelto por la muerte de su padre Ned Stark.
El honorable Ned Stark al que le habían juzgado de conspirar contra el hijo del rey Robert, Joffrey Baratheon.
Cruzando las murallas de Desembarco del Rey sin llamar la atención, luciendo como un joven vagabundo. Jon se adentraba a las ruinosas calles de Desembarco.
Todavía podía oír la voz de la Vieja Tata contándole cuentos a Sansa sobre como era Desembarco del Rey. La ciudad donde los sueños se hacían realidad y la gente era feliz. La ciudad donde el príncipe azul moraba y esperaba a su amada.
Jon tuvo el privilegio de ver cómo era en verdad esa ciudad. Distaba mucho de los cuentos, lo único majestuoso que había era la Fortaleza Roja y el tan famoso Trono de Hierro.
El bastardo de Ned Stark se preguntaba cómo se vería Sansa actualmente. Todavía podía verla en sus recuerdos, pidiendo a la Tata que siguiera con los cuentos. Él había escuchado que Sansa vino junto con su Lord Padre y su hermana Arya a esta ciudad.
Pero ahora, Ned Stark estaba muerto y Arya Stark desaparecida. Con el Norte enfadado con el Sur, reclamando la inocencia de Ned Stark y buscando vengar a su Rey.
Eran tiempos de crisis…
Pobreza. Prostitución. Suciedad. Corrupción. Las calles de Desembarco se definían de esa manera. ¿A dónde paraba el dinero recaudado que Lord Baelish recaudaba? Se suponía que él sacaba dinero de donde fuera, que él era un maestro de las finanzas. Jon sospechaba sobre el paradero del dinero de Desembarco. Lord Baelish era un ladrón. ¿Tan insensato fue el Rey Robert?
Jon buscaba un lugar donde asentarse. Tenía una tarea y la iba a cumplir, pero necesitaba un lugar donde descansar. No tenía dinero, solo un caballo que tomo prestado. El bastardo de Ned Stark se dirigía hacia la Calle del Acero para prestar sus servicios.
Cuando hubo llegado, Jon se puso a mirar las tiendas de la Calle hasta que se detuvo en una en particular. Una herrería en donde se encontraba un muchacho que tenía mas o menos su edad, aunque tenía una contextura más fuerte. Jon lo vio y supo que aquel muchacho era un bastardo de Robert Baratheon.
-¿Se le ofrece algo? – pregunta el muchacho mientras deja de martillear.
-Sí. Busco trabajar de herrero. ¿Dónde esta tu maestro? – pregunta sin muchos rodeos el bastardo de Invernalia.
El bastardo de Baratheon lo mira de arriba abajo, algo sorprendido. De pronto, suelta una risa y le pregunta.
-Tobho Mott está afuera lidiando con algunos asuntos. Estoy a cargo por el momento de la tienda. ¿Conoces el oficio de herrero? Si es así, demuéstramelo. –
-Está bien. ¿Por donde empiezo? – responde Jon sin titubear.
-Por lo básico. Quiero que hagas una espada que esté en buenas condiciones como para que un miembro de la Guardia Real lo quiera al instante –
-Está bien. Vigílame al caballo. –
-¿No eres de por aquí no? ¿Cómo te llamas? –
-No. No soy del Sur. Soy de Invernalia. Me llamo Jon. Jon Snow. –
-Oh. ¿Snow? ¿Eres un bastardo también? Me llamo Gendry Waters. –
-Gusto en conocerte, Gendry. –
Jon le deja el caballo a Gendry para que lo ate mientras él se acerca a la forja. Hoy era el día donde Jon volvía después de muchos años de Poniente. Volvía como forastero olvidado en una ciudad donde estaban ocurriendo cosas extrañas como el asesinato de Ned Stark o el del asesino que mato al maestre Pycelle. La gente lo llamaba Riddler.
Jon dudaba que los guardias pudieran resolver todo esto. Algo le decía que aquel tipo no debía ser subestimado. Él tampoco. Lo iba a resolver no como Jon Snow sino como algo más. Como una leyenda que se transmite boca a boca, como una recurrente pesadilla, como un caballero oscuro…
Tranquilos, se ahondara en este nuevo pasado de Jon con el tiempo.
Si teneis alguna duda o curiosidad. Decidmelo. Gracias
