Nota breve. La iré poniendo más capítulos poco a poco pero son textos que he tenido mucho tiempo así que solo es cosa de componerlos y darle un final. -.

Estaba en una iglesia, pisaba la alfombra lentamente al ritmo de la marcha nupcial. - Aunque demasiado lento para dos almas ansiosas de pertenecerse por toda la eternidad - Al final del pasillo se encontraba el hombre que más ha amado, con la sonrisa más grande que ella jamás le ha visto, la atención de ambos se encontraba sobre el otro, nada pudo haber sido más importante que el otro.

Paso a paso su corazón repetía "¡Sí, acepto!", todo iba tan absurdamente lento que al acercarse lo suficiente y oír lejanamente la voz del maestro Makarov, el único pensamiento que la seguía era querer besar al novio y dejar atrás toda la fastuosa ceremonia, pero se contuvo y cuando llegó al altar, solo podía ver los hermosos ojos de dragón, ignorando inevitablemente las palabras del viejo, solo despertando con las palabras tan ansiadas, con un grito al mero estilo de su prometido respondió sorprendida;

"¡Sí, acepto!" -. Ahora la pregunta iba para el novio y entonces ella notó el cambio de una sonrisa verdadera a un rostro afligido, de un "Sí" efusivo a... la nada. Súbitamente todo paró en seco. Como si todo se congelase.

No... -

- Lu-chan ¡Lucy! Despierta dormilona, es hora del almuerzo antes de la boda.

La voz de su amiga interrumpió uno de los más vívidos y extraños sueños.

- Ah! La Boda? ¡Es hoy, hoy me caso! - Gritó la chica saliendo de su cama totalmente ilusionada y con la alegría al tope. Después de todo fue una chica como cualquier otra y los sueños de una boda siempre tuvieron un lugar en su cabeza.

- Lucy-chan, no... no es tu boda, es la boda... de Natsu… y Juvia. - Lucy sintió en ese momento que todo su mundo se desmoronaba, su corazón y su garganta estaban siendo aplastados por la realidad. Su |mejor amigo| se casará con alguien más, y ella ya no puede hacer nada. Ella ya lo hirió y se negó a verlo de otra manera, sin embargo a unas pocas horas de que se sellen sus destinos; ella duda de su corazón. Si un amigo solo es "¿por qué duele tanto?" Porque esas lágrimas no podían ser de felicidad, ella lo cambió, él no es el mismo crío que conoció en sus días más perspicaces. Y entonces piensa que ya nada volverá a ser lo mismo. Ese es el destino que ella dejó ser.

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Fairy tail siempre fue un bar de lo más escandaloso pero ahí era donde le gustaba pasar sus tardes después del trabajo. Después de todo Magnolia podía estar muy tranquila entre semana. Y ahí detrás de la barra, una preciosa mujer albina limpiando discutía con un gigantesco idiota sobre cualquier tema trivial que pudiera discutirse, por supuesto se oiría su melodiosa risa en cualquier momento como símbolo de victoria. Y a pesar de todo el respeto que ellos se tenían Lucy los consideraba como la chispa y la paja, en cualquier momento algo explotaría. Y los conocía bien, después de todo ha pasado los últimos 715 días pasando sus tiempos libres entre las mesas, la barra y la biblioteca del lugar, era un precioso lugar para inspirarse. Claro hasta que ciertos amigos escandalosos llegaban de sus trabajos y ella quien a diferencia de ellos podía pasar solo unas horas laborales en su pequeña oficina en la revista de novedad de Magnolia, los envidiaba, la libertad de poder tomar cualquier trabajo e irse días o meses a donde el viento los llevase, siempre fue para ella un anhelo. Y al llegar a la ciudad su primer amigo Natsu la presentó ante tal grupo tan peculiar, había una mezcla de personas que podrían denominar como una familia. Y pronto ella sintió la calidez del hogar que tanto esperaba. Por supuesto que quería una vida valiente que fuera digna de plasmar, pero en ese momento, ella era la encargada de plasmar sus vidas. Todas esas anécdotas que ellos le contaban la inspiraban sobre mundos mágicos, lugares místicos e Islas que desaparecen maravillando un país entero. Su imaginación podía maravillar siempre a su mejor amiga Levy y trataba de llevarle sus cuentos más brillantes para sus preciosos gemelos, quienes algún día podrían soñar con los parajes fabulosos con los que la rubia fantaseaba.

Pudiese ser que ese bar fuera un gremio para los aventureros que buscaban pelear contra cualquier mal. Desde hombres vestidos de oveja que abusaban de sus empleados, hasta hombres con hábitos demoníacos que asaltaban villas. Cualquier historia común que pudiese entristecer a cualquier ciudadano ella lo hacía ver como las verdaderas hazañas de sus compañeros, a quienes les dedica con amor sus historias.

A Natsu su mejor amigo y su equipo ella era la encargada de redactar las cartas de disculpas que iban repartiendo en la mayoría de sus trabajos, a pesar de ser el equipo más eficaz no siempre fueron los más eficientes, por lo que sus pagos se iban en los daños que causaban. Así que su comida y su posada en Magnolia iban por el bar.

Ellos eran aventureros y dentro siempre iniciaban peleas, comían como bárbaros y bebian hasta perder la conciencia. El dueño y aficionado de la justicia Makarov siempre se preocupó por su miembros, después de todo Fairy tail aceptaba a cualquiera con un enorme corazón, pero no cualquiera soportaba el ritmo del gremio más ruidoso de Fiore.

Ella también pertenecía y había trabajos en los que podría ir con ellos siempre un poco incómoda al viajar con ellos puesto que su amigo pelirosa siempre se mareaba en los transportes por lo que ella lo dejaba recostarse en su regazo y lo mecía suavemente hasta que el dormía un poco. Su equipo estaba compuesto por Erza la heroína más audaz de los cuatro, pasaba los transcursos armando las estrategias, ella jamás había perdido una sola pelea, Lucy la admiraba y le temía al igual que todo el gremio. Y el único que quedaba para conversar era Gray un muy atractivo miembro el cual a pesar de su carácter pacífico siempre podía ser un pendenciero en el gremio pero por sobre todo un desnudista. Él siempre le hablaba de los lugares y las personas, le daba detalles para imaginar los lugares a los que iban, datos que Natsu nunca podía proporcionarle debido a su constante estado hiperactivo. El contraste entre ellos era impresionante como el fuego y el hielo, y a pesar de que Natsu siempre la dejó ir a donde quisiera aún sabiendo que ella no tenía las habilidades que ellos, ella confiaba en que él siempre estuviera cuidandola. A diferencia de Gray quien siempre la protegía y nunca le dejaba hacer tareas pesadas. Quizás para ella fuera más fácil ir con Gray, se sentía como una princesa, frágil y adorada. Mientras que con Natsu era su compañera, una verdadera justiciera en sus misiones, confiaban mutuamente y curaban sus heridas juntos.

Ella nunca pensó en ellos de la misma manera, Gray era el hombre que la protegía y la cuidaba delicadamente, le daba su espacio y aunque tenía el mal hábito de desnudarse en público, sus pláticas siempre fueron extensas. Mientras que Natsu era el niño que se metía a su casa con su gato y vaciaban su nevera, le pintaba las uñas, hacia un desastre en su dormitorio, no sabía comportarse en una comida familiar y siempre se sentaba en la mesa mientras ella bebía un té antes de dormir, contándole las peleas mientras las recreaba con el pequeño gato maldoso.

Desde que conoció a Gray siempre lo trató con mucho respeto y se podría decir que ella tenía un ligero flechazo, sabía que con él eran platicas entre adultos. Y desde ese Invierno que escaparon juntos durante una de sus misiones, donde el destino los condujo a un lúgubre hotel donde ella no se podía despegar de él. Lo que pasó ahí le dejó muy claro que él era un hombre. Desde entonces todos sus encuentros estaban plagados de risitas nerviosas. No podía verlo sin que un ligero rubor apareciera en sus mejillas.

Alguien lo hubiera notado si Erza no hubiese estado tan ocupada en el nuevo mundo de las chicas a la que ella entró cuando se reencontró en una de sus misiones a uno de sus amigos de infancia. Para Lucy el tipo se veía aterrador, lleno de cicatrices con un tatuaje en el rostro, sin embargo a Erza le parecía tan atractivo para merecer todo su esfuerzo por verse más femenina. Tomando consejos de todas las miembros de Fairy Tail, quienes le recomendaban cremas, ropas, perfumes y por supuesto maquillaje, claro que ella no lo necesitaba, sin embargo le parecía imperativo llevar todas sus armas a la batalla, y en esos momentos era una guerra entre quien se declaraba primero. Ambos tan tímidos e inexpertos que Lucy olvidaba por momentos el aura tan pesada que infunden al pelear juntos.

Como toda chica ella tiene sus instintos calibrados para detectar un amorío cocinándose, y los suyos solían ser atinados, quizás pudo haber cometido errores en el amor anteriormente, pero ninguno tan grande como perder a su mejor amigo.

Era justo, ella sabía del enorme enamoramiento que otra compañera de Fairy Tail sentía por el frío rompecorazones. Pero lo ignoró, sin importarle más que el momento se había dejado llevar por el encanto elegante del caballeroso "Gray-sama" como solía llamarle la insistente Lolita quien lo seguía y adoraba con todo su corazón desde que lo conoció.

Juvia la belleza exótica que cualquiera deseaba recatada, educada y muy fuerte pero ella no habitaba el mismo mundo que los demás, ella vivía entre su imaginación y el mundo real. Lo cual llegaba a ser pernicioso, su vida intermitente la hacía ver como una soñadora de día para su amado, quien era pragmático, serio y seco. Eran totales polos opuestos pero era palpable la atracción. Quizás no eran la pareja más afín pero siempre que peleaban juntos ambos se acoplaban perfectamente al otro, cosa que nunca pasó desapercibido por la chica, quien llegaba a presumir su "avance" a Lucy viendola como su rival, ella solo podía reír internamente ante la inocencia de la joven. Aunque muy en el fondo sentía culpa por haber arrebatado un momento que Juvia hubiera atesorado mejor de lo que ella lo hizo. Ella tuvo un buen momento con el joven pero nada entrañable. Claro que ya estaban en esa edad pero ella nunca pensó que un momento así se hubiese consumido con tanta facilidad. No fue desagradable ni doloroso, ella se sentía cómoda con su cuerpo y conocía a la perfección su atractivo, notaba las miradas fugaces de su compañero y el comportamiento masculino que él prefería ocultar frente a ella. El deseo los consumió y claro que disfrutaron toda la experiencia pero… no fue amor. Y ambos lo supieron justo después de la ajetreada actividad. No era amor.

No fue el triste final de su amistad, o el floreciente comienzo de su historia de amor. Solo fue el momento, el lugar y lo que falló fueron las personas. Y aunque ambos no lo admitían en voz alta, ya sabían a quien extrañaban en ese incómodo momento que se abrazaron por unos segundos sin decir palabra cada uno sumidos en sus pensamientos sin nada bueno que decir. Su regreso a casa fue tranquilo sin escenas ni dramas, ni grandes discusiones, ni un momento vergonzoso solo una despedida cariñosa y un par de marcas es lo que conservaban. Para su fortuna las respectivas personas que pudiesen haber notado el cambio aún no regresarían, y sumidos en esas nuevas sensaciones decidieron aprovechar el tiempo que les quedaba para hacer de las suyas. Al principio fueron besos en el armario de suministros del bar, coqueteos inocentes, pero su relación iba escalando dejando a un lado su decencia y su pudor, toqueteos indecentes bajo la mesa, palabras sucias al oído frente a todos, llegaron hasta coger en el armario de calderas. Todos sus encuentros los hacían cada vez más diestros y a su vez cada vez más deseosos, la idea de ser pillados solo era leña para la hoguera que habían prendido. Pero nunca llenaron más que sus egos y su líbido. Una relación estrictamente física. Pero como todo lo bueno llega a su final, cada día dejaban más rastros de sus encuentros, con el paso de los meses muchas coincidencias y casualidades resultaron sospechosas y ciertos enamorados trabajaron hombro a hombro para descubrir en que se habían metido sus amores. Juvia poseía un radar excelente y Natsu un olfato impresionante para cosas así.

N. Hasta aquí el primer capítulo y si les gusto los invito a esperar el siguiente que muy pronto publicaré.