Título: Despreciable
Ninguno de los personajes protagonistas me perteneces, son del manga/anime Maria Holic.
Los pasillos de la amada escuela Ame no Kisaki estaban diferentes ese día. No había ninguna estudiante en uniforme o profesores que controlaran el lugar, solamente mujeres recién graduadas del establecimiento, vistiendo ropa informal, que estaban caminando por última vez por el lugar, ya que luego de ello no volverían a pisar el lugar en mucho tiempo. Entre lágrimas y risas, algunas se acercaban a Mariya para despedirse y desearle lo mejor. A pesar de encontrase en segundo año y ser menor que ellas, había logrado ganar con mucha facilidad el respeto de sus superiores. Aunque mucho no le importaba, ya que no serían útiles para él ahora, aún así, mostraba una de sus mejores sonrisas mezclada con una pena fingida. Debía seguir con su rol un tiempo más, por lo menos hasta el año siguiente. Matsurika, quien estaba a pocos metro de él, le tendió un pañuelo bordado para que se secara las lágrimas que sin esfuerzo logró que salieran.
-Discúlpenme, por favor. No soy buena con las despedidas.- dijo con su tono de voz femenina, riéndose por adentro como estas caían ante sus encantos de "niña buena".
-No se preocupe, Mariya. No debe porque sentirse avergonzada. Lamentamos si la pusimos triste.- contestó una de ellas, avergonzada de haber provocado el llanto de la rubia.
-No, no digas eso. Agradezco a la virgen María por lograr que nos encontremos.- al decir eso, limpió una pequeña lágrima que estaba por salir de su ojo, lo cual conmovió a toda persona que vio aquella escena.
Así estuvieron por un minuto más. Al chico le comenzaba a molestar el juego de disculpas mutuas, siempre parecían que no tendrían fin. Cuando por fin pudo liberarse de aquella conversación "emotiva" en la que se daban mutuo apoyo, salió hasta los jardines. Matsurika solo lo miraba, más no decía nada, lo cual comenzaba a irritar al rubio.
-Si vas a decir algo, dilo ahora perra. Incomodas.- dijo con su voz masculina, ahora que ya no había nadie presente.
-Usted sin duda que es despreciable, Shidou.- soltó de golpe, cosa que lo desconcertó.
-Mide tus palabras, zorra. Y explícate. Si es por lo de las idiotas esas, sabes que mientras siga con esto debo actuar muy bien mi papel para no generar dudas. Además, es obvio que me extrañaran, han tenido el honor de pasar sus días cerca de un ángel como yo.- a esto último, lo agregó con aire de arrogancia característico de la familia Shidou. Siempre orgullosos, arrogantes y ególatras. A pesar de que tuvieran las razone para ser como son, era desesperante.
Ante esto, la joven sirvienta no podía hacer nada más que suspirar. En estos momentos lamentaba que ninguno de los hermanos haya dado el paso de liberarla de su deber de sirvienta. Era agotador. Siguió caminando, ignorando lo que le pidió su amo. Este estuvo a punto de estallar hasta que se percato de una familia que caminaba cerca de ahí, por lo que volvió a su sonrisa dulce.
"Maldita" pensó, sabiendo que ella lo iba a escuchar, pero aún así no recibió respuestas.
-Mariya-san. -atrás de él se iba acercando Yuzuru. También hoy era su último día de estudiante.- Me alegro de haberte encontrado.
-Yuzuru-san. -dijo sorprendida, entrando de vuelta a su personaje.- A mi también, realmente voy a extrañar practicar contigo.- dijo mientras tomaba las manos de la mayor. Esta sonrió ante tal gesto.
-Yo igual, pero volveré de vez en cuando para ver como vas, Mariya.- dijo feliz.- Espero que logren ganar la competencia y que las nuevas ingresantes sean buenas.
-Muchas gracias, Yuzuru.- agradeció mientras la soltaba.
-Me tengo que ir, debo despedirme de Kanako-san y las demás. -al escuchar ese nombre, el rubio no pudo evitar hacer una mueca que solo Matsurika logró percibir.- Seguramente la extrañaras. ¿No es así? Después de todo eran muy buenas amigas.
-Así es.- respondió Mariya, frunciendo un poco las cejas.- Kanako-san ha sido la persona más amable y gentil que he conocido. Nada volverá a ser lo mismo sin ella.- confesó con tristeza exagerada, aunque dentro de su pecho le dolía un poco, sin que este supiera el porqué.
-Hasta pronto, Mariya-san.- se despidió la castaña mientras tomaba su maleta y se dirigía a la salida de la academia.
Cuando la perdió de vista, el chico suspiró con fastidio y enojo.
-Como si fuera extrañar a esa gigante.- dijo, pero no recibió una respuesta. Solo la mirada dura de su sirvienta. Prefirió no confrontarla de nuevo, ya que sabía que no serviría de nada.- Como sea, vámonos a la habitación. Con suerte ya se habrá ido.
Ambos comenzaron a caminar, cada vez había menos mujeres en el lugar. En todo ese día, Mariya estuvo vagando por Ame No Kisaki, cumpliendo su rol al saludar a todas las jóvenes que se iban, pero evitando a su compañera de habitación. Para ese momento, lo más seguro es que Kanako ya se hubiera a fantasear por última vez antes de que su "paraíso" con mujeres la echara. Aunque debía admitir que en ese último año hubo cambios en ella. Por ejemplo, ya no se desangraba al pensar cosas pervertidas, incluso habían disminuido considerablemente esas fantasías. Tampoco se perdía tanto en sus pensamientos, inclusive se acostumbro a que tanto él como Matsurika intervinieran sin que se moleste. También había dejado de hablar sobre su fantasía de encontrar a su verdadero amor. Pero su logro mayor había sido que, por lo menos con él, ya no tenía urticaria. Eso que tanto le divertía de ella se había comenzado a esfumar progresivamente con él y no tenía una respuesta para eso. Lo único que podía pensar como posibilidad es que ella se haya acostumbrado se cierto modo a sus acercamientos. Miyamae logró madurar (algo) en el internado para sorpresa de muchos.
Sin embargo, a pesar de que se la seguía viendo sonreír y hablar disparates, se la veía un poco apagada. Como si algo la estuviera preocupando o molestando. Mariya nunca se animó en preguntarle que le ocuría, ni ella tampoco se lo dijo. Era como un tema tabú para ellos, por más que le rubio quisiera saber.
Al llegar al dormitorio, no había rastros de la mujer. Todas sus cosas habían desaparecido y su cama estaba tendida, como si nadie hubiera habitado allí antes. Sin embargo, sobre su almohada había una nota:
"Supongo que no te gustan las despedidas, porque trate de encontrarte y no pude. Es una falta de respeto para tu mayor, Mariya-san. En fin, te escribo esto para desearte un mejor año escolar, supongo que estarás feliz de que tu secreto no pueda ser descubierto. Espero que ahora lo pases mejor. Igual que le dije a Shizu-san, te deseo suerte en la apuesta. Supongo que eso es todo. ¡Adiós!
-Kanako"
Al terminar de leer la nota, la hizo una bola y la tiró, actitud que Matsurika desaprobó.
-Eres despreciable, Mariya-san.- dijo en tono neutral la misma frase que dijo antes, irritando demasiado al rubio.
-¡Puedes decirme de una vez el porqué, mierda!- gritó con odio. Ahora no tenía ganas de lidiar con Matsurika y sus estúpidos comentarios.
La chica de cabellos grises tomó asiento en la cama que antes ocupó Miyamae y le indicó al chico que hiciera lo mismo en su cama. Este lo hizo, pero no porque le gustara seguir las ordenes de su empleada, sino para terminar con todo eso de una buena vez.
-Comienza.- ordenó el otro, haciendo que la sirvienta sonriera levemente.
-Comencemos por el principio. - indicó mientras cruzaba las piernas- Y es que usted, desde que la vio por primera vez, se sintió atraído por Miyamae Kanako.
Al terminar de decir su nombre se escuchó por toda la habitación la risa ensordecedora de Shidou, como si hubiera escuchado una buena broma. La cara de Matsurika indicaba claramente que no estaba jugando, haciendo que el rubio se sentara nuevamente y la mirara con indignación.
-¡Yo! ¡¿Interesado en una cerda pervertida?! ¡¿Cómo es eso?! ¡Mis estándares son más altos?!- el ego del chico era lo único que lo podía proteger en esa confrontación, la joven lo sabía bien, por eso prosiguió sin pena alguna.
-Me di cuenta desde el primer beso en la mejilla que le diste a Miyamae, en aquel momento no sabía cómo era en realidad. Así que no tenía sentido de que fuera una simple broma como dijiste en aquel entonces. Tampoco la veías como un peón importante porque no había alguna relación directa entre ustedes en aquel momento, así que tampoco había razón para que te hayas ofrecido en mostrarle la escuela.- durante todo ese relato, Mariya no dijo una sola palabra, solamente estaba sentado en su lugar, con una mirada fija y ensombrecida mirando a su compañera.
-¿Que tratas de decir? Te advierto que cuides mejor tus palabras, perra.- amenazó, comenzando a sentir sus mejillas calientes sin que pudiese evitarlo.
Una pequeña risa salió de los labios Matsurika, logrando desconcertarlo aún más. Amaba verlo así, sin saber como atacar. Era fascinante. Sabía que lo que diría a continuación sería como un golpe final para su poca estabilidad emocional que tenía desde hace una semana. Había esperado por ese momento.
-Como dije y sostengo, que a usted le atrajo la cerdo apenas la vio. ¿O me equivoco? -sin esperar respuesta prosiguió.- Siendo honestos, ambos sabemos que la Torre Eiffel logra ser bastante atractiva a primera vista a pesar de su altura, obviamente sino conoces su personalidad antes. Pero a pesar de conocer lo peor de ella, saber que es un ser pervertido y sin inteligencia y que no podría ser presentado como un sujeto con moral ni decencia mínima, usted siguió a su lado. Usted siguió detrás de ella.- esta última frase hizo que el rubio se levantara de su lugar.
-¡¿Y tu porque crees que es, imbécil?! -gritó.- La única razón por la que seguí a su lado fue por el secreto, ni más ni menos. -aclaró, sabiendo de antemano que no era un argumento fuerte.
-Ni usted se lo cree. Si hubiera sido así, una simple amenaza de muerte hubiera bastado para que se quedara callada. Hasta un idiota puede reconocer el peligro cuando lo siente, más a uno miedoso como ella. En todo caso, un recordatorio cada cierto tiempo hubiera bastado. Además, ese asunto no le importo eso cuando rompió su rosario.-Shidou sentía que pasar ese punto sus manos estaban atadas. Sin duda Matsurika era igual o peor que él en cuanto utilizar información a favor de uno - Inmediatamente se alejo sin pensar en que pudiera decir la verdad, lo que para usted hubiera sido un gran descuido.
Para ese punto, las palabras no le salían. Nunca quiso afrontar esa realidad que envolvía a su ex-compañera. Había algo más allá del secreto de la apuesta que lo obligaba a mantenerla vigilada; a hacerla sufrir con cada prenda de vestir que se ponía para torturarla; a controlarla cuando comenzaba a fantasear con otras mujeres. Aún así, no quería aceptarlo todavía. No mientras ella siguiera allí.
-Ahora no lo juzgo por haberse enamorado de la pervertida. -el énfasis del "ahora" que hizo era importante para ella, ya que después si lo juzgaría por eso.- Sin embargo, me resulta desagradable que inclusive se manipule a si mismo como idiota para negar su triste realidad. -hizo una breve pausa para apreciar mejor su rostro a la vez que se levantaba.- Enamorado de una lesbiana con un gran odio a los hombres que tal vez nunca en su vida le corresponda.
-¡Cierra la boca!- su grito fue tan fuerte que la dejó sorprendida de si misma y cómo logró tocar una debilidad del travesti. Por lo mismo, decidió que lo mejor era dejar esa conversación esta ahí. Sabía que él ahora querría estar solo para pensar. Antes de irse, decidió confesarle la otra verdad que sabía y que calló para ver si su amo era lo suficiente inteligente para darse cuenta. Lamentablemente no lo fue.
-Si le sirve de consuelo, no creo que sea lesbiana. -dijo, viendo la expresión extraña del rubio.- Bisexual sería la mejor etiqueta para ella.
-¿Por que lo dices?- logró preguntar.
-¿Usted no lo notó? Oh, bueno, es una pena. -al ver la cara de impaciencia de Shidou, decidió hacerlo más corto de lo que hubiera querido.- Por más raro que suene lo que voy a decir, es la verdad. Supongo que el pequeño cerebro de Kanako no la ayudó a procesar que podía tener mejores opciones. -lo siguiente que dijo Matsurika, quedó resonando en la cabeza de Mariya por mucho tiempo.
-Ella se estaba enamorando de usted.
"Como dije, eres despreciable." Esa frase fue la última que ella dijo al cerrar la puerta aquel día. Tardó unos segundo en procesar toda la nueva información, pero cuando la entendió, salió corriendo para buscar a Kanako, con la esperanza de que no se haya ido para ese entonces.
Lastimosamente, fue tarde. Su hermana menor le informó que se había ido hace diez minutos con su padre y hermana mayor. Intentó de seguir platicando con él, pero este se fue sin decir nada más.
Luego de eso, no se volvieron a contactar, solamente hicieron un par de llamadas por un tiempo hasta que la joven dejó de contestar. En ninguna de estas el joven intentó de confesar sus sentimientos, por lo que ella nunca supo lo que en verdad sentía. Su hermana tampoco volvió a saber de ella, lo cual la hacía sentir un poco triste cada vez que lo recordaba por la amistad que logró forjar con ella en aquellos días.
Al final de todo, en el último año ambos hermano decidieron que cada uno volvería a su escuela original, dando por terminada la apuesta. Shizu en verdad deseaba pasar su último año como ella misma, no había razón para sentirse culpable luego de la charla que tuvieron con su abuela. Por otro lado, Mariya quería descansar de su rol, se sentía cansado de fingir hasta ese punto. ¿Quién ganó? Se podría decir que ninguno, ya que fue un mutuo acuerdo terminar con todo. Intentaron desempatar con las notas, pero fue lo mismo. Finalmente, comenzaron otra, la cual consistía en que cada uno se haría cargo de una institución y que luego de unos años el ganador, dependiendo cual tuvo el mejor promedio general, se quedaría con ambas instituciones. Bastante difícil, ya que no consistía en solo ellos, sino que también involucraba a los alumnos de ambos colegios y lograr que estos pudieran dar lo mejor de si. Pero con estrategias todo se podía.
"Eres despreciable."
Tal vez si lo era, pensó nuevamente en su mente Shidou.
Desde el ventanal de su estudio en Ame No Kisaki, junto a Matsurika, veía la figura de una adulta Kanako Miyamae. No había cambiado mucho desde la última vez que la vio, desde lo lejos se percibía lo torpe que seguía siendo. Sin embargo, tenía un aire más... maduro. Sus cabellos le llegaban hasta la cintura y llevaba un vestido blanco veraniego con algunos volados desde la cintura para abajo. Estaba realmente hermosa, aunque no lo admitiera en voz alta. A pesar de su distancia, pudo notar algo que le molestaba. Una cadena dorada que llevaba en su cuello, cuyo dije era un anillo también de oro. No pudo evitar que sus ojos se abrieran grandemente. ¿Acaso se casó?
Matsurika sabía todas las emociones que estaba sintiendo el hombre, pero prefirió callar esta vez. Ahora ya no era su sirvienta, solo una amiga. Y como amiga, debía dejar que crezca emocionalmente y procese sus sentimientos como un adulto.
Ambos vieron que al lado de Kanako se encontraba un niño pequeño, de tres años por lo que se veía. No se podían distinguir bien sus rasgos, lo único que sí pudieron notar del pequeño era su cabellera oscura. Lo que más sorprendió a Shizu de la escena era ver como ese pequeño era cargado por la mujer con tanto amor y ternura sin que esta se desmayara ni se brotara. Lo más probable es que ese sea su hijo. Luego vio a su alrededor. Algunas estudiantes la observaban con un leve rubor en sus mejillas mientras que la profesora Fumi se acercaba felizmente a Kanako, llevando una bolsa de caramelos a mano para emoción del chico.
A pesar de saber que su teoría era lo más probable cierta acerca del chico, aún la quería. A pesar de los años y la distancia; a pesar que luego de un tiempo de que se haya ido del instituto hubieran perdido el contacto; a pesar de que ya no debía ser la misma Kanako Miyamae que había conocido. Aún la quería. De pronto, una idea oscura atravesó por su mente. Una idea que estaba relacionada con llevársela a un lugar donde no sea encontrada y lograr saber de su vida para ver la forma de volver a estar juntos. Pero al ver al pequeño, supo que ya no podía aunque quisiera, no podía meterse con un menor de edad.
De repente, su mirada se cruzó con la de la mujer, como si esta hubiera sentido que él la veía. En respuesta, con algo de timidez, miedo y felicidad, le sonrió algo sonrojada. El niño también hizo presencia en esa escena con sus ojos grandes y grises. La mirada del pequeño era especial, era como si supiera lo que pensaba y por lo mismo lo amenazara silenciosamente de no intentar hacer algo malo.
O tal vez ya se estaba volviendo loco.
De cualquier forma, no correspondió a su sonrisa y simplemente se alejó de la ventana, como si no hubiera visto a nadie.
Retiraba lo dicho, sí era despreciable.
