»... Por la forma en la que tomaste la idea que tenía sobre todo lo que quería tener, y me hiciste ver que había algo que faltaba...
- Ne-Yo, Never Knew I Needed.
Je t'aime, Adrien
Adrien se sentía más y más impaciente cada día que pasaba, y a la vez una ansiedad comenzó a intensificarse en su pecho.
Todo comenzó con una confesión y un beso que lo cambió todo.
— Marinette —le acaricía el rostro—, vamos, dilo.
Marinette suspiró y se acercó a su amigo, tomó aire y con los ojos cerrados atrapó ambas manos de él en las suyas.
— Yo sé que somos amigos, que me aprecias mucho como una amiga, que eso es lo que esperas de mí, que mi amistad es algo que atesoras y yo estoy feliz de dártela, sé que quizás amas con todo tu corazón a alguien más y lo comprendo —apreta los ojos, se da valor y continúa—. Pero quiero que sepas que yo... Que yo te amo, realmente te amo...
Marinette suspira una vez más y Chat Noir estaba a punto de darle su crítica constructiva sobre aquella confesión, pero, entonces, Marinette continúa, muy para su sorpresa.
— Yo —suspira—... No pretendo que me ames ni que te sientas presionado a nada, no quiero que las cosas cambien entre nosotros si es que tú no quieres que sea así, solo quiero que sepas que aquí en mi corazón hay un sentimiento que crece con cada momento en el que iluminas mis días con solo ser tú —sonríe con ternura a la nada y Chat Noir siente un extraño revoloteo en su vientre—. Quizás no tuvimos un tan buen comienzo, la verdad, en un principio pensé que eras pretencioso, superficial, engreído, arrogante, patán, entre otras cosas —ríe con ironía—, pero cuando pude descubrir el chico que eras en verdad, el gentil, maravilloso, tierno, amable, dulce, noble y... Ah —suelta una expresión de tanto amor que Chat Noir se descubrió conteniendo el aliento—... Toda la belleza que hay dentro de ti... Ja... No pudo ser de otra manera, mi corazón se invadió de un sentimiento que dudo mucho poder sentir por cualquier otra persona, yo... Te amo, Adrien.
Él no se dio cuenta cuándo ni cómo es que se acercó a ella, pero cuando su nombre resonó en su cabeza mientras un montón de escenas pasaban como flashes por su memoria simplemente sucedió, ahuecó sus manos en las mejillas de ella y, con una última visión de un periquete de segundo de sus orbes azules contemplándolo con asombro pero sin resistencia, él tomó sus rosados labios de corazón entreabiertos.
Sintió la sorpresa de ella en el instante en que se dio el encuentro, él entonces se apartó ligeramente, no hizo presión, dejó que sus labios simplemente queden rozando levemente los de ella mientras apoyaba su frente en la de ella con sus narices rozando, a la espera de que su propia cordura vuelva o que Marinette, su amiga, SU AMIGA, le empuje.
Un segundo.
Marinette volvió a respirar, como si por fin se acordara de cómo hacerlo.
Dos segundos.
Sus labios tiemblan y parece que sus piernas le fallan porque se sostiene con fuerza de los brazos de él.
Tres segundos.
Murmura algo pero no es coherente, y por su parte Adrien comienza a entrar en pánico, incapaz de moverse e intentando inútilmente calmar el huracán que había en su cabeza.
Cuatro segundos.
Pasaron cuatro segundos estáticos y, justo cuando él estuvo a punto de apartarse, ella tomó un suave impulso, fue rápido y ligero, y de este modo, causando en él un efecto comparable con el impacto de un rayo en su pecho, sus labios, esos labios dulces, suaves y de adorable forma se presionaron con timidez sobre los suyos.
Roce a roce algo retumbó en el pecho de ambos y de algún modo parecía que aunque se esforzaran simplemente no podían detenerse.
Pero tenían que detenerse... Y querían detenerse... ¿No?
No podían pensarlo mucho cuando de pronto, finalmente lo lograron, se apartaron.
No tenían el valor para mirarse, tampoco la capacidad porque ambos estaban en un razonable estado de shock.
Uno que empeoró cuando por accidente, luego de un momento que no les fue suficiente para recobrar la cordura, sus miradas chocaron.
Silencio.
Se quedaron en silencio y no se movieron.
Ella seguía aferrada a los brazos de él para mantenerse de pie y él seguía sosteniéndola con firmeza de la cintura, sin recordar cuándo ni cómo la tomó de la cintura.
Pensaron que fue un largo rato y comenzaban a tener un colapso nervioso, sin embargo llevaban tan solo unos cuantos segundos después de ese beso.
Y entonces rieron ambos, finalmente apartándose, rieron como histéricos.
— ¿Qué... Fue eso? —preguntó ella, riendo todavía, disimulando muy mal sus nervios.
— ¿Un beso? —respondió él forzando una sonrisa cuando en verdad lo único que quería hacer ahora era darse de cabezazos en la pared de su habitación.
— ¿Por qué? —ella le inquiere.
— No sé —responde él con su tono frustrado.
Silencio, un largo silencio fue lo que siguió.
— Oh —respondió ella finalmente, luego de tragar saliva.
— ¿Me dejé llevar?
— ¿Sí?
— Claro.
— Claro.
Otro silencio, ahora ambos miraban al anuncio en el que se encontraban los héroes de París besándose, ambos por diferentes motivos y con diferentes sentimientos batallando.
Pero eso ninguno de los dos lo sabía, estaban inmersos en sus propios sentimientos.
— Yo, ah... Perdón, creo que también, ah... Me llevar dejé, no... ¡No! —suspira haciendo una mueca de frustración— Lo siento, no quise...
— No _le interrumpe con una sonrisa apaciguadora—, yo, yo lo siento... Yo... Bueno, me dejé llevar... Ah... Creo que en este tipo de circunstancias me hace mal ser actor metódico —ríe y se golpea la cabeza, como diciendo "ah, qué tonto soy"—, en verdad, lo siento, Marinette.
— ¿Actor? —ella amplía los ojos con sorpresa.
Adrien finge entrar en pánico, ocultando la sonrisa de alivio por muchos motivos.
— Ups, creo que se me escapó algo de mi vida de civil, pretende que —le guiña y le sonríe de lado—... Nunca lo escuchaste.
Ella ríe de una forma extraña y finalmente suspira.
— Será difícil de olvidar, pero tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo, Chat.
— Bueno, ah... Adrien... Eh... ¿Adrien Agreste?
Quería que la tierra lo trague, se arrepintió de inmediato.
Ella soltó una risita y se encogió de hombros, esbozando una sonrisa tierna y mirándolo a los ojos de una forma que lo atormentaría esa noche más tarde, y probablemente las siguientes, para de pronto terminar de ponerle las cosas de cabeza poniendo su dedo índice derecho sobre sus labios y el izquierdo sobre el de él, con las mejillas rosadas y una mirada entre tímida y pícara.
— Supongo que serán nuestros secretos —curvó una sonrisa.
Él sintió una explosión en su interior, especialmente en su pecho, una tan fuerte que estaba seguro que su cerebro había salido volando a la estratosfera porque, si no hubiera sido por la voz del padre de Marinette que lo hizo brincar y lo despertó a la fuerza de ese estado inexplicable al que había entrado sin darse cuenta, él se dio cuenta que pudo haberla besado una vez más.
Que quiso hacerlo.
Él saltó de inmediato unos cuantos tejados motivado por los "traumáticos" acontecimientos después de la última vez en la que vio al padre de Marinette como Chat Noir y que este lo vio en el balcón con su hija.
Sin embargo, algo en él pudo más que el terror culposo que le tenía a Tom Dupain.
Paró la carrera a su mansión antes de seguir alejándose.
Y ahí estaba ella, sonriendo mientras lo observaba partir, con sus bellos zafiros reflejando las luces de la ciudad.
"Gracias, Chat Noir"
Leyó de sus labios mientras se despedía con la mano.
Él sonrió con muchos sentimientos encontrados pues ahora estaba cayendo en cuenta de todas las implicancias de lo que acababa de suceder y no sabía qué sentía, qué debería sentir, ni mucho menos qué hacer.
Él simplemente sonrió de lado y le hizo una reverencia.
Ella soltó una risita, no la escuchó pero sí la vio, y aunque no sabía qué iba a hacer sabía que definitivamente no quería que se borre esa sonrisa de su rostro.
De pronto ella dio un brinco y miró hacia abajo, su padre seguro la llamaba, se volvió hacia el héroe y le sonrió de forma significativa, se despidió con la mano y se fue.
Adrien no durmió esa noche y Plagg simplemente comió su queso en silencio con una mirada burlona.
Desde el día siguiente las cosas se tornaron tensas para Adrien, sabía que debía de rechazarla pero le lastimaba pensar en que esta sería la segunda vez que le rompería el corazón a Marinette y, lo que es peor, la besó siendo Chat Noir... ¡La besó siendo Chat Noir!
Pero eso no era todo lo que tenía que pensar, es decir, Marinette se enamoró de él dos veces. Dos. Dos veces. Dos.
¡DOS VECES!
Ella lo ama como nadie nunca lo había hecho.
Ella lo amó como Chat Noir y lo ama como Adrien. A ambos. Los amó a ambos. A ambas partes de él y lo que era más, amó primero a la que más disfruta ser aunque no lo represente por completo o en su totalidad.
Lo amaba incondicional y completamente.
Realmente fueron una tortura los primeros días, estaba completamente atónito, y lo estaba cada vez más mientras más lo pensaba. Esperando y al mismo tiempo temiendo el momento en el que Marinette se le acerque para decirle sobre sus sentimientos, para que le confiese su amor.
Pero entonces...
Entonces...
Ese día simplemente no llegaba.
No.
Nada.
Marinette no se declaraba.
Por una parte debía de sentirse tranquilo porque así él no tendría que rechazarla una vez más, como supuso que haría porque, aunque Marinette es maravillosa, no quería fallarle a alguien más como le falló a Kagami.
Y recién estaba recuperando su amistad con Kagami, de milagro.
No quería arriesgar las cosas con Marinette.
Y aún así, en realidad, día tras día, la sensación de desesperación porque de una vez le diga sobre sus sentimientos no hizo más que crecer al punto en el que necesitaba que Marinette se le declare o se volvería loco.
No se dio cuenta cuándo fue que comenzó a ayudar a Marinette para que tenga oportunidades para declarársele. Comenzó con sutiles y disimulados momentos que él propiciaba pidiéndole ayuda para cualquier cosa o citándola a solas con cualquier excusa decente que se le ocurriera.
Nada, nada era efectivo, ella no lo decía.
Y Adrien... Adrien sentía que iba a volverse loco. No, loco ya estaba, pero lo que iba a hacer era morir si ella seguía teniéndolo en suspenso con su declaración.
"¿Cuándo me lo dirás, Marinette?"
Y la verdad era que él prefería preguntarse eso porque en el fondo temía a la verdadera pregunta... ¿Qué le iba a responder?
