¡Hola! Pues el otro día salió "Luca" en Blu-Ray (aún no la consigo pero será mía!) y como material adicional venían unas cuantas escenas eliminadas que ya están en YouTube, es divertido ver las diferentes direcciones en que la película pudo haber ido, hay al menos tres versiones, así que decidí hacer un one-shot basado en una de esas escenas, así que espero que lo disfruten.

Y no se preocupen, que no he abandonado "La Forma del Agua" ya estoy trabajando en el nuevo capítulo, y como dato curioso, otra escena eliminada va a servir de inspiración para un capítulo de la forma...

Bueno, ya no los distraigo más, disfruten este pequeño one-shot.

—Oye Luca, no puedo encontrar el rascador —mencionó Alberto mientras terminaba de pegar la lámina.

Luca miró alrededor, en efecto, el rascador no estaba por ninguna parte, y sin el sería muy complicado dirigir la Vespa.

—Es cierto… ¿crees que se lo llevó la corriente?

Alberto se llevó una mano a la barbilla mientras recordaba su último viaje, por fin habían logrado hacer el salto, pero la Vespa se destruyó al caer y chocar contra una enorme roca, y aun así no les quitó el sentimiento de victoria que tenían, aunque al parecer, en su entusiasmo se olvidaron de rescatar todas las piezas del agua.

—Podría ser —respondió Alberto levantándose, puso una mano sobre sus ojos y miró hacia ambos lados—, te diré que, ve a buscar por allá y yo iré de este lado.

Luca asintió con la cabeza y se separaron, al más joven le había tocado explorar cerca de la costa, ahí donde Alberto y él habían contemplado el amanecer, y donde él había copiado el peinado de su amigo.

Luca se rió al recordarlo.

Ese día era muy parecido a los demás, el sol estaba en lo alto, las olas golpeaban la tierra, las gaviotas graznaban, todo estaba bien. Luca caminaba en línea recta, esperando que el agua hubiera estancando el rascador allí, sino buscarlo en el océano sería un gran problema, y Luca no estaba seguro de que pudieran conseguir otro…

Sin peligro de ser descubierto por los monstruos de tierra.

Ahora que lo pensaba… ¿de dónde había sacado Alberto todas esas cosas? Negó con la cabeza, ya le preguntaría eso después, siguió buscando por la orilla, no había nada nuevo, solo piedras, algunos cangrejos y caracoles.

«Delfines, ahora tendremos que buscar un remplazo» pensó Luca.

En su mente ya iba enlistando todos los objetos que podrían servir, y si no, siempre podrían buscar en la colección de Alberto, no había falla, eso fue hasta que se percató del nuevo sonido. Luca se detuvo y escuchó con más atención, venía del océano, y cada vez se escuchaba más y más cerca, miró hacia el horizonte y su corazón casi le da un vuelco al ver al causante de ese ruido.

Un bote humano.

Luca gritó y rápidamente corrió a esconderse detrás de una gran roca, mientras empezaba a hiperventilarse, se llevó una mano a su pecho y poco a poco fue controlando su respiración, de lo contrario le daría un ataque.

«Un humano… ¡¿Qué está haciendo aquí?! ¡Alberto dijo que nunca venían por aquí!»

«¡Vienen a causar muerte! » Las palabras de su madre resonaron en su mente, nunca antes las había sentido tan reales.

Algo chocó en la orilla y arrastró algunas piedras, pudo escucharlo, luego el sonido del bote se detuvo, y se escucharon pisadas sobre la tierra.

«¡Oh no! ¡Está aquí!»

Luca cerró los ojos, esperando que en cualquier momento el monstruo apareciera para atravesarlo con un arpón… hasta que recordó que, en esos momentos, él se veía igual que él; abrió los ojos dándose cuenta de esto.

—Oh —dijo sintiéndose algo tonto, aun así sería mejor no bajar la guardia.

Sintiéndose ligeramente menos nervioso asomó su cabeza fuera de la roca, y lo que vio lo sorprendió bastante.

El monstruo era una hembra, se veía como una niña, quizás de su misma edad o un poco más joven que Alberto, su cabello era pelirrojo, era de ojos marrones y piel bronceada. Usaba una camiseta de rayas naranjas y blancas, unos pantalones azules, parecían ser del mismo material que los shorts que Alberto le dio, con un parche en la rodilla derecha, y en los pies llevaba unas sandalias marrones, además de que usaba un gorro azul en la cabeza.

Al momento de verla tenía un pie sobre la punta del bote, el viento soplaba detrás de ella moviendo su cabello, y su cuerpo tapaba el sol, pero sus rayos la rodeaban iluminando su figura; Luca abrió los ojos, sintiéndose maravillado por aquel monstruo de tierra, jamás había visto uno tan de cerca, y menos uno que fuera mujer; y se veía bastante genial, con esa pose parecía que tenía el mundo a sus pies.

Luca estaba maravillado.

Eso fue hasta que las olas movieron el bote, haciendo que la chica se tambaleara, tuvo que agitar los brazos para no perder el equilibrio y caer, entonces Luca pensó que quizás no era tan imponente después de todo.

—Wow, wow —dijo la chica cuando logró estabilizarse, luego se rió nerviosamente—, estuvo cerca.

Su voz sonaba amable y cordial, lo que hizo a sentir a Luca un poco más seguro.

En eso también notó que la chica llevaba un bolso colgado del hombro, y un extraño objeto cuadrado que le colgaba del cuello.

—No olvides como usarlo —dijo en voz alta para si misma.

Oprimió un botón del objeto y una parte de este se abrió, como si fuera una almeja, la boca de Luca se abrió, ¿qué era esa cosa? ¿Cómo hacía eso? Cuando creía que ya había entendido el mundo de los humanos siempre había algo más que lo sorprendía, y debía averiguar que era ese nuevo objeto.

Así que cada vez se asomaba más y más.

La chica buscó algo en su bolsa y sacó otra cosa, esta era más pequeña, y tenía una forma cilíndrica, la metió dentro del objeto de mayor tamaño, luego volvió a cerrar la abertura, giró un botón de la parte posterior y apunto al frente, Luca pudo observar que eso, con forma de caja, tenía dos orificios en la parte delantera.

«Increíble» pensó, tenía que saber que era.

La chica suspiró aliviada, cerró un puño y bajó el brazo energéticamente.

—¡Sí!

Volvió a rebuscar en su bolso y sacó una hogaza de pan, la cual tiró al agua, un cardumen rápidamente se formó y empezó a devorar la merienda, la chica apuntó la caja hacia ellos, Luca se llevó ambas manos a la boca, sintiendo miedo de que aquello fuera un arma para atrapar a los peces.

SHTRAK.

Pero no pasó nada, la caja solo produjo un sonido, la chica se quedó mirando con curiosidad al cardumen, saltó fuera del bote hacia las rocas, volvió a apuntar y presionó el botón.

SHTRAK.

Cambió de posición y repitió el proceso.

Luca estaba más que interesado, debía haber una razón por la que ella repetía tantas veces lo mismo, más allá de solamente hacer un ruido, ¿pero sería sensato acercarse a ella? ¿Y más sin Alberto? Él era el experto en humanos, ¿Qué tal si tenían que hacer algo para que los humanos no descubrieron su secreto? ¿Qué tal si podían ver a través de su disfraz?

«¡Pero quiero saber qué hace esa cosa! ¿El ruido es por algo? ¿Por qué se esfuerza tanto en repetir lo mismo en tantos lados?» Su interior le pedía por respuestas, y parecía ser más fuerte que Bruno.

Aunque claro, Bruno no era un enemigo fácil de vencer.

Tratando de actuar como él creía que reaccionaría Alberto, puso un pie fuera y empezó a caminar hacia ella, pero se detuvo.

«No seas tonto, es demasiado peligro, no vale la pena».

Dejaría que Bruno ganara esta.

Retrocedió sin molestarse a mirar detrás, su pie chocó contra una gran piedra, se incrustó en ella y Luca no pudo evitar soltar un gran grito, levantó su extremidad herida y gritó mientras se la sujetaba con ambas manos, empezó a saltar alrededor para no caerse.

Cuando el dolor se fue esfumando, poco a poco, Luca suspiró aliviado y volvió a colocar ambos pies sobre la tierra, y ahí se dio cuenta del alboroto que había causado, y que había salido de su escondite.

Lentamente, muy lentamente, fue alzando la cabeza, y se encontró con que la chica lo estaba mirando directamente, y se veía igual de sorprendida y confundida que él.

«Oh no».

Giulia aún era muy joven, pero de una cosa estaba segura.

Los monstruos marinos no existían.

No eran más que un mero invento de los pescadores, ya fuera porque se aburrían de estar tanto tiempo en altamar, que vieran trozos de alga, madera, o algún otro objeto que se asemejara a una forma, o que confundieran a un animal completamente normal por un ser fantástico, o que simplemente, fuera bueno para el turismo.

Eso lo tenía muy claro, por más historias que su papá le contará, que jurara que habían sido testimonios reales de su abuelo y bisabuelo, ella sabía que no eran más que un cuento de hadas. Ella quería mucho a su papá, y lo admiraba, era increíble todo lo que podía hacer, y el gran corazón que poseía, pero jamás compartiría con él ese pensamiento tonto sobre los monstruos marinos.

Aunque también había otra cosa que debía admitir, el dinero que la gente estaba dispuesta a pagar por una fotografía, hacía que valiera la pena.

Y es que ese verano, como todos los otros, su meta era derrocar al malvado de Ercole en el Triatlón para terminar su reinado del terror, y es que sabía que este era su año, nadie la haría renunciar, ni ninguna cantidad de pasta la haría vomitar, había entrenado todo el año por esto e iba a triunfar, nada ni nadie se lo impediría.

Salvo el hecho de que… no tenía el dinero para pagar la inscripción.

Y es que por más que su papá la apoyara, la pesca había sido mala últimamente, no importaba cuantas entregas hiciera si no había peces que vender, y todos los demás empleos del pueblo ya habían sido ocupados, una de las muchas desventajas de ser foránea.

Por suerte aquí, las fantasías del pueblo saldrían a su rescate, y es que tras otro «avistamiento» el periódico local había ofrecido una jugosa recompensa por una fotografía de la criatura. Claro que Giulia no pensaba encontrarse con ningún monstruo, lo que si esperaba era encontrar algo que pudiera pasar por una bestia marina, una ingeniosa puesta en escena sería suficiente para engañar a esos despistados del diario.

Y mejor para ella, el hecho de que los demás creyeran genuinamente en la existencia de esos seres haría que todos estuvieran perdiendo el tiempo buscando en altamar, como el patán de Ercole y sus dos secuaces.

Ella sabía que era inútil una búsqueda en el océano ya que, en el remoto caso de que si hubiera monstruos marinos, sería imposible encontrarlos en mar abierto, así que el mejor lugar para su pequeña escena sería la isla que estaba a unos kilómetros de Portorosso, la cual estaba «embrujada» por espíritus y monstruos marinos.

«Yo voy a darles su monstruo» pensaba Giulia.

Sin que nadie la viera podría concentrarse mejor en su engaño, y así nadie podría acusarla de tramposa.

Así que después de pedirle su cámara prestada al viejo Bernardi, y a papá el bote, se dirigió a la isla.

Su primer intento al llegar fue con un cardumen, quizás si los tomaba desde un ángulo especial podría hacerlos parecer más aterradores, pero no, desde donde los viera eran solamente peces.

«Oh bueno, serán unas bonitas fotos para mamá».

Igual solo sería el primer intento, después de eso exploraría la isla en busca de materiales para construir su monstruo, esperaba que fuera un día laborioso, tranquilo y solitario, y era por eso que se sorprendió tanto cuando escuchó el grito, y mucho más cuando levantó la mirada, y se encontró con que había otro niño en la isla.

Luca no sabía qué hacer, ninguno de los dos estaba haciendo ningún movimiento, la chica solo seguía mirándolo.

«Di algo, di algo, si no va a sospechar» pensó Luca.

Así que abrió la boca pero ninguna palabra salió de sus labios, solo balbuceos.

«Vamos, vamos, te va a descubrir».

Luca trataba de encontrar lo adecuado para decir, pero su mente parecía no poder encontrar las palabras, estaba demasiado nervioso para pensar con claridad.

—Bueno, ¿no vas a decir hola? —dijo finalmente la chica.

Giulia no sabía exactamente lo que pasaba, pero parecía que no había sido la única con la brillante idea de tomar fotos en la isla, aunque…

Jamás había visto a ese chico en el pueblo, y parecía muy nervioso, como si nunca hubiera interactuado con otra persona en su vida.

«Quizás solo es tímido» pensó, y lo encontró como la opción más razonable, lo mejor sería hacerlo entrar en confianza, así que sería ella quien diera el primer paso.

—Oh… eh… —respondió el chico llevándose una mano a la cintura, e intentó apoyar la otra en la piedra que tenía al lado, pero no notó que estaba lejos así que estuvo a punto de caerse, agitó los brazos nerviosamente pero pudo sujetarse con ambas manos de la roca antes de caer—, hola, obviamente.

Con el equilibrio recuperado siguió con una mano en la roca, y la otra en su cintura.

Giulia sonrió, estaba haciendo un esfuerzo por verse seguro y calmado, pero ya presentía que era nervioso, y algo torpe, pero se veía amable.

—Hola, yo soy Giulia, vine aquí para tomar unas fotos para el concurso —continuó mientras apuntaba al agua, había un pequeño pez que acaba de terminar el pan, en eso elevó sus ojos y la vio, retrocedió hasta ocultarse debajo de una piedra.

Giulia sonrió y levantó la cámara, con el lente fijó en el muchacho, quien la seguía viendo, ahora se le veía más tranquilo y calmado, aún en su misma posición.

—¿Cómo te llamas?

—Ah… Luca —respondió con cierta duda.

Giulia sonrió, al tener a Luca en cuadro se le ocurrió una idea divertida, si tuviera los materiales, quizá podría pintarlo de monstruo marino y tomarle la foto, después de todo, no era malo con las poses.

—¿Estás aquí también por el concurso? —le preguntó.

—¿Concurso?

—Sí, ¿o por qué estás aquí entonces?

—Oh… ya sabes, cosas de la Superficie —dijo sonriendo tímidamente.

—¿Cosas de la Superficie? —preguntó Giulia entrecerrando una ceja, ¿a qué se refería con eso?

Pero antes de que pudiera preguntarle, Luca habló rápidamente, como si se hubiera dado cuenta de que había dicho algo que no debía, y quería arreglar la situación.

—Quise decir… ¡Sí! Todas esas cosas que nos gusta, aquí en la Superficie —mientras hablaba despegaba su mano de su cadera y la movía hacia los lados, de una forma explicativa, al terminar la regresó a su lugar de inicio y sonrió, agregando—: aquí en la parte de arriba.

Giulia estaba… confundida, y creía que esa palabra no le hacía justicia, Luca hablaba como un… extranjero, pero no uno de otra región o país, o incluso continente, parecía un extraño a… todo, hablaba de manera extraña, y se veía muy, muy nervioso.

Luca tragó saliva, como desearía que Alberto estuviera con él, por más que lo intentara era obvio que la chica no creería que era humano, ya podía ver la confusión en sus ojos, trataba de pensar en todas las cosas que Alberto le contó sobre La Superficie, pero en ninguna de ellas recordó algo sobre trato con los monstruos de Tierra.

Giulia miró hacia los lados, dándose cuenta de algo…

—¿Dónde está tu bote? —preguntó.

Todas las embarcaciones salían del puerto, y ella salió por la tarde, ya cuando todos los pescadores regresaron al muelle, cada barco estaba en su sitio no había visto ninguno fuera de lugar, y el otro puerto estaba a kilómetros de distancia de Portorosso, no entendía como alguien podría navegar tanto solo para llegar hasta esa isla.

Luca abrió los ojos y elevó las cejas ante la pregunta.

—Es… esta… uh —jamás se imaginó que Giulia lanzaría una pregunta como esa, aunque era obvio, ¿de qué otro modo habrían podido llegar hasta ahí? Ya no podía más, tenía que ir por Alberto, era obvio que no podía manejar la situación por su cuenta—. Iré a buscarlo, y entonces podrás verlo.

Luca se separó de la roca y extendió ambas manos al frente con las palmas abiertas.

—Tú quédate aquí donde yo también estaré en el futuro con mi bote— se escondió detrás de la roca, ya solo con su cabeza, su mano y con un dedo levantado fuera—, cuando regrese.

Y desapareció, solo para volverse a asomar poco después, y luego volver a esconderse.

Giulia se quedó sin palabras, sí que era extraño, pero de una buena forma.

Luca juntó ambas manos y apretó los dientes.

«¡Tengo que encontrar a Alberto! ¡Tengo que encontrar a Alberto!» Se repetía en su cabeza, mientras que al mismo tiempo pensaba como le explicaría toda la situación a su amigo.

Por suerte no tuvo que esperar mucho, ya que cuando se dio la vuelta se encontró con que ya estaba ahí.

—¡Wow! ¿Esa era una humana con la que estabas hablando? —le preguntó Alberto sorprendido.

—¡Sí! ¡Apenes pude escapar! —liberando toda la tensión que llevaba cargando, Luca tomó a su amigo de los brazos y empezó a sacudirlo—. ¡Tenía tantas preguntas!

—Tranquilo, lo hiciste genial —respondió Alberto sonriendo, con el mismo tono casual y despreocupado que siempre tenía, tomó a Luca de las mejillas y empezó a darle palmadas en la derecha—, ahora deja que el experto se haga cargo.

Dicho eso dirigió a Luca fuera del escondite, Luca tragó saliva, si bien se sentía mucho mejor ahora que ya no estaba solo, una parte de él le seguía diciendo que eso acabaría muy mal.

Cuando estuvieron al descubierto, Alberto colocó un brazo alrededor de los hombros de Luca, se aclaró la garganta y saludó con la mano.

—Saludos humana, eh compañera chica humana, amiga humana —se rió un poco antes de continuar—: hola.

Luca notó que Alberto había entrecruzado las piernas, así que él lo imitó, pensó que tal vez era una forma de mostrar confianza entre los humanos.

—Y luego hubo dos —respondió Giulia, como si no fuera ya lo suficientemente con tener un chico misterioso en la isla.

A primera vista su amigo parecía ser mucho más confiado, y energético, así que quizás el si pudiera responder a sus preguntas.

«Tal vez son hermanos, y él es el mayor, eso explicaría porque Luca se ve mucho más tranquilo ahora que está a su lado» pensó.

—En serio, ¿Qué están haciendo aquí chicos? —esperaba no sonar agresiva, después de todo esa isla no era de ella, solo estaba intrigada por saber porque estaban ahí, y como habían llegado.

—Vivimos aquí —respondió rápidamente Alberto levantando un brazo.

Luca sonrió, por eso le agradaba Alberto, siempre sabía que decir.

—¿A sí? —muy bien, eso quizás explicaría la ausencia de un bote, pero si ese era el caso…

¿Cómo es que nadie en Portorosso sabía de la existencia de esos dos? ¿En verdad temían tanto a las historias como para no acercarse? ¿Y cómo habían sobrevivido los chicos tanto? Y la más importante…

—¿Dónde están sus padres?

—Oh bueno, ellos viven aquí ta… —había empezado Luca, pero rápidamente Alberto lo interrumpió.

—Muertos, desde hace mucho.

Luca abrió los ojos, esa sí era una respuesta que no esperaba.

«¡¿Alberto enloqueciste?!» Pensó, aunque quizás era más sensato que tratar de convencer a sus padres de subir a la Superficie, y pretender ser humanos.

—¡Oh Dios mío! —exclamó Giulia, sintiéndose genuinamente mal por ellos, y avergonzada de sí misma por no detenerse a pensar que, quizás, a ellos no les gustaría hablar del tema—, lo siento mucho.

—Ellos solían vivir aquí, antes de morir —continuó Luca, girando los ojos nerviosamente hacia los lados.

—No, no, no, ellos nunca vivieron aquí —lo corrigió Alberto rápidamente, cubriendo su boca con una mano—, porque murieron en el hundimiento que nos dejó varados aquí.

—Oh sí —Luca se rió nerviosamente—, lo había olvidado.

Giulia… ya no sabía qué hacer, para empezar los dos hablaban de ello como si no tuviera importancia, como si en vez de que se tratara del fallecimiento de sus padres, estuvieran poniéndose de acuerdo en una excusa de porque no entregaron la tarea, sin que sus historias sincronizaran.

«Quizás es el trauma» pensó «Puede que tras años de estar varados aquí, hayan olvidado el accidente como un mecanismo de defensa, y por eso no pueden ponerse de acuerdo».

Eso solo la hizo sentir más simpatía por ellos.

—¿Y nadie vino a rescatarlos? ¿Cuánto tiempo llevan atrapados aquí? —malditas suposiciones de pueblerinos, de no ser por su temor a esas tonterías de monstruos marinos, alguien pudo haberlos salvado hace mucho—; suban, los llevaré de vuelta a Portorosso.

Se hizo a un lado, y extendió un brazo para indicarles que pasaran, ya no le importaba el tonto concurso, debía poner a esos dos a salvo.

Tanto Luca como Alberto quedaron sorprendidos por el ofrecimiento de la chica, después de todo, ni en un millón de años esperaban que les ofreciera un viaje al pueblo de los monstruos, es más, jamás se imaginaron visitar la tierra humana.

Luca empezó a pensar en cómo rechazar la oferta, cuando Alberto se separó de él, levantó ambos brazos flexionados, y empezó a reírse.

Caminó hacia el bote pero Luca lo detuvo agarrándolo de una mano, arriesgarse estando en La Superficie era una cosa, ¡pero ir al pueblo humano era un suicidio! En cualquier momento podrían descubrirlos, y si las palabras de mamá eran verdaderas…

No, no, no quería ni pensar en eso, lo mejor sería quedarse en la seguridad de la isla.

—Oh sabes, estamos bien, tenemos grandes planes para el día de hoy —le dijo a Giulia, y luego miró a Alberto a los ojos.

—¿Qué? —Susurró Alberto—. ¿Qué estas haciendo?

Giulia solo volvió a entrecerrar una ceja, ¿Cómo podía Luca rechazar una oportunidad para salir de esa isla?

—Finalmente pudimos hacer funcionar la Vespa, y necesitamos encontrar el rascador —al ver que su propuesta no bastaba, Luca decidió usar su arma secreta—, cuando la Vespa esté lista, podemos incendiarla mientras descendemos.

Claro que no pensaba cumplirlo, ya convencería a Alberto de no hacerlo cuando llegara el momento.

Alberto miró al bote, luego a Luca, y por último a la isla, Luca sintió que había logrado hacerlo cambiar de opinión, eso hasta que su característica sonrisa regresó a sus labios.

—El pueblo debe estar lleno de Vespas, habrá una para nosotros.

Eso hizo callar a Bruno como nunca antes.

—Nuestra Vespa —dijo Luca mientras pensaba lo genial que sería tener una de verdad para ellos, todo lo que podrían hacer con ella, hasta donde podría llevarlos… miró hacia el bote, ya tenían el viaje de ida asegurado, pero nada les aseguraba que regresarían—. ¿Crees que sobrevivamos ahí?

—Juntos amigo —nuevamente Alberto puso una mano sobre sus hombros—, lograremos lo que sea.

Dicho de eso lo soltó, pateó un poco de arena y se fue saltando hasta el bote, al llegar Giulia le tendió una mano y lo ayudó a subirse, con los dos a bordo, ambos lo miraron, expectantes.

Luca suspiró.

«Silencio Bruno» se repitió en su cabeza, con Alberto a su lado nada podría salir mal, habían logrado engañar a Giulia, así que podrían con cualquier humano en ese pueblo, solo tenían que asegurarse de no mojarse, y de regresar antes del atardecer, porque si no, tendría que enfrentar a algo peor que cualquier monstruo de tierra.

A la ira de su madre.

Y poco después los tres estaban dirigiéndose a Portorosso, con Alberto disfrutando el viaje, iba con el cuerpo hacia el frente, todo el aire le pegaba directo en el rostro, pero él lo estaba disfrutando a lo grande, adoraba esa sensación, nada se comparaba a su forma de nadar, pero tenía que admitir que los humanos… se las ingeniaban bastante bien.

Mientras tanto Luca tenía ambos pies sobre el asiento, abrazándolos con ambas manos, todavía estaba un poco nervioso por todo el asunto de visitar el pueblo de los humanos, además de que no le gustaba toda el agua que salpicaba el bote con su paso.

Sí tan solo un poco llegara a tocarlos…

«Silencio Bruno» se repitió, y en vez de eso miró al frente, se sorprendió al ver que Giulia lo estaba mirando, con una sonrisa, lo cual lo hizo sentirse mejor, si Giulia era tan buena con ellos… quizás los demás humanos también lo fueran.

Por su parte Giulia se sentía feliz, estaba ayudando a dos personas que lo necesitaban, como sus padres le habían enseñado, y tenían razón, se sentía tan bien el ayudar a otros.

Aunque una cosa aún no tenía clara…

—Tengo tantas preguntas —dijo—, ¿de dónde vienen? Es decir, antes de que quedaran varados en la isla.

Ese era un buen comienzo, así quizás la policía podría investigar casos de niños desaparecidos, y pudiera ser que un familiar estuviera buscándolos. Giulia se emocionó al pensar que podría ser la responsable de reunir a una familia.

Alberto se giró rápidamente para verla, y se sentó al lado de Luca.

—Eh... no lo sabemos.

—Sí, no lo sabemos —colaboró Luca.

—Éramos bebés cuando sucedió.

—Bebés, demasiado jóvenes para recordarlo.

Ambos la miraron con sonrisas nerviosas, como queriendo comprobar si habían logrado convencerla.

—¿Bebés? —preguntó ella, cada vez que creía que entenderlos… salían con una nueva locura, miró por encima de su hombro a la isla, luego de nuevo a los chicos.

Como si pudiera leerle la mente, Alberto se apresuró a contestar la pregunta que apenas iba a articular.

—Una langosta gigante nos crío.

—¡Enorme! —Exclamó Luca levantando los brazos y las piernas, luego abrazo a Alberto— ¡Y muy cariñosa!

Alberto devolvió el abrazo.

«Muy bien, esto ya fue demasiado» pensó Giulia, al principio pudo excusarlos, pero ahora sabía que le estaban tomando el pelo.

—¿En serio? ¿Una langosta los crío? —se hizo un poco hacia el frente, con una mirada severa.

—Hermenegilda —continuó Luca, recordando el nombre de una vecina—, nos acurrucaba en sus garras todas las noches.

Él y Alberto empezaron a mecerse hacia los lados.

A Giulia le parecería adorable, de no ser por lo improbable que era, al parecer el creer en los cuentos de hadas era un síntoma que afectaba a todos en Portorosso, isleños y pueblerinos, por suerte ella era una chica de ciudad que no creía en disparates, e iba a probarlo.

—Muy bien, entonces —volvió a inclinarse al frente, colocando su barbilla sobre una de sus manos—. ¿Cómo saben palabras?

Los dos abrieron los ojos, dándose cuenta de lo débil de su mentira, en una fracción de segundo Luca repasó lo tonta que era su historia, ¿Cómo se le ocurrió que la engañarían con semejante disparate?

Se separaron y se miraron a los ojos, esperando que uno saliera con la respuesta que les diera la salida de esa.

—Eh —empezó Alberto, solo para saltar al agua.

Giulia gritó sorprendida, y detuvo el bote.

—¡Santa Ricotta!

¿Por qué había hecho eso? Si solamente no quería hablar de ello pudo decirlo y ya, no había necesidad de…

Oh no.

Miró a Luca, quizás el pudiera explicarle porque Alberto había actuado así, solo que el pequeño ya no estaba en su asiento, sino que tenía el cuerpo fuera de la embarcación, sujetándose del borde con ambas manos.

—Lo siento —fue lo único que dijo antes de soltarse.

Giulia volvió a gritar llevándose ambas manos a la cabeza, se levantó y empezó a buscar en los alrededores.

«¡Nunca han salido de la isla, probablemente no sepan nadar! ¡No! ¡No! ¡No!» Empezó a preocuparse, si no encontraba algo esos dos se ahogarían… Junto al motor había un salvavidas, eso era un buen comienzo.

Lo tomó y lo lanzó al agua, esperando que al menos uno de los dos pudiera tomarlo, Luca y Alberto observaron cómo caía al mar desde abajo, ambos ya transformados por completo.

Luca quería reclamarle a Alberto, sabía que aceptar la invitación de Giulia había sido una pésima idea desde el inicio, y no solo eso, ¿qué pensaba logar con saltar del bote? Pero no había tiempo para eso, tenían que salir de ahí antes de que ella los viera, o si no, tendrían al pueblo entero pescándolos.

—¿Qué hacemos? —le preguntó.

—Tranquilo, no hay forma de que nos siga hasta acá.

Alberto jamás había subestimado tanto a nadie en su vida; al no ver ningún rastro de los chicos, Giulia se decidió a salvarlos a la antigua, tenían la fortuna de que ella era la mejor nadadora de todo Portorosso.

«Aguanten muchachos, ya voy por ustedes».

Se quitó su gorro y saltó al agua, Luca miró a Alberto con el ceño fruncido, a lo que Alberto solo se encogió de hombros y sonrió.

—Ups, me equivoque.

Durante su aterrizaje Giulia no pudo evitar cerrar los ojos, lo que le dio tiempo a Alberto de idear un plan, miró hacia el fondo y vio que había un poco de vegetación, lo suficiente para que pudieran esconderse.

—Ahí —dijo señalando con un dedo, y ambos fueron nadando lo más rápido que pudieron.

Se acostaron boca arriba y cerraron los ojos, Luca rezaba en su mente que Giulia no los hubiera visto, ni que sospechara de su escondite; cuando la chica recuperó la vista, no encontró más que agua, eso no evitó que girará su cabeza en todas direcciones en busca del más mínimo indicio, y llegó cuando notó las burbujas que había dejado el nado de los chicos, y que llegaban hasta las plantas.

Giulia puso su cara seria y fue nadando hacia ellos, esperando que no se hubieran ahogado.

«Vete, vete, vete por favor» rezaba Luca en su cabeza.

Para su mala fortuna, Giulia había dado justo con él, removió las algas con ambas manos, dejando al descubierto su cara escamosa y verde, Giulia abrió los ojos y la boca, soltando una pequeña burbuja, aquello no parecía vegetación.

Luca sintió la luz del sol pegándole.

«Oh no».

Abrió los ojos por instinto, y en cuanto Giulia vio esos glóbulos amarrillos, y el iris negro, soltó un grito y empezó a nadar hacia atrás.

«¡¿Qué es esa cosa?! ¡¿Qué es esa cosa?!» Se repetía en su cabeza, un momento estaba buscando a los chicos, y al siguiente eso le aparecía en frente, sería acaso… acaso… «¡Oh no! ¡Se los comió!»

Luca balbuceó, intentando encontrar las palabras adecuadas que decirle, quizás aún pudiera calmarla.

—Tranquila soy yo.

Se levantó un poco, Giulia volvió a gritar y pataleó con más fuerza para salir de ahí, lo que no notó fue que Luca se le iba acercando, y en ese momento su patada logró alcanzar el rostro del pobre.

—¡Uh! —exclamó Luca mientras se iba para atrás.

Alberto salió de su escondite sintiéndose molesto, ¿acaso esa niña nunca se daba por vencida?

—¡Nada por tu vida!

Y se fue lo más rápido que pudo, Luca se estaba sobando la mejilla, sí que Giulia era fuerte, miró hacia la chica quien ya estaba regresando a la Superficie.

«¡Me van a comer! ¡Me van a comer!» Pensaba aterrada. «Tengo que ir por papá y los demás pescadores, ellos podrán ayudarme».

Aunque quizás ya fuera tarde para Luca y Alberto, aún podría vengar sus muertes, estaba con tanto miedo que no se había percatado que la voz de la criatura era la misma de Luca, ni que había perdido mucho oxigeno con su grito.

Apenas iba a la mitad del camino cuando el aire se le acabó, se llevó ambas manos a la garganta, y cerró la boca, eso no evitó que sintiera que la nariz se le tapara, y que los pulmones se le encogían, se sentía horrible, como si dos enormes manos los estuvieran apretando. Con el miedo apoderándose de ella, olvidó todas las lecciones de natación que su papá le había dado, y empezó a bracear y patalear frenéticamente.

Sus movimientos alertaron a Luca, quien se detuvo para mirarla, no era un experto de humanos, pero había una cosa de la que si estaba seguro, ellos no podían sobrevivir bajo el agua, y Giulia era el vivo ejemplo de ello en aquellos momentos.

Miró hacia Alberto, quien no se había percatado del estado de la chica, luego miró a Giulia.

«No puedo dejarla morir» pensó, por más aterradora que fuera, y que lo hubiera pateado, no podría dejarla a su suerte, su conciencia jamás se lo perdonaría, además, sin contar la patada, Giulia había sido muy amble con ellos, no merecía irse aún, ni de esa forma.

Así que Luca fue nadando hacia ella, al ver que su amigo no lo seguía Alberto se detuvo, y observó que había regresado para apoyar a la humana.

—Claro, ahora si silencias a Bruno —dijo algo molesto, pero sin dudarlo ni un segundo, fue a ayudar a su amigo.

Giulia estaba al borde de perder el conocimiento, sus ojos se le iban a cerrar, con su último pensamiento siendo uno de arrepentimiento, por pensar que no volvería a ver a su padre ni a su madre, y el gran dolor que estaba por causarles.

«Mamá… papá… lo siento» no sabía si podía llorar bajó el agua, pero sí era así, lo estaba haciendo.

Al menos hasta que sintió las manos en sus brazos, y luego algo escamoso, Giulia abrió los ojos y notó que Luca había colocado su brazo alrededor de sus hombros, iba a gritar pero en eso llegó Alberto y la sujetó del otro brazo.

«¡Me van a devorar! ¡Me van a devorar!» Pensaba aterrada, ahora no sabía cuál de las dos era peor, morir ahogada o ser comida por monstruos marinos, y parecía que estaba a punto de averiguarlo.

Se preparó para sentir su piel siendo arrancada de los huesos por esos colmillos, solo que no pasó nada de eso, simplemente sintió que su cuerpo era elevado, sorprendida analizó a sus captores, ambos movían las colas y tenían la vista enfocada en el bote.

«¿Qué acaso planean comerme en la Superficie?»

Al salir a flote Giulia se sintió mejor que nunca, empezó a tomar grandes bocanadas de aire, permitiendo que sus pulmones se oxigenaran, al comprobar que estaba bien, tanto Luca como Alberto la soltaron y se alejaron de ella, aún con la vista clavada por si intentaba algo.

Al terminar de recuperarse Giulia miró a los dos monstruos, la mirada que tenían era… expectante, como si esperaran a ver que hacía, y aunque era algo extraño, era mejor a que si la vieran como un delicioso platillo.

—U… ustedes —tosió—, me salvaron… ¿por qué?

—No podíamos dejarte morir, no hubiera sido justo —respondió Luca.

Giulia volvió a toser, mientras examinaba con más calma a ambos, era verdad que… viéndolos de cerca, no parecían tan aterradores, es más, Luca era algo lindo y Albero un poco gracioso, ¿podría ser que las historias se equivocaran? En retrospectiva ninguno de los dos se mostró agresivo con ella, actuaban como chicos normales de su edad, quizás… no eran tan diferentes unos del otro, aunque una cosa si estaba clara.

—Santa gorgonzola… mi papá tenía razón.

Volvieron a subir al bote, con Giulia sentada por su parte y los chicos en el otro banco, tenía ambas manos en sus brazos y se sobaba, aunque gracias al sol de ese día pronto estaría seca, y el calor regresaría a su cuerpo.

Por su parte Luca y Alberto se veían algo intranquilos, quizás aún creyeran que trataría de lastimarlos de alguna u otra forma, o pudiera ser que fuera por culpa de su mirada, ya que, aunque no quisiera hacerlos sentir incomodos, Giulia no podía apartar los ojos de ellos, se veían… increíbles.

—Oh wow —fue lo único que podía decir.

Siempre había tomado a las historias como puros cuentos de hada, jamás consideró que los monstruos marinos simplemente fueran otra especie de animal, quizás el eslabón perdido de cuando los primeros seres vivos se mudaron del mar a la tierra, o pudiera ser que fueran descendientes de los dinosaurios.

«¿Qué tal si los dinosaurios que lograron sobrevivir al impacto del meteorito se mudaron al océano? ¿Y con el paso del tiempo evolucionaron en ellos? »

Miles de teorías corrían por la mente de Giulia; Alberto se sacudió para secarse, y Luca se quitó el agua del cuerpo con las manos, ambos volvieron a ser humanos, o al menos su apariencia.

Lo cual solo hizo que la cabeza de Giulia se llenará de más dudas.

—¡Santa gorgonzola! —gritó poniéndose de pie, lo hizo con tanta brusquedad que el bote volvió a sacudirse hacia los lados, tomando a los chicos por sorpresa, quienes se tambalearon también y cayeron de sus asientos.

Una cosa era ver criaturas marinas, de las cuales podría haber una explicación lógica de su existencia, ¡pero otra muy distinta era ver siéndolos capaces de cambiar! Algunos reptiles, como los camaleones, podían camuflarse con sus entornos, pero lo que esos dos hacían lo llevaba a un nivel completamente distinto.

Y aún tenía una pregunta que sí debía hacerles, después de todo, esas garras y colmillos que tenían debían ser para algo…

—¿No me van a comer, verdad?

—No —respondió Luca incorporándose, luego abrió los ojos como si se hubiera dado cuenta de algo, y se llevó ambas manos a su rostro con temor—. ¿Tú nos vas a comer?

Alberto levantó la mirada hacia ella.

—¡Ugh, no! —contestó sintiéndose asqueada, no tenía problemas comiendo pescado… pero si esos peces le hablaban… ya no se le apetecían tanto.

Se llevó ambas manos a la cabeza, tratando de ordenar sus ideas.

—Entonces son chicos, pero también son monstruos marinos.

—El término correcto es, seres acuáticos superiores a todo lo que los humanos han visto, gracias —intervino Alberto levantándose, y alzando un dedo.

Giulia rodó los ojos.

«Solo espero que no todos tengan el mismo ego que este».

—Claro… ¡chicos, esto es enorme! ¡Estamos ante el descubrimiento científico del año! —Elevó ambos brazos al aire—. ¿¡Qué digo del año!? ¡De una vida!

Eso sin duda le garantizaría una entrada a cualquier escuela del país.

—¡Tengo que contarles a todos!

Caminó al frente del bote, mientras que Luca y Alberto intercambiaron miradas preocupadas, ¿Qué habían hecho? Si Giulia los delataba… pondrían en peligro a toda su comunidad, a su familia, amigos...

—¡Mi nombre podría estar en los libros de historia! —continuó alardeando Giulia mientras ponía un pie en la punta del bote, y lo mejor de todo era que.

Finalmente.

El pueblo dejaría de verla como una niña rara, finalmente la tratarían con respeto, sería la chica que demostró la existencia de los monstruos marinos, todos aclamarían su nombre, dejaría humillado a Ercole, y ni siquiera tendría que ganar en esa estúpida carrera., ¡¿quién querría una estúpida foto cuando podría llevar dos especímenes vivos?!

Y la cara de papá cuando fuera su hija quien probará que no estaba loco… todo sonaba perfecto, excepto por un pequeño detalle.

—Y ustedes estarán… —al ver a los chicos, y sus miradas preocupadas, supo porque no debía decirle a nadie—, en un tanque, en el acuario de Milano… eso si no los disecan primero…

La gloria estaba a su alcance, ¿pero a qué precio? Era cierto que apenas conocía a los muchachos, pero en tan solo en ese tiempo ya le habían salvado la vida, arriesgando sus identidades en vez de dejarla morir con el secreto…

Y eran niños, casi de su edad, por más que odiará que el pueblo la tratara como una loca, no podía hacerles eso.

—Tendría la gloria en mis manos —dijo para luego sentarse—, pero si lo hago sería una mala persona… no puedo decirle a nadie.

Y menos en un pueblo que glorificaba la cacería de monstruos marinos.

Mientras tanto Luca y Alberto suspiraron aliviados, tenían una percepción de la batalla interna que Giulia había librado, pero no estaban ni de cerca de averiguar el conflicto moral por el que atravesó, además, tenían otra pregunta.

—¿Qué es disecar? —fue Luca.

—Oh, es cuando te abren y… —se detuvo al darse cuenta que no disfrutarían los detalles sangrientos—, mejor no pensemos en eso.

Miró hacia la isla, al menos ahora ya entendía mejor la historia de los chicos, ¿en serio los habría criado una langosta? ¿Podían hablar con la fauna marina? ¿O solo eran historias inventadas al momento? No tenía mucho de conocer a Alberto, pero tenía una corazonada de que era muy bueno para inventar historias en poco tiempo.

—Será mejor que los regrese a su isla.

—Oh, uh, ¿no vamos ir a Porpoposso?

Giulia se rió inocentemente.

—Portorosso… ¿nunca lo han visto, verdad?

Ambos negaron con la cabeza, Giulia se mordió un labio y miró hacia su pueblo, era muy mala idea, la gente había cazado monstruos marinos aún sin tener pruebas de su existencia, ¡¿Qué harían cuando tuvieran a dos frente a sus narices?! ¡¿Y cómo reaccionaría su padre?! Era demasiado riesgoso, no valía la pena…

Aunque… Ahora que habían estado tan cerca, el deseo por explorar podría ser demasiado grande como para contenerlo, podían regresar cualquier día y explorar el pueblo por su cuenta, habían saltado de un bote en movimiento, eran capaces de todo, y ya también habían demostrado su desconocimiento de muchas costumbres humanas, lo que solo los haría más sospechosos.

Así que tal vez… tener un guía humano fuera buena idea, ella podría mantenerlos a raya, a salvo, y ellos no sabían que ella era un bicho raro, sería agradable pasar un rato con alguien que la tratara bien

«Solo tengo que evitar que se mojen, eso es todo».

—Supongo que podría enseñarles, por una hora o dos —ni siquiera había necesidad de ir con papá, un rápido viaje a la plaza, unos conos de gelato y de regreso al océano.

Fácil y sencillo, esperaba.

Luca y Alberto sonrieron, y el corazón de Giulia se derritió, había tanta curiosidad, tantos deseos por explorar y aprender en los ojos de esos dos, que sería injusto apagarlo, solo debían ser cuidadosos.

Así que Giulia puso el motor en marcha y los tres se dirigieron hacia la costa, ahora que su secreto había salido a la luz, y que Giulia había demostrado estar bien con eso, el miedo había abandonado a Luca.

«Mamá se equivocó, los humanos si pueden ser nuestros amigos».

Alberto y él iban en la punta, dejando que toda la brisa marina les pegara en el rostro, e hiciera bailar su cabello, Giulia no podía evitar sentirse feliz por ellos, ella estaría también emocionada si visitará un lugar así de nuevo, pero mientras más se acercaban a Portorosso, no podía evitar sentirse asustada.

«¿Estoy haciendo lo correcto?»