Los cielos eras domados por los dragones, criaturas tan legendarias como longevas, usados en escudos como símbolo de valentía, poder y fiereza, sobrevivieron a su primera extinción mezclándose con seres humanos, dando como resultado a los híbridos dranicos, todos ellos siendo alphas natos, pero con el pasar de eras, los dragones puros fueron desapareciendo, sin saber el motivo.

Katsuki descendía del clan Bakugou, uno de los más poderosos dentro de los dranicos, gracias a su liderazgo su pueblo obtuvo prosperidad por 600 años, habitan las altas cumbres de los escalpados, solían llamar a su hogar Naviek, que era solo accesible por aire, otorgándoles buena defensa contra posibles invasiones, una situación que consideraban remota, pero no imposible.

Los dranicos estaban en plena desesperación, no sabían la causa por la cual los dragones desaparecían de manera progresiva y acelerada, al comienzo pensaron que eran cazados para comerciar con sus partes, pero llegaron a la conclusión que eso no podría pasar, aun así, montaron vigilancia durante meses sin resultados, la siguiente opción fue algún tipo de enfermedad, los hechiceros del clan investigaron en libros y manuscritos de la biblioteca sin resultados favorables.

Bakugou se encontraba sentado en su escritorio leyendo pergaminos, su mente estaba hecha humo, no sabia de que otra forma solucionar la situación actual, solo le quedaba una opción.

Había escuchado rumores de un hechicero excepcional y misteriosos, nadie sabía nada de él, solo que era cubierto por una capa verde esmeralda, que vivía en los desolados bosques de la legión de Dagoba y se hacía llamar Deku.

El asunto fue tratado junto con sus padres, Masaru y Mitsuki, los cuales dieron su aprobación para que emprendiera dicho viaje al otro lado del continente de Tairiku.

— Oye bro, ¿Estás seguro de realizar este viaje hacia el sur?, se dice que son peligrosas esas tierras— le cuestiona Kirishima a Katsuki, su mejor amigo, compañero de armas y guardián.

— Cállate cabellos de mierda, ya me advirtieron de los posibles peligros que podría toparme en el camino, pero ya estoy harto de ver como desaparecen nuestro amigos y compañeros de vida, me canse de la ineptitud de los nuestros, se necesita actuar ahora o podría ser demasiado tarde— exclamó Katsuki.

— Estoy de acuerdo contigo amigo, pero ¿Porque tienes que ir tú? — volvió a cuestionar Eijiro.

— Por que nadie tiene las bolas suficientes para emprender el viaje, decidí esto por mi cuenta, nunca fui obligado— respondió.

Bakugou se montó en su dragón llamado Dynamite, despidiéndose de su amigo y dando inicio a su viaje, uno de los mas largos de su vida.

Tardó 10 días en llegar a la zona sur, con los frondosos arboles a su vista decidió descender hacia un pueblo oculto entre la naturaleza, los pobladores llamaban al lugar Colyi, debido a la leyenda del hechicero colibrí, debido a que podía hacer metamorfosis a un ejemplar de esta especie, llegó al mercado central para comprar provisiones y de paso para preguntar por Deku, recibiendo solo negativas, frustrado regreso con su dragón para descansar por la noche que había llegado.

Encendió una fogata, se acomodó cerca de Dynamite el cual estaba dormido, mientras que el cenizo montaba guardia, no podía dejar de pensar en el bienestar de su dragón, solo quedaban menos de 15 ejemplares en su pueblo, la ansiedad y miedo lo carcomían pensado que su amigo podría ser el siguiente.

El cansancio le termino ganando, cayendo en brazos de Morfeo, de entre la maleza lo observada un omega con aroma de bosque y vainilla, ese aroma peculiar lo termino por despertar, preguntando entre gritos quien estaba ahí, tan solo recibiendo silencio por respuesta.

— ¿Quién demonios esta aquí?, si no sales de tu escondite te matare— amenazó.

Por un segundo pensó en despertar a su dragón, hasta que salió alguien del bosque.

— Descúbrete el rostro— ordenó el cenizo, el desconocido se descubrió el rostro mostrando una maraña de pelos verdes, el color de ojos del desconocido logró alterar el corazón del dranico, comenzó a sentirse abrumado por su aroma, por olor supo que se había encontrado con un omega.

— Por favor, no me hagas nada, pensé que estabas en problemas, no es común ver a forasteros por estos lugares — mencionó con voz temblorosa —puedo ayudarte a encontrar a quien buscas, al hechicero Deku, ¿Cierto? — esto ultimo logro captar la atención de Katsuki — ¿Cómo demonios sabes eso? — gritó.

— Es de lo único que han estado hablando en el poblado, de que un forastero rubio buscaba al hechicero Deku— contesto con nerviosismo.

— ¿Cómo se que puedo confiar en ti, maldito? — respondió Bakugou.

— Soy yo a quien buscas— respondió con firmeza, esto ultimo hizo que Katsuki se soltara a carcajadas, creyó que era una broma, pero la aparición de un colibrí verde capto su atención, la pequeña ave se posó sobre su hombro, callando su risa y volviendo su atención al supuesto hechicero Deku, quien se transformo en un enorme dragón verde frente al incauto dranico, cayendo de espaldas por la sorpresa.

— ¿Qué demonios? — fue lo único que alcanzo a articular antes de darse cuenta de que Dynamite estaba comenzando a despertar por el ruido causado por otro dragón, listo para defender a Bakugou, se interpuso entre el y el dragón esmeralda, el cual desapareció entre humos verdes volviendo a su forma humana.

— Me llamó Izuku Midoriya, si buscas a los dragones tendrás que seguirme— anunció en voz alta y volvió a hacer metamorfosis a dragón y montando vuelo, Katsuki estaba atónito y en shock, pero su dragón lo hizo despertar de su estupidez, dándose prisa para montar a Dynamite, debido a que el otro dragón casi desaparecía de su vista, surco hacia los cielos, siguiendo a una distancia prudente al otro.

Después de un rato, observo como Deku descendió hacia unas colinas que parecían estar protegidas por un escudo de magia que solo los dranicos conocían, le siguió y entro como a una especie de cúpula, su vista se maravillo al ver a muchos dragones los cuales declararon como extraviados a la mayoría, su corazón sintió alivio cuando logro divisar al dragón de cristal, a quien consideraba su mentor cuando era niño.

En tierra, Katsuki no menciono nada, simplemente espero a Izuku se transformará y volviera a su forma humana, una vez transformado le pidió que lo siguiera, ambos fueron hacia el dragón de cristal, el cenizo se arrodillo por respeto e Izuku hizo una reverencia.

— Veo que traes a un dranico al santuario, Izuku— mencionó el dragón

— Gran guardián, por los rumores que venían de la zona norte— respondió el ojiverde.

— A quien tras ante mi es a Bakugou Katsuki, él fue mi aprendiz— comento el dragón de cristal — Mi querido aprendiz que es lo que te trae por estos rumbos tan alejados de tu pueblo— concluyó el dragón.

—Venia en la búsqueda de un hechicero para que nos ayudara a descubrir de la razón de la desaparición de los dragones, pero al final termine encontrado mas de lo que buscaba— comento Bakugou.

—Lamento que hayan confundido nuestra ausencia, pero ya tenían el conocimiento y desarrollo suficiente, los dragones solo actuábamos como guías para nuestros descendientes, para que se volvieran fuertes, poderosos, todos los dragones sabíamos que no ocuparían de nuestra ayuda nunca más, decidimos ir a buscar un nuevo hogar— respondió.

— Por esa razón se iban, y porque no nos avisaron— cuestiono el cenizo.

— Si lo hicimos, se le dio aviso al líder de hace 100 años, tal parece que no comunico nada, o no quería que su pueblo supiera por el posible pánico que podría generar nuestra ausencia— comento el dragón.

Y la conversación continuó, hasta que toda duda fue resuelta, solo quedaba una.

— ¿Quién es el? — cuestiono Katsuki apuntando al ojiesmeralda— él mi hijo, Izuku Midoriya, tiene el apellido de su madre humana, pero lo curioso es que el no es un alpha sino un omega, por lo que veo, también es tu destinado— eso dejo atónitos a ambos jóvenes— ¿Cómo puede ser eso posible? Se suponía que los destinados solían ser leyendas, la mayoría de nuestra gente es alpha, ¿Cómo es posible que el sea omega? — comentó alterado Bakugou— El destino a veces actúa extraño— respondió el dragón.

Izuku decidió acercarse a Katsuki y volver a presentarse — Mi nombre es Izuku y ¿el tuyo? — comento el menor y extendió su brazo en forma de saludo — Bakugou Katsuki— respondió y dio su mano para saludar, sin saber que ese simple gesto iniciaría una relación hermosa.


Los días pasaron, ambos comenzaron a conocerse, a llevarse mejor hasta el punto de enamorarse mutuamente, del tomarse de las manos avanzó a darse besos, hasta que el celo de uno de ellos comenzó; el celo de Midoriya llego en una noche de luna llena, con sus feromonas a flor de piel, se despojaron de sus prendas, esparcieron caricias en la piel de ambos, Izuku estaba excitado, le pedía entre susurros que lo penetrara, cosa que no tardo en hacer, entre gemidos y nombres, se mostraron el amor mutuo que tenían, todo culminó en éxtasis, Bakugou termino por morder y llegando dentro su omega.

— Soy tuyo para siempre, Deku— menciono mientras cubría a Izuku con sus brazos — también soy tuyo, Kacchan— respondió.

Después de su unión, Katsuki le propuso matrimonio a su amado, el cual acepto con alegría, el alpha le menciono que debían volver a Naviek para validar su unión y hacer realidad su matrimonio, Izuku se despidió de su padre, emprendió su viaje junto a su prometido al lugar de origen de los dranicos.

Su bienvenida fue excepcional, Katsuki termino por mencionar la razón por la que los dragones desaparecían, la mayoría recibió la noticia con esperanza de volver a verlos; los padres de Katsuki terminaron amando a su futuro yerno, la boda se celebro como ninguna otra, la ceremonia inició con la lectura de los votos de ambos, para concretar su matrimonio necesitaban sacarse un poco de sangre, derramándola en un contenedor, la cual se torno azul, el sacerdote se sorprendió por el color que torno la poción, solo significaba una cosa, una nueva vida venia en camino.

— Tais-eko, mu hechirya— le susurró Katsuki a su amado — ¿Qué significa? — dijo Midoriya.

— Te amo, mi hechicero— respondió Bakugou con una sonrisa pícara.

El vitoreo y gritos de alegría se hicieron escuchar por los presentes, Katsuki estalló en alegría, Izuku simplemente no calmaba sus lágrimas, culminaron la ceremonia con la promesa de amor eterno, algo que los destinados solo pueden tener.

Cuentan las leyendas, que la pareja vivió muchos años juntos, que lograron tener tres hijos más, y que su descendencia aún sigue viva oculta entre las montañas, y tu que consideras ¿Mito o leyenda?, la elección es tuya.

FIN