Advertencias antes de comenzar:

Mención de violencia

Hurt/Confort

Epilogue What Epilogue

Algunos acontecimientos del pasado cambian así que se podría decir que tiene un poco de realidad alterna.


Draco exhaló profundo, por fin había terminado con el reporte que su estúpido jefe le encargó en el último momento y todavía le quedaban quince minutos para relajarse antes de su hora de salida, así que arrancó un trozo de pergamino y garabateó un mensaje rápidamente antes de enviarlo en forma de avioncito al destinatario.

Pocos minutos después llegó una respuesta, sonrió de lado y comenzó a guardar sus cosas rápidamente. Se puso de pie tomando su maletín y salió apresurado de la oficina en dirección a los ascensores.

— ¡Malfoy! —llamó su jefe—. ¿Has terminado tu trabajo? —Draco gimió frustrado, puso los ojos en blanco y giró lentamente.

— Si, acabo de dejar el reporte en su escritorio —respondió.

— De acuerdo, puede retirarse.

Antes de que el viejo mago cambiara de opinión se apresuró a huir de allí.

— Tardaste —reclamó Theodore, quien lo esperaba en la fila de los ascensores.

— Me encontré con Hamilton —respondió mientras ambos ingresaban a uno de los ascensores.

Theo puso los ojos en blanco mostrando con el gesto su comprensión.

― Una suerte que lo hayas encontrado tú y no yo ―resopló aliviado.

Draco sacó la lengua en dirección a su amigo quien comenzó a reír.

— Entonces... ¿A dónde siempre?

— Si, allí siempre encuentro los mejores hombres —dijo lamiéndose los labios de una manera obscena, Theo rio negando con la cabeza.

La gente a su alrededor los observó con disgusto, al darse cuenta de tales reacciones rieron a carcajadas.

— Pero primero vamos a cambiarnos —exhaló el castaño señalando su túnica formal. Ya habían llegado al octavo piso por lo que caminaron rumbo a las chimeneas.

— ¡Por supuesto! Por nada del mundo me aparecería allí con esta ropa. Imagínate yo con esta túnica anticuada, sería un suicidio social —en los últimos años la joven comunidad mágica había adoptado la moda muggle, sin embargo, cuando se trataba de formalidad continuaban usando túnicas.

Cruzaron la chimenea para viajar rumbo al departamento que compartían desde hace ya tres años, cambiaron su atuendo a uno mucho más moderno y llamativo. Lógico, era noche de divertirse, como ellos solían nombrar sus salidas al Marrakesh Lounge —un bar gay ubicado en la zona del Soho—, donde buscaban algún hombre que les gustaran y coqueteaban hasta que los invitaran a su casa.

— Ya tenía ganas de salir a divertirme —anunció Theo una vez estuvieron listos para salir.

— Y yo —gimió el rubio—. Hace mucho que no salgo por culpa de Hamilton.

Alfred Hamilton era el jefe del departamento de Cooperación mágica internacional, era un mago mayor que se caracterizaba por su exigencia y su amor por el trabajo; solían decir que en su época de juventud era mucho más exigente, aun así, Draco pensaba que los años no habían reducido en ningún sentido su nivel de irritabilidad y estrés que generaba entre sus empleados.

Desde el momento en que Draco fue ascendido como jefe de la Oficina Internacional de Ley Mágica, supo lo que era perderse cenas con amigos y reuniones familiares, su jefe le exigía reportes de último minuto, asistir a múltiples reuniones y cuando se acercaban las fechas para el Campeonato Mundial de Quidditch no tenía ni un minuto para relajarse. Al principio se le había hecho bastante difícil adaptarse, pero ahora con la práctica y experiencia siempre terminaba con sus responsabilidades antes de que iniciara el fin de semana, excepto en la época de la final del Mundial, en eso días debía asegurarse de que se realizara a tiempo el trámite de los trasladores para los asistentes al juego.

Afortunadamente, acababa de pasar el último mundial, así que él, y el resto del departamento, contaba con un par de meses más para relajarse.

— Deberías mandar al diablo a Hamilton y volver a la mansión.

— ¡Estás loco! ¡No voy a darle la satisfacción a mi padre! —Theo resopló.

— Tú y tu orgullo —exclamó.

Draco hizo una mueca y se encogió de hombros.

— Bueno ya vámonos —dijo para cambiar de tema, Theo asintió, tomó del brazo a su amigo y se aparecieron en un callejón cercano a su destino.


— ¡HAY DEMASIADA GENTE! —gritó Theo para que Draco pudiera escucharlo, quien solo asintió.

Ambos caminaron hasta la barra.

— ¡DOS HADAS AZULES! —gritó el rubio al barman, luego giró a ver al castaño sonriente―. Así que... ¿ya viste alguna víctima que te interese?

Theodore rodó los ojos.

— Acabamos de llegar —Draco soltó una carcajada—. No te burles. Sabes que no soy del tipo que le gusta follar con el primero que le parezca atractivo.

— O con ninguno que no se parezca a Longbottom puedo resumir.

Theodore hizo un gesto de indignación.

— Ya te he dicho cientos de veces que no me gusta Longbottom.

Como es obvio, Theodore también trabajaba en el departamento de Cooperación Mágica Internacional, lugar donde solía aparecer su ex compañero de colegio Neville Longbottom regularmente, debido a que era el enlace entre dicho departamento y el departamento de aurores quienes acostumbraban solicitar permisos para viajar o cooperación de otros países para resolver casos internacionales.

— Si, lo que digas ―continuó burlándose.

Theo prefirió ignorarlo y comenzó a observar alrededor del lugar.

— ¡Hadas Azules! —escucharon decir al barman quien colocó dos vasos largos con un líquido azul cerúleo y despedían un sutil humo blanco.

Ambos magos tomaron su bebida al mismo tiempo, giraron cuarenta y cinco grados para poder observar a las personas que bailaban muy animadas.

— ¡Hola guapo! ¿Cómo te llamas? —un mago notablemente joven de cabello castaño y brillantes ojos color miel se acercó a Draco sonriendo. Draco le echó un vistazo rápido, no estaba de mal ver, pero no era su tipo, en ningún sentido. El joven mago parecía del tipo sumiso, y aunque Draco daba el aspecto de ser totalmente dominante en la cama era todo lo contrario, a él le encantaba que los hombres le insertaran sus grandes penes mientras él los montaba o viceversa.

— No eres mi tipo —contestó simplemente.

— Puff —el joven puso cara de indignación y se alejó desapareciendo entre la multitud.

— Supongo que tendré que bailar —dijo el rubio después de un rato.

— ¿Algo interesante en la pista? —cuestionó el castaño, Draco sonrió de lado y caminó hacia el grupo de cuerpos que se balanceaban al ritmo de la música.

Theodore lo observó caminar hasta el centro y comenzar un baile nada recatado. Ese era su momento, momento de irse o ver si alguien le interesaba para entablar una modesta plática, pues sabía que cuando Draco se fijaba en alguien no lo volvería a ver hasta el día siguiente, cuando volviera al departamento con una resaca descomunal y con el culo adolorido.

En fin, lo mejor era ir a dar la vuelta.

Mientras tanto, Draco bailaba sensualmente, hasta que consideró que era el momento adecuado de lanzar una mirada a su víctima de la noche.

Un hombre bastante alto, fornido de cabello oscuro se acercó lentamente, Draco sonrió al ver que nuevamente había tenido éxito.

Sintió las manos del hombre en sus caderas y el calor de su respiración golpear su nuca.

Ambos comenzaron a moverse a un ritmo lento, importando poco que la música marcara un ritmo totalmente diferente. Draco abrió los ojos breves instantes, solamente con el fin de echar un vistazo al hombre detrás de él y por supuesto besarlo, pero antes de que siquiera pensara en girar la cabeza, su mirada se encontró con unos intensos e hipnotizantes ojos verde esmeralda, los cuales a pesar de encontrarse tras unas gafas redondas y poco modernas lucían realmente alucinantes.

Su respiración se detuvo breves segundos y su cuerpo dejó de moverse también, exhaló con fuerza y se dispuso a observar con detenimiento al hombre que yacía sentado en una mesa para dos bebiendo un gran vaso de whisky de fuego.

— Es totalmente mi tipo —susurró.

El hombre lo observaba fijamente, mientras bebía como si nada lo inmutara.

— ¿Ya quieres dejar de bailar? —susurró el hombre tras de él insinuando que dejaran de perder el tiempo y pasaran a lo siguiente.

Eso distrajo al rubio. Quien sonrió de lado.

— No para nada —respondió casual—. Me gusta mucho bailar ―informó sonriendo.

El hombre no pareció feliz con la respuesta, pero aceptó continuar complaciendo al guapo rubio.

Draco volvió su atención al hombre en la mesa, pero este ya no concentraba su atención en él, situación que lo hizo sentir ofendido. ¿Cómo se atrevía a ignorarlo?

Entonces tuvo una idea.

— Muero de sed —exclamó dirigiéndose al hombre castaño—. Ve por unas bebidas —ordenó separándose—. Estaré esperando por allá —señaló un área bastante oscura, todos sabían lo que pasaba en la zona oscura, prácticamente era una invitación descarada del rubio. Eso animó al mago, quien asintió y prácticamente corrió a la barra.

Draco aprovechó la oportunidad para escabullirse y acercarse al hombre de los anteojos y bonitos ojos verdes.

— ¿Estás solo? —preguntó poniéndose en "modo sumiso", casi no lo usaba por el hecho de que no le gustaba que los hombres a veces intentaban sobrepasarse con él, pero este era un caso de vida muerte, así tuviera que empinar el culo para ofrecérselo al hombre lo haría, al carajo la humillación.

— Yo sí, pero tú no —respondió el hombre mostrándose indiferente.

¡Maldición… esa voz!, pensó fascinado.

— ¿Hablas del hombre que estaba bailando conmigo? —empezó a reír—. Ni siquiera lo conozco.

— Bien por ti —respondió mirándolo brevemente. Draco aprovechó para ver más de cerca esos ojos verdes que tanto lo habían deleitado.

— ¿Puedo sentarme? —el hombre pareció indiferente a su decisión, así que jaló el banco vacío y se puso cómodo—. Y dime, ¿cómo te llamas? —ante la nula respuesta continuó—. Yo soy...

— Draco Malfoy —Draco lo miró atónito.

— ¿Cómo?...

— ¿Sé tu nombre?, eres el único heredero de la dinastía Malfoy, todos conocen tu nombre —por supuesto, era demasiado bueno pensar que el hombre podía saber su nombre por el simple hecho de estar interesado en él. Evidentemente no tenía sentido. Aun así, comenzaba a sentirse frustrado. Este hombre no parecía tener ni un poco de interés en su persona.

— ¡Estaba buscándote! —exclamó el mago que ya había quedado en el olvido—. No estabas donde dijiste.

Draco entornó los ojos.

— Si, bueno, como ves, estoy ocupado, así que déjame en paz.

— Oye, ¡quién te crees que eres para tratarme así! Primero coqueteas conmigo y ahora me rechazas por este tipo —reclamó tomándolo del brazo para obligarlo a levantarse.

— ¡Suéltame idiota o te hechizaré las bolas! —amenazó sacando su varita. El hombre lo soltó rápidamente.

— Jódete, imbécil —masculló antes de retirarse.

Draco resopló, esto era una mierda, y el hombre frente a él ni siquiera había mostrado signos de perturbación.

En fin, me marcho de aquí, pensó levantándose, se sentía lo suficientemente humillado como para continuar intentando hablar con un imbécil desconocido.

Comenzó a caminar entre la multitud dispuesto a no arruinarse la noche, cuando sintió una mano en su brazo. Se giró con el rostro furioso, dispuesto a cumplir la amenaza de hechizarle las bolas al cretino castaño, pero rápidamente la ira se disipó, al ver que se trataba del mago de ojos verdes.

— ¿Puedes acompañarme? —susurró muy cerca de su oído, Draco asintió hipnotizado, dejándose conducir entre la multitud de personas hasta que llegaron a la salida, donde continuaron su camino hasta el callejón donde se había aparecido con Theo antes. Draco comenzó a sentir una excitación anticipada por lo que seguramente pasaría en ese lugar.

Llegando al fondo del callejón giró hacia el hombre y lo besó necesitadamente. Pasaron unos segundos en los que no se sintió correspondido hasta que aquel hombre sumergió su húmeda y caliente lengua en su boca, gimió emocionado, esto era lo que tanto había ansiado. Una buena follada con un hombre que cumplía totalmente sus estándares del hombre ideal.

Pocos minutos después se separaron para recuperar el aliento. Los ojos verdes estaban dilatados, eso aumentó la confianza en el rubio. E iba a volver a besarlo cuando fue tomado firmemente por los brazos y sintió el fuerte tirón de la aparición.


Draco apareció en lo que supuso era la casa del hombre, todo iba mejor de lo que esperaba. Sonrió de lado e iba a decir algo sobre lo apresurado que parecía el otro cuando giró y vio algo que lo dejó aturdido.

El hombre frente a él se pasó la mano por el cabello, levantado el cabello que cubría su frente en el proceso. Revelando una marca que Draco no había visto en mucho tiempo.

— ¿Potter? —preguntó sintiendo una rabia inmensa surgiendo de su pecho.