Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, Shūeisha y Shūkan Shōnen Jump (manga), Hayato Date, Pierrot y TV Tokyo (anime).

Advertencias:

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles. Queda a discreción del lector el contenido.

Dedicatorias:

El SasuKarin Month (bueno, esta lista en específico) es una iniciativa del grupo de Facebook, SasuKarin Month, precisamente.

El propósito es completar todos los temas, pero no hay garantías.

Día 1: Sol y luna

Si había algo innegable entre Sasuke y Karin, era que ni él era su sol, ni ella sería jamás su luna.


Sin palabras

El silencio en la habitación era casi asfixiante, cargado de cosas que no se decían por temor, por la incertidumbre de estar en una situación cada vez más extraña, para la que nunca siquiera pensaron en las consecuencias.

Sasuke estaba de pie, frente a la ventana, dejando que la escasa luz dibujara su silueta.

Si quería saltar en ese momento e irse para no volver, Karin no lo iba a detener. No era esa clase de mujer. De cualquier forma, tampoco esperaba otro tipo de reacción, aunque pensándolo bien, quizás no esperaba nada.

No recordaba la última vez que hablaron al respecto, o si lo habían hecho en algún momento, pero su voz no encontraba la fuerza para salir de su garganta, ni tampoco las palabras, porque quizás si abría la boca sería para sollozar, y aunque atentara en contra de sus convicciones, pediría perdón.

—Quizás si otras fueran las circunstancias —consiguió decir, rompiendo a llorar.

El desahogo que esa única frase le provocó no fue como lo esperaba, quería mantenerse rígida, como si no le importara. En cambio, se había llevado las manos a la cara, pensando en lo horrible que debía ser que, sin importar todo lo que habían pasado juntos, ella simplemente no era capaz de ser la luna que iluminara sus noches más oscuras.

—No puedo —gimoteó —… soy un desastre... así que si quieres buscar a otra chica, yo...

Sasuke, impávido, solo la miraba.

Quería decirle que estaba bien, que era lo mejor porque sería más una condena que una alegría y corrían el riesgo de perpetuar un ciclo doloroso, al menos mientras ninguno de los dos resolviera los fantasmas de su pasado.

Caminó despacio hacia ella, que se había arrodillado en el piso de ese departamento casi vacío, donde habían intentado empezar una nueva vida, aunque siempre encontrando excusas para no comprar algún mueble o colocar fotografías en los muros, como más de una visita había señalado como extraño.

Quizás siempre lo supo, que no estaban listos, que era demasiado pronto. No solo Karin era un desastre, él también lo era, y ese departamento no era más que una ilusión y no un hogar, no en ese momento.

Cerró los ojos, avergonzado por no poder ser el cálido sol que podía arreglarlo todo con solo una sonrisa, o como mínimo, ser lo suficientemente competente para no hacerla sentir miserable por decidir que no quería seguir con el embarazo.

Se arrodilló a su lado, dejando que se desahogara.

La oscuridad los envolvió por completo y para cuando se dio cuenta, ella ya no lloraba, solo se había quedado recargada en él, comprendió que ese simple acto era justo lo que necesitaba, lo único que realmente le podía ofrecer, más allá de cualquier promesa, o cualquier palabra.


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