Así que... aquí estamos de nuevo. Como tres años después de haberme desaparecido, en la insistencia de terminar las historias que dejé colgadas por algún motivo u otro (para más información, leer bio)

Como mencioné en algún momento en alguna nota de Oliva, siempre tuve en mente tres historias que quería escribir sobre Narnia. Éstas historias se entrelazan y relacionan, pero existen en su propio pequeño mérito hasta cierto punto, por lo que no es posible simplemente condensar todo lo que sucede en una sola publicación. Es por eso que dos de las historias serán publicadas, cada una en su propio espacio, y será a los lectores irlas relacionando en el tiempo y el espacio. Y la última es quizá la que las une a todas, pero en este punto no estoy segura de si seré capaz de escribirla, por mucho más corta y sencilla que sea en comparación con "Oliva" y "Aros y Cuchillos"

Espero que disfrutes de ésta historia, tanto y como yo he disfrutado de escribirla. Escribiría que nada respecto al mundo de Narnia me pertenece, pero vamos; el libro es demasiado viejo.


LLEGADA

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Al cabo de menos de cinco minutos, los perros nos seguían. Mis pulmones dolían. En mi mente, me mordían los tobillos. Era capaz casi de vislumbrar las babas bailando entre los dientes amarillentos, furiosos y filosos.

—¡Hacia el río! —escuché una voz conocida. Ése tenía que ser Edgar, apurándome para encontrarnos—. ¡Hey! —gritó, intentando llamar la atención de los perros, y éstos se detuvieron por un momento. Lo supe por el cese de sus pisadas sobre la hierba, cuyo sonido marcaba la ansiedad de mis pasos. Los había llamado hacía él, lo supe en un segundo.

Quise gritar, pero me fue imposible. Me detuve por un segundo, pero él no quiso permitírmelo.

—¡No, tonta! ¡No te detengas...! ¡Al río!

Creo que entendí bien su indicación, finalmente. Había dos vertientes del arroyo que se encontraban al cabo de unos metros. Si él seguía avanzando por la dirección en la que se encontraba, terminaríamos encontrándonos. ¿Y entonces...? ¿Cruzar el río, tal vez?

Reanudé mi carrera, con la esperanza de alcanzar su paso. En mi cabeza, la imagen de los animales mordiéndole los tobillos. Cerré los ojos con fuerza. "No te detengas, no te detengas..."

Los ladridos comenzaron a escucharse más fuerte, de nuevo. Temí que se me estuvieran acercando. En mis pies descalzos, sin embargo, sentí la hierba húmeda.

El río. El primer paso al escape y a salvarse, por fin. Casi podía tocarlo. El primer paso para...

Algo tomó un trozo de la tela de mis faldas. Eso debió haber sido, seguramente; porque me fui de espaldas. Me aferré al piso como pude, e intenté arrastrarme. Sin embargo, el can aquél poseía una fuerza increíble. Comencé a patear.

—¡Edgar, Edgar!

—¡Victoria...! —se estaba acercando. Nos acercábamos a la vertiente, por fin; y yo había sido capturada. Sentí vergüenza. Intenté usarla para aferrarme a la tierra y patear al animal; en vano. Mi piel ardía, pero seguí luchando. Por fin, algo se rompió, y me arrastré hasta la orilla.

—¡Cruza! —me ordenó. Eso intenté, y sentí el primer pie tocar la frescura del agua. No sabiendo muy bien cómo, introduje el resto de mi cuerpo al río. Sin embargo, aquella cosa que me venía persiguiendo también lo hizo, y se hizo de mi brazo.

—¡Ah! —mi grito salió desesperado, intentando advertir a mi hermano. Forcejeé como pude. La corriente, al mismo tiempo, se volvió imposiblemente fuerte.

—¡Victoria! —fue lo último que escuché, antes de que todo se pusiera negro.

Entonces, todo se volvió agua y noche.