Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Aclaraciones: Esta es una traducción autorizada de la historia "The Sacrifice", escrita por SasuNarufan13. Pueden encontrar su perfil e historias originales en Ao3 y Fanfictionnet.
Advertencias: Gore, violencia y acoso implícitos, hombres lobo, muerte de personajes, descripción de cadáveres, ambiente medieval, leve mención de Mpreg…
Notas: Este fic es la primera parte de una serie llamada "El lobo y su sacrificio". Este one-shot narra en su mayoría narra desde el punto de vista de Sakura.
IMPORTANTE: En este one-shot no se describe a Sakura de manera muy agradable. No se muestra como una persona malvada ni antagónica ni nada por el estilo, pero sí algo apática con respecto a Naruto. El resto de fanfics de esta misma serie no vuelven a mencionarla, a excepción de un one-shot extra más, pero no la historia principal.
Pongo ese aviso solo en caso de que si no les agrada, pues no lean. A mí en lo personal no me desagrada Sakura, al menos no la Sakura después de Shippuden. La del Naruto clásico sí me cae bastante mal. XD Me gusta cuando la describen como amiga de Naruto y, aunque no me importa leerla como una antagonista, sé que hay a quienes sí, así que mejor prevenir que lamentar.
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El Sacrificio
Para apaciguar a la Bestia y poner fin a la ola de asesinatos, la ciudad decide enviarle un sacrificio.
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El concejo normalmente nunca se reunía en su casa. Su madre usualmente tampoco solía decirle explícitamente que se quedara fuera de la habitación. Esas dos razones eran lo suficiente para que Sakura se infiltrara a escondidas en la planta baja una vez que la puerta principal estuviera finalmente cerrada y se escucharan voces en la cocina.
Todo el concejo debía estar ahí esa noche si sus padres estaban usando la cocina como el lugar de reunión. Era el único espacio en la casa lo suficientemente grande para que alcanzaran doce personas al mismo tiempo.
Bajó las escaleras de puntillas, acercándose sigilosamente a la puerta de la cocina, estremeciéndose cuando el frío de los azulejos se coló por sus delgados calcetines. Había una luz iluminando el suelo y unas sillas fueron arrastradas ruidosamente antes de que todo el mundo finalmente se acomodara.
— ¿Alguien tiene alguna idea de cómo lidiar con la demanda de la bestia? —Sarutobi, el líder de la ciudad, preguntó con cansancio.
Sakura logró esconder su jadeo justo a tiempo. La bestia a la que Sarutobi se refería era una creatura que había estado merodeando el bosque que rodeaba la ciudad. Al principio nadie había notado que un ser tan perverso se había establecido tan cerca de ellos hasta que algunas personas comenzaron a desaparecer una por una para luego ser encontradas despedazadas, sacrificados como cerdos, a menudo faltándoles alguna extremidad.
Ella nunca se había encontrado con alguno de los cadáveres, gracias al cielo, pero sí había escuchado de otros que estos ofrecían una vista grotesca, casi obligando hasta a los más rudos de la villa a vaciar sus estómagos ante la imagen de los cuerpos mutilados. Los asesinatos habían forzado a establecer un toque de queda en la ciudad, prohibiendo a las personas salir de sus hogares después de la puesta del sol.
Al principio, todos creían que su objetivo era algún perverso asesino, y grupos de guardias fueron enviados afuera para capturarlo. Los grupos de búsqueda duraron un mes hasta que uno de ellos regreso, pálido como un fantasma, tartamudeando algo sobre la exigencia de una bestia. Kakashi Hatake, el líder de la fuerza policial, fue enviado al bosque para escuchar las demandas de la bestia, ya que el primer mensajero había caído en la demencia solo dos horas después de regresar.
Kakashi había hablado con una enorme bestia que parecía un lobo que se alzaba sobre él, casi dos cabezas más alto que el hombre de cabellos blancos. A pesar de su animalística apariencia, la bestia era capaz de hablar y le había informado a Kakashi que los asesinatos solo se detendrían si le ofrecían un sacrificio. La bestia les daba hasta la tarde de mañana para encontrar uno.
—¿No podemos solo enviar algunos hombres a que lo maten? —su padre sugirió.
—No. —ese era Kakashi. —Estuve en contacto cercano con la bestia y atestigüé su formidable figura. No hay manera en que nuestras armas penetren esos músculos.
—Tal vez si es un grupo de al menos seis. —su padre intentó, pero Kakashi volvió a rebatirlo.
—Estoy seguro de haber mencionado en mi reporte qué tan silencioso y, sobre todo, rápido se movía. No hay nadie en esta villa lo suficientemente veloz para ir a su paso y, honestamente, no estoy dispuesto a enfrentar la ira de la bestia.
—La bestia ya ha matado a seis de nuestros buenos hombres, ¿qué cosa peor podría hacer? —su madre se mofó.
—Asesinar a toda la villa, supongo. —Kakashi replicó aburrido. —Que es lo que va a pasar si no se nos ocurre alguien que actúe como sacrificio para él pronto.
Hubo algunos momentos de silencio hasta que Hyuuga Hiashi habló: —Entonces, ¿a quién enviaremos como sacrificio? Ya que te refieres a la bestia como "él", ¿tal vez sería mejor enviar alguna de las jóvenes?
— ¡No sacrificaremos a ninguna muchacha! —su madre reaccionó instantáneamente, su voz casi estridente al final.
Sakura se contrajo, abrazándome a sí misma para suprimir un escalofrío. No, no le apetecía el riesgo de ser la elegida para apaciguar a la bestia.
—Entonces, ¿a quién deberíamos enviar? —cuestionó Hiashi frustradamente. — ¡No tenemos todo el tiempo del mundo!
—La respuesta es obvia. —dijo Danzo suavemente.
Sakura arrugó la nariz ante el sonido de esa voz grave y profunda. Danzo era, después de Sarutobi, una de las personas con mayor autoridad en la ciudad, admirado por su sabiduría y habilidades de negociación. Era en parte gracias a sus esfuerzos que su pequeña ciudad pudo coexistir con las aldeas cercanas sin temor a que estallara una guerra.
A pesar de eso, a Sakura nunca podría llegar a agradarle. Sus ojos eran demasiado calculadores, demasiado fríos, como para que ella se sintiera tranquila si se lo encontraba. Había también algunos rumores, por supuestos, murmullos acerca de que Danzo planeaba llevar a cabo un golpe de estado y quitarle el control de la ciudad a Sarutobi. Hasta el momento solo eran rumores, pero el que nadie tuviera problema creyéndolos hablaba del tipo de hombre que era Danzo.
— ¿Oh? ¿Y cuál podría ser esa solución? —Nara Shikaku cuestionó con cautela.
—Todos estamos de acuerdo con que no podemos desperdiciar a nuestros buenos hombres y mujeres echándoselos a la bestia. —Danzo expresó calmadamente. —Pero la bestia requiere un sacrificio para ser apaciguada. Yo propongo que le demos a alguien que no será echado en falta del todo.
—Danzo. —dijo Sarutobi en advertencia, pero el segundo al mando no le prestó atención al tono de su voz.
—Propongo que le demos a la bestia el huérfano Uzumaki Naruto. No tiene ninguna habilidad que pueda beneficiar al pueblo y su estatus como huérfano asegura que nadie sufrirá su pérdida. —continuó afablemente, como si no estuviera sugiriendo que tiraran a alguien a las garras de un verdadero lobo.
Como si no estuviera sugiriendo que debían dejar al chico que Sakura había conocido de toda la vida, pero al cual nunca le había prestado mucha atención, morir en el bosque cuando la bestia lo encontrara.
Naruto no le importaba no necesariamente porque lo odiara, sino porque simplemente no se relacionaba mucho con él. Naruto era un chico extraño, el que tenía una risa demasiado alegre y demasiada energía para alguien que regresaba a una casa sola cada noche. Aquel que había sobrevivido cuando una terrible enfermedad se había llevado a sus padres al más allá, pero que no tuvo a nadie que cuidara de él mientras crecía.
Bueno, estaba la doctora de la ciudad, Tsunade. Pero ella ya era algo mayor y, aunque estuviera encariñada con Naruto hasta cierto punto, los dos no compartían un lazo de sangre.
Completamente solo, sin nadie a quien le importara, demasiado torpe y demasiado ruidoso, sin ningún tipo de habilidad que sirviera a la villa… Siguiendo esa mórbida lógica, Naruto era el único adecuado para ofrecer como sacrificio.
La persona a la que nadie extrañaría una vez se hubiera ido.
El pesado silencio dentro de la cocina fue prueba de que todos llegaron a la misma conclusión.
Hubo todavía algunas protestas poco entusiastas de parte de Sarutobi e, interesantemente, también de parte de Kakashi. Pero, cuando el concejo se disolvió tres horas más tarde, rozando la medianoche, su decisión había sido tomada.
Uzumaki Naruto sería sacrificado a la bestia para que nadie tuviera que sufrir la pérdida de un ser querido.
Mientras Sakura yacía acostada en su cama, observando el oscuro cielorraso, escuchando el ululato de un búho a la distancia, seguido del ladrido de un perro, pensó que tal vez debería sentir al menos algo ante el conocimiento de que alguien que había crecido junto con ella sería pronto ofrecido a la bestia.
Pero todo lo que sentía, luego de estar ahí acostada durante un largo rato, era un alivio culposo de que al menos no sería ella ni ninguna de las personas a las que guardaba aprecio quien actuaría como sacrificio.
Es lo mejor, se dijo a sí misma, girándose para quedar acostada sobre su costado derecho, pasando un brazo por debajo de la almohada. La gruesa tela se sintió fría contra su piel.
Claro que hubiera sido preferible que la bestia jamás se hubiera asentado en el bosque pero, si tenían que perder a alguien por ello, mejor que no fuera alguien a quien de verdad echarían de menos.
Desafortunadamente para Naruto, él era la única persona en la ciudad a quien nadie extrañaría.
Era temprano en la mañana y apenas había comenzado a comerse su desayuno cuando gritos penetrantes interrumpieron el tranquilo silencio.
Con el corazón acelerado, solo pudo quedarse petrificada en su silla, escuchando a Naruto gritar y chillar para que lo dejaran ir, que lo liberaran, que no lo llevaran con la bestia. Su casa estaba cerca de la entrada de la ciudad, así que se vio obligada a escuchar su llanto y sus súplicas mientras lo arrastraban pasando por su casa, saliendo de la villa e internándose en el bosque.
Tiempo después de que el grupo hubiera desaparecido entre los árboles con Naruto, sus gritos permanecían en el aire y Sakura tragó con algo de dificultad, observando fijamente su arroz.
Las manos de su madre acunaron su rostro y la obligaron a mirarla. La mirada de su madre era cálida y compasiva, y sus ojos se cerraron cuando la mujer mayor le besó la frente.
—No pienses en eso. Estamos a salvo y eso es todo lo que importa. —le susurró para luego rodearla con sus brazos firmemente.
Sakura le devolvió el abrazo, sujetándole igual de fuerte. Su madre tenía razón. Ahora estaban a salvo, a salvo de la ira de la bestia y de la ola de asesinatos, y eso era todo lo que importaba.
Una persona sacrificada comparada con los cientos que pudieron haber muerto si no hubieran actuado… Era el mejor trato que pudieron hacer.
Sí sentía algo de lástima por Naruto, pero se sentía aún más aliviada de que ni ella ni su familia o amigos volverían a estar en peligro de nuevo.
La vida en la ciudad pronto regresó a la normalidad luego de que el grupo volviera del bosque.
A pesar de ser una bestia, esta aparentemente sabía cumplir con su palabra porque, tal y como había prometido, no más muertes se habían reportado luego de que se hiciera el sacrificio. Todos anduvieron atentos y temerosos las primeras dos semanas, sin atreverse a creer que la bestia se hubiera calmado lo suficiente como para dejarlos en paz.
La primera semana terminó sin más registros de muertes. La segunda comenzó segura y terminó de igual forma. Y, conforme pasaban las semanas sin que hubiera más personas atacadas, la gente comenzó a respirar tranquilamente de nuevo.
Habían perdido a seis personas, siete si se contaba a Naruto, pero la bestia finalmente les estaba dejando en paz. Esto hizo que muchos se acercaran a los miembros del concejo para darles las gracias por hacer lo correcto y escoger el sacrificio perfecto para aplacar a la bestia. La mayoría de los miembros del concejo estuvieron contentos de aceptar la gratitud, pero no era un secreto para nadie que Kakashi no estaba muy feliz con el curso de los eventos.
Sakura realmente no sabía que tipo de relación había compartido el hombre con Naruto, pero podía recordar a Kakashi visitando al chico ocasionalmente. Nunca entendió por qué. ¿Era para ver cómo estaba el único huérfano de la villa que no tenía a nadie que lo cuidara? ¿Era para enseñarle algún tipo de oficio? Fuera cual fuera la razón, era obvio que Kakashi no estaba feliz con la decisión de la ciudad de sacrificar a Naruto.
Sakura comprendía a Kakashi hasta cierto punto pero, en verdad, ¿qué otra opción tenían? Naruto era el único al cual nadie extrañaría, era lógico que fuera el elegido para ofrecérselo a la bestia.
Aunque Sakura sabía que era mejor no decir esos pensamientos en voz alta cerca de Tsunade. La mujer había accedido a enseñarle medicina y ella no quería arriesgar a que se negara si llegaba a escuchar sus verdaderos pensamientos sobre Naruto siendo el sacrificio. El escándalo que había hecho la doctora luego de descubrir lo que le había pasado a Naruto seguro iría directo a los libros de historia.
Sakura no había comprendido del todo la profundidad del lazo entre Tsunade y Naruto hasta que se la había encontrado gritando a Sarutobi y a Danzo en el medio del centro de la ciudad, maldiciéndolos con todo de sí por haber arrojado a Naruto a la boca del lobo. Incluso había hecho el intento de dejar la villa, probablemente para traer a Naruto de vuelta de alguna forma, pero Kakashi había aparecido y la había arrastrado de regreso, hablándole entre susurros.
Lo que sea que le hubiera dicho, nadie lo sabía, pero consiguió que la médico se quedara dentro de la ciudad. Sin embargo, las miradas venenosas que dirigía a los miembros del concejo cada vez que se los topaba dejaba en claro que no les había perdonado. Tal vez jamás lo haría.
Sakura realmente no la comprendía. Tsunade no compartía ningún lazo de sangre con Naruto, no estaba emparentada con él de ninguna forma… ¿Qué importaba si el concejo lo había escogido para dárselo a la bestia? Como médico, ella debería saber que la vida de muchos valía más que la vida de solo una persona.
Pero sabía que era mejor no dar su opinión. Dejen que Tsunade lamente la muerte de Naruto si así lo quería, siempre y cuando que le enseñara a Sakura su oficio, no importaba si ella tenía una opinión tan diferente en comparación a los demás sobre la decisión del sacrificio.
Este era uno de los días de invierno más helados hasta ahora y tuvo que caminar penosamente a través de la capa de nieve de un pie de espesor, observando su aliento escapar de sus labios en la forma de visibles nubes blancas. Todavía era temprano en la mañana y su madre la había enviado a comprar una hogaza de pan. Ella no había querido salir con el frío que hacía, quería aprovecharse del descanso de un día que finalmente tenía de estudiar medicina (Tsunade era una muy buena maestra, pero sumamente estricta y demandaba de su estudiante nada menos que pura perfección), pero su madre la había enviado afuera con la amenaza de que si no lo hacía tendría que matar una de las gallinas para la cena de esa noche.
¿Ser obligaba a matar una gallina y luego desplumarla? No, muchas gracias. Prefería enfrentarse al frío.
Y entonces lo hizo, sosteniendo la hogaza aún tibia contra su estómago, cubriéndola del fuerte viento invernal con su larga capa. Al menos su madre la estaría esperando con té caliente que ayudaría a que su cuerpo volviera a calentarse.
Al principio, no le prestó atención al trío de hombres reunidos en frente de una pequeña choza con la puerta abierta hasta que tuvo que pasar en frente de ellos y escuchó:
— ¿Tienes alguna idea de quien entraría a robar a la vieja casa de Uzumaki? —un hombre preguntó bruscamente.
Sin pensarlo, redujo el paso, pretendiendo luchar con los cordones de su capa mientras escuchaba disimuladamente.
—No. —dijo brevemente Kakashi y, por el rabillo del ojo, lo observó pasar una mano entre su indomable y blanco cabello antes de golpear el atasco de la puerta. —Tampoco tiene ningún sentido. Esta no es la casa de un hombre rico donde podrías encontrar objetos de alto valor. ¿Por qué alguien querría entrar en una choza abandonada hace tiempo?
— ¿Se llevaron algo? —otro hombre, uno que comenzaba a ponerse calvo, preguntó con curiosidad.
—Revisé el lugar. Quien sea que haya sido, solo se llevó algunas sábanas y algunas fotos. —Kakashi sacudió la cabeza. —Este debe ser el ladrón más extraño que jamás se haya registrado en esta ciudad.
Ya sin tener excusas para quedarse más tiempo, Sakura continuó con su camino a casa, esta vez con el ceño fruncido. ¿Quién diablos querría entrar a robar a una vieja choza? ¿Solo unas sábanas y fotografías? Era tan raro. No es que ella estuviera a favor de entrar a robar a las casas, pero… ¿No tendría más sentido meterse a la casa de alguien que sí fuera rico, como Danzo?
—Más te vale que esa hogaza no venga aplastada, Sakura. —su madre suspiró cuando la joven entró a la cocina.
—Por supuesto que no, madre. —suspiró ella, girando el rostro en otra dirección para rodar los ojos.
— ¿Pasó algo camino a casa? Tienes una expresión extraña en el rostro. —su madre la estudió con curiosidad, quitando la tetera del fuego cuando esta comenzó a silbar.
Sakura pensó sobre los tres hombres frente a la antigua choza de Naruto, sobre sábanas y fotos robadas, y negó con la cabeza.
—No, nada. Es que en verdad hacía frío afuera.
—Sí, sí, por eso te tengo listo el té. Toma, bebe.
— ¿Escuchaste lo que pasó? —Ino, su mejor amiga, la abordó cuando giró la esquina, habiendo apenas terminado la lección de medicina del día.
Ajustando su bolsa más cómodamente sobre su hombro, alzó una ceja.
— ¿Qué debí haber escuchado?
Ino le siguió el paso, sus manos enterradas profundamente dentro de los bolsillos de su capa azul oscuro. Su largo cabello rubio hoy estaba sujetado en una moña con algunos rizos sueltos enmarcando su bello rostro.
Sus ojos celestes estaban abiertos a más no poder cuando se volteó hacia Sakura y contestó:
—Encontraron un cuerpo cerca de la granja de la familia Inuzuka. Aparentemente le faltaba la cabeza y todavía la están buscando. —su voz descendió hasta volverse un susurro cuando añadió: —Pero incluso sin la cabeza, es obvio de quien se trata. El viejo pervertido de Mizuki, ¿lo recuerdas?
A Sakura la recorrió un escalofrío y sus labios se curvaron con disgusto. Mizuki era un profesor en la escuela local que tendía a tomarse bastantes "libertades" en la manera en que tocaba a los alumnos. Nunca hubo pruebas concretas, ya que el hombre era defendido por el mismísimo Danzo, pero a nadie entre los estudiantes le agradaba Mizuki.
Por suerte para Sakura, ella nunca había sido blanco de sus malaventurados toques, siendo la hija de un importante miembro del concejo. Pero, aun así, se había percatado de las desagradables miradas que le dirigía constantemente cada vez que tenía una clase con él.
A muy poca gente le agradaba ese hombre, pero aun así fue una sorpresa para ella escuchar que había sido asesinado.
Descabezado, incluso.
— ¿Saben quien está detrás de esto? —preguntó con los ojos como platos.
Ino negó con la cabeza, apretando los labios ligeramente.
—No, pero considerando que básicamente todo el pueblo lo odiaba, supongo que será difícil encontrar al asesino. —observó a su alrededor, checando las calles y, cuando confirmó que estaban solas, murmuró: —No puedo decir que me siento mal por el degenerado. Quien sea que haya sido, deberíamos darle una medalla.
Sakura dejó escapar un "hm…" como respuesta, dándole la razón a su amiga. La muerte de Mizuki no era realmente una verdadera pérdida para la ciudad. Un pervertido menos de que preocuparse.
La primera muerte pareció ser el punto de inflexión. Uno a uno, los aldeanos fueron hallados asesinados. Algunos eran encontrados en los bordes de la ciudad, como Mizuki, otros en los campos justo en las afueras de los portones principales, otros en sus propios hogares.
Cuando los cuerpos comenzaron a ser encontrados dentro de las casas, la gente entró completamente en pánico. Un encierro de emergencia fue ordenado cada noche, con las puertas principales de la villa cerrándose con llave a las seis p.m. en punto. Si alguien quedaba rondando en las afueras de la entrada, era muy desafortunado, ya que tendría que pasar la noche fuera de los muros y esperar a sobrevivir las congelantes noches.
Guardias patrullaban las calles. Todos aquellos que siguieran afuera después de las seis eran interrogados y escoltados de vuelta a sus casas. Todos, hombres y mujeres, solo podían salir si había al menos una persona más con ellos. Cualquiera que anduviera solo era sospechoso, mientras que el miedo se apoderaba de la ciudad y sus habitantes entre más hombres seguían apareciendo muertos.
Cortados en pedazos, descabezados, destripados, rebanados a la mitad… Sakura nunca estuvo presente cuando descubrían los cadáveres, pero había visto los dibujos en el escritorio de Tsunade y solo la vista de ellos, líneas de carbón en papel pero dibujadas con tanta precisión que parecían pinturas, la tuvo jadeando más de una vez, obligándola a encontrar la cubeta más cercana para devolver su desayuno o almuerzo.
Los números aumentaban rápidamente y todos se preguntaban quién podría estar detrás de tantos grotescos asesinatos, quién era tan perverso y cruel para atacarlos y matarlos en medio de la noche. ¿Acaso habían hecho enemigos de alguna manera? ¿Alguno de los aldeanos se había desencantado de las promesas de Danzo y había decidido acabar con todos reduciendo sus números como si fueran simples animales?
Enero había llegado a la mitad cuando el misterioso asesino finalmente dejó una pista: cuatro huellas, profundamente impresas en la nieve fresca, justo frente al más reciente cadáver. Hyuuga Neji, el sobrino del miembro del concejo Hyuuga Hiashi, había sido desechado frente a los portones de la villa, su garganta atravesada tan profundamente que casi se le había desprendido la cabeza y sus intestinos se derramaban fuera del gran corte en su estómago.
La Bestia estaba de regreso para cazarlos a todos.
El concejo ahora se reunía todos los días, pero seguían sin estar cerca de encontrar una solución. Era evidente que un grupo de personas tendría que ser enviado a la Bestia para descubrir si esta requería de otro sacrificio, pero nadie estaba dispuesto a aceptar la tarea.
Una vez más se sugirió salir a cazar a la Bestia y matarla de una vez por todas, pero esas sugerencias fueron rápidamente descartadas de nuevo. Considerando lo rápido que la Bestia se movía y cómo había conseguido entrar hasta en los edificios mejor resguardados, no había oportunidad de que alguien en la ciudad pudiera derrotarlo. Ya habían perdido a una buena cantidad de hombres, no podrían arriesgarse a enviar más a lo que era seguro sería su fin.
Pero algo debía de hacerse, y en eso todos estaban de acuerdo durante esos días de reuniones. Pero la pregunta prevalecía: ¿qué hacer? ¿Qué podía hacerse en contra de una Bestia tan poderosa que había acabado hasta con sus hombres más fuertes? Una Bestia que se movía tan rápido, con tanto sigilo entre las calles que nadie notaba nada fuera de lo común hasta que se encontraban los cuerpos en la mañana.
Sakura creyó tener una idea. Luego de revisar los reportes y las imágenes, notó algo que todas tenían en común: todas las víctimas hasta ahora habían sido hombres. No se había reportado la muerte de ninguna mujer, lo que tal vez significaba que la Bestia solo estaba interesaba en matar hombres, no mujeres. Seguro que si no tuviera una preferencia, ya hubieran encontrado alguna mujer muerta también, ¿no?
El que no lo hubieran hecho significaba que había un chance de que una mujer tuviera más oportunidades de sobrevivir a un encuentro con la Bestia que un hombre. Tal vez la Bestia pensaba que todas las mujeres eran débiles y, por eso, no valía la pena que tuvieran su atención. Aunque a Sakura le molestó esta suposición, ya que nunca le había agradado ser considerada débil solo por ser una mujer, tomaría ventaja sobre ello ahora.
Era una idea muy absurda y peligrosa, pensó mientras revisaba el mapa toscamente dibujado una vez más antes de continuar su camino. No podía estar segura de su suposición, estaba poniéndose en riesgo, pero tenía que hacerlo.
Mientras el concejo seguía intentando encontrar a quién más sacrificar a la Bestia, ya fuera como un verdadero sacrificio o como un mensajero, seguían perdiendo más y más buenos hombres a manos del monstruo. Esto no podía seguir. Pronto llegarían al punto donde solo los niños quedarían vivos y ese era un pensamiento que le revolvía el estómago.
Era tiempo de hacer algo al respecto y ella sería la encargada de hacerlo.
Apoyó su mano en su cadera derecha brevemente, la presencia del duro acero que llevaba reconfortándola. No era estúpida, había venido preparada con el cuchillo más afilado que pudo encontrar, uno que había tomado del gavetero de Tsunade. Lo envolvió en cuero para evitar cortarse ella misma con él. El cuchillo era lo suficientemente fuerte para cortar huesos humanos, así que seguramente sería lo suficientemente fuerte para infligir mucho daño a la Bestia si necesitaba defenderse.
Esperaba que no tuviera que llegar a esos extremos, pero… No podían seguir viviendo con miedo. Debía descubrir qué había hecho que la Bestia volviera a atacar luego de tantos meses viviendo en paz.
Armándose de valor, ignorando el helado viento chocando contra sus mejillas, se adentró en lo más profundo del bosque, guiada únicamente por el mapa que uno de los exploradores había dibujado meses atrás y por el coraje de hacer lo correcto.
La cueva era todo un complejo.
Estupefacta, permaneció inmóvil frente a tres corredores que la recibieron a varios pies dentro de la cueva. Había escuchado a los exploradores decir que la Bestia vivía en una cueva, ¡pero nunca mencionaron que hubiera toda una red de pasadizos dentro de ella!
Parecían desgastados naturalmente, pero aun así pudo distinguir unas profundas marcas que lucían demasiado como arañazos, y tragó duro. De repente fue consciente de que estaba parada en el hogar de la Bestia, y el impulso de salir corriendo de allí mientras aún podía fue casi abrumador.
Hasta el momento, nunca se había topado con la Bestia, ni había escuchado ningún sonido sospechoso que delatara su presencia. Todo lo que podía oír era el aullido del viento y el ocasional sonido de la nieve deslizándose de las ramas, cayendo sobre el suelo del bosque. Estaba casi segura de que se había equivocado de cueva de no ser por los huesos medio enterrados de algún animal… ¿o persona? que se encontró desechados entre los arbustos cubiertos de nieve de afuera.
Este definitivamente era el hogar de la Bestia. Ahora la pregunta era: ¿cuál de los pasadizos la llevaría a él? ¿Siquiera quería averiguarlo? Tal vez el que no se lo hubiera encontrado hasta ahora era una señal del cielo de que tenía que abandonar su plan y regresar corriendo a casa.
No. Ya había venido hasta acá, no se daría por vencida ahora. Ella podría ser la clave para finalmente detener esta oleada de muertes, no iba a dejar que esa oportunidad se le escapara de entre los dedos solo porque estaba asustada.
No hay nada de malo con tener miedo, se dijo a sí misma, dando un paso hacia adelante tentativamente. Era completamente natural estar asustada, considerando lo que probablemente había en lo profundo del complejo. El miedo era sano, solo no debía dejar que la dominara.
Entonces respiró profundo, se preparó mentalmente y se adentró en el corredor a su izquierda.
Así de profundo en la caverna estaba negro como el carbón, más oscuro que la noche. La gruesa piedra evitaba que la luz natural penetrara en el lugar, y se vio obligada a arrastrar los pies despacio hacia adelante, apoyando su mano contra la dura pared de roca para guiarse.
También estaba silencioso, muy callado, tanto que el silencio le presionaba en los oídos. Hizo que todos sus sentidos se pusieran en alerta y que comenzara a sudar, volviendo su nuca pegajosa y haciendo que su vestido se le pegara al pecho. De repente sentía como si alguna araña le rozara los dedos, y le tomó todo resquicio de fuerza de voluntad no comenzar a gritar cada vez que algo extraño la tocaba.
Tenía fósforos en los bolsillos de su vestido, pero no estaba segura de utilizarlos. No quería anunciar su presencia antes de tiempo. Parte de ella estaba preocupada de que ya fuera demasiado tarde como para preocuparse por eso, su respiración parecía ridículamente ruidosa en el confinado espacio. ¿Sería posible que la Bestia la escuchara acercarse?
Y si era así, ¿no la habría atacado ya?
Aferrándose a esa vaga esperanza de que la Bestia ya la hubiera atacado si la hubiera escuchado acercarse, avanzó más y más profundo en la caverna, preguntándose absurdamente si el pasadizo tendría un final o no.
¿O terminaría directo en el infierno, como alguna especie de portal diabólico?
Al principio, pensó que sus ojos le estaban jugando trucos cuando la oscuridad pareció desaparecer en la distancia, dando lugar a un leve brillo naranja rojizo. A medida que se acercaba, sin embargo, se percató de que sus ojos no la estaban engañando, había una especie de luz al fondo del corredor.
Apresuró el paso, sus latidos acelerándose en respuesta, enfocándose en el tenue brillo para guiarla fuera del túnel de una vez.
Casi se tropezó cuando llegó al final del pasadizo por no notar el pequeño desnivel, y su quijada calló al suelo cuando sus ojos se acostumbraron a la luz luego de tanto tiempo aventurándose en la oscuridad.
Si no lo supiera, pensaría que estaba de pie en una habitación más perteneciente a un palacio real, en vez de ser solo un espacio hueco en una cueva. Había una fogata haciendo arder ávidamente unos trozos de leña justo en frente de ella en una especie de chimenea improvisada, lo que explicaba de donde venía la luz que había visto antes. El humo del fuego viajaba hacia arriba en lugar de quedarse enfrascado en el lugar, lo que le hizo pensar que debía haber alguna especie de agujero en el techo que llevaba al exterior.
Un gran y acolchado cobertor (¿una piel de oso?) estaba estirado frente al fuego. A su derecha, había una especie de hueco donde una mesa hecha a mano y dos sillas habían sido colocadas. Por alguna razón había una tetera en la mesa, con una taza de color azul oscuro y otra naranja oscuro puestas junto a ella.
Desconcertada por la presencia de objetos tan mundanos, casi no lo notó: un nido formado por algunas sábanas y varias pieles, ubicado lo más lejos de la entrada.
Y, debajo de varias capas de pieles, alguien descansaba dándole la espalda. Alguien con cabello rubio brillante, alguien que definitivamente era un varón cuando se giró entre sueños, mostrándole el pecho descubierto.
Un chico que ella y todos los demás creyeron muerto hace mucho.
Conmocionada a más no poder, solo pudo mirar boquiabierta, exhalando un: —Na-.
— ¿Qué haces aquí?
La pregunta formulada en el tono de voz más plano que jamás había escuchado la hizo girar asustada. Su boca volvió a abrirse cuando sus ojos se posaron en el hombre más hermoso que alguna vez hubiera visto. Un hombre con cabello tan oscuro como la noche, piel tan pálida como la luna, ojos oscuros y penetrantes… Una mueca frunciendo sus labios llenos de color rosa pálido. Sus pómulos se miraban tan filosos como para cortar, y sintió su rostro arder cuando su cerebro finalmente registró que el hombre estaba completamente desnudo.
Estaba parado en todo su desnudo esplendor cerca de la chimenea, luciendo completamente a gusto, como si fuera una ocurrencia regular para él caminar sin ropa. Ciertamente, la cueva estaba agradablemente cálida gracias al fuego, pero ¿quién en su sano juicio caminaría desnudo en medio de un duro invierno?
A pesar de sus dudas sobre su estado mental, tuvo que esforzarse en mantener los ojos en su rostro y no más abajo, y tuvo que tragar duro, sus manos comenzando a sudar de repente.
—Te hice una pregunta. —el mismo tono plano de antes, pero no pudo evitar notar lo lisa y ronca que sonaba su voz.
Hizo que escalofríos recorrieran su cuerpo, escalofríos que no tenían nada que ver con el frío exterior, y algo dentro de ella se retorció graciosamente.
—V-Vine a b-buscar a la Bestia. —tartamudeó, maldiciéndose a sí misma por sonar como una idiota frente a un hombre tan apuesto.
Él inclinó el rostro hacia la izquierda.
—La Bestia. ¿Por qué?
Entrelazando sus dedos detrás de su espalda para que el hombre no notara como le temblaban, respondió temblorosamente:
—P-Para hablar con él. I-Intentar averiguar qué q-quiere como sa-sacrificio ahora.
Eso, por alguna razón, hizo que el hombre mostrara una leve sonrisa torcida.
— ¿Preparando un segundo sacrificio tan pronto?
— ¿Qué más podría querer? —preguntó impotente. —Comenzó a matar a nuestros hombres de nuevo, debe haber algo que quiera que le haga detenerse. —se alegró de que su voz fuera firme otra vez, incluso si se sentía inquieta. El hombre le estaba haciendo sentir cosas raras y no había logrado descifrar qué tipo de cosas raras eran.
— ¿No se les ha ocurrido pensar en por qué los está matando? —preguntó él. Su tono podría ser llamado casi amigable, pero había algo en su voz, algo acechando desde adentro, que le hizo mirarlo con atención.
— ¿Porque es un monstruo y eso es todo lo que los monstruos saben hacer? —ofreció, agitando su pierna levemente.
Esa respuesta lo hizo volver a sonreír, y entonces se acercó hasta que estuvo a solamente dos pies de distancia de ella. Sus mejillas debían parecer tomates a estas alturas, podía prácticamente sentir el calor emanando de ellas, y se forzó a mantener su mirada fija únicamente en su rostro.
— ¿No has considerado que tal vez los está castigando? —sugirió sedosamente.
— ¿Castigando? —agitó la cabeza confundida. — ¿Por qué nos castigaría? ¡No nos conoce!
—Tal vez ha escuchado cosas sobre ustedes. —murmuró y comenzó a caminar en círculos alrededor de ella, la acción lenta y depredadora al mismo tiempo.
Ella se giró para seguirlo, sintiéndose muy incómoda de tan solo pensar en darle la espalda por alguna razón.
—Tal vez ha escuchado cosas sobre cómo la ciudad trata a ciertas personas dentro de la misma, y decidió hacer algo al respecto. —continuó, su voz ligera y aireada, pero sus palabras sonaban oscuras. —Tal vez sabe de todos los pecados que esa gente carga consigo y decidió darles un castigo apropiado. ¿Has pensado en eso alguna vez, hm?
Sakura sacudió la cabeza rápidamente, su cuerpo enfriándose sin razón aparente, a pesar de que no se sentían ni los rastros del viento invernal.
—No sé de qué me hablas.
Se detuvo frente a ella, más cerca que antes. Tan cerca que podía ver sus ojos brillar incluso aunque estuviera de espaldas al fuego.
— ¿No? Es una pena. —le sonrió burlonamente. —Estoy de buen humor hoy, así que te ayudaré un poco. Tal vez la Bestia ha escuchado los maltratos que uno de los suyos tuvo que sufrir. Tal vez se enteró de lo mal que uno de ustedes fue tratado durante años, cómo a muy poca gente le importaba esa persona. Cómo les fue tan sencillo para todos ustedes desechar a esta persona, ofrecerlo como un sacrificio a la Bestia sin siquiera pestañear. Tal vez la Bestia escuchó cómo a uno de ustedes se le informó que sería sacrificado porque nadie lo quería.
Otro paso más cerca.
—Y, solo tal vez, la Bestia hizo una lista de cada persona que alguna vez lastimó al sacrificio. Y esa lista es larga. Muy larga. —el hombre sonrió peligrosamente.
¿Era solo un truco de las sombras o sus colmillos lucían más afilados que los de la mayoría?
—Entonces, tal vez la Bestia decidió asegurarse de que cada uno de ustedes sufra tanto como hicieron sufrir a su sacrificio. Tal vez piense que es adecuado que sientan el mismo dolor que infligieron en el sacrificio durante todos esos años. Tal vez, y solo tal vez, él quiera borrar años de dolor.
— ¿Y-Y por qué querría ha-hacer eso? —su boca estaba tan seca como la arena, miedo atascándose en su garganta cuando comenzó a darse cuenta de con quién estaba hablando. Pero, sin importar cuánto rogaba a sus piernas que se movieran, solo pudo quedarse ahí petrificada, observándolo acercarse más y más.
Aterrorizada, observó como sus colmillos se alargaron y la pálida piel se escondió debajo de grueso y oscuro pelaje, garras reemplazando lo que diez segundos antes fueron dedos delgados y elegantes. Horrorizada, escuchó el sonido de huesos quebrándose y moldeándose y torciéndose en grotescas formas.
Solo pudo quedarse parada y llorar silenciosamente cuando este se alzó sobre ella, su hermoso rostro dando lugar a la cabeza de un lobo voraz con refulgentes ojos rojos y descubiertos colmillos blanco puro.
Justo cuando abrió su boca para gritar, finalmente encontrando su voz, una mano con garras se presionó contra su boca, callándola. La fuerza de la acción fue tanta que la golpeó contra la pared, su cabeza chocando con la imperdonable y dura roca, y oscuridad comenzando a invadirle la visión mientras observaba desorientada al monstruo frente a ella.
—Porque es mío. —la Bestia gruñó, su caliente aliento golpeándole en la cara.
Luego arrojó su cabeza hacia abajo y Sakura sintió la presión de afilados dientes en su cuello antes de que le desgarrara la piel.
Rojo intenso cubrió su visión, animalísticos gruñidos le llenaron los oídos, el horrible aroma a metal la rodeó, un dolor infernal, como nada que hubiera experimentado hasta ahora, azotó su cuerpo y entonces…
Nada.
El chico rubio se removió cuando Sasuke se metió en el nido detrás de él, todavía limpiándose los dientes con la lengua.
— ¿Se metió algún tipo de animal aquí? —preguntó un adormilado Naruto, abriendo un ojo para mirarlo con sueño brillando en su pupila. Se dio la vuelta para no tener que girar su cuello para mirar al mayor. —Creí oírte gruñir.
Sasuke sonrió, su mano descansando sobre el vientre del chico, donde el más ligero abultamiento acababa de volverse visible. Rozando la marca que había dejado tres meses atrás en el cuello de Naruto con la nariz, orgullo llenándole cada vez que la veía o la tocaba, murmuró: —Sí, lo maté y lo llevé afuera.
—Hm, si es un venado, ¿podemos cocinarlo? —los ojos de Naruto ya estaban cerrándose de nuevo mientras enterraba su rostro en el pecho de Sasuke, buscando su calor. —Tengo ganas de comer venado. —agregó adormilado.
Sasuke sonrió afectuosamente y le besó los labios.
—Lo que quieras, amor.
Y lo que Naruto quisiera, lo tendría, sin importar lo que fuese. Sasuke se aseguraría de ello.
Después de todo, su sacrificio merecía todo lo que pudiera necesitar o querer.
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Notas de la traductora: A como mencioné antes, este fic no es mío, y honestamente lo quise traducir más por la curiosidad de cómo se leería en español que por querer compartirlo XD
Mil gracias a la autora SasuNarufan13 por dejarme reescribir su historia en español.
El siguiente fic es de 9 capítulos y muestra el punto de vista de Naruto durante todo este one-shot, de cómo fue sacrificado y terminó encontrándose en una cueva viviendo con un hombre lobo. Xd Probablemente comience a publicarlo la próxima semana, pero ya veremos.
Y, si me preguntan sobre los fics que tengo pendientes, están en proceso XD No he abandonado nada XD Espero actualizar esta semana, pero ya veremos XD
