Era demasiado agotador tener una doble vida. Luca empezaba a cansarse de ello. Por un lado estaba su vida acuática, en la que se dedicaba a pastorear peces rebeldes. Por el otro, estaban sus dos amigos de la superficie: Giulia y Alberto. (Estaba seguro que su abuela conocía su secreto, pues siempre lo ayudaba con coartadas y le guiñaba el ojo cuando lo veía llegar)

Los tres se habían vuelto inseparables desde el momento en que se conocieron. Luca a veces se sentía demasiado mal por mentir sobre su verdadera identidad, pero no tenía otra opción: sus dos amigos venían de Portorosso, un pueblo pesquero. Le asustaba demasiado imaginar lo que podía pasar si les revelaba que era un monstruo marino. Nada bueno, seguramente.

Aquella noche, los tres estaban viendo una película en la televisión, en casa de la chica pelirroja. Luca se había quedado tan ensimismado en sus pensamientos que no se dio cuenta que ya había oscurecido.

Ragatzzi, es muy tarde. ¿Por qué no se quedan a dormir?—sugirió la pelirroja.

Luca sabía que sus padres iban a matarlo si no llegaba a casa, pero irse a esa hora iba a resultar raro a sus amigos. Estaba tratando de decidir que hacer, pero Alberto le ganó a contestar.

—Creo que es una genial idea.— se giró y tomó a Luca por los hombros. —¡Podríamos observar las estrellas como siempre has querido!

La sola mención de las estrellas fue suficiente para convencerlo. Quería verlas desde el momento en que supo de su existencia gracias a los libros de Giulia. Era su oportunidad perfecta. Si no las veía ahora, tal vez no jamás lo haría.

—Está bien. Me quedaré aquí.

Alberto le sonrió y él sintió mariposas en el estómago. Decidió no pensar en ello.

—Será divertido.

….


El papá de Giulia estuvo de acuerdo en que los dos chicos se quedaran en la casa. No tenían un cuarto de invitados pero sí una casita del árbol. Estaba a la intemperie, pero no había problema: la noche de verano era cálida.

Alberto y Luca sacaron un par de almohadas y tomaron prestado un pequeño telescopio. Ambos se recostaron, muy juntos, y se dedicaron a buscar constelaciones en el oscuro cielo.

—Algún día me gustaría poder volar. —dijo, sin pensar.

—Podrás Luca, y yo estaré a tu lado si quieres.

—Quiero...

En algún momento, se quedaron dormidos. Lo último que Luca sintió antes de caer en la inconsciencia, fue cómo unos labios se posaban sobre su frente.


Lo primero que notó cuándo se despertó fue que estaba siendo abrazado. Sintió como sus mejillas se encendían por la vergüenza. No podía creer que se hubieran despertado así.

Después notó lo segundo: el rocío del árbol había caído sobre él, exponiendo su piel color verde y llena de escamas. Estaba más que jodido, tenía que escaparse.

Trató de moverse, pero el brazo de Alberto a su alrededor no se lo permitió.

—Quédate un poco más.

—Tengo que irme Alberto, mis papás van a matarme si no vuelvo pronto.

—Sólo cinco minutos más, por favor.

No iba a poder soportar si Alberto lo rechazaba cuando supiera su secreto. Decidió que lo mejor era acabar con esto rápido, como cuando sacas un curita. Con los ojos cerrados, se giró para poder mirarlo de frente. Levantó la cara, con miedo y…

Y se sorprendió al no ver la cara conocida de Alberto, sino facciones que sólo podían pertenecer a un monstruo marino. Tuvo que morderse los labios para no gritar. No era prudente. Alberto simplemente le sonrió. Se sentó, sin saber que hacer ahora.

—¿Qué?—fue lo único que salió de su boca.

—Buenos días a ti también.

—¿Cómo es posible? Alberto, creí que eras un humano

—Soy un experto en imitarlos, Luca.

—¿Cómo es que tú no estás sorprendido por mi?

Alberto se encogió de hombros, como restándole importancia.

—Fue por tu olor, pero si no querías decirlo no pensaba en presionarte.

Eso tenía sentido. Los de su especie solían tener un olfato más desarrollado… Es solo que Luca era demasiado distraído como para notar que sucedía algo extraño con Alberto.

—No sabes el alivio que siento ahora, el secreto me estaba matando.

—Bueno, los renegados tenemos que mantenernos juntos. ¿Cierto?

—Si… Pero si no me voy ahora, creo que de verdad me van a matar.

—Ve con cuidado, Caro amico

Antes de que pudiera levantarse, Alberto volvió a rodearlo en un fuerte abrazo. Era bueno tener un lugar seguro. Sin embargo, su momento no podía durar demasiado, Luca tenía que regresar a casa e inventar alguna excusa para no morir.

(Por suerte, su abuela también había pasado la noche fuera. Sus padres no lo retaron, creyendo que estaban juntos. Tenía mucho que agradecerle a su Nonna. Gracias a ella iba a poder seguir escapando a la superficie con Alberto.)


¡Hola!

Y… bueno, les hice otro drabble a estos bebés. Los prompts eran Secreto, Bajo las estrellas y compartir cama. Creo que, ahora sí, con esto, acabé el flufftober. Me quedé en 16, honestamente es mucho más de lo que creí que podría hacer.

el fanart del baner es de .com

Muchas gracias por leer~

Ciao!