N/A: Escribí esto mientras escuchaba Lo-Fi en YouTube, don't judge me. Esto es un poco diferente a lo que he escrito anteriormente, van las aclaraciones: Kaiba-centric narrado desde la perspectiva de Roland (:

Pareja: Prideshipping no correspondido, kind of. Guardshipping si entrecierras los ojos porque así soy yo.

Disclaimer: La franquicia de Yu-Gi-Oh! no me pertenece.


ANYTHING BUT BLUE
One-shot


Todo pasa tan rápido que nadie podría dar crédito a sus ojos. Un segundo, hay un loco parado a dos metros de Seto Kaiba, apuntando con una pistola directamente a su cabeza y al siguiente, Roland está tirado en el piso con tres balazos perforando su brazo. El suceso es tan ensordecedor que el CEO no sale del shock hasta que ve a su personal de seguridad acercándose en cámara lenta hacia el tipo, tumbándolo en el piso rápidamente y reduciéndolo a nada más que un pobre infeliz con una idea muy, muy estúpida.

El escenario parece el de un thriller policial mezclado con una película gore. Jamás, en todos sus años dirigiendo la compañía, se imaginó que algo así pasaría y aún así, Roland se encuentra tendido, sujetando su brazo con ahínco mientras la sangre brota sin parar. Kaiba empieza a moverse en automático hasta donde está su guardaespaldas, se hinca a su lado y se quita su costoso abrigo para colocarlo sobre la herida y hacer presión para detener la hemorragia hasta que la ambulancia llegue por ellos.


Roland no entiende mucho de medicina, pero comprende lo suficiente como para saber que necesita cirugía para retirar las tres balas que están comprometiendo su brazo derecho. La idea de convertirse en un Cyborg no le parece del todo desagradable, con la tecnología de KC podría conseguir una de las mejores prótesis en el mercado; sin embargo, espera que la operación sea un éxito para mantenerse 100% de carne y hueso.

Por supuesto, no se entera de mucho después de eso, la anestesia lo golpea casi de inmediato, induciendo un profundo sueño con imágenes vívidas y raras. Al despertar, siente los labios secos, como si lo hubieran mantenido deshidratado por días enteros. Además, es difícil acostumbrarse al blanco de la habitación en un primer momento pero cuando ajusta su visión hacia su costado y ve su brazo intacto aunque cubierto por vendas, suspira aliviado, agradecido con la vida y con cualquier deidad que estuviera moviendo sus hilos desde arriba.

No puede mover mucho la cabeza porque aún se siente algo aturdido, pero sí logra ver a Seto parado a un lado de la camilla. Su rostro se muestra tan parco como siempre, más un atisbo de algo que Roland no termina de descifrar. Se relame los labios resecos para hablar pero su jefe le interrumpe, adelantándose unos pasos hacia él.

—Debo avisar al personal que ya despertaste.

Y sin más, sale de la habitación dejando a Roland solo con sus pensamientos. No esperaba que Seto Kaiba fuera la primera persona que vería al despertar de la cirugía, el hombre no tiene la fama de ser muy filantrópico. Sin embargo, Roland a veces olvida que no se trata de un trabajador cualquiera; él ha estado al servicio de Seto y de Mokuba por muchos, muchos años, tan es así que ya es considerado un empleado de confianza, un miembro importante dentro de la escala jerárquica de Kaiba Corp. De todas maneras, la sensación es extraña pero gratificante.

El CEO regresa tan solo minutos más tarde con el médico y su enfermera. Revisan su presión arterial, ritmo cardiaco y saturación; toman unas cuantas notas para su historial clínico, le suministran suero para rehidratarlo y se retiran luego de dar algunas indicaciones para las sesiones de fisioterapia. Aunque su brazo se hubiera salvado, las balas han afectado algunas terminaciones nerviosas y ahora necesita de rehabilitación para evitar secuelas que le impidan desempeñarse normalmente más adelante. Esto podría llevar varias semanas, de acuerdo a cómo reacciona su cuerpo a las terapias.

—Lamento ausentarme tanto tiempo del trabajo, señor —es lo primero que dice cuando ya se encuentran solos en la habitación.

—¿Casi pierdes el brazo y eso es lo primero que se te ocurre? —pregunta Seto con sorna y una media sonrisa dibujada en su perfecto rostro—. Me parece que ya es hora de un aumento.

Roland esnifa para expresar su burla y se queda pensando que es curioso lo liviano que se siente el humor de su jefe. Mueve un poco la cabeza y puede ver que en el sofá está la inconfundible gabardina blanca de Kaiba cubierta de sangre, lo que significa que el CEO había llegado con él a la clínica y no se había movido de ahí para nada. Curioso, piensa Roland, mientras devuelve la mirada hacia su jefe que ahora está tecleando algo en su teléfono.

—Ya tenía un tiempo con ganas de solicitarlo, solo que no sabía cómo plantearlo —explica, aunque no tiene caso, porque la pregunta es retórica.

Kaiba no dice nada por un rato, sigue pendiente de su teléfono enviando mensajes, dirigiendo, coordinando, organizando y todas esas cosas que hace el dueño de una corporación de esa magnitud.

—Ya he arreglado todo para que no te pierdan de vista y empieces tus sesiones en cuanto sea posible, mientras más pronto lo hagas, reduciremos los riesgos de que algo salga mal a futuro. —empieza, mirando fijamente a su guardaespaldas una vez que ha guardado el móvil en el bolsillo de su pantalón— No te preocupes por el sueldo, estarás cubierto durante todo el tiempo que permanezcas fuera y también recibirás una indemnización por este hecho.

Lo primero que piensa Roland es que Seto nunca antes había hablado tanto dirigiéndose a él, siempre son indicaciones directas o solicitudes que no requieren de mucha interacción. Lo segundo, es que no necesita que le aclaren lo del sueldo, porque Seto podrá ser muy rígido, pero jamás un explotador. Lo tercero, que va a rechazar la indemnización, porque Roland daría la vida por él sin pensarlo dos veces.

—Muchas gracias, señor —dice en lugar de todo lo que está pensando, porque suena cursi y su jefe odia las cursilerías—. Tiene mi palabra de que seguiré al pie de la letra todas las indicaciones de los médicos.

Seto asiente con la cabeza y se acerca al sofá para recoger su gabardina ensangrentada.

—Debo irme. Volveré en un rato —anuncia dirigiendo una última mirada a su guardaespaldas antes de caminar hacia la puerta. Cuando ya está a punto de girar la perilla, se detiene y habla de nuevo sin voltear—. Gracias, Roland.

Luego de ello, sale de la habitación y Roland se queda inmóvil. Hay sucesos traumáticos que te cambian el chip y te hacen ver la vida desde otra perspectiva, tener a un desquiciado a punto de volarte la cabeza de un balazo es lo suficientemente estremecedor como para remover hasta a alguien tan calculador como Kaiba. Sin embargo, Roland sabe que hay algo mucho más complejo pasando por la arremolinada cabecita de su jefe y que el incidente de hoy es solo la punta del iceberg.

Por mucho que le cueste creerlo, que un psicópata se haya estado paseando por las narices de Seto Kaiba durante tanto tiempo para robar información confidencial y además atentar contra su vida fue, esencialmente, un descuido. Porque en Kaiba Corp. nunca había pasado nada como eso y la frase "siempre hay una primera vez para todo" es mierda cuando hablas de una de las compañías más grande del mundo. Nada se le escapaba al CEO, él tenía ojos y oídos por todas partes, porque prefería pecar de paranoico antes de tener un desliz que pudiera costarle todo por lo que había luchado.

Pero lo cierto es que, desde hace ya varios meses, Seto no es el mismo y aunque para todos sigue siendo el mismo líder visionario y un poquito hijo de puta, Roland sabe que no están viendo la figura completa, porque él es un observador nato que ha ganado más experticia a lo largo de los años. Seto no duerme, apenas come, hay ocasiones en las que parece un poco ido y pasa casi todo el día en los laboratorios, supervisando, creando, innovando… cualquier cosa que lo mantenga ocupado para no pensar, para no sentir.

Su vida ha estado llena de pérdidas: desde sus padres y la supuesta familia que nunca dio un real partido por la mitad ni por él ni por su hermano, hasta la inocencia de su niñez a manos de Gozaburo. A raíz de tanto dolor, abuso y olvido, se juró a sí mismo que nadie le arrebataría nada nunca más, que si alguien iba a pisotear, humillar y doblegar era él.

Y por muchos años, todo estaba saliendo a pedir de boca, hasta que lo conoció a él.

La imponente belleza y determinación del Faraón nunca fueron ajenos a Roland, aunque le hubiera visto contadas veces y aunque nunca hubieran cruzado media palabra. Su destreza para los juegos, su carácter, su espíritu ganador… Roland supo casi de inmediato que Yugi Muto no podía tener esos rasgos a menos que padeciera de algún trastorno de personalidad. Por eso, no le resultó nada difícil hacer la transición de uno a otro en cuanto su jefe empezó a hacerlo.

Y por un tiempo, Roland vio un cambio positivo en Seto. Seguía siendo el mismo cascarrabias exigente que esperaba la perfección como mínimo indispensable, pero había fuego en su mirada. Se le veía vivo, más enérgico y decidido, buscando mejorar para no quedarse atrás, para recuperar su título del Rey de los Juegos y para impresionar al Faraón.

Pero pasar de perder contra Atem, a perder a Atem fue un golpe demasiado duro, incluso para alguien como Seto Kaiba. Qué puedes hacer cuando la única persona que consideras digna de ti desaparece de la nada, sin decirte adiós, como si nunca hubiera importado nada de lo que vivieron. ¿En serio se había tragado tanta basura sobre la amistad para terminar con una mierda de este calibre? Seto sentía que le habían tomado el pelo, que le habían hecho perder el tiempo, que solo había sido un pasatiempo para el Faraón mientras él arreglaba sus dramas personales. Al principio estaba furioso, trataba a sus empleados peor que nunca, incluso estuvo a punto de cerrar un departamento entero por un error insignificante.

Poco a poco la furia cesó y fue cuando perdió el brillo de sus ojos. Roland quiso hacer algo para ayudar, pero sabía que Kaiba lo necesitaba en su lugar, trabajando y no como un pseudoterapeuta. Aún así, se mantenía vigilante porque si bien nunca haría nada estúpido, al final del día tan solo era un simple mortal con demasiado poder y un corazón roto.


Los medicamentos que le dan para mitigar el dolor lo ponen a dormir casi de inmediato; por eso, cuando despierta no le sorprende ver que ya ha oscurecido. Lo que sí le sorprende es ver a Seto de nuevo en la habitación, solo que esta vez está sentado en el mismo sofá con un libro entre sus manos. Se lo ve muy concentrado, porque no se ha dado cuenta en primera instancia.

—Buenas noches, señor —le saluda, haciendo que el otro levante la vista—. ¿Ha pasado algo?

—Te dije que volvería —responde, cerrando el libro y dejándolo a un lado— ¿Cómo te sientes?

—Cansado y algo sediento.

—La enfermera dijo que es normal, ya no tienes el suero. Te ha traído agua —señala con la mirada la jarra llena y el vaso que se encuentran en la mesita que está al lado de su cama. Roland asiente y con el brazo que tiene disponible se sirve un poco y bebe rápidamente —. Voy a mostrarte algo.

Roland lo mira con expectativa, siguiendo los movimientos de su jefe. Hay una tablet descansando a un lado del libro que estaba leyendo, lo toma con ambas manos e inserta el código para desbloquearlo mientras se levanta del sillón para colocarse al lado del guardaespaldas.

—¿Qué es esto, señor? —pregunta recibiendo la tablet en su mano. En la pantalla se ve la maqueta de lo que parece una chaqueta antibalas pero al mejor estilo Kaiba Corp.

—Planos del nuevo equipo de protección de los guardaespaldas. —empieza a explicar—. Esta sería la base e iremos adecuando los implementos en relación a las funciones del personal. Tenemos un prototipo esperando por ti, en cuanto salgas de aquí necesito que lo pruebes y que me des tus observaciones para hacer las modificaciones necesarias. No volverá a pasar nada como lo de hoy.

El pecho de Roland se expande con cada palabra que sale de la boca de Seto, se da cuenta de que los sucesos de este día le han dejado una marca y que se ha convertido en algo más que solo un empleado de KC. Esa emoción que no pudo describir en Kaiba cuando recién despertó luego de la operación fue miedo. Seto tuvo miedo de perder a Roland.

—Ahí estaré, cuente con eso —ofrece la tablet de vuelta a su dueño y arruga el entrecejo —. Por cierto, ¿qué ha pasado con…?

—¿Stanley? Ese miserable pasará sus últimos días en una celda conviviendo con las ratas. Me aseguraré de que no vuelva a ver la luz del sol.

El guardaespaldas sonríe complacido, por él y porque su jefe está a salvo. Aún con la severidad de sus palabras, puede ver que se encuentra más relajado como hace un rato, ojalá pudiera verlo así más seguido pero mientras la herida que le dejó Atem no cierre, Seto siempre sentirá ese vacío en el corazón.

A veces, Roland imagina cómo sería la vida si Atem hubiera decidido quedarse. Seguramente el Faraón dividiría su tiempo entre sus amigos, la tienda de juegos y Kaiba Corp., probando los nuevos prototipos que Kaiba idearía con mayor frecuencia solo para impresionarlo. Al llegar la tarde, cuando ya todos estuvieran cerrando sus pendientes para terminar el día, ellos estarían en la oficina del CEO conversando sobre las cartas, futuros torneos y tal vez un nuevo deck; entonces, Atem diría algo gracioso y Seto se reiría, pero con esas carcajadas sinceras que le hacen recargar la espalda en el asiento mientras tira la cabeza hacia atrás. Luego, el plan sería llevar a Atem a su casa pero de algún modo terminarían en la mansión y aunque al inicio la idea es acomodarlo en alguna de las habitaciones de huéspedes, ambos irían escaleras arriba hasta la habitación de Kaiba. A partir de ahí, iniciaría con una nueva rutina y Seto por fin tendría el final feliz que merece.

Pero los cuentos de hadas no existen para la gente rica y poderosa como él. No habría un eco de risas en la oficina, ni cuchicheos de media tarde y todas las noches Seto llegaría a una cama vacía que ahora más que nunca resulta demasiado grande para él solo.

Hace mucho que Roland no vive una historia de desamor, pero sabe que cuando se ama con tanta intensidad y con tanta pasión, resulta casi imposible volver a llenar ese hueco que la otra persona te deja. El abandono intempestivo de Atem es algo que Kaiba nunca va a superar, por mucho que Roland se esfuerce. Tal vez Seto se preocupa por él y lo estima, pero no podrá compararse jamás con lo que el recuerdo del Faraón representa.

—Siempre podrá contar conmigo, señor. Pase lo que pase, siempre estaré a su lado. —e dice lugo de mucho sopesarlo. Tiene que asegurarle que él no se irá, que permanecerá fiel sin importar lo que suceda.

Esta vez, el sorprendido es Seto, sus preciosos ojos azules se abren ligeramente y por un momento es como si ambos se hubiesen congelado en el tiempo.

—Lo sé. —responde simplemente desviando la mirada. Se separa por completo de la cama, vuelve al sofá y hunde la cara nuevamente en el libro que estaba leyendo—. Duerme.

Y Roland obedece. Sabe que al despertar, Seto estará ahí.


Tienen que pasar dos largos meses para que Roland pueda decir que su brazo está 100% operativo otra vez. El día que le toca volver a Kaiba Corp. es recibido por Mokuba. Se siente un poco decepcionado, después de todo, se había acostumbrado a la presencia de Seto durante su rehabilitación; sin embargo, entiende por qué y cómo está acostumbrado a hacer las cosas.

—Mi hermano está en la estación espacial y no podrá acompañarnos hoy —dice el menor, como intentando disculparse por la ausencia del otro—. Me encargó que te entregue tu nuevo equipo, no se quedó satisfecho con lo último que le dijiste y se quedó trabajando toda la noche para tenerlo listo a tu regreso.

Roland no sabe cómo sentirse en ese momento. Por un lado, su pecho se llena con esa sensación cálida de saber que el CEO ha pensado en su bienestar hasta el último minuto y por otro… ¿qué está haciendo en la estación espacial? Tal vez podría conversar con él en cuanto termine lo que tiene planeado. De momento, se siente ansioso por probar el equipo de protección diseñado especialmente para él.

Está terminando de ajustar el chaleco a su cuerpo cuando el teléfono de Mokuba se activa con una llamada entrante.

—Mokuba, lo conseguí.

Es la inconfundible voz de Kaiba al otro lado. El menor proyecta una imagen en tiempo real en la pantalla de la sala y puede ver a Seto en una de las naves con una expresión de triunfo que no había visto en meses.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Ni siquiera has probado el prototipo. ¡Es muy peligroso!

Pero por mucho que Mokuba llame su nombre con desesperación, Seto se ve decidido insertando unos comandos y con algo que parece ser un cubo a su lado. Roland puede sentir la sangre de su cuerpo bajando hasta sus pies, algo hace clic en su cabeza cuando une las piezas del rompecabezas. Lo poco que le estuvo contando Kaiba durante el tiempo que estuvo fuera, ese importante proyecto que era de vida o muerte y que solo tenía una oportunidad para hacerlo bien.

Roland se siente algo estúpido por no haber captado el significado mucho antes.

—Es hora. Te quedas a cargo, Mokuba. —dice sin más y le bastan dos segundos para darse cuenta que Roland está viendo todo como si fuera una película de Sci Fi —. Oye, intenta mantenerte con vida, ¿de acuerdo?

Y la sonrisa socarrona que deja entrever hace que Roland sonría de lado. Hijo de perra.

—Seto… promete que regresarás —suplica Mokuba en un último intento de hacer reaccionar a su hermano. Roland no tiene el valor para decirle que Kaiba no regresará, que tiene asuntos pendientes con el Faraón y que es más doloroso permanecer aquí sin él que lo que sea que le espera en ese trayecto vertiginoso al más allá.

—¡Activa el Duel Dimension System!

Eso es lo último que le escucha decir antes de que la llamada finalice. Sin más, Seto se ha ido dejando todo un legado en manos de su hermano menor. En ese momento, Roland piensa que siempre debió verlo venir porque Seto tiene los recursos y el cerebro para reescribir la historia si se lo proponía y, de hecho, así lo hizo.

Para ese punto, ya ni siquiera le presta atención a los pequeños sollozos de Mokuba. Se siente sorprendido y maravillado porque su jefe es un puto genio y ni él, que es tan observador y meticuloso, lo vio venir aunque las pistas estuvieron siempre a la vista.

Luego de que Mokuba se tuviera que componer para empezar a dar las nuevas directivas como CEO de la empresa, Roland se permite alejarse un poco mientras empieza a reír, al principio suave y poco a poco aumenta gradualmente hasta convertirse en una risa notoria que le hace sacudir los hombros y mover la cabeza de un lado a otro.

De todo corazón, espera que Seto nunca vuelva.