Si no fuera por el último minuto no se haría nada
Hessefan
Disclaimer: Gintama es de Sorachi, Sorachi es de Gintama (?).
Beta: Ak Bennington (¡A pesar de no conocer el fandom me ayudó con los adjetivos!)
Notas: Me costó bastante hacer este pequeño one shot, básicamente porque la idea era NO usar adjetivos, y me di cuenta que uso muchos xD. Esto se hizo para la repesca del desafío semanal del grupo de Facebook: "Club de Lectura de Fanfiction". De paso aprovecho para invitarlos: hacemos cadenas de lecturas semanales y mensuales (entre muchas otras actividades). Pronto va a tocar la cadena semanal de Harry Potter y la mensual de Shingeki no Kyojin. ¡Yo necesito que más gente de Gintama esté en el grupo, así tenemos nuestra semana! Lo único que tengan en cuenta que deben unirse al grupo por la computadora, ya que parece que la app de FB no está mostrando las preguntas que son necesarias responder para ser aceptado. Por último, estoy haciéndole ver a Yageni Gintama, así que tengo las escenas del arco de Benizakura bien frescas. Me hubiera gustado desarrollar más la idea, pero fue un quebradero de cabezas hacer esto sin adjetivos. De antemano: ¡Muchas gracias por leer!
ONE SHOT
No había mucho por hacer más que mirar la madera que tenía el techo de la habitación. Ya se había leído la Jump que Kagura le había comprado dos veces. No quedaba más que lidiar con el insomnio. Más en las circunstancias en las que se hallaba.
Trató de levantarse, como pudo, sosteniéndose el estómago para que las tripas no se le salieran y escapó de la seguridad de Otae para ir a la cocina en busca de agua. ¿Podía ser posible que esa gente no tuviera leche de fresa en su casa?
Escuchó pasos y pensó que era su pesadilla, con la intención de acostarlo en la cama a base de golpes, pero contrario a lo esperado, solo se trataba de Shinpachi. Le sonrió, porque verlo allí por su culpa le generaba un sinfín de emociones. Le recordaba algo: la razón por la que aún respiraba.
—¿No puedes dormir? —preguntó Shinpachi frotándose los ojos y bostezando largamente.
—Me la paso en la cama porque tu hermana no me deja ni ir al baño.
—Sé cómo es, pero…
—Sí, sí… lo sé. —Abrió la nevera y sacó una botella de agua para ir con la misma de regreso al cuarto.
—¿Quieres que te haga compañía hasta que te de sueño? —Se colocó los lentes, porque no veía nada sin ellos.
—Me agradaría un poco de compañía, más si es la tuya. —El tono empleado daba mucho para pensar—. Hay un par de cosas que quiero decirte.
—¿Hice algo mal? —Abrió los ojos, pensando en las razones de Gintoki para hacer ese pedido.
—Al contrario.
Cuando fueron hacia la habitación, Gintoki prendió la luz y se sentó en el tatami, dejando la botella a un lado. Palmeó la superficie, pidiéndole con el gesto que ocupara un lugar cerca de él.
—Bien, soy todo oídos —dijo el chico sentándose frente al otro.
—Solo que… —se trababa con sus palabras. Ni él sabía cómo expresarse, pero tenía la necesidad de hacerlo— Estuviste… fuera de serie estos días.
—¿Te refieres a Nizou? —Suponía sin demasiado esfuerzo que se trataba de eso.
—Si no hubiera sido por tu intervención yo no estaría aquí.
—Gracias por confiar en mí. —El color de sus mejillas hablaban de lo mucho que le costaba aceptar esa clase de apreciaciones sobre su persona.
—En el poco tiempo que llevo conociéndote te has convertido en un gran samurái. —No era propio de él hablar de esos asuntos, pero necesitaba hacerle ver que era capaz de crecer aún más.
Gintoki lo sabía, comprendía que a veces moverse por su cuenta, sin tener presente las emociones de los demás, despertaba preocupación. Su egoísmo generaba que los de su alrededor corrieran tras él. La diferencia era que Shinpachi lo hacía a su lado, y eso marcaba una diferencia. Sin restarle mérito a Kagura, e incluso hasta incluía en la misma bolsa a Sadaharu.
No lo pudo resistir un segundo más. Verlo a Shinpachi en esa postura, sentado frente a él, tan cerca, lo arrastró a dar un paso importante en la hermandad que comenzaban a tener. Gintoki se estiró unos centímetros y le dejó un beso en la mejilla.
—¿Por qué hiciste eso?
—Disimula —susurró—, mi acosadora está mirando. Quiero que piense que pateo para el otro equipo. A ver si así me deja en paz.
—Deja de mentir —objetó—. Mi hermana ya la echó.
—Bueno. Ok. Lo acepto —dijo con una sonrisa—. Lo hice porque quise. De hecho creo que ya puedes ser mi wakashu.
—Tú no puedes ser nenja de nadie. —Trató de ocultar su sorpresa, pero de nuevo el color de sus mejillas lo delataban—. Ni siquiera se te puede considerar un samurái.
—¡Ey! ¡Eso duele! —dramatizó— Yo sí me considero un samurái, aunque no tenga dueño.
—Aparte ya no tengo edad para ser un wakashu.
—Mejor, no soy un pederasta.
—Rayas la idea, Gin-san. —Intentaba no tartamudear, pero esa conversación ameritaba al menos un par de gritos, de no ser porque su hermana estaba durmiendo a escasos metros de ellos.
—Bueno, entonces… —continuó con su idea— ¿Aceptas o no?
—¡Claro que no! —Se tapó la boca con ambas manos— Vamos a despertar a mi hermana si seguimos con esto. Mejor me voy.
—¡Espera! —Lo tomó de un brazo y lo volvió a sentar—. No me dejes así.
—¿Así cómo?
—Con ganas de besarte.
Shinpachi ya no sabía de qué manera huir de esa situación, una parte de él tampoco quería. No dejaba de lado la clase de guerrero que era Gintoki. Era un ejemplo a seguir, eso no lo dudaba; pero lo que le pedía era algo extremo. Dos guerreros como ellos no podían tomar a la ligera el título de nenja y wakashu.
—Si cada vez que te voy a salvar la vida vas a querer besarme, dejaré de hacerlo —dijo con un tono que daba a entender que no pensaba caer en sus redes.
—Eso me dolió más que la herida que me hizo Nizou.
—Deja de hacer drama.
—Solo un beso te pido —rogó, estirando ese brazo para acercarlo más a su cuerpo—. Y prometo que te dejaré pensar lo de ser mi wakashu. Sé que Shinpachi-kun no tiene experiencia con las mujeres, por lo tanto puedo esperar.
—¿Solo un beso y me dejas en paz? —Y ya estaba accediendo a la locura del otro, ¿por qué negar que en el fondo también quería?
—Y te dejo en paz.
Fue el momento de la verdad. Shinpachi se quedó en el sitio, tiritando, sin saber cómo actuar, mientras que Gintoki se percató de que debía ser él quien diera ese primer paso. Le buscó los labios, los rozó con los suyos, para después imprimir su sello en ellos metiendo la lengua, buscando la del chico para jugar con ella.
Oficialmente, se decía Shinpachi, ese había sido su primer beso. No había estado nada mal para ser el primero, al contrario. De hecho ya comenzaba a considerar seriamente la idea de convertirse en su wakashu.
Sin decir nada, porque no podía hablar ni actuar como era debido, Shinpachi se puso de pie y caminó hasta la entrada. Antes de irse volteó para mirar a los ojos al hombre que seguía respirando gracias a su intervención.
Si fuera por él lo volvería a salvar una y mil veces más.
—Que descanses, Gin-san.
FIN
Merlo, Buenos Aires, Argentina.
12 de julio de 2021
