El sol de mediodía brillaba como nunca en el centro de la ciudad de Tokio, su intensidad reflejándose en cada superficie de la jungla de acero y cemento que era la capital nipona, los rascacielos relucientes bajo los rayos del astro mayor. Era uno de los dias mas calientes de lo que iba del verano y se vaticinaba que sería el inicio de una ola de calor. Muchos residentes no perdían el tiempo y salían de paseo a los parques o a la playa. Las piscinas estaban abarrotadas.

Pero en una ciudad tan activa como Tokio la actividad continúa para muchos que aún deben laborar. Las clásicas masas de gente de traje de oficina aún recorren las calles y los carros aún circulan. Uno de ellos una limusina negra se detenía en la acera, sus vidrios polarizados ocultando la identidad de su ocupante. El conductor se baja del vehículo y se encarga de abrir la puerta del pasajero.

Con una gracia singular y una eterna sonrisa plasmada en su rostro sale quien es a día de hoy una de las personas más reconocidas del mundo, esto debido a varias razones. En primer lugar por su participación continúa en el torneo de lucha televisado más popular del mundo entero, donde es además una favorita del público; en segunda por su ya larga trayectoria como una 'idol' en Japón, esto la había llevado por una trayectoria natural de convertirse en una conocida figura de la música popular a nivel mundial. A día de hoy muy pocos podrían competir con ella en el apartado de la popularidad.

Ella se veía rediante a pesar de que la elección de vestuario no parecía favorecerle en un día tan caluroso. Llevaba una falda formal un poco por encima de las rodillas y una especie de gabardina, completaba el juego con un sombrero amplio y unos lentes oscuros. Se despidió rápidamente agradeciando al conductor y entró al edificio que tenía en frente.

Mentalmente suspiró de alivio cuando vio que no habían fanáticos a su llegada, posiblemente en un día tan caluroso no muchos querían pasar tanto tiempo bajo el sol abrasador de la ciudad, bueno si habieran sabido que estaría allí no era para descartar la posibilidad, pero ella había manejado para mantener su llegada en secreto y tenía esperanzas de que su vestimenta lo mantuviera así, ella seguramente ignoraba el hecho que no muchas personas tienen un cabello morado tan llamativo. Claro que no esperó que el día de su llegada a Japón fuera tan intenso. No es que a ella le molestara tanto el calor, su lugar de entrenamiento en China era caluroso casi todo el año después de todo y hasta cierto grado había llegado a acostumbrarse, pero andar empapada de sudor cuando tenía que acudir a compromisos era una verdadera molestia.

Entró rápidamente por seguridad y por recepción, el personal se veía sorprendido de verle, ella no había notificado a casi nadie de su llegada para no atraer la tensión. En cuestión de minutos se encontraba en el ascensor camino a los pisos superiores, se reuniría con algunos ejecutivos de la disquera para la preparación de su nuevo álbum y para la discusión de algunos detalles de nuevas versiones de su álbum previo, su representante ya estaría esperándola ahí de igual manera.

Tal y como era de esperarse la reunión se extendió por un buen rato en lo que era una discusión entre su representante y los ejecutivos de la empresa discográfica, con muy efímeras intervenciones de Athena misma. El intercambio giraba principalmente en torno al dinero: Regalías, comisiones, costos, etc. El dinero nunca había sido algo que mantuviera la atención de Athena por mucho tiempo así que como era de esperarse, trato de estar presente lo más que pudo sin embargo, después de pasar la hora y media de reunión decidió excusarse diciendo que necesitaba usar el sanitario.

El aire acondicionado del lugar no parecía efectivo, el calor estaba presente en el interior pero a la psíquica ya no le importaba tanto. Se decidió a recorrer los pasillos de las instalaciones. En general se veía muy pocas personas. Todo el lugar transmitía un aire de oficina ejecutiva, todo muy sobrio. En su recorrido hubo un momento en el que bajó al piso anterior, ella sabía que allí era el lugar donde estaban las cabinas de grabación, ella misma había grabado en este lugar con anterioridad su último disco .

Quizás tenía el ánimo de ver algún colega artista en proceso de grabación, no estaba segura, pero en ese momento llegó a sentir que de manera casi inconsciente se estaba dejando guiar. Sin embargo, ahí también estaba casi vacío, no muchos artistas grabando. La decoración de ese piso era un tanto distinta, más acorde a un músico, con los rojos y dorados contrastando con los fondos negros, los cristales al final del pasillo dejaban entrar la luz solar, amarillenta como indicando que las últimas horas del día estaban llegando. El ambiente tenía un aire un tanto nostálgico, si bien ella no sabía porqué.

Vagando por el piso pudo notar como una puerta se abría a la distancia del pasillo, de ella salieron tres figuras que a primeras no pudo reconocer, pero que al enfocar su vista identificó quienes eran. Sus bellos ojos púrpura se abrieron de golpe y una sensación de emoción recorrió su cuerpo, no pudo evitar sonreir. Las personas que salían eran tres cuartos de la banda de jazz Luna Oscura.

Probablemente por la distancia y el efecto de que causaba la luz de los cristales ellos pasaron sin notar su presencia, riendo y charlando animadamente entre ellos. Llevaban parte de lo que parecía su equipo personal con ellos por lo que era fácil suponer que iban de salida, posiblemente después de una sesión de grabación. Athena estaba enterada del contrato que la banda había firmado con la disquera de manera reciente para sacar un nuevo álbum. Antes de que ella lo notara ya habían salido de vista, desapareciendo a algun otro piso a través del ascensor.

Con paso nervioso y cauteloso se dirigió a la puerta de la que ellos habían salido. No sabía porque pero sus manos se habían puesto temblorosas repentinamente. En realidad, quizás si sabía pero no quería admitirlo y a pesar de ello siguió caminando a la puerta.

Antes de que ella llegará a la puerta de ahí salió otra persona caminando por el umbral, un hombre más bien mayor, en sus ciencuentas pensaría Athena. A la vista de ella el hombre pareció reconocerla mostrando una cara de sorpresa y alentando su paso, más sin embargo Athena decidió ignorarlo pasando de largo a su lado. El hombre, quien la pelimorada daría por hecho era un ingeniero de audio, entendió el mensaje y continuó su andar sin pronunciar palabra.

Con la puerta entreabierta asomó la cabeza para dar un vistazo al interior para no encontrarse con nadie del otro lado, lo que si pudo observar fueron los clásicos elementos que se pueden encontrar en una cabina de grabación de audio profesional. Había diferentes piezas de equipo de grabación, instrumentos que probablemente habían sido utilizados en una reciente sesión y en la izquierda se encontraba un panel de control con múltiples bonotes y niveladores, además de un panel digital. Por encima había un cristal transparente y al lado una puerta metálica, dadas anteriores experiencias Athena sabía que ambos conectaban al cuarto de sonido.

Ella avanzó al interior con ese mismo paso cauteloso que llevaba y tan pronto lo hizo, detrás del cristal encontró a quien buscaba. En cuanto lo vio no pudo evitar sentir como su nerviosismo aumentaba en proporción, su corazón dio un ligero brinco y sus manos temblaron aun más. Ahí estaba él, el último cuarto de Luna Oscura. El último pero también el mas importante de todos.

Iori, sentado en una banca con su bajo en mano, lucía como usual con su grueso abrigo rojo de piel, con su cabello casi sobrenaturalmente rojo intenso y cayendo eternamente sobre uno de sus ojos. Y aún así, el Iori que tenía en su vista era distinto al Iori que de manera asidua se ve en público, su mandíbula no estaba tensa ni sus dientes chirriantes, sus ojos cerrados en sutil concentración mientras sus dedos recorrían dócilmente por su instrumento y su lenguaje corporal no denotaba la agresividad usual. A pesar que el equipo estaba apagado él aun estaba frente al micrófono.

Athena se vería totalmente sorprendida de no ser por el hecho que esa era una imagen que ya había visto con anterioridad. Ella además de ser cantante de carrera también era muy aficionada a la música, no solo al Pop japonés que era el género al que se le podría clasificar la mayoría de su propia discografía, sino que también a otros tipos de música. Su afición la llevó con el tiempo a descubrir un disco cuya música bien podría clasificarse como una especie de fusión de Jazz con elementos Funk, el sonido del álbum era muy melancólico pero muy apasionado, sin voz pero con una tira instrumental bastante prodigiosa. Recordaba como en su momento le llegó al alma, parecía como de principio a fin contaba esa triste historia que sentía como si ya conociera pero que no podía terminar de explicar.

Que sorpresa fue cuando revisando la información del vinilo vino a encontrarse con el nombre Iori Yagami quien era nombrado como el saxofoxista y bajista. Lo leyó varias veces para asegurarse que había leído bien hasta que se dio cuenta que sin duda lo había hecho. Esa inesperada información le llevó a querer comprobar si realmente era posible que fuera tan bueno y terminó rastreando algunos de sus discos. Según pudo saber 'Rojo En Negro', que era como se llamaba el álbum auto-titulado que había escuchado antes, fue el último de la mencionada banda antes de desintegrarse. Sin embargo, Iori parecía ser un prolífico músico dado el hecho que parecía haber participado en varios proyectos habiendo tomado parte de un importante número de álbumes de estudio.

Vale decir que quedó impresionada con lo que escuchó en aquellos que pudo conseguir. Algunos tenían un ambiente y sensaciones de similaridad entre si pero la huella del pelirrojo siempre quedaba presente en cada uno. Igual de impresionante era como tomaba diferentes papeles instrumentales en distintas grabaciones. Mayormente cantaba y tocaba el bajo pero en otros iba por la guitarra, o también el saxofón, en uno era incluso tecladista.

Dada la fascinación con su música se encontró pronto en sus conciertos que a diferencia de los suyos realizados en estadios llenos de miles de personas, Iori por lo general tocaba en clubes de Southtown donde cabían un par de cientos. Esto parecía una decisión propia, con su fama él bien podría organizar algo más grande. Como era usual le resultaba difícil ir sin ser reconocida y tenía que usar un disfraz, por suerte la iluminación de esos lugares era usualments su aliada.

Las primeras veces que asistió fue en compañía de su amigo Sie... pero eso no funcionaba. Él se aburría a los pocos minutos de comenzar y peor aun era que hacía que la descubrieran cuando no dejaba de repetir su nombre suplicándole que se fueran y que tenía hambre. Vale decir que ahora iba sola cada vez. Si no lo conociera sería difícil encajar al Iori que tocaba en el escenario con la descripción de maniático sádico homicida, que era algo que podría facilmente describir al pelirrojo en los torneos, si bien para ser justo, esa misma descripción podría servir para un buen número de peleadores del mismo.

Recordaba también como durante un festival en el cual Iori tocaba Athena rondaba tras bambalinas y se encontró con él. La psíquica le habló, el pelirrojo que se mantenía fumando apartado de todos aparentemente escuchando la música que otras bandas tocaban; Athena aprendió con el tiempo que era lo que hacía casi todo el tiempo que esperaba turno.

Viéndose un tanto sorprendido de encontrarse con ella en tal lugar siendo quizás la primera vez que realmente hablaban directamente luego del evento sucedido algunos años atrás en donde ella había formado una especie de vínculo psíquico con el portador del magatama.

Iori solo la observó sin objetar nada mientras ella le elojiaba divagando acerca de sus discos y hablaba que algunos eran demasiado difíciles de conseguir. En algún momento él se hartó de tanta palabra y básicamente la echó del lugar, no fue de lo más cortés con sus palabras. No hace falta decir que esto no había hecho feliz a Athena. Se sintió terriblemente molesta y un tanto herida que él la tratara así, a medida que los días pasaron reflexionó en que Iori no era exactamente bien visto por su trato con los fanáticos. Pero esta consideración no sirvió para aplacar su ira por completo y decidió no exculparle.

Venidos unos dos meses inició un nuevo torneo que como siempre reunía a muchos de los grandes peleadores del mundo y como siempre todos se hospedaban en un solo hotel antes de la inauguración. Justamente regresando a su habitación por los amplios pasillos se encontraba la Idol Athena en soledad cuando el pelirrojo aparecía frente a ella casi como si de un fantasma se tratase sobresaltándola a sobremanera. Abatida por la espectral aparición tardó Athena un momento en notar como él tenía la mano extendida al frente sosteniendo un objeto plano rectangular. Por instinto ella lo tomó y le oyó hablar, su mirada indescifrable.

—Dijiste que te faltaba este —sin decir más se metió las manos en los bolsillos y caminó en dirección opuesta a la Idol, su expresión aún muy seria. Mientras tanto Athena quedó solo plantada en donde estaba, su cabeza tratando de entender que acababa de pasar. Echando una vista rápida al objeto pudo observar como era un disco, mas específicamente era el primer álbum de Iori con el título 'Sin Nombre' en japonés. Sabía que era un disco en vinilo que era imposible conseguir debido a el limitado número de copias impresas, no tardó en comprender que esa era la copia personal que él aún conservaba. Athena no sabía su razón para dárselo y eso fue gran objeto de debate interno.

¿Es que acaso se sentía culpable?¿Se quería disculpar?¿Creía que esa música merecía ser compartida?

Las preguntas no paraban de dispararse en su cabeza sin conocer respuesta mientras esa lluviosa noche veía las gotas caer de los cielos de Tokio para luego deslizarse por su ventana de hotel al tiempo que los bajos registros de la voz de Iori inundaba el espacio de la habitación. Ella entendía que el Iori no es la mala persona que todos le creen, tiene un lado bueno incluso si no lo deja ver a menudo, es una persona con problemas como todos. No aprobaba de muchas de sus acciones pero gracias a la historia de ambos ella entendía, hasta cierto punto.

De cualquier manera, el regalo era algo que ella supo apreciar. Meses después se encontrarían nuevamente en otro festival. Él no actuó más amistoso pero no la echó, lo cual fue bueno. Tal vez ayudó que ella no lo abrumó con palabras. Y lo mismo pasó unas pocas veces más.

Athena volvió al presente de un salto, notando como Iori no estaba más en la cabina sino que en frente de ella, parado con sus manos en sus bolsillos, el estuche de bajo colgando en su espalda, esa mirada profunda e inescrutable expresión adornando su rostro. Él la miraba con cierto desinterés, misma que lanza a cada individuo que se cruza en su campo de visión, para algunos desafortunados la mirada es el menor de los problemas cuando se cruzan con el pelirrojo. Fuera de ello Athena tenía la impresión de que la estaba inspeccionado como para asegurarse que era la persona correcta.

Con Iori siempre le fue difícil por varias razones, quizás no tanto por su forma de actuar o por los problemas que el traía consigo sino más bien era otra cosa: Era extremadamente difícil saber que estaba pensando. En primeras su cara no daba pista alguna la mayoría del tiempo. Cuando reía si pero eso no significaba nada bueno; no sabía que era lo que lo causaba pero leerle la mente igualmente le resultaba complicado, era casi como una barrera a su alrededor que la mayor parte del tiempo mantenía su energía psíquica alejada. Se creo un momento incómodo para ella al ver que él se había mantenido ahí parado y que no tenía intenciones de hablar.

—Hey, Iori—. Fue lo único que se le ocurrió a la Idol como saludo. Iori la vio por unos segundos más a los ojos antes de bajar la mirada y meter una mano su bolsillo del cual sacó un cigarrillo, con un movimiento preciso encendió una pequeña llama de fuego oscuro en el dedo índice de su otra mano, llevando la punta del cigarrillo por encima de la llama este comenzó a emitir un brillo anaranjado casi instantáneamente. Iori le dio la primera calada, solo entonces sus ojos rojos como la sangre se posaron en los suyos nuevamente.

—Asamiya— pronunció Iori con una voz rasposa y apagada que más que la agresión usual reflejaba apatía —¿Qué haces aquí?

No era la primera vez que le veía responder de manera similar, la respuesta parecía indicar que no quería a nadie a su alrededor, lo cual no era mentira, y que quizás era mejor dejarle tranquilo. Irónicamente esa era una de sus mejores maneras de responder. Su rango de respuesta usual variaba entre insultos, amenazas a muerte y golpes en la cara, lo que ella obtuvo no era tan malo. Desde que habían tenido aquel cruce en la pelea que él sostenía contra Kyo en general él no era del todo agresivo en su contra había notado ella.

—Vine a revisar unos contratos para mi nuevo álbum.— Respondió Athena con un tono de naturalidad pero con un deje de desprecio. Ella entendía que su pregunta estaba más dirigida a que hacía en esa sala en especifico pero decidió ignorar esa parte y él entendió que ella así lo hizo, sin embargo, quizás le siguió la corriente y no emitió comentario. Fue Athena quien continuó la conversación.

—He oído que van a sacar uno nuevo— dijo ella refiriéndose a la producción que Luna Oscura parecía estar trabajando. Pegando una fuerte calada de tabaco asintió. Fumar estaba prohibido en el edificio evidentemente pero habría que buscar quien se atrevía a decirle eso a Iori, considerando su fama de maníaco no habría muchos voluntarios. Athena sabía que no era del todo justo, no diría que entendía del todo que andaba en la cabeza pero sabía que la carga era grande y las cicatrices profundas e imposibles de olvidar. Ella ha sentido su dolor.

—Si —dijo Iori pasados unos segundos y luego comentó con finalidad —La composición es buena pero sé que la producción será una basura.

La psíquica en realidad entendía el sentido del comentario. Iori en su mayor parte había trabajado independiente o con pequeñas producciones. Trabajar con la disquera actual era muy distinto ya que ellos tenían gran control sobre el 'producto final' y muchas veces eso difería de la visión del artista, Athena misma sabía esto de primera mano con su música que muchas veces no sonaba como se suponía, se les ocurría un cambio como agregar algo porque estaba de moda o quitar una parte porque no concordaba con su imagen o cualquier otro cambio para hacerlo más comercial. Esos cambios no eran siempre malos pero también pueden quitarle el alma a todo.

—Quizás le agregen sonidos meloso como a mis canciones.— Ofreció Athena en un tono de humor y con una ligera sonrisa. Iori frunció su ceño ligeramente tensando la mandíbula con molestia y luego habló con simpleza.

—Creo que quemaré el edificio —Athena no pudo evitar tirar una risita ante el comentario, lo interesante del mismo es que ella no sabía si Iori hablaba en serio o bromeaba, ella se inclinaba por la última pero también estaba consciente de que no le faltaban las capacidades para cumplir con ello y era además era impredecible, desenfrenado incluso. Sin embargo, ella nuevamente prefería ver a las personas en luz positiva.

Cuando volteó a mirar de nuevo al pelirrojo se sorprendió por la forma en que la miraba. Era esa mirada indescifrable tan suya, había algo distinto, quizá era más suave de alguna forma pero era muy difícil decir realmente. Por un instante Athena le regresó la mirada con una comparable intensidad antes de desviar la mirada, era muy difícil mantenerla fija. Quizás por vergüenza se decidió a agregar un nuevo comentario.

—No te preocupes, solo bromeo— dijo con una sonrisa y tratando de esconder el temblor en su voz —no creo que le cambien demasiado a tu música, el sonido es demasiado bueno y distintivo para que se les ocurra.

—Igual es tu voz y mira lo que le hacen a la tuya, quítate los sonidos estúpidos que ellos le agregan y sería increíble — el celular de la pelimorada sonó indicando un mensaje, ella habría respondido como usualmente hace dado que es su teléfono de trabajo, casi nadie tiene ese número y que cuando recibe un mensaje o llamada es porque es importante. Ella lo habría revisado si no fuera porque estaba en una especie de estado de trance en ese justo momento.

En los primeros segundos Athena tuvo que cerciorarse que había escuchado correctamente pero pasado este tiempo estaba casi segura que su oído no le jugaba ningún truco, no sabía decir lo mismo de su mente sin embargo. Una vez pasado el estado te incredulidad no estaba segura como reaccionar. ¿Había Iori Yagami llamado su voz buena, distintiva e incluso increíble?¿Cómo reaccionas a un cumplido de tal calibre de parte de él? El mero hecho que él dijera algo positivo era impresionante en sí mismo, no recordaba haber escuchado algo así venir de su boca antes, quizás con excepción de unas palabras entre neutrales y discretamente positivas hacía un par de bandas.

Ahora, el elogio que le hizo la dejaba atónita porque no era similar a nada que usualmente dijera, tanto fue la sorpresa que no se dio cuenta cuanto tiempo estuvo solo observándolo. Ella no noto la casi indetectable expresión que cruzó por la cara del pelirrojo, algo que se asemejaría a confusión. Cuando Athena volvió a la realidad ella notó que Iori ya se estaba marchando, al mismo tiempo ella recibía una llamada telefónica. Viendo la pantalla del aparato se dio cuenta que era su representante, también revisó que había un mensaje previo mientras salía del cuarto de grabación. En el mensaje su representante le preguntaba de sus haberes y solo entonces se dio cuenta que llevaba bastante tiempo desde que salió de la reunión. Aún así no se sentía con ánimos de volver.

—Es mi representante, quiere que regrese— dijo ella hablando parcialmente para ella pero de tal forma que Iori, quien iba caminando dos pasos por delante de ella, oyera. El bajista se detuvo por un instante para darle una mirada filosa antes de continuar su paso y hacer un comentario igual de filoso.

—Esos parasitos solo les interesa el dinero, lo único peor son los idiotas que te persiguen por la calle— ella no estaba en desacuerdo, su reunión misma era muestra de ello, cada vez solo era acerca del dinero, algo que ciertamente no la complacía. Teniendo el teléfono aun en la mano notó algo más que llamó su atención.

Sucedía que Athena estaba inscrita en algunas de su páginas de fanáticos en la red con un nombre falso, no porque le encantaba ver como sus fanáticos hablaban tan positivamente de ella, claro que no, sino porque eso le mantenía informada de que es lo que hacían y estar preparada. En su celular había recibido un aviso de su propia ubicación, parecía que una reunión de fanáticos estaba aconteciendo en las afueras de la disquera. De alguna forma siempre se enteraban que vendría, estaba empezando a pensar que la recepcionista o el sujeto de seguridad la estaban vendiendo.

—Buenos ellos también están aquí— dijo ella mostrándose a Iori que se detuvo un momento a ver la pantalla. Se habían detenido frente al ascensor del piso, mismo por el que antes había visto al resto de su banda irse.

—Pensaba no regresar e irme pero esto me complica un poco la salida— agregó Athena con un tono un tanto frustado. Iori la observó por unos segundos, parecía que estaba debatiéndose consigo mismo, al final habló.

—Mi auto está en el subnivel— se subió al elevador, Athena una vez más se tuvo que tomar un momento para procesar sus palabras entendiendo que su intención era ayudarla a salir sin los problemas que ocasionan los fanáticos. —¿Te subes?

Athena se dio cuenta que la puerta del elevador estaba por cerrarse, tuvo que usar sus reflejos de luchadora para alcanzar la puerta a tiempo. La puerta se abrió nuevamente y ella entró parándose junto a Iori que tenía una expresión neutra y la vista puesta en el frente.

—Te lo agradezco Iori— no respondió, solo asintió levemente. En el recorrido hacia abajo Athena percibía como esa sensación extraña en su estómago había aumentado así como también lo había hecho su respiración, su corazón latía como si hubiera corrido un maratón. Ella creía entender lo que estaba pasando por su cabeza si bien no era totalmente consciente. La chica no supo que tanto habían descendido cuando una pregunta salió de su boca.

—¿Hoy tocaras en El Club?— La pregunta salió de manera automática casi como si alguien más hubiera usado su cuerpo para hacerla y no ella misma. La pregunta mas que ser una pregunta era una afirmación que incluso si no conociera respuesta ella tendría la certeza de saberla. El bajista le vio de reojo antes de voltear parcialmente la cabeza, ojos rojos con un sutil toque de curiosidad. Parecía que la leía como se lee a un libro, la caligrafía quizás un poco complicada de entender. Al final solo bufó con irritación.

Athena le vio con arrepentimiento mientras su respiración parecía restablecerse a un ritmo más normal, su corazón sin embargo aun trepidante de la sensación que recorrió su cuerpo un momento antes. Iori regresó su mirada al frente pero la molestia ahora más evidente en su semblante.

—Lo siento, fue... accidental— dijo la Idol torpemente antes de voltear la mirada. No era la primera vez que hacía algo similar, es algo que le había pasado de vez en cuando con distintas personas. Con Iori era diferente, no eran solamente los recuerdos sino también las sensaciones, especialmente el dolor. Desde su accidente ella sentía su dolor. De alguna menera él parecía darse cuenta casi como si le hiciera una contra-lectura de mente. Nunca parecía feliz con la intromisión. Antes que lo sintiera la puertas del elevador se abrieron desvelando el estacionamiento subterráneo del edificio.

Una ola de vapor le pegó en cuanto las puertas abrieron, el punto álgido parecía haber pasado pero las temperaturas aun eran altas y el vapor se había acumulado. El pelirrojo no parecío notarlo bajo su grueso abrigo.

Iori caminó fuera de la puerta metálica, de su chaqueta sacó lo que parecía ser la llave de su auto. Athena yendo detrás pudo notar curiosamente el contrarse del lugar con el resto del edificio. Nada de decoración lujosa y la iluminación más bien pobre, la única luz proveniente de las ventilas en la parte superior de la pared a su izquierda, amarilla denotando que el día estaba por expirar. Iori se detuvo frente a un auto, abrió el maletero para meter su bajo, el color parecía negro, un modelo europeo que ella no sabría nombrar.

Al inspeccionar detenidamente pudo notar que ella estaba parada en el arco de luz de una de las ventilas, Iori estaba en la oscuridad pero eso no le impedía verle a pesar de contraste. Él le indicó que subiera al asiento de copiloto mientras él hacía lo mismo en el de piloto. Así lo hizo.

—Quiero ir contigo, yo puedo llamar a alguien para recogerme luego— dijo ella en un tono firme una vez ambos estaban en el interior del automóvil. Sin inmutarse él encendió encendió el motor y se dispuso a abrir las ventanas para dejar salir el humo de tabaco.

Silencio fue su única respuesta y sin ofrecer oposición alguna ajustó la marcha. Metiendo la velocidad salió camino hacia su destino.

Una vez en la luz Athena pudo notar que el auto, en realidad, era rojo.